Día seis.- Vistiendo la ropa del otro.

Ukyo regresaba a casa como era de costumbre después del trabajo. El día había sido pesado, muchos papeles por revisar, varios clientes que atender, llamadas a cada momento lo fastidiaron un poco, y lo único que quería era terminar ya su jornada de trabajo.

Estando ya en casa, saluda para dar su bienvenida, pero tal parece que nadie respondería aquel saludo por la ausencia de casi todos los residentes, algunos de sus hermanos salieron y desconocía cuando regresarían.

Resignado, decide ir a su habitación, dejar su maletín en su estante y acostarse un momento; los deberes de la casa los haría después.

Teniendo enfrente la puerta de su habitación, antes de tomar la perilla y girarla, descubre que la puerta ya está abierta.

— ¿Hmm? — Observa detenidamente. — Recuerdo haber cerrado con llave mi habitación. — Guarda el instrumento con el cual abriría la puerta, después de lo antes visto, no era necesario usarla. — ¿Quién habrá sido el que entro a mi cuarto? ¿Y por qué lo hizo? — Decidido, empuja lentamente la puerta. Teniendo un espacio suficiente para pasar, toca el interruptor e iluminar el lugar. La persona que se había encontrado… no era esperada.

— ¡¿U-Ukyo-san?! — La castaña usa sus manos para cubrir su pecho casi desnudo. — N-No lo escuche llegar… b-bienvenido. — Al no tener alguna respuesta de su amado, sólo obsérvala de arriba hacia abajo la apenaba demasiado. — L-Lo siento, se preguntará el por qué estoy en su habitación y uso uno de sus trajes. — La castaña tenía abrochada casi por completo una de las camisas del rubio; le quedaba por supuesto muy grande. El largo de la camisa tapaba un poco su entrepierna, si se observaba bien, hasta se podía ver la lencería que usaba en ese momento la menor.

— Es justo lo que pensaba. — No deja de observar a su amada estando de esa manera. Le parecía buena e interesante la bienvenida por parte de la castaña. Vestida de esa manera, con una sola prenda que cubría su ropa interior, le provocaba varias cosas… debía "soportar y aguantar" la necesidad de "usar y sacar ese amiguito suyo"; todavía "no era momento de usarlo".

— Y-Yo sólo quería ver cómo me quedaba, sé que es extraño… — Su explicación fue interrumpida al escuchar la puerta cerrarse. El rubio se acercaba a ella y ponía sus anteojos ovalados en su rostro.

— Te ves muy bien así. — Ríe levemente. — Me gusta. — Sostiene delicadamente los antebrazos de la menor, acerco su cuerpo teniendo a pocos centímetros del cuerpo ajeno. — ¿Te parece cómoda mi ropa? ¿Huele bien? — Ante sus constantes preguntas, como era de esperarse, las mejillas de la castaña enrojecieron bastante. — Me gustaría ver lo que tienes debajo de esta camisa. — Los pocos botones abotonados fueron retirados, para así mostrar el lindo conjunto usado por la menor.

— U-Ukyo-san. — Trata de "ocultar" torpemente su "poca vestimenta".

— No uses tus manos para ocultarte, ya he visto varias veces tu cuerpo desnudo. — Sonríe levemente. — Ahora, vamos a ponernos cómodos. — Se saca su saco de encima, su corbata fue desecha y su camisa fue también desabrochada.

— … — La castaña trataba de no ver el torso de su amado, pero era en verdad inevitable no verlo.

Ukyo tomo la mano de la castaña, indicándole el camino hacia la cama.

— Necesito dejar de estar estresado y ansioso, ¿me ayudarías?

La "única" respuesta que se obtuvo, fue el ruido del cierre de Ukyo cuando fue bajado.

Y pocos minutos después, los contantes gemidos y alaridos de Ema al recibir "mucho amor~", al igual que le rogaba a Ukyo aumentar la velocidad.


Nota de la autora:

Tal vez Ema no uso mucha de la ropa de nuestro buen Ukyo, pero creo que esa camisa que fue manchada con cosas que ustedes y yo ya sabemos y que no aclarare, fue suficiente.

Espero que les haya gustado este día.

Gracias por todo el apoyo que me han proporcionado. 3