Quinta Noche: Miércoles de conquista.

Por fin me había dado una larga y buena ducha, después de días… fue como un regalo de Navidad. En seguida a mi regreso al internado, fui a las duchas, donde aproveché para darme un buen baño, uno muy largo. Sentir el agua caliente mojándome, el shampoo limpiando mi cabello y el jabón limpiando todo el sudor… fue tan hermoso. No había sido tan feliz en mi vida.

Volví a ponerme la peluca después de secarme el cabello con el secador de manos y volví a ser Marion; incluso con su pijama y todos los aditamentos que pedían ser "un hombre", el torso, el cual limpié, y la ropa interior con el bulto.

Salí del baño y me topé con otro chico, me puse en alerta, pues tal vez había visto de más…

—¿Qué estás haciendo?

—Me di una ducha. —dije cínicamente.

—Eso es obvio, pero hay horario. —comentó en tono de demanda.

—En las reglas no dice nada de eso.

—Eres Marion ¿verdad?

—¿Y qué si lo soy?

—Tranquilo, tigre. —trató de relajar la situación. —Soy el supervisor de dormitorios, en teoría las duchas deben ser por las tardes, pero en las reglas no dice nada. Sólo no le digas a los demás. Te daré preferencia, porque… bueno tú eres el macho alfa. Bro, lo que quieras te lo consigo, pero pásate unas chicas para la banda.

Genial, ahora era tratante de blancas. Me conocían por "tirarme" a varias chicas, no sé qué tan bueno había sido el plan de Nath, ni las consecuencias que traería, pero me sentía optimista. Me despedí del tipo, aún tenía tiempo para dormitar un rato.

Me deslicé bajo las mantas y me dormí enseguida. Para mi habían pasado segundos desde que cerré los ojos, para el mundo ya habían pasado cuatro horas. ¿Cómo odiar una canción? Configúrala como tu alarma, así de fácil te despertara de manera brutal. Ocho de la mañana, tenía treinta minutos para arreglarme e ir a desayunar, no quería que el día anterior se repitiera.

Adrien se despertó al mismo tiempo, creo que ambos sincronizamos las alarmas.

—¡Buenos días! — saludé animadamente mientras tendía mi cama.

—'nos dís… —tartamudeó, supuse que ese era un saludo matinal y que el grumpy cat, tenía un pésimo despertar.

Me quité la parte superior del pijama que era una camisa de una banda de rock. Desde que me había convertido en hombre, usaba un top que me apretaba el pecho, bueno el inexistente pecho con el que estoy dotada, encima el torso y una camisa de manga corta. No me iba a arriesgar a que lo vieran bien y se dieran cuenta que es falso; pero mi roommate tiene complejo de exhibicionista.

Dormía con una camisa sin mangas que se pegaba demasiado a su cuerpo, podía ver sus abdominales muy bien trabajados, sus pectorales, las clavículas sobresalientes, los músculos de sus brazos. Somnoliento se quitó la camisa y la lanzó a una esquina donde estaba su cesto de ropa sucia, se levantó y sentó rápidamente para quitarse el pantalón deportivo con el que dormía, debo aceptarlo, tenía buena pierna. Con los ojos casi cerrados, volteaba buscando algo.

Una voz en mi cabeza me regañaba "¡Marinette deja de verlo o pensara que eres más raro de la que ya eres!". Cuando todo cayó sobre mí, como balde de agua fría: Estaba compartiendo habitación con un hombre… no lo había pensado claramente pero esa era la verdad. A escaso medio metro estaba un chico, con un buen cuerpo, paseándose semidesnudo frente a mí.

Estaba tan pérdida en mis pensamientos los días anteriores que no me di cuenta de eso. Compartía habitación con un chico de mi edad, Marion no contaba, es mi hermano. Le gusta pasearse en casa sin camisa, pero no es lo mismo ver las miserias que él tiene a un chico con cuerpo bastante, mucho, demasiado, en verdad, bien trabajado. Así medio dormido pude ver sus facciones, nariz pequeña y respingada, labios delineados, el superior más delgado que el inferior, era bastante atractivo… si no fuera un amargado que se la pasa de grumpy cat todo el día.

Salí de mi estupor y me volteé para no verlo y dedicarme a vestirme. Esto era más freak de lo usual. Bueno, siendo yo, todo es raro. He visto a Nath, Nino, Marion, en traje de baño… pero jamás los he visto con tan poca ropa, paseándose en mi alcoba. En primera porque les rompería un brazo por hacer eso, debían tener un poco de pudor y en segunda… ¡maldita sea! Adrien seguía buscando algo medio desnudo y ahora estaba de mi lado de la habitación.

Fingí no poner atención. Me acomodé la corbata, el cinturón, tomé mi mochila y salí de ahí.

—¡Ya te vi Marinette! Estabas observando a ese chico. —la vocecita salía de mi bolsa del blazer, saqué mis manos libres fingiendo hablar por teléfono.

