¡Al fin era viernes!
Ya había pasado una semana en esa escuela y seguía sorprendida de mi poder de adaptación. Al día siguiente tomaría el primer autobús a Paris y regresaría hasta el domingo en la tarde, solo para esperar unos días para presentar mi diseño a la pareja Agreste. No sabía cuanto tardaría en llegar Marion pero esperaba que no demorara más de otra semana. Creo que estaba comenzando a querer a algunos de los compañeros de Marion.
Allegra y Felicia habían sido un gran apoyo para mí. Me hicieron confiar de nuevo en las personas, fuera de mi círculo de amigos. Adrien era una historia diferente, me llegó a caer mejor de lo que esperaba. Su vida debía ser compleja, pesada y trataba de sobrellevarla lo mejor que podía.
Aunque mi verdadero descubrimiento era Chat Noir. Me ayudó bastante la noche anterior. Sin conocernos hicimos una dupla envidiable, era como si conociéramos el movimiento que haría el otro, la forma de pensar… bueno, todo. Supongo que es la unión de los amigos "originales" y por eso se nos hizo tan fácil.
Me agrada hablar con él, siento que es tan maduro. Siempre tiene una frase que me ayuda, que de algún modo me hace sentir mejor. Supongo que al vivir lo mismo sabemos la carga que llevamos, aunque es distinto a Marion, no lo sé.
La verdad no sé qué haré cuando regrese a París. Él se va a quedar aquí, en Aubergenville. Si ocurre algo como lo de la noche anterior, estaría por mi cuenta. Tampoco podía quedarme esperando a que él siempre me ayudara… ¡Ay, ya no quería pensar! Por eso no me gusta estar en silencio, siempre tengo ideas raras.
Hice a un lado mis pensamientos. Adrien se había ido temprano por una práctica matutina de esgrima, por lo que me dio tiempo de dejar libre a Tikki y prepararme para las clases.
A la primera hora tenía laboratorio. Por lo que fui a comprarme el desayuno y me dirigí hacia allá. Era casi uno de los primeros en llegar. Dejé mi mochila, tomé una bata y seguí mordiendo mi emparedado.
Mylene llegó unos minutos después. Me solicitó que diera alguna otra clase, pero me tuve que excusar pues el día anterior las chicas de teatro me pidieron que las ayudara. Se puso un poco triste pero cambió de tema para pedirme hablar con Ivan, había pensado lo que le dije la tarde anterior y quería darse una oportunidad. Obvio, me sentí sumamente feliz, tenía una buena mano en esto de hacerla de Cupido. Asentí y le comenté que sería un gran lugar alguna cafetería y luego una película, nada romántico. Estaban exhibiendo una de súper héroes y era una buena opción. A ella le agradó la idea y se retiró a su mesa.
—¡Dupain! —Escuché una grave voz que hizo que me ahogara con mi desayuno.
"Hablando del rey de Roma y el grandote que se asoma"
Ivan era quien "delicadamente" había llamado mi atención. Con una señal me solicitó salir a hablar con él.
Me tomó del cuello de la camisa y me empujó contra la pared para luego elevarme a su altura… una gran diferencia de treinta centímetros.
—¡No me importa quien seas! ¡Alejate de Mylene! Ella no es como las chicas a quien estas acostumbrado. —gritó Ivan.
Eso, evidentemente eran celos. Lo que era bueno, bastante.
Tranquilamente lo miré a los ojos, como si sus enormes manos no estuvieran tratando de ahorcarme.
—A ver grandote, te estoy ayudando y no aprecias el apoyo entre amigos.
—¡¿A qué te refieres?!
Le platiqué someramente lo que pasó el día anterior. Aunque dudó un poco, aparentemente creyó mis palabras.
—Entonces ¿qué hago? —Me preguntó bajándome al suelo. Fue un milagro que no tratara de golpearme lo cual mi bello rostro agradecía.
—Duh, pues obvio. Vas a la entrada del edificio de las artes a las seis, la esperas y le pides que salgan a algún lado, invítala a un lugar tranquilo. Sé amable con ella y bueno, espera que la magia haga el resto. —le sugerí.
—¿Crees que me acepte?
—Por supuesto.
—Gracias Marion, no eres tan mal tipo.
—Lo sé.
Entramos al laboratorio que se había llenado a la mitad. Él se dirigió a su lugar, cerca de Mylene y se dedicaron a enviarse sonrisitas discretas y nerviosas. Amo esa parte del enamoramiento. Es como la fase de miel sobre hojuelas. Oh sip, Marinette emparejando a personas, es mil veces mejor que Emma.
No vi cuando Felicia entró al laboratorio. La saludé y al igual que yo, iba desayunando. Sin embargo la noté un poco… deprimida. Estaba bien el día anterior por lo que le pregunté el motivo. Como buena mujer la frase "nada" salió a colación. ¡Argh! Ahora entendía la frustración de los chicos cuando salemos con esa batea de babas. Si trataba de hacerla hablar se iba a cerrar más como almeja, por lo que la dejé desayunar.
Adrien entró unos minutos después, dio un saludo en voz alta a lo que los presentes respondimos y se sentó. Me tomó un tiempo darme cuenta las señales que me enviaba, trataba de hacerme saber nuestro trato, sobre hablarle bien de él a ella para conseguirles una cita.
Ok, Round 1.
—¿Si pregunto qué te pasa, no me contestaras "nada"? —cuestioné, tratando de sonar un poco más divertida.
—Problemas.
—Si no es indiscreción ¿Me contarías? Las penas cuando se platican disminuyen un poquito, o al menos no te alteran tanto. —dije mientras, le ofrecía una barra de cacahuate que compré para mi "tentempié" hasta el almuerzo, ella aceptó cortando un trocito.
—Es que, ayer hablé con mi papá. Me hizo recordar algunas cosas y bueno, me dio un "bajón". De algún modo me puso triste. —Sus ojos comenzaron a cristalizarse. Hice lo único que hacia cuando una de mis amigas se ponía así: abrazarla.
—Lo que sea que pasé, te apoyaré. ¿Está bien?
Cinco segundos después, recordé que yo… "era un chico". Tal vez mi mente enferma, me hizo imaginar, cómo se vería un chico abrazando a una chica, o tal vez eran demasiados mangas y animes románticos. La solté abruptamente. ¿Qué demonios estaba haciendo?
Para mi buena fortuna, apareció la profesora. Jamás había bendecido que llegara algún profesor. Nos puso a trabajar en un proyecto, teníamos hasta el fin de la clase para entregarlo.
Estaba sumamente nerviosa por lo que me dediqué a hacer mi parte e ignorar ligeramente a Felicia. ¡Demonios! Extrañaba ser una chica, si volviera a ser Marinette, todo sería más fácil.
—Si no te molesta, quien me puso de este humor fue un chico.
Interrumpió el silencio que había reinado entre nosotros. Soltó un suspiro que sonó tan pesado y doliente que también me hirió. ¿Qué clase de monstruo le haría daño a una niña tan dulce como es Felicia?
—Dime quien es y lo mataré.
Nadie dañaba a mis amigas. Le rompería la nariz como lo hice con el estúpido de Claude, es más, tenía tanta ira contenida desde que llegué a esa escuela que le rompería la pierna. Tal vez hasta un brazo.
—Oh, no te preocupes, tu fama de buscapleitos es tu carta de presentación, pero este tipo no vale la pena. Es sólo que él estuvo en mi vida cuando esta iba en picada.
Recordé que Kim e Ivan mencionaron que salía con un tipo y la había cortado bastante feo. Tal vez aun le dolía que la hubieran terminado.
