Quizá no muchos lo esperaban pero ya está aquí un nuevo capítulo y,honestamente,casi me pongo a llorar al leer esto; lo cual es irónico porque no estoy en la situación de Oikawa pero lo pienso y me duele en extremo.
Pueden oír una canción llamada "Diamantina" de División Minúscula para darle el feeling y, por si no lo mencioné antes,este fic está basado en una canción llamada "Un cuento sobre el agua" de La Oreja de Van Gogh además de que tiene un par de guiños hacia "Glitter Freezer", un fic BokuOi muy bueno que me hizo replantearme mi vida y no, no bromeo con ese tema.
Ahora, sin más por el momento, espero les guste esto, que si bien no es purpurina es diamantina.
Si quieren pasar a sus amigos,ponerle fav o dar rw's estaré muy agradecida por ello.
Ah… ¿Qué si se arrepiente de estar en Tokio? No, no mucho…No…Probablemente… ¿¡A quién engaña!?
Se arrepiente más que nada en el jodido universo, bueno, no del todo pero justo en ese instante parece el peor error que ha cometido en su vida y a saber cuántas estupideces ha hecho durante esos dieciocho años de existencia pero está seguro que pocas no son si no, había que preguntar a Iwa-chan, el cual casi tenía una bitácora exclusivamente para él y sus idioteces.
Miró hacia el cielo nublado y grisáceo de esa asquerosa y contaminada ciudad antes de reír cual maniaco por sentir como su cara comenzaba a mojarse por las putas gotas de lluvia que comenzaban a caer.
¡Puta lluvia!
¡Puta ciudad!
¡Puto frío!
Pero sobre todo ¡Puta rodilla!
Tras reír como psicótico de televisión barata comenzó a brincar en los charcos de agua, provocando las malas miradas de los transeúntes tokiotas que se alejaban de él para no salir salpicados, logrando que Oikawa solamente brincara más fuerte con la sonrisa maníaca instalada en su rostro, completada por sus vacíos y rojizos ojos que lloraban junto a la lluvia.
Siguió brincando como si le pagaran por ello hasta que en uno de los saltos su pierna ya no soportó y terminó cayendo de bruces contra el frío y mojado asfalto de la gran metrópoli japonesa que se tiñó ligeramente de rojo por la sangre que salía de su nariz y frente.
Ya estaba mojado y jodido ¿Qué más daba voltearse en el charco en medio de la acera y mirar como las negras nubes nocturnas seguían orinando a los estúpidos capitalinos de ese puto país? Unas gotas más, unas gotas menos de lluvia ácida, no era nada.
Ah…Todo era frío por ser Febrero, un frío mes que calaba hasta los huesos de Iwa-chan y eso que él era un radiador andante; verlo con abrigo, bufanda y gorro era algo invaluable. Si Iwa-chan, siendo el radiador humano, se abrigaba con tanta cosa ¿Por qué justo en ese instante él, que con diecisiete grados Celsius ya tenía frío, estaba con solo su sudadera negra, su playera de aliens y unos pants ligeros? Era para traer encima siete cobijas y un chocolate caliente ya que, aparte, llovía y bajaba aún más la temperatura.
Exhaló algo de vaho mientras miraba fijamente el cielo, sintiendo como su sangre cálida comenzaba a enfriarse en su labio superior ya que igual se rajó la boca en su arrebato de saltar como niño estúpido hasta no poder más.
Quería quedarse ahí acostado hasta que el pavimento lo absorbiera como parte de él pero su plan falló gracias al policía que le pedía levantarse mientras sacaba el alcoholímetro para ver si el alcohol era la justificación de sus acciones, claramente el policía se sorprendió al ver que el alcoholímetro marcaba 0.00.
— ¿Se encuentra bien, joven? —Oikawa soltó una risilla al escuchar lo último ya que generalmente le decían "chiquillo" o "muchacho" pero nunca joven. Sí, una señal de su envejecimiento, tendría que decirle a su madre que las cremas antiarrugas ya no funcionaban.
