Amo escribir sobre estos dos, los amo tanto. Sin duda alguna, pase lo que pase, siempre apoyaré a este par.


.

.

.

―U-Uraraka-san… Esto es…―Midoriya estaba colorado por la situación en la que se encontraba.

Anteriormente, Midoriya Izuku estaba batallando intentando atar su corbata. No era un experto, así que se le dificultaba atarla. No podía hacer esa exageración de vueltas y nudos que se requería. Así que su madre era quien le ayudaba a atarla; pero ahora que vivía en los dormitorios de la escuela; atarse la corbata era un martirio.

Por suerte, su compañera, amablemente se había ofrecido en ayudarlo. Pero Midoriya no entendía como una pequeña ayuda, se había convertido en una situación incómoda.

Midoriya se encontraba en una de las sillas del salón de clases. Los demás se habían ido a la cafetería, así que él estaba en compañía de Uraraka, quien se encontraba detrás de él, mientras ataba la corbata. Pero esa acción, permitía que la castaña se inclinara mucho para poder ver el nudo que hacía con sus manos. En esa posición, sus pechos hacían contacto con la espalda de Izuku, y este podía sentir esa gran suavidad que comenzaba a inquietarlo.

―Una vuelta y terminamos.

La castaña dejó salir unas pequeñas palabras que, traviesamente lograron llegar a oídos de Midoriya. Esto era inevitable, ya que sus rostros estaban demasiado cerca, y Midoriya podía sentir la respiración de su compañera. También sentía un cosquilleo en su mejilla debido al roce de un mechón de cabello. Su corazón no lo soportó más, y comenzó a latirle frenéticamente; al punto de no poder controlarlo.

El peliverde solo esperaba que su compañera terminara de atar la corbata; porque de lo contrario terminaría desmayado por tanta presión en su pecho.