Undécima Noche: El corazón del martes.

—¡Marinette!

Mi nombre resonó tan fuerte en mis oídos que hizo que me cayera de la cama. Contesté un poco adormilada, pero con los ojos hinchados por desvelarme apenas si podía abrirlos. El labio me dolía bastante, por inercia me llevé la mano a la boca para notar que estaba sumamente hinchado. Observé a la pequeña criatura rojiza con enormes ojos púrpura que me veía de modo acusador.

—¿Tikki? ¿Qué hora es?

—Tienes diez minutos para llegar a clases.

—¡Mierda! ¡¿Por qué no me despertaste?!

Rápidamente me quité la ropa, no recordaba que me hubiera quedado dormida con el uniforme pero no podía usar el uniforme que usé el día anterior, me había quedado tan dormida que ni siquiera me había bañado. Tal vez había sudado toda la noche y la camisa debía oler asquerosa.

El sueño tan extraño del día anterior, me seguía haciéndome sentir extraña. Mira que regresar a la habitación y soñar que Adrien me besaba, era lo más absurdo que se me pudo haber ocurrido. Él no estaba en la alcoba, tal vez salió temprano o algo así. No puedo creer que mi mente fuera tan prolífica como para tener esos pensamientos. Eso no era digno para una chica tan linda y tierna como yo.

No encontré mi corbata, por lo que usé la de repuesto. El blazer estaba limpio por lo que volví a ponérmelo. Tenía cinco minutos para entrar a clases, debía correr.

—¿Lista Tikki? Hora de irnos.

—Bueno, al menos veo que tu sesión de besoterapia de ayer te dejo de buen humor. —Comentó mi kwami mientras escondía un par de galletas en mi blazer.

—¿De qué hablas?

—De los besos que te diste con Adrien. Mira, yo no crítico; además que como estabas vestida como Marion pasaba como soft yaoi, esa faceta de seme de Adrien, le queda muy bien a una uke como tú. Grabé todo. —La emoción de Tikki era demasiada.

—¡¿No fue un sueño?!

—Obvio no, de hecho se quedaron dormiditos juntos, pero él tuvo que irse antes porque creo que lo llamó el capitán del equipo; pero no sin antes darte un beso en la frente para que siguieras durmiendo. —explicó Tikki en tono meloso.

—Tikki, ¡se suponía que le iba a contar a Adrien que era chica! No que me iba a lanzar a sus brazos. ¡Ay, ¿qué hice?!—gimoteé bastante afectada.

—Bueno, pues, te la pasaste bien que es lo importante. Lo pensarás en el camino. ¡Ya vámonos!

Mi kwami me tomó del cuello de la camisa y me jaló hacia la puerta. Había un espejo en la entrada de la habitación. Ni me lavé la cara, pero al menos me dio tiempo de acomodarme las patillas, las cejas y la peluca, un poco de mi enjuague bucal para evitar el mal olor de mi boca, desodorante y perfume y estaba lista. Eso de madrugar no era lo mío.

Salí corriendo, atravesando con velocidad el campus. Para variar, iba a llegar tarde, de nuevo, otra vez. ¿Notan mi sarcasmo?

Entré al salón y la gran mayoría de los chicos me voltearon a ver para luego seguir en lo suyo, Adrien aún no llegaba, no podía pasar otro día sin decirle. Si eso seguía creciendo, algo más sucedería y presiento que me terminaría odiando.

—Buenos días, Mari. —La voz de Allegra sonó a mi lado.

—Buenos días.

—¡¿Qué demonios te pasó en el labio?! —su voz resonó en toda el aula. No se veía tan mal mi labio roto, no sé por qué se asustó. —Debes cuidar tu rostro, ¡déjame verlo!

Me jaló con fuerza, su rostro estaba frente al mío mientras examinaba minuciosamente. Me recordó a mi madre como cuando me lesionaba en la práctica.

—¿Quién fue el retrograda que te hizo esto? ¡Qué tipo de bestia golpearía a una-!

—Allegra. —interrumpí.

—A-a un-a per-sona tan lin-da. Si a una persona, que no importa su género, ni imagen pero que no deberían golpearla. —estaba a punto de decir "una chica".

—Alle-

—¡Oh pobre criatura! —Me abrazó.

—Allegra.

—¡Qué tipo de imbécil, idiota pedazo de porquería te golpearía!

—¡Allegra! Estoy bien.

El asesor de la clase entró y vio como Allegra me abrazaba. Mientras yo sólo rodé los ojos al sentir el instinto sobreprotector de mi nueva amiga.

—Chicas, chicos, quiero decir chicos, si chicos. —Creo que el asesor de la clase también se confundía y mezclaba mi género. —Ya tomen asiento.

—No, la-lo, lo llevaré a la enfermería. Mire como tiene inflamado el labio. —comentó preocupada la rubia.

