Pasadas las ocho de la noche, como se acordó, los invitados a la fiesta salieron de sus dormitorios sin hacer ruido y se dirigieron al pasillo de la planta baja. Para los Slytherin era la emoción de saltarse las normas y para los Hufflepuff era la emoción de realizar una travesura, además con la complicidad de descubrir que solo ambas casas conocían el pequeño corredor que salía a unos metros del Sauce Boxeador.

Salieron de ese pasillo más allá del colegio, en sombras conspiradoras por la campiña fría, que a lo lejos mostraba los árboles del Bosque Prohibido. Los Slytherin gozaban el desafío a la dirección de la escuela, entre los Hufflepuff con cara divertida.

Se oían algunas risitas y frases a medias, todas en voz baja, y fueron un tramo casi sin hacer ruido sobre la hierba mojada, hasta detenerse a distancia prudente del Sauce Boxeador, enorme, despeinado e inmóvil, aun así de aire amenazante.

Pansy tomó su varita y dijo ¡Kwt Mxwlwx!, que en lenguaje saucedonio boxeador es una orden de sueño profundo, por lo que el malgenioso árbol que posiblemente dormía, cayó en estado más hondo, notorio en que tres de sus ramas se abatieron hasta el suelo, relajadas, emitiendo un suave murmullo.

Pansy e Yves fueron a una de las raíces visibles, que la chica pateó, con lo que la raíz nudosa se transformó en una puerta de madera inclinada, que rechinando se abrió hacia afuera.

El grupo sabía de qué iba, por lo que Pansy fue adelante, los demás bajaron siguiéndolo y Cavendish, al final, entró y cerró la puerta.

Muy pronto se separaron del camino que llevaba a la Casa de los Gritos, tomando una bifurcación abierta por Pansy, en la que descendieron por una escalera tallada en piedra natural, con espacio suficiente para ir en fila y casi en cuclillas, hasta que desembocaron en una oscuridad absoluta, pero donde corría aire, permitiendo estar de pie. La fila se volvió un grupo compacto.

Pansy se adelantó unos pasos en la oscuridad, y un poco alejada del grupo, luces se encendieron.

Se oyeron varios "¡ooh!" aquí y allá, pues la luz, baja pero desde varios puntos, mostraba altos arcos de metal que se iluminaron conforme Pansy se alejó, hasta que ella se detuvo y volteó al grupo. Yves notó cómo los arcos sostenían un techo de roca tallada, conformando un túnel de losas de piedra que encajaban perfectamente entre sí, en paredes y suelo.

El amplio corredor frente a ellos se hallaba en el centro de secciones selladas con roca. En éste, las losas de las paredes eran de colores y negras las del suelo, de tallado en forma de ondas... Se parecía al estilo de Hogwarts, pero era un trabajo más cuidadoso y elegante en su sencillez, pues no tenía una sola imagen de las que adornaban el castillo.

-Bienvenidos al Rave Subterráneo –dijo Pansy, en voz alta–. Hay que caminar hasta el salón y ahí empezará la música. Gracias por asistir. Este Rave es organizado por mi novio Yves Cavendish y por mí. Yo creo que es buena hora de presentarnos entre nosotros.

Los Slytherin no tenían ni idea de cómo iniciar una conversación con alguien de otra Casa, pero para eso los Hufflepuff se pintan solos, por lo que con toda naturalidad y buen humor éstos fueron a ellos animados y sonriendo, los saludaron, dándose a platicar con las sierpes, sin más.

Como aquí ni necesitaba guardar las formas, ni le inquietaba que Pansy las ignorara, Yves fue con ella y la tomó de la mano.

-Eres muy generosa al incluirme en la organización –opinó él-, pero tú tienes el mérito.

-Bah –ella se encogió de hombros y echó a andar, con Yves de la mano–. Claro que has organizado. Y somos lo mismo.

El grupo caminó tras ellos, conversando. Los arcos se iluminaban conforme avanzaban y se apagaban al dejarlos atrás. No se veía la fuente de las luces, excepto que parecían provenir de entre los arcos del techo. Las conversaciones tenían un ritmo ininterrumpido.

