Tercera Noche: Lunes en Illirya.

Al fin llegamos, estábamos en el patio del internado Illirya. Eran más o menos las siete de la mañana y poco a poco los alumnos iban bajando de los autos que los dejaban en la entrada de la escuela, cargados a tope de maletas, mochilas y cualquier tipo de equipaje. Muchas chicas se saludaban y se abrazaban, otras tanto comenzaban a víborear a los demás. Los chicos se reunían para saludarse… ¿En qué demonios me metí?

—Muy bien Marion, ahora estarás por tu cuenta, serás el chico nuevo. Trata de no meterte en problemas y guarda un bajo perfil. Piensa las cosas dos veces y recuerda ¡Tienes una meta! —o al menos eso recuerdo que me dijo Nino, estaba tan abrumada que solo volteaba a ver de un lado a otros las imágenes de personas que se dibujaban a través de los vidrios de la limosina.

Debo aceptarlo: tengo miedo.

Todos mis amigos se levantaron temprano sólo para acompañarme a la entrada de la escuela, como si fueran mis preocupados padres. Debo decir que mi colegio, Francois-Dupont está a unas cuadras de Notre Dame cerca de mi casa. Sin embargo hoy no estaré en el primer día de clases de mi segundo curso de Instituto.

El día de ayer en la noche envíe un correo, desde el email de mi papá, al Director diciendo que pescamos un virus en nuestro viaje a Nueva York y ahora debo guardar reposo al menos dos semanas o según recomiende el médico. Usé un certificado que "asegura" mi estado. Además asegurando que por cuestiones familiares mis padres estarán fuera y estaban por irse al aeropuerto. Como lo esperaba, el director llamó inmediatamente a mi casa, le pedí a Tikki que contestara imitando la voz de mi mamá, confirmándole lo que había dicho "mi padre" en su correo, el cual borré inmediatamente y al que entraré constantemente para evitar algún problema. El director al parecer me creyó. Por otro lado mis amigos se encargaran de ponerme al corriente con las clases después, sólo serán dos semanas… dos semanas.

—¿Listo? —Me preguntó Chloé acomodándome la corbata del uniforme aun dentro de la limosina mientras su chofer bajaba las maletas de Marion. —Cualquier problema llámanos y vendré lo más rápido por ti.

Otra cosa a la que no estoy acostumbrada: un uniforme. En François-Dupoint, podemos usar ropa civil para asistir a clases cuando estamos en instituto, no he usado un uniforme desde prescolar. Aunque debo decir que no esta tan mal. Es un pantalón de vestir negro, zapatos negros, camisa blanca, corbata negra y saco negro con orillas blancas, además que lleva a la altura del pecho, del lado izquierdo, el logo de la escuela que es un león y un cuervo. Es bastante lindo, pero me gusta más el de las chicas.

—Marion, sabes que estoy totalmente en desacuerdo que cometas esta estupidez, pero soy tu amigo y te apoyaré. —Nath termina de darme los últimos retoques a mi "cabello" para que no parezca un tonto en primer lugar.

—¿Oye? ¿Tendrás roommate? —me preguntó asustada Lila. —Si es un pervertido, debes dormir aunque sea en el pasillo, no trates de acercarte.

—Según los documentos de inscripción mi habitación será solo para mí, así que correré con suerte y tal vez pueda quitarme todo esto después de encerrarme. —dije tratando de desabrocharme la corbata… sentía que me ahogaba con ella.

—¿Preparado? —comentó Alya con celular en mano tratando de grabar todo lo que pase, el chofer abrió la puerta de pasajeros…

—¡No! A quien engaño… esto es una locura, llévenme a la escuela y finjamos que esto no pasó. —Me escabullí entre todos ellos, solo para llegar al fondo de la limosina. —¡Vámonos! ¡Arranquen o no llegaremos!

Quién diría que me entrarían tantos nervios un primer día de clases. ¡¿En qué demonios estaban pensando cuando me permitieron hacer eso?! Estaba comenzando a dudar que eran mis amigos, un amigo no permitiría que alguien como yo tuviera una idea… creía que mi corazón estaba latiendo tanto que pensé que sufriría de un paro cardíaco.

—Marinette, no podemos. Dimos el nombre de Marion en la entrada. Si salimos, lo vamos a meter en problemas. En teoría ya está aquí y debe permanecer en el edificio. —dijo Nath en tono conciliador.

—¡Marinette! Tienes una misión, tienes una meta y cuando tienes algo en mente debes hacer lo que sea para obtenerlo. —Me dijo Chloé tomándome por los hombros y viéndome fijamente. —Si para que Gabriel y Charlotte Agreste te hagan caso debes, vestirte de hombre solo para verlos, eso es lo que harás. Eres Marinette Dupain-Cheng: la chica más fuerte del colegio Francois-Dupoint y nuestra mejor amiga, así que ¡saca tu trasero de mi limosina, enfréntate a tus decisiones y ve por esa beca!

Cuando Chloé saca su lado de líder mandón como su padre, el Alcalde, quiere decir que las cosas son serias.

Solté un largo y pesado suspiro. Sólo serán unos días, el fin de semana regresaré a casa y el jueves que sea la conferencia, todo habrá terminado. Tal vez con un poco de suerte le pida a mis padres que me envíen aquí, digo para vigilar a Marion.

Tomé mi mochila y salí de la limosina, no debía hacerlos perder el tiempo, estábamos a cincuenta minutos de París, apenas tendrían tiempo de llegar. El chofer, colocó todo el equipaje en una especie de carrito para que pudiera arrastrarlo.

Alcé la mano para despedirme de ellos y luego la limosina arrancó, tenía ganas de llorar. Ni siquiera lloré cuando mi mamá me dejo en la puerta del jardín de niños cuando tenía cuatro años… ¡¿por qué tenía esas ganas inmensas de llorar y abrazarme para pensar que todo estaba bien?!

Sacudí la cabeza para tratar de olvidar todo eso. Chloé tenía razón: tengo una meta y daré mi vida si es necesario para poder ser diseñadora.

Saqué mi smarthphone, Alya me dijo que había descargado un croquis del colegio. Debí poner más atención cuando mis padres nos trajeron a Marion y a mí en el curso inductivo hace cuatro meses, pero por estar tonteando con Claude por whatsapp ni lo recordaba. Si pedía información pasaría como novato y serían problemas para Marion, debía actuar como si todo eso fuera algo normal: seguridad ante todo. Fue fácil ubicarme con la app que Alya había descargado.

