¡Hola a todos!

Ha pasado mucho tiempo desde que no actualizaba y por lo mismo quiero pedirles una enorme disculpa por haber abandonado mucho tiempo esta historia, no diré nada en cuanto a mis excusas, pero sí puedo decir que estos dos últimos años han sido de mucha tensión y bla, bla, bla….

En fin, aquí les traigo un nuevo capítulo, espero que sea de su agrado.


Kinki no Bara ~Aphrodisiac~ (TV Size)

FEROMEN

Taema naku afureru
Tomedo naku koboreru
Kindan no kajitsu wa akaku

Yokoshima ni oboreru
Fushidara ni midareru
Kairaku no tobira wo tataku

Atsuki fukaki tsubomi no uzuki
Mayoi madoi tomadou toiki
Kizami tsukeshi mezame no gishiki
Kasuka na itami

Ataete yarusa koyoi omae dake ni
Mai chiru hanabira wa tsumi no kaori
Ataete yarusa koyoi omae dake ni
Kuchizuke yori amaku sasayaku
Karisome no kotoba wa biyaku


Capítulo VII

Una decisión difícil

Innumerables gotas caían del suelo, creando un eco agudo en una pequeña celda oscura, donde se encontraba un joven de hebras rojas hincado, con sus manos estaban aprisionadas contra la pared, en la que se podía ver unos enormes grilletes de hierro alrededor de sus muñecas, mientras que su mirada se encontraba perdida.

-Flash Back-

-Entréganos al Noé.-Ordenó el Inspector.

-¡NO!

-¡Es una orden Exorcista!

-¡NO!

-Lavi, hazle caso.-Dijo con aflicción el australiano.

-¡Antes de Exorcista o Bookman, soy padre y primero muerto antes de dársela a ustedes!

-¡Entonces estás traicionando a la Iglesia!

-¡Prefiero a ser un hereje a ser un asesino! ¡Prefiero morir por mi niña a dárselas!

-¡Entonces quedas arrestado por herejía!

De inmediato, unos guardias acataron la orden del inspector, sin embargo, el pelirrojo los derribó con su inocencia de inmediato, para luego echarse a correr con la bebé en su brazo derecho mientras que con la derecha derribaba a cuanto guardia se le interpusiera en el camino. Por lo que Laverrier optó por mandar a Link a perseguirlo, quien usando sus técnicas para bloquearlo junto con los poderes de la bebé Noé, que no paraba de llorar.

Ante tal situación, Lavi maldijo su suerte, ya que además de haber sido atrapado en aquel círculo de sellos que utilizaba el rubio para obstaculizar su fuga. Mientras que sus amigos se sentían impotentes por aquella situación.

-Fin del Flash Back-

Una, dos, tres… incontables lágrimas comenzaron a deslizarse sobre las mejillas del joven pelirrojo, así como constantes gemidos por el intenso dolor en su espalda a causa de las yagas provocadas por los azotes que le habían propinado horas atrás, con el fin de que revelara el nombre del padre de las gemelas, pero no lo hizo por mucho que aumentaron la intensidad de los latigazos hasta desgarrar la carne de su sitio, dejando ver el dermis severamente dañado. Pero lo que más le dolía, incluso más que las flagelaciones, era el hecho de que le habían arrebatado a su pequeña de la manera más cruel que pudo haber imaginado.

—Mirna… Yashira… mis princesitas…. Perdónenme…—Sollozaba el joven con gran angustia y dolor.

Entre tanto, en la planta alta, todos los exorcistas que habían presenciado aquel incidente se encontraban en una pequeña sala, en donde el silencio reinaba en esos momentos, sobre todo porque nadie se atrevía a mencionar alguna palabra de lo que aconteció tres días antes. Y lo peor de todo, es que los interrogatorios se desataron el mismo día y era hora de que éstos todavía no terminaban, lo que era una completa tortura para todos, en especial para Allen, Lenalee y Yu.

