Sexta Noche: El acuerdo del Jueves.

La conversación con Chat me dejó muy tranquila, regresé y después de tomar una merecida ducha, me deslicé bajo las mantas. Me estaba acoplando mucho mejor de lo que pensé.

Como todos los días, me metía en el correo de papá, de esa manera sabría qué es lo que hacían y el tiempo que se tardarían. Además que los mensajeaba seis o siete veces al día; quejándome de los profesores, la tarea, cuanto tiempo debía cocer la comida, debían regresar por que me sentía sola, además que les había pedido permiso para faltar en mi trabajo dentro de la pastelería porque no me gustaba dejar la casa sola; que aceptaron , cosas como esas para que no sospecharan que no estaba, ni en la casa, ni en París y que Marion estaba a miles de kilómetros, cruzando el océano buscando a Kitty con lo que mantenía la esperanza que no lo hiciera.

En definitiva, mis padres sufrirían un colapso nervioso si se daban cuenta la clase de hijos que tenían. Papá era un hombre tranquilo, bastante dulce y consentidor, yo era su princesa. Cuando yo era niña le gustaba darme pastelillos a escondidas de mamá, quien siempre trataba que tuviera una buena alimentación. Mientras, mamá era firme pero en confianza era la mujer más encantadora que alguien pudiera conocer.

El secreto del éxito en la pastelería y las sucursales, es la atención al cliente que ellos dan. Me siento como una paria al tener tan buenos padres y llevar a cabo tantas ideas descabelladas.

Después de hacer mi cama y arreglarme para las clases, debía poner en práctica mi plan: venderle palabras de azúcar a Adrien para con Felicia mientras él me presentaba a sus padres.

Esa mañana se había levantado temprano. Cuando le pregunté, amablemente me contestó que tenía práctica matinal de esgrima. Se había ido hora y media antes así que Tikki y yo pudimos sentirnos libres por un rato. Espere quince minutos después que se fuera y coloqué el seguro en la puerta. Me quité la ropa y dejé libre a mi kwami; quién aún adormilada comenzó a sobrevolar. Estar las 24 horas encerrada debía ser difícil.

Me levanté y anoté en mi agenda, en cada uno de los días que estaría ahí. "Usar a Adrien para acercarme a sus padres". Esa debía ser mi prioridad, mi misión hasta el próximo jueves. Estaba a una semana de mi sueño y meta por lo que lo único que debía hacer era darle palabras de azúcar a Felicia para que le sonriera a Adrien y él pensara que estaba abogando por él.

¿Era cruel?...

Sí, sí lo era. Pero no era asunto mío. Algo que me habían enseñado toda mi vida era que el fin justifica los medios. Él estaría otros dos años en ese internado, si quería que alguien como Felicia volteara a verlo, debía tomar la iniciativa e ir a hablar con ella. Si no lo ha hecho, eso quiere decir que no esta tan interesado en ella como cree.

Terminé de vestirme, preparé mis cosas para el día escolar y baje a desayunar.

Día tranquilo, sin muchos cambios más que los profesores siguiéndome como sabuesos; que podía ser peor que estar encerrada. ¿Qué esperaban que hiciera Marion? ¿Meter drogas? ¿Hacer que ingresara una horda de delincuentes? Bueno, a esas alturas del partido no estaba tan segura de la cordura de mi hermano.

Mientras escuchaba las clases pensé en lo que Chat me había dicho; sobre aceptar ser Ladybug como parte de mí.

A decir verdad, desde que tenía cuatro años me asustaba ser la elegida. En mi mente infantil, varias veces me cortaba para que "toda la sangre" que pudiera tener el gen Bug, saliera y no me viera involucrada en eso. Eso desataba el horror en mis padres y la decepción en mi familia.

Otras niñas de mi edad solían ver los cartoons, pero yo debía aprender "El arte de la guerra". Conforme fui creciendo, me fueron inscribiendo en diversas materias como idiomas, música, computación, danza, gimnasia, artes marciales; para que me desenvolviera en un mundo más "completo" en mi labor como ayudante de las organizaciones y el gobierno.

Estaba aterrada, cada cumpleaños era una tortura, era un número menos en el conteo regresivo. Cuando llegó el día, mamá hizo una reunión familiar, como dictaba la tradición. Casi todos mis primos que habían cumplido la edad habían sido descartados, causando el terror en mi linaje al no haber otro Lord o Lady. Después de Marion y de mí, seguían otros tantos que seguían en entrenamiento. Dentro de mi anhelaba fervientemente no ser la elegida, tendría una vida normal después de eso.

Cuando cumplías los dieciséis y no portabas el gen bug, se acababan los entrenamientos; la constante vigilancia y podías hacer lo que quisieras de tu vida.