—¡Por Dios! ¡¿Qué esperabas?! No soy de piedra. Por un momento me sentí en una película porno. —le contesté aun avergonzada.

—¿Y si es gay y era una forma de probarte? —me preguntó mi kwami. —Por como saliste huyendo, es la misma forma como lo haría un uke que no se ha aceptado.

—Tikki, a partir de hoy dejas de leer esas historias Yaoi. —sentí como la sangre subía a mi cabeza.

Otro paréntesis. Me gusta leer y mucho. Hace poco, casi cuando conocí a Lila y me sentí atraída por sus personajes de cosplay, ella me comentó que los sacaba del fandom de la animación japonesa, ella me incitó y comencé por las historietas japonesas, conocidas como mangas. Hay unos muy lindos, otros trágicos, otros de comedia, romance… bueno una infinidad. Lila me recomendó unos de género Yaoi, es decir de amor entre chicos. Algunos me gustaron pero a quien le encantaron… fue a mi kwami. A veces se queda hasta altas horas de la noche leyendo mangas, fanfics, viendo películas o animes.

Términos como Seme, los activos en la relación, Uke, los pasivos, sukes, yaoi, boys love, mpreg, omegaverse, son ya comunes en el habla de Tikki. Al principio decía que Nino y Nath harían una buena pareja; ahora ha evolucionado a ver a los chicos en la calle y decirme si son pasivos o activos. Ahora está haciendo lo mismo con mi roommate…

—No, le gusta Felicia. No creo que sea gay. —contesté tratando de calmarme.

—Bueno y si es bi o cuando te vio se sintió atraído por ti y quiere darte su amor. —escuché la voz emocionada de mi kwami.

—¡Te callas! No puedes ir shippeando a las personas que conoces. Cambiando de tema… ¿qué opinas sobre Chat Noir? —debía cortar ese tema, ya era incómodo que mi kwami hablará de esos temas, iba a ser la primera portadora en pervertir a un espíritu milenario con chicos dándose amor de una manera brutal entre ellos.

—Bueno, te puedo decir que vive aquí en Aubergenville, pero como aun no despierto mis poderes del todo, no sé exactamente dónde. —Me explicó Tikki. —¡Es maravilloso que tu compañero este tan cerca! Por algo pasan las cosas. Ese sorpresivo viaje a Nueva York fue para que Marion encontrara a Kitty y que él se fuera te trajo aquí, cerca de Chat… todo está conectado.

Las palabras de Tikki estaban libres de malas intenciones, pero no por eso me dejaban de hacer sentir ansiosa. Si Nueva York era para Marion, quería decir que la separación era inevitable. Ha sido difícil para mí, perder a mi hermanito. Nuestros juegos fueron desapareciendo conforme fuimos creciendo, verlo emocionado por el teatro era gratificante para mí, pero cuando comenzaron a molestarlo con eso… y el muy idiota dejo lo que le gustaba por lo que los demás querían.

Traté de hablar con él desde que se fue, pero no importa cuántas veces lo llame, le envíe mensajes, lo trate de contactar por cualquier red social… no hay respuesta. Si de verdad encontró a Kitty y se queda allá. Si la familia se entera que Kitty está en Nueva York, no importara lo que mis padres digan, lo mandarán a Estados Unidos para que él combata el crimen con su otra mitad.

Nuestra misión como guardianes se debe sobreponer a lo que nosotros queramos, pero creo que sólo yo me siento mal al ver que él se va. Mi mejor amigo se va, quien mejor me conoce se va, quien me da consejos para no ser tan mala persona se va. Kitty debe ser una gran chica, de verdad para que merezca a mi hermano…

No, no debía pensar en cosas como esa. Marion regresara, no encontrará a Kitty, vendrá a este internado, conocerá a Felicia, se hará amigo de Adrien y no perderé para siempre a mi hermano. No me deprimiré por eso, me pondré a trabajar en mi diseño.

Me di cuenta que las personas se me quedaban viendo o me señalaban para nada discretos, por un momento pensé que traía algo extraño y tal vez por eso me veían de esa forma pero no… Tanto hombres como mujeres me saludaban, los buenos días nunca habían sido tan lascivos. Las chicas me veían de arriba abajo y me guiñaban el ojo o me mandaban un beso. Sólo yo me podía meter en esta clase de problemas, las palabras de los capitanes debieron esparcirse más rápido de lo que pensé.

Fui a la cafetería y compré un sándwich, el cual devoré pues como es mi costumbre, siempre tengo hambre. Durante todo el camino, chicos y chicas me saludaban como si me conocieran de tiempo. Palmadas en la espalda por parte de mis "amigos" y chicas jugueteando con mis manos, era mi camino hacia el salón; me dediqué a sonreír y hablarles como un casanova a las chicas y como si fuera el fucking maestro para ellos.