—Sí, solo...Disculpe—El castaño lució la sonrisa que siempre usaba para salir de problemas y su miradilla de no romper ni un plato, la cual sirvió por enésima vez en su vida ya que el policía solo le sonrió antes de comenzar a decirle el sermón de que no estaba solo y que la ayuda está para brindarse a quien la necesite, que era joven y había más opciones que enfermarse por jugarle al tonto en un ataque de "juventud" y adrenalina.
Al término de aquel bonito sermón que conmovería el corazón de cualquiera, Oikawa asintió y sonrió con falsa amabilidad sentado en la banca del parque mientras el oficial se retiraba a seguir patrullando por el bien de la sociedad japonesa, pura mierda.
Su cara ya estaba limpia de sangre, tenía una pequeña venda en su frente y algodón en uno de sus orificios nasales para que dejara de sangrar además de un impermeable de la policía japonesa pero honestamente ¿Qué más daba? Físicamente sanaba segundo a segundo sin embargo internamente se derruía cada vez más, su más palpable ejemplo de ello era que un policía tuvo que ayudarlo a levantarse del asfalto y servirle de apoyo para caminar hasta la banca donde estaba sentado viendo a las personas caminar apurados bajo su sombrilla rumbo a su casa donde seguro les esperaba una taza de té caliente, un baño preparado y, sobre todo, alguien esperando por su regreso.
¿Y él? A él le esperaba una ducha con una gotera que le orillaba a la locura con su constante golpeteo contra la cubeta que dejaba para no desperdiciar agua, un radiador tan caprichoso como él que a veces funcionaba y otras no, ramen instantáneo y café frío en una olla que estaba ahí desde la noche anterior esperando por ser tomado.
¡Claro! No había que olvidar la mejor parte. Su favorita entre todas: ¡La rehabilitación de su puta rodilla que se le ocurrió volver a estar mal! La media tortuosa hora de ejercicios junto con el desinflamatorio oral que debía tomar y un ungüento para quien sabe qué además de su compresa que debía calentar antes de ponerla en su afectada rodilla.
Con esos pensamientos en mente solamente pudo volver a reír mientras sentía la fría lluvia de la ciudad empapar su cara por la ferocidad con la que arremetía contra esa sucia ciudad.
¡Que lo haga!
¡Que se lleve las impurezas de esa ciudad de mierda!
¡Que limpie la niebla café que se ve en el ambiente desde la azotea de la universidad!
¡Que arrastre al jodido novio de Iwa-chan!
Pero sobre todo, lo más importante:
¡Que la lluvia se lo lleve a él junto a sus trozos de corazón roto y rodilla deshecha!
¡Venga, lluvia! ¡Arrastra a Oikawa Tooru lejos de esta puta ciudad!
Con un soplo de viento fuerte el impermeable se fue y Oikawa de nuevo se puso de pie bajo las negras nubes nocturnas con los brazos abiertos, sintiendo como gota a gota su falsa sonrisa se resquebrajaba junto a su rodilla.
Gota tras gota, como con su ducha, su mente viajaba hacia la locura en un frenesí de dolor y locura, llevándolo a caer de rodillas ante el duro y mojado asfalto con lodo ¿Qué más daba si su rodilla ya estaba jodida, morada e inflamada?
¿Para qué negarlo más? ¿Para qué si el pH ácido de esa contaminada lluvia lavaba su falsedad?
Todo estaba mal.
Desde que eligió la universidad de Tokio, no solo por tener astronomía como carrera sino, gracias a la beca deportiva que le fue ofrecida e Iwa-chan eligió otra universidad en Tokio donde tenían ingeniería en quien sabe qué pero era una ingeniería, todo estuvo mal.