—Dupain, te dije que fueras a la enfermería ayer. —mientras el maestro hablaba conmigo Adrien se escabulló al salón.

—¡Eso no importa! Ell- él, lo tienen que atender. Yo lo llevó.

—Allegra, él puede ir solo. —la voz conciliadora de mi asesor fue ignorada por Allegra.

—Gracias profe, lo quiero mucho, nunca cambie, vale mil. —Me arrastró por el cuello de la camisa hasta la puerta, mientras se despedía del asesor.

Mientras me arrastraba a la enfermería, me preguntó sobre lo que me ocurrió y como es que había permitido que me golpearan.

La enfermera estaba limpiando la enfermería justo cuando la desesperación de Allegra estaba en el punto más alto. Le conté a mi amiga lo que había pasado, o al menos la versión light, la que conocían los profesores y el director. Su cara de preocupación me hizo sentir mal, no contaba con que estuviera asustada por mí. Bueno, supongo que si una de mis amigas estuviera en mi situación, también me asustaría.

Después que la enfermera me desinfectó la herida y la cubrió, me dio otra compresa fría. Mientras regresábamos al aula nos topamos con Felicia, quien también me preguntó preocupada, pero le dije someramente lo que ocurrió. Allegra trató de minimizar las cosas, pero presentía que en cualquier momento ella o mi asesor terminarían por contar mi secreto. Entre más personas lo supieran, más peligro corría.

Tan pocos días había logrado mantenerme en secreto. Era un poco deprimente.

Regresamos al aula, mientras reíamos. Allegra me caía muy bien, era bastante extrovertida y Felicia se notaba con carácter, pero supongo que el miedo no dejaba que mostrara su verdadera personalidad. Llegué a quererlas mucho en tan poco tiempo. Cuando me fuera de ahí, ellas serían las primeras a quien extrañaría, tal vez debía decirle también a Felicia que era una chica, pero que Marion si existía. Ok, tenía hasta el viernes para decirle; pero el objetivo del día sería Adrien.

Conforme fueron pasando las clases, debía planear exactamente lo que iba a decirle a Adrien. Era un caso peculiar, durante clases juraba que me ignoraba pero creo que las cosas cambiaban cuando estábamos a solas en la alcoba. ¿Se lo debía decir en un lugar neutral? Tal vez si le decía en el edificio de las artes, o en la azotea o en uno de los jardines, tal vez debía invitarlo al centro comercial y contarle.

Pensar me hacía mal.

Durante el almuerzo, salí con Allegra y Felicia. Felicia me pidió el "número de mi hermana" pues le había contado que quería ser diseñadora, y por el hermoso vestido que llevaba el viernes pasado, quería pedirle ayuda para el diseño de los trajes del club. No me podía negar, así que le di mi número, pero si le solicité que le hablara de las cuatro de la tarde en adelante. Así no me llamaría durante clases.

No me escuchó mucho que digamos, me llamó durante el segundo descanso. Afortunadamente me retrasé por que le había entregado un proyecto a la profesora y no había salido a comer con ellas.

Marinette, hola mucho gusto, soy Felicia la presidenta del club de Teatro de Illirya. Marion me dio tú número y bueno, quería pedirte algo. — Se escuchaba su voz por el teléfono.

—Hola, recuerdo quien eres. ¿En qué te puedo ayudar?

Me pidió que la ayudara con los trajes y que el vestido que yo llevaba era bastante lindo, además que quería conversar un poco conmigo sobre "mi hermano".

No quise ahondar mucho en el tema pero, le conté un poco.

—Felicia, verás. Marion conoció a alguien en las vacaciones, se enamoró perdidamente de ella, hizo muchas cosas que jamás pensé que haría, solo para volver a verla. Desafortunadamente no pudo encontrarla, es complicado pero fue una relación que no terminó y por eso creo que es difícil decir adiós. —Era más o menos lo que pasaría cuando Marion no encontrara a Kitty, porque si ya lo hubiera hecho no hubiera perdido el tiempo en decirme. —Debes tenerle paciencia, dale tiempo pero habla con él como si fuera la primera vez. Vuelve a pedir que entré al club. Tal vez si está ocupado sea más fácil sopesar su pérdida.

¿Eso crees? —La voz de Felicia sonaba un poco triste.

—Si, en palabras de Marion: No hay nada mejor que cucharitas de olvido con gotitas de otro amor. Ten paciencia y créeme, eres una chica tan dulce y linda que él terminara babeando por ti.