Entré al aula e inmediatamente otra oleada de chicos se acercaron a hacerme preguntas, sobre como había conseguido estar con las chicas y que no se pelearan entre ellas, lo que había pasado después de la pizzería, si es que ya tenía a otra chica en la mira… ¿de verdad? Chicos ¿si saben que hay cosas más allá del sexo en esta vida? pero bueno, me sirvió leer las historias tipo harem.

Mis compañeros me rodearon, tanto que no vi cuando Adrien entró, pensé que se uniría a ellos, pero no fue así, estaba recostado sobre la paleta de la butaca, aparentemente dormitando. Giré la vista y vi llegar a Allegra, le debía una disculpa, a ella y a las chicas del club.

Dejé a mis compañeros y me dirigí a mi lugar para rogarle perdón a la chica que había sido tan buena conmigo el día anterior.

—No digas nada, de verdad; lo siento, lo siento mucho. Soy un traidor y un perfecto imbécil que no se merece lo buena que has sido conmigo. Debí estar con ustedes y no pavonearme como un idiota. ¿Puedo volver a ser tu amigo? —Le dije a Allegra, dejándola perpleja por mis palabras. No mentía, me sentía de ese modo y cuando hacía algo malo esas palabras eran las mismas para disculparme con todos.

—Planeé en aplicarte la ley del hielo o sólo ignorarte, pero al humillarte de ese modo y meterte en la friendzone, me deja satisfecha.

—No es humillación cuando sabes y aceptas que hiciste algo malo y afectaste a otras personas que no han hecho más que hacerte sentir como en casa. —dije con pesadez, mis disculpas eran serias.

—Está bien, quedas perdonado pero más te vale ir al club o de verdad no te voy a volver a hablar. Lía se quedó muy triste cuando no apareciste.

—Me imagino, me disculparé con ella en el primer receso.

—Para que esperar tanto, al siguiente módulo tenemos química.

—Si… ¿y eso qué?

—Duh, el salón 1 y el 4 tienen laboratorio compartido, eso sí, te aviso, la voy a elegir como mi compañera así que te daré un tiempo para que te disculpes. —dijo la rubia en tono serio.

—La extrañas ¿verdad?

—Sí, fue mi primera amiga en cuanto entré aquí. Fue injusto que la mandaran al salón 4 sobre todo después de…

No pudo terminar pues entro el profesor. Con prisa, mis compañeros tomaron lugar y nos dispusimos a escuchar la clase. Divagaba en los temas que nos enseñaban, mientras me llegó un correo de mis amigos, preguntándome por cómo había quedado la situación, rápidamente les contesté que al parecer las cosas iban a ir más fáciles de lo que pensé.

Aunque la aparición de Chat Noir, era lo que más llamaba mi atención. Analicé palabra por palabra nuestra conversación, buscando pistas. Al menos me había dicho que era un poco mayor que yo, o eso sospecho, cuando me dio a entender que tenía más experiencia. ¿Y si también asistía a este colegio?

Me distraje buscando los institutos en la zona y había varios, por algún motivo necesitaba saber más de él; ambos compartíamos el destino de ser elegidos por los espíritus. Íbamos a ser compañeros de ese destino los próximos dieciséis años. Aunque mis antepasados no sintieron ninguna curiosidad por sus contrapartes o si lo sabían no lo anotaron en el libro ancestral. Todos coincidían en que nuestros caminos solo se cruzarían un tiempo, para qué adoptarlos dentro de nuestro círculo. Obvio que si quería saber, éramos compañeros, mi vida estaba en sus manos y viceversa. Para confiar en él necesitamos crear lazos de confianza…

No era como si me importara las palabras de Marion, que él se haya enamorado de Kitty, no significa que me pase lo mismo. Contados con los dedos de una mano, son los portadores que se enamoraron y casaron con sus contrapartes, por eso mantengo la esperanza que mi hermano no se deje guiar por un "romance de verano".

¿Por qué mis pensamientos siempre vuelan a mi hermano? Lo sé, me preocupa demasiado. ¿Cómo un niño tan débil, influenciable, con tan poco carácter va a sobrevivir en Norteamérica? En eso soy mucho mejor que él, sólo dos días y todos en esta escuela ya besan el camino por el que paso.

Chicos interesados en mis conquistas, chicas interesadas en qué tengo como para que tres chicas estén a mi lado al mismo tiempo. Aunque mis pensamientos de equidad salieron al ver como utilizaba a mis amigas como objetos sexuales. De verdad, ser Marion, saca lo peor de mí. Hago cosas que jamás haría y ponen en duda mi moral.

Tan rápido paso el tiempo en mi mente, que no me di cuenta que la clase había terminado. Anote lo que estaba en la pizarra y las tareas que habían dejado para el siguiente módulo. Allegra, fue la primera en salir, supongo que se fue a encontrar con Felicia. Yo hacía lo mismo cuando me separaron de Nath y Nino.

