Doceava Noche: La revelación de un miércoles.
Sentí como una cálida y suave caricia recorría mi cabeza. La sensación era divina, se sentía como cuando mamá me cuidaba, el aroma de un desayuno delicioso llenó mi nariz, justo el que preparaba papá antes de irme a la escuela.
Era diferente a como había vivido los últimos días. La luz matinal entraba y me daba directo a los ojos, lo cual era extraño pues las cortinas del dormitorio siempre estaban cerradas, una manía curiosa de Adrien.
Adrien...
Me había quedado tan dormida que olvidé corroborar que él regresara al internado, debía abrir los ojos, pero sentir como alguien me daba mimos en la cabeza me gustaba por lo que el sueño se estaba apoderando de mí.
—Marinette, mi amor. Es hora de levantarse, vas a llegar tarde.
La dulce voz que sonaba en mi oído era bastante familiar, pero ¿Qué haría mi madre en Illirya?
Un momento...
¡Yo no estaba en Illirya! ¡No estaba en Aubergenville! ¡Estaba en París!
Abrí los ojos de golpe y mientras la luz cegadora del sol, me dejaba fuera de combate y unos parpadeos rápidos hacian que mis ojos lucharan para acostumbrarse a mi ambiente. Aún así puede ver la figura de mi madre sentada en la orilla de mi cama, era ella quien me estaba acariciando.
—¡Mamá! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! —grité asustada, alejándome de mi mamá.
—Marinette Dupain-Cheng, ¡¿Qué te pasó en el labio?! —La mirada horrorizada de mi madre hizo que me llevara la mano a la boca tocando el vendaje que aún tenía.
—Y-yo, fue mien-tras patru-llaba. —seguía medio dormida por lo que mi mente aun no formulaba mentiras coherentes. —¿Q-qué haces aquí?
—Mari, te estuve llamando ayer. ¿por qué no contestabas? Ni en la casa ni en tu celular. Incluso llegué a llamar a Marion pero el me ha ignorado estos días. — Mamá se levantó y comenzó a recoger la ropa que estaba regada en el suelo, algunas prendas estaban desde antes de mi ida a Illirya — El tío abuelo se sintió mejor y casi nos ordenó que regresáramos a París.
—¿A qué hora llegaron? —pregunté tratando de encontrar con la mirada la peluca de "Marion".
—Hace como veinte minutos. —Colocó las prendas sobre la silla de mi escritorio, recorrió las cortinas y abrió las ventanas para que la brisa circulara por la alcoba. —Pero levántate que vas a llegar tarde a clases, son las ocho. Tu padre te llevara a la escuela.
Traté de levantarme apresuradamente de la cama para esconder todo lo que podría relacionarme con la escuela de mi hermano pero, por alguna razón las piernas me fallaron. Mi madre apenas fue capaz de atraparme antes de caer.
—Marinette, estas más delgada. —Apretó sus brazos contra mi torso palpándome para verificar su exclamación. — Estas pálida. No has comido ni dormido ¿verdad?
—Sí, creo.
Mamá tenía razón, hacía días que no comía bien. Con tantos problemas si comía una barra de cereal durante el día era mucho. Además que aún me sentía medio agripada por la lluvia que me atrapó aquél sábado.
—Será mejor que no vayas a clases. —Puso la palma de su mano contra mi frente para verificar que no tuviera temperatura y después de verme más cerca por unos segundos, se me quedó mirando un rato más, estaba asustada por si llegaba a encontrarme diferente tras estas dos semanas. — Baja a desayunar, tú papá está terminando de cocinar.