—Ya… Lenalee…. No llores…. Todo…

—Sabes que no es cierto Allen… nada de esto va a salir bien…

—Ella tiene razón Baka Moyashi, tú mismo viste la locura que se desató ahí mismo y también la forma en que actuó el estúpido conejo, hizo que las cosas empeoraran la situación. —Respondió el nipón con el entrecejo fruncido en señal de frustración.

—Gracias por tu pesimismo bakanda. —Dijo con sumo sarcasmo en señal de reproche, debido a que aquel comentario del samurai desató el llanto de la joven, a quien era inútilmente el albino intentó calmar.

En ese momento, Link entró a la habitación en la que se desató un incómodo ambiente entre los jóvenes exorcistas que ahora lo miraban con cierto desprecio por haber seguido las órdenes de Laverrier, quien le había ordenado al rubio que les informara que a causa de aquel incidente todos iban a ser interrogados, tensando aún más el ambiente.

En otro sitio de la Orden Oscura, específicamente en la cámara de Hevlaska, los científicos Komui Lee y Reever, quienes iban acompañados del inspector Laverrier junto con un pequeño grupo de guardias esperando impacientemente el resultado de la análisis que la gigante exorcista estaba realizando con la gemela Yashira, quien no paraba de llorar.

—¿Y bien? ¿qué encontraste Hevlaska? — Preguntó Laverrier con la paciencia más que colmada, lo que puso nerviosos a Komui y a Reever.

—Esto es extraño… no hay señales del gen de los Noé… ni tampoco de que posea inocencia del tipo parásito o cristal…

—Entonces… ¿se trata de una posible exorcista del tipo equipamiento? —Cuestionó en señal de esperanza el inspector de poder tener a su disposición a una nueva "arma", contra el Conde y sus esbirros.

—No estoy segura de eso. —Respondió el espectro depositando a la niña con sus tentáculos en los brazos de Komui, quien trató de calmar su llanto, por medio de mecidas.

—Entonces, haremos la prueba de "compatibilidad" inmediatamente. —Concluyó de forma precipitada el hombre de facciones recias y toscas,

—¡Un momento inspector Laverrier, el individuo es sólo un bebé!

—¡Es verdad señor, aunque la niña lograra fusionarse con la inocencia y no se convirtiera en un Caído, el bebé no lo aguantaría y podría morir! —Apoyó el australiano precipitado ante la horrible conclusión del hombre, quien dio finalizada aquellas discrepancias con lo siguiente:

—Con el historial genético que acabamos de obtener de este bebé, lo dudo mucho. —Respondió con mucho cinismo a la vez que le arrebataba a la niña al jefe de todos los científicos. —Da igual lo que pase con este engendro del pecado, que al igual que su hermana lo único que merecen es regresar al infierno de donde salieron, además, cuando las herramientas se vuelven inservibles, siempre se pueden reemplazar.

Ambos científicos miraron con frustración a aquel desgraciado que se iba muy digno con la hija de Lavi a saber qué lugar se la llevaría para hacer con ella quién sabe qué, pero de lo que estaban seguros, es que no era algo bueno en lo absoluto. Definitivamente, ese hombre era un diablo encarnado, ya no sabían quién era peor: si el Conde del Milenio o ese tipo.

—¿Qué vamos a hacer jefe? —Le cuestionó con la angustia reflejada tanto en su rostro como en su tono de voz, a lo que el pelimorado respondió:

—Créeme Reever, ni yo lo sé…. —Respondió al mismo tiempo que se frotaba las sienes de la impotencia que lo estaba invadiendo en esos momentos.

Después de aquel horrible rato, la noche se hizo presente. Aparentemente, todo estaba en completa calma en todas las instalaciones de la Orden, salvo la parte más subterránea, es decir, una cámara que se ubicaba pisos más abajo que la cámara de Hevlaska, en donde yacía un grupo de científicos diferentes a los del departamento de Komui realizándole pruebas a las gemelas de Lavi. Ambas niñas yacían dentro de una incubadora, conectadas a muchos cables y alambres que estaban directamente ligados a una infinidad de máquinas, entre las que se podían destacar un electroencefalograma, así como electrocardiogramas que mostraban sus resultados en hojas de papel que no paraban de enrollarse de forma constante en el suelo.