Aquel día, hace seis meses. Estaba tan nerviosa que fui muchas veces al sanitario y vomité para luego salir y fingir que nada pasaba. Marion, tenía miedo, lo podía ver en sus ojos. Diez minutos después que "yo nací" era su turno. A las tres de la tarde con quince minutos, era la hora de mi cumpleaños. Me senté en el centro de la sala mientras los demás a mí alrededor esperaban la revelación. Ese minuto sentí que duró una eternidad. Olvidaba como respirar de tantas veces que contenía el aliento.

Cuando creí que todo se había terminado, exhale aliviada. Volteé a ver a mis papás, pero la mirada de terror de mi padre hizo que colocara mi vista nuevamente enfrente. Al hacerlo, una luz roja estaba frente a mí, toqué rápidamente los lóbulos de mis orejas y en efecto llevaba un arete de lado derecho.

Lentamente la lucecita se fue haciendo más y más nítida. Hasta que la criatura de ojos malva y cuerpo color carmesí abrió la boca para saludarme en un perfecto francés y presentarse como Tikki.

Las ovaciones de mis familiares no se hicieron esperar, papá estaba asustado al igual que mamá. Quienes, puede sonar cruel, pero esperaban que alguien más cargara con esa pesada responsabilidad. Quería llorar, quería gritar y rogar que eligieran a otra. Pero guardé mis sentimientos, eso quería decir que Marion estaría libre. Mi hermanito estaría libre de esa horrible pesadilla.

Así lentamente fueron pasando mis primos y tíos, a felicitarme; de hecho parecían condolencias. Aunque más bien estaban aliviados que sus vástagos o ellos mismos no debían preocuparse por los siguientes años ya que la elección no era inmediata. Después que se terminara el ciclo de Lord o Ladybug, pasaban desde días hasta veinte años para la elección del sucesor. Cuando yo terminara, pasaría un poco de tiempo y la selección vendría de nuevo a juego.

Sonreía como si estuviera bendecida por eso, ni siquiera puse atención a Tikki, la culpaba por mi infortunio. De pronto mi bisabuela me preguntó el por qué sólo llevaba un arete. No le presté mucha atención, cuando Tikki comenzó a brillar y se dividió haciendo que la otra lucecita se colocara frente a mi hermano quien lucía más preocupado por mí, sin contar lo que estaba por ocurrirle.

El otro arete apareció en su oreja izquierda, sin necesidad de perforación, sólo apareció ahí. Dimos por hecho que cuando me eligió a mí, ya no había problema para los demás, pero al parecer, que él y yo seamos mellizos… el gen nos tomó como una sola identidad.

Todos comenzaron a sorprenderse, pero no había pierde. Por primera vez, en los seis mil años de esta "bendición" había un Lordbug y Ladybug al mismo tiempo. Nos comenzaron a hacer una infinidad de pruebas, se pusieron más rígidos con nosotros, Marion se salió de ese protocolo e hizo lo que quiso mientras yo trataba de aceptar mi horrible realidad.

No quería hacerlo. ¿Por qué una chica de dieciséis años debía cargar con esto? Mi mente estaba divagando en como terminar con esta maldición. Pensé en asesinar a toda mi familia… Sí, pensé en homicidio e incluso en suicidio. Pero eso también debía involucrar a la familia de Chat Noir, aunque tal vez me terminaran agradeciendo.

Caí en una horrible depresión, me negué a hablar con Tikki y ahí fue cuando entró Claude, me hizo sentir bien y por eso lo acepte. Mala decisión tras mala decisión.

Sin embargo, por primera vez y tras la plática con Chat, me di cuenta que el problema no era Tikki y el poder, el problema era mi familia. Obligarnos a hacer todo eso no era la solución, sólo hacía que lo odiáramos y no disfrutáramos nuestra infancia y adolescencia, al estar preocupados en ser el siguiente.

Cuando volviera a casa, quebraría esa horrible secta que llamo familia materna. Al fin y al cabo la de los poderes mágicos soy yo, apuesto lo que sea que Marion estaría de mi lado. Juntos terminaremos con ese suplicio de "formar" a niños de cuatro años para que sean los sucesores. Si deben mostrarles pero en el proceso hacer que disfruten de su vida y que no lo tomen como una carga, sino como una oportunidad de hacer las cosas de manera diferente.

Por eso se la pasan diciéndome que deje esa "tontería" del diseño de modas y que mejor me ponga a estudiar cosas como Leyes, Ciencias políticas o alguna otra carrera que me ayude a estar como embajadora con los gobiernos del mundo, tal como lo han hecho mis antecesores, pero eso me dejó pensando: está bien lo hago pero cuando mi tiempo como Ladybug termine… me veré de treinta y dos años, en un trabajo que no quise, porque estudié algo que no quería sólo para satisfacer a mi secta familiar.

No, claro que no.

Tengo conexiones al gobierno, pero por que ellos querían hacerlo. No haré algo que no quiero. Tal vez por eso es que estoy aquí el Illirya, demostrándome que no cumpliré con los estándares que me plantean. Al fin y al cabo soy un ser pensante que toma decisiones a partir del conflicto que viva.

