Día trece.- Comiendo helado.
Ukyo y Ema daban un paseo por un parque en el centro de la ciudad.
Tomados de las manos, observaban los locales de aquel lugar por si alguno les llamaba la atención y comprar algo de ahí.
— ¡Ukyo-san! — Dice el nombre de su amado para llamar su atención. — Mire, ya han inaugurado la nevería. — Señala el local. — ¿Recuerda que le había hablado de aquel lugar?
— Por supuesto. — Observa en la dirección que le señalo la castaña. — ¿Te gustaría ir?
— ¡Sí! — Contesta espontáneamente. — B-Bueno, si tú también quieres ir, claro. — Se sintió como una niña pequeña al responder de esa manera.
— Ríe brevemente al notar la vergüenza de su amada. — Vamos.
...
— Bienvenidos, ¿en qué puedo serviles? — Habla un joven detrás del mostrador.
— Buenas tardes. — Responden la pareja al mismo tiempo.
El cajero trata de aguantar la risa poniendo una de sus manos en la boca.
— ¿Podría servirnos dos conos de helado? — El rubio pensó que la actitud del joven era algo irrespetuosa, además, observaba bastante a su pareja y eso hacía molestarlo un poco.
— Claro, ¿simples o dobles? — Seleccionaba el pedido en la pantalla de la computadora.
— ¿Cómo quieres tu helado? — Pregunta el mayor observando de reojo a la antes mencionada.
— Doble. — Contesta la castaña mientras veía los sabores disponibles.
— Esta bien. Que sean dos dobles.
— Ok, ¿de qué sabor? — Saca dos conos de helado de un estante.
— Yo quiero de fresa. — Hablo la castaña.
— Excelente elección, señorita. — Sonríe ampliamente. No era realmente una "elección excelente", sólo quería hacer "un halago" para ver sonreír a la chica.
— Yo quiero de mango. — Ahora habla el rubio. Ya era definitivo, estaba molesto.
— A la orden, señor. — Responde al pedido del mayor. El joven cajero pensaba que sus dos clientes serían tal vez hermanos (cosa que lo son) y que el señor simplemente estaría molesto por "tratar" de coquetear a su hermana menor. — Aquí tienen. — Da cada cono de helado a sus dos clientes. — Será está cantidad. — Señala la pantalla en la zona donde está el precio.
Ukyo le pide a Ema sostener por un momento su helado para sacar su cartera y pagar la cantidad correspondiente.
— Gracias. — Terminando de agradecer da media vuelta para tomar asiento en unos de los sillones del lugar.
— Muchas gracias. — Al contrario del rubio, ella agradece de una manera menos hostil.
— De nada, fue un placer atenderlos. — Sonríe ligeramente. En realidad, fue un placer sólo atenderla a ella. — Que los disfruten. — La chica sólo asintió para luego ir con su acompañante. — ¡E-Espere un momento! — Aquella petición hizo llamar la atención a "los hermanos". — ¿P-Podría conocer su nombre, señorita? — La chica se sorprendió bastante, por otra parte, el señor lo observo bastante molesto.
— Ema. — Responde extrañada.
— M-Mi nombres es Thomas, un gusto. — Alza su brazo para estrechar la mano de "su linda cliente". Notando que está no haría lo mismo que él baja el brazo, avergonzado. — Lo siento.
— No te preocupes, el gusto es mío. — De nuevo sonríe. Ya no quería estar enfrente de aquel chico. — Tengo que irme... por allá.
— ¡Ah! Por supuesto, perdón si la he interrumpido.
Ema trata de apresurarse para sentarse a un lado de Ukyo, como era de esperarse, se le veía muy, muy molesto.
— ¿L-Le gusto su helado? — Trata de iniciar una conversación para "calmar la tensión" del momento.
— Sí. — Responde sin voltear a ver a la castaña.
— Me alegro. — Contesta algo cabizbaja, en realidad ella quería pasar un rato agradable con su pareja. Resignada, se dispone a probar un poco de su helado. — Oh. — Se dio cuenta que había quedado helado en sus labios, también que el helado estaba choreando y mancho parte de su pecho. Antes de tomar una servilleta, el rubio se encargo de "limpiar el desastre".
Ukyo pasó su lengua en los delicados labios de Ema.
— U-Ukyo... — Su amado la tomo por sorpresa ante tal acción. Se estaban besando sin importarles las personas a su alrededor.
— ¿Es su novio? — Ahora conocía la razón por la cual el mayor se le veía hostil. — Que idiota me he visto coqueteando con un cliente.
Terminando aquel beso, Ukyo observa al cajero, al cruzar las miradas Ukyo sonrío triunfante, dando a conocer que "la chica que le había gustado" era de él.
— Ahora aquel joven ya no te molestará más. — Sostiene el mentón de la castaña. — ¿Quieres probar de mi helado? — Amplia su sonrisa. — Anda, prueba. — Su amada acata la petición del mayor. Mientras probaba el helado, él también comenzó a probarlo. Acabando el helado, sus labios se unieron de nuevo aumentando el ritmo en está ocasión.
Desde ese día, el joven cajero ya no coquetería en su trabajo.
Nota de la autora:
En verdad no sé qué decir de la situación del día de hoy 8'DDD sólo que espero que les haya gustado y gracias por todo el apoyo que me han dado.