El rostro de mi madre era de preocupación genuina. Me soltó y en cuanto se acercaba a la puerta para salir, fui a abrazarla fuertemente, la había extrañado tanto. Sentía como si un nudo en la garganta se me formaba. Recordé todo lo que Adrien me había dicho la en la noche y lo mal que me sentía. Quería un gesto de cariño de mi mamá, necesité sus consejos y palabras de aliento. MI acto sorprendió a mamá, pero respondió el gesto. Me colocó el suéter en los hombros y bajé las escaleras aun en pijama. De inmediato escuché a mi papá tarareando una canción que se escuchaba desde la televisión mientras servía en los platos huevos benedictinos, panqueques con mermelada de fresa, tocino y me había preparado una enorme malteada de chocolate.
—Marinette, ¿No vas a ir a la escuela?
Papá me observó con su típico gesto de "te saliste con la tuya", lo extrañé mucho, así que corrí a abrazarlo. Sólo fue semana y media, y los extrañé mortalmente. Aún no estaba lista para enfrentarme sola al mundo, recibir el constante apoyo de mi familia y amigos me hizo tanta falta que sentía cómo podía respirar con tranquilidad después de mucho tiempo. Después de aceptar el abrazo, papá me dio un beso en la frente y nos dispusimos a desayunar.
La gran ventaja que mis padres supieran de nuestras kwamis es que podían sobrevolar por toda la casa. Tikki estaba conmigo y mi papá ya le tenía listo un platón de galletas, tal vez las había pasado a recogerlas de la panadería para revisar que todo estaba bien antes de integrarse por completo al negocio. El desayuno se llevó de modo tranquilo, su equipaje aun estaba en el recibidor y quizá caerían dormidos por el jet lag y ya me había hecho a la idea de pasar el día en mi cama, siendo mimada por mis padres cuando...
—Marinette, esta casa es un asco ¿no hiciste los quehaceres? —dijo mi madre pasando los dedos en la mesa del comedor, haciendo que estos se llenaran de polvo.
¡Mierda! Todo se había quedado exactamente igual, pero el polvo se había acumulado y la basura que no saqué y la ropa sucia que dejé... debí haberle dado las llaves a mis amigos para que lo hicieran.
—Hablaré al internado para que le avisen a Marion que ya llegamos.
¡Doble mierda! Volteé a ver a Tikki, y su mirada acusadora me decía "Te lo dije, piensa las cosas". Eran las ocho, en unos minutos iniciarían las clases, quizá mi madre le hablara al director para que Marion estuviera en la oficina, pero... Marion era yo y yo estaba en París. ¿Por qué me metía en tantos problemas?
—Marion me dijo que se sentía mal y que le recomendaron reposo. Tal vez ni siquiera pueda moverse. —Ahí iban las mentiras. Era como cada que abría la boca, necesitaba mentir.
—¡Si, se escuchaba bastante gangoso! —admitió mi mamá. —Debería ir a verlo.
—¡¿Qué?! No, claro que no, mama. —intervine asustada. —Si fuera algo grave ya nos hubieran llamado, ya sabes lo quejica que es Marion, tal vez sólo es un resfriado y hace un drama para hacerse el mártir con ustedes.
—En eso tienes razón, Marinette. Hablaremos más tarde, debe estar en cama. —La tranquilidad de mi padre me daría tiempo para planear algo.
Terminamos de desayunar cerca de las nueve de la mañana, mi madre me dijo que en vez de descansar debíamos limpiar la casa. Era lo último que me faltaba, podían hablar en cualquier momento, debía regresar a Illirya y después... ya se me ocurriría otra cosa.
—¡Debo ir a la escuela! —dije mientras aspiraba la sala.
—No te preocupes, sólo faltaras un día. Luego les dirás a tus amigos que te pasen las tareas. —dijo relajada mi madre mientras sacudía los cojines.
—Es que ten-go que entregar ¡una tarea! Si me doy prisa, puedo entrar a la tercera clase. Yo creo que mejor me apresuro. —me quité el mandil y lo doble para después dejarlo en el respaldo del sofá.
—Creo que mantenerte alejada de Marion te hace más responsable.
Mi padre no podía estar más en lo incorrecto.