Así llegué a los dormitorios de chicos, que ¡Oh sorpresa! Ya estaba atestado de testosterona. Traté de abrirme paso entre ellos, pero muchos, al igual que yo, eran de nuevo ingreso. El edificio constaba de cuatro pisos, un piso asignado a cada grado y la planta baja era un tipo de sala de descanso: había sofás, mesa de billar, videojuegos, y una pantalla de cincuenta pulgadas con blu-ray. Era un lugar contemporáneo, no contrastaba para nada con el otro edificio donde se daban las clases, que parecía un castillo.

Según mi información, mi habitación estaba en el segundo piso, y tenía que llegar a las escaleras para cargar con todo esto… bueno, si lograba abrirme paso entre tanto puberto. Todos parecían hacer lo mismo que yo: dar una buena impresión.

Diferenciabas a los nuevos con los que ya habían estado aquí antes. Los nuevos llevaban el uniforme de manera tan pulcra y perfecta que parecían sacados del catálogo informativo, mientras los old, eran los chicos que llevaban la corbata desamarrada, no llevaban saco y la camisa estaba desfajada. Se notaban los cerebritos, los cuales tal vez les darían una paliza en unas horas más. Los de dinero, que mostraban sus accesorios carísimos. Los bravucones que molestarían a los cerebritos, a los chicos más bajos, a los más delgados, curiosamente casi todos los bravucones serían estrellas deportivas; pero ese no era asunto mío, debía encontrar las escaleras.

Traté de ignorar toda esa bola de testosterona que se podría cortar con un cuchillo, sólo debía llegar a mi habitación. Como pude, arrastré mis maletas a mi salvación ¡a un elevador! Lo cual era perfecto porque subir dos pisos con ese equipaje me sacaría los intestinos por tanto esfuerzo.

Una vez en el segundo piso, pensé que estaba en la puerta del infierno. Los de tercer y segundo grado pudieron haber llegado el domingo si querían o algunos ni siquiera se fueron de vacaciones, porque estaban instalados como en su casa, algunos se paseaban sin camisa, otros jugando a aventarse la pelota, viendo revistas con mujeres desnudas, otros tantos estaban sacando y metiendo muebles… ¡Por el amor de Dios aun no eran las ocho y ellos estaban haciendo desastre tan temprano!

Los empujé a todos, lo que hizo que varios sacaran "al gallito de pelea" que llevaban dentro, no me interesaba, debía llegar a mi habitación. Era la última, habitación B-24. En cuanto llegué aventé el equipaje, giré para cerrar la puerta y exclamé con toda tranquilidad: "¡al fin sola!".

Alguien a mis espaldas se carraspeó la garganta, creo que no estaba tan sola…

Volteé a ver y había dos camas individuales en el lugar, un chico de pie cerca de un armario con el torso desnudo que se me quedaba viendo como si hubiera visto al tipo más raro con el que se hubiera topado. Otro chico estaba en uno de los escritorios frente a la laptop y otro estaba recostado en un puff entre las camas totalmente entretenido con una Tablet en las manos.

No podía ser… ¡Adiós a mi libertad!

—¿Hola? —saludé al ver a los tres chicos.

—¿"Al fin sola"? —preguntó el chico que tenía la Tablet con tono de burla.

—Dije, al fin a solas. No se supone que deberían estar aquí. —comenté tratando de fingir mi voz gruesa como si nada hubiera pasado.

—¿De verdad vas a ser mi compañero? —dijo el chico semidesnudo.

—Al menos, me dijeron en mi información que tendría una habitación a solas, porque no había suficientes chicos, así que no pensé que las habitaciones fueran para cuatro. —comenté aventando mi mochila a la cama desocupada. —Soy Marion Dupain-Cheng.

—Hola, soy Adrien. —dijo el chico semidesnudo. —Ellos son Iván, —señalando al chico en el escritorio— y Kim —el irónico de la Tablet —Son de la habitación de enfrente. Pues sí, a mí también me prometieron lo mismo pero aquí estas tú… así que nos engañaron.

Los otros chicos se despidieron de Adrien, quien sólo rodó los ojos al verme. Se siguió poniendo el uniforme, y permanecimos en silencio. Lo último que quería era tener un compañero, no sólo debía esconder mi género sino debía esconder a Tikki, la pobre debía estarse ahogando en mi mochila… la cual lancé a la cama… ¡Demonios! Cada segundo confirmaba que esa había sido mi peor idea aun peor, que cuando nos fuimos a España a un concierto, sin dinero.

Según el horario que me habían dado, a las diez habría una junta en el auditorio principal para dar inicio al ciclo escolar, aproximadamente a las once y media tendríamos una clase para presentarnos, supongo que eso servía para los de primero y a la una de la tarde aprovecharían los diversos clubs para ponerse al corriente y tratar de atraer a nuevos "adeptos".

No sabía porque llegué tan temprano, por lo que me tiré en la cama y me acosté dispuesta a dormir, ya tendría tiempo para explorar la escuela después. Sólo quería que "Adrien" se fuera. Al parecer el silencio incómodo no era para ambos, por lo que se vistió, cargo una pesada maleta y se fue.

—Tikki, ¡Tikki! ¡Tikki! —grité buscando entre mi mochila, después de poner el seguro a la puerta.

—¡Marinette! ¡Esto es una locura! Nos va a descubrir, si ese chico no descubre que eres chica se va a dar cuenta que eres Ladybug… ¡En qué demonios estabas pensando! —me gritó Tikki una vez que pudo deshacerse de la ropa que la escondía.

—¡Lo sé! ¡Lo sé! Esto fue una locura, no me debiste dejar que hiciera esto, esto es lo más absurdo que he hecho, se van a dar cuenta, ¿no viste como se me quedaba viendo? Ya debe saber que soy una chica… voy a llamar a Chloé para que de vuelta y venga por mí.

—¡Claro que no! Ya saben que estas aquí, si desapareces otra vez, tus padres pensaran que Marion se escapó, de nuevo y lo van a enviar a la militarizada. Faltan diez días, haremos que funcione. —aconsejó Tikki.

Creo que cuando pensé que nadie saldría herido, jamás pensé que el verdadero afectado sería Marion, debía tener cuidado, debía pensar más en él. Mi plan no cambiaría, iría a clases y regresaría a la habitación para hacer algún diseño, no tenía ni idea de cómo hacer el tema de Agreste, pero se me ocurriría algo.