A pesar de ir a distintas universidades ambos decidieron vivir juntos en la feroz metrópoli en un departamento compartido, sus padres al instante accedieron ¿Qué mejor que su hijo con lapsos de rarezas viviera con su amigo de toda la vida que lo ponía en regla cuando osaba pasarse de listo? Era la mejor opción para todos, en especial para Tooru ya que por fin podrían cumplir su promesa de la infancia de vivir juntos.
Ahhh, que nostalgia, recordar un Iwa-chan chiquito con su playera de Godzilla diciéndole que un día vivirían juntos mientras jugaban a la casita, sí, un hermoso día donde Iwa-chan aún no le golpeaba cada diez segundos y le decía por su nombre, sin embargo, tuvo que espabilar de ese dulce recuerdo ya que ahora era una realidad.
¡Como un sueño! Diría Tooru mientras abría una caja llena de revistas del universo y espacio además de sus volúmenes de Ogeha, uno de sus mangas favoritos donde cayó enamorado de la pequeña Ogeha-chan y Kiji-chan, en especial de Kiji por ser un maldito y un amor con Ogeha, Iwaizumi varias veces le miró raro ya que decía que Kiji era un psicópata pero para Oikawa, Kiji era un chico genial del cual enamorarse.
¿Qué si siempre le habían gustado los chicos? Nah, de hecho solo le gustaban las chicas hasta que un día un niño de primero en Aoba Johsai se le declaró y decidió intentarlo ¿Qué tanto era tantito? Ya iba en tercero e Iwaizumi le dijo claramente que dejara sus novias de lado por el torneo de invierno, sin embargo, nunca dijo novios así que no estaba desobedeciéndole en ningún aspecto (¡Benditas lagunas legales!).
No fue la mejor experiencia pero fue divertido mientras duró, obviamente le cortaron por centrarse más en el volleyball que en él, solo que ahora también le echaron en cara que era por siempre estar pegado a ese tal "Iwa-chan".
Hasta ese instante Oikawa jamás había pensado nada acerca de su amistad con Hajime pero si se lo estaban sacando a colación…Tras pensarlo varios días y semanas, Oikawa llegó a la conclusión de que, aparte de bisexual, estaba perdidamente enamorado de su mejor amigo como en las películas cliché americanas que a Iwaizumi le aburren y se queda dormido a la mitad.
Tooru sonrió ante el recuerdo de descubrirse enamorado de su mejor amigo mientras abría una caja con unos juguetes que usaban Iwaizumi y él de niños cuando jugaban a que los aliens conocían a los dinosaurios y se hacían amigos.
— ¡Iwa-chan! —Exclamó el castaño al terminar con esa caja, siendo ya casi de las últimas ¡Yay! Seguro al terminar todas, irían a cenar al restaurante de la esquina ya que en la cocina solo había café y ramen, justo lo que su madre le había dicho que no comieran.
—Sí, ya voy—Oikawa al escuchar esas palabras, se colocó detrás de la pared para saber con quién hablaba su mejor amigo, seguro era su madre que le hablaba para que tendiera la ropa o recordar eliminar los hongos. Siempre se preguntó qué tenía esa señora contra los mohos ya que mínimo una vez al mes, Iwa-chan y ella limpiaban su casa completa para evitar los hongos—Okay, también te quiero, nos vemos—Eso último alejó los pensamientos de Oikawa de los mohos para volver a aterrizarlos en su mejor amigo.
— ¡Iwa-chan! —Volvió a canturrear Oikawa antes de que el azabache saliera y le cachara espiándolo, una vez lo hizo y joder, los moretones se quitaron hasta dos semanas después—Ya terminé las cajas que me diste, solo falta el baño y las cajas de la cocina—El moreno se quedó pensativo unos segundos procesando lo que Oikawa dijo antes de asentir vagamente.
—Ah sí—Fue lo único que balbuceó antes de agarrar su chaqueta y guardar su cartera—Por cierto, vuelvo al rato o mañana—Tomó sus llaves de donde las colgaban y sin más, salió de su apartamento con la cara ligeramente roja.