De mi hombro se colgó el brazo de Kim quien traía bajo el otro a Adrien; presiento que este chico no sabe leer el ambiente cuando alguien no te quiere cerca y ese era el caso con el grumpy cat y de Iván que nos acompañaba en silencio.

—Así que ya tienes en la mira a Allegra. —dijo Kim. —Es una chica linda pero demasiado tranquila aunque dicen que las serias son las mejores. ¿Vas a unirla a tu harem?

—Sólo estoy cotejando el terreno, no me vuelvo a involucrar con chicas con compromisos, luego tengo que ensuciarme las manos. —comenté con ínfulas de superioridad.

Nos dirigimos hacia los laboratorios, mientras Kim hablaba de lo que sentiría si tres chicas estuvieran a sus pies… creo que es más bien un forever alone, a quien le gusta imaginarse las cosas pues nunca se ha involucrado con alguien. Tomamos una de las batas que se encontraban en un pequeño mueble a la entrada del aula y después de vestirla, colocamos las cosas sobre una de las mesas y seguimos conversando. Por primera vez pude ver como Adrien se interesaba en lo que había ocurrido el día anterior en la pizzería, preguntándome por las chicas con las que me había visto.

En ese instante todos voltearon a ver como Felicia entraba al laboratorio con una gran sonrisa, que parecía sacada de un comercial, del brazo traía a Allegra quien al parecer le contaba algo muy interesante por las expresiones que realizaba.

Adrien enmudeció cuando ella cruzo el umbral, podía apostar que estaba sonrojándose, sus orejas cambiaron de color de inmediato, se notaba nervioso: acomodándose el uniforme y la bata que lo cubría.

—Adrien no te sonrojes, luces ridículo. —dije tratando de minimizarlo haciendo que los otros dos soltaran una carcajada.

—No estoy sonrojado. —dijo el rubio, que ya parecía un tomate… me recordaba a Nath.

—Tomen un papel para elegir a su compañero de laboratorio. —La profesora ataviada con la bata de laboratorio, nos extendió un envase de cristal con algunas tiras de papel, elegimos uno y lo desenvolvimos para leer el nombre de nuestra pareja.

—Myléne Haprèle —leyó Iván e inmediatamente también se ruborizó; volteó a ver a una chica que tenía algunos adornos coloridos en el cabello. La chica levantó la mano en forma de saludo y mostró una sonrisa tranquila y amable. Aunque Iván es un chico corpulento, verlo ponerse nervioso por una chica de ojos coquetos, era lo más tierno que pude observar.

Era mi momento. Como ya lo había dicho, mi obra favorita de Austen es Emma, la protagonista adora emparejar a todas las personas que se encontraban. Sería la Emma de Illirya; sería el cupido de ese colegio. Mis grandes triunfos habían sido Nath y Chloé así como Nino y Alya; es más, le buscaría una novia a Kim para que dejara de molestar.

—Juleka Couffaine. —Leyó Adrien con pesadez, sentí lástima por la chica que termino con el Grumpy Cat como compañero. —Debe ser una broma.

—Sé amable. —lo golpeé en el brazo con fuerza. —Es una chica linda —dije al ver a una joven de cabellos morados y un maquillaje ligeramente del mismo color, creo que la había visto en el club de teatro...—Felicia Terranouve. —Leí el nombre de mi tira de papel. Con que ese era el apellido de la niña bonita, volteé a buscarla con la mirada, en cuanto la vi alce la mano para saludarla.

—¡Hola! —Felicia me regresó el gesto con una amplia sonrisa.

—¿La conoces? —pregunto ansioso Adrien.

—Hablé con ella unos segundos. —dije rápidamente.

—¿Sobre qué? Le gustó que te emparejaran con ella. —dijo Adrien interesado.

—Sí, creo que le gusto demasiado. —complemento Iván.

—Bastante. —intervino Kim. — ¿No me digas que la quieres meter en tu harem? ¡Te imaginas! Tener a las dos amigas para ti…

—¡Se quieren calmar! Dejen de comportarse como inmaduros. —regañé.

—No puedo creer que le tocarás tú, no te la mereces ¡Cámbiamelo! —ordenó Adrien.

—¡No puedo! Dije su nombre en voz alta.

Tomé mi mochila y fui a donde ella se había sentado. Adrien rodó los ojos al ver que Juleka se dirigía a la mesa donde antes estábamos. Sentir las miradas de los hombres era incómodo, pero sentir las miradas de todos esperando a ver que movimientos vas a realizar para tener a tus pies a la niña más linda de la escuela… era ridículo y algo de lo que no me sentía para nada orgullosa.

—Hola de nuevo. —dije de manera relajada.

—Eres un mentiroso.

