Notificación:
Lamento tener que colocar esta noticia, por motivos fuera de mi control, no podre actualizar en un buen rato, sé que no es raro que los deje un periodo largo sin capítulos nuevos pero… resulta que esta vez será un poquito más largo…
No se espanten si voy a seguir actualizando, es solo que van a ser más tardado, puede ser un capitulo cada dos semanas… y cada dos semanas para cada fic… es decir hoy 5 actualicé la de Tu y yo… dentro de dos semanas actualizare del de Amnesia de No. 6, otras dos semanas y quizás sea el turno de Detalles de Digimon… y así sucesivamente.
De verdad que me duele que tenga que ser así, espero que tanto tiempo de distancia entre capítulos no los desanime de seguir leyendo.
Atte: Ciel Phantomhive.
Posdata:
Si alguien quiere consolarme puede mandarme diario un comentario… jijijijjj es broma, ya sé que la pagina solo admite un comentario por capitulo.
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Capítulo 8 Nuestro Deseo 1/2
Jack entro a su habitación dando un sonoro resoplido, su encuentro con Jamie esa tarde no habían salido como él esperaba, de hecho su deseo era llevar a Jamie un poco más allá del lago, hacia relativamente poco encontró una pequeña cabaña desde la que se podía apreciar el atardecer con una belleza magnifica. Era su lugar secreto y ahora quería compartirlo con él, pero…
Dio un suspiro y se dejó caer sobre su cama, eran las nueve y aun le quedaban deberes escolares. Se levantó para dirigirse a su escritorio, debía terminarlos rápido.
A eso de las diez y tantos, al fin concluyo cerrando el cuaderno y lanzándolo en la mochila. Afuera el viento soplaba levemente anunciando que dentro de poco la primavera estaría revistiendo el bosque de verde follaje.
—Primavera… pronto será primavera… —dijo Jack sintiendo como sus mejillas se coloreaban, era tan cliché pensar que sentía la fiebre de primavera igual a todos los animalitos del bosque.
El problema para él consistía en que el motivo de su afecto estaba, moralmente, vetado de sus posibilidades. Porque no estaba bien pesar en Jamie de forma romántica.
Con gesto cansado fue desnudándose poco a poco hasta quedar en ropa interior para luego parsimoniosamente colocarse la piyama. Desganado se metió entre las sabanas.
Apenas cerrar los ojos un bulto a su espalda comenzó a molestarle, metió la mano encontrándose con un peluche, sonrió enternecido, Emily debió dejarlo ahí cuando fue a despertarlo y él por salir aprisa no aliso las sabanas, por eso apenas descubría al pequeño intruso.
Tomo el animalito para lanzarlo al escritorio o a la alfombra, con un chillido el peluche se estrelló en la puerta, pero Jack no le dio mayor importancia y se volvió a recostar. Pero por más que Jack se giró no encontró una posición cómoda y la culpa la tenía ese pequeño colado, porque al moverse demasiado le había espantado el sueño.
Un pequeño colado… un pequeño intruso en su cama. Jack sonrió, de haber sido Jamie en lugar de lanzarlo lejos lo hubiera atrapado entre sus brazos para no dejarlo escapar.
Lo mantendría pegado a él mientras besaba delicadamente su frente, acariciaría su cabello dejando que su aliento chocara contra la sensible piel de su cuello, con suavidad y tiento para no asustarlo iría abriendo la piyama para descubrir sus sonrosadas tetillas que con gusto rozaría con las yemas de sus dedos hasta endurecer.
Jack dio un suspiro profundo al imaginar la voz infantil gemir con volumen bajo su nombre mientras intermitentemente temblaba bajo su toque.
—Jamie… —murmuro Jack cuando su mano bajo por su vientre encontrándose con la dureza que se alzaba necesitada entre sus piernas. —Jamie…
Jack dio un brinco del susto cuando su celular comenzó a sonar.
Maldijo a todos los dioses y se llevó el teléfono al oído. —Sí—dijo con tono seco, la verdad le había molestado la interrupción.
—¿Te he despertado? —pregunto una tímida y tierna voz desde el auricular.
Apenas esa misma tarde al despedirse en la puerta de la casa de Jamie, Jack le había dado su número de celular, así que ni por asomo pensó que el niño le llamaría esa noche.
—No, de hecho acabo de terminar la tarea —respondió Jack percibiendo como sus labios formaban una sonrisa. —Lo que me lleva a preguntar, ¿Qué haces despierto tan tarde?
—Bueno, mi padre sale de viaje mañana así que… quería despedirlo. Luego vi la hora y… te marque esperando encontrarte despierto, ¿hice mal?
—Pues estoy despierto, ¿cuál es el plan?—cuestiono coqueto —porque no me vas a decir que solo me marcaste para escuchar el sensual timbre de mi voz.