—Eso es muy bonito.

La voz de Allegra me sacó de mis pensamientos. Vi en lo que garabateé durante las clases, y en efecto, era muy bonito.

Era un vestido rojo con negro, con corsé y encaje. De falda amplia en colores carmesí y guantes negros. Ni siquiera me di cuenta de cuando lo hice con esa forma pero me había quedado bien.

—¿Te gustaría ser diseñador? —me susurró.

—La verdad sí, es mi sueño más grande…

—Pensé que ese sería la actuación.

¡Mierda!

Por un segundo pensé como Marinette y no como Marion. Esta retrospectiva solo me causó problemas y dejé mi personaje a un lado.

—Bueno, tengo varios sueños, pero aún no sé cuál es el que debe convertirse en mi meta. —Reí para minimizar mi horrenda metida de pata.

—Pues la verdad ese vestido es lindo, me recuerda el estilo de Agreste. Aunque… También se parece a una mariquita, es símbolo de esperanza y amor. Es algo muy romántico. —comentó Allegra.

Eso es lo que yo debía representar, esperanza para que los sueños se hagan realidad y amor. Yo era Ladybug y tal como lo hizo mi hermano, debía hacer lo que fuera para llegar a mi meta. Si alguien totalmente ajena a mi vida veía eso en mi diseño, es por qué yo estaba representando correctamente mi alma. Estaba feliz, no evité mi sonrisa llena de satisfacción, algo que ella notó.

Iba ir a comer con ellas, cuando alguien me volvió a jalar del saco. Otra vez Adrien.

—Ya le dijiste algo de mí. ¡Ese era el trato! —comentó un poco huraño.

—Tranquilo, pareces nuevo en esto. Primero lo vas trabajando si quieres buenos resultados, bro. —contesté acomodándome el uniforme. —Hoy le comenzaré a hablar un poco para que te voltee a ver, pero tú también deberías hacer algo.

—¿Cómo qué? —me dijo un extrañado y sorprendido.

—Yo que sé, interesarte en lo que a ella le guste… ¡Ya sé! —fue como si la respuesta me golpeara en el rostro. —Visítala en el edificio de las artes.

—¡¿Qué?! ¡Claro que no! Jamás haría algo como eso.

—Eres un tonto. Entonces no te gusta tanto. —comenté más decepcionada de él. —Algo como romper con las estupideces que salen de la mente de tontos que creen que el arte es un estigma, sin duda es nada comparado a ganar el favor de una bella dama.

—Eso sería la muerte social. —comentó asustado.

—Adrien, no tienes mucha vida social. Si no fuera por Iván y Kim, estarías encerrado en la habitación todo el día. Así que no tienes que perder… pero si mucho por ganar.

Por su mirada, parecía estupefacto por lo que le dije, pero era la verdad, era algo tan sencillo como ir a un edificio y demostrarle a la chica que no le importaba lo que dijeran de él, siempre y cuando estuviera cerca de ella. Una versión algo resumida de atravesar un océano de fuego para acercarte a la persona amada.

En vista de mi nula actividad amorosa, al menos me dedicaría a hacer que las personas que están a mí alrededor hagan algo para que no estén tan solos como yo. Sin duda, sería la Emma de mi propia historia, aunque yo si se hacer buenos shippings, lástima que no tengo un Mr. Knightley que me corrija, que me conozca y me ayude a ser alguien mejor, no por él, no por la sociedad… sino por mí misma.

Tal vez solo tengo estándares muy altos….

¡No! ¡No Marinette! Esas características están bien, para encontrar una perla, debes buscar dentro de muchas almejas en un vasto mar. Para encontrar a un buen hombre, debes saber buscar.

Seguí con mi rutina, comí con ellas y reí aún más. Los demás no lo veían como algo raro, al contrario, esperaban ver si mi técnica funcionaba con la chica más linda del campus, aunque no había técnica. Sólo era yo, haciendo lo que más me gustaba hacer: pasar un buen tiempo y procurar que a mi alrededor pasé lo mismo.

Me pidieron que las ayudara en el club, a lo que acepté. Cuando las clases terminaron, estaba por irme con Allegra, pero la profesora me llamó. Le pedí a mi acompañante que se adelantara, pues no sabía cuánto tardaría.

No era nada grave, sólo quería preguntarme por el ensayo que había hecho en su materia. Principalmente era una felicitación por los puntos de vista que escribí y me pidió que se lo prestara para que los de otros cursos pudieran escucharlo.

No soy buena escribiendo, de hecho soy bastante mala. Sin embargo, estaba tan inmersa en mi charla con Chat que puse lo primero que se me cruzó por la cabeza. Acepte la propuesta de la profesora, eso serviría para ablandar la mal vista imagen de Marion ante los demás maestros. Me dirigí al edificio de las artes con varias interrupciones por parte de los chicos que creían que al estar en ese lugar, era como pescar en una pecera y todas las chicas estarían conmigo. No me molesté en darles más cuerda y solo acepte sus afirmaciones.

