Ukyo compro unos boletos para un evento de vídeo juegos que se haría en la ciudad; tal vez a él no le agrade ese tipo de lugares, pero sabía que su amada le encantaría ir.

— Ema. — Le habla a la castaña mientras ocultaba dos boletos en unos de los bolsillos de su saco. — ¿Podrías venir un momento? Por favor.

— Por supuesto, ya voy. — La joven termina la conversación que tenía con el pelirrojo. El rubio, al verlos tan juntos, se sintió algo molesto. — ¿Qué sucede, Ukyo-san? — Se acerca a su amado, y de manera rápida, le da un beso en sus labios.

— Te tengo una sorpresa. — Sonríe ampliamente, de alguna manera, tenía mucha emoción en ese instante.

— ¿Una sorpresa? — Inclina un poco su cabeza hacia un lado.

— Lo sé, no suelo ser de esas personas que dan sorpresas. — Ríe ligeramente. — ¡Mira! — Saca de su bolsillo los dos boletos del evento. — Vi en Internet sobre este lugar, habrán demasiadas cosas de... juegos. — Alza una de sus cejas. — Y pensé que podríamos... — Ver el rostro de la castaña le preocupo un poco. — ¿Y esa cara?

— Ukyo-san... — Muestra una mueca en su rostro. — yo también tengo boletos de ese lugar, pero tenía pensado ir con una compañera de clase.

— Oh, ya veo. — Guarda de nuevo las entradas. — Deberé de preguntarte primero si irás a tal evento antes de proponértelo y pagar para ir, era predecible que irías a un lugar como ese, eres fanática de los vídeo juegos.

— Ukyo-san podría ir con nosotras, así yo... — Baja la mirada. — podría presentarles por fin a mi pareja. — Sus mejillas se enrojecen.

— ¿Ir con ustedes? — No se siente muy convencido.

— Vamos Ukyo-san. — Pone sus dos manos en el pecho del rubio mientras se ponía de puntillas para acercarse a uno de los oídos del rubio. — Tal vez estemos acompañados está tarde, aunque en la noche, la pasaremos solos y... podríamos pasarla bien juntos.

— Siempre me convences de esa manera. — Suspira agitado. — Está bien, vamos. — Antes de separarse de la castaña, la toma de la cintura. — Sólo quiero una probada de lo que haremos más tarde. — Pasa sus manos por la retaguardia de la menor. — Falta algunas horas para la convección. — Observa a su alrededor por si alguno de sus hermanos este cerca. — Vamos a mi habitación.

...

— ¡Mako-chan! — Grita la castaña el nombre de su mejor amiga para llamar su atención. — ¡Por aquí! — Su brazo derecho fue levantado para luego moverlo a los lados, su mano izquierda era estrechada con una de las manos del rubio.

— ¡Hinata! — Al encontrarse con su amiga, se acerca rápidamente. — Aquí estabas, te he estado buscando por varios minutos, este lugar está muy saturado de gente. — Se da cuenta que su mejor amiga es acompañada por alguien. — Hinata. — Habla en voz baja pero audible para la castaña. — ¿Quién es este lindo señor? — El rubio se molesto un poco, ¿acaso era tan viejo para ser considerado como un señor? (No bebé, tu eres muy joven y muy guapo)

— El es... — No continúa al estar muy nerviosa.

— ¡¿El es tu novio?! — Señala al abogado. — No pensé que tuvieses ese tipo de gustos. — Guiña uno de sus ojos mientras de la golpecitos en el hombro de la castaña con su hombro. — Aunque, a decir verdad, es muy guapo. — Susurra nuevamente. — Mucho gusto, mi nombre es Imai Mahoko. — Hace una pequeña reverencia. —Cuida mucho de Hinata, eres muy afortunado de ser su novio.

— El placer es todo mío, soy Asahina Ukyo, y lo sé. — Observa de reojo a la castaña.

— Espera, ¿eres hermano de Yusuke? — Se le hace conocido el apellido.

— Sí, soy su hermano mayor.

— Entonces, si Hinata se supone que es hermana de Yusuke, ¡¿tú también eres su hermano?! — Se sorprende ante su "descubrimiento".

— Es complicado explicarte nuestra situación, en otra ocasión te explicare con calma todo lo que ha sucedido. — Trata de tranquilizar a su amiga, si está continuaba, tal vez su novio se molestaría.

— Ok. — Rueda sus ojos. — Pero me cuentas absolutamente todo, no quiero que omitas detalles de nada. — Se acerca a la castaña. — No importa si han pasado por momentos picantes, como dije, lo dirás todo. — Ante ese comentario, las mejillas de la castaña se volvieron completamente rojas, también comenzaba a sudar. Sería incomodo decirle todas esas varias ocasiones donde se ha entregado al rubio y en los distintos lugares donde lo han hecho.

...

— ¡¿También lo hicieron en un vestíbulo?! ¡Qué barbaros! No sabía que fueran tan promiscuos, que escondido se lo tenían. — Ríe a carcajadas. Su mejor amiga moría de la vergüenza.


Nota de la autora:

Lamento si está situación no fue buena del todo, pero realmente no tenía muchas ideas que digamos, aun así, espero que les haya gustado.

Gracias por todo el apoyo que me han dado.