—¿Cómo va todo? —Preguntó el inspector acompañado de dos guardias a sus espaldas.

—Muy bien, señor, hasta ahora las dos niñas se muestran estables de acuerdo a los resultados del electrocardiograma y del electroencefalograma.

—Perfecto, entonces… que inicien los preparativos tanto de la prueba de compatibilidad, como la inserción de inocencia en ambas niñas.

—Sí señor.

—¿Qué piensas hacer… Cross? —Le cuestionó el anciano Bookman al pelirrojo que fumaba aparentemente tranquilo en un sillón de una sala de descanso de uso exclusivo para los Generales exorcistas.

El hombre no le contestó, tan sólo exhaló el humo que había acumulado en sus pulmones con los ojos cerrados, mientras tiraba un poco de ceniza en el interior de una copa en la que había tomado como unas diez veces ron, a la vez que enfocaba su vista sobre las brasas de la chimenea que tenía frente a él. Aparentaba estar tranquilo, o más bien parecía que no le importaba en lo más mínimo lo que le sucediera a su hijo o a sus nietas, cuyas imágenes no podía sacarse de la cabeza, ni tampoco la radiante y cálida sonrisa que Lavi le había mostrado durante esa pequeña visita en la biblioteca; ante lo cual, abrió súbitamente sus ojos escarlatas al mismo tiempo que se incorporaba del sillón.

—Ya es hora… —Dijo con firmeza y con frialdad, al mismo tiempo que se dejaba escuchar las manecillas de un enorme reloj de pared con numeración romana, marcando las doce de la noche en punto.

—¿A qué te refieres con eso? —Cuestionó un tanto desconcertado por la repentina respuesta del exorcista, quien esbozando una maquiavélica sonrisa comenzó a pronunciar el conjuro para invocar a María, para que ésta ejecutara la técnica de "Cortina de Magdalena".

Ante estas circunstancias, Bookman quedó boquiabierto por lo que el general de cabello bermejo estaba haciendo en esos momentos. Sabía que algo estaba tramando, pero nunca imaginó que utilizaría la técnica de María para llevar a cabo sus planes: ¿acaso planeaba ayudar a Lavi a escapar de la cárcel, para así recuperar a sus hijas y darse a la fuga de la Orden? no, Cross Marian no haría esa clase de cosas, al menos no en beneficio de los demás, ¿o sí?...

—¡¿Qué planeas Cross? —Exigió el anciano desconcertado por las acciones de éste.

—Ríete de mí si quieres por lo que te voy a decir… pero…—Dijo callándose por unos instantes antes de que se retirará de aquella sala, saliendo por un enorme ventanal, le contestó finalmente con una sincera sonrisa. —Voy a hacer por primera y última vez lo que un padre haría por un hijo.

Y dicho esto, Cross desapareció sin dejar rastro alguno, dejando a un anciano Bookman desconcertado por las palabras que había dicho hace unos instantes, para luego, esbozar una sonrisa seguida de unas palabras:

—Pues… no serás el único que haga tal cosa, idiota…

El canto de María estaba surtiendo efecto, la mayor parte de los exorcistas y demás personal cayó bajo su ilusión. Sin embargo, en la parte subterránea de la Orden, específicamente, en el laboratorio de pruebas, parecía que no estaban bajo la ilusión de la inocencia de Marian, quien se infiltró con mucha facilidad al pasadizo que conectaba a los calabozos, en donde se encontraba el pelirrojo que se desconcertó por el pequeño alboroto que estaba ocurriendo en el exterior.

—¿Qué ocurre? —Dijo apenas en un susurro por el dolor que le había entumecido todo el cuerpo.

De repente, la puerta fue destruida a punta de balazos que no dañaron al joven, quien se desconcertó al ver que el causante de todo ese alboroto había sido la persona que menos esperaba: Cross Marian.

—¿G… ge… general…?—Apenas pudo articular y también alzar su cabeza para poder divisar la imponente figura que se formaba delante de él.

—Cállate y limítate a reservar la poca fuerza que te queda. —Respondió mientras le quitaba los grilletes por medio de dos disparos sin llegar a dañarle las muñecas, para luego cargarlo sobre su hombro derecho.