—Bueno, ya sabes lo que dicen. No hay nada mejor que cucharitas de olvido con gotitas de otro amor. —Esa frase me la había dicho Marion cuando me planteó que botara a Claude. Supongo que entendía a Felicia. Yo acepté a un tipo horrible justo cuando mi vida estaba en una terrible espiral de locura. A veces nos dejábamos guiar por lo que parecía la luz al final de la densa obscuridad, pero sólo era una guía para seguir hundiéndonos más y más.
La frase, hizo que Felicia sonriera. Tuve el mismo gesto hacía unas semanas cuando mi hermano me la dijo.
—¿Por qué no tratas de salir con alguien? Mira a Adrien, es un gran chico.
La batalla continuaba… Round 2
Ambas volteamos a verlo y estaba por cometer el gran error cuando un vaso de precipitado hizo que su contenido ascendiera y se derramara en la mesa.
—Si, es lindo… pero no creo estar lista. Creo que no es momento para liarme con alguien. Además, Adrien es del tipo de chicos, que apuesto, también tiene ese lado machista de demostrar que soy algo de su propiedad. Además que quiero a alguien que me busque, que no importe donde… sea capaz de saber que formo parte de él.
Ella va a ser mi cuñada, lo sé. Mi corazón me lo dice. Marion no es machista, es un idiota, pero nada más, incluso fue a buscar a la chica que jura lo tiene enamorado, pero sólo porque no conoce a Felicia. Sé que ella lo hará caer.
—Bueno, por qué no salir como amigos.
—Nunca he tenido amigos… hombres.
—Oh, es fabuloso. Tengo dos amigos que darían la vida por mi y yo lo haría por ellos. Son un amante de la música y otro de la pintura y las artes...
—Bueno, es distinto. Tú eres chico y es fácil tener a otros chicos como tus amigos.
Mierda. Es cierto… soy Marion. Ok, veamos el otro lado.
—Pero tengo amigas. Con ellas jamás intentaría algo, las quiero tanto como si fueran mis hermanas y me tratan igual. —dije pensando en el trío de locas que tengo por amigas. Son, sin duda lo más parecido a mis hermanas. Una hermana mayor siempre me hizo falta.
—Creo que la única amiga con la que me siento así es con Allegra. —contestó Felicia. —Soy hija única y mis padres siempre me protegían… demasiado.
—Oh, de verdad. ¿Eres hija única? Tengo un tont-tonta, si tonta por hermana.
—Debe ser una chica muy afortunada por tenerte como hermano.
—Si, lo es.
Marion había sido mi ancla, si había llegado a ese punto era sólo por él. Desde que era niña me planté que mi hermano debía ser feliz por el sencillo hecho de ser mi hermanito. Ya era suficiente por ser atormentados por nuestra familia como para que yo lo molestara. Por eso participaba en cualquier locura que se le ocurría, como esa.
Tal vez es por qué compartimos mucho tiempo en el vientre de mamá y por el hecho de ser estigmatizados en la familia. Al tener la misma edad compartimos estupideces, muy divertidas. Mis mejores recuerdos de la infancia siempre tenían que ver con mi hermano, supongo que por eso me preocupo por él. Sé que tiene edad suficiente para enfrentar las consecuencias de sus actos pero no puedo dejar de verlo como el niño llorón que experimentaba mucho dolor con los entrenamientos.
Marion debía volver, tenía que hacerlo…
Ahí me di cuenta de mi egoísmo. Sólo quería a mi hermano conmigo para no estar sola. Entre mis amigos y mi hermano me construí una barrera para que cada que estuviera lastimada corriera a ocultarme detrás de ellos.
Probablemente lo mejor era seguir con esto al menos esta semana y si es posible ir a buscarlo yo misma. Necesito saber si encontró a Kitty Noir, si lo hizo… ayudaré para que se quede en Nueva York, soy la única que debe cortar la unión enferma con todos los que me rodean. Un tiempo a solas, me hará bien…
—¿Marion?
La voz de Felicia me trajo a la realidad. Me disculpé con ella por haberme perdido en mi mente pero le dije lo importante que era mi hermana para mí, al tener la misma edad nos hacía unidos pero también nos distanciaba nuestro género, la etiqueta "para niños" y "para niñas" hizo que nos trataran diferente, sólo quería que nos trataran como personas, supongo que es lo único a lo que aspiraba.
—¿Cómo se llama tu hermana?
—Marinette.
—¡Quiero conocerla! ¿También le gusta el teatro? Apuesto que debe ser una adoración.
—Ehm… pues algo así. —Contesté dudando un poco de mí. Lo sé, no soy exactamente miel sobre hojuelas, estoy bastante loca y a veces se me va la hebra. Supongo que ella esperaba a alguien tan linda como Allegra o ella misma. —Pero bueno, ya te dije mucho de mi… creo que ahora te toca a ti contarme.
Durante nuestros almuerzos, les conté sobre mis padres, algunas anécdotas; ya era hora que dejara de hablar de mí y me contara de ella.
Ojala no lo hubiera hecho.
Me dijo que vivía con sus padres en Marsella. Su padre era técnico en sistemas computacionales y daba mantenimiento a las redes de una Empresa, que estaban alrededor de Francia. Su mamá, murió cuando Felicia tenía diez años, al parecer tenía una enfermedad en el corazón; ella lo sabía y aun cuando los médicos le prohibieron embarazarse, pues es obvio que desacató las ordenes sino, no tuviera a la niña bonita delante de mí.
Al parecer la señora sufrió mucho, aun después del parto. Por lo que se quedó en el hogar atendiéndola y descansando para calmar los síntomas de su arritmia. Ella quería ir a jugar pero su madre no podía acompañarla, así que lo más lejos que podía ir, era el pequeño patio que había en su casa.
Cuando el corazón de su mamá ya no pudo más, dejó este mundo. Su papá volcó todas sus atenciones para con ella, por lo que cambio mucho de escuelas, pues se la llevaba a todas las filiales de su trabajo por todo el país. Cuando terminó la escuela media, optó por entrar a un internado; así su padre sabría que estaría bien pues tendría una habitación, comida, educación y así su papá no se preocuparía por ella.
Sin embargo, la preocupación siempre estaba latente. Le llamaba por Skype a las diez de la noche, todos los días sin excepción. Hasta que a mediados del año pasado, el corazón de Felicia también comenzó a fallar, le dijeron que tal vez no llegaría a los veintiún años…
—¡¿Qué?! —exclamé sorprendida, levantándome de mi asiento. —No, no puede ser. Hay, hay muchos avances médicos, no puedes…
—Tranquilo. —Me tomó del brazo y me indico que regresara a mi lugar. —Mi primera impresión fue similar.
—¿Cómo puedes estar tan tranquila?
Me calmó y mientras seguíamos con el experimento que nos había dejado la profesora continuo explicándome que los médicos detectaron una falla similar a la de su mamá, pero había un porcentaje de que pudiera sobrepasar esa esperanza de vida tan mínima.
Estaba desesperada por ese diagnóstico. Ni Allegra podía sacarla de ese estupor; había descubierto lo divertido que era el teatro y tal vez nunca podría aspirar a intentar llegar a las grandes ligas. Ahí fue cuando apareció el tipo ese. Le habló bonito, se dejó envolver por su palabrería salamera, la hacía sentir bien mientras vivía por algo tan horrible como una enfermedad cardiaca y cedió.
Me recordó tanto a Claude.
