El momento en que sus miradas se cruzaron por primera vez se guardaría por siempre en la memoria de Viktor. La forma en que sus ojos oscuros como la obsidiana se asemejaban a los de un cachorrito callejero en busca de un alma noble que lo proteja de la lluvia logró seducirlo como jamás creyó posible.
Ocurrió en un bar de mala muerte, de esos que con solo saber de su existencia significa que se es peligroso o, por lo menos, alguien que es mejor no voltear a ver una segunda vez.
Muchos creerían que ese no es lugar para un policia mas era una visita de carácter laboral. Sin embargo, esto no le impidió pasar un buen rato, llegando a olvidar que su propósito original no era la búsqueda de la diversión ni mucho menos de un compañero de juegos.
Recordó haberse sentado junto a Yuuri por pura casualidad. Este se comportaba tímidamente y se limitaba a asentir o dar breves respuestas a cda una de las preguntas, a pesar de estar bastante interesado en la conversación que estaban teniendo por muy banal que fuese.
— ¿Mal día? —Viktor lo interrogó al ver su ceño fruncido y eterna expresión de desasosiego al tiempo que tiene la mirada fija en un punto entre su vaso y el suelo.
—Algo así —Se encogió de hombros, dejando escapar una leve sonrisa.—Nada de lo que quiera hablar con un extraño —Agregó una vez que se dio cuenta de que el otro esperaba que dijera la razón detrás de su notable inconformidad.
—Tú lo que necesitas es otro trago—Afirmó con extrema seguridad —Yo invito.
Tras esa copa vinieron muchas más y, con ellas, la necesidad de mover el cuerpo por lo que, al cabo de unos minutos, Yuuri se vio bailando junto a su también borracho acompañante. Con cada cambio de canción, se iban acercando más el uno al otro inconscientemente al tal punto que habían dejado de ser guiados por la música para dejarse llevar por sus pasiones contenidas.
Viktor yacía impresionado por la metamorfosis que sufre el japonés cuando bebe, y eso le encantaba. De repente, fueron interrumpidos.
—Disculpa, pero me lo tengo que llevar—Un muchacho de tez un poco más oscura hizo su aparición. El ruso trató de responder mas le fue imposible puesto que los dos parecían estar en su propio mundo, uno en el que él no tenía cabida.
—Ya son las doce, cenicienta. Hora de irse—Dijo Pitchit mientras su amigo se rehusaba. Fastidiado, lo asió del brazo de tal forma que no pudiese soltarse y se dispuso a llevárselo, no sin antes dirigir su mirada a Viktor nuevamente.
—No vuelvas a acercarte a Yuuri.
—Yuuri…Así que su nombre es Yuuri—Pensó el peli plateado.
De igual manera, se preguntaba por qué ese joven le estaba prohibiendo verlo otra vez ¿Sería su novio? Eso sería una lástima porque realmente quería volver a hablar con él. No obstante, trató de no pensar en ello y se marchó, dejando inconclusa la misión original.
—¿Cómo se te ocurre hacer eso? Yo sé que te gusta pero es un policía, no puedes arriesgarte así —Le reprochaba el tailandés a su amigo a las afueras del bar.
Pitchit lo sabía, ese hombre de ojos azules enloquecía al japonés desde hace un tiempo, razón por la cual lo seguía a todas partes tan solo para apreciar su belleza. Incluso, al enterarse que este poseía un perro, hizo lo imposible por conseguir uno igual, el cual murió no mucho después. A pesar de eso, su historia de amor jamás se haría realidad, eran como Romeo y Julieta. En su caso, la ley y quien huye de esta.
Días más tarde, tan pronto llegó a su oficina, fue interceptado por Chris quien, po algún motivo que prefería desconocer, llevaba consigo un sinfín de papeles.
—Ayúdame, esto te va a gustar—Afirmó el rubio, tratando de convencerlo con una mordaz sonrisa—He estado investigando a un grupo de mafiosos, los Nishigori, ¿Sabes de ellos? Lo único que tengo es que son de orígen japonés y, al parecer, no se ensucian las manos—Rió entre dientes—Tienen a alguien que les hace el trabajo sucio, y ese alguien es bastante famoso en los barrios bajos, un muchacho peligroso. Mira.
Chris procedió a mostrarle un retrato habloado del joven, y Viktor puso los ojos como platos al reconocer el rostro. «Es Yuuri»
—Lleva años siendo perseguido pero nadie ha sido capaz de siquiera verlo en persona —Suspiró y cambió su expresión al ver cómo la cara de su colega se inundaba de sorpresa— ¡Oh! Aunque parece que tú sabes algo…Habla.
El ruso negó con la cabeza vehementemente. Le había contado al italiano sobre su aventura mas no podía decirle que quien yacía en ese retrato era el chico del bar, aquello que lo había cautivado noches atrás.
—No sé nada, solo me pareció demasiado apuesto para ese trabajo suyo —Mintió, esperando que el otro le creyera.
—Está bien. Si te enteras de algo, me llamas.
Le era imposible digerir toda esa información de golpe. Yuuri, el tímido asiático con quien compartió unos tragos, ese que no lucía sospechoso en absoluto ¿Relacionado con la mafia? A este punto, ya no le quedaba ni una pizca de sentido común ni profesionalismo, por lo que tomó una decisión: Lo protegería de sus compañeros como diera lugar.
N/A: Hola :)
Espero les guste este segundo capítulo...