Comencé a sacar el equipaje de Marion y a acomodarlo, sabía que cuando el regresara ese lugar parecería un chiquero; pero eso era algo que mi hermanito haría, yo ya no estaría para verlo.

Dieron las diez y me dirigí a buscar el auditorio. Era un gran edificio, no tenía nada de diferente al auditorio de mi escuela por lo que no perdí mucho tiempo en detalles. Afortunadamente había letreros con nuestro grado y grupo donde debíamos formarnos, sólo estaba ahí de paso, por lo que me paré donde estaba el salón de mi hermano: 2do grado, salón 1. Para mi peor sorpresa Adrien y sus amigos también estaban ahí. No sabía cómo debía actuar, en las primeras semanas se hacen los primeros contactos. Esta era una pésima idea.

El director se la pasó hablando de lo importante que era el colegio, que era una escuela de prestigio y que no perdiéramos la oportunidad de unirnos a un club o algo así, la verdad no le puse atención; me estaba durmiendo porque me la pasé patrullando toda la madrugada y de los nervios solo había dormitado hasta que Chloé tocó a mi puerta.

Se acabó la bienvenida y nos dirigimos a nuestras aulas, esta vez no me perdí, sólo seguí de cerca a Adrien y a sus amigos. Una vez en el aula, el profesor asesor de la clase se presentó, obvio todos lo conocían menos yo.

—Marion.

¡Demonios!

—Presente —contesté levantando ligeramente la mano.

—El director me dijo que tuviera especial cuidado contigo, según avisaron estabas enfermo y te ausentarías unos días. Si no te hubieras presentado, la consejera escolar tendría una plática muy seria con tus padres. —dijo el hombre que deslizaba los dedos en su Tablet, algo me decía que estaba revisando el historial de mi hermano.

—Pero aquí estoy ¿cuál es el problema? —esa era la típica respuesta de Marion a cualquier profesor.

—Según tu información, eres un chico brillante pero con nulo respeto a las figuras de autoridad. ¡Vaya, pues ahora veo que es cierto! —comentó el profesor. —Debo vigilarte después de todas las peleas que has tenido en tu otro Colegio. Illirya no es Francois-Dupont; aquí tenemos reglas que jamás deben romperse. Espero que estés a la altura.

—Si, como sea. —ser Marion era divertido cuando debías mostrar autoridad con los profesores.

—¿Puedes presentarte?

—Ya lo hizo por mí.

—¿Puedes presentarte?

—Soy Marion Dupain-Cheng, dieciséis años y me expulsaron del colegio por moler a golpes a varios imbéciles que se lo merecían. —sí, eso sonaba a una respuesta que daría Marion.

—Bien, señor Dupain. Su ironía y sarcasmo se tendrán que esfumar durante mi clase.

Siguió hablando, pero juro que me estaba durmiendo. Al parecer si las clases eran así, no tendría de que preocuparme, bueno sólo del ámbito social. Después de esas declaraciones me buscaría problemas con los bravucones, si peleaba me metía en complicaciones, si no lo hacía quedaría como un hablador.

Terminamos con las presentaciones, así que salí a conocer el campus. No tenía con quien hablar y eso era malo… demasiado. Nop, no me deprimiría. Comencé a divagar en el edificio, La biblioteca era grande, muy grande, Marion sería feliz; amaba la literatura. Eché un vistazo a la colección y en efecto, le gustaría a mi hermano: mucha literatura inglesa.

La cafetería estaba en la planta baja; no tenía grandes mesas como en François-Dupoint, eran más bien como mesas de bar, pero eran lindas, aunque pequeñas para ser amistades. No podrías hablar con tus amigas y... ¡No Marinette, no debía pensar como chica! ¡Era un chico! ¡Un chico!

Biblioteca, listo. Cafetería, listo. Sanitarios… ese era el otro problema. No podría entrar a un baño de chicos, pero también estaba el problema de las duchas… no podía estar sin bañarme tantos días. Seguí mi recorrido, para reconocer los laboratorios, los salones, debía aprenderlos.

Salí del edificio, por fuera era aún más lindo, era lo más parecido a un castillo, tenía unas torrecillas donde colgaban las banderas de la escuela. Con sus muros de color arena y los tejados azules. Sus ventanas eran enmarcadas por colores en blancos. Tenía un amplio patio, con césped y arbustos… algo que mi escuela no tiene… sin duda, el hecho que este ubicado en Aubergenville, una comuna en el departamento de Yvelines en el norte central de Francia, en el valle de Seine lo hace más llamativo, muchos árboles y un clima más limpio que en París.

Comencé a revisar el folleto con listado de clubes, los típicos clubs deportivos: fútbol, voleyball, basketball… una foto me llamó la atención, era mi compañero de habitación, al pie de la imagen se podía leer "Estudiante prodigio: Campeón junior Nacional de Esgrima" no lucía como un chico atlético pero supongo que el esgrima también requiere su esfuerzo. Los que me llamaban la atención a mí, no la llamaría a mi hermano. Por lo que no me apresuraría inscribiéndolo en algo. Todos mis planes se dirigían a él, ¡estúpido Marion y sus decisiones más estúpidas que él!

Seguí caminando, para darme una idea del lugar. Siendo sincera, mi uniforme de chico me deprimía, parecía que iba a un funeral, mientras que el de las chicas eran tan lindo: blusa blanca, corbata y falda de tela escocesa gris Oxford y con franjas blancas y un blazer blanco con orillas negras y el escudo de la escuela a la altura del pecho del lado derecho. Mis dotes de diseñadora me exigían ver como estaba hecho, sus costuras, la textura de la tela, ¿llevaría bolsillos?... no podía acercarme a una chica y decirle que me dejara ver su uniforme de cerca o pensaría que la estoy acosando… eso sonaría a un pervertido.

Vi a algunos chicos del equipo de fútbol, que trataban de convencer a otros para que se unieran. Presté más atención a mi alrededor y distribuidos en el campo estaban, diversos stand con información de los clubes, parecía un festival, supongo que al ser un internado le dan más espacio a las actividades extracurriculares o se volverían locos en este lugar. En François-Dupont, no es así, si hay equipos pero no es para tanto. Tenemos clases de educación física y clases optativas: como corte y confección, cocina, diseño gráfico, pintura, música, pero esto es como una competencia, era más como un mercado, el que más llamara la atención tendría más adeptos.