Palidecí en un segundo. En mi mente se comenzaron a formar todas las mentiras que he dicho desde el domingo: fingir ser un hombre, fingir ser mi propio hermano, el harem formado por mis amigas, el drama que hicimos en la pizzería Nino y yo, fingir que mi hermano no estaba interesado en el teatro, prometer que las ayudaría en el stand para promocionar el club, el hecho de pensar que los hombres de ese colegio eran unos idiotas para luego pavonearme delante de ellos como un idiota de los que tanto critique… ¡Demonios! Cada día confirmaba más que ser un hombre me estaba afectando. Dos días… solo ¡Dos días! Y ya tenía un repertorio de mis crímenes y a una mujer que me acusaba de haberse enterado de algo, que yo no sabía.

Recordé como amenazaba a Nath o Nino cuando les decía que ya sabía lo que habían hecho y comenzaban a pedirme perdón y cosas como "no sé en qué estaba pensando", "te prometo que es la última vez", "no era mi intención" cruzaban en mi mente como buena excusa… era complicado estar del otro lado… ¡¿Qué iba a decirle?! ¡¿De qué se había dado cuenta que estoy mintiendo?!

—¿De qué hablas? —traté de permanecer en calma, como si no supiera de lo que hablaba… bueno de verdad no sabía.

—Ah, si… Mr. Knightley.

Paréntesis numero… no sé en qué número voy. Pero como ya les había dicho, la pasión de mi hermano es la literatura y el teatro. Sin embargo usaba un nombre artístico en cada puesta en escena. El nombre Demián Knightley, era una unión de Demián título del libro favorito de mi hermano de Hermann Hesse y Knightley apellido del protagonista de Emma, mi libro favorito… de hecho lo obligué a usar ese apellido, porque de verdad me encanta ese personaje. En esa época estaba obsesionada con el libro y casi le rompo un brazo para adaptar ese nombre.

Cada vez que participaba en una obra, no usaba el nombre Marion Dupain-Cheng en cartelera, usaba Demian Knightley, pues no quería que lo asociaran a la familia en caso de fracasar, pero eso jamás paso, las localidades de cada obra se agotaban, incluso cuando hacía alguna presentación al aire libre siempre estaba rodeado de personas que lo vitoreaban. Después ocurrió el ser elegidos por Tikki y la influencia de comentarios negativos para terminar con su expulsión…

Ahora temía que Felicia viera alguno de los videos con la imagen de mi hermano y se diera cuenta que en efecto… yo era una farsante, me moví incómoda en mi asiento, como tratando de acomodar mis ideas para dar alguna respuesta que no terminara hundiéndome… junto con la fama que le había creado a Marion en esa escuela.

—No puedo creer que me mintieras, pensé que éramos amigos…

—No te mentí, sólo te lo oculte. —Intervine —No quería darte esperanzas de unirme al club… no hasta que mis padres me levanten el arresto domiciliario y pueda volver a tomar las riendas de mi vida.

—Pero tenerte en el club, nos ayudaría no solo para limpiar la imagen del arte sino a que otros chicos y chicas quieran participar… Nos hiciste falta ayer…

—Lo sé y te ofrezco una sincera disculpa, pero debía terminar algunos asuntos que me ataban a París de lo contrario los problemas también me perseguirían aquí. —dije en tono jocoso.

A parte de realizar los experimentos, nos la pasamos conversando de lo que hacían en el edificio de las artes, en cómo es que ella estaba enterada de la apuesta que hacían los chicos sobre quién sería el primero en acostarse con ella, pero no le interesaba. Era algo repugnante y que la denigraba pero había sido capaz de tener una segunda oportunidad por lo que los comentarios de idiotas infantiles no le arruinarían su buen humor.

Éramos tan distintas. Mientras yo hui de todo poniendo de por medio las ansias de participar en el evento de los Agreste y "ayudando a mi hermano" a que no se metiera en problemas en el internado… la verdad era que tenía miedo de toparme con los chicos que mantenían una apuesta sobre mí. No había querido saber nada de Claude, simplemente me enfermaba. Él conocía a los mismos "amigos" de Marion, ellos podían ser lo que le pusieron precio y mi primera vez y eso me hacía enojar tanto pero sobre todo me hería. A Felicia no le importaba y no permitía que eso le nublara los días, yo hui. Dejé de lado mis aspiraciones como defensora y preferí ocultarme donde nadie me conociera.

Yo era una cobarde, ella era la verdadera heroína.

Me pidió que almorzáramos juntos, bueno Allegra, ella y yo. Acepté de inmediato, quería tener cinco minutos de sensatez a mí alrededor y comer con Kim e Iván no era la opción; no me interesaba saber que chica era más fácil, quien tenía lindo trasero, quien era las de pésima reputación… no quería escucharlo.