—No lo voy a negar, me hizo sentir bien y me deje llevar… incluso ignoré a Allegra y a papá; es algo por lo que jamás me perdonaré. Después me enteré que había apostado con unos tipos de tercero que iba a pasarles un video de nosotros teniendo relaciones, el tan mencionado "pack", por eso me pedía fotografías en poca ropa, con poses sugerentes o de plano desnuda; como me daba mucha pena, jamás lo hice. El siguiente paso era grabarnos mientras teníamos intimidad, bueno grabarme a mi y chantajearme con ese video para que yo me acostara con esos tipos.
—Definitiva lo voy a matar.
¡Qué tipo tan asqueroso! ¿Existen hombres así? Me dan un asco… ¡Argh! Ella estaba pasando por un momento sumamente complicado, desesperanzador y doloroso… ¡Y esos tipos pensando en su propia lujuria y en fastidiar a una chica! Sentí como la sangre me hervía. Me acordé de lo que me pasó. Ese mismo sábado iría a buscar a Claude y le rompería todos los huesos, para vengarme y para sacar la ira que me hizo esta maldita anécdota.
—No te preocupes, te digo que ya no está. —comentó en tono conciliador.
—Es que a mí… a mi hermana le hicieron algo similar y me dieron ganas de ir a matar al estúpido que le hizo eso. Y luego ¿qué pasó con tu enfermedad y con el tipejo ese?
Ella no tenía el valor de ir a enfrentarlo y para que todo empeorara, se estaba debilitando más y más. Su padre se la llevó a buscar al mejor cardiólogo, cuando al fin lo hicieron, fue intervenida rápidamente. Fue un rotundo éxito, pero las terapias y consultas la dejaban exhausta.
—Mis calificaciones comenzaron a bajar y por más que hablé con la directora, me dijo que si me daba un trato especial, muchos solicitaría lo mismo. —me comentó mientras vertía uno de los químicos en un vaso de precipitado.
—Pero no fue tu culpa, no lo hacías a propósito, nadie se busca una enfermedad como esa, sólo para recibir un trato especial. No era tu culpa. —¡Qué clase de horrible lugar era ese! Ok, si estaba sumamente molesta.
—Pues me pareció lógico y no me resistí. Me enviaron al salón cuatro. Las clases siguen siendo las mismas sólo tengo una etiqueta diferente, seguiré dando mi mejor esfuerzo en cada paso pero esta vez, tengo una segunda oportunidad.
Sonó el timbre, terminamos el trabajo y ni siquiera me di cuenta por estar tan involucrada en el "chisme". Una vez que nos calificaron, tomé mis cosas y nos levantamos de nuestra mesa de trabajo mientras seguíamos platicando. Se acordó de ese "tipejo" por qué su padre le preguntó por él.
—Es cierto, ¿qué pasó con él? —pregunté doblando la bata y colocándola en el mueble.
—Oh, bueno. Cuando se enteró que estaba enferma y "defectuosa" me dijo que le daba asco y me terminó.
—¡Qué hijo de las re-mil putas! —expresé furiosa.
—¡Señor Dupain! —Gritó la profesora. —Este es un colegio, les damos cátedra para que no hablen como si estuviera en un bar de mala muerte.
—Lo siento. —Es que si estaba molesta. O sea, se involucró con ella, la lastimó, la humilló y luego la terminó por ser algo "defectuoso".
—Pasaron algunos días para darme cuenta, que yo tuve la culpa. Algo dentro de mí siempre me gritaba que él era un ser inmundo, pero en mi "necesidad" de atención: Acepté mierda como diamante. Un solo no y jamás me hubiera visto involucrada. Él es un idiota y jamás va a cambiar, pero yo… me suponía un ser racional. Le expliqué a papá, que termine con él cuando me enteré que estaba enferma, se puso muy contento con eso, aunque no lo conoció creo que su instinto paternal lo hizo saltar. Gracias Marion, tenías razón: Cuando compartes las penas, se hacen menos.
Nos despedimos y cada uno se fue a su aula. Si antes respetaba a Felicia, creo que ahora le haré un altar. Si, éramos similares pero ella era más valiente. Se enfrentó a una enfermedad que la llevó a una mala decisión. Yo me enfrenté a una mala circunstancia por culpa de mi familia materna y me llevó a una mala decisión. La diferencia era que Felicia siguió en la escuela, se enfrentó a todos con el rostro muy en alto orgullosa de su nueva oportunidad de vida, mientras yo me oculté de todos.
Cinco días aquí, lejos de todos, haciéndome valer por mí misma y creo que estaba haciendo una excelente retrospectiva para ver mis errores e iniciar mi nueva oportunidad.
—¿Por qué la abrazaste? —Adrien hizo que me sobresaltara.
—Recordó algo horrible, cuando yo tengo un mal día, también necesito un abrazo. —Comenté un poco desanimada. —Lo que me hace recordar. ¡Eres un cobarde! —Le golpeé el brazo tan duro que si soltó un grito de dolor —Ella estaba pasando por un mal momento y tú ni siquiera te le acercaste, necesitaba un amigo, un hombro para llorar y no hiciste nada.
—Eres un… me lastimé ese brazo. —Se pasó la mano dónde lo había golpeado. —¿De qué hablas?
—Si tanto te gusta, ¿cómo fue que no te diste cuenta por lo que estaba pasando? Sufriendo a manos de un patán imbécil y no fuiste lo suficientemente humano para defenderla. —Mientras hablaba lo seguí golpeando constantemente en el brazo.
—Deja de hacer eso. — Se cubrió con la mano donde lo había estado golpeando. —Si lo dices por su ex, claro que me di cuenta pero ella parecía que lo quería no podía interponerme, al final diría que no era de mi incumbencia.
También tenía un punto a favor.
Entramos a clases. Tomé notas sin entender el tema. Seguí pensando en lo que Felicia me había dicho.
Cuando juraba que estaba enamorada de Claude, no me despegaba de mi teléfono esperando cualquier mensaje que me enviara. Contesté varias veces de manera grosera a mis padres por interrumpirme cuando estaba con él al teléfono. Felicia dijo algo que me llegó: él era un imbécil pero yo era una tonta al haber aceptado a alguien que sólo me endulzara el oído pero no sentía nada por mí, aunque yo tampoco sentía nada por él. Era como una droga, entre mejor me hiciera sentir no era de mi interés si me lastimaba en el proceso.
¡Qué error tan grande había cometido! A veces confundimos una ligera depresión o un nuestra ínfima autoestima en "agradecimiento" a alguien por estar con nosotras, vuelvo a la analogía de la droga. Nos hace daño estar con esa persona, pero por un poco de "sentirse bien" y crecer nuestro ego, nos zambullimos en un océano de dolor, lástima, y autocompadecimiento. ¡Cuán difícil es ser un humano!
A veces lo que necesitamos es estar tiempo con la persona más importante: nosotros mismos.
—Marinette ¿estás bien?
El susurro de Tikki, me hizo recordar donde estaba. La clase estaba por terminar, la profesora estaba anotando la tarea, abrí un poco mi blazer para hacerle saber a mi kwami que estaba bien. No estaba sola, me tenía a mí y a mi kwami, que funciona como mi conciencia. Debía hacer un nuevo plan por todo lo que quería vivir y todo lo que estaba por acontecer.
La clase terminó y Allegra me dijo que almorzáramos juntos, le comenté que me adelantaría para apartar una mesa mientras ella iba por Felicia. Tenía que hacer que se olvidara del idiota ex novio que la lastimo.