Marion era atlético, participaba en el equipo de baloncesto pero su verdadera pasión era el teatro. Mi escuela es inmensa, abarca desde jardín de niños hasta instituto, por lo que mantenemos relación con casi todos los grados. Las clases optativas mezclan a los de último grado de primaria, secundaria e instituto para que no se sintiera tanto el cambio, al pasar de un grado a otro.

Marion comenzó con el teatro, desde que hicimos una obra de navidad a inicios de la secundaria; al parecer tratar de entrar en un personaje, aprenderse las líneas y hacer propias las emociones de alguien más le agradaba bastante y era bueno, muy bueno. Su voz era grave y limpia, era de mucha utilidad con personajes fuertes, podía interpretar a un atento príncipe o al villano más cruel. Después de nuestra obra obligatoria, el club de teatro lo llamó y el profesor encargado lo estimaba al ser su as bajo la manga. Por eso cuando lo expulsaron, todos en el club lloraron mucho, casi todos sus amigos estaban ahí y pues se fue al demonio su amor por la actuación… Amor que no era tan bien visto.

Cuando entramos al Instituto: algunos de los idiotas de la escuela, decían que eso era para "desviados" que el teatro era para las chicas… bueno pues con tanto actor atractivo en cartelera, sip las chicas amamos a los actores. Pero por comentarios tan estúpidos fue que mi hermano comenzó a participar también en otras actividades; deportes principalmente. Quería dar esa imagen de chico rudo y fuerte, pero su placer culposo era la actuación la cual no dejo, pero participaba menos; otra cosa que cambió fue que se hizo un mujeriego; algo que no me agradaba para nada, estaba con chicas de dudosa reputación; era obvio que a él no le gustaban pero quería entrar en el "estándar". Tiempo después apareció Tikki en nuestras vidas y las peleas se incrementaron, el teatro decreció, sus desapariciones por estar con mujeres aumentaron, todo fue un desastre los últimos seis meses…

Odio esa "cultura de género" a la que tratan de someternos, sé que mi familia me decía que fuera fuerte pero…siempre me trataban como "una señorita". A los cuatro años, mientras lloraba por los golpes de entrenamiento que me daba mi prima, mi primo no se detuvo ante las súplicas de mi hermano, lo mío eran raspones, lo de él se desató en una contusión, y mucha sangre… mamá no dijo nada, era algo que la familia Cheng debía soportar. Mientras yo sollozaba por las banditas que cubrían mis raspones en las rodillas, Marion no podía hacerlo, pues mi primo le gritaba que era un hombre y debía ser fuerte, aun cuando yacía desmayado. Ese día me juré que no volvería a llorar, jamás. Con los años el entrenamiento de mi prima fue insuficiente y mi primo comenzó a entrenarme, cuando cumplí los doce le hice exactamente lo mismo que le había hecho a Marion. Nadie, ni siquiera mi familia, se metía con mi hermanito.

La literatura y el teatro no lo hacían débil, sabía que se contenía en nuestros entrenamientos, yo quería protegerlo, pero así se esfumó de mis manos. No podía mantenerlo en una barrera protectora contra los comentarios de imbéciles incultos cuyo máximo motor es el sexo… los odiaba, los detestaba tanto por quitarme a mi hermano… cada día que pasaba dejaba de ser mi hermanito y se convertía en un perfecto desconocido, se alejó de sus libros y comenzó con revistas para adultos: era una forma de entrar al círculo de los hombres. Aunque algunos días, lo podía ver en su cuarto totalmente perdido en un libro, poniendo una cara de sorpresa cuando leía algo interesante… como si debiera ocultar sus verdaderos gustos.

—Marinette, ¿hay un club de teatro o algo que le llame la atención a Marion?

La pequeña voz que salía de la bolsa interior de mi saco, era mi kwami que llevaba "oculta" y quien me sacó de mis pensamientos por Marion. Saqué el manos libres y me coloqué uno de los audífonos en la oreja, para que no pareciera que estaba hablando solo.

—No lo sé, el folleto que me dieron es más de deportes. Pareciera que no hay basados en artes. Aunque sería bueno que él regresara al teatro… era lo único que lo mantenía tranquilo.

Vi un par de chicos con los trajes de esgrima tratando de convencer a otros a que se unieran a su club. El gimnasio, la piscina, el campo de fútbol, las pistas de carreras… de verdad parecía que les importaban más los deportes.

—De verdad, necesito interactuar con una persona o me voy a volver loca… loco.

Dije en voz alta y no era una mentira, no me gustaba ser la chica nueva. Siempre he tenido compañía. Conocí a Nath en el jardín de niños, compartíamos almuerzos y le gustaba juntarse conmigo porque siempre llevaba de postre algún pastelillo que me daba mi papá.

En la primaria conocimos a Nino y los tres nos llevábamos de maravilla. Antes, me juntaba más con los chicos, sentía que eran más sinceros que las chicas y no mentía sobre todo cuando conocí a Chloé Burgeois.

Llegó al Colegio en quinto grado, recién desempacada de Marsella por la carrera política de su padre. Era odiosa, al menos a mi punto de vista; se comportaba como una niña mimada y esas chicas que si se les rompía una uña se les caía el mundo encima. La ignoré a pesar que ella se burlaba de mí.

Cuando pasamos a secundaria, Nath y Nino entraron a salones diferentes al mío y para mi mala suerte Chloé estaba conmigo pero también conocí a Alya, inmediatamente nos llevamos de maravilla, ella era la chica nueva como otras de mis compañeras y yo era la veterana que les enseñó varias cosas.

Chloé siguió molestándome pero un día, ella tuvo un accidente automovilístico. Los compañeros del grupo sortearon quien debía ir a verla, pues no era del agrado de nadie, la "desafortunada" fui yo. Verla tan susceptible en una cama de hospital, me llegó. Estaba sola, su padre estaba en el ayuntamiento y no podría verla ese día. Sus padres se divorciaron y su madre no volvió a buscarla; se deshizo de ella. Le lleve un ramo de flores: dijo que esas eran de pésima calidad, pero si era lo que había agradecía el gesto.

Entendí que no era mala persona, solo que no sabía cómo hacer amigos. Seguí visitándola, llevándole gelatinas, fruta, o simplemente una película para ver durante su estadía en el hospital. Supongo que pensó que le diría que fuéramos "amigas secretas" que nadie más supiera que nos llevábamos bien, pero eso no pasó; comencé a integrarla con Alya y nos compenetrábamos muy bien.