—¡Gracias Marinette! Si te soy sincera, yo también pasé por un romance similar. Yo creí que él era mi todo, que al fin había encontrado a mi alma gemela, pero nos separaron y tal vez no lo vuelva a ver. Juré que él era mi extremo del hilo rojo. No lo volveré a ver, sin embargo creo que Marion puede ayudarme, y si el necesita apoyo, yo se lo brindaré. Creí que estaba en nuestro destino volver a encontrarnos… el destino no estaba a nuestro favor. Lamento abrumarte con esto, lo siento. Gracias por escucharme, Marinette.

Colgó la llamada, pero algo me sonó bastante familiar. "Estaba en nuestro destino volver a encontrarnos". Marion me dijo esa frase antes, se la había dicho…

—Marion ¿te enteraste? —Iván me sacó de mi retrospectiva.

—¿De qué?

—Expulsaron a Cassel, sus padres vinieron hoy por él. Lo enviaron a la escuela militar. —Iván miró al piso. —Gracias por ayudarme Marion, Cassel nunca me cayó bien, pero parecía tan fuerte que todos le obedecíamos. Nos dejamos llevar por lo que él nos decía, aunque gracias a ti, todo ese sistema se cayó. Eres pequeño pero vaya que le diste su merecido ¿no has pensado entrar en el equipo de lucha?

—No es lo mío, pero gracias Iván. No quería que expulsaran a Cassel, de algún modo prefería que todos se dieran cuenta de su error, pero era mucho pedir. Lo siento por él, pero espero que todos cambien esa estúpida idea del Edificio de las artes.

—Lo que tu quieras, te apoyaré incondicionalmente. —Se podía sentir el agradecimiento en sus palabras.

—Prefiero que cada cosa que hagas lo pienses bien, eso me haría muy feliz. Pero si en el camino continuas con tu romance con Myléne me harás mucho más feliz, hacen una pareja adorable.

—Cuenta con ello.

Iván se fue y de algún modo me relaje. Sus palabras eran ciertas y recordé como Nath lo había dicho como parte de su plan: los machos siguen al macho alfa. Cassel era el macho alfa por lo que los chicos del dormitorio correrían como gallinas sin cabeza hasta que encontraran a un líder. Espero que no hayan visto los documentales de animales donde el que derrotó al alfa ahora es el líder, porque eso me haría a mí la nueva al mando… aunque eso era ridículo, ya tenía muchos problemas.

Creo que Adrien huía de mi. Cuando trataba de hablar con él, me ignoraba. Tal vez no aceptaba su lado gay y por eso se imaginaba que no pasó lo de la noche anterior. Quizá era lo mejor, si ambos lo olvidábamos. Él no quería aceptarse como gay y yo… no quería saber que esos besos y caricias eran para mi hermano. Debía terminar.

Cuando las clases terminaron, fui al dormitorio para dejar mis cosas y quitarme el uniforme. Me puse la ropa deportiva de la escuela, me quedaba grande y quería quitarme las vendas del pecho y el torso de plástico. Dormir con el pecho apretado me estaba matando, no podía respirar bien, me dolían los senos y me daban comezón las vendas. También me quité la ropa interior con el bulto, si seguía vistiendo tanta ropa, terminaría muriendo por deshidratación. Era como si estuviera en un constante sauna.

Guardé las cosas en mi mochila, junto al cosplay de Lila. Esa pequeña bolsa era el poco equipaje que en verdad era mío. Todo lo demás era de Marion, por cualquier cosa que pasara esa mochila era mi seguro de vida para salir huyendo de ahí. Debía ser como un ninja, nadie debía saber que estuve ahí… a excepción del asesor y Allegra, ellos habían sido daños colaterales.

Me apresuré pues le pedí a Felicia que me dejara usar de nuevo el almacén, estaba segura que mi diseño quedaría entre el martes y miércoles.

Estaba poniéndome la camiseta cuando Adrien entró al dormitorio. Nervios es una palabra pequeña para describir lo que yo sentía. Me bajé la camiseta que aun la tenía a la altura del pecho y tan rápido como pude me puse la sudadera. Bonito momento para que Adrien entrara, creo que era una señal para decírselo.

—A-Adrien, ¿ti-enes algo que hacer más tarde? —Me temblaba la voz, sin importar cuan firme tratara de ser, estaba que me llevaban los mil demonios.

—Tendremos una competencia en unos días, estamos entrenando a los de nuevo ingreso. Tal vez estaré fuera un rato ¿necesitas algo? —me dijo mientras se quitaba el uniforme y se ponía la ropa deportiva de la escuela.

Volteé a ver un punto muerto, desviando la mirada para no verlo. Adrien tenía un serio complejo de exhibicionista o de plano me estaba haciendo un striptease. Sólo veía como una a una, las prendas del uniforme iban cayendo cerca de mí.

—Te pregunté si necesitabas algo. —Volvió a repetirme, como si tratara que lo volteara a ver, no debía caer, era algo tentador pero no debía hacerlo, si seguía su juego eso iba a terminar muy mal y la profecía de Tikki se haría realidad.

