Día diez.- Con orejas de animal.
Ema se había despertado a la misma hora de siempre, debía ser puntual para ayudar a Ukyo en preparar el desayuno y también, aprovechar para darse uno que otro "apapacho" antes que sus hermanos despierten y vayan a la cocina.
...
— Ukyo-san, buenos dí... — Enseguida noto algo extraño en el rubio, su cabeza permanecía adentro de unos de los estantes de la cocina. — ¿Ukyo-san? — Da unos cuantos pasos hacia adelante.
— Un movimiento brusco hizo golpearse su cabeza con una de las paredes del mueble. — ¡Tch! — Chasquea su lengua molesto.
— ¿E-Esta bien, Ukyo-san? — Trata de acercase nuevamente, pero la mano del rubio le impidió continuar el paso.
— No te acerques. — Alza la voz sin darse cuenta que hizo sentir mal a la castaña. — Lo lamento, no quería gritarte. — Continúa posando su cabeza en el estante. — No quiero que me veas, es vergonzoso.
— ¿Qué le sucedió? — Trata de no lloriquear.
— Da un gran suspiro. — Cuando me desperté, sentí algo extraño en mi cabeza. — Saca poco a poco su rostro del mueble. — Fui al baño que sucedía, y vi esto. — Unas ¿orejas de mapache? de color café claro aparecía arriba de su cabeza. — No sé porqué tengo esto encima. — Se muestra preocupado. — ¿Crees que sea algo malo? ¿Podré quitármelas? — Decía múltiples preguntas, pero sin responder ninguna de ellas. — ¿Ema? — Ve a su amada. — ¿Qué pasa con esa cara?
— Ukyo-san, usted se ve tan... — Trata de controlar su emoción. — ¡lindo! — No lo logro.
— ¿Lindo? — Alza ambas cejas, confundido. — ¿Esto te parece lindo?
— Por supuesto, son tan peludas y tienen uno color muy lindo. — Trata de alcanzar de acariciarlas, pero no puede. — ¿Podrías agacharte un poco para tocarlas? Por favor. — Comienza a comportarse como Wataru cuando quiere algo.
— Está bien. — Hace lo pedido. — ¿Así está bien?
— ¡Sí! — Enseguida, alza sus manos y sostiene suavemente las orejas de mapache. — ¡Waa! Si son muy suaves. — Continua tocándolas, sin saber la reacción que tomo el rubio. — Es tan raro, pero a la vez tan bonito estás orejitas, ¿no le parece? — Observa el rostro del rubio. — ¿Pasa algo? — Su rostro estaba totalmente rojo.
— N-Nada. — Niega torpemente.
Ema trata de encontrar la razón por la cual Ukyo se comporta de esa manera.
Observándolo por todo su cuerpo, ve que sus manos tapan su entrepierna.
— Ukyo... — Trata de ser "valiente" al hacerle la siguiente pregunta. — ¿por qué ha puesto sus manos ahí?
Ukyo no era del todo bueno mintiéndole a Ema, así que decidió ser sincero.
— Cuando tocaste las orejas, sentí un gran estimulo y... — Hace ver un gran bulto en su entrepierna. — sucedió esto.
— ¡L-Lo siento! No sabía que... pasaría eso. — Fija su vista en otra parte mientras que sus mejillas enrojecían.
— Ahora que lo has causado, deberías terminar lo que comenzaste. — Sonríe pícaramente. — Es malo dejar a tu pareja de esta manera, ¿sabías?
— Yo... — A pesar de haber visto varias veces la hombría del rubio, siempre se avergonzaba tocarlo y probarlo.
— Si "me ayudas", podrás continuar tocando las orejas las veces que quieras. — Sonríe levemente, aunque en ese momento sentía la necesidad de atender a su amiguito ahora mismo.
Ema asiente levemente.
Estando de cuclillas, pasa sus manos por encima de la tela del pantalón, Ukyo siente un escalofrió al sentir las manos de Ema en ese lugar.
— No seas tímida, continua. — Acaricia la cabeza de la castaña.
Baja el cierre y mete una de sus manos para sacar aquel miembro ya totalmente erecto. Ema se detiene de nuevo, exhala e inhala profundamente, cierra sus ojos para acercar su boca ya abierta en aquel falo.
Por pocos minutos de haber probado y tocado aquello, unos pasos bajando por las escaleras hicieron que se separaran al instante. Ukyo arreglo su pantalón y puso otra vez su cabeza en aquel estante, Ema, por su parte, se levanto por completo y fue enseguida al fregadero para lavarse sus manos, estaban un poco manchadas de un líquido blanco.
— ¡Onee-chan, buenos días! — El menor de la familia corre para abrazar a su hermana mayor. — Onee-chan, ¿por qué Kyo-tan oculta su cabeza?
— E-Es una larga historia, Wataru.
— ¿Me la contarás? — Sonríe dulcemente.
— Sí, claro. — Ríe nerviosamente.
— ¿Qué es ese bulto que tiene Kyo-tan entre sus pantalones? — Pregunta de nuevo el "inocente" niño.
Creo que ya era momento de explicarle a Wataru algunas cosas que les suceden a los hombres.
Nota de la autora:
No sabía si literalmente uno de los personas le aparecían orejas de animal de la nada o usaba las orejas por "estilo".
Si me equivoque, me disculpo por ello.
Espero que les guste está situación.
Gracias por el gran apoyo que me han dado.