A inicios del tercer año llegó Lila, hija del cónsul italiano en Francia. Era un poco mentirosa así como creída por lo que al principio no era de nuestro agrado, pero un día unos chicos la reconocieron como cosplayer e iniciaron su acoso con ella, diciendo que si era capaz de "vestirse como una zorra" debía ser porque lo era, escuché eso y lo primero que se me ocurrió fue golpear a esos tipejos, la ropa que llevaras no te identificaba. Ellos llevaban ropa de marca y no eran más que unas bestias.

Lila comenzó a sentarse cerca para que yo la defendiera, pero fuera de eso no hablaba con nadie. Entre Alya, Chloé y yo comenzamos a integrarla a nuestras actividades y así nos hicimos amigas.

Cuando entramos al Instituto, tanto mis amigos como mis amigas asistimos a la misma clase, lo cual fue maravilloso. Yo jamás dejé de hablar con Nino y Nath, pero era la primera vez desde primaria que estábamos juntos.

Chloé, desde que íbamos en secundaria, decía que mi amigo "el tomate", era más o menos atractivo; pero cada que Nath hablaba conmigo ella no podía dejar de seguirlo con la mirada. Por eso cuando tuvimos clases juntos, ella volteaba a verlo constantemente. Le hacía regalos "caros", pero él se los devolvía, diciendo que si quería que fueran amigos no era necesario que comprara su amistad, otro punto que hizo que mi amiga rubia, babeara por el pelirrojo. Ella comenzó a acercarse más e interesarse en el arte, algunas veces, Nath le pedía que fuera su modelo para sus proyectos de pintura y… bueno, por tanta convivencia terminaron haciéndose novios.

Así fue como los seis nos hicimos amigos, conmigo como común denominador, pero jamás me di cuenta como había entablado amistades Marion, recordaba que sus amigos a diferencia de los míos, nunca coincidieron en su clase. No supe como llevó el conflicto de tener nuevos compañeros. Tenía muchos "conocidos", últimamente amigos de fiestas pero creo que su mejor amigo era Mercury… Marion siempre había sido muy cerrado con su vida privada, incluso conmigo que soy su hermana, mientras yo le platicaba de todo de forma abierta.

¿Cómo llevaba Marion todos esos problemas?

¿Qué tan complicado es para un hombre hacer amigos de su género?

¿Qué tan complicado es para un chico hacer amigas? Pero verdaderas amigas, algo así como Nino, Nath y yo. Ellos no pensaban en mí como una chica, yo siempre era su amiga y ellos eran mis amigos: "el tomate de las pinturas" y el "loco de la música"

¿Cómo podría yo acercarme al mundo masculino?

Revisé a mí alrededor escuchaba algunas conversaciones de los chicos de grados superiores, los que ya tenían "amigos" y el tema dominante eran: las mujeres. Escuché como hablaban de sus conquistas de verano, hasta donde llegaron con ellas, con cuantas se habían acostado y la forma en como lo habían hecho, quién de sus compañeras había cambiado y se veía más atractiva, a quién convencerían para que fuera a su habitación y cuánto tiempo tardarían en acostarse con ellas…

Me sentí asqueada.

¿De verdad esto era de lo único que hablaba la comunidad masculina? ¿Eran los temas que mis amigos y hermano hablaban ante otros de su género? ¿Así pensaban o sólo lo hacían para encajar con sus similares?

Como personas de la misma edad y diferente género hacían que la diferencia fuera abismal. Mientras nosotras nos llenaban la cabeza, de "hacer el amor" con la persona indicada y que ames, a los chicos era que olvidaran que la chica que tenían delante era una persona, algo como un objeto.

¿Ellos no sentían nervios la primera vez?

¿Les dolía cuando lo hacían?

¿Su primera vez era tan memorable como lo era para las chicas?

¿Ellos también recordaban su primer beso o su primer amor?

Entre más tiempo pasaba, me daba cuenta que no sabía absolutamente nada de los hombres. No eran temas que ellos dijeran aunque fueran mis amigos y familia, ¿cómo se supone que interactuaría con varones los próximos días si no sabía la base de todo?

Esto sería más difícil de lo que pensé.

En cuanto volteé me cayó encima una montaña de cajas con todo y su contenido, la fuerza fue tan grande que terminé en el suelo y sólo escuche las risas burlonas de los chicos que estaban sentados en el césped.

—¡Maldición! ¡¿Podrías fijarte?!

—Lo mismo digo.

Volteé a ver quién había causado mi primer ridículo delante de "mis similares". Era una chica de larga cabellera dorada, que también había llegado al piso por el choque.

—Gracias, por arruinar mí ya arruinado día. —comentó malhumorada.

—Lo lamento, fue mi culpa iba distraí-do —esto de hablar como "hombre" se me estaba dando fatal. —te ofrezco disculpas. —Dije levantándome y ofreciéndole mi mano para ayudarla.

—¿Ofrecer disculpas? Es la primera vez que alguien lo dice correctamente. Usualmente dicen, te pido disculpas, como si fuera una obligación que el agraviado te disculpara, pero al ofrecer le permi-

—Le permites negarte, si la afrenta es irreversible. —interrumpí a la chica que aceptó mi mano para levantarse.

—Un chico culto. Eso sí es raro y más en esta escuela. —dijo con una sonrisa amarga.

Me agaché a ayudarla a recoger sus pertenencias, cuando algo me hizo perderme de lo demás…

—Esos zapatos son… ¿Agreste? —pregunté al ver el delicado corte de los zapatos que llevaba.

—Sip, son lindos.

Eran productos limitados, Gabriel Agreste había hecho sólo treinta pares. ¡Para todo el mundo! Al ser tan famoso, puede darse esos permisos. No estaban en preventa, si los querías debías ir a la tienda por ellos y con la esperanza de conseguir alguno.

—No soy mucho de moda, pero los vi y no eran caros, así que ese día estaba en la tienda de Agreste comprando un vestido, y me dije ¿por qué no? Pero había mucha gente así que cuando me estaba retirando, una tipa me jaló del cabello, y solo porque era algo personal le arranqué la caja de las manos. Afortunadamente eran de mi número. —comentó la rubia recogiendo el contenido de las cajas, que parecían retazos de tela y algunos documentos.

—Lo sé, todas se jactaban de ser unas damas y eran unas bestias. Con mucho esfuerzo conseguí mi par.

Ella volteó a verme con una gran interrogante, comencé a repasar lo que había dicho…

—Bueno, el par era un regalo para mi hermana. —rectifiqué.

No mentía, para tener más posibilidades, le pedí a Marion que me consiguiera un par para que yo le diera unos boletos con pase preferencial y backstage de su banda favorita.