Crucé el primer piso cuando el agradable aroma a caramelo inundó mi olfato… alguien estaba por hacer un postre. Guiada por mis sentidos, fui hasta el club de repostería. Entreabrí la puerta para saber qué es lo que ocurría en su interior, aunque con el aroma lo supe de inmediato: se les estaba quemando la preparación. No sé si fue mi instinto pastelero, como lo llama mi padre, así que abrí la puerta y vacié el contenido de la cacerola a un plato tratando de evitar que la cocción continuara. Las chicas se sorprendieron al verme. Al parecer mi intromisión en ese edificio era un secreto para las otras chicas.

—L-lo siento. De verdad lamento haberme involucrado. Soy Marin- Marion —corregí ante mi error. —Soy Marion, siento haberlas asustado.

—No te preocupes, pero es raro ver a un chico en este edificio. —Me explicó una de las chicas.

—Vengo a ayudar a Felicia, del club de teatro y olí ese delicioso aroma a caramelo que me atrajo hasta acá. —contesté rápidamente. —Pero estaban a punto de hacer un caramelicidio, este podría ser una gran cubierta para un muffin y con un poco de helado sería perfecto.

—¿Sabes de repostería? —De entre las chicas salió Mylene Haprele, ese debía ser mi día de suerte. Podría hacer mi movimiento como cupido.

—Mi padre es repostero y le ayudo en el negocio. —volteé a ver los ingredientes y estaban por cometer grandes errores que harían enfermarlas. —¿Van a hacer muffins o cupcakes?

—Se supone que son cupcakes pero la profesora no vendrá hasta la otra semana, queríamos enseñarles a las nuevas pero aún nos falta un poco de experiencia. —Comunicó Mylene.

—Pues si no les molesta puedo ayudarlas, los cupcakes son mi fuerte.

Me quité el saco, me remangue la camisa, me puse un delantal y me lavé las manos. Si algo me gustaba era ayudar a papá, él es el único que no me hace sentir como un bicho raro, mi mamá se deja influenciar por mi familia y aunque no me exige nada, no deja de mencionarlo. Desde que era niña, estar con mi papá entre hornos, harina, miel, mermelada y mantequilla era lo más normal que ocurría en mi vida.

Poco a poco fui enseñándoles a las chicas sobre cómo debían cernir la harina, como debían medirla, la consistencia que debía tener la masa. Cosas tan sencillas para mí pero para ellas era algo nuevo. Las chicas se pusieron en grupos en cuatro mesas diferentes y así me coloqué en la mesa de enfrente para hacer mis propias creaciones. Cerramos los hornos con los panquecillos listos para cocerse mientras me dispuse a crear el fondant y pintarlo, tenía múltiples ideas.

Les enseñe a montar los adornos de los cupcakes, hicimos los más famosos en la pastelería: Flores.

Les enseñé a usar la duya y el glaseado. Estaban emocionadas por lo que habían creado. Sacaron sus teléfonos para tomar fotografías y subirlas a redes sociales, orgullosas de sus creaciones. Cuando me di cuenta que había faltado otra vez a mi reunión con las chicas de teatro. Me apresuré a lavar los trastes, cuando Mylene me dio las gracias y que ella se encargaría de limpiar todo, pues me habían quitado el tiempo.

—Oye Mylene, —comenté tratando de hacer mi movimiento. —¿Conoces a Ivan, del salón uno?

—S-si. Yo suelo verlo… a veces. —me contestó levemente ruborizada.

—Bueno, es que ví que son compañeros de laboratorio y no es como si los estuviera vigilando, pero creo que entre ustedes hay química y no me refiero a la materia. —dije en tono de interés por lo que ella se ruborizó más.

—N-no, es sólo que… a veces creo que me ignora y temo hablarle por qué me da un poco de miedo, se ve rudo y…

—¿No me digas que juzgas a un libro por la portada? —intervine rápidamente. —Ivan es como este cupcake, puede verse de un modo, pero en el interior es completamente distinto. —El cupcake que tomé estaba ligeramente quemado, pero por dentro era una perfecta creación. —La apariencia no define quien eres, el que sea un chico no implica que no me guste hornear. Tal vez, sólo si tal vez yo hablara con él… ustedes tendrían un tiempo para conocerse mejor.

—¿P-podrías hacer eso?

—Por supuesto, somos amigos. —Extendí mi mano a lo que ella la tomó y afirmó. —Comienza a preparar lo que usaras ese día, tendrás una reunión muy linda con él.

Me disculpe con las demás chicas por dejar todo tan abruptamente y me dieron los cupcakes que yo había creado… no es que me alabara, pero me quedaron muy lindos.