Habían elegido bien a los candidatos. Pansy seleccionó a los que no tenían la cabeza saturada de ideas de sangre limpia, ni se sentían superiores, y con la imaginación suficiente para experiencias de amistad. De hecho, todos ellos tenían amigos de otras casas. Por su parte Yves eligió a los de presencia de ánimo para pasársela bien cometiendo una travesura. Es decir, que los candidatos de ambos tenían rasgos de la otra Casa.

-Se ven muy cómodos –opinó él.

-Eso es culpa de ustedes –comentó ella, viendo al frente–. Slytherin tiene otra forma, un ritual de balancearse, alejarse, acercarse, para entrar en contacto con alguien. Ustedes solo ponen cara de niños buenos dispuestos a hacer diabluras. Yo caí en esa trampa.

Cavendish rio suavemente, de buena gana, por la queja de Pansy.

El último arco se encendió frente a ellos, revelando una ancha puerta que se abrió hacia adentro, mostrando un amplio recinto iluminado de colores, con sillas en grupos, mesas con refrescos, tentempiés y música de The Weird Sisters, que se escuchó cuando el grupo entró admirando el sitio, que a Yves le sorprendió que fuera el sótano de Honeydukes. El tipo de luces móviles le recordó una película de época de sus papás, con música de un grupo al que descubrió Hufflepuff por su nombre, ya que se hacían llamar los Bee Gees.

Yves contempló una esfera, hecha de cuadros de cristal, que al girar por reflejo lanzaba brillos en movimiento por el salón de luces, donde los invitados se dieron a bailar sin mayor preámbulo.

-Pansy, incluso pusiste… Ese objeto en el techo…

Ella se quitó un mechón de la boca, alzando las cejas.

-Te voy a ser sincera, amor mío. No me acabo de hacer a la idea de que los muggles son algo bueno, pero ya te habrás dado cuenta que mi supremacismo se ha ido al caño. Claro, los Tres Antipáticos me caerán mal sólo por existir en mi planeta, pero fuera de eso, sigo dispuesta a entender.

La esfera giraba en el techo, parsimoniosa. Como Pansy no sabía que iba colgada del techo, simplemente la hechizó para que flotara y se moviera.

-Y también hiciste eso… ¿por mí? –Yves se emocionó– Sabes que me gusta lo mugg…

Pansy lo tomó de una mano, repentinamente intensa y de pronto ruborizada, pero no por cohibida. Le susurró afectuosa entre la música.

-¿Y tú que crees, zopenco? Ven, te voy a mostrar el lugar –tiró de él.

Pasaron entre sillas ocupadas por invitados que conservaban y parejas que bailaban. Yves, llevado por su chica, miró las fuentes de comida y los vasos de refrescos de colores.

La pared del fondo tenía un corredor más pequeño, cerrado al final, con umbrales a los costados, donde se encendieron teas.

-Es un lugar extraño –comentó Yves.

Pansy le dijo en tono de confidencia:

-No me creas, pero estoy segura que lo construyeron los duendes.

Cavendish quedó estupefacto.

-¿Los duendes? Pero, eso es imposible…

-No tanto, fíjate –Pansy le apretó más la mano–. La arquitectura para nada es la de Hogwarts, no hay ningún adorno, algunas dimensiones del lugar son para gente pequeña, el trabajo de los detalles es especial y… esto…

Ella le mostró un rostro semiborrado entre los arcos de arriba, que recodaba las facciones de un duende.

-Para mí, que éste era el sótano de un castillo –susurró Pansy.

Yves contempló el perfil de Pansy, atenta a la galería. Observó con gusto sus facciones finas, su cabello corto a la egipcia. La media luz le daba un cierto secreto. Era parecido a la luz del día. Llevaban medio año de novios, pero en varios aspectos ella era para él, un enigma. Un enigma atrayente, del que le fascinaba cada rasgo, cada frase, cada mirada. Su voz llenó el pasaje.