La chica soltó una pequeña risa, se recogía el cabello que le caía en el rostro. Era muy bonita, la típica chica que ves en la calle y no puedes evitar decir: "¡Maldita tipa! ¡Qué bien se ve!" Tenía unos grandes ojos azules, de piel blanca, casi de porcelana, sin ninguna imperfección. Por cómo lucía el uniforme, tenía estructura delgada y estaba bien proporcionada… ¡Maldita, qué bien se veía!

—Me llamo Felicia.

—Hola, soy Marion.

—¿Eres de nuevo ingreso? Creo que no te había visto antes.

—Pues si soy nuevo, pero voy en segundo. Te ayudo a llevar eso.

—¿Acaso me crees tan débil como para no poder cargar una caja? —preguntó desafiantemente.

—Más bien, porque son demasiadas y temo que algún otro incauto llegue al piso. —dijo tratando de no burlarme. —Te ayudo con la mitad.

—Bueno, si lo pones así. No me siento tan insultada. —soltó una risita, parecía como un ligero trinar, un susurro… Dios esta chica era tan linda que me hacia sentir incómoda

Cargamos las cajas y la seguí hasta un edificio que discrepaba de los demás. Era colorido, muy grande, estaba pintado con detalles tan finos, que parecía como si estuviera encerrado en una enredadera con grandes rosales. Se escuchaba música y como si alguien zapateara sobre un piso de madera, conforme fuimos avanzando pude notar por qué: era el edificio de las artes.

No recordaba que lo hubieran mencionado en la junta o tal vez era por que estaba dormitando. Había diversos talleres: danza contemporánea, ballet, coro, música, artes plásticas, diseño gráfico… seguí a Felicia hasta el segundo piso, donde las cosas eran un poco más tranquilas. Pero algo no dejaba de rondar mi mente: en ese edificio sólo había mujeres, no me había cruzado con otro hombre.

Llegamos a lo que parecía un almacén, mi acompañante sacó un juego de llaves para abrir la puerta, sin soltar las cajas.

—Supongo que vas a salir corriendo del edificio antes que alguien más te vea ¿verdad? —la forma en como lo dijo sonó más bien desesperanzadora.

—¿Debería? —pregunté un poco desconcertada.

—Aun no lo sabes ¿cierto?

—¿Debería? —no es que sonará repetitivo, pero esto de no saber a qué enfrentarte me tenía con la guardia baja.

—Supongo que aún no te lo han dicho. —Empujó la puerta y metió la mano buscando el contacto para encender las luces, de pronto el almacén se iluminó desplegando toda clase de vestuarios y materiales —Este es el edificio de las artes y ningún hombre tiene "permitido entrar aquí".

—¡Oye! Eso es sexista, ¡yo puedo estar donde yo quiera! —Deje caer las cajas, y puse mis manos en mi cadera totalmente indignada. Nadie me iba a decir donde estar o donde no.

—Bueno, quiero decir. Ningún chico que se considere hombre, entra aquí; no porque nosotros lo prohibamos, sino porque ellos no quieren.

En algún punto no entendí, Felicia entró con las cajas y yo levante las que dejé caer. Me explicó que hacía diez años, ese edificio era mixto y de hecho algunos de los pintores y bailarines reconocidos participaban en las actividades de ese lugar en sus años de Instituto. Pero algún imbécil comenzó a levantar rumores que las artes eran para niñas y desviados, poco a poco los chicos comenzaron a dejar las actividades, por el miedo a ser rechazados por sus "amigos". Con el tiempo solo quedaron mujeres.

—Así que cualquier hombre que entra aquí, ¿le dicen que es gay? —pregunté un poco sorprendida por aquélla estupidez.

—Oh no, de hecho hay chicos abiertamente gays en el internado y los aceptan pues son buenos en los deportes, pero más bien es porque si entras aquí es como cargar un Estigma social y ninguno de tus compañeros querrá hablar contigo. —afirmó comenzando a sacar los materiales de las cajas. —Es como si el arte fuera solo para las chicas.

—¡Eso es una estupidez! —No pude evitar gritarlo —Las artes son para todos aquellos que quieran participar en ellas, ¿es como decir que la actuación es sólo para chicas?

—Bueno, con tanto actor guapo pareciera que es solo para satisfacer la pupila femenina. —soltó una ligera sonrisa, al menos pensaba como yo, ya comenzaba a caerme bien.

—Felicia es en serio. Tengo un amigo que es pintor y es el chico más dulce que he conocido y su novia lo adora, tengo otro amigo que es DJ, pero para eso aprendió apreciación de música y se conoce a todos los compositores clásicos, sabe de notas, de tiempos y es muy bueno en lo que hace. Eso no es cargar con un estigma. ¡¿Acaso esos idiotas que están allá afuera… —dije levantando la mano y señalando hacia la ventana —no son fans de algún músico, de algún cantante, de algún actor?! ¡Por estúpido comentarios como esos yo perdí a alguien muy especial!

Los comentarios de "machos" fueron los que me quitaron a mi hermanito. El muy idiota se dejaba manipular y con tal de ser aceptado, dejo de hacer lo que le gustaba y comenzó a enrolarse en relaciones estúpidas. Algo dentro de mí, quería que en verdad encontrara a Kitty, al menos sabría que mi hermano seguía siendo un romántico empedernido, pero otra parte de mi quería que regresara a París, no quería estar sola.

—Se nota que eres de segundo. Los de primer año son muy fáciles de manipular, por eso los de deportes siempre nos quitan nuestro lugar para poder promocionar los clubes, para mañana, el día que los de este edificio podemos poner nuestros stand; casi todos ya están enrolados en algo. —soltó un largo y pesado suspiro.

—No dejo de pensar que es una estupidez, ¿qué tienen en la cabeza? ¿Mierda? —Yo estaba furiosa pero Felicia no pudo evitar soltar una carcajada por mi comentario. —Lo siento, es que en mi colegio éramos más… normales. De hecho ganábamos varios concursos —No era por admirarme pero yo gané el campeonato Europeo Interescolar del Mecha Strike III, no era un deporte, pero me gustó ganar.

—Eso jamás pasará en Illirya. Ver en este edificio a chicos apasionados por alguna rama del arte, es tan impensable como un chico que no tuviera miedo de decir que le gustan las obras de las hermanas Brontë, Wolf, o mi favorita…

—Jane Austen.

—¿Cómo lo sabes?

