Décima Noche: Un lunes mágico
Mi despertador me sacó del mundo de los sueños. Desvelarme no era nada bueno. Tenía los ojos hinchados y unas grandes ojeras comenzaban a formarse debajo de ellos. Estaba en ese ritual de "cinco minutos más" cuando recordé que debía hablar con Adrien, pero como si el mundo confabulara en mi contra, él ya no estaba. Su cama estaba arreglada y sus cosas no estaban.
Recordé el lunes de la semana pasada, así que me imaginé que tenía práctica matutina de esgrima. Pensé en ir a buscarlo pero sería demasiado obvio y no sabía cómo respondería así que lo mejor sería esperar a la tarde para que estuviéramos en la habitación… a solas. Quizá no tan a solas, pero bueno, entienden a qué me refiero.
—Hoy, será el día ¿no es verdad? —preguntó Tikki mientras me ayudaba a acomodarme el uniforme.
—Sí, hoy se termina todo. Si mantengo este secreto un día más, juro que explotaré. —Tomé mi mochila y permití que Tikki entrara en ella. Ya había tomado una resolución, ese día le diría a Adrien que yo era Marinette y sobre Marion.
Tomé un poco de las sobras que había dejado en mi plato la noche anterior, y me sirvieron de desayuno. Caminé pausadamente a través del campus tratando de calmar mi corazón. Inhalaba y exhalaba tratando de relajarme. Ni los saludos de los chicos me distraían, sólo tenía que dar un paso a la vez.
Ingresé al salón y la primera era Allegra, me saludó pero creo que me veía bastante mal. Su semblante bronceado y sus expectantes ojos azules me decían que la estaba preocupando.
—Oye. —Fue la primera en romper el silencio, antes que el salón comenzara a llenarse. —¿Te enteraste de la cita de Adrien y Felicia?
—Oh, sí. De hecho creo que los motivé un poco a ambos, me alegro por ellos. —Contesté sin tomarle mucha importancia.
—Pero, veo que no te importa del todo. —creo que entendió la indirecta. —No es que sea entrometida pero, a ti te gustan las chicas ¿cierto?
—P-por supues-to. —Aun no me había definido como tal, pero quizá, tal vez, no lo sé. No había encontrado a un chico o a una chica que me hicieran definirme como hetero, bi o lesbi… ¿Qué pregunta tan complicada?
—Es sólo que, bueno todos escuchamos sobre tus tres novias de París y eres ya el "macho alfa" de la escuela y algunas chicas les gustaría que entraras en su lista de conquista e incluso llegué a pensar que ibas tras Felicia pero eso funcionaría… si no fueras una chica.
Escuché como algo se quebró dentro de mí. Las piernas me temblaron, mi estómago se hizo nudo, me faltaba el aire, creo que se me bajó la presión, me dolía la cabeza y creí que me desmayaría en un momento.
Pensé en mentir, en enfadarme y hacerme "el digno" ante tal forma de dudar de mi heterosexualidad, pero ya no tenía fuerzas para seguir con todo eso. Tal vez una aliada me sería de mucha ayuda.
—¿Cómo te diste cuenta? —susurré.
—Bueno, al principio tuve mis sospechas, además en estos tiempos hay cada vez más personas andróginas que creí que eras uno de ellos. Por más que tratabas de fingir ser un chico, había algo en tu forma de caminar, hablar y actuar que me hizo dudar. —explicó Allegra. —También cuando las tres chicas dijeron que eran tus novias, me lo creí pero al ver que no intentaste algo con Felicia, que es la chica más linda del Colegio me hizo dudar nuevamente. Aunque todo se confirmó cuando conseguí un video de "Demian Knightley".
Allegra me siguió contando que realizó una larga investigación el sábado por la noche, al saber que yo le agradaba a Felicia, por lo que se metió a diversos foros y blogs hasta que encontró el de un crítico que publicó un video de Marion en una obra que hizo en Luxemburgo, donde le auguraba un futuro sobresaliente.
El vídeo era bastante claro y ahí se dio cuenta que Marion y el "Marion" que estaba en la escuela era diferentes. La altura, estructura física, y algunos rasgos faciales nos delataban. Me mostró el vídeo y lo cereza que coronaba el pastel, es que yo salía en escena dándole un ramo de rosas al felicitarlo. Eso había ocurrido un año atrás, no habíamos cambiado tanto.
—Bueno, cuando recordé la escena con Adrien, me hizo confirmar que "Marion" y Marinette eran la misma persona, pero creo que no todos se dieron cuenta. ¿Necesitas una amiga con quien desahogarte?
—Si. —Hice un puchero que creo que le dio ternura.
Le conté como Marion se había ido a Nueva York, mis padres no estaban y yo quería detener que enviaran a mi hermano a la escuela militar además que necesitaba alejarme de la escuela, pues algo similar que sufrió Felicia yo lo había vivido y no tenía las fuerzas de enfrentarme a mis compañeros.
—No quise hacer las cosas más grandes pero no quería alejarme de mi hermano… aún más. No creí que tendría estos problemas. —dije un poco apenada.
—¿Al menos sabes si tu hermano va a regresar a Francia? Sino, creo que tus problemas habrán empezado. —Dijo ella dándome unas palmaditas en la espalda.
—Eso espero, al menos me dijo que estaría aquí en esta semana y mis papás llegan este fin de semana. Si él no vuelve… ambos tendremos problemas.
—Ok, déjame ayudarte. No es por admirarme pero soy buena con las computadoras, trataré de saber dónde se encuentra. Aunque yo te recomiendo que te alejes de Felicia, pues creo que le estas gustando… —Allegra vaya que le preocupaba su amiga.
—Pero creo fervientemente que Marion y ella harían una buena pareja, a ambos les gusta el teatro y todo lo que he dicho son palabras de mi hermano y sé que está mal que yo lo diga pero mi hermano no es tan feo, mira tengo una foto de él.