Subí las escaleras y me puse mi ropa. Si bien mi ropa casual raya en lo tomboy, tengo algunas prendas que si entran en el estándar de la sociedad como, casi femeninas como mis leggins rosados, mi camisa blanca y mi chaqueta negra. Cómo me gusta ese coordinado aun si el rosa es esa marca "femenina" para lo sociedad. ¡Demonios, sólo es un color!
Apenas si me pasé el cepillo por el cabello, cepillar mi cabello... después de muchos días de secarlo para enredarlo en una media y ponerme la peluca me hizo darle un beso a mis mechones obsidiana. Me lo había cortado durante las vacaciones de verano a la altura del hombro, antes estaba cerca de la cintura, pero los problemas que me traía cada que salía a patrullar me hicieron deshacerme de él.
Tikki me sacó de ni ensoñación y me apresuró. Debía pensar rápidamente alguna clase de plan para que tanto Marion como yo, saliéramos del problema. Me hice dos coletas y metí en una bolsa cruzada, que me servía de monedero a Tikki, mientras en mi mochila escondí la peluca de Marion y el uniforme deportivo de Illirya.
Me despedí de mis padres, avisándoles que volvería después. Corrí tan rápido hasta la central de autobuses pero el siguiente autobús saldría dentro de otra hora. Debía conseguir un taxi, aunque París puede parecer enorme, ¿cuál era la posibilidad que el mismo taxista que me llevó a París, me llevara a Aubergenville? Pues eso fue lo que me pasó.
El hombre me preguntó sobre la urgencia de los jóvenes para ir o volver de Aubergenville, pues el día anterior había llevado a un chico y traído a otro y ese día me llevaría a mí.
—Debo ver a alguien y es de suma importancia que llegué lo más rápido que pueda. —le rogué al taxista.
—Ok, lo que la señorita pida, estaremos allá en unos cuarenta minutos. —El taxista aceleró. —Es mi imaginación o ¿tendrá un hermano? ¿Tendrá varios? Ayer tuve de pasajeros a dos chicos idénticos y usted tiene algunos rasgos similares, sobre todo con el último.
—Oh, tal vez se lo imaginó.
Estaba tan nerviosa que olvidé mi teléfono. Recordé que lo había dejado en mi buró, pero cuando bajé a desayunar, lo puse a cargar. Con todo el estrés de la tontería que estaba por cometer lo dejé conectado.
Está bien, estaría completamente sola o bueno medianamente sola, Tikki estaba conmigo. Me saltaría la barda y entraría a los dormitorios, me pondría el uniforme y... ¿y luego qué? Adrien no quería verme, Marion no aparecía, mis padres estaban en París, los profesores sabrían que no estaba Marion en el colegio. Solo tenía un camino: decir la verdad; pero si lo hacía todo lo que pase para llegar a ese día, no habría servido de nada.
Ya no me importaba la beca Agreste, debía salvar a mi hermano y decirle todo a Adrien, lo lastimé; yo lo hice y yo debía enfrentarlo. El camino a Aubergenville, se me hizo eterno y eso que solo tardamos cuarenta minutos. Al pagar el taxi, el chofer me dio su tarjeta por si necesitaba que fuera por mí para regresar a París, le agradecí aunque no sabía lo que pasaría. Tal vez tendría que quedarme, pero mis padres preguntarían por Marinette, pero si me iba preguntarían por Marion ¡Ay, ¿por qué no fui hija única?!
Mi vida sería tan sencilla si sólo fuera Marinette Dupain-Cheng. ¿Todo sería más fácil? ¿Seguiría siendo Ladybug? ¿Habría un sexy modelo que me hiciera babear y no pudiera hablar con él? Me gustan los modelos... "¡Deja de intentar escapar de la realidad, Marinette!" Me dije dándome unas palmadas en las mejillas, mi mente estaba divagando para evitar el gran problema que tendría encima. Sip, si no me metiera en tantos problemas, mi vida sería pan comido a diferencia de lo que estaba viviendo.