—A porque a é- a mí, si a mí también me gusta.

Jane Austen era la escritora favorita de Marion, tenía los libros, los mangas, novelas gráficas, películas, series; de hecho administraba un blog del impacto que debería tener las obras de la autora en la sociedad juvenil. Bueno a mí también me gustan sus libros, pero no tanto como a mi hermano, de hecho "Emma" es mi libro favorito, yo era como la protagonista, quería "emparejar a todos a mí alrededor" y lo logré, por algo mis amigos ahora son novios.

—Pues si eres diferente a todos, ¿no te gustaría entrar a mi club?

—¿Cuál es? Debo decirte que si es de baile, tengo la coordinación de una piedra.

—No, soy la presidenta del club de teatro.

¡Perfecto! Era como una señal del cielo para que Marion regresara a hacer lo que más amaba, pero ¿si aceptaba a su nombre y terminaba rechazando cuando él volviera? ¿Si se dejaba guiar por los demás?

No me gustaría que se negara ante Felicia, parecía buena chica… Felicia. ¡Ella podría ser un buen aliciente para cuando Marion no encontrara a Kitty! Felicia era linda, le gustaban los mismos libros que Marion y bueno era presidenta del club de teatro; tal vez ella lo podría ayudar cuando el regresara decepcionado por no encontrar a Kitty Noir, no me molestaría tener una cuñada como ella.

—No te veo muy convencido, ¿quiere decir que todo lo que acabas de decir es mentira? —me dijo un poco decepcionada.

—No es eso. Es que mis padres aún me tienen en la mira, después que me expulsaran del otro colegio, por lo que no sé qué tan bueno sea involucrarme. Me quieren tener vigilado un tiempo antes de darme otra vez "libertad"

—¿Por qué te expulsaron? —preguntó intrigada.

—Por golpear a tipos como esos. —dije señalando la ventana.

—Bueno, al menos supongo que lo hacías por una buena causa. ¿En qué salón vas?

—En el salón 1.

—¿Eres un geniecito?

—¿Qué?

Felicia me explicó, que ese internado era de élite, sus exámenes eran muy pesados y los mejores resultados estaban en un solo salón, es decir los que juntaron de 95 a 100 puntos, números inferiores a esos estaban repartidos en los salones restantes.

—Antes también estaba en el salón 1, pero me enfermé durante los exámenes finales; cuando los apliqué no estudié mucho y así fue como termine en el salón 4, pero bueno no me quejo. Tenemos clases compartidas y aun puedo hablar con algunas de mis amigas aquí en el club.

También me dijo que en el caso de laboratorio se juntaban las clase para que los de calificaciones menores aspiraran a ser de la élite de la clase 1, algo similar pasaba con las clase que también compartían algunas clases para que se maravillaran con la inteligencia de la clase 1… ¿qué maldito lugar era este?

Marion era muy inteligente, de esos que odias, porque no necesitan estudiar, simplemente saben las cosas… por eso lo detestaba. Mientras nuestros familiares no solo entrenaban nuestros cuerpos, también nuestras mentes, yo era más de estrategia física, pero en lo mental… él era un master.

Felicia siguió desempacando las cosas de la caja y comenzó a meter otras, así que me puse a divagar entre las cosas que estaban en ese lugar, había una gran cantidad de rollos de tela, encajes, resortes, hilos, pinturas, mucha ropa, supongo que formaban parte de los vestuarios de las obras y al fondo, como si fuera iluminada por algo divino, estaba una máquina de coser.

Cuando pensé en entrar en la convocatoria de Agreste, olvidé que mi máquina estaba en casa, planeaba ir el fin de semana una vez que haya hecho el diseño, pero con tanto material a la mano… podría adelantar parte de las ideas que fluían en mí.

—Esa es una…. ¡Ay por Dios! ¡Es una Máquina de Coser Computarizada de 60 Puntadas! Conseguí la mía en una tienda de segunda pero…—a su lado estaba otra máquina, una que yo quería pero mi trabajo de medio tiempo en la pastelería haría que la comprara hasta año nuevo —es… es una ¡máquina de Coser y Bordadora 710 Puntadas y 400 en Bordado!

—Eso supongo, las compró la anterior presidenta y las donó a la escuela, pero ella era la única que sabía usarlas. Me temo que ninguna en este edificio sabe cómo funcionan. No sé cómo vamos a hacer los vestuarios este año. Mmmm ¿o tal vez si? —por el rabillo del ojo pude ver que me observaba, pero yo estaba perdida en las máquinas de coser.

Mi sueño como diseñadora, comenzó a causa de una de mis primas, que trabajaba con un sastre, ella me hacía ropa y me empeciné en aprender. A los doce años junte todas mis mesadas y compré una máquina de segunda mano pero me sirvió para aprender. Marion también sabía usar mi máquina, yo le enseñé.

Un día, cuando íbamos en segundo de secundaria, llegó con el uniforme roto, de hecho eran cortes de navajas, afortunadamente no pasó a mayores pero eso no evitó que le gritoneara por su estupidez, me pidió que lo arreglará, no quise pero acepté a regañadientes.

Me sorprendió cuando me solicitó que le enseñara, pues al meterse tanto en peleas tenía que pedirle ayuda a mamá quien terminaba regañándolo y castigándolo. Así, si él aprendía, no se metería en problemas con mi mamá, no quise pero no le podía decir que no a mi hermano. Aprendió lo básico, o al menos lo suficiente para recoger y arreglar su ropa, era muy fijado en la presentación por lo que siempre iba bien vestido.

—¿Te gustaría un café? —me preguntó una vez que terminó de hacer algunas cosas.

—Soy más de infusiones o té.

—Pero él té no es más que…

—Agua con hojas viejas que hacen a la gente sentirse más interesante. —dije rodando lo ojos.

—¿Cómo sabías…?

— Me lo han dicho mucho. —Todos los días, de hecho, Marion se la pasaba molestándome, cuando nuestros parientes de China me enviaban alguna clase de Té verde o cuando yo compraba mis cajas de té inglés.

La acompañé a uno de los salones, era bastante amplio. Ahí había otras chicas, que arreglaban algunos materiales supongo que para su stand. Se sorprendieron cuando me vieron entrar. Felicia le dijo algunas palabras a una chica rubia con un perfecto bronceado y me invitó a que tomara asiento. Si las miradas extrañas de los chicos en el dormitorio eran insoportables, las de veinte chicas… quería huír.

