Cada vez que encuentro una imagen de mis bebes, no puedo evitar el escribir cosas melosas. Creo que ya es tiempo de que escriba algo subidito de tono, ¿ustedes que opinan?


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Luego de las clases y el intenso entrenamiento, Midoriya y Uraraka obtienen su merecido día de descanso; por lo que deciden dar una vuelta al centro comercial.

Ambos se sentían nerviosos al caminar uno al lado del otro.

Uraraka se había propuesto que haría de su paseo el más divertido; pero su nervioso corazón la traicionaba en esos momentos. No sabía que tema podía hablar, pues pensaba que Midoriya pudiese estar aburrido con su compañía. Obviamente él no lo diría, él era amable, no se atrevería a decir alguna frase cruel; Midoriya no era ese tipo de chico. Es por esa razón, que ella se había enamorado de cada una de esas cualidades; al punto, en que ocultar sus sentimientos le era difícil.

Mientras seguían con su recorrido-algo largo, pues no sabían qué lugar visitar primero-, un pequeño cachorro se aproximó a ellos. Uraraka no pudo contener la ternura que el pequeño canino le transmitía, así que, comenzó a juguetear con él. Al parecer, el cachorro estaba acostumbrado a la compañía de otras personas; pues se dejó hacer pequeños y delicados mimos. Era tanto su alegría, que su pequeña y suave colita blanca, comenzó a menearse; una señal de que Uraraka se había ganado su cariño y confianza, por lo que ahora eran amigos.

Midoriya contempló toda la escena, y no pudo evitar un pequeño cosquilleo en su estómago. Ver como su compañera jugaba cual pequeña niña, le provocó dulzura. Realmente era afortunado el poder ser testigo.

''Lo sabía… Uraraka-san tiene la sonrisa más linda que nunca había visto antes… Están linda, que aún no puedo dejar de contemplarla''

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