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Iida era muy buen amigo de Midoriya y Uraraka; los tres mantenía una linda amistad que se basaba en confianza y ayuda mutua. El tiempo que han compartido juntos, los ha hecho inseparables, pero, sobre todo, ha hecho que Iida se percatara de los sentimientos que sus amigos sentían entre si.
Al principio no le dio mucha importancia, pero no pudo evitar el quererlos ayudar; pues le desesperaba que sus amigos no se dieran cuenta de los sentimientos del otro, porque hablando claro, era obvio el nerviosismos y sonrojos que ambos mostraban cuando estaban juntos; Iida y el resto de sus compañeros lo notaban, todos, excepto ellos mismos. Así que, como su amigo, idearía un plan para juntarlos.
─Una pareja en el salón de clases, va contra las reglas. Como delegado no puedo permitir este tipo de comportamientos─ eran los ideales de un delegado honorable─ pero en estos momentos mi papel como amigo es el más importante… Mi deber es ayudarlos a que sean felices.
Iida puso en marcha su plan. Era lento, pero seguro. Primero comenzaría con algo muy sencillo, y de acuerdo a como se desarrollaran las cosas, emplearía nuevas técnicas para su plan.
Todos los días al finalizar las clases, los invitaba a ir juntos a casa- esto era solo un pretexto-, y mientras caminaban, él se mantenía un poco alejado y los dejaba que fluyera el ambiente entre ellos. La rutina continuó, y luego de un tiempo, Iida dejó de acompañarlos; ahora solo era un recorrido de regreso a casa entre Midoriya y Uraraka.
Las esperanzas no desaparecerían, Iida estaba seguro que en futuro, sus amigos le darían la noticia de que eran novios, y el los felicitaría desde lo más profundo de su corazón.
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