Terminó la clase y me dirigía a la cafetería cuando alguien me jaló del cuello de la camisa…

—Necesito hablar contigo. —me jaló Adrien hasta una de las bancas que estaban fuera del laboratorio. —Urgente

—Chicas, luego las alcanzó. ¡Apártenme un lugar! —Grité a las rubias quienes asintieron al mismo tiempo y siguieron su camino. —¿Qué quieres Adrien?

—¡Siéntate! —me empujó a uno de los lugares y se sentó frente a mí. —¿Le dijiste algo sobre mí?

—¿Qué? ¡Claro que no! Ni siquiera te conozco.

—Por favor, es algo perfecto. —Dijo en tono desesperanzador. —Podrás pasar con ella casi hora y media dos veces por semana, convéncela de salir conmigo.

—Adrien, ella ha tenido la oportunidad de hacerlo todo un año y no lo hizo, ¿qué crees que pueda hacer yo?

—Está bien, hagamos un trato. —comentó el rubio en tono serio. — Tú quieres ser diseñador.

—¡¿Qué?! —dije exaltada. —¿Por qué crees eso?

—Vi los diseños que estabas haciendo el lunes, son buenos y no parecen amateur, se nota que has tenido educación en eso y te puedo ayudar a conocer a mis padres.

—¿Por qué quiero conocer a tus padres?

—¿De verdad no sabes quien soy?

—No.

—¿De verdad?

—Deja de jugar Adrien, tengo hambre y tengo una cita.

—No puedo creer que no sepas mi apellido. Soy Adrien Agreste, mis padres son Gabriel y Charlotte Agreste, la pareja más icónica en el mundo de la moda en Europa.

—¡¿Qué?!

No me pueden culpar, cuando los profesores pasan lista solo lo hacen por nuestro nombres jamás por el apellido, además sabía que la pareja de mis ídolos en la moda tenían un hijo pero nunca ha salido en alguna publicación porque su vida privada era bastante hermética.

Mi roommate, el grumpy cat, era mi pase a conocer y tal vez a alcanzar la beca en Agreste, podría darle palabras alicientes para que entablara algo con Felicia, pero obvio ella no querría algo con él… demasiado amargado para una dulzura como ella.

—Ayúdame con Felicia y yo te ayudaré con mis padres. Vendrán el jueves para buscar un becario, te recomendaré, ¿Qué dices?

—¿De verdad? ¿No me mientes?

—Es una promesa.

—Considera tener una cita con la niña bonita.

Sin duda, después del infierno viene la redención, casi di saltitos ante la noticia y trato que el grumpy cat me había propuesto; tan fácil como hablar con Felicia y pedirle que tenga una cita con él. Mientras el día anterior estaba casi muerta de cansancio, mi vida, bueno la vida social de Marion era nula… y ahora era la fucking leyenda viviente, que se estaba codeando con la chica más cotizada y yo sería becaria de Agreste… podía escuchar mi risa maquiavélica en mi mente, resonante, fuerte y haciendo eco.

Alcancé a las chicas en la cafetería, más feliz de lo que esperaba. Almorzamos, mientras les pregunté como se habían enterado de mi "identidad" de Mr. Knightley, mencionaron que otra de las miembros pensó en que me conocía y al parecer, había visto a mi hermano en una de las presentaciones de la escuela, entré en nervios, pero me relajé cuando la chica les dio el video, pero no se veía bien el rostro de Marion… debía tener mucho cuidado. Me involucraron en sus planes para la nueva obra de teatro. No sabía mucho de eso, por lo que me aferré a la idea de una versión actual de Emma. Reíamos, bromeábamos… me siento más cómoda con las chicas.

Tengo un pequeño problema. Me gusta estar con chicas pero aparte de Alya, Chloé y Lila; no confío en nadie más, he sido traicionada, difamada, y tratada de una manera horrible por parte de otras mujeres donde, me tenía que cuidar de ellas, al envolverme en hipocresía, mentiras y constante conspiración. Mientras con los chicos, casi el tema principal es sexo, pero al menos con los que hablaba, eran sinceros te decían las cosas como tal. Hasta que te topas a malditos como Claude y ellos comienzan a hacer sus "bandas".

En mi Utopía perfecta, me gustaría estar con chicas pero que guardaran la sinceridad de los chicos, pero conociéndome… me transformaría en una forever alone… Estúpida adolescencia, que afecta tus pensamientos, espero crecer y dejar esta maldita apatía… pero mis problemas no eran prioridad. Las clases continuaron y con el pretexto de usar a Allegra y Felicia como mis próximas "novias" pasaba tiempo con ellas.

—Chicas… ¿conocen a Myléne Haprèle? —les pregunté durante el segundo almuerzo.

—Sip, va en mi salón, es una chica muy tierna pero algo miedosa. —comentó Felicia

—¿En qué estás pensando Marion? —dijo Allegra en tono curioso.

—Hay alguien a quien le gusta y tal vez harían buena pareja, pero necesito información. ¿Saben a qué club pertenece?