Saqué rápidamente mi celular y busqué una foto que le tomé en las vacaciones. Debo aceptarlo mi hermano a veces se veía bien, dejando a un lado lo imbécil que llegaba a ser el costal de órganos.
—Es bastante lindo. En escala del 1 al 10 ¿qué tan compatible crees que sea con Lia? —preguntó interesada.
—Un 10, por como yo la conozco se saltarían el conocerse y se lanzarían a los brazos del otro; son almas gemelas. —Sip, así me imaginé como sería el primer encuentro.
—Está bien, confiaré en ti, además cuenta conmigo como amiga. Te ayudaré a cubrir cualquier tontería que se te llegue a ocurrir, aunque eres la primer chica que conozco que cometería algo tan loco como hacerse pasar por un chico. —Rio Allegra.
Nos callamos cuando vimos que nuestros compañeros comenzaron a llegar. Cambiamos de tema rápidamente. De algún modo me sentí más cómoda al saber que alguien más sabía mi secreto, al menos no debía fingir con ella. Me preguntaba si decírselo a Adrien sería tan fácil como con Allegra, lo que me hizo pensar… si Allegra se dio cuenta ¿alguien más ya lo sabría? Si era así, los próximos días debía ser más cuidadosa.
Las clases pasaron y a la hora del almuerzo, opté por no estar con Felicia. Me mataba la intriga por saber qué es lo que había pasado en la cita para que Adrien actuara así, pero Allegra me prometió que la obligaría a contarle los detalles. Pues habían pasado algunas cosas y Felicia había estado en París el domingo, además que dormían en habitaciones distintas pero eso sería lo primero que haría al verla.
Con tantos problemas el hambre había desaparecido, pero no quería estar encerrada. Me dispuse a dar un paseo. Al parecer Adrien tampoco estaba de humor para hablar con alguien, vi que se escabulló al edificio de las artes, entró por una ventana gracias a la rama de un árbol al cual trepó con suma agilidad. Lo seguí y pude ver que entró al mismo salón donde estaba el piano, comenzó a tocar una tonada que no reconocí, me quede afuera recargada en la puerta al escucharlo tocar.
La música se escuchaba bastante bien, al parecer tenía talentos ocultos, me gustaría saber más de él.
Un momento ¿yo quiero saber de él? No, no, no… no me iba a emocionar con él. Si, me dio mi primer beso. Si, le gustaba hacerme cosas medio pervertidas pero eso no quería decir que me tenía que involucrar con él. En una semana yo ya no estaría ahí. Debía decirle mi versión de los hechos y lo que pasara después dependía de lo que él respondiera. ¡Qué fuera más como Allegra y no me reclamara!
Minutos después dejo de tocar y creo que salió del mismo modo que entró: Por la ventana. Creo que aún le costaba trabajo aceptar que el edificio de las artes, sólo era un edificio.
Regresé al aula y las clases continuaron, llegó el otro descanso y esta vez estaba por hablar con él, pues fue el último en salir… hasta que Kim lo llamó. Adrien podía actuar de forma tan tranquila mientras yo estaba hecha un manojo de nervios. Era medio sádico y creo que yo era medio masoquista… Tikki tenía razón: Soy una uke.
Para la última clase, yo estaba fastidiada de todo. Ya no estaba segura de decirle a Adrien, tenía miedo. Creo que me había convertido en un manojo de inseguridades en esa escuela, o creo que tal vez era mi verdadera personalidad pero al verme siempre rodeada de personas que de algún modo me apoyaban, nunca me dí cuenta.
Apenas terminaron las clases y Adrien salió rápidamente. Me acobardé, no podía decirle. Tomé mis cosas y le avisé a Allegra que estaría en el almacén pues estaba cosiendo un pequeño proyecto. Me dijo acerca de la beca Agreste y que la pareja estaría el Jueves en el internado. Me hice la sorprendida, como si no supiera acerca de eso. Me recordó lo bien que me había quedado el diseño que dibujé hacia unos días y que tal vez tenía una oportunidad.
Asentí emocionada. Ese pequeño detalle no se lo había contado. Usé como pretexto la beca Agreste para hacerme pasar Marion, y creo que la beca era lo último que me importaba. Había descubierto más cosas en el proceso.
Myléne estaba en la entrada del edificio con Iván. Ambos sonreían como un par de tórtolos emocionados y enamorados. Creo que una de las mejores cosas que había hecho, era haberlos unido. Verlos felices me hacía feliz.
En cuanto me vieron me saludaron un poco tímidos y acepté el saludo con una sonrisa. Amaba esa etapa del enamoramiento. Podían lucir totalmente incompatibles, pero tenían cosas en común. Era como si la sociedad te tratara de imponer ciertos estándares y si físicamente no los cumplías no eras apto para ser pareja.
Estúpida sociedad, estúpidas personas que nos imponen formas de pensar retrogradas y absurdas. Siempre hay algo que nos frena en hacer cosas y tomar decisiones. La religión, la política, las leyes, la escuela, la familia. Siempre debías frenarte. En mi caso, no debía ser diseñadora por las ideas locas de mi familia materna, en el caso de Marion, no podía ser actor porque eso era para "raritos". Mi familia materna pensaba igual que ese estúpido internado.
El imbécil que había puesto ese rumor fue porque un chico del club de actuación le bajó a la novia. Y ahora los idiotas chicos de las generaciones siguientes lo siguieron sólo porque su estúpido orgullo fue herido. Los odio, tanto.
Ahora venía el otro lado de la moneda, ¿aceptarían a Adrien cuando aceptara que era gay? Según la información que Tikki me dio, había algunas parejas de chicos abiertamente gay dentro de la escuela, pero no los molestaban por que eran una eminencia dentro de los deportes, eso si nada de besos, manos tomadas o abrazos con sus parejas pero había momentos que se relajaban de más y era donde mi kwami los grababa y subía sus videos, además que cobraba por ellos.