Enseguida, el pelirrojo mayor salió de aquella celda destruida por él, tratando de huir rápido pero al mismo tiempo intentando no lastimar más a su hijo, quien de vez en cuando se quejaba de dolor por algunos movimientos bruscos que su padre hacía por ratos.

—¿P… por qué hace esto?

El hombre no le contestó; en primer lugar porque no quiso y en segundo lugar porque estaba más centrado en escapar de ese sitio junto con el menor, quien sólo se limitó a cerrar su único ojo en señal de que se había desmayado. Esto en cierto modo le favoreció a Marian, ya que no se sentía cómodo escuchando la cansina voz de su vástago a causa de las múltiples flagelaciones que le habían propinado como método de tortura; lo que provocaba que la sangre le hirviera de enojo.

—"No me gusta deberle favores a los muertos… y menos a tu madre…"—Caviló en lo más profundo de su mente mientras echaba un pequeño vistazo al inconsciente exorcista.

Mientras tanto, en otro punto de la Orden, específicamente en el laboratorio de pruebas, los científicos estaban a punto de iniciar el experimento, cuando de repente, una explosión tomó por sorpresa a todos. De inmediato, una cortina de humo se expandió por todo el lugar dejando inconsciente a todo el personal, menos Laverrier, quien apenas y pudo resistir la potencia del somnífero en forma de humo para sacar de las incubadoras a las gemelas, pero cuando logró llegar a los contenedores, maldijo en voz alta cuando vio que estaban vacíos, antes de caer bajo el efecto del somnífero.

—"Perfecto, ahora sólo queda ir al punto de reunión donde acordamos el idiota de Cross y yo." —Se decía mentalmente el individuo que había armado todo ese alboroto, o séase Bookman, quien de reojo vio a sus bisnietas. —"Estúpido Lavi, lo que me obliga a hacer…"—Caviló maldiciente mientras se dirigía hacia donde se encontraba Cross.

No obstante, su camino fue obstruido por un pequeño grupo de individuos que jamás imaginó enfrentar: eran los Noé del placer y de los sueños. Esto puso en alerta al anciano, ya que no esperaba toparse con ellos, es más, ¿qué estaban haciendo en la Orden?, ¿cómo habían logrado entrar?, pero sobre todo ¿cuál eran sus intenciones?

—¿Qué hacen aquí? —Espetó el anciano poniéndose a la defensiva.

—Oh tranquilo viejo, sólo queremos que nos entregues a esas niñas y prometo que no saldrás lastimado. —Respondió con altanería el Noé del placer.

El anciano se negó rotundamente, lo que bastó para que ambos Noé se propusieran a atacarlo sin rechistar; pero cuando estuvo a punto de recibir el ataque de Tyki, el llanto de Yashira descolocó al pelinegro, quien de inmediato detuvo su ataque, desconcertando tanto a Road, como a Bookman. Fue entonces que el senil pudo descifrar aquella verdad que tanto se negaba a desvelar su ex discípulo y también la razón del porqué sus bisnietas eran portadoras de la sangre de la familia Noé.

—Ya veo… así que tú eres el padre de estas criaturas ¿no es así, Tyki Mikk? —Lo interrogó con un tono sumamente demandante y sin aceptar excusas.

El mencionado quedó estático, sabía que el viejo Bookman era todo un escudriñador de primera a la hora de obtener información, pero nunca creyó que fuera capaz de darse cuenta de todo aquello ¿o acaso lo había subestimando?, lo cual era muy probable, por lo que no tuvo otra alternativa más que responder con la pura verdad, aún con Road como testigo.

—Sí, así es…—Respondió sin miramientos para sorpresa de Road y de Bookman, quien deshizo su pose de ataque, lo que también turbó a los dos Noé.

Justo cuando Bookman se disponía a hablar, apareció un adulto pelirrojo corriendo a toda prisa con un joven pelirrojo sobre uno de sus hombros, lo cual hizo que Tyki abriera los ojos como plato al reconocer a aquel individuo.

—Lavi…—Susurró sin salir de su asombro.