—Fel-Felicia. —volteó a verme mientras preparaba un par de tazas. —Disculpa ¿el sanitario?

—Ah, esta al final del pasillo, de hecho a lado del almacén. No hay pierde.

Me apresuré a salir de ahí, aunque después escuché una serie de grititos de emoción. Me dirigí lo más rápido a ir al sanitario, mis riñones estaban a punto de estallar, pues desde que salí de mi casa no había podido ir… ¿pero si me encontraba con la escena de chicos orinando? No, no podría…

Cuando mi mente se iluminó: En ese edificio no había chicos, los baños estaban limpios. Este lugar sería como mi santuario.

Entré y en efecto. Todo estaba impecable, a pesar de no usarse el lugar estaba limpio, de hecho aún olía a desinfectante. Sin ningún temor cerré la puerta y pude relajarme por cinco minutos. Aproveché para limpiarme el sudor y acomodarme la peluca, las patillas, las cejas… Sin duda tendría que venir aquí para hacer mis necesidades, no podría toparme con chicos en el baño o gritaría.

Un poco más relajada, decidí regresar, Felicia era buena chica y necesitaba que me ayudara prestándome su máquina de coser.

—Ese baño no tiene jabón para manos. —dije en cuanto ingresé. —Deberían poner un poco, lo bueno es que traigo gel antibacterial.

Comenté sacando mi botellita de gel del pantalón, todas se me quedaron viendo extrañadas. Oh cierto, se supone que los chicos no se lavan las manos, ¡genial! para ser una mujer soy un desastre y para ser un hombre también…

—Chicas, les presentó a Marion. Me ayudó cuando le tiré el material encima. —dijo viendo mi aparente desatino. —Marion, estuve hablando con las chicas y queremos hacerte una propuesta.

Lo que sea diría que no, no me gustaba las miradas que me lanzaban las chicas.

—Nos gustaría que nos apoyaras con el vestuario. Ninguna sabe usar esa máquina y arreglar la ropa que se ha descosido a mano… solo haríamos un desastre, nos gustaría que te unieras pero entendemos los problemas que tienes, por lo que ¿qué te parece estar aquí ayudándonos después de clases?

No sonaba tan mal, podría mantener un bajo perfil, lejos de todos esos idiotas y en vez de estar encerrada en la habitación, podría estar en el almacén haciendo mi diseño, podría ayudar a Felicia que se había portado bien conmigo y sobre todo, podría tener acceso a un sanitario limpio.

—Un chico que sabe de Austen y Shakespeare no puede ser malo, además sabes coser.

Eso era cierto, Marion no era malo, influenciable si y mucho, pero no era malo. Si había sido capaz de aventurarse a cruzar el océano para encontrar una chica de la que se enamoró perdidamente, ¿se negaría a ayudar a unas chicas a arreglar el vestuario?

Sentí sus miradas fijas en mí, creo que saldría ganando más de lo que perdía.

—Está bien ¿por qué no?

Felicia dio unos saltitos y aplaudió ante mi respuesta, las demás chicas suspiraron si hubieran contenido el aliento esperando mi respuesta.

Me la pasé toda la tarde, ayudándoles a probarse los vestuarios con los que llamarían la atención para que más personas quisieran entrar al club. Me explicaron muchas cosas de la escuela y sobre todo como funcionaba, ahora entendía porque mis padres eligieron este internado.

Tenían toque de queda a las 10:00 de la noche, todos debían estar en sus respectivos dormitorios. El sábado al medio día podía ir a mi casa pero debía regresar el domingo antes de las 6 de la tarde o de lo contrario sólo podría entrar si mis padres me acompañaban además que me bajarían 2 puntos sobre calificación final.

Podíamos salir esas dos semanas a los lugares cercanos, era como las semanas de acoplamiento, pero la puerta de la escuela se cerraba a las 10 de la noche, si nos quedábamos afuera ocurriría lo mismo. Las chicas aprovecharon y fueron a una tienda cercana para traer pizza, aunque también pude haber ido a la cafetería de la escuela, pero para ser sincera no quería estar sola. Llevaron pizzas y hamburguesas lo cual agradecía porque no había desayunado más que una barra nutritiva que me dio Chloé.

Estuvieron hablando mucho conmigo y la verdad lo agradecía, no me gustaba estar en silencio y solo escuchar mis pensamientos que inmediatamente volaban a mi hermano, mi misión como Ladybug y en ¿cómo demonios me involucré en ese problema? Pero sobre todo en los diseños que haría para Agreste, esa beca sería mía a como diera lugar.

Cerca de las ocho de la noche, las cosas estaban listas para el día siguiente, por lo que nos retiramos. Felicia estaba totalmente agradecida con mi ayuda, le había dado algunas ideas para su stand; y me pidió que estuviera al día siguiente. Le dije que sí, esa niña era muy adorable, no pude negarme.

Regresé a mi habitación, obvio pasando por todo ese edificio lleno de testosterona, para al fin descansar. Mi mente comenzó a divagar en el diseño de la convocatoria, tenía una idea que creo que me serviría mucho.

Aun no llegaba mi compañero y mejor para mí, me permitió quitarme el uniforme y ponerme un pijama, bueno que era solo un pantalón deportivo y una playera, si veía de cerca tal vez podía darse cuenta que mi torso era falso, así que me apresuré. Me acomodé en el escritorio y comencé a garabatear, los vestuarios de teatro me habían dado una idea.

En ese entonces, entró mi roommate con sus amigos, no me dio tiempo de esconder mis diseños y el alto, con mechón rubio… Kim, se burló de mí, diciéndole a Adrien que le había tocado un rarito y que se cuidara por las noches.

Estaba a punto de golpearlo, pero pensé en mi hermano, si me involucraba en una pelea el primer día, él pagaría las consecuencias; pero también era un problema su imagen social. Planeaba argumentar que hay grandes diseñadores varones que no necesariamente eran gays, pero en una escuela donde creen que las artes son para niñas, eso no serviría de nada.

Sólo le arranque de las manos mi diseño y lo guardé en mi portafolio, salí de ahí aprisa, Tikki estaba conmigo.

No sé cómo llegué a la azotea del edificio y grité para sacar mi frustración. Como podía haber hombres tan estúpidos. Me quedé ahí hasta que casi eran las diez, sabía que ellos debían volver a su habitación, así lentamente bajé las escaleras y me metí a mi habitación. Me deslicé bajo las mantas, debía patrullar como Ladybug, pero había sido un día muy complicado… en unos minutos caí dormida.