-Yo creo que los primeros Slytherin, o los magos que con el paso de los siglos serían llamados Slytherin, fueron los primeros en quitar varitas a los duendes. Pero debió haber más. En el pasado los duendes eran poderosos. ¿Te has puesto a pensar por qué la moneda se llama "galeón?" Debe ser recuerdo de un reino marítimo.

Pansy rodeó a Yves con un brazo y le estampó un sonoro beso en la mejilla. Cavendish experimentó un escalofrío, pero ella continuó:

-Pienso que en la galería por donde llegamos, las riquezas y mercancías entraban y salían de un castillo del reino de comerciantes y banqueros que los duendes tuvieron antes de lo que recuerda su historia. Los magos previos a Slytherin deseosos de dominarlos debieron hacerles guerra y arrasaron el castillo. El recinto donde tenemos ahora la fiesta era un depósito de tantos. Los demás son los umbrales clausurados que vimos. Y como esos, yo creo que si derribamos este muro, hallaremos un pasaje que desemboca en el Lago. Ahí debieron tener un embarcadero.

-¿Y por qué me aflojas la corbata?

Yves desconocía que cuando en cuestión de romance un chico piensa, 1 +2 =…. una chica ya pens = 10.

Pansy lo besó en la mejilla.

-Ya veo… –él la besó en los labios, inquieto por los arrumacos de Pansy– La fiesta no era porque te interesara la convivencia inter-casas…

-Por supuesto que me interesa la convivencia inter-casas –lo besó de nuevo–. También me interesa la convivencia inter-pareja.

Gryffindor ve a su ser amado como el ser más importante a proteger. Ravenclaw desea conocer lo mejor posible a su pareja, para darle lo que necesita. Hufflepuff desea hacer feliz a su amor por sobre todas las cosas. Slytherin tiene el anhelo de ser uno con su ser amado y en cierta medida, poseerlo.

-¿Tú qué piensas? –quiso saber ella.

Yves tuvo uno de esos cambios que a Pansy le gustaban. Así como él era capaz de la ternura, también expresaba emociones a punto de desbordarse. A diferencia de un chico de la Casa de ella, en Yves el repentino fuego era alegre, y encantado.

La tomó por los hombros y le sonrió.

-Pienso que los fines de semana son muy cortos –susurró él-, que en la escuela no se puede estar como quisiéramos, que falta mucho para las vacaciones…

Yves abrazó a Pansy y ella le pasó por brazos por la nuca, encontrándose en un beso en la boca, apretado, amoroso.

Se separaron sin soltarse, recorriendo agitados sus facciones con la mirada, y volvieron a besarse.

Perdieron la noción del tiempo.

Iban a hablarse, pero hubo un cambio repentino e inesperado.

Un estruendo afuera del salón y repentino alto en la música los hizo detenerse, todavía abrazados.

Se miraron a los ojos, y fueron corriendo al salón.

Como habían acordado, en caso de ser sorprendidos los del Rave tenían por dónde escapar, así que cuando llegaron ya no había nadie y el lugar estaba a oscuras.

Pansy desapareció con la varita lo que había convocado, y ambos se acercaron de puntillas a la puerta, donde el otro lado se escuchaba una voz.

Acercándose, por una rendija, escucharon:

-Así quería encontrarla, Miss Lovedark…

Pansy e Yves se irguieron de golpe, observándose pasmados. El nombre de la intrusa los asombró menos que la voz, y se dijeron lo mismo, solo moviendo los labios:

"¡Snape…!"

A diferencia de varios de la fiesta, ellos sabían hacer el hechizo de Aparición y trazándolo al mismo tiempo, escaparon.

Yves apareció en su dormitorio. De ser prudente se habría puesto el pijama blanco e ido a la cama de inmediato, pero el sobresalto y las emociones lo hicieron sentarse en la cama. Luego cayó de lado, en la almohada.

El embrollo inexplicable era un dato más en su mente, ocupada por otra emoción. Era la sensación de los besos, los aromas.

Los besos de Pansy Parkinson.