—Sí, está en el club de repostería. —Contestó animadamente Allegra —Entonces, lo tuyo es hacerla de cupido.

—Por supuesto y soy el mejor en eso.

Me pasé la tarde con ellas en el edificio de las artes, era un lugar donde a través del vestuario que arreglaba, me inspiré para crear varios diseños que garabateé en mi portafolio de diseños, pero ninguno me convencía ¿cómo podría hacer "el reflejo del alma"?

Las creaciones Agreste son particulares, pues siempre llevan un tema. Uno de los anillos diseñados por Charlotte Agreste, tenía por tema las pesadillas, y era una bella pieza adornada con pedrería obscura en tonos purpuras y azules, era hermoso. Todo lleva un tema y con ese título trabajas… ¿qué es el alma? ¿Se puede reflejar? ¿Todos tenemos alma?

Debía investigar. En internet hay muchas cosas pero cuando necesito inspiración, la literatura es la respuesta. Después de una visita exprés a la biblioteca, llevar muchos libros conmigo, regresé a la habitación.

—¿Le hablaste de mi? —preguntó Adrien con interés, cuando entro con su equipo de esgrima.

—Mi mundo no gira a tu alrededor, tengo mis propios problemas.

—Tenemos un trato.

—No significa que sea tu esclavo. —contesté mientras seguía hojeando los libros. —Deberías ir a verla, mostrar que de verdad te interesa.

—Eso sería entrar al edificio de las artes… De por si no tengo vida social, quieres que lo arruine con ese tipo de cosas. —comentó mientras buscaba su ropa de dormir.

—¡A ver! ¡Es un maldito edificio! No es como si entraras al inframundo, o te contagiaras con alguna enfermedad, bueno con esto confirmo que la estupidez si es contagiosa. Todos se dejan llevar por las palabras de alguien con nula actividad cerebral. ¿Tú crees que Felicia aceptaría a alguien con ese tipo de prejuicios? Si vas a hacer eso, mejor déjalo porque no va a hacerte caso.

La verdad estaba decepcionada. Su padre, Gabriel Agreste era diseñador de moda, un trabajo que siempre ha sido catalogado como para personas gay, pero Gabriel no lo era, tenía esposa y tenía a un idiota-amargado por hijo. Su padre debió lidiar con miles de personas con pensamientos retrogradas para que al final engendrara a uno similar.

—Es porque eres nuevo. Si no entras en el estándar de los demás, te buscas problemas. No puedes pelear contra el sistema. —comentó exaltado.

—Si no lo intentas, jamás lo sabrás. Eres respetado por otros chicos, si te acercaras a ese maldito edificio otros chicos lo harían y cortaríamos la estupidez, pero sabes qué… quédate como estas. Tienes razón, nada puede cambiar, al menos prefiero decir lo intenté a hubiera. Y no te mereces a Felicia. —exclamé enojada.

—No me conoces así que no te las des de buen hombre, porque no lo eres. —me gritó

Pues no… no soy un hombre, tal vez por eso soy mejor que él, me daban ganas de darle una bofetada, pero no podía desenmascararme, ya había llegado muy lejos… estaba a una semana de largarme de ahí… ¡Cómo lo odio!

De pronto comenzó a sonar el aviso de una llamada de Skype, no era para mí… venía del teléfono de Adrien. Molesto, sacó el gadget del bolsillo de su pantalón.

—¡Hola, Adri!

—Mamá ¡¿Qué quieres?! —contestó con ira el rubio.

—No seas un patán, respeta a tu madre. —Le di un golpe en la cabeza que lo hizo tirar el teléfono, levanté el aparato y tenía frente a mí a Charlotte Agreste, estaba por hiperventilarme y a sacar mi lado fangirl gritando como loca. —Buenas noches señora, disculpe la actitud de su hijo… se lo comunico.

—Gracias.

Era una mujer encantadora de ojos verdes y cabellos rubios, parecidos a los de su hijo pero al verla más de cerca, Adrien se parece a su padre con ligeros toques del rostro de su madre.

Opté por darles privacidad, así que tomé mi libro y salí a la azotea. Aunque era un internado, y en teoría no conocía a nadie, no había encontrado el tiempo de estar a solas. ¿Quién me entendía? Un día quería estar rodeada de personas y al siguiente sola…

Espere un rato y bajé a mi habitación, me dispuse a encontrarme con Chat, empezando una rutina con él. Adrien ya estaba dormido. Saqué las cosas para tomar un baño, mi ropa, mi kwami y volví a la azotea.

—Tikki ¡Transformación!

Me deslicé entre las farolas con ayuda de mi yoyo y llegué al ayuntamiento. Tenía que hacer planes para el día siguiente. Emparejar a Mylenne con Iván, hacer cambiar de parecer al grumpy cat, si quería estar cerca de Felicia y volver a tratar de contactar con Marion…

Me he dado cuenta de que todo el mundo

Termina cayendo flechado de amor

Solo quisiera poderte entender,

Tal vez… tú lo sientes.