Todo había sido un embrollo. Desde el sábado que le dije adiós a mi hermano, hasta ese lunes ya habían pasado diez días, diez días en que corroboré mis límites y mi punto de quiebre. Si Allegra ya se había dado cuenta que era chica era cuestión de tiempo para que todos se dieran cuenta.
Entre el ruido que hacia la máquina para coser mí diseño y mis revueltos sentimientos que resonaban en mi mente: perdía la razón. Tikki estaba ayudándome a coser algunas aplicaciones para el vestido, pero su silencio me mataba. Era mi kwami, era como mi conciencia y no decía nada. A las ocho de la noche estaba casi terminado mi diseño, le faltaban algunos detalles pero creo que lo terminaría para el miércoles en la tarde.
Llamé a mis padres pero creo que la diferencia horaria nos volvía a separar. Les envié un mensaje diciéndoles que estaba bien, que me sentía un poco enferma y que me iría a dormir temprano. Mis amigas, me habían tratado de contactar para hacerme hablar sobre lo que había ocurrido en verdad. Creo que ellas me conocían mejor de lo que esperaba y mi cara alegre que traté de fingir en la conferencia por Skype no la habían pasado por alto. Sólo comenté que era complicado y que debía decírselos de frente, regresaría a París el fin de semana y necesitaría de nuevo su ayuda, sólo las alteré.
Fui a comer algo a la cafetería, me estaba mareando y eso no era bueno. Debía cuidar más mi salud. Regresé a la habitación, enfrentaría lo que fuera que llegara a pasar con Adrien, cuando algo más captó mi atención.
En la recepción habían algunos chicos, bastante corpulentos molestando a Iván, los otros chicos del dormitorio sólo los rodeaban, tal como si estuvieran esperando algo del circo romano. Algo me decía que eso se iba a poner feo.
—Iván, eres un perdedor y un raro. —El tipo más grande estaba frente a Iván quien sólo mantenía la vista hacia abajo. —¿Cuál es la regla?
—¡Alejarte de la casa de muñecas! —corearon los otros tipos.
—Tú te acercaste, en contra de las reglas del equipo. A partir de hoy, estas fuera del equipo, y de los dormitorios.
El tipejo tiró al suelo lo que supuse eran las pertenencias de Iván. Fue cuando mi mente comenzó a reaccionar. La casa de muñecas era el Edificio de las Artes, estaban censurando a Iván por haber ido a dejar a Myléne. Eso ya rayaba en la estupidez. Lo estaban tratando mal porque fue a dejar a su novia a su club. Ok, la estupidez era un caso grave en ese internado.
—Marinette, ya sé lo que estás pensando. Vámonos. —Apenas escuchaba la vocecita de Tikki entre los vítores y risas de los demás. La cara de los chicos de primero era de terror y los de otros grados no sabían dónde ocultarla.
No iba a tolerar eso, lo siento Marion, pero no iba a tolerarlo. Era una estupidez, fue a dejar a su novia. La estupidez humana llegaba a ser tan grande como eso y la verdad me ofendía compartir especie con alguien tan…
—Oye, amigo. —intervine en medio de ese circo. —Iván fue a dejar a su novia.
—Uh peor aún, ahora es un mandilón. Te faltan los suficientes para saber el lugar que merecen las "viejas".
Vieja su abuela y debía sentirse avergonzada de formar parte del linaje de un idiota como ese.
—¿Cuál es el problema? ¿Es tan malo tener una novia dentro de este internado? —No iba a reventar en furia. La furia era mala, la comunicación era buena.
—¿Quién eres, enano? —El tipejo se me quedo viendo con aires de superioridad uno de sus acompañantes le comentó que era Marion Dupain Cheng, el sugar daddy que se tiraba a la hija del alcalde, o sea Chloé, a una chica que cumplía mis fantasías con trajes exóticos, supongo que hablaba de Lila y de una morena de fuego a quien no le importaba tener novio, supongo que era Alya. —Ya sabes como se mueve esto, parecieras nuevo. Si se lo metes a tres sabes que las mujeres no tienen valor.
"Cuenta hasta diez Marinette", era lo que me repetía para no enterrar su cabeza en el suelo. Del otro extremo estaba Kim, quien con gestos me daba a entender que no me metiera en eso, algo me decía que ese tipejo era algo así como el padrote de todos los chicos. Lástima, yo no era un chico.
—No, no sé cómo se maneja esto. Independientemente del trato que tengo con mis amigas, a las mujeres se les respeta. Naciste de una mujer, al menos ten un poco de respeto por el género. —traté de sonar convincente y que no me estaban hirviendo las entrañas.
—¿Por qué he de respetar a esas perras? Sólo sirven para metérselo y mamártelo bien rico.
¡Suficiente! Debía matarlo o mínimo quebrarle los testículos o arrancárselos con mis propias manos y luego metérselos a la boca o engrapárselos en la frente.
—¡Contén tu ira Marinette! —la voz de Tikki sonaba como un ligero susurro que trataba de interrumpir el volcán que se convertía mi razón.
—Aunque ya entiendo el punto, papuh. Iván si quieres que me estrene a tu novia, por mí no hay problema, aunque no va a caminar un buen rato después que se lo meta.
Era obvio lo que iba a pasar después. Iván se molestó, ¿quién no lo estaría cuando ofendían a la persona de quien estabas enamorado? Se lanzó furioso contra el tipo. Los seguidores del tipejo, sujetaron a Ivan de las extremidades, el tipejo estaba por golpearlo.
—Oye, ¡cálmate! ¡Qué demonios pretendes! —Me interpuse entre toda esa mole de imbéciles.
—¡Quítate enano! —vociferó el tipejo.
—No, no voy a permitir que involucres a Iván en una estupidez. —dije en tono firme, pero que causó la risa de quienes sujetaban a Iván.