Al instante, Cross detuvo su carrera cuando logró divisar al viejo Bookman y a dos Noé con él. Esto provocó que el ceño del General se frunciera de enojo hacia Tyki Mikk, cuyo semblante correspondió aquella gesticulación de la misma manera. Por unos minutos tanto el hombre de cabellera bermeja, como el joven de cabello azabache se echaron una mirada de repudio. Road seguía sin entender nada de la situación, mientras que Bookman sólo se mantenía estático esperando la reacción de Cross Marian, quien lo sorprendió con las siguientes palabras:

—Tyki…. Llévatelo junto con las gemelas. —Dijo el General entregándole al muchacho inconsciente.

—¿Eh? ¿Qué es lo que tramas, General Cross? —Preguntó un tanto conmocionado por la eventual decisión del exorcista.

—Alejarlos de este infierno.

—¿Tyki…? —Pronunció dubitativa la chica Kamelot ante las sospechosas intenciones del General, puesto que ¿cómo era posible que un exorcista les dejara en bandeja de plata la misión que el Conde del Milenio les había encomendado, y sobre todo siendo el mismísimo General Cross Marian?

—No sé qué estés planeando, pero ten por seguro que no dejaré que nada les pase. —Respondió con firmeza el joven de piel cobriza al mismo tiempo que tomaba entre sus brazos al pelirrojo.

—¡Espera Tyki, el Conde nos ordenó llevarnos a las gemelas, no a Bookman Jr.! —Respondió exaltada por haber accedido a la propuesta del hombre de cabellos bermejos.

—Lo sé, pero estoy seguro de que la Orden en estos momentos ya no lo reconoce como uno de los suyos, por el simple hecho de haber tenido a estas niñas ¿o me equivoco exorcistas? —Respondió con una media sonrisa de complicidad que puso aún más serios tanto a Cross, como a Bookman.

Tyki tenía razón, Lavi ya no era parte de la Orden Oscura, sino todo lo contrario, aunque por otro lado no estaban seguros de dejarle tanto a las niñas como a Lavi al cuidado de ellos, temiendo más por la vida del pelirrojo que por las gemelas, quienes por ser el objetivo del Conde y de los demás Noé estarían a salvo bajo cualquier circunstancia, pero Lavi… ¿qué pasaría con él en la base de los Noé?, era muy probable que lo asesinarían sin siquiera pensárselo dos o tres veces, pero ¿acaso había una posibilidad de mantener a salvo al ex exorcista de la inminente ejecución? era una decisión difícil, demasiado tanto para padre como abuelo del joven.

—Está bien, dejaré a las niñas y a Lavi bajo tu cuidado. —Respondió el pelirrojo mayor con resignación, dejando estupefacto a los demás presentes, incluyendo al mismo Tyki, quien con semblante serio le respondió:

—Claro, ten por seguro de que no les pasará nada a mi lado.

—Eso espero Noé, porque si llego a enterarme de que algo malo le pasó a mi hijo o a mis nietas, juro que no descansaré hasta verte muerto. —Amenazó el General con una gélida expresión que erizó la piel de ambos Noé y más la de Tyki, quien respondió:

—Ten por seguro, que antes de que tú me mates, primero tendrá que pasar sobre mi cadáver el Conde antes que les haga daño.

—Pues eso espero, porque también no te la vas a acabar conmigo, Tyki Mikk. —Respondió el viejo Bookman con el mismo tono amenazante que Cross había empleado anteriormente.

—¡Un momento, estoy diciendo que les doy mi palabra de hombre ¿qué acaso no me creen? o más bien ¡¿quiénes se creen que son para amenazarme de esa forma? —Espetó con molestia el moreno, lo que hizo que ambos exorcistas le gritaran al unísono:

—¡PORQUE SON MIS NIETAS/BISNIETAS Y MI HIJO/NIETO, TONTO!