Al ser de día, era más probable que alguna cámara o persona pudiera ver mi transformación; así que lo haría a la vieja escuela: tendría que escalar la pared, escabullirme entre los árboles y llegar al dormitorio; el primer descanso estaba por empezar.
Con cuidado subí, salté la barda y llegué al otro lado. Me dirigí a toda velocidad a los dormitorios y burlé al recepcionista. Subí al elevador y en el piso dos, ya no sabía lo que hacia. Para mi buena fortuna la alcoba estaba abierta, lo cual hizo que me preocupara, o Adrien no había regresado o no cerré la puerta la noche anterior o Adrien volvió y no cerró la puerta.
La alcoba estaba acomodada. Mis carpetas con diseños estaban en el cajón del escritorio, por lo que Adrien si había regresado y recogió la habitación. Tenía que ponerme el uniforme e ir a buscar al asesor de clase, él me ayudaría a hacer un plan o tal vez hablar con mis padres para que no buscaran a Marion. Saqué mi mochila, para ponerme el torso y todo lo demás pero en la almohada había una nota.
"En el primer descanso ven al auditorio".
Era letra de Adrien, la reconocía porque era bastante linda y tenía un toque de manuscrita. Era obvio que era para mí ¿a quien más le pudo haber dejado la nota? Debía decirle que era una chica, se lo debía así que me quité la ropa y me puse el uniforme deportivo, así no llamaría tanto la atención. Tenía que apurarme, sólo quedaban algunos minutos antes del primer descanso y cuando todos estuvieran fuera, me verían.
Guardé mi ropa con el torso y los otros aditamentos y me colgué la mochila, me puse el gorro de la sudadera para que no vieran mi cabello largo... era hora de la revelación.
—¿Segura de lo que vas a hacer? —Tikki estaba más preocupada que yo.
—Sí, un paso a la vez. Primero le diré a Adrien, tal vez, ruego al cielo, me ayude con la ausencia de Marion. —dije un poco asustada.
—Marinette no estás pensando las cosas. Debes decirles a tus padres.
—Me lo repetiste todo el camino, pero estoy desesperada. No quiero perder a Marion, pero tampoco quiero perder a Adrien y obvio no quiero que mis padres se enojen. ¡Odio mi vida!
Abrí la puerta decidida a lo que iba a hacer. Justo comenzaron a salir los chicos al almuerzo. Cuando llegué al auditorio, no había nadie por lo que me adentré al escenario, quizá estaba por ahí.
—¿Hola? ¿Hay alguien aquí?
Mi murmuro, con la acústica del lugar sonó como si tuviera un micrófono. Baje las escaleras, buscando uno a uno de los asientos, nadie contestó. Tal vez era una trampa, había algo que me hacia sentir extraña.
—Marinette. —La vocecita de Tikki sonó en mi oreja. —Hay algunas presencias.
—Ahora no Tikki. —traté que mi voz no fuera tan fuerte.
—Ahora sí. —se notaba desesperada. —Marinette, aquí está-
—¿Qué hay, tonta?
Tikki no pudo terminar la frase pues una figura masculina apareció en el escenario, lucía un poco más alto que Adrien, evidentemente no era él. Llevaba el uniforme de la escuela, pero debajo del blazer llevaba una sudadera negra, se quitó el gorro que cubría su cabello. Una cabellera obsidiana brilló con las luces del lugar, un arete rojo que llevaba en la oreja tintineó.
Contuve el aliento unos segundos. El idiota por quien comenzó todo este drama, el imbécil que por ir a buscar a alguien me hizo cometer la tontería más grande, el pedazo de tonto que me ha tenido con el alma en un hilo por estos días, el único e irremediable tarado que en mi vida me había emocionado tanto por ver estaba ahí... frente a mí, en el escenario del auditorio...
—Marion.—Subí los escalones que me hicieron llegar al escenario, a donde él estaba.