—Ahm, y-yo necesi-to hablar, con-tigo. —mis ojos iban de un lado para otro tratando de no verlo, pero el muy maldito estaba sólo con la parte inferior del traje. Tenía al descubierto el torso, un muy bien formado torso. "Marinette, concéntrate" Era lo único que me repetía en la mente.

—¿Sobre qué?

"Maldición, termina de vestirte". Definitivamente lo estaba haciendo a propósito.

—Es algo muy importante, debemos, debo decirte algo muy importante y tal vez te enojes, pero

—¿Pero?

Se sentó en la cama, quedando frente a mí. A buena hora se me ocurrió quitarme los aditamentos para "ser Marion". Cruce mis manos frente a mi pecho, lo bueno era que soy bastante plana y con la ropa holgada no se me iba a ver nada.

—Pero, espero apelar a la- al- a- la razón. —Estaba a punto de hiperventilarme, comencé a temblar.

Podía enfrentarme a más de seis mastodontes pero no podía hablar con un chico lindo. Hasta yo me decepcionaba de mí.

—Ok, habla. Te escucho.

Se levantó un poco de la cama para tomar mi muñeca derecha y jalarme hacia él. Haciendo que quedara sobre él. En un movimiento rápido separó mis piernas para que quedaran a la altura de sus caderas mientras él seguía ligeramente sentado en la orilla de la cama. Con su mano derecha acarició mi glúteo para que me acomodara bien sobre sus piernas y colocó sus dedos bajo mi muslo. Soltó mi muñeca derecha y metió su mano izquierda bajo mi camiseta acariciando mi espalda baja.

La noche anterior no había pasado ningún límite. No me dejó marcas en el cuello, lo cual agradecí. Pero no trató de quitarme la ropa o acariciar mi piel bajo la ropa. Era como si día a día iba aumentando de nivel.

Sus dedos recorrían desde mi columna hasta la parte baja de mi espalda y de regreso. Con algunas caricias circulares que me quitaban el aliento, su mano estaba fría y mi piel estaba ardiendo, primero por toda la ropa que me acababa de quitar y por los movimientos del chico de ojos verdes.

Sólo pude estremecerme, y morderme el labio para no emitir ningún sonido; lastimándome un poco la herida.

—N-no, de-tente, por fa-vor. —murmuré mientras mantenía mis ojos cerrados.

—¿No te gusta? —preguntó en tono serio.

—S-si, si se siente bien pe-ro para —Solté un ligero gemido mientras sentía como apretaba mi muslo con la otra mano. —ha-blar no hay ne-cesidad de ha-cer esto.

Apreté con mis dedos sus hombros, con toda la fuerza que podía controlar. Necesitaba un punto de apoyo o me iba a desmayar, eso era mucho para mi. Si seguía acariciándome se iba a dar cuenta que era una chica, debía decírselo ya.

Sin embargo, su teléfono comenzó a sonar. Soltó mi pierna para apretar el botón de su audífono. Al parecer lo estaban esperando y solo asintió que llegaría con ellos en cinco minutos.

Me acomodó en la cama, mientras él se levantaba para buscar algo. Suspiré un poco más tranquila, me senté pero sentí como colocó su mano en mi hombro para después murmurar en mi oído: "Lo que sea, puede esperar a esta noche, debo darte algo muy importante para ti"

Al sentir su respiración en mi cuello y sus labios rozándolo, cerré los ojos y me levanté asustada. Ya no podía permitir eso, debía decírselo. No podía seguir engañándolo. Su rostro estaba sorprendido por lo que hice, supongo que esperaba que aceptara el beso pero creo que lo tome con la guardia baja.

Se colgó la mochila en el hombro y se dirigió a la salida. Creo que herí su orgullo, yo… no quería hacer eso. Una mueca amarga se dibujó en sus labios, no quería que eso pasara. Lo alcancé, lo volteé, y lo arrinconé en la puerta, la diferencia de estaturas era algo negativo, ahora recuerdo que apenas y con los zapatos de tacón se había disminuido. Así que lo tomé del cuello de la camiseta y la atraje hacia mí. Lo único que se me ocurrió fue besarlo, si ese era el último beso que habría entre ambos, quería tomar la iniciativa.

Lo besé tanto como pude, pues el vendaje que llevaba en el labio me estorbaba un poco. Cuando me quedé sin aire fue como me separé de él.

—Si te das cuenta que con lo que acabas de hacer, cualquier distancia entre tú y yo se va al demonio ¿verdad? —Comentó Adrien en tono seductor mientras se pasaba el dedo pulgar por los labios. —No hay retorno, después de lo que hiciste.

—Y-yo, n-no sabía lo que hacía. ¡Perdóname! —Rápidamente me alejé de él. —No quería que pasara.