—Hajime…—Susurró Oikawa tras ver a su mejor amigo salir por la puerta sin decirle nada más. Obviamente, su deber como mejor amigo era saber qué demonios le pasaba y el porqué de esa conversación que le taladraba la cabeza, especialmente por el "también te quiero".
Se quitó sus gafas y tras agarrar sus llaves y la primer sudadera que pudo ver salió como loco tras su mejor amigo que, aclara, no es que fuera tras él porque tuviera miedo de que saliera con alguien ya que está perdidamente enamorado de él, sino porque estaba jodidamente preocupado de que Iwaizumi saliera en esa noche fría y lluviosa por esa gran urbe a la cual apenas iban mudándose los fines de semana porque entre semana aún debían ir a clase en Aoba Johsai.
Tras correr una calle completa pudo divisar al moreno caminar con su andar despreocupado, sus audífonos puestos y su sudadera a medio cerrar ya que aún ese frío no le amedrentaba tanto.
—Joder Oikawa, debes aprovechar que viven juntos para cojértelo—Fueron las palabras que salieron de la boca del ebrio Makki cuando Iwaizumi estaba en el baño orinando el litro de cerveza que ya había consumido por celebrar que se mudaron a Tokio.
Estaban en el kotatsu del pequeño apartamento rentado por Iwaizumi y Oikawa, Hanamaki y Matsukawa relativamente ebrios, riendo como hienas y de vez en cuando dándose algunos besos ya que ellos igualmente fueron a Tokio rentando el mismo apartamento por ir a la misma universidad solo que Matsukawa a diseño y Hanamaki a derecho gracias a que su padre es abogado aunque, si le preguntaban, siempre contestaba que como Matsukawa no ganaría dinero él debía sacrificarse y mantener a ambos; la respuesta siempre dibujaba una sonrisa boba en Matsukawa.
Oikawa tenía envidia de sus enamorados amigos que en ese instante estaban tomados de la mano riendo con la cara roja por lo borrachos que estaban, comenzando a hablar de que Oikawa debería tirarse a Iwaizumi para que dejara de verlo con esos ojos de borrego a medio morir.
—Sí, mira…Llegas y le dices que si no le cambias el billete por morralla ¡Y bum! Te lo estrenas—Declaró Hanamaki riendo antes de ser besado por un Matsukawa que le pasaba algo de cerveza por ese beso, en lo personal a Oikawa eso se le hizo asqueroso pero si Iwa-chan quisiera…No se opondría demasiado.
— ¡O también puedes usar cloroformo! —Dijo esta vez Matsukawa entre risas—Se lo pones en la cara unos diez minutos y listo, aún dormido el cuerpo reacciona y te lo das—Oikawa solamente rio al pensar tal cosa ya que seguro antes de cumplir los cinco minutos del paño con cloroformo en la cara de su amor platónico, él estaría golpeado y pisoteado cual cucaracha.
—O puedes agarrarle el paquete y decirle que te gusta.
— ¿Eh? —Okay…Oikawa debía comenzar a quitar las cervezas de donde sus amigos estaban.
— ¿Qué? Así Mattsun y yo nos hicimos novios—Declaró el de cabellos rosáceos con una tierna sonrisa en su ebrio rostro mientras acariciaba con cariño los negros cabellos del dormido Matsukawa que reía entre sueños diciendo "Makki".
Ah…Tooru estaba tan asquerosamente celoso de ese par de tortolitos al cual les valió cinco pepinos lo que sus padres y la gente dijeran de ellos, de parte de Matsukawa no hubo tanto problema pero de Hanamaki la cosa se puso difícil, sin embargo, el de cabello rosas no se amedrentó ni un segundo ante las súplicas de su madre por ser "normal" ni los regaños de su padre por su "rebeldía", incluso cuando se fue de casa no se arrepintió ni un segundo ya que sabía que Matsukawa siempre sería la respuesta correcta.