Una semana y media sin ver a mi hermano, preocupándome mortalmente por él, preguntándome por su paradero y el hijo de las remil p%(a$ sonriendo como un idiota. Corrí hacia él, quien esperaba un abrazo y lo que recibió fue un golpe en las costillas.
—¡Maldito estúpido! Sabes lo preocupada que estaba por ti, jamás contestaste mis llamadas, ni siquiera por el comunicador. ¡¿No podías tomar un maldito teléfono y llamarme?! He pasado por muchas cosas, todo porque no quería perderte, ya te habían alejado mucho, todos me alejaban de mi hermano, no quería que tuvieras más problemas, pero creo que terminé por echarlo todo a perder.
—Ya decía yo que un abrazo de mi hermana, era mucho pedir. —se quejó abrazándose a si mismo donde lo había golpeado. —Creo que me rompiste algo.
—Te debo romper la cara, pero tengo que ver a alguien. ¡Ay Marion! Jamás había hecho algo tan estúpido que lastimara a otra persona.
—Marinette. —Mi hermano solo me llamaba por mi nombre cuando las cosas iban serias, usualmente era "tonta" o "hermanita" cuando quería algo. —Debo hablar seriamente contigo, estamos en serios problemas.
—¿Cuándo llegaste? ¿Tuviste problemas al entrar?
Marion me explicó que llegó el día anterior cerca de las nueve de la noche. Entonces el chico que el taxista había dejado, era él. Cuando entró al internado, le pidieron la credencial pero era obvio que no la tenía, pero al escuchar su nombre los vigilantes lo dejaron pasar, pues un sugar daddy como él podía tener tratos especiales.
Eso le pareció raro. Les preguntó por los dormitorios y creyeron que estaba bromeando, "habia estado dos semanas ahí", optó por seguir su sentido común. Se echó la mochila al hombro y se topó con una chica a quien le dijo que era de nuevo ingreso y si le podía decir donde estaban los dormitorios. Se presentó como Marion Dupain-Cheng, haciendo que a la chica se le cayera la mandíbula al suelo.
—Marinette, el nombre de esa chica te suena familia... es Felicia.
—¡Ay no! Todavía no hablaba con Felicia. —dije en voz alta mientras me miró con profunda decepción.
La acompañante de la chica bonita, no pudo callarse y dijo que me conocían. La chica bronceada de cabellera dorada se presentó como Allegra, le contó someramente que yo me había hecho pasar por él. Le describió las reglas del toque de queda, por lo que debían irse a sus respectivos dormitorios, pero que al día siguiente debían pensar en algo y lo mejor era que no se presentara en clases. Allegra tuvo que llevarse a rastras a Felicia, pues no creía lo que estaba pasando.
Marion siguió las instrucciones de Allegra y entró al dormitorio. Aun seguía sin creerse lo que yo había hecho. Si, estoy loca y a veces mis decisiones no son las correctas pero hacerme pasar por él, estaba en otro nivel.
Casi todos ya estaban en sus respectivas alcobas, por lo que buscó su habitación. En cuanto llegó notó que todo su equipaje estaba acomodado en los cajones y mis diseños desperdigados en el escritorio. Necesitaba respuestas, pero había perdido su teléfono en su búsqueda de Kitty.
—¿La encontraste? —Interrumpí su relato. Aunque mi corazón estaba dividido entre que el la encontrar para vivir del amor y que no para que volviera a mi lado. Yo sólo quería su felicidad, aunque era obvio que para estar en Aubergenville la respuesta era negativa.
—Marinette, aun no mides las consecuencias ¿cierto?
Opté por guardar silencio, ya sabía que me había hecho pasar por él, Felicia ya se había dado cuenta de la verdad...
Marion siguió relatando que mientras conocía su habitación y verificaba su equipaje, entró un chico de cabellos rubios y ojos verdes, lucía aun molesto pero su semblante cambió a sorpresa cuando lo vio.
—¿T-te dijo algo?