—Mira, no me importaría metértelo a ti, eres como una nena. Apuesto que lo tienes tan apretado que te haré sangrar, princesa.
Me quité el blazer y lo deje en el piso. No iba a poner en peligro a Tikki, pero si iba a romperle la cara a ese tipejo.
—No vale la pena. —Alguien me tomó del brazo y me hizo retroceder, era Adrien. —Piensa bien las cosas.
Al verlo, me puse a pensar un poco más en las consecuencias. No era yo quien estaría en problemas el primer afectado sería mi hermano. No iba a permitir que lo enviaran a la militarizada, no iba a permitir que me alejaran más de él. Había formas de reprender a un idiota como el que tenía enfrente. Lo haría por las de la ley, llamaría a un profesor y que los directivos se encargaran de él.
—No te metas, Agreste. Eres tan raro como tu padre, apuesto que un verdadero hombre se cogió a tu madre, se ve tan rica en las revistas. A veces la uso así. —hizo un ademán sobre subir y bajar de su inexistente miembro.
Adrien también se enojó, estaba por lanzarse sobre él, pero el tipejo levantó su puño. Yo empujé a Adrien quien cayó al suelo y recibí el impacto en la mandíbula. Me hizo retroceder por el golpe. Los gritos de asombro no se hicieron esperar, todos estaban apanicados, supongo que la fama del tipejo lo precedía, pero yo también tenía mi fama.
Por inercia me llevé la mano al labio, mis dedos se llenaron de sangre. Era obvio, estar en ese lugar me mantenía con la guardia baja. Perdón Marion, de verdad lo sentía tanto.
—¿Ves esto? —dije levantando mi mano aun con la sangre. —No sabes lo que acabas de hacer, pedazo de mierda.
Levanté mi blazer y se lo lancé a Adrien, Tikki estaría bien con él, me remangue la camisa y me quité la corbata para también lanzársela a Adrien. Sus ojos verdes me preguntaban por lo que estaba a punto de hacer. Ni siquiera yo lo sabía, pero esos insultos serían los últimos que diría en toda su maldita vida.
—Ven, princesa. Te tengo un paquetote. —El tipejo me hizo señas para que me acercara.
—Claro, es lo que estaba esperando.
Esos días había estado tan enojada, hecha una furia contenida que ese idiota había destapado el corcho.
Me lanzó un puñetazo directo al rostro, lo esquivé. Sabía que no le ganaría en fuerza, era cuatro veces más grande que yo, pero entre más grande no era tan ágil. Mis clases de defensa personal y krav maga me servirían bien. Volvió a levantar su puño y me apuntó, tomé su enorme brazo con ambas manos, lo usé como punto de apoyo para girar sobre él, mis piernas estaban alrededor de su cuello, y rápidamente le apliqué una llave. Su cuello era enorme pero seguía siendo frágil. Lo dejé caer el suelo y use mis rodillas para aterrizar sobre su manzana.
—Oh, cariño. ¿No puedes respirar? —No sé qué mirada habré puesto, pero en palabras de Marion, era una mirada de psicótica enferma que a veces le daba miedo, y por cómo me observaban los demás, supongo que era esa mirada. —Sería una lástima que alguien hiciera esto.
Con la suela del zapato le acerté un pisotón en el hombro, era un punto de presión para que no pudiera moverse y yo estaba disfrutando de eso, ok no me sentía orgullosa de eso, pero había tenido una semana pésima. La bola de inadaptados, idiotas soltaron a Iván para caer sobre mí. Apliqué una técnica similar.
Use algunos golpes certeros para dejarlos adoloridos, otros iban más furiosos y la furia es mala consejera. Con la mente fría siempre puedes pelear mejor. Con las técnicas aprendidas, esquivaba sus golpes o los dirigía para que se golpearan entre ellos, algunos quedaban en el suelo llorando.
Di golpes para no dejarles marcas pero si para que sintieran mucho dolor. Los puntos de presión para que dejaran de respirar por un rato, y otros para intensificar su sentir.
Una vez que varios cuerpos de tipos inmensamente grandes estaban en el suelo, me sentí mejor. Sonreí maliciosamente y les acerté patadas en los riñones, el secreto era golpearlos con la punta de zapato no con el empeine.
—Oh, amigo. No me digas que ya te cansaste de jugar.
Al tipejo si le di una patada en los genitales, bueno de hecho tres patadas. Estaba muy enojada y sumamente indignada. Insultó a Myléne, a mi pareja amada de los Agreste y a mí, así como a todas las mujeres. Que agradeciera que me estaba portando como una santa
—¡A ver sarta de malnacidos, idiotas que parecen ovejas y no saben tomar una estúpida decisión por ustedes mismos! —Grité sumamente molesta. —Van a dejar de pensar que el Edificio de las artes es un lugar que te lleva al infierno. ¡¿Qué carajos tienen en esa estúpida cabeza?! ¡¿Mierda?! No es más que un lugar donde las personas van a aprender, a divertirse. Si no se han dado cuenta, la música que escuchan es de personas que se encargan de hacerla. ¡Y la música es un arte! Los estampados de sus camisetas alguien los dibujo ¡Y también es un arte! La comida que se tragan todos los días, no es algo que sólo hacen las mujeres. Hombres y mujeres pueden aprender a cocinar. —Le di otra patada al tipejo en los genitales, si, seguía molesta. —¡Qué maldita necedad de poner prejuicios a las cosas! No existen cosas para hombre y otras para mujeres, solo hay cosas. Los estúpidos paradigmas que esta escuela tiene fueron creados por un imbécil al que le quitaron la novia y tipos parecidos a ustedes que parecieran bueyes a los que les ponen una argolla en la nariz para jalarlos lo siguen. ¿En qué maldito siglo vivimos? Un insulto, una novatada, algún ataque a alguien que se acerque a ese edificio y se la verán conmigo. Hoy estoy de un excelente humor y estos tipos se los pueden confirmar. No me quieren ver de malas, o si no lo próximo que sentirán en el hocico serán sus bolas después que yo se los arranque con mis propias manos.