Los metí en una cajita de cartón y subí para ir a buscar a Allegra y Felicia, cuando otra cosa me distrajo. Una tonada conocida, provenía de uno de los salones al otro extremo del club de teatro. Eché un vistazo pero no había nadie, solo un piano. Aunque aprendí a tocarlo, no había espacio en casa para uno. Me senté ante el instrumento y lo primero que vino a mi mente fue esa misma tonada, era una canción que Lila amaba, la tenía como alarma en su teléfono y de algún modo me llegó a llamar la atención.

Al dejar que mis dedos tocaran las teclas y las notas salieran del instrumento, me relajé.

No esperes más

Abrázame

Dame el valor para confiar,

Pues sé que tú me ayudarás,

Para creer en el poder del amor

Ni siquiera sé de donde había venido esa tonada, o más bien quien era el que hizo que la recordara. La canción habla de un romance que afectó mucho a una persona y tiene miedo de volver a amar, pero comienza a enamorarse de alguien más.

Ya no siento temor,

Estoy junto a ti

No debes temer

A este amor,

Sin embargo confía en la nueva persona pues vivió algo similar.

Sé que esta vez mi corazón

No volverá a cerrarse más

Pues sé que tú me ayudarás a

Creer en el poder del amor

Odio esa canción, de algún modo me hace sentir débil y si me siento débil, soy vulnerable. Aunque no sé por qué llegó a mi mente Chat…

—¿Eras tú quién cantaba?

Mierda…

La voz que usé para cantar era mi voz, la de Marinette… una voz aguda, de chica… ¡Pero soy un chico!

Afortunadamente me había levantado rápidamente del asiento y parecía que buscaba algo aunque… eso no era lo peor. La persona que me había preguntado no era otra más que Adrien. ¡¿Por qué demonios estaba en el edificio de las artes?!

Me quede congelada, por un segundo estaba asustada. ¿Cómo explicaría la canción, la voz y que todo eso viniera de mí?

—Pff, obvio no. Escuché la canción y vine a ver quién era, pero ya no había nadie. —dije en tono tranquilo, aunque por dentro estaba que me llevaban los mil demonios. —La voz era de chica, ¿qué estas insinuando?

—Nada. —la cara de Adrien me decía que no me había creído nada, pero que más podía hacer, me relajé tanto que sólo seguí la tonada. Aunque la verdadera pregunta era ¿quién era quien interpretó primero esa canción?

—¿Qué estás haciendo aquí? —Recordé que no era "normal" que un chico estuviera en el edificio. —No se suponía que temías por tu vida social y blah, blah blah.

—Pensé en lo que dijiste. Si en verdad quiero que Felicia me noté, debo hacerme notar, estar en este edificio no me hace un anormal, anormales todos los que creen que las artes son algo sólo para un género.

Estaba sumamente sorprendida. Era la primera frase coherente que había escuchado proveniente de un hombre de esa escuela. Sentí que la mandíbula se me cayó de la incredulidad.

—¡Oye! —se molestó cuando le di un golpe en el brazo.

—Quería probar que fueras real. Eso es muy bueno, Gru- Adrien, si Adrien. —estaba por decirle Grumpy Cat. —¿Quieres un cupcake?

Le ofrecí uno de los pastelillos que había horneado. Se negó al principio pero cuando le retiré la caja, optó por tomar uno. Le dio una mordida y parecía sorprendido por el sabor, aunque su gesto era bueno no parecía que le hubiera disgustado.

Me pidió que lo llevara al club de teatro pues no tenía ni la más remota idea de dónde estaba. Le comente que había un directorio en la entrada del edificio. Pero no le negué la ayuda, nos dirigimos al salón donde se reunían las chicas aunque para mi mala suerte ya se estaban retirando.

—Lo siento, lo lamento, perdón. —me disculpé con las chicas, otra vez les había quedado mal.

—No te preocupes, te vimos que estabas dando clases con las chicas de repostería y no quisimos intervenir. Aunque si quiero lo que hayas horneado, olía delicioso. —comentó Felicia, por lo que rápidamente le extendí la caja con los cupcakes, admiró la forma que tenían y tomó uno, también le ofrecía a Allegra quien inmediatamente tomó otro y le dio una mordida.

—¿Podemos saber qué hace Adrien en este edificio "maldito"? —dijo Allegra mientras lamía el betún del cupcake.

Felicia volteó a ver a Adrien extrañada, al parecer estaba sorprendida al ver a un chico en el edificio o tal vez no sabía quién era. Aunque recordé que pasaron un año en la misma clase, pero Adrien no es de los que quieran llamar la atención.

Intervine para decir que habíamos charlado sobre la importancia de la actuación y que no es fingir, más bien es tomar una personalidad diferente. Un personaje tiene una psicología, un motivo y si quieres representarlo bien, debes adentrarte en alguien totalmente ajeno a ti.