Días después, sus padres fueron a casa del azabache para ir por su hijo diciéndole que lo aceptaban tal y como era y que por favor regresara a casa, al final todo salió bien y ahora el par de enamorados vivían juntos en su departamento en Tokio los fines de semana mientras se acababa la preparatoria (claro, como Hanamaki era ricachón, su departamento no era tan pequeño ni frío como el de Iwa-chan y él).
Tras correr nuevamente otra calle con los recuerdos de sus amigos ebrios alcanzó otra vez a Iwaizumi, quien caminaba ya con cierto apuro. Joder, Oikawa tuvo que cruzar una calle con el semáforo en amarillo y casi casi tirar a una abuelita para que su objetivo no se le escapara.
A medio camino pudo notar que se encaminaba a la universidad, lo cual se le hizo tremendamente raro ya que en la carta de aceptación decía que Iwa-chan debía presentarse hasta Marzo junto a él, no a finales de Febrero pero aun así, seguía tras de él como mosca a la luz.
Una vez en la universidad pudo sentir las primeras gotas de lluvia mojarle la cabeza, realmente no le importaba ya que su objetivo era saber qué demonios con Iwaizumi.
Tras seguirle unos diez minutos más, llegaron al gimnasio que aún estaba con las luces prendidas y con varios sonidos, significado de que las prácticas aún no terminaban.
—Mierda, Bokuto ¡Deja de lanzar tan fuerte! —Pudo escuchar Oikawa pegado a la pared mientras veía la puerta perpendicularmente a donde estaba, esperando por saber quién saldría de esa puerta para recibir a Iwaizumi.
— ¡Hey, hey, hey, Iwaizumi, pasa! —Hasta Oikawa pudo escuchar esa estridente y alegre voz aunque no reconocía bien a su dueño ya que la lluvia comenzaba a hacer difícil la vista del panorama.
—Oh, vamos, eres alguien importante para el capitán—Esa voz… ¡Era la misma que le había gritado al tal Bokuto! Con curiosidad fijó su mirada en ese chico alto de playera negra y pelo raro pero, por más que quiso enfocar el rostro del azabache, no pudo gracias a la lluvia que comenzaba a aumentar su fuerza aunque debía admitir que su voz era varonil y bonita, del tipo de voz que le agradaba a diferencia de la estruendosa que le dijo a Iwa-chan que pasara.
Esperó un rato hasta que salió un joven más alto que el chico de pelo negro alborotado y musculoso que el gritón de pelo blanco, el cual al instante abrazó a Iwa-chan seguido de un beso bajo la lluvia cual película barata romántica.
¿Ouch?
El castaño se quedó paralizado al ver aquella escena, refregándose los ojos al creer tener una alucinación, parpadeando hasta hacerse daño sin embargo, nada. La escena del beso seguía frente a sus ojos como si estuviera en cámara lenta con el único objetivo de romperle el corazón en dolorosas trizas.
Pasaron varios minutos hasta que su cerebro por fin captó que Iwaizumi, el tipo que ha estado a su lado desde que nació y del cual estaba enamorado se besuqueaba con otro tipo que no era él.
Ah…Vaya.
Salió corriendo del lugar lo más rápido que pudo para evitar que alguien le viera, agradeciendo la oscuridad de la noche y las negras nubes que comenzaban a tomar el lugar de las grises, cayendo con ellas una gran tormenta, camuflando de tal manera las dolorosas lágrimas que caían del rostro de Oikawa.
Después de todo así siempre era ¿No?
Justo como Iwaizumi se lo dijo alguna vez cuando pelearon: "Tomas todo a tu alrededor para destruir sin explicación".
Si ese era su karma por ser un egocéntrico de mierda, vanidoso, envidioso y con autoestima más baja que el enano de Karasuno, entonces debía decir que lo estaba pagando…Y con creces.