Así terminó mi discurso para después volver a patear al tipejo en los riñones, ver como se orinaba encima y lloraba como animalito desamparado.
—Vuelves a molestar a Iván o algún otro chico o me llego a enterar que insultas a una chica y juro que te vas a arrepentir. —Lo había tomado de los cabellos y luego estampe su cabeza contra el suelo para terminar con una patada en la cabeza.
Si eso no enviaba a Marion a la militarizada a mi si me mandaría a un centro psiquiátrico. Todos estaban asustados, hasta Adrien e Iván, incluso Kim se había quedado sin palabras.
—Te lo advirtieron, Dupain. —Lo que sentí era como alguien me jalaba del cuello de la camisa y del cinturón, era uno de los profesores. Al parecer alguien si había llamado por ayuda pero él me vio mientras estaba rodeada de cuerpos sollozantes. Lo acepto, la primera impresión es más grande.
Me llevó a rastras a la oficina del director. Me aventó en la silla.
Mi destino estaba más que trazado, peor aún el destino de Marion estaba marcado y todo por mi culpa. El labio me palpitaba, por el ardor y dolor. Se estaba inflamando. Era obvio que con el labio partido, y rodeada de cuerpos de tipos llorando; todo indicaba que yo había comenzado todo. No tenía escapatoria. Iban a llamar a mis padres, todo estaba mal.
El director se presentó, al parecer estaba a punto de irse y lo obligaron a regresar. El hombre sacó de la gaveta el expediente de Marion, con todo su historial de peleas, para que hacerme un juicio: era culpable.
—Señor director, Marion no tuvo la culpa.
Quien interrumpió la "reunión", era el asesor de la clase, aquél que me había advertido que me estaría vigilando.
Él le explicó al otro profesor y al director, que el capitán de lucha greco-romana, el tipejo; estaba amedrentando a Iván, quien también formaba parte del equipo. Yo traté de calmar la situación y en eso salí golpeado. Si los demás miembros estaban golpeados fue por que comenzaron a pelear entre ellos tratando de calmar al capitán y otros en defenderlo.
—Debo entender que ¿usted sólo trato de calmarlos? —me dijo el director.
—Así es. Iván es mi amigo y si él se involucraba en una pelea, lo iban a expulsar. Traté de calmarlos, conozco las reglas, pero por traer paz… me rompieron el labio.
—Yo doy mi palabra, señor Director. Marion Dupain-Cheng es inocente, sólo estaba en el lugar equivocado en el momento incorrecto. —comentó el asesor de clase.
—Está bien, —El director se dirigió a mí —señor Dupain, le creo. Eso sí, le advierto que si esto llegara a repetirse, si tendré que hacérselo saber a sus padres. No estamos en Francois-Dupont, las reglas se respetan y sus padres me solicitaron ser enérgico con usted. Vaya a su habitación.
El director mandó a llamar al tipejo quien aún seguía adolorido y apenas si podía caminar. Lo más seguro era que el refutara lo que había dicho.
—No te preocupes Dupain. Cassel es demasiado orgulloso, si acepta que lo pusiste en su lugar, es aceptar que no es todopoderoso, aunque eso significa que lo expulsaran. —el profesor venía detrás de mi.
—¿Qué tanto vio, profesor? —pregunté temiendo la respuesta.
—Desde que te rompieron el labio.
Me explicó que uno de los chicos de primero le avisó. Si me defendió, es porque creía que puedo cambiar las reglas de esa escuela. Quien comenzó con el odio contra las artes era compañero del profesor, de hecho él fue quien se quedó con la novia. El tipo era hermano mayor de Cassel y tenía su mismo carácter, la chica ya no lo soportaba y convivió con mi maestro pues formaban parte del mismo club. Le servía como paño de lágrimas, de tanta convivencia: se terminaron enamorando y comenzaron una relación después que ella terminara con su novio cuando la golpeó.
Él había entrado a trabajar en esa escuela porque quería cambiar las ideas que su compañero había creado pero ya estaban demasiado arraigadas.
—Creo que lo que dijiste les servirá de escarmiento, hay algunas cosas que si deben arreglarse a golpes y tú lo demostraste bien. —Rio el profesor.
—¿Qué pasó con la chica? —pregunté intrigada.
—Oh, seguimos nuestra relación, entramos a la universidad y cuando terminamos nuestros estudios nos fuimos a vivir juntos. Ella tiene un local de artesanías en la ciudad.
—Un momento… ¡Lea Bonheur es su novia! —La tía de Nath, era la protagonista de todo eso.
—Sí, ella es. —comentó mi profesor. —Sólo te advierto una cosa. Asegúrate que tu hermano venga a clases la próxima semana, y trata de no hacer alguna tontería esta semana, Marinette. —susurró mi profesor bajando su rostro para quedar a mi altura.
—¡¿Qué?! —grité.
—Shh, Lea me contó. Ya decía yo que sólo una chica con demasiados pantalones, sería capaz de poner en su lugar a esos tipos. Eres buena chica Dupain, no sé por qué proteges a tu hermano, pero eres buena hermana. Te apoyaré sólo esta semana, a partir del lunes quiero que regreses a París y tu hermano deberá estar aquí o tendré que hablar con tus padres, ¿entendido?
—Si profesor.
—Bueno, ve a ponerte algo en ese labio. Se te está inflamando.
Wow, sentía la adrenalina a toda velocidad corriendo por mis venas. Ignoró como pasó todo eso, pero creo que había tenido un buen lunes… raro… pero buen lunes.
Suspiré tan pesado. Allegra se había dado cuenta, mi profesor también. Debía moverme, probablemente todos comenzaban a sospechar. Fui a la enfermería, la enfermera estaba por irse, así que solo le pedí una compresa fría. Me la dio y me dijo que la fuera a ver por la mañana, para curarme bien el labio. Solo asentí y regrese a los dormitorios.
