Día cuatro: En una cita.

— Entonces, esta noche a las nueve afuera de la residencia, no tardes por favor. — El rubio hablaba por teléfono con su amada castaña. Tenían un plan para salir esa noche a cenar en un restaurante; festejarían su primer mes de pareja. Tal vez tener una relación por un mes no sea algo "tan importante", pero la castaña quería festejar todos los meses de pareja, ya que "esos días en especifico" son importantes. — Espero verte con aquel vestido que te compre hace unos días. — Todo estaba planeado a la perfección, tenían reservación en el restaurante, lo que usarían y hasta un plan b por si fallaba "su salida a escondidas".

— Lo usaré, espero que te guste como me queda. — Deja el vestido color blanco que terminaba hasta las rodillas, de manga corta con escote y línea de cuello v, en la cama. — Tratare de arreglarme lo mejor posible, no soy del todo experta, pero Louis-san me explico algunas manera de peinar mi cabello y maquillarme para este tipo de ocasiones. — Toma asiento en su cama alado del vestido.

— Te verás hermosa de cualquier manera, en realidad, tú siempre has sido hermosa sin la necesidad de arreglarte. — Lo antes dicho lo avergonzó bastante, no pensaba decir algo así tan de repente.

— Ukyo-san. — La comisura de sus labios "se amplían" mostrando una gran sonrisa. — Gracias. — Susurra. — No le haré perder más el tiempo, nos vemos más tarde. — Sabía que el rubio estaba en su despacho y tal vez estaría atendiendo algunos clientes.

— Nunca perderé el tiempo si se trata de ti. — Se asombro al decir eso, hoy había dicho "cosas muy lindas" a cada momento, cosa que no era del todo normal en el. — Hasta entonces.

— ¿Te gusta el lugar? — Ya habían llegado al restaurante y tomado asiento en uno de las mesas desocupadas.

— Me encanta, es muy refinado y el decorado es muy bello. — Observa a su alrededor emocionada, como si fuese un niño en una dulcería.

— Me alegra que a si sea. — Sonríe ligeramente. — Después de la cena, ¿te gustaría ir a otro lugar? — Observa a la castaña esperando una respuesta.

— Creo que no será buena ir a otra parte, si regresamos tarde a casa, los demás podrían sospechar algo. — Hace una mueca pensado que no tienen "tanta libertad" para divertirse en pareja. Pensaba a cada momento que ya deberían decir su relación y formalizarla, era algo ilógico seguir ocultando su noviazgo.

— Tienes razón. — Asiente ante la respuesta de la castaña.

— Aunque… — Una de las piernas de la castaña se posiciona debajo del mantel de la mesa, la movía "lentamente" entre las piernas del rubio. — regresando a casa, podríamos dormir juntos. — Continúa con aquellos movimientos causando que el rubio se agite un poco.

— No me parece mala idea. — Trata de no mostrarse "incomodo" ante todas las personas a su alrededor.

— Buenas noches, ¿qué van a pedir? — Uno de los tantos meseros se acerca a la joven pareja.

— B-Buenas noches. — La pierna de la castaña ahora se posicionaba en la entrepierna del rubio. — Pediremos como entrada el corazón de alcachofa relleno de flor de calabaza, luego como platillo salmón al horno con tomates, espinacas y champiñones y como postre, el cheesecake de limón, por favor. — Dice esto con una rapidez "impresionante", deseaba que se fuera el camarero para poder "poner una expresión de gozo" sin que este lo viera.

— Muy bien… — Anota la orden. — ¿Qué bebida desean tomar?

— V-Vino. — Rogaba para que ya se retirara aquella persona. Los movimientos de la pierna de su amada eran lentos, pero precisos.

— ¿Qué tipo de vino? — Pregunta nuevamente.

— V-Vino tinto. — En realidad, ya no le importaba el tipo o la marca.

— ¿De qué mar…? — Fue interrumpido por el abogado.

— ¡De la que sea! — Responde descortésmente. — L-Lo siento. — Sonríe con nerviosismo mientras da algunos golpeteos en la mesa con sus dedos.

— No se preocupe. — Guarda su libretita donde había anotado su orden. — Si es todo, me retiro. — Para suerte del mayor, el mesero se retira de la mesa para pedir la orden en la cocina.

— P-Pensé que no se iría nunca. — No le gusto para nada al tratar de esa manera al pobre mesero, pero se impacientaba por las acciones "no tan correctas" de su pareja. — ¿Podrías detenerte un momento? — Sentía que su pantalón le "era muy chico" para su "gran paquete" que deseaba "salir al exterior" y ser introducido "en la entrada de la castaña" una y otra vez como castigo.

— Lo siento, Ukyo-san, pero recuerde hace unos días que usted tocaba mis muslos cuando comíamos enfrente de los chicos, le pedía que se detuviese, pero nunca lo hizo… tómelo como una venganza de ello. — Sigue moviendo su pie en la entrepierna de su amado, ya sentía aquel bulto, y de alguna manera, deseaba tocarlo con sus manos y desahogar aquella necesidad de atención.

— Tú realmente… — Mueve un poco la mesa a los constantes toques. — eres tan traviesa. — Los dos comenzaban a ser "sucios" en un lugar no indicado.

Regresando a casa, Ukyo haría que su amada tenga problemas al caminar.


Nota de la autora:

Lamento si el "comportamiento" de Ukyo y Ema cambio un poco, pero decidí "que sean un poco más pervertidos" para darle sentido a este día.

Espero que les haya gustado.

Gracias por apoyar y comentar.