—¿Ah si? ¿Y cómo crees que terminara esto? —dijo cruzándose de brazos.

—Conmigo en cuatro y tú muy decepcionado. —susurré.

—No te escuché ¿qué dijiste?

—Nada. Es mejor que te vayas, o van a venir a buscarte.

—Pero…

En ese instante, unos golpes en la puerta sonaron, fingí que estaba acomodando algunas cosas en mi escritorio mientras Adrien abría la puerta. Uno de los chicos del equipo había ido a buscarlo, a Adrien no le quedo de otra más que irse con él.

Tikki me regañó, de nuevo. Estaba jugando con Adrien y eso sería contraproducente, aunque una ínfima parte de mi pedía que no se decepcionara. Dejé algunas cosas sobre mi escritorio pues estaba buscando mi diseño original, para llevármelo al almacén. Si me mantenía trabajando no pensaría en esa clase de cosas.

Tomé a mi kwami, mi cartera, unas galletas, mi diseño y cerré la habitación, no sin antes abrir la ventana para que se oreara el lugar. Todo en mi estaba mal.

No podía seguir haciéndome ilusiones con Adrien, él estaba enamorado de Marion. No podía pedirle consejo a Chat porque ya lo había abrumado con mis problemas. Era mi compañero de batallas, no mi terapeuta personal. Tal vez si le decía a Allegra ella pudiera aconsejarme o quizá si iba a buscar a Lea ella me pondría en perspectiva. Si, tal vez un rato con la tía de Nath, alguien objetiva, me haría tomar una decisión.

Ante cada movimiento en la máquina de coser, ponía en perspectiva mis actos. Iba a lastimar a Adrien, cuando Felicia se diera cuenta que yo era una chica también la iba a lastimar. Me había encontrado con buenas personas en ese internado y el hecho de herirlos me haría sentir como un monstruo.

—No debes seguir postergándolo, Marinette. —comentó Tikki mientras pegaba algunas aplicaciones a la tela. —Adrien se va a enojar pero es mejor que lo sepa ahora a que se dé cuenta que Marion no eres tú.

—¿Crees que mi hermano regrese? —murmuré.

—Si algo malo hubiera pasado, la otra Tikki me habría avisado. Somos como ustedes, sienten cuando el otro está en peligro. No sé dónde está exactamente pero sé que están bien. —dijo mi kwami. —Marion es bastante prudente en algunas cosas, quizá, con un poco de suerte este en un avión de regreso a París.

—Eso sería fantástico, pero… no me daría tiempo de explicarle a Adrien. Creo que su práctica termina a las ocho. Estaré en la habitación a esa hora, para que nada nos interrumpa.

El plan después, de contarle la verdad, sería ir a la azotea, esperar el toque de queda y si era necesario no regresar hasta la mañana siguiente a la habitación, me la pasaría patrullando. Se iba a enojar, yo lo haría, por lo tanto le daría privacidad.

Cuando me cansé de coser, salí a dar una vuelta. Fui al sanitario para lavarme la cara y por primera vez en días: fui capaz de ver mi verdadero rostro.

Me había quitado la peluca, las cejas y las patillas. Mi rostro lucía diferente. No estaba esa sombra de orgullo que a mi papá no le gustaba, no estaba ese ceño fruncido y de algún modo no me veía falsa. Eso sí, tenía ojeras más grandes de lo que las tenía pero era lindo, está de más que yo lo dijera pero me veía bien.

Creo que el hecho de aceptarme tal como soy, con mis miedos y límites así como que yo era Ladybug y nadie iba a decirme que hacer… me había ayudado mucho.

La primera persona de quien me debía enamorar era de mí, y sí; me gustaba tal como me veía. Más relajada, más natural, más yo. Independientemente de lo que pensaran de mí, estaría bien, yo estaría bien.

El espejo me había sonreído ese día, me estaba despidiendo de mis fantasmas y me gustaba tal como era yo.

Salí del edificio con una nueva versión de mí. "Un paso a la vez, Marinette. Un paso a la vez" me repetía constantemente, mientras daba un paseo por todo el campus, la brisa otoñal se sentía bastante bien, el verano había pasado. Sentía como si hubiera sido una eternidad desde el lunes que mis amigos me habían llevado a Illirya y casi me obligaron a salir del auto. Quizá podría cambiar todo por estar en ese lugar. Me gustaba estar ahí.

Perdida en mis canciones resonando en mi cabeza. No escuché las llamadas que llegaron a mi teléfono. Faltaban quince minutos para las ocho de la noche, por lo que fui a la habitación. Tenía que decirle la verdad a Adrien, entré casi dando brinquitos al edificio de los dormitorios. Y tal como lo había pensado, los chicos estaban buscando un nuevo líder… ¿tanto trabajo les costaba formarse una idea por ellos mismos? Los de primero me habían comprado comida y bebidas, la cual rechacé amablemente. Los capitanes de los equipos me invitaron a un centro nocturno el sábado, además que invitaríamos a algunas chicas, sólo respondí que lo pensaría.