Curiosamente estaba sonriendo, mientras apretaba mi labio con la bolsa fría. Vi que los demás chicos se me quedaban viendo… con miedo. Traté de ignorarlos pero sus miradas me seguían. Subí al elevador y los chicos que estaban dentro optaron por salir. Oh perfecto, ahora me temían. Le resté importancia y me apresuré a mi habitación. Me dolía todo, la adrenalina ya estaba bajando. En cuanto entré vi mi blazer colgado en el respaldo de la silla. Creo que Adrien lo había puesto ahí…
—¡Tikki! —Había olvidado por completo a mi kwami.
—¡Me olvidaste! ¡Tuve miedo por ti! ¿Estás bien? —Inmediatamente salió de la bolsa interior. —Mira cómo te dejaron el labio.
—Estoy bien, sólo me duele un poco. ¿No te encontraron?
—No, Adrien vino, colgó el blazer y salió corriendo a buscarte. Quise hacer lo mismo pero sabía que tenías que regresar. ¿Te expulsaron? —preguntó preocupada.
—No, me salvó uno de los profesores. Pero ahora él también sabe que soy una chica, me dio un ultimátum: Marion debe estar aquí la próxima semana o tendremos problemas.
Me tumbé en la cama, tratar de ordenar mis ideas era algo estúpido en esos momentos. Sólo observé el techo, mientras presionaba la compresa contra mi labio. Eso me dolería toda la semana y para el fin, cuando mis padres me vieran… sabrían que tuve una pelea. Se enojarían, me regañarían… estaba harta.
—¡Estas aquí! ¡¿Qué pasó?! ¿Te expulsaron? Yo hablaré con quien deba para que no lo hagan.
Adrien había entrado a toda velocidad a la habitación. Lo que hizo que me sobresaltara y ni siquiera pude contestar sus preguntas.
—Estoy bien, no me expulsaron si eso es lo que esperabas. Ni siquiera me pusieron un reporte. —contesté mientras me levantaba tratando de ignorarlo.
—Lo que hiciste fue una estupidez. ¿Cómo pudiste hacer algo tan estúpido? Esos neandertales pudieron hacerte daño. —gritó.
—A ver, todo estaba bajo control. No era necesaria tu intervención, iba a estar bien. —contesté tratando de minimizar las cosas.
—¡¿Ibas a estar bien?! Eran seis tipos, todos del equipo de lucha, te hubieran masacrado. Tuviste suerte. —comentó enojado.
—No, no tuve suerte. Se le llama entrenamiento, he enfrentado a tipos más grandes que ellos y les he hecho cosas más fuertes; me contuve. —Él estaba comenzando a hartarme.
—¡Lo que hiciste estuvo mal! ¡Te pusiste en peligro! Ve cómo te dejaron el rostro. —siguió gritándome. —¿Qué demonios tratabas de demostrar? ¿Qué demonios ibas a hacer?
—¡No soy inútil, tampoco soy débil! ¡A diferencia de todos los que están en este edificio, yo si pienso por mí mismo, yo si tomo decisiones por mí! ¡Todos estaban amedrentados por ese mastodonte, le tenías miedo ¿o no?! Todos aquí le tenían miedo. Su palabra era ley, por él tratan a las mujeres como objetos. ¡Oh la naturaleza masculina, tan estúpida y primitiva! El único que iba a defender a la mujer que quiere era Iván, tú no hubieras hecho nada por él. No me arrepiento de nada. Myléne y él están tan enamorados y sólo porque él fue a dejarla a su club, se hizo todo esto. Todos claman ser machos y los hombres todopoderosos y no son más que unos miedosos que tiemblan cuando una tipo se les pone enfrente. Son muchos y se dejaban mangonear por uno sólo, que patético es el género masculino.
Mis palabras estaban llenas de ira, todo lo que había callado se destapó y no pude detenerme. Mis palabras corrían como un afluente de emociones y no me arrepentía de nada, debí decir eso frente a todos, pero supongo que la adrenalina no me había dejado hacerlo.
—¿No hiciste lo mismo el primer día? —escupió el chico de ojos verdes. —Fuiste a pavonearte como el macho alfa, delante de todos los chicos. Mostrando como tres mujeres peleaban por estar contigo.
—No es lo mismo. —murmuré.
—Si lo es, caíste en las redes de la sociedad que tanto odias y usaste a tres chicas a tu beneficio para ganar el aprecio de esta banda de "machos todopoderosos". Lo que hiciste estuvo mal, las usaste como objetos, no te diferencias en nada a lo que Cassel hizo estos años.
Las palabras de Adrien entraron como torrente dentro de mí. Tenía razón. Me quejé de cómo es que Claude había usado a Felicia y a mí… cuando yo hice lo mismo con mis amigas. Podía parecer un juego inocente, pero había manchado su reputación. No era diferente de Claude y Cassel, era peor. Como mujer caí en lo mismo que tanto odio.
Había criticado por tanto tiempo como Marion había caído ante las habladurías de los demás, obligándolo a dejar el teatro por la presión que sus "amigos" habían ocasionado en él. Yo misma había caído, pensando en cómo sería rechazado, quise darme a conocer dentro del colegio para llamar la atención y que no era un raro.
Todo lo había hecho mal, todo estaba mal.
Los critiqué y formé parte de ese cáncer que agobia a la sociedad. Por querer ser más, por ser reconocido, usé a las personas a mi beneficio. Era una persona despreciable.
Me dejé caer en la cama, el mundo había caído sobre mí y me estaba aplastando. Adrien me había demostrado el error en el que había vivido.
Exhalé dejando ir mis sentimientos. Ahora si tenía ganas de llorar, no de tristeza, sino de frustración; todo era mi culpa.
Es absurdo caer en los cauces que la sociedad marca como políticamente correctos, y como se encargan de presionar a las personas, no importaba el género, la edad, los gustos, debías estar en los estándares para no ser un paria.