Ante tal respuesta, tanto Road como Tyki quedaron perplejos, ya que jamás habían imaginado que esos dos exorcistas fueran familia directa de Lavi y de las gemelas, sobre todo de Cross Marian, a quien quiso hacerle mil y un preguntas, pero el tiempo era escaso y valioso para llevar a cabo el dichoso plan que el Conde había trazado para distraer a los demás exorcistas era una carrera contra el tiempo y por lo mismo debía actuar rápido. Por lo que el Noé del placer optó por tomar entre sus brazos al pelirrojo, mientras que Road hizo lo mismo pero con las gemelas.

Enseguida, Road abrió la puerta del Arca para entrar con las gemelas rápidamente, seguida del Noé del placer que puso a Lavi en un sillón que se encontraba al fondo del pasillo. Después, Tyki le dijo a Road que le avisara al Conde de que el plan había sido todo un éxito, mientras él esperaría en el interior del Arca con su pelirrojito y sus retoñitos.

Entre tanto, el plan del Conde para distraer a los demás exorcistas de toda la Orden, seguía en marcha al pie de la letra: sobre todo porque los Noé buscaban mantener distraídos en especial al grupo del General Cross, a quien no lograron divisar durante la pelea, así como a Bookman.

— ¡¿Cómo es posible que hayan logrado penetrar la Orden?

—¡No lo sé Allen-kun, pero tenemos que contrarrestar sus ataques!

—¡La chica tiene razón Moyashi, así que cállate y concéntrate en la pelea! —Se quejó cierto samurai de cabellos azules mientras seguía destazando Akuma de distintos niveles con su Mugen. "Tengo el leve presentimiento de que esto es sólo una trampa de esos desgraciados" —Sospechaba en lo más profundo de sus pensamientos el joven japonés tras notar que centenares de demonios salían como si se tratara de una plaga de cucarachas por todas partes.

—Je, je, sigan atacando todo lo que quieran exorcistas… —Reía maquiavélicamente el regordete aristócrata, cuando en ese momento Road se le apareció de forma discreta para informarle que ya habían logrado capturar a las gemelas.

Por lo que el Conde ordenó la retirada inmediata de todo los Noé y mientras eso sucedía, los Akuma iban esparciéndose cada vez más, hasta hacerse una nube inmensa que hizo más laborioso y pesado el trabajo de los exorcistas, hasta el punto de dejarlos agotados.

—¡El Conde y los demás Noé se están escapando! —Exclamó Marie un tanto aturdido por el cansancio y por la mezcla desmesurada de ruidos en el ambiente del campo de batalla.

"Lo sabía, era una trampa para distraernos… ¿pero de qué?" —Se preguntaba en sus pensamientos el amo de Mugen moviendo sus orbes de un lado para otro, en señal de estar buscando algo, o mejor dicho a alguien. Cuando en ese momento un raciocinio pasó por su cabeza, que lo hizo temer:

— ¡Moyashi, acompáñame!

—¿Eh? ¿Por qué?

—¡Tú sólo sígueme y cállate! —Exigió el nipón de ojos color ébano mientras corría a toda velocidad, seguido de Allen. "¿Cómo no me di cuenta desde un principio de que ese imbécil de Tyki y esa enana de los sueños no estaban en el campo de batalla?" —Cavilaba con maldiciones hacia sí mismo por sus descuidos, respecto al verdadero plan del Conde y sus esbirros.


—¿Crees que haya sido la decisión correcta? —Le preguntó el anciano Bookman al pelirrojo mientras veían como el desastre que habían armado los Noé poco a poco iba disipándose, estaba dejando un panorama deplorable y desolador en la Orden.

El pelirrojo con máscara no le respondió, pues no estaba totalmente seguro de cómo resultarían las cosas para los tres, sobre todo el de ese pelirrojo que llevaba su sangre y la de esa mujer que amó.

"Más te vale Tyki que los protejas… o de lo contrario… no tendrás paz ni de día ni de noche…." —Amenazó el hombre mientras veía el cielo en donde desapareció el portal del Arca minutos atrás. —Vámonos… debemos fingir que no pudimos detener a Road y a Tyki… —Respondió el pistolero ignorando por completo la pregunta del senil, que sólo se quedó viéndole caminar por el pasillo, en donde se encontraron a Allen y a Kanda.