Me puse a cantar, mientras veía la luna como si estuviera observándome y reprochándome lo que estaba haciendo. Había escuchado esa canción en internet, era de un anime que le gustaba a Lila.

Las palabras que nos dijimos fueron algo hirientes esa vez

Lágrimas dejé caer

Mis latidos y emociones juntos en sincronía ya están

Por eso es que, tal vez lo quiera intentar

Pensar me hacía daño, todo giraba en mi mente y no me gustaba. Acababa de golpear al hijo de los que quería que fueran mis jefes… ¡Ay Marinette! Arruino todo lo que toco. Ok, estaba a una semana de poder mandar todo al demonio… solo era cuestión de días y el fin de semana no contaba pues me iría a París.

Cuando nos quedamos preguntándonos porqué

Me atrapa el miedo y no sé qué hacer, mírame…

Lo volveré a intentar

—¿A quién le cantas, buginette? —Eso debía ser una broma.

—Hola Chat Noir. A nadie, solo que si me quedo en silencio me escucho pensar y odio eso, así que lo sustituyo por una hermosa canción. —comenté ante la pregunta del chico con traje de gato. —¿Quieres ir a patrullar?

—Pues no es como si hubiera mucho por hacer, Aubergenville es un lugar tranquilo, por eso lo prefiero. París es demasiado ruidoso.

—¿Vivías allá?

—Más bien era como una visita obligada. —comentó en tono risueño.

—Puedo… hacerte una pregunta… gatito.

—Anda, que ya tenemos más confianza. —su sonrisa era más linda de lo que pensaba.

—¿Para ti que es el reflejo del alma?

—Creo que es tu verdadera personalidad, lo que te hace ser tú, aquello que te hace sentir vivo… ese tú que sólo conoces, aquél que nadie más ha visto en acción. Como nosotros… creo que ser Chat Noir... es mi alma, donde no me siento juzgado, donde nadie me conoce y por eso me siento libre de ataduras, sin las cadenas de mi familia, la sociedad, incluso de mis propios prejuicios… ¡pero dí algo que si estas en silencio me siento como que me juzgas! —Dijo en tono infantil.

—Lo siento, es que… no había pensado en eso. Para mí, tener el gen bug era una carga tan pesada y que no quería tener, pero nunca pensé que fuera una parte de mí. —comenté con un largo y pesado suspiro. —Siempre me sentí como forzada a hacer esto.

—Pues, no sé cómo lo tomen en tu familia, pero en la mía es algo serio no es una bendición o maldición, es algo que pasa y lo adoptas como parte de ti. —me explicó tranquilo. —¿Por qué presiento que en tu caso… no te dieron opción a tener esta simbiosis?

—Porque no me lo dieron. Cuando apareció, fue como si mi vida ya no era mía ahora mis familiares participarían en ella y ellos realizarían todo… yo sólo debía acatar sus órdenes. —hasta yo escuché mi tono desesperanzador que me di… lástima.

—Buginette… tenemos una misión, nosotros… no nuestra familia, no nuestros amigos, no nuestros padres, sólo tú y yo. —Chat se acercó y tomó mis manos entre las suyas. —Si no puedes con tus problemas… compártelos conmigo. Seré tu incondicional aún cuando ya no seamos héroes.

¿De verdad podía ser posible aquello?

Un chico, con el cual hablé unos minutos, me había dicho lo que había ansiado escuchar por los últimos seis meses. Marion estaba conmigo, en el mismo barco, sentía que él era el único que podía entenderme, pero cada uno cargaba con las "esperanzas de la familia". Sin embargo, Chat se ofreció a ayudarme, así sin conocerme, no sabe ni mi nombre, ni mi rostro, nada de mí y me está dando su apoyo incondicional… eso… era maravilloso.

—De seguro les dices eso a todas las chicas ¿verdad? —dije en tono risueño para relajar la situación.

—Aunque lo dudes, soy sincero. No todos los hombres somos malos… pero a veces no sabemos delimitar el rostro que ponemos ante la sociedad del propio.

—Eres demasiado maduro y me siento como si fuera una niña que está haciendo una pataleta por que las cosas no salieron como quería. —Así me sentía, ante él que tenía más experiencia, yo era solo una mocosa.

—Sólo veo las cosas de un modo objetivo. ¿Vamos a patrullar? —comentó Chat estirándose.

—Sip.

—¿Y luego me cantas una canción?

—Olvídalo.

Nos dividimos parte del pueblo y deambulamos entre callejones y avenidas. Sacar todo lo que pesaba en mi pecho me ayudó mucho. Debía aprender a tomar a Ladybug como una parte de mí y no algo que impuso mi familia.