Día doce.- Tocarse y besarse.

Ema caminaba por un largo pasillo de una oficina, en sus manos sostenía algunos recipientes que tenían de contenido comida y algunas bebidas. Quería darle una sorpresa a Ukyo trayéndole la comida en su trabajo, además de evitar que el fuese hasta la casa para prepararla, podría aprovechar el momento para pasar tiempo con Ukyo.

— Buenas tardes, disculpe ¿de casualidad está Ukyo-san? — Pregunta a la recepcionista que veía algunos papeles en su escritorio.

— Sí, Ukyo-sensei está en su oficina, ¿quiere que de aviso de su presencia? — Responde viendo a la castaña.

— No es necesario. — Responde. — Me gustaría darle una sorpresa. — Sonríe mientras le muestra lo que sostiene en sus manos.

— ¡Ah! Ya veo. — Ríe levemente. — Ukyo-sensei le gustará mucho su sorpresa. — Guiña su ojo izquierdo.

— Eso espero. — Responde sin tanta seguridad, aquel guiño le había puesto nerviosa. — Bueno, permiso. — Hace una pequeña reverencia. — Muchas gracias, que pase un lindo día. —

— De nada, fue un placer ayudarle e igualmente. — Sonríe nuevamente, regresando a su trabajo.

...

— No era necesario venir hasta aquí para esto. — Hace un ademán para darle uno de los asientos de su oficina. — No me gustaría que te pasara algo en el camino. — Se pone en cuclillas para estar a la misma altura que la castaña. — Aún así, muchas gracias. — Se acerca al rostro de su amada y le da un casto beso.

— S-Sólo quería darle una pequeña sorpresa, eso es todo. — Sus mejillas empiezan a colorearse. — ¿Le gusto?

— Me ha encantado. — Toma los recipientes y los pone encima de la mesa. — Entonces, ¿empezamos a comer ya?

...

— Estuvo delicioso, gracias. — Sonríe al sentirse satisfecho. — ¿Te quedarás un rato más?

— No quiero distraerlo de su trabajo, Ukyo-san. — Guarda los utensilios usados en una bolsa.

— En absoluto, serás una gran compañía de trabajo. — Sostiene una de las manos de la castaña.

Ema se levanta de su asiento para ahora sentarse entre las piernas de Ukyo.

— Oye... — Se ha sorprendido bastante por las acciones de la castaña. — estoy en hora de trabajo.

— Ukyo-san ha dicho que no seré una distracción, ¿no es así? — Amplia su sonrisa; ahora ella quería comenzar con la acción. — Sólo serán unos minutos. — Mueve su "retaguardia" haciendo fricción en la entrepierna del rubio. — Ukyo-san se ve bastante cansado, debería tomar un descanso. — Su pecho toca el torso del abogado. — Le ayudaré a quitar su tensión. — Da unos cuantos y castos besos en el cuello del mayor, dejando marcas de maquillaje en las zonas besadas.

— Tú realmente... — Sostiene con sus dos manos el trasero de la castaña. — no tienes límites.

— Ya que gracias a Ukyo-san los videojuegos ya no me llenan, es responsabilidad de Ukyo-san satisfacerme. — Posa sus manos en los hombros del rubio. — Está es la verdadera sorpresa. — Desabrocha algunos botones de su camisa para dejar al descubierto su ropa interior.

— Sabes, me encantan tus sorpresas. — Aclara el rubio mostrando una gran sonrisa en su rostro. — Es momento para disfrutarla.

Aprovechando el poco tiempo de la hora de comida, Ukyo y Ema al conocer que "nadie" estaría en la oficina consumaron su amor, tocando y besando al contrario sin cesar. Sin darse cuenta que la recepcionista, desde muy cerca escuchaba los alaridos y gemidos de los amantes.

— No sabía que Ukyo-sensei fuese tan bueno haciendo esas cosas. — Tapa su boca mientras ríe avergonzada. — Que suerte tiene su pareja.


Nota de la autora:

Realmente no me ha estado gustando come me están quedando las situaciones de los días, pero espero que a ustedes si les este gustando.

La recepcionista dice "Ukyo-sensei" ya que en la ruta de Ukyo así lo mencionan en su trabajo, es por eso que decidí llamarlo también de esa manera.

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