Pero ¿Qué importaba? Tenía la rodilla jodida, el corazón en pedazos y su cara lastimada por su chistecito de perder el control además de próximamente una pulmonía de puta madre y el regaño de todo el mundo por su morada rodilla que parecía más un melón morado que una parte de cuerpo humana.
Tras el primer estornudo decidió comenzar a cojear a su frío y solitario apartamento donde tendría que llamar al doctor que le atendía en Tokio para ir al día siguiente por su rodilla y por su futura pulmonía ya que esa beca, lastimosamente, no se la ganó por su bello rostro.
Puta ciudad.
Puta lluvia.
Puta rodilla.
Puto novio de Iwa-chan.
Puta sangre.
Puta cara.
¡Putas cosas!
…Puto corazón que no deja de dolerle, como si su rodilla y él hubieran cambiado lugares.
Maldito Iwaizumi que no puede decirle ninguna fea palabra.
Maldito Hajime.
Maldito y perfecto Iwaizumi Hajime.
¡Maldito sea él y su puto novio!
Pero sobre todo, malditas esperanzas de un futuro a su lado.
Maldito sea él y su dolido corazón.
Ah…A veces todo no es suficiente.
Maldito Hajime.
¿¡Por qué!?
No tenía novia y él quería ser esa jodida lluvia que empapaba en ese puto instante a Iwaizumi pidiéndole un beso a su maldito novio.
¡Él quería ser su todo! ¡Quería ser el viento que le despeinaba o la luz de ese jodido gimnasio que iluminaba su cara de una manera tan bonita! Como si todo él resplandeciera, haciéndolo más perfecto de lo que ya era ante los ojos de cualquier mortal.
Quería decirle "Te amo" al menos una vez.
Te amo.
¡Te amo!
¡Te amo, carajo, te amo!
¡Te amo, Iwaizumi bastardo!
¡Te amo, Iwaizumi Hajime!
¡Te amo tanto que…Te amo tanto que…!
Tanto que sonrío al creer que esta lluvia realizó por fin uno de los puntos en tu lista de quehaceres.
Ah... ¿Desde hace cuánto no puedo sonreír por las lágrimas en mi cara?
"— ¿Sabes Tooru? De grande quiero besar a alguien bajo la lluvia.
— ¿Hajime-chan? —Susurró confuso el pequeño Tooru de seis años llorando por ver como bajo la lluvia su castillo de lodo para las hormigas se destruía.
—Sí…Aunque—Calló dubitativo el pequeño de cabellos negros antes de seguir—No me importaría si a quien beso fuera a ti…
—Entonces es un trato, Hajime-chan—Contestó Tooru mientras limpiaba sus lágrimas—Hajime-chan y yo nos besaremos bajo la lluvia.
— ¿Y si no nos podemos besar porque tienes novia o algo? —Preguntó sonrojado Hajime al ver a su mejor amigo con un gorrito amarillo para lluvias y su impermeable del mismo color temblando ligeramente por el llanto.
—Mmmh… ¡Entonces te besarás con alguien más! Pero que yo sea la primera elección—Sin embargo, Tooru seguía llorando por las hormigas ¡Seguro se ahogaban! Ya ni sonreír podía aunque quisiese por las lágrimas que salían a borbotones de sus ojos.
—Tooru—El castaño volteó ante la mención de su nombre, abriendo sus ojos al sentir su primer beso bajo la lluvia dado por su mejor amigo, dejando de llorar al instante—Así está mejor—Con una sonrisa, Hajime le quitó las lágrimas en su mejilla, provocando que Tooru sonriera mientras la lluvia se quitaba.
— ¡Hajime-chan! —Exclamó Tooru entre pequeñas risas, tomando la mano de su mejor amigo, esperando crecer rápido para volver a besarse bajo la lluvia como pactaron minutos atrás."