Los chicos del equipo de lucha se disculparon conmigo pero les dije que la disculpa debía ser para Iván y que no volvieran a molestar a quien se acercara al edificio, a menos que alguno de los chicos en ese dormitorio tratara de sobrepasarse con alguna de las chicas, entonces tenían mi permiso para romperle la cara o en su defecto lo haría yo y me pondría seria en ese aspecto.

La cara atemorizada de los chicos me dio a entender que comprendieron lo que dije. Creo que todos se habían dado cuenta que me contuve con Cassel y los otros chicos. Yo sabía que no era cuestión de fuerza, era más bien técnica pero no me molestaba que así lo creyeran.

Les dije que estaba cansada y que me retiraría. Puedo apostar que algunos se sintieron aliviados. No podían tenerme miedo… ¿o sí? No los entendía, la mente masculina era demasiado para mí. Lo que parecía sencillo lo hacían complicado.

Subí por el elevador y fui hacia la habitación. Saqué mi llave para abrir, pero la puerta ya estaba abierta. Adrien debía estar dentro. Exhalé para relajarme. Estaba por decirle la verdad y estaba hecha un manojo de nervios.

—Todo va a estar bien, Marinette. Yo estoy contigo. —La vocecita de Tikki sonó entre los pliegues del gorro de la sudadera.

—Lo sé. Gracias.

Moví la manija de la puerta e ingrese.

Adrien volteó a verme, estaba de pie en mi escritorio. Sus ojos estaban inyectados de ira, no era como el día anterior cuando peleamos, eran hirientes y me dieron miedo y mucho.

—¿Me quieres decir que significa esto?

Su voz sonaba como un dique que estaba por explotar en furia. Se estaba conteniendo, jamás había visto a alguien tan enojado. Podía enfrentar a un hombre apuntándome con un arma pero me ponía a temblar cuando veía a un chico enojado, hasta en eso me daba pena mi actuar. Adrien tenía en las manos algo. Cuando lo distinguí, sentí como el aire me faltaba.

Era mi agenda y estaba abierta justo en las hojas donde había escrito una enorme estupidez. La frase "Usar a Adrien para acercarme a sus padres", tapizaba las hojas.

—N-no, no es lo que parece. —dije en tono apresurado al saber lo que estaba cruzando por su mente.

—¡Entonces dime qué demonios significa! —no soy buena con los gritos. No me gusta que griten, me recuerda a como me amenazaban mis primos durante los entrenamientos y hacían que me paralizara.

—Y-yo n-no.

—¡Habla! ¡Ten el valor suficiente para decírmelo a la cara! —vociferó hecho una furia. —Pero no tiembles ¡Dímelo!

—No, yo no quis-

—¡¿No quisiste usarme?! Porque eso dice aquí. —Lanzó a mis pies mi agenda, por lo que solté un grito ahogado. —¡Te lo dije! ¡Te tuve la suficiente confianza para contarte mi situación y te convertiste en lo que más odio!

—No, Adrien.

—¡No me llames! ¡No digas mi nombre! Fuiste la única persona en quien he confiado a parte de mis padres. ¡Te estaba entregando mi corazón! Creí que eras diferente y como un estúpido me enamoré de ti.

Sus palabras me quebraron por completo. Le costaba trabajo confiar en las personas y cuando por fin había hecho… yo lo engañé.

—¡Habla! ¡Defiéndete! Lléname de tus mentiras, dime una excusa creíble.

Aunque dijera la verdad, para él sería una mentira. No perdía nada en intentarlo.

—No voy a negar que traté de emparejarte con Felicia para obtener un beneficio. —mi voz temblaba y sonaba como un susurro lastimero. —Y si escribí eso fue antes de saber cómo eras en verdad.

—Claro, cuando te diste cuenta que Felicia no era mi objetivo te facilite las cosas ¡¿No es cierto?!

—No, claro que no.

—¡Deja de mentir! ¡No llores! Tus lágrimas no me convencerán.

Mis ojos estaban vidriosos pero las lágrimas aun no salían. Si me quebraba más, no podría ser capaz de hablar y decirle todo. Me pase la manga del suéter por los ojos para tratar limpiarme.

—No es mentira. Fue estúpido escribir eso, pero me traté de acercar a ti sin saber quién eras. Necesitaba a un amigo y pensé en ti, pero solo me evadías. Creí que me odiabas.

—No quiero escucharte.

—Traté en muchas ocasiones hablar contigo, pero luego me dijiste que querías hacer un trato y que yo te acercara a Felicia, tú mismo dijiste que era tu oportunidad de usar a alguien.

