Como una disculpa adicional por la espera, les dejo este epilogo sin cargos extras. Mis muy apreciados lectores, no saben la tortura que fue para mí mantenerme lejos de ustedes y guardar silencio.
My ladys… My lords.
Espero que aun guarden un rinconcito para esta historia que tardo años en ver su final.
Atte: Ciel Phantomhive.
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Epilogo.
Jack apretó la mochila contra su costado mientras hacía malabares con la tostada que llevaba en la boca y el termo con café que sostenía en la otra.
—¡Por Dios, no puedo creer que terminaras por convertirte en un profesor de la universidad con semejante falta de puntualidad y organización! —exclamo Emily al final de la escalera del edificio departamental mientras le dedicaba una mirada por demás desaprobatoria a su hermano. —No, creo que lo que en realidad lo que me sorprende es que hayas aguantado vivir solo.
—Soy un adulto Emily, por supuesto que puedo cuidarme.
Emily puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. Ella había solicitado residencia en la universidad, así que con maletas a un lado esperaba a que su hermano terminara de bajar para poder regresar a casa. Ese año había sucedió de todo inicio y concluyo satisfactoriamente su primer ciclo escolar, el campus y cada una de sus instalaciones la dejo fascinada y ni que decir de compañeros que pronto pasaron a ser amigos.
—Apresúrate Jack —apremio la chica que pronto cumpliría los dieciocho años y cuya larga cabellera había sido remplazada por un corte más cómodo y moderno. —Ya muero de ganas por contarles a mamá y a papá todo lo que me paso.
—Ya voy… ya voy… además, has estado hablando con ellos por teléfono. Dudo que tengas algo nuevo que contarles, así que… ¿no sé por qué tanta prisa?
Emily rio con grabo subiendo los pocos escalones que lo separaban de Jack para tomarlo del brazo y tirar de él rumbo a la salida.
El viaje desde la universidad al pequeño Burgess fue silencioso y agradable y pronto su corazón recordó la dicha del silencio y la tranquilidad que solo su hogar lograba brindarle. El pueblo casi nada había cambiado desde sus tiempos de preparatoria y hasta los habitantes seguía siendo los mismos, tal vez que un par de años más, pero los mismos.
—Hola Jack, Emily es un gusto verlos. —saludo Tooth corriendo a abrazar a sus amigos.
Detrás de ella dos hermosos gemelos rubios también festejaron su regreso.
—Hola preciosos. ¿Cómo han estado? —pregunto Jack abrazando a ambos.
—Bien tío Jack —respondieron antes de cambiar de brazos a los de Emily.
—Y Meme —cuestiono Jack al no ver al esposo de su amiga.
—En el taller, trabajando con el abuelo Nicolás —dijo ella sonriente.
—Me alegra —agrego Jack con la intención de continuar su camino.
—Jack —llamo Tooth —Ellos volvieron.
Jack abrió grande los ojos, dio un paso atrás y tenso todo el cuerpo.
—¿Estas segura?
—Sí. Aun recuerdas cuál era su casa. ¿Verdad?
Jack no espero una segunda indicación, dejo todo atrás y salió corriendo como si la vida se le fuera en ello. Sentía sus pies ligeros, toda su alma parecía haberse librado de un aplastante peso que le comprima el corazón y el espíritu impidiéndole disfrutar hasta el más simple de los placeres.
Una figura apareció en su campo visual, el joven caminaba frente a él llevando varias bolsas y aun estando de espalda Jack lo supo. No hubo duda de cuál era la identidad de ese jovencito de figura agraciada y cabello castaño rojizo que destellaba bajo los rayos del sol de mediodía.
—Jamie —murmuro contra su oído en cuanto sus manos lograron rodear la estrecha cintura.
—Jack… he vuelto.
—Y no volverás a irte —declaro firme Jack apretando al jovencito entre sus brazos antes de girarlo para plantarle como tanto tiempo deseo un beso demandante y necesitado.
—Te amo Jamie
—y yo a ti Jack Frost…
FIN