—Marinette, entraste a un internado haciéndote pasar por mí, mentiste a todos, involucraste a tus amigos, involucraste a algunos de los estudiantes, te peleaste con seis mastodontes que hubieran abusado de ti si se enteraban que eres una chica, uno de los asesores podría perder su trabajo si se enteran los directivos que nos encubrió, usaste al hijo de los Agreste para llegar a ellos y ¿todo por qué? ¿Por una beca? ¿Acaso no confías en tu talento? —Era un excelente resumen de lo que había hecho.
Un momento... ¿cómo sabía con lujo de detalle lo que había pasado? Adrien habrá sabido lo del asesor, y que él sabía que era una chica, ¿Adrien sabía que soy una chica? ¿Qué piensa de mí? Todas las dudas venían a mí, una a una, ¿qué sabían? ¿quiénes lo sabían? y ¿qué iba a hacer yo?
—Yo no usé a Adrien, yo... —¿Cómo decirle que sentía algo por él? —No fue por la beca Agres-
—¡A mí no me vas a mentir Marinette! —vociferó mi hermano. —Podrás engañarlos a todos pero a mí no. Hable con Nath, él me contó todo, al igual que Adrien Agreste.
—Es que Adrien no sab-
—Marinette ¡Cállate! —regañó Marion. —No mides las consecuencias de las cosas que haces o dices. Siempre haces tu voluntad, no te importa lo que debamos hacer los demás para mantenerte a salvo.
—Yo me puedo cuidar sola. —Marion lo sabía mejor que nadie. Si soy voluntariosa es porque conozco mis límites y sé que son muy altos. Conmigo basta para que las cosas terminen bien. —¡Jamás necesité a alguien para ayudarme! Puedo valerme por mi misma adem-
Mi mejilla comenzó a arderme, el sonido rompió el silencio del auditorio. Marion me había dado una bofetada, había rozado mi herida del labio, por lo que sangró un poco, me llevé la mano a la mejilla para tratar de calmar el dolor.
—Todos tus amigos han hecho algo para que tú estés bien, pero a diferencia de ti, no se vanaglorian para ser reconocidos. Hemos pasado cosas complicadas pero tu estúpido orgullo te ha hecho una niña malcriada y tonta que no mide los límites y termina afectando a otros. —escupió mi hermano bastante molesto.
—Yo no les pedí ayuda, si se involucran conmigo es porque me necesitan.
—¡Lo hacen porque te quieren! —intervino Marion. —Tus amigos te adoran y darían la vida por ti, yo también lo hago y con mucho gusto. Eres mi hermana, pero cuando actúas como una mocosa estúpida desearía que no lo fueras.
El niño débil no me iba a ofender. Yo soy la más fuerte de la familia. Lo han dicho incluso los anteriores portadores al ver la valentía en mí y mi fiereza. El niño llorón no me iba a censurar.
—Yo entré a este colegio para que mis papás no te mandaran a la militarizada, ¡De nada por tratar de evitar que tu vida fuera más patética de lo que ya es! —también me estaba comenzando a molestar.
—Marinette, cuando yo me fui a Nueva York, lo hice consiente de las secuelas. Yo sabía que se iban a enojar y aceptaría el castigo. ¡Eso es madurar! Aceptar las consecuencias de tus actos, algo que es obvio que no conoces.
—Soy mucho más madura que tú, yo no me fui al otro lado del océano a buscar a una chica que no conozco. —grité. —Soy mayor que tú, no me trates como una niña.
—Pues deja de actuar como una. ¿Sabes las veces que Nath y Nino te han salvado de que te expulsaran? ¿Las mentiras que Alya ha dicho para cubrirte? ¿Los castigos que han recibido Lila y Chloé cuando se echan la culpa de las cosas que tú haces? Obvio no, porque eres una egoísta. ¿Crees que tus viajes "secretos" a España y Saint Tropez no tuvieron consecuencias? El padre de Lila la golpeó por el viaje, en el caso de Alya la castigaron en la escuela por algo que tu hiciste y ella se echó la culpa.