Una vez en el comedor, elegí una mesa y fui a comprar el almuerzo. Necesitaba algo dulce para pasar el mal sabor de boca de la mañana. Cuando llevaba mi bandeja con algunos alimentos para las chicas y para mí. Felicia entró con un rostro que me asusto. Hasta donde la dejé estaba bien, me apresuré a la mesa indicándoles el lugar y ellas se reunieron conmigo.
—¿Qué pasó Felicia? —Dejé la bandeja en la mesa y le ofrecí un poco de jugo que había comprado para ella.
—Pareciera que todo está en mi contra. —comentó tomando la pajilla para introducirla en la cajita. —Mi ex novio va a venir.
—No importa. Ahora eres otra, puedes ponerlo en su lugar. Es más yo te ayudo. —Debía mostrarle mi apoyo, es más convencería a Adrien para que también lo hiciera.
—Tranquilo vaquero. Deberías estar feliz, tus amigos también van a estar aquí. —dijo Allegra mientras tomaba el otro jugo.
—¿Quienes?
—Mi ex, forma parte del equipo de esgrima de François-Dupont, tu estudiabas ahí; si mal no recuerdo.
Las palabras de Felicia hicieron que el estómago se me anudara. Tenía la ligera sospecha de algo, como cuando las piezas comienzan a encajar y no te está gustando la imagen que se va a formar.
—¿Cómo se llama tu ex? —pregunté ligeramente asustada.
—Claude.
Round 3… me estaban masacrando.
Me lleva la… ¡Esto era lo único que me faltaba! No sólo éramos amigas, ahora también compartimos al imbécil. Ya decía yo que la historia me sonaba tan familiar, demasiado. Claude me había hecho algo similar, porque ya lo había hecho con Felicia.
Round 4… creo que estoy sumamente golpeada.
Un momento… ¡El equipo de Esgrima de mi escuela iba a ir a Illirya! Se iban a dar cuenta que era yo, bueno, que era Marinette. Algunos de ellos eran grandes amigos de Claude pero otros eran conocidos de mi hermano y otros eran mis compañeros de clases. Se iban a dar cuenta, iban a saber que era un fraude y lo peor, el entrenador del equipo también me reconocería. Les diría a los profesores y ellos a mis padres, ni yo podría detenerlo.
La boca se me secó, sentí como si mi presión bajara abruptamente, un dolor oprimió mi pecho, un largo escalofrío recorrió mi espalda, las piernas me temblaban, la cabeza me daba vueltas. Tal vez ni siquiera tuviera oportunidad de ir a buscar a Marion. ¡Mis padres nos matarían a ambos!
¡¿Cómo demonios solucionaría todo eso?!
—Espero que estés con nosotras, esta tarde. Tengo el guion para la nueva obra y creo que distraernos en nuestro trabajo será lo mejor. —comentó Allegra extendiendo un poco la comida que había comprado. —Come algo, creo que estas un poco pálido.
—Si Marion, el guion está listo. Sé que no eres del club, pero apuesto que nos serás de ayuda para las nuevas integrantes. Hablaremos de un tema que apuesto te encantara.
—Sí, si claro. —balbuceé sin pensar en lo que acababa de decir. —Debo, debo ir a… a… hacer una llamada. Disculpen.
Salí tan rápido del lugar como pude, necesitaba respirar, necesitaba salir de ahí o me volvería loca.
Tikki me susurraba para que detuviera mi paso. Lo único que se me ocurrió fue ir al punto más alejado de la escuela, el cual era un jardín con algunos árboles que decoraban el entorno. Me trepé a uno sin pensarlo me quité el blazer, Tikki se escondió en la bolsa de mi camisa, hice bolita mi saco y grité con todas las fuerzas para acallar un poco el ruido y tan alto como mi garganta me lo permitió.
—¿Qué voy a hacer Tikki? Se van a dar cuenta, van a saber que soy yo, tendré problemas, tendremos problemas todos lo que me ayudaron y yo. ¡Qué demonios hice! —apenas si podía contener mi voz y mi respiración agitada no me ayudaba.
—Espera, tranquila, debemos pensar. —Tikki estaba tan asustada como yo. —Ok, ya sé. Aun puedes salir por las tardes. En cuanto acaben las clases, vete al centro comercial, ve a ver una película, luego a un restaurante, no sé creo que vi un centro Arcade, pierde el tiempo tanto como puedas. Regresa hasta antes del toque de queda. Si no estás aquí, ellos no te verán.
—Eres un genio, eres como un hada de los deseos. —Tomé entre mis manos a la pequeña criaturita roja y roce su mejilla con la mía. —Jamás me había sentido tan aliviada y agradecida contigo.
—Pregúntale a Adrien, él es del equipo, así sabrás la hora, el lugar del encuentro y más o menos cuando se irán. Así tendrás la información de primera mano. —Sonrió inteligentemente mi kwami, dándose aires de supremacía.
—Te compraré aquella figura de DRAMAtical Murder, es más te compraré dos… —susurré aliviada.
—La de Aoba sodomizado también quiero los nendos de Yuri! On Ice. —Dijo Tikki, puedo apostar que vi como dos corazones se formaban en sus ojos de la emoción.
—Sí, pídelo. Toma mi tarjeta, págalos.
—Oh, no te preocupes, no haría eso… además me llegan en Agosto, gracias por patrocinar las compras de esta adorable kwami. —sonrió la muy cínica que al parecer ya había hecho la compra… ¡con mi tarjeta!
Un poco más tranquila, volví al aula. Adrien fue el primero en entrar, le pregunté si sabía algo de ese dichoso encuentro de esgrima. Al parecer no lo sabía, por su cara de sorpresa, era la primera vez que escuchaba de eso, dejó su mochila y salió corriendo del aula…
Bueno, él no me fue de ayuda, pero tal vez mis contactos sí. Le mandé un mensaje a Chloé y a los chicos que me enviaran la información y por qué no me habían dicho antes. No obtuve respuesta, debían estar en Educación física o algo así.
El segundo descanso sonó, tenía hambre. Ahora que recuerdo no había comido, después de la noticia.
Cuando Adrien volvió, estaba sumamente molesto y se fue del mismo modo. Algo me decía que no le iban las cosas tan bien.
Allegra me dijo que no irían a almorzar, pues querían detallar algunas cosas en el auditorio antes de darles la bienvenida oficial a las nuevas integrantes. Me ofrecí a acompañarlas pero dijeron que era sorpresa y que me esperaban a las seis en punto. Esta vez si estarían sumamente molestas conmigo si no me presentaba.
Ok, soy un monstruo, no importaba cuantas veces me invitaran, siempre quedaba mal con ellas. Soy horrible. Tal vez, si pudiera ir a la presentación y ocultarme ahí… no lo sé. Debía pensarlo.
De pronto una notificación hizo que mi móvil vibrara, era una alerta de mensaje de Chloé, sólo decía: "No contestes a la siguiente llamada". Aun no terminaba de leer cuando mi teléfono sonó. Como mi amiga dijo, ignoré la llamada. Se repitió dos veces más y luego se detuvo. Inmediatamente llamé a mi amiga, pero un enlace de Skype llegó a mi teléfono por parte de ella, acepte la solicitud.
—¿Qué hay, Chloé? —saludé.
—No te vayas a enojar, cometí la estupidez más grande pero ya la estamos solucionando. —me rogó un poco desesperada, eso me asustó más. —Miss Bustier, fue a buscarte a tu casa para llevarte la tarea.
—No. —me llevé la mano a la boca tratando de contener mi aliento.