—¡Maestro! —Exclamó el albino deteniéndose para llamar la atención de éste. — ¡Lavi ¿dónde está? ¿está bien?

—Se lo llevaron… —Respondió el anciano de vestiduras orientales.

—¡¿Qué?—Exclamó incrédulo el discípulo de Cross.

—Lo que escuchaste estúpido aprendiz, así que ya no tiene caso que te preocupes por él.

—¡¿Olvidarme de él? ¡jamás! ¡no permitiré que esos desgraciados le hagan algo, además, tiene hijas de por medio!

—También se las llevaron. —Respondió de nuevo el anciano Bookman.

Mientras Allen discutía inútilmente con ambos adultos, Kanda se limitó a descifrar lo que esos dos habían estado haciendo todo ese tiempo, levantando sus sospechas de inmediato. ¿Acaso tenían algo que ver con todo el alboroto que se había armado con los Noé y el Conde? ¿era posible que fueran capaces de colaborar con el enemigo para…? Bueno, de Bookman lo creía por tener cierto vínculo con el pelirrojo, pero ¿Cross? ¿qué papel tenía dentro de la vida de Lavi y sus hijas?. Sin embargo, sus especulaciones fueron interrumpidas con uno de los comentarios de Bookman.

—Escúchame bien Allen Walker, la vida de Lavi estaba en peligro desde un principio, así que con los Noé o con la Orden su situación no cambiaría nada.

—Pero…

—El viejo tiene razón, Moyashi, ya sea que esté con esos desgraciados o con nosotros, su vida está en peligro.

Ante esta cruda realidad, Allen bajó la cabeza en señal de derrota, debido a que tenía razón el hombre de tercera edad. Pero por otro lado, el hecho de que Lavi estuviera en manos de los Noé, era algo que lo preocupaba y sobre todo lo hacía sentir ¿culpable? Sí, eso era lo que lo que sentía, sobre todo porque a su mente regresaron los amargos recuerdos en los que había tratado con vileza a su amigo, sintiéndose responsable por todo lo que había acontecido.

—Lo sé… pero no puedo dejar esto así nada más… Lavi es mi amigo y no puedo permitir que la Orden y los Noé atenten contra su vida y la de sus hijas.

Todos los presentes guardaron silencio, en especial Yu Kanda, quien pudo percibir los sentimientos culposos del albino, quien finalmente rompió en llanto por la impotencia de no poder hacer nada por el tuerto; comprendiéndole por completo al compartir aquellos maltratos sin sentido hacia el conejo tonto.

—Andando, tenemos muchas cosas qué hacer, más tarde nos ocuparemos del asunto de Lavi y las gemelas. —Espetó el pistolero comenzando su andar nuevamente por el pasillo que parecía ser infinito.

—El General tiene razón, debemos atender primero este desastre y luego analizar bien esta situación para no actuar de manera estúpida. —Respondió el senil siguiendo el mismo camino por el que había pasado el dueño de Juicio y María.

Ambos muchachos asintieron con la cabeza dándoles razón; aún había un rayo de esperanza para ellos para encontrar a Lavi y cómo solucionar su situación, lo cual era nada fácil, ya que tanto la Orden como el Conde eran de igual amenaza para él y sus hijas.

"Aún hay esperanza… Lavi por lo que más quieras… ¡no permitas que te maten!" —Pensaba el joven albino al mismo tiempo que seguía su recorrido por el pasillo.


—¿Qué significa esto, Tyki-pon? —Respondió el regordete Conde del Milenio con cierto aire de molestia en una de las habitaciones del Arca, por la inesperada imagen de Lavi, quien aún yacía inconsciente en uno de los sillones de color blanco del habitáculo, mientras que Wisely y Lullubel esperaban junto con sus demás hermanos, en una pequeña sala con las niñas en los brazos de las Noé de los sueños y de la sabiduría.

El mencionado no le respondió de inmediato, ya que tenía que ser muy cuidadoso con sus palabras, pues un movimiento en falso podía costarle caro al pelirrojo y de paso a Road, que también estaba reunida con ellos con los nervios de punta por el incierto rumbo que llevaría aquella discusión entre las dos personas que más quería.