De mi campo visual desapareció Adrien y escuché como el seguro de la puerta se había cerrado. Era lo mejor, él no quería estar conmigo. Al parecer también lo había defraudado, tanto como yo me decepcioné de mí.
—Bueno, debemos curarte esa herida.
Adrien no había salido de la habitación, sólo había cerrado la puerta. Volteé a verlo, en lo que parecía una pared en verdad estaba empotrado un mini frigorífico y una serie de cajones, de un cajón superior sacó un botiquín de primeros auxilios.
—Déjame ver que tan mal esta. —Dejó el botiquín sobre mi cama y tomó mi compresa para meterla al frigorífico.
—¿Desde cuándo tenemos eso? —pregunté señalando la pared.
—Desde que me enteré que esta sería mi habitación, mi padre quería que tuviera todas las comodidades. Hay un horno de microondas, un mini frigorífico, y algunas cosas que podrían llegar a necesitar. Esto te va a arder.
Tomó unas tenazas, las cuales esterilizó, luego abrió un frasquito que tenía un poco de desinfectante y con cuidado tomó una bolita de algodón que sumergió en el desinfectante y comenzó a presionarlo contra mi herida, ya no sentía el labio estaba demasiado inflamado. No evité quejarme, de verdad me dolía. Cortó unas tiritas de cinta quirúrgica y las pegó con mucho cuidado.
Me sentía como niña regañada. Adrien me había reñido y con justa razón. Se dio cuenta que lo que hice estaba mal y fue el único que me había hecho frente a eso. Mis amigos y familia de algún modo siempre aceptaban las ideas que tenía, sin importar lo buenas o malas que fueran, esta era la primera vez que alguien me había dicho mis errores, en mi cara.
—Ponte esto, te ayudara a desinflamarlo, luego podrás beberlo. —Me dio una lata de jugo, estaba fría pero la había envuelto en un pañuelo desechable para que no me tocara directamente.
—Gracias. —Me puse la lata en el labio, la sensación fría se sentía bien.
—Me pase en lo que te dije, perdón. —Admitió mientras guardaba las cosas de nuevo en el botiquín.
—No, estuvo bien. Yo he cometido errores, gracias por hacérmelo notar. —Admití.
—Vamos, no estés tan serio. El silencio me desagrada. —rio tratando de minimizar la situación. Debía darle puntos extra por eso. —Vamos sonríe.
—No, me duele el labio, hasta para hablar. —hice un puchero que también me dolió.
—Ve el lado positivo, parecerá que te inyectaste colágeno y tendrás uno labios carnosos. —Infló los labios para burlarse de mí, con mi mano libre tomé uno de los cojines y se lo lancé a la cara.
—¡Auch! No me hagas reír, que me duele. —me quejé al ver cómo le había asestado el golpe en la cara.
—¿Ah sí? Pues te voy a dar tu merecido.
Me lanzó otro cojín, y lo esquivé. Comenzamos a lanzar fingidos ataques con las manos, las cuales solo se quedaban en el aire. Escucharlo reír se me hacía tan tierno, que sin importar el dolor que sentía en la boca me burlaba de él.
—Si te duele tanto, haré algo para que ese dolor se alejé.
Lo siguiente que sentí, era como Adrien sujetaba mis muñecas entre sus manos y su cuerpo estaba sobre mi, había apagado las luces, por lo que mi visión no era buena.
—Adri-en. —murmuré débilmente.
—Debí haberte defendido, soy un cobarde. —Dejó caer su cabeza en la parte superior de mi pecho.
—No, no te preocupes. Es como una condecoración de guerra. —reí tímidamente.
—Esta bien, te haré sentir mejor.
Adrien soltó mis muñecas, con su mano derecha tomó mi nuca y con la izquierda levantó mi rostro, tomándome por el cuello.
—No, no lo hagas si no sientes algo por mí. — rápidamente puse mis manos a la altura de su pecho para alejarlo de mí.
—¿Quién dice que no siento algo por ti?
Me miró a los ojos, acarició mi nariz con su nariz y soltó una risa nerviosa, yo sólo estaba a la expectativa de su siguiente movimiento. Se colocó entre mis piernas haciendo que me acomodara bien sobre la cama.
—Pero no tiembles, me haces sentir como si te estuviera obligando, quiero que esto sea tan memorable para ti como lo será para mí. —Susurró en mi oído.
Sentí como su lengua pasaba por mi oreja, sus dientes mordisqueaban mi lóbulo, haciendo que soltara un pequeño gemido apenas audible.
—Sí, así es. Disfruta conmigo, déjame escuchar un poco más tu voz.
Comenzó a besar mi cuello lentamente, sentía sus dientes y su lengua juguetear conmigo, luego soltó mi mentón para que su mano pasara a acariciar mi pierna, aun sobre el pantalón podía sentir sus dedos como pasaban desde mi cadera levantando un poco mi pierna para acercarla a él.
Fue subiendo un poco más a mi rostro, besó mis mejillas mientras apretaba con fuerza mi nuca atrayéndola hacia él. Apenas podía respirar con él encima de mí, sólo me sentía como los días anteriores, completamente a su merced.
—Sigues temblando. —dijo falto de aire, deteniéndose por completo y mirándome a los ojos.
—Son los nervios. —Admití completamente ruborizada.
—Pero… ¿te sientes bien?
—Si, me gusta. ¡Auch! —el hablar hacía que me lastimara más el labio inflamado.
—Ok, haremos que cada que te duela, recuerdes esto.
Metió mi labio inferior, el que estaba lastimado en su boca. Con ayuda de su lengua y sus labios lo succionaba, aunque me dolía no podía negar lo bien que se sentía. Depositó un suave beso en mis labios y luego otro, y después otro.