—Guarda silencio. —comentó Adrien en tono de fastidio.

—Fue una tontería escribir eso, —continué hablando haciendo caso omiso —pero creí que tú me usabas y yo lo haría, nadie saldría lastimado.

—Cállate. —Murmuró.

—Pero luego conviví contigo y me contaste lo que te pasó. Yo no quería ser como esas personas, al usarte, por eso te aconsejaba de corazón. Quería que fueras feliz, te lo merecías.

—Cierra la boca.

—No quería comenzar a sentir algo por ti, pero tú sentías algo y yo seguí. Me dolía cuando hablabas de Felicia pero ella te gustaba, quien era yo para interferir.

—Ya no hables.

—Cuando me dijiste que querías llamar mi atención, me sentí bien; me gustó que me notaras. Luego pasó el fin de semana y lo del lunes. Tú me haces sentir bien y yo…

—¡Te dije que te callaras! —gritó totalmente enojado. Su mandíbula temblaba por toda la ira que sentía, enmudecí de inmediato. —¡Deja de burlarte de mí! No soy un estúpido.

—Adrien.

Salió furioso de la habitación. Me dejé caer en el suelo, no esperaba que eso pasara, si así había reaccionado con lo que escribí ¿cómo reaccionaría si le decía que yo no era un chico?

Debía buscarlo, debía hablar y convencerlo que lo que imaginaba no era verdad. Me temblaban las piernas y como pude me levante. Tardé en llegar a la recepción del dormitorio. Le pregunté al encargado si había visto donde se dirigió Adrien. No me dijo.

Faltaban algunos minutos para el toque de queda. Fui hasta la entrada del internado y les pregunté a los vigilantes si lo habían visto. Uno de ellos comentó que lo vieron salir. Les dije que iría a buscarlo, pero me advirtieron sobre el tiempo y que debíamos regresara cuanto antes o tendríamos problemas. Sólo asentí y salí corriendo. Debía hablar con él. Las cosas no podían quedar así.

Me transformé para tener una vista aérea. Usé mi yoyo para deslizarme por los edificios. Cuando al fin lo encontré, me escondí en un callejón para quitarme la transformación, lo alcancé tan rápido como pude.

—Adrien, debemos volver. Te meterás en problemas sí...

—¡¿A ti qué diablos te importa lo que me pase?! —gritó al escuchar mi voz. —Estoy harto de tus mentiras, eres lo peor que me ha pasado.

—Me lo merezco, soy egoísta y mi manera de actuar es estú-

—Cállate. —Me sujetó la mandíbula con su mano, para evitar que hablara. —Cada palabra que sale de tu boca no es más que una mentira. Soy un idiota, me deje guiar por unos bellos ojos y unos labios que me hicieron perder la cabeza al llegar al cielo —paso sus dedos por mi labio inferior —pero no vales más que un montón de basura. No quiero volver a verte.

Me empujo y siguió su camino. Lo que yo dijera era inútil. Estaba decepcionado de mí, ¿cómo explicarle que no era mentira lo que decía si desde que nos conocimos sólo podía mentir? Regrese sobre mis pasos con rumbo al internado. Tenía ganas de llorar pero las lágrimas no salían. Eran las nueve de la noche, esperaba que Adrien regresara a la habitación, pero me di cuenta que quien sobraba en esa alcoba… era yo.

Yo era la causa de sus problemas, yo era quien había hecho ese alboroto, yo tenía la culpa de todo.

Estaba a escasos cien metros del internado cuando supe que ya no tenía cabida en Illirya. Estaba hurtando una vida que no era la mía, por lo mejor que me llegara a sentir en el internado; todos conocían a Marion, el chico problema, nadie conocía a Marinette, la chica poco femenina.

Aunque Allegra supiera de mí, ella me había conocido como Marion y gracias a la figura de mi hermano fui capaz de conocerla. Yo no había hecho nada en Illirya, Marion sí; aun sin presentarse, jamás sabrían que una mujer era quien había terminado con Cassel, porque si me delataba mi hermano pagaría las consecuencias con la escuela y con mis padres.

—Tikki, es hora de volver a casa. —susurré.

—Marinette, pero ¿Marion y Adrien? ¿y la beca Agreste? ¿Te vas a dar por vencida? —la voz de Tikki sonaba llena de preocupación.

—Tenías razón. Fue un error venir aquí.

El último autobús a París, saldría en veinte minutos debía apresurarme para comprar el boleto. Tikki me hacía ver que era un error. Si me dejaba guiar por mis sentimientos en ese instante pagaría las consecuencias después. Debía tener la mente fría, pero las palabras de Adrien seguían resonando en mi cabeza.