—Afortunadamente, Lila y yo fuimos en cuanto nos enteramos de eso. —Explicó —Como no estabas en casa, estaba por llamar a tus padres, pero le dije que estabas con una tía en Aubergenville, pues como Marion estaba allá y tú estabas enferma, optaron por enviarte cerca de tu hermano a quedarte aquí en París, sola.
—¡¿Por qué dijiste eso?! —grité desesperada. —Yo no tengo familia aquí y obvio Marion no está. ¡Ay Chloé! Va a venir ¿no es cierto?
—Sí, el equipo de esgrima irá para allá y ella se unirá para ir a ver a tu tía y verificar lo que dije. —Chloé estaba sumamente apenada.
—¡Qué demonios voy a hacer! Me va a buscar con Aubergenville y… ¡Argh!
Ese día estaba empeorando cada vez más. Claude era ex novio de Felicia, el equipo de mi colegio iría a Illirya y ahora mi asesora de grupo estaría buscándome para corroborar que no me había escapado de la escuela. Algo se quebró dentro de mí, ese viernes era una locura tras otra. Ya quería que terminara y apenas pasaba del medio día.
Regresaría a París, a mi casa y me haría pasar por enferma. Pero en cuanto ellos estuvieran en camino yo también. Buscaría por todas partes y llamaría a mis familiares que alertarían a mis padres.
—Tranquila, Mari. —Nath apareció en pantalla. —Yo si tengo una tía allá, ya le expliqué todo y es muy buena, ella te servirá como chivo expiatorio. Te acabo de enviar la dirección. En cuanto se acaben tus clases ve hacia allá, te estará esperando. La llamada que rechazaste era la de la profesora Bustier. Necesitábamos ponernos de acuerdo antes que ella se contactara contigo.
—Perdón Mari, creo que te metí en un grave problema. —Chloé estaba llorando, al menos ella hacia lo que yo tenía ganas de hacer.
—No, está bien.
Les pregunte por la hora en la que el equipo de esgrima saldría para Illirya, estarían allí a las cuatro de la tarde. Tenían un "encuentro amistoso" entre ambas escuelas, al parecer eran rivales.
—Escuché a Claude decir que obtendría triple venganza, me asusté porque allí estas tú y sabe que Marion está ahí. —explicó Nath. —Al parecer un tal Adrien siempre barre el piso cada vez que compiten y esta vez utilizara alguna trampa para que lo descalifiquen, la otra es que quiere humillar a una chica y la tercera es Marion. Debes tener mucho cuidado.
—Gracias chicos. —Dije sumamente perdida, ni siquiera tenía noción de lo que iba a hacer.
—Mari, perdóname. —Chloé era la más afectada, pero ya solucionaría todo. Siempre puedo solucionarlo.
—No te preocupes Chloé, saldré de esta.
Verifiqué el mensaje de Nath, me daba una dirección, un mapa y un teléfono, así como el nombre de su tía. Al parecer tenía un negocio de artesanías en la ciudad, marqué al número y me contestó una mujer, le dije que era amiga de Nath, me llamó por mi nombre y me dijo que me estaría esperando. Inmediatamente mi teléfono sonó, la voz de mi profesora sonó en la bocina. Le dije que estaba dormida y por eso no escuché las otras llamadas, le di la dirección de "mi tía" y que la estaría esperando ahí… oh sorpresa… ella llegaría a las cuatro y regresaría con los chicos de esgrima. Acepté.
Regresé al salón, tomé la última clase. Salí corriendo a mi habitación, tomé la bolsa con mi ropa que Lila me había dado e inmediatamente fui a buscar a la tía de Nath.
Estaba como a quince minutos a pie, desde el internado. De hecho estaba en el centro de la ciudad. Entré al local y pude ver las esculturas, eran hermosas. Supongo que el talento de Nath, venía de familia. Quien me saludó fue una mujer joven. Me presenté e inmediatamente me invitó a entrar.
Me explicó que era la prima de la madre de Nath. Él era su sobrino favorito y en cuanto le platicó mi situación, le gustó colaborar. El piso superior del local, era una serie de departamentos, ella vivía en uno. Colocó el letrero de "vuelvo en 20 min." Y me llevó a su departamento. Tenía una alcoba para huéspedes por lo que rápidamente la acomodamos como si yo llevara una semana viviendo con ella. Tramamos un plan, y cuando la hora estaba cerca, me dijo que tomara una ducha, además que me cambiara, pues seguía vistiendo el uniforme varonil del internado.
Le hice caso.
Mientras me duchaba, había olvidado lo lindo que era tomar un baño sin necesidad de estresarte por si alguien llegara a entrar y descubriera que era mujer. La tía de Nath, me dejó un pijama, se suponía que estaba enferma por lo que supongo que mi ropa no serviría. Ella bajaría de nuevo al local para esperar a mi profesora.
Exploré el lugar para familiarizarme un poco y que no me tomara por sorpresa, creo que vivía con alguien. Regresé a "mi habitación", me metí bajo las mantas y encendí el televisor. No pasaron ni dos minutos cuando escuché un golpecito en la puerta.
—Mari, tienes visitas. —La tía de Nath, entró a la habitación y me habló como si en verdad fuera mi tía. —Cariño, te dije que no encendieras la televisión, debes descansar más o tus padres se enojaran.
—Si tía, lo siento. —contesté un poco gangosa, para fingir mi enfermedad.
—Hola Marinette. —saludó mi profesora. —Cómo te dije en mi llamada, vine a dejarte algunos trabajos. No es que desconfié de tus compañeros pero… su fama de encubrir a Marion y a ti, los precede.
—No se preocupe.
—Chloé me dijo que tus padres estaban preocupados por dejarte sola y no podían viajar contigo. Mademoiselle Bonheur, ¿cuál es el parentesco que tiene con los Dupain-Cheng? —Mi profesora, creo que no se tragaba aun la historia.
—Soy prima de Tom. Mi madre es prima de la madre de Tom. Me explicaron que debían ir con urgencia a atender un problema con el tío abuelo de Sabi pero temían dejar a Marinette con este virus que al parecer lo tomó en Nueva York, como puede ver mi local está bajo nosotras, vengo cada hora para saber cómo esta Marinette y Marion viene por las tardes para cuidarla, al menos estos días; en unos cuantos ya no le permitirán salir del internado, pero esperemos que mi niña ya esté bien antes de eso.
—¿Dónde está Marion? Veo su uniforme, pero ¿él dónde está?
La pregunta de mi maestra me dejo helada. Olvidé quitar el blazer del respaldo de la silla.
—Fue a comprarme un medicamento. —Contesté rápidamente —Espero no tarde, aunque tal vez lo haga, al parecer está haciendo nuevas amistades en el internado y a veces se queda a platicar con ellos.
—¿Ha ido a revisiones médicas? —preguntó Miss Bustier a "mi tía".
—Sip, la han atendido en el hospital local. Indican que estará bien para la próxima semana, si seguimos el régimen de medicamentos, alimentos y mucho reposo.
La serie de preguntas continúo por los treinta minutos siguientes. Supongo que estaba buscando una falla en nuestras declaraciones, creo que mi profesora tenía tendencias de detective.
Solté un pesado bostezo, mi "tía" me dijo que me durmiera, pues debía descansar más. La indirecta fue captada por mi profesora, quien me dejó un par de libros y me envió un archivo de las actividades que debía hacer y un link para la nube de la clase. Le agradecí la visita y me envolví en las mantas, mientras "mi tía" la acompañó a la puerta.
Diez minutos después regresó, comentando que se le había olvidado algo. Yo seguía "durmiendo". Salió de la alcoba y esta vez ya no hubo regreso, todo indicaba que me había creído. Salté de la cama y acomodé el lugar tal como lo había encontrado. Tomé "mi uniforme" y lo metí en una bolsa.