Cuando sentí como su lengua entraba en mi boca, era un poco similar a como lo había hecho en el auditorio, pero esta vez no era con fuerza era más lento como… con cariño. Como si no sólo tratara de hacerme sentirme bien físicamente sino mentalmente.
—¡Oye! Adrien ¿estás ahí?
La voz de Kim, nos cayó como un balde de agua fría, a pesar que estaba obscuro, podría haberme escuchado gemir.
—¡Adrien! —Kim seguía golpeando la puerta, yo solo usaba mis manos para tratar de ocultar mi respiración
Sin embargo, Adrien solo volteo a ver la puerta, se acomodó de nuevo sobre mí, me quitó la mano de la boca y continuo besándome, yo no podía seguir con eso. No sabría cómo reaccionar si alguien llegaba a entrar y nos veía.
—Continuemos. —susurró en mis labios.
—No, nos va a escuchar. —murmuré.
Sacó su teléfono y escribió algo. Después de unos segundos se escuchó la voz de Kim decir que Adrien estaba "ocupado" en una cita furtiva con alguien a las afueras del dormitorio, que regresaría después. Kim celebró y comentó que tal vez yo ya estaba dormido, por eso no contestaba y lo mejor era dejarme dormir, pues no querían terminar como los del equipo de lucha. Al parecer estaba con otros chicos, pues se escucharon risas y luego desaparecieron.
—¿Dónde estábamos? —esbozó una sonrisa, sus ojos brillaban un poco aun en la obscuridad.
—En que íbamos a detenernos. —dije en tono serio.
—No, en eso no.
Volvió a besarme, su lengua bailaba una danza sensual en mi boca, y me estaba derritiendo por dentro, se sentía tan malditamente bien, que deje de negarme y esta vez fui yo quien uso las manos para sujetar su nuca y atraerlo a mí.
Perdí la noción del tiempo, no sé cuánto estuvimos besándonos. Alternábamos de lugar, en momentos el rodaba en la cama para quedar debajo de mí y me jalaba por el cuello de la camisa para atraerme, no me resistía, me gustaba que lo hiciera, era como si me forzara a hacer algo que yo estaba dispuesta a hacer.
El labio comenzó a dolerme más y le pedí que se detuviera, me entendió y se quitó de encima de mí. Quitó las mantas de mi cama y nos cubrió con ellas, me hizo que me volteara para que quedaramos frente a frente.
Sus ojos eran tan profundos, era como su un amplio y perfecto valle cubierto de verdes pastos se extendiera frente a mí, podía jurar que sus ojos brillaban de una manera tentadora y atrayente.
—Hablemos un poco, ¿Color favorito? —me preguntó mientras acariciaba la parte baja de mi espalda.
—Ahm, supongo que el rosa y el negro. ¿El tuyo?
—Negro y verde. ¿Comida favorita?
Fuimos alternando respuestas y preguntas. Así me entere que sus padres eran hijos únicos por lo que no tenía primos o tíos cercanos. Había estudiado en casa algunos años, luego su padre se empeñó que fuera a la escuela para hacer contactos y conocer personas. Su madre adoraba cocinar y eso enfurecía a su padre, pues una dama Agreste no debía hacer esas labores.
No sé cuánto tiempo estuvimos hablando y conociéndonos un poco. La conversación a veces se interrumpía por esporádicos besos que nos dábamos y cortaba la distancia cada vez más entre nosotros usando sus brazos para atraerme a su cuerpo, entrelazaba sus piernas con las mías para que yo no pudiera escapar.
Después de un rato, él fue el primero en caer dormido. Su apacible rostro hacia que me dieran ganas de tocarlo. Extendí mis dedos para acariciar su mejilla y quitar un mechón de pelo que caía en su cara.
—Me gustaría que todo esto, me lo dijeras a mí; a Marinette. Pero tú crees que soy alguien más, sería lindo que me voltearas a ver a mí, a la verdadera yo. Mírame aunque sea un poco.
Susurré para después darle un beso en los labios. Todo ese día había pasado tan rápido que había olvidado que Adrien estaba besando a Marion, no a Marinette. Él creía que yo era otra persona, todo lo ocurrido era para mi hermano… jamás había sentido tanta envidia.
En mi mente me disculpe con Chat Noir, esa noche no podría salir a patrullar. Esa noche hubiera sido perfecta si la hubiera pasado como Marinette, si esas sensaciones que desencadené en él, fueran por mí.
Unos minutos después el sueño se apoderó de mí.
No saben las ganas que tenía de publicar este capítulo desde hace meses... pero logré soportarlo.
Tengo un gran bloqueo con "Acaso... ¿eres tú?". Escribí un capítulo y no me gustó para nada, aunque ya quiero que avance a donde me gustaría.
Es ¿cómo llegar de "a" a "c", pasando por "B" que no me gusta?
El Nathloé, divino. Día a día tengo más ideas pero me pasa lo mismo. No sé como cubrir el planteamiento y ya quiero llegar al desarrollo.
Por cierto, adivinen quien tendrá más tiempo para escribir?!
STA NENA!
Voy a renunciar a mi trabajo, la verdad es más por cuestiones laborales y mi seguridad. Se los explicaré en un capítulo raro de una "novela". En resumen es como mis jefes me obligan a hacer su trabajo y los muy bastardos se van a la 1 dejandome todo, que por más que intento salir temprano siempre llego a las 10 a mi casa. El sueldo no vale la pena así que les diré adiós. Trabajo para 3 personas, me pagan muy poco, mis horarios son extremos (8 am a 9 pm) y la seguridad para llegar a mi casa pone en peligro mi integridad.
Les pedi que me dieran más dinero o menos trabajo o al menos que me dejaran salir a mi hora, dijeron que no se podía. Bueno, pues con la pena STA NENA se va.
Publicaré algo esta semana, aun no sé que; depende de mi humor.
Hoy por que salió el cortometraje "In a Heartbeat" y me encorazonó por lo que CAPÍTULO PARA TODAS/OS!