Jack casi deja salir una carcajada al escuchar como del otro lado el niño parecía perder el aliento por su comentario.
—Sigues ahí o debo enviar una ambulancia. —Bromeo Jack, de hecho el sí tenía varias ideas de lo que podrían hacer, lo difícil era llevarlas a cabo sin que por ello Jamie terminara asustado.
—Estoy aquí —respondió después de varios segundos. —Sera mejor que te deje dormir…
—Jamie —llamo con apremio, escuchando un "si" del otro lado de la línea —¿qué te parece si jugamos?
—Sí. —el entusiasmo en la voz del niño creció y su respuesta fue dicha casi en un grito.
—Pero no hagas ruido.
—¡Ah! No importa, Sophie fue a despedir a papa al aeropuerto junto con mi tío, que es quien nos cuidara lo que resta de esta semana y parte de la siguiente.
—Entonces… ¿estás solo?
—Sip, me hice el dormido cuando subió a preguntarme si deseaba ir.
—Eres un niño travieso Jamie—murmuro Jack sintiendo su parte baja punzar dolorosamente, Jamie debía ser cuidadoso porque alguien podría aprovechar que estaba solo para entrar a la casa y… y hacer lo que él estaba pensando proponerle por teléfono.
—¿Y a que jugaremos?
Jack lo pensó dos segundos, y luego mando todo al demonio, si Jamie no sentía lo mismo lo descubriría de una buena vez, pero si tenía posibilidades entonces… ¡MiM! La próxima vez que lo viera lo besaría hasta quedar satisfecho si es que eso era posible.
—La única regla de este juego es que… en cuanto quieras parar debes decir "Stop".
—Ok.
—Bien, el juego es similar al de, el Rey dice… ¿lo has jugado?
—Sí, se elige un Rey y todos deben obedecer sus órdenes, de no hacerlo hay un castigo.
—Bien, es lo mismo, solo que esta vez como somos dos pues será más divertido si damos las órdenes alternativamente. Yo te diré que hacer y luego tu a mi… los castigos esperaran hasta que uno de los dos diga Stop.
—¿Cómo sé qué harás lo que te estoy diciendo?
—Te doy mi palabra… yo también confiare en que obedezcas mis peticiones.
—Está bien…
—¿Comenzamos? ¿Quieres ordenar primero? —cuestiono Jack sin poder contener sus ansias.
Jamie pareció pensarlo un segundo. —Sí, pero empieza tu primero mientras pienso.
Jack festejo silenciosamente, esto iba a ser divertido.
—El rey dice que quites la parte de arriba del piyama y te recuestes.
—Eso es fácil—dijo Jamie riendo y Jack pudo apenas lograr escuchar el roce de las telas, luego Jamie agrego —es mi turno… el rey dice que… pases por tu cuello un pedazo de hielo…
—Jamie…
—Entonces… ¿paramos?
—No… espera un segundo—Se podía escuchar la risa de Jamie, se estaba riendo de él, seguro que podía escuchar como intentaba bajar hasta la concina para robarse un cubo de hielo. Una vez que lo consiguió regreso a la habitación y cumplió a regañadientes lo que rey… más bien, el principito ordeno. —Yaaaa…. Sssessstaaa… —tartamudeo un poco Jack tiritando. —Meee toca… el rey dice que… — se detuvo por un segundo, se estaba arriesgando demasiado pero de solo imaginarse el pequeño cuerpo de Jamie con el torso desnudo sobre su colchón lo hacían perder la razón. — El rey dice que con suavidad toques tus pezones…
Un jadeo ahogado se escuchó en el teléfono y Jack pensó que todo había terminado, hasta que otro sonido igual de sensual se escuchó junto a la respiración algo agitada.
— Jack… —gimió suavecito Jamie. —dime cuando deba detenerme.
A Jack casi se le fue el alma al escuchar aquel gemido deliciosamente erótico. —hazlo con un poco más de fuerza… —solicito el adolecente sin creer su situación.
—Jack… ah! Jack… se siente… se siente… raro…
A Jack le brillaron los ojos, Jamie era demasiado sicalíptico y su voz agitada le decía que lo estaba disfrutando tanto como él. Por eso y sin pudor dejo que sus manos imitaran las acciones del niño sobre su cuerpo, preguntándose cómo se sentirían aquellas pequeñas y suaves manos sobre su pecho.
Quería verlo todo sonrojado y trémulo pidiendo por más, más de sus atenciones, de su tacto y ante el pensamiento sintió un espasmo en la zona baja, un grandioso escalofrió que le decía que su miembro comenzaba a endurecerse.
—Ahora dime que es lo que quieres que te haga… —susurro Jack con deseo.