No, eso debía ser una mentira. Ellos jamás me dijeron nada. Las cosas las hacíamos por que eran divertidas y no lastimaban a nadie.
—Yo n-no sa-bía.
Siempre pensé que los planes para pasar un buen rato con ellos, habían pasado inadvertidos para nuestros padres, pero ahora entendía porque durante un tiempo Lila usaba lentes de sol, era porque su papá le había dejado el ojo morado y no como nos hizo creer que era por "fotofobia". Por eso el alcalde le había prohibido a Chloé que me viera pero pensé que era por mi fama de chica-chico que no iría bien en su campaña de reelección
—¡Tú nunca te enteras de nada! — La mirada furiosa en mi hermano, me hería. Ya no me sentía con tanta confianza como antes — ¿Sabes por qué me expulsaron?
—Porque golpeaste al sobrino del director por una estúpida pelea. —me crucé de brazos, no porque quisiera tener una pose retadora... más bien porque tenía miedo y necesitaba recuperar mi confianza, así que abrazarme me daba tranquilidad
—El tipo y sus amigos, eran compinches de Claude habían quedado que él te drogaría y luego abusarían de ti, te tomarían fotos y si no querías que las subieran a las redes sociales tendrías que acostarte con cada uno de ellos.
Claude estaba escalando en mi ranking de personas que golpearía hasta la muerte. Por eso su vehemencia de llevarme a fiestas, ahí es donde harían todo. Por eso siempre quería que estuviéramos solos, que fuera al billar con sus amigos. ¡Con qué clase de enfermo me había involucrado! Había muchas chicas que se acostaban con él por diversión y placer ¡Qué necedad de querer humillar a una chica que sólo quería un poco de tranquilidad en su vida como lo éramos Felicia y yo! A quién engaño, la culpa era absolutamente mía. Felicia tenía razón: Claude es un idiota y eso jamás cambiará pero, nosotras... nosotras somos los seres racionales que debieron poner un freno y jamás inmiscuirse con él.
— No me arrepiento de haberlos molido a golpes — mi hermano continuó con su relato — pero si me arrepiento que mi hermana sea tan tonta para involucrarse con un idiota como Claude, ¡Te dije que te alejaras de él! Ya teníamos muchos problemas como para que buscaras otro. Pensé que tener el gen bug era lo peor que nos pudo pasar y nuestra familia nos hizo tenerle miedo a algo que es una bendición. Acepto mis poderes y los usaré para hacer algo bien, si me metí con los idiotas de la escuela era para golpearlos hasta hacerles saber que no estabas solas y que haría lo que sea para defenderte. Pero obvio eso no lo sabías.
—Marion
Me repetía todos los días que me alejara de Claude, pero yo "estaba enamorada de él", no escuché razones mientras mi hermano se llenaba de inmundicia yo iba de la mano con un imbécil. Por eso esa vehemencia de encontrar a Chat, era para distraerme de lo que estaba pasando. Marion había dejado todo por mí, había dejado sus hobbies para vigilar que nadie me hiciera daño.
Quien alejó a mi hermano de todo lo que amaba e incluso de mí... fui yo.
Mi actitud infantil y despreocupada había causado alarma en mis amigos y familia. Al ver que no estaba pensando con claridad ellos trataron de alejarme de él aun cuando sabían que las consecuencias serían negativas para ellos. No sólo tendrían problemas, habría cosas físicas como en el caso de Lila, cosas que jamás noté por estar embelesada de un idiota que me prometía el cielo, el mar y las estrellas y lo único que quería era prostituirme como si de un proxeneta se tratase...
No fue la sociedad machista lo que alejó a mi hermanito de mí, fui yo con mis absurdas y patéticas decisiones. Él dejó todo para cuidarme, para vigilar mi bienestar, no sólo físico y mental. El verdadero héroe, el que de verdad debía cargar con el gen bug para proteger al mundo... era él.