—Tyki-pon, responde mi pregunta. —Exigió el Conde ya no disimulando su tono pasivo como era de costumbre. — ¿Qué hace este exorcista dentro del Arca?

Tyki comenzó a sudar frío, tenía que pensar rápido en una respuesta lo suficientemente congruente para convencer al Conde, quien comenzó a impacientarse por el silencio del moreno que de reojo veía a su pelirrojo en ese sillón blanco ignorante de lo que estaba sucediendo en esos momentos.

—Es la persona que engendró a esas gemelas. —Respondió dejando salir un pequeño suspiro de frustración acumulada. —Por eso, la Orden ha ordenado ejecutarlo por intentar escapar con las gemelas.

El Conde bien pudo haber arqueado una ceja, pero no las tenía, aunque eso no era ningún obstáculo para que Road descifrara la inconformidad de éste ante la respuesta del moreno, quien se aferró a todos los ídolos habidos y por haber para que el aristócrata no se atreviera a ponerle un dedo encima a Lavi, a quien no le quitaba la vista de encima en señal de protección. Sin embargo…

—Ya veo… bueno era de esperarse del destino cruel que le esperaba con esas niñas, aunque debo admitir que nunca imaginé que de todos los desafortunados, fuera a ser este niño exorcista. —Comentó un tanto impresionado por lo coherente que era la respuesta de Tyki. —En fin, no queda otra opción….

El ambiente se tensó instantáneamente, esas palabras no eran nada alentadoras para el dúo de morenos que estaban presentes. No sabían cómo reaccionar, había tanta ambigüedad detrás de esas palabras atemorizantes. ¿Qué iba a decir?, ¿acaso el Conde iba a matar a Lavi en ese mismo instante? , no… ¡no lo iba permitir! ¡prefería traicionar a toda su familia antes de verlo muerto!, pero en ese momento, todas sus sospechas se esfumaron cuando en ese momento escuchó claramente las voz del Conde diciendo:

—Llevémonoslo, estoy seguro de que la Orden empezará a cazarlo de día y de noche y no me refiero a los exorcistas que conocemos…. Así estará a salvo con nosotros.

—¿E… está hablando en serio, Conde? —Expresó Road sin salir de su asombro.

—Claro que sí, además, no es bueno alejar a las niñas de su "mamita", eso iría en contra de mis principios de amor familiar. —Respondió sin cambiar su expresión, pues parecía que siempre había estado estática, pero su en su tono de voz se denotaban sus intenciones.

Un enorme suspiro de alivio salió de Road y Tyki cuando el Conde salió de aquella habitación. Había sido un momento eterno y lleno de tensión cuando el aristócrata pausó sus palabras, como si hubiese hecho a propósito o quizás se lo había pensado dos o tres veces; pues si bien el exorcista podía ser una amenaza o viceversa, no lo sabían. Pero por otro lado, independientemente de que la mentalidad del Conde se limitara a pensar en el joven como la "madre" de las gemelas, Lavi estaba a salvo por ahora, lo que a Tyki le alegraba y le daba paz en su alma al no tener que temer por su vida; quizás la vida le estaba dando otra oportunidad de arreglar las cosas entre el pelirrojo y él…. algo que no desaprovecharía por nada del mundo.

Contnuará….


Kajitsu no Keikoku

Kanon Wakeshima (TV Size)

Neigai ga kanau to iu akai Kajitsu

Yottsu no Ashikase to touka kokan

Sono joken wo hoobareba

Nigeru te mo ashi mo ushinaudesho

Chukoku wa hitsudoku Henpin fukano

Nao nozomu to iu nara

Otabe kudasai

Hitotsu Kurayami ni tozasare

Futatsu Namida ni oboreru

Mittsu Gokuraku ni hodasare

Yottsu Shuchi ni sainamareru


Espero que les haya gustado el capítulo y de nuevo pido una enorme disculpa por mis atrasos. Cualquier duda, queja (que están en todo su derecho), recomendación u observación, háganmelas saber en sus comentarios, que con gusto y disposición las atenderé.

Saludos cordiales,

ChiKaon