Jamie suspiro intentando regular su respiración, dando aquella frase como la conclusión de su reto. Pero… Jack había dicho… ¿Qué quieres que te haga? Y la sola proposición hizo estremecer al niño.
—Quiero que me abraces… —pidió apenas en un hilo de voz.
Y Jack se regodeo en la inocencia de su niño.
—Voy a abrazarte Jamie, mis brazos van a deslizarse delicadamente por tus costados desnudos rozando tu suave piel, voy envolverte completo para dejar que mi liento te erice la tez, quiero hundirme en tu aroma a caramelo mientras compartimos la tibieza de nuestros cuerpos…
—Jack…
—Jamie desliza tus manos poco a poco hasta llegar a tu cadera… imagina que soy yo quien te toca, quien con parsimonia delinea cada parte de ti.
—Jack… —un suave suspiro se escuchó y luego un leve jadeo —Stop… Stop…
Jack se mordió el labio. No podía estar molesto, Jamie era un niño, era obvio que pararía el juego apenas se diera cuenta de sus intenciones. Lo que ahora quedaba era miedo al percatarse de la magnitud de sus actos. ¿Qué pasaría si Jamie le decía a su padre sobre el juego? ¿Qué tenía él en la cabeza cuando le propuso semejante cosa a un niño?
—Estaba pensando con la entrepierna—rumio con rabia Jack reprochándose mentalmente su estupidez.
—Jack… ¿puedes venir?
Jack tuvo que volver a preguntar que había dicho, porque era imposible que esa petición saliera de los inocentes labios de Jamie Bennett.
—Ven Jack…—gimoteo con apremio.
—Estaré ahí en cinco minutos— acoto comenzando a vestirse a las carreras.
Sigiloso cual sombra se deslizo por la escalera y de ahí a la puerta de entrada, por suerte la casa de Jamie estaba a escasos metros.
Con forme avanzaba no dejaba de cuestionarse sobre su comportamiento, él nunca había sido impulsivo, de hecho su madre siempre alardeaba de lo centrado y maduro que demostraba ser a pesar de su carácter carnavalesco y liviano. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué actuaba precipitadamente sin pensar en las consecuencias? Cómo ahora… lo moralmente correcto, lo lógico sería que le hubiera contestado a Jamie que intentara dormir y que mañana se verían, pero…
En lugar de eso se encontraba corriendo rumbo a la casa del niño solo porque se lo pidió.
Apenas estar frente a la puerta de la casa tembló imperceptiblemente, y nada tenía que ver con el hecho de que estaba haciendo frio.
Jack elevo la mano para llamar, luego la bajo arrepentido de su comportamiento, debía serenarse y pensar fríamente, debía…
La puerta se abrió de improviso y en el arrellano descalzo, vistiendo un piyama gris con verde se topó con Jamie quien con la mirada levemente fruncida lo observaba.
—Ehmmm.. que hay chico —dijo Jack sin saber que decir en realidad.
Jamie tomo la mano del adolescente y tiro de ella hacia dentro. Jack no opuso resistencia alguna.
Dentro el silencio y la oscuridad se adueñaron del momento. Jack se quedó parado cual estatua y Jamie aun meditaba que le había impulsado a pedirle al adolecente que fuera. Aun así, con todo y dudas Jamie seguía sosteniéndose de la mano a Jack. Con delicadeza y un poco de miedo volvió a tirar de la mano rumbo a las escaleras y de ahí a su cuarto.
Mientras ascendía Jack podía sentir su corazón latiendo cual tambor en su pecho y la emoción más grande que hubiera sentido en sus diecisiete años de vida le embargo por completo.
Cuando la puerta se abrió Jack sonrió, la habitación de Jamie era tal y como se lo imaginaba, un lugar lleno de pequeños detalles que hablaban de la grandiosa y compleja personalidad de su dueño. Su habitación tenía una estantería empotrada en la pared completamente repleta de libros de diferente índole. En la repisa del muro aledaño varios tipos de juguetes se mantenían en pie primorosamente acomodados. Y en la parte alta de la cabecera había dibujos, dibujos que para su corta edad Jamie había logrado maravillosamente.
—Tu profesor de San Francisco tenía razón, tienes talento, mucho talento para…
—Jack —llamo Jamie apretando entre sus manos el borde la parte de arriba de su piyama.
Jack lo miro sintiéndose culpable y arrepentido por meterle preocupaciones en la cabeza a Jamie, él aún era demasiado pequeño para vivir preocupándose por ese tipo de sentimiento.
Era hora de dar marcha atrás, lentamente se puso a la altura de Jamie, pero antes de que incluso pudiera hablar sus labios fueron sellados por una pequeña boca.
Continuara…