Mientras le daba la espalda al internado, vi un taxi cuya identificación mostraba que venía de París. Le hice la parada y se detuvo. Le pedí que me llevara al sitio de taxis en la capital, para él no habría problema pues de todos modos debía regresar.

Subí al auto y me coloqué el cinturón.

—Es raro ver a un jovencito en Aubergenville entre semana. ¿Se escapa del internado? —dijo en tono de broma el taxista

—Algo así. —contesté fingiendo una sonrisa.

—¿Qué pasó?

—Le rompí el corazón a una persona maravillosa y soy tan cobarde que no puedo enfrentar lo que hice. —abrí un poco la ventana para que el aire me refrescara.

—¿Seguro que quiere irse? A veces una buena conversación vale más y abre el camino a la reconciliación.

—Cuando algo se construye a partir de una mentira, todo está destinado a irse al demonio. —contesté.

—Es joven, todo esto pasara.

—Eso espero.

Casi todo el viaje se hizo en silencio. Cuando comencé a distinguir algunos edificios, supe que estaba en casa, en mi hogar. Llegamos al sitio de taxis, el chofer me ofreció llevarme a mi casa, pero le agradecí y después de pagarle me fui caminando. Era tarde, pero París es la ciudad luz por lo que las calles estaba llena de gente. Me transformé en un callejón y con ayuda de mi yoyo pasé entre los edificios. Saltando entre los tejados, deslizándome entre las farolas, vi mi colegio, la casa de Chloé, la de Nath y todos mis amigos. Esa era mi ciudad, yo debía estar ahí. Era una heroína.

Estuve patrullando desde las once de la noche hasta las dos de la mañana. La megalópolis era mucho más grande que Aubergenville. Detuve varios intentos de asalto, y algunos tipos que querían entrar a una joyería. Me quedé un rato más en la cima de la Torre Eiffel, había extrañado esa sensación. Como la ciudad se postraba a mis pies.

Me fui a casa, eran casi las tres de la mañana. Entré por la ventana de mi alcoba. Más de una semana alejada de todo lo que conocía me había hecho añorarlo más. Me quité la trasformación y cuando me vi en el uniforme deportivo de Illirya, me sentí indigna de usarlo. Me desvestí y me metí a darme un baño.

Sentir el agua caliente recorriéndome, era algo inexplicable. No tenía miedo que alguien descubriera que era una chica, temor a que alguien entrara y no saber que inventar. A las tres y media entré en mi cama y me cubrí con las mantas.

Fue cuando recordé como había pasado la noche anterior: en los brazos de Adrien, mientras los besos esporádicos y las preguntas y respuestas para conocernos habían desfilado.

No, no era digna de él. Ya lo había dicho: lo que se construyó en la mentira estaba condenado a terminar mal.

Me quedé dormida de inmediato. Lo último que quería hacer… era pensar.


Escucharon eso?

Fue el corazón de todas/os los fans de esta pareja quebrándose al mismo tiempo.

Ya llegó la tía, ya llegó el desmadr* y al que no le guste... que no lea mis fics, gracias.

Penúltimo capítulo, Adrien esta más que enojado, Marinette tomó las cosas a la ligera y son las consecuencias de sus dolió mucho escribir este capítulo, sobre todo para Adrien, aun falta mucho pero sólo nos queda el capítulo final donde todas las tramas se vuelven a atar y KABOOM! capítulo especial con sorpresa.

No hay mucho por explicar en esto, más que esta basado en una parte de mi vida donde yo cometí un gran error y desafortunadamente no pude pasar más tiempo con la persona que lastimé.

UN GRAN Y CARIÑOSO SALUDO A MarinetteHernnandez

una de las pocas lectoras que me ha seguido casi desde el principio además que le encanta comentar mis publicaciones en FB.

Tambien este cap esta dedicado a Iaranto que es su CUMPLE!

Feliz y trágico cumpleaños con este capítulo que les deja más dudas que respuestas pero con su lado HOT, muajajajajaja

No dije que sería un capítulo bonito, más bien trágico.

Lectores/as, tengo un grave problema.

Gracias a dos canciones se me ocurrió otro fanfic BUENISIMO, ship crack, maduro y con toneladas de DRAMA, (NO VOLVERAN A VER AL ADRINETTE IGUAL, sip me gusta hacerlos sufrir muajajajajaja) tengo una excelente idea para el próximo cap de "Acaso... ¿eres tú?", mis ideas a tope con "¿Puedo ser él?" y mucho sufrimiento con "Adiós en soledad" pero NO TENGO TIEMPO!

Además que estoy buscando un editor de video para hacer un video-lectura de uno de los fanfics.

Por votación, el primer VIDEO será para el capítulo de un fanfic que la mayoría elija, así que pónganse de acuerdo y el que mas "x1, x2, x3..." tenga en los comments, ese se publicara en yt Y FB.

La tía Hanna les dice

BYE BYE...