Adrien solo aceptó todo lo que dije, las sabias palabras de mi hermano siempre me sacaban de problemas.

Felicia sonrió y le dijo que podría entrar a uno de los ensayos. Aun no se ponían de acuerdo en la obra pero le gustaría tenerlo como espectador. Adrien sólo sonrió, ni siquiera contestó afirmativamente, volví a intervenir por él sólo para aceptar la propuesta.

Salimos del edificio y después de ir a comprar algo para comer, Adrien y yo volvimos a nuestro dormitorio.

—Eres un tonto. —dije una vez que estábamos dentro. —Felicia te ofreció una cita y lo único que hiciste fue sonreír como un tarado.

—Me pongo nervioso. —admitió. —No soy de los que van y buscan a la chica.

—Eres de los que esperan que lleguen a ti. —desenvolví el sándwich de pollo y le di una mordida. —sé que no eres bueno pero si tus padres son famosos quiere decir que eres bueno relacionándote.

—No es lo mismo. En las reuniones de negocios todo se centra en encontrar buenos contactos. Casi todos los chicos o chicas que se me acercan quieren tenerme como "amigo", para que sus padres o ellos mismos lleguen a mis padres.

No lo había visto de ese modo. Él se movía en un ambiente similar al de Chloé. Mi amiga debía estar con personas que eran hijos de algún político o empresario. Casi siempre debía entablar "amistades" con ellos, aunque no los tolerara. Por eso se sentía libre cuando estaba con nosotros. Podía dejar de ser "Chloé Alexandra Evangeline Burgeois, hija del Alcalde de París" y ser sólo Chloé.

—Debe ser complicado. —afirmé mientras comencé a sacar algunos de los libros de mi mochila para hacer los deberes.

—No sabes cuánto. —suspiró Adrien pesadamente.

Me contó que varias modelos juveniles, artistas o hijas de empresarios trataron de acercarse a él, sólo por ser hijo de Gabriel y Charlotte Agreste. Él se veía obligado a salir con ellas, pero las chicas querían ser modelos de algún diseño realizado por los Agreste, jamás se detuvieron a pensar si él estaba cómodo con ellas.

—Todos quieren favores, para todos soy un camino que los llevara a "la pareja Agreste". Sé que soy patético por quejarme, pero por una vez, quiero ganar algo a cambio… y tú serás el primero.

—¡¿Qué?!

—Si Marion. —era la primera vez que me llamaba por mi nombre… bueno por el nombre de mi hermano. —Yo le mostraré tu portafolio de diseños a mi padre, sin necesidad que busqué algún becario.

—¿Harías eso? —estaba tan emocionada que casi me pongo a bailar sobre la cama.

—A cambio que me consigas una cita con Felicia.

—¡Olvídalo! Puedo ser bueno pero no hago milagros.

—Por favor, sería perfecto. Por como manejaste la situación, tienes mucha práctica en esto. Sólo necesito una oportunidad, tú serás mi camino para llegar a ella. —dijo sentándose en su cama.

—No lo sé. Trataré de hablarle de ti, pero no prometo nada. Esto de jugar con sentimientos ajenos no es lo mío.

Debí morderme la lengua cuando dije eso. Le ayudaré. No porque le vaya a dar mis diseños a su padre, sólo porque me empezó a caer bien.

Adrien me siguió platicando que por eso eligió ese Colegio. Él antes vivía en Paris, pero como era algo común que sus "amigos" fueran a su casa para encontrarse "casualmente" con sus padres, lo tenían cansado. Se puso a investigar y se matriculó en ese internado por la fama que tenía de ser tan cuadrado y la aversión contra el arte. Al final, el diseño también es arte, por lo que sabría que el "ataque" provendría de una chica, sabría de quien cuidarse y sólo aceptaría a quien fuera de su agrado. Aunque eso aún no pasaba, pues prefería no hablar para que nadie lo tomara con la guardia baja.

—O sea que te hiciste un introvertido para que no te lastimaran. —exclamé algo sorprendida.

—¡A mí nadie me lastima! Soy un chico, cosas como esas no me afectan. —Adrien me contestó como tratando de mostrar su machismo, pero eso no funcionaba cuando la verdad era obvia.

—Ok, ok. Me retracto. Si alguien te las- es decir, si alguien te fastidio no quiere decir que todos son iguales.

—Tengo a uno frente a mí.

Yo era un caso distinto.

—Yo quise ser tu amigo antes de saber que eras un Agreste. Pero entraste en tus cinco minutos de "no me hables porque ya sé que me vas a utilizar". —Desvió la mirada, sabía que tenía razón. Traté de llevarme bien con él, para que luego pudiera llevarse bien con mi hermano, pero no. Era un tonto.

—Ok, si ya lo entendí. ¿Me ayudarás?

—Hecho, con o sin que presentes mi portafolio, trataré que te acerques a Felicia.