—Per-perdón.
Mi voz se quebró, siempre pensé que mi hermano era débil, pero la débil y tonta siempre fui yo. Nunca lo defendí de nada, siempre fui la damisela en peligro usando a peones para mi bienestar. Era un asco de persona.
—No llores. —Marion estaba llorando, pero a diferencia de mí, él lo hacía por rabia. —Marinette Dupain-Cheng no llora. Demuéstrame que eres la mujer fuerte que siempre clamas.
—No lo soy.
— No lo entiendes Marinette. — Me tomó con fuerza de las mejillas y levantó mi rostro para que pudiera verlo a los ojos. Sus ojos, idénticos a los míos, estaban brillando en decepción y cómo no, con todo lo que había pasado por mi culpa. Él estaría lejos de su casa, de su familia, de sus amigos, él perdió todo para que yo estuviera bien. Yo con dos semanas, corrí a abrazar a mis padres y quería estar con mis amigos para estar cómoda, él, Marion ya no tendría esa posibilidad. Yo había cambiado su rutina, su vida... mis malas decisiones le cambiaron todo a mi hermano. — Te quiero, como jamás querré a alguien más. Eres mi única hermana, tu felicidad es la mía, estoy dispuesto a hacer lo que sea para protegerte. Eres la orgullosa portadora del milagro, eres la orgullosa heroína Ladybug. Siempre he sabido que tienes más agallas que cualquiera pero, no por eso dejas de ser una niña. Siempre he querido ser como tú pero, ser tu sombra no está nada mal, si soy capaz de ayudarte y ser un buen compañero.
— Marion — gimoteé.
— Siempre, siempre estaré ahí para protegerte pero, me olvidé de lo más importante. A veces el peor enemigo eres tú mismo. Mi vehemencia por protegerte de las personas hizo olvidarme que tú debías protegerte de ti. — Soltó mis mejillas y retrocedió. — Mira, en todo el embrollo en el que estamos.
No tenía ni la más remota idea de cómo resarcir el daño que había hecho.
—Marinette, ¿es cierto que sólo viniste a Illirya por la beca Agreste?
Una dulce voz, parecida a un tintineo rompió el sonar de mis sollozos.
—Felicia.
Ella también lucía contrariada, era obvio. Llegó a pensar que estaba enamorada de una mentira, jamás debí jugar a la casamentera con ella. Ella había sido muy dulce conmigo, yo le había pagado muy mal.
—No es lo que parece. Te juro que no es lo que parece. —mis lágrimas se derramaban por mis ojos y la voz no me servía de nada.
—¿Por qué no me dijiste? Con razón me recordabas tanto a él, eres la hermana de mi Lord.
—¿Qué?
—Te conté ayer por teléfono que traté de olvidarme de alguien, mi padre no quería que estuviera con él y por eso me trajo de nuevo a París, cuando ya había decidido que nos quedaríamos en Nueva York, pensé que nuestro destino nos había engañado. —sollozó la chica de ojos azules.
—Marinette, te presentó a Kitty Noir. —Marion se acercó a Felicia y pasó su brazo por la cintura de la rubia.
Eso no me lo esperaba. Marion se había ido a Norteamérica buscando a Kitty pero Kitty ¿era Felicia?
Felicia me explicó que en la llamada del día anterior no se refería a Claude, se refería a LordBug, se habían conocido en Nueva York, esa ciudad iba a ser su nuevo hogar, para estar pendiente de su enfermedad del corazón, pero cuando ella conoció a mi hermano, se enamoró a primera vista. Le contó a su padre y este alarmado optó por regresar a París. Al parecer su mamá, había cargado con el gen y así fue como se conocieron sus padres, ese mismo gen le había dado la salud para tener a Felicia, pero conforme pasaba el tiempo se iba deteriorando.
Su padre no quería que su hija pasara lo mismo, así que si la única forma que su bebé estuviera segura de