—Eso estuvo cerca. —Abrió la puerta Lea, la tía de Nath. —Eso fue sumamente divertido. Ahora entiendo por qué Nath te quiere tanto, eres la chica que puede knockear a un elefante si se lo propone. Si llegara a volver a venir tu profesora, no lo permitiré la entrada, diré que estas en reposo y fueron órdenes del médico.
—Sólo a Nath se le pueden ocurrir estos planes. Aunque todo salió bien. Gracias Lea.
—¿Regresarás al internado? No es que me entrometa, pero algo me dice que están a un paso de darse cuenta, te puedo cubrir un poco pero definitivamente algo está por pasar.
—Lo sé. Sólo debo estar en Illirya hasta el jueves. Pero ahora tengo otro problema.
Le explique lo que estaba pasando en el internado, lo de Claude, Felicia y que si me presentaba como Marion, él se daría cuenta que era yo, Marinette.
—Pues preséntate como Marinette. Entra con la credencial de tu hermano y de pronto ¡Boom! Cambio físico a Marinette, te enfrentas a ese idiota, le das su merecido por ella y por ti. Puedes decirle a los chicos de Illirya que Marion tuvo que ir a París de urgencia por un asunto importante, y tú estabas aquí con "tu tía". Defiendes a Felicia, limpias tu honor, pones en su lugar a ese imbécil y ni Marion o tú tendrán problemas. Mientras a los chicos de François, diles que te escabulliste porque te enteraste que Claude estaría ahí y aun no habías dicho tu última palabra.
—¡Qué buena idea! Todos saldríamos ganando. —exclamé aliviada al toparme con la solución.
Me medio vestí como Marion, me escabulliría hasta el auditorio donde me cambiaría en algún lugar. Le agradecí la ayuda a Lea y regresé al Colegio, ese tipo no molestaría más a Felicia.
Mantuve el rostro bajo para que no notaran que no llevaba las cejas tupidas ni las patillas, me crucé de brazos para que tampoco notaran que no llevaba el torso y mucho menos la ropa interior con el bulto, era totalmente Marinette con el uniforme de Marion. Vi a algunas de las chicas del equipo de esgrima, llevaban ropa civil por lo que si aparecía ahí con mi ropa de Marinette, nadie se preguntaría por que no vestía el uniforme… eso estaba comenzando a mejorar.
Escuché de esas chicas que estaba por comenzar el encuentro varonil, el femenil casi terminaba. Lo que quería decir que Adrien y Claude estarían ocupados. Claude buscaría a Felicia en unos minutos y Adrien me había dejado la habitación libre para ir a dejar todo mi equipaje.
Sin embargo, Adrien… estaba en la habitación. Ni siquiera llegué, lo vi entrar e inmediatamente regresé sobre mis pasos. El único lugar que estaría libre de fisgones, era el baño del edificio de las artes. En cuanto llegué comencé a deshacerme del uniforme. Lo doblé bien y lo metí en la bolsa con el torso que afortunadamente era flexible. Estaba en ropa interior cuando… la ropa que Lila me dio… no era mía.
—Marinette, eso no es tuyo. —Susurró Tikki después de acomodar un poco las prendas que tenía delante.
—Claro que no, esto no es mío. ¡No puedo salir vestida así de aquí!
Era un vestido descubierto de los hombros, corte imperio de gasa azul que llegaba un cuarto del muslo, en la parte inferior había un short que formaba parte de la misma en color blanco. Un bolero de gasa negra que cubría parte de la espalda y los hombros. Unos zapatos de tacón azul con una cintilla en el tobillo y le colgaba una estrella de la misma. Un ligero, o al menos una simulación de una cadena. Una muñequera con un enorme moño celeste y una peluca de color castaño claro, con corte asimétrico, llevaba una trencita adornada con un listón celeste y una estrella.
—Es un cosplay de Meiko, supongo que es el nuevo proyecto de Lila y lo confundió con tu ropa. —Explicó Tikki.
—No me puedo presentar con esto.
—Es tu única opción, te verías sospechosa si llevas la ropa de Marion.
Mi plan iba tan bien… hasta que no conté con esto, debía ser una broma y una de mal gusto. Tikki me persuadió de hacerlo, se lo debía a las chicas del club de teatro, y conociendo a Claude se presentaría a la mitad de su ensayo y le echaría a perder los preparativos a Allegra y Felicia, ese tipo haría lo que fuera por llamar la atención.
A regañadientes me lo puse. Como también venía un estuche de maquillaje, eché mano a las clases que Chloé y Lila me habían dado alguna vez. Debo aceptarlo, no me veía tan mal. Mi kwami también me dijo que me pusiera la peluca, pues al tenerme tan cerca las chicas del club, notarían que Marinette y Marion eran la misma persona.
Aunque luego sacó mi teléfono y me tomó varias fotografías, creo que lo único que quería era verme con ese cosplay… ¿Por qué me meto en tantos problemas?
Me colgué la bolsa en el hombro y salí decidida de ese edificio. ¿Llamé la atención? Por supuesto. Iba semi-desnuda, mis piernas estaban más descubiertas de lo que acostumbro. Tikki iba escondida en el bolso.
—Párate derecha, eres una orgullosa Ladybug, eres Marinette Dupain-Cheng. Vamos que cuando seas diseñadora, deberás avasallar a todos y fulminarlos con tu mirada. —Tikki estaba muy metida en su papel.
Le obedecí.
Entré al auditorio, solté un pesado suspiro y me dirigí al escenario. Se escuchaba una voz resonando en el lugar… era Claude.
A grandes rasgos, le habían dicho sus antiguos compinches que Marion ahora era el nuevo "macho alfa" y que la siguiente en la lista era Felicia, por lo que él había ido para demostrar que aun reinaba en el lugar y que Felicia seguía siendo suya a pesar de ser defectuosa.
—¡¿Dónde está ese bastardo?! Él deberá pagar por lo que la perra de su hermana me hizo. —La voz de Claude estaba llena de ira.
—¡No soy ninguna perra! Mis asuntos los resuelvo yo, no me gusta que quieran pasarle la factura a alguien más de lo que orgullosamente hice. —Abrí la puerta de par en par, dejando que algunos de los pocos rayos de sol entraran en el lugar, que estaba someramente iluminado.
En los asientos, estaban las chicas de teatro y en el escenario estaba Claude, Allegra y Felicia.
Bajé los escalones segura de mi misma, poniendo en práctica lo que Tikki me había dicho. En las primeras filas dejé mi maleta.
—Marinette… vaya luces más sexy de lo que recuerdo. —la voz lasciva de Claude hizo que me dieran nauseas.
—Claro, me enteré que estarías aquí y me vestí solo para ti, cariño. —dije en tono de burla. —¿Tu nariz esta mejor? —Era evidente que no, algunos vendajes adhesivos la cubrían y estaba sumamente hinchada.
—¿Dónde está el bastardo de tu hermano?
—Marion está en un autobús con rumbo a París, por mi culpa. Pero me alegró que al menos me haya dado la alerta que estabas aquí. ¡De verdad quería verte, pedazo de mierda! —Me coloqué una mano en la cintura en pose autoritaria.
—Oh, Marionetita. Recuerdas lo bien que nos la pasábamos juntos.
Las palabras de Claude no eran sólo para mi, eran en parte para Felicia. Quien me volteó a ver extrañada.