Gritó emocionado, por la ayuda que le daría. Estaba comenzado a retractarme de lo que había dicho. No lo usaría para llegar a sus padres. Llegaré a sus padres por mi talento, sólo por eso; si no alcanzo mi meta al menos seguiré aprendiendo y lo volveré a intentar.

Salió a darse una ducha antes que comenzara el toque de queda. Cerré la puerta con llave para que Tikki saliera libre un rato, la pobre necesitaba espacio y abrir sus alitas.

—¿Estas segura? —me preguntó Tikki quien había estado en mi mochila.

—Trataré, no aseguro nada. Sé que Adrien no es del tipo de Felicia, pero no me involucraré. Pondré la mesa, si ellos se sientan a comer, será cosa suya.

La noche siguió su rumbo. Terminamos los deberes y apagamos las luces cerca de la media noche. Él parecía estar dormido. Salí levemente de mi cama, acomode las almohadas y me escabullí hasta la azotea.

Rápidamente me transforme para ir a patrullar un rato. Debía formarme esa costumbre a toda costa.

Mientras patrullaba la ciudad, me perdía en cada uno de mis pensamientos, resonando como fuertes y sonoras campanadas; de ese modo no podía hacerme cargo de mis labores como heroína.

De pronto, el ruido de balas fue lo que me sacó de esos pensamientos. Nada similar en Aubergenville había ocurrido desde que llegué; quizá fueran fuegos artificiales… hubiera deseado que así fuera.

Eran un cuarteto de hombres armados hasta los dientes, quienes trataban de atracar el banco principal de la ciudad. Habían herido a uno de los dos guardias y el otro trataba de defenderse, aunque una simple pistola no creía que fuera suficiente para amedrentar a varias escopetas, metralletas y automáticas.

¡Con lo que odio las armas! Si los hombres en verdad quieren hacer mella a su "valor como hombres" que lo hagan a los puños, así si vale una pelea. Cualquiera puede jalar un gatillo, pero no cualquiera es capaz de dejar a su contrincante tirado en el suelo sollozando como bebé.

Ok… ¡ahí iba!

Rápidamente llame a mi "Lucky charm" es un tipo de encantamiento que hace a mi yoyo transformarse en cualquier cosa, lo que sea que se me venga a la cabeza mi yoyo tomara esa forma y será 100% funcional.

Se convirtieron en una clase de espada con cadena, si ellos iban a jugar sucio, no había honor en enfrentarme en idiotas como ellos.

Lancé la cadena para atrapar sus armas y a la par cortarlas con la guadaña, se asustaron al ver eso, por lo que opté permanecer en las sombras así las cámaras de seguridad tampoco me verían. Otro de los tipos sacó una automática a la par de una bomba cegadora, de ese modo mataban dos pájaros de un tiro: me dejaban inútil de la vista y a ellos les permitía saber quién y de donde venía el ataque.

Para su mala fortuna, no funcionó. Mi antifaz no sólo escondía mi identidad, también era útil para luces extremas, fueran altas o bajas. No me detuve y llamé a mi arma para volver a solicitar un Luckycharm. Esta vez convertí mi yoyo en espadas gemelas; en palabras de Marion, soy Marinette "navajas locas", pues me llevó bien con toda clase de cuchillos. Marion es el experto en armas de fuego y estrategia lo mío es cortar.

Ágilmente usé las espadas para cortar sus escopetas, haciendo que estas les explotaran en las manos. Debía desarmarlos por completo o terminarían hiriéndome. Mi traje me protege, es casi como una armadura pero aun así las lesiones tardarían en curarse.

Estaban desesperados, sabían que perderían. Le pedí al policía del banco que hacia rato se había escondido en una esquina, que llamara refuerzos y una ambulancia para su compañero. Me pregunto qué clase de "cosa" era yo, a lo que le contesté que una amiga a quien no le gustan los tipos malos.

Ellos siguieron sacando su arsenal, contra mí. Era inútil. Estaba por golpear al tipo que parecía el líder, cuando algo me empujó haciendo resbalar por el lustroso suelo. Otro disparo detonó, era el policía "herido", al parecer era parte de los ladrones y lo hirieron para hacerlo parecer un robo X, aun cuando tuvieron ayuda interna.

—¿Acaso querías la diversión para ti sola? — Quien me había empujado fue Chat, de no haberlo hecho el tipo me hubiera disparado en la nuca y ahí no tengo protección.

—No, claro que no. Esto a penas se está poniendo interesante. —contesté levantándome rápidamente del suelo.

Chat llamó el "Cataclismo", su poder de destrucción, haciendo que luces verdes y negras salieran de sus guantes. Con un solo toque lo que los tipos llevaban en sus mochilas pasó a convertirse en polvo, con ayuda de su bastón les daba golpes certeros para dejarlos inmóviles. Aunque los ladrones eran tres veces de nuestro tamaño fueron fáciles de vencer. Hicimos tan buena mancuerna que solo bastaba una mirada o un llamado para adivinar lo que el otro necesitaba y ayudarlo en ese instante. Era una clase de compenetración máxima que ni en años de entrenamiento con Marion había logrado obtener.