—Claro, mi amor. Cuando te acostabas con cuanta chica se pusiera en tu camino mientras me hacías quedar como una estúpida participante en tu juego enfermo de trata de blancas. ¿Tan desesperado estas en llamar la atención que haces apuestas para acostarte con chicas? ¿Te ha funcionado alguna vez? ¿Alguna vez has sobajado a una mujer a tan miserable camino?—escupí, sin imaginar el ácido que cubría mis palabras.
—Mira perra, deja de fastidiar o te daré tu merecido.
—¡El que recibirá su merecido eres tú!
Todos volteamos a ver de quien provenían esas palabras… era Adrien. Entró por la puerta de emergencia.
—Agreste… Te estaba esperando para el evento, tenía algo muy especial preparado para ti. —comentó en tono de burla Claude.
—Humillando a las personas como siempre. ¡Anda vamos a solucionar todo en este lugar! Lo que le hiciste a Felicia y el coraje que me tienes a mí. —Adrien se colocó en posición de pelea.
—Este es un problema de nosotras y nosotras sabremos resolverlo. —dije en tono frío, Adrien me volteó a ver, no sé qué rostro habré puesto, supongo que al mismo lleno de ira que Felicia tenía.
Claude siguió amedrentando a Adrien, tratando de hacer menos "su hombría". Adrien estaba por lanzarse sobre él, cuando lo detuve y le dije que nos dejara manejarlo.
—Fél, anda golpéame. Desquita toda tu ira conmigo. Es lo que quieres ¿o no, zorra? Golpéame para que tu estúpido grupito de putas quede disperso y tu expulsada. ¿Te acuerdas de cómo lloraste? ¿Cómo me rogaste para que no te dejara? Yo era lo mejor que te había pasado. —Claude se rió tan sonoramente que su voz vibraba en el recinto. Felicia estaba hecha una furia. Sus bellos rasgos estaban manchados de ira contenida y que estaría a punto de estallar.
Adrien la vio al igual que yo y cualquier palabra de Allegra era inútil. A Felicia no le dolían las palabras de Claude, sino las circunstancias. El saberse enferma y desahuciada la hacían sentir débil, yo conocía bien la sensación.
Me coloqué entre Felicia y Claude. Lo que siguió después pasó tan rápido que me tomó con la guardia baja.
Claude me dio un fuerte golpe en el estómago, me sacó el aire. Felicia se sorprendió, Adrien estaba por echarse encima de mi ex, pero entre jadeos le ordené que se alejara.
Lo entendí: el reglamento dice que la más mínima pelea entre los alumnos o signos de agresividad serán la baja inmediata. Eso es lo que buscaba Claude, Illirya era el santuario para Adrien y Felicia, ahí se sentían bien, si los expulsaban sería catastrófico para ellos. El padre de Felicia se sentiría un poco decepcionado por su actuar y no me imagino como se pondrían los de Adrien.
Caí de rodillas y me apreté el estómago con mis brazos, tratando de volver a respirar.
—Ya que estas de rodillas, tengo un excelente trabajo que puedes hacer ahí abajo. Sólo necesitaras tu boca.
Cada frase dicha por el me asqueaba. Las chicas de las butacas, estaban tan asustadas que no se atrevían a moverse en búsqueda de algún profesor. No me gustaban los golpes sucios, pero no hay honor en enfrentar a un idiota como este.
Ya mejor, le di un puñetazo en los testículos. Juro que escuché que algo se rompió.
—Claro cariño, te gusta el sexo rudo. —le escupí en el rostro mientras el cayó quejándose de dolor y yo me reponía de todo. —Tenías razón, tu miembro en mis manos, fue asombroso. ¿Qué tal se sentirá mi pie? —Debo aceptarlo, me emocioné. Lo patee constantemente hasta casi perder el aliento. Tenía mucha ira contenida. —Deja de usar a las personas en tu maldito juego enfermo. Consíguete una vida. Las mujeres no somos objetos que puedes menospreciar, no somos mercancía, no somos una apuesta.
—¡¿Qué demonios está pasando aquí?!
La voz era del entrenador del equipo de esgrima. Al verme con Claude a mis pies, supongo que supo que es lo que estaba pasando. Se acercó al escenario para corroborar lo que se imaginaba. Me volteó a ver un poco extrañado.
—¿Dupain?
—¿Qué hay, profe? —saludé como si me lo hubiera topado en la calle.
—¿No se supone que estabas enferma?
—Sip, pero… es un hermoso día como para salir. —esbocé una fingida sonrisa
—Esta perra… —Claude balbuceó, apenas si se escuchaba su voz entre las lágrimas y fluidos saliendo de su nariz, ojos y boca.
—¿Cómo si no te lo hubieras buscado? —dijo el profesor echándoselo al hombro, como si de un costal de patatas se tratase. —Sólo viniste a Illirya para hacer que expulsaran a Dupain y a Agreste. No diré nada si tú no dices nada. —dijo el profe volteándome a ver.
—Nada de nada. —hice un ademán de cerrar un zipper en mi boca.
—Te ves bien Dupain, bastante linda. Deberías ir a la escuela así.
El profesor se fue con un sollozante Claude al hombro. Entendí que su plan era hacer que Adrien, Felicia y Marion se involucraran en una pelea con él, así los expulsarían. Adrien supongo regresaría con sus padres, Felicia también y Marion se iría a la militarizada. Su triple venganza.
—Eso fue brutal. —Allegra fue la primera en romper el silencio. —¿Dupain?
—Oh, sip. Soy yo. —contesté un poco tímida y desviando la mirada para que no me vieran.
—¿Marinette? ¿la hermana de Marion? —Comentó Felicia. —Justo hoy le dije a tu hermano que quería conocerte.
Mierda…
Round… no sé cuál voy. Sólo sé que esto no lo había planeado.
—Yo lo siento.
Les expliqué que le había jugado una broma a Marion y por la cual tuvo que ir a París de último momento. Cuando le llamé diciendo que era una broma, se molestó y me contó lo que estaba pasando. Me sorprendía mi capacidad para mentir, realmente me estaba haciendo muy buena en eso.
—Estaba tan apenada por haber intervenido, lo siento. Marion no tiene la culpa de nada. —Dije en tono conciliador
—Oh, bueno. Te pude conocer y creo que también recibiste justicia. No sabía que Claude también era tu ex. —Los ojos azules de Felicia se abrieron, era como si viera a una igual… no estaba lejos, pasamos por algo parecido.
—Sip, malas decisiones que se toman en pésimos momentos. Pero no pasa nada. Tú debes ser Felicia. Yo soy Marinette.
—Debes quedarte, sería un honor tenerte aquí con nosotras. Por cierto, luces hermosa. Marion no me dijo que eras tan linda. —Felicia me tomo de la mano y me llevó a una de las butacas. —Tú también Adrien, gracias por venir.
Felicia nos sentó uno a lado del otro.
Eso me alertó bastante. Adrien y yo pasábamos bastante tiempo en la habitación, él podría saber a la perfección que Marion era yo. Las luces eran tenues, a excepción del escenario, traté de voltear el rostro para que él no me viera, bajó el rostro supongo que para echarme un vistazo y me volteé aún más. Estaba asustada.
Felicia comenzó a hablar, dándoles nuevamente la bienvenida a las chicas y que se disculpaba por lo que Claude hizo. Algunas chicas me volteaban a ver y murmuraban entre ellas. Perfecta carta de presentación, perfecta definición de niña violenta… que usaba un cosplay… ¡Cada decisión que tomaba era aún peor!
—¿Estas bien? El golpe que te dio ese cobarde fue bastante fuerte. —Adrien fue el primero en romper el silencio. —Vamos a la enfermería.
—Oh, estoy bien. No creas que soy una chica violenta, pero sé defenderme sola, gracias por preguntar. —Mantuve la mirada hacia enfrente, como si estuviera poniendo atención a las palabras de Allegra y Felicia.
—Bueno, te veías como una bella amazona que estaba a punto de darle su merecido a un imbécil. Toda una princesa guerrera. —Por el rabillo del ojo pude ver que sonreía mientras me veía.
—¿No deberías estar en la práctica con los de esgrima? —pregunté a Adrien para romper un poco mi abrumante tensión.
—¿Cómo sabes que soy del equipo?
¡Mierda!
Esa información sólo la sabe Marion… necesitaba algo ingenioso para salir de eso.
—Oh, ahm… mi hermano me dijo que eras su roommate y que formabas parte del equipo. —reí nerviosa.
—De hecho Marion fue quien me avisó sobre el encuentro de las dos escuelas, me enojé mucho porque no me lo habían dicho. Saben mi mala relación con Claude y no querían tener problemas, así que me "invitaron" a no participar. —Eso explicaba por qué estaba tan molesto cuando regresó a clases, yo también lo estaría. —Tú… ¿también eres ex de ese idiota?
—Si. No es algo que me enorgullezca, de hecho lo que le hice… era una forma de desquitarme por lo que él había hecho, pero mi castigo aún está pendiente. En esa enferma relación participamos ambos, la culpa debería ser compartida. —Suspiré pensando que también era mi error.
Al parecer entendió que ya no quería tocar el tema. Lo miré de reojo y se quedó viendo a donde Felicia explicaba algo, la verdad apenas si escuchaba sus palabras, no le estaba sirviendo de apoyo. Estaba cansada, sólo quería regresar a la habitación. Esta semana y en especial ese día, me estaba matando.
Necesitaba hablar con Chat. Si Marion se sentía tan relajado con Kitty, tanto como yo con Chat… ahora entendía por qué se enamoró…
¿Amor?
No, no, no, no, no ¡No! No estaba enamorada de Chat. Era lindo y había algo en él que no me dejaba ignorarlo pero…
—¡Marinette!
La voz de Felicia sonó en el lugar. Sin pensarlo me levanté como si alguien me hubiera dado una orden y tenía la obligación de acatarla.
—Mari, ¿podrías subir al escenario?
—Ahm… si, supongo.
Me dirigí hacia enfrente, subí la escalinata y me acomodé a su lado, entre ella y Allegra quien me entregó unas hojas engrapadas.
—Como les estaba diciendo. La actuación es adentrarte en la personalidad y circunstancias de un personaje. Algunas veces puede ser opuesto a ti, o incluso te apropias de su sentir y sus decisiones las tomas como tuyas. —Explicó la ojiazul. —Queríamos hacer una representación de esto. Nadie aquí es actor profesional, hacemos esto porque nos gusta y nos llama la atención.
—Originalmente, Marion, el hermano de esta adorable chica. —Allegra colgó su brazo alrededor de mis hombros. —Iba a participar en esto, de hecho era una sorpresa para él; pero su hermana también nos ayudara. ¡Adrien! Sube al escenario
El chico rubio me imitó y subió el escenario, para que luego Felicia le diera unas hojas parecidas a las mías.
—Nos ayudara a representar una escena adaptada de la novela "Emma" de Jane Austen. —Explicó Felicia. —Les platicaré un poco de las circunstancias de esta escena.
Dejé de escucharla. Abrí las hojas y comencé a leer. Era la parte final del libro, donde Mr. Knightley se le declara a Emma, ella piensa que él está por decirle sus sentimientos por su amiga, así que se niega a escucharlo, él cree que se niega a escuchar la declaración del amor que siente por Emma y se va un poco contrariado. Emma decide que es su amigo, y aunque este enamorada de él, aceptara su decisión. Él se declara su ferviente admirador y que su corazón es de ella…
—¿Listos? —preguntó Allegra. —Lo que narró Felicia es un resumen de "Emma". Ustedes son Mr. Knightley y Emma. Imagínense en el jardín de una bella mansión, están a punto de vivir un momento fatídico para sus destinos. Tercera llamada… ¡Comenzamos!
Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Estaba por representar mi escena favorita, de mi libro favorito. Las líneas eran sacadas de la miniserie de la BBC del 2009, he visto ese capítulo tantas veces que ni siquiera necesitaba leer, me lo sabía de memoria. Era actuación, lo había hecho algunas veces a solas en mi habitación. Mientras veía el capítulo, decía los diálogos de Emma cada que ella hablaba, era como si yo le contestara a mi Mr. Knightley… era algo similar… creo.
—¿No me va a preguntar el mío? —preguntó Adrien. Era como si mi Mr. Knightley estuviera hablándome… ¡Ay Dios! —Sí, eres prudente, pero yo no puedo serlo… así que… Tengo que decírtelo.
—¡No por favor, no me lo diga! —Le dí la espalda a Adrien, para después intervenir como si mi corazón estuviera a punto de romperse, debía sentir que el amor de mi vida estaba a punto de irse con mi amiga, incluso mi voz se quebró un poco. —Tómese un poco de tiempo en pensar lo que va a decir. ¡Por qué una vez dicho no podrá callarlo!
—Te obedeceré. —Adrien susurro pero era un sentimiento de dolor, al haber sufrido una decepción.
La escena continuó, tal como en la miniserie. Él alejándose con el corazón ligeramente agrietado por el supuesto rechazo y yo con un rostro de desesperación al no saber qué hacer. Corrí detrás de él, rogando el perdón por lo que acababa de decir. Incluso llegué a sentir mis ojos húmedos y mi voz aún más quebrada. Le dije como nuestra amistad que teníamos de por vida nos hacía tener confianza y que aceptaría lo que fuera a pasar.
—¿Tengo alguna posibilidad de éxito? Mi amada Emma, porque eso siempre has sido, mi muy… amada Emma. —La voz y los gestos de Adrien eran idénticos, era como si estuviera inmersa en mi libro, como si de verdad fuera mi Mr. Knightley. Me perdí en sus ojos verdes, era como si una frondosa y bella pradera se extendiera frente a mí. Sus diálogos eran nítidos, limpios… recordé mi odio a la actuación. Te hacían ver cosas que no existían. Las cosas perfectas que jamás llegarían a ser para ti.
Extendí mis manos para tomar su rostro y acercarlo al mío. Gracias a los zapatos con tacón la diferencia en nuestras alturas eran mínimas.
Me detuve.
Era una actuación. No iba a dar mi primer beso en una mentira. Por lo que sólo me acerqué a él, viéndonos a los ojos, perdiéndonos en la mirada del otro. Sin embargo, eso no iba a parar así, al menos para él.
Tomó mis mejillas y después de pasar sus pulgares acariciando mi rostro, hizo que levantara mi rostro.
Lo siguiente, pasó tan rápido que no tuve oportunidad de reaccionar. La calidez de sus labios chocaban con los míos, podía sentir su respiración. Aun cuando mis ojos estaban abiertos por la sorpresa, ni siquiera podía procesar lo que pasaba. Coloqué mis manos en sus hombros para ligeramente alejarlo, pero eso no fue suficiente; colocó su mano izquierda en la parte baja de mi espalda y movió su mano derecha a mi nuca para pegar mi rostro al suyo. Su lengua jugaba en mis labios, humedeciéndolos aún más. Se hizo con un poco de espacio y metió su lengua en mi boca…
Ese día me había ganado por knock out.