Chat sabía lo que pensaba y yo sabía lo que el quería.

Entre acrobacias, golpes, barridas, y al último un knock out. Terminamos con todos ellos, incluyendo al policía, su otro compañero seguía asustado en un rincón.

Al momento arribaron las patrullas, rodeando el edificio. Con su megáfono nos advirtieron que saliéramos con las manos en alto. Salimos de modo tranquilo avisando que no éramos los malos. Supongo que era difícil y complicado de entender que adolescentes estuvieran combatiendo el crimen y salieran ilesos.

Comenté que quería hablar con el sargento a cargo, era un hombre mayor un poco temeroso. Le pedí que se acercara y le dije el código que me habían obligado a aprenderme desde que era Ladybug: Operación Miraculous. El sargento me hizo una reverencia y les ordenó a otros que revisaran el área, pues lo tipos debían tener ayuda para escapar. Todos los policías bajaron sus armas y comenzaron a moverse.

—¿Qué le dijiste? —Me preguntó Chat al acercarse.

—Nuestra carta de presentación. Es algo así como carta abierta a cualquier cosa de índole jurídica o penal que queremos. —contesté.

—Señorita, gracias por su ayuda. —intervino el sargento. —Desde la academia de policía, nos hacen aprendernos ese código pero jamás creí que me toparía a uno y menos a ambos de los representantes más fuertes de la ley. Es un verdadero honor: Sargento Collins, a sus órdenes.

—Gracias por su arduo trabajo, supongo que podemos dejar las cosas en sus manos. El policía herido era compañero de los ladrones, deberían ir con cuidado. —aconsejé.

—Así será.

Me despedí y saqué mi yoyo para deslizarme, Chat hizo algo similar con su bastón. Le expliqué que desde hace muchos años Ladybug y Chat Noir, ha ayudado a la policía y diversas organizaciones para mantener la tranquilidad en las ciudades. Aunque solo ser dos, no hace fácil el trabajo en un mundo de siete billones de personas más.

—Eso fue… ¡Asombroso! Jamás había peleado en mi vida, y con lo bien que nos apoyamos, Mi Lady, parecía que lo hubiéramos hecho por años…

—En teoría si. —Me reí. —Seis mil años juntos debían servir de algo ¿No lo crees? —Le dí una palmada en el hombro y él se quejó. Vi como un líquido comenzaba a bañar su brazo, —Te hirieron.

—No es nada. Sólo fue un roce.

Fue la bala, la bala que el bloqueó le había tocado a él. Casi me lancé para revisar que tan mal estaba pero parecía sólo un leve roce, supongo que el daño fue bloqueado por su traje.

—Perdón, por favor perdón ¡Debí haber sido más cuidadosa!

—Fue mi decisión, son mis consecuencias. No cargues con las culpas de otros. —Me dijo tomándome del rostro con su mano ilesa. —Ve a casa, yo haré lo mismo.

—Pero Chat…

—Olvidas hacer algo, mi lady.

—No, no creo… —me quedé pensando un rato.

—Miraculous…. —me miró como si tratara que yo terminara la frase.

—¡Es cierto! Lo siento. —Lancé mi yoyo y grité con todas mis fuerzas —¡Miraculous Ladybug!

Una luz rosadas centelleante, bañó la ciudad y con ella se llevó la herida de Chat. Me comentó que se sentía un poco entumecido, pero por lo demás estaba bien. Comencé a sentirme más cansada, supongo que el uso de la magia me hacía más débil. Las piernas me fallaron y caí en el suelo. Era hora de la retirada.

—Buen trabajo, Buginette. —Sonrió mi compañero.

—Gracias, Chat. No sé que hubiera pasado si no hubieras llegado a tiempo.

—Somos uno solo, ¿lo olvidas? Un todo, tú me complementas y yo lo hago contigo, es un placer formar parte de ti.

De un salto se desvaneció, y sus palabras me habían dejado un poco más afectada de lo que creí… Eso parecía una declaración.

¿Por qué mi corazón latía así?


¿Saben?

De esta historia ruego a que ya lleguen las "próximas noches" la del viernes, domingo y lunes... uy estan buenerrimas.

Más la del viernes y lunes... oh sip, la tía Hanna se esta muriendo de la desesperacion para saber las reacciones que tendrán, mis amados/as sobrinos/as.

¿Ya les conté que en el capítulo especial les tendré una sorpresita?

Una linda sorpresa. No se olviden de votar, dejar su sensual comentario, además si pudieran recomendarla con sus conocidos, amigos, enemigos, peor es nada, crush... a quien ustedes quieran.

Tía Hanna dice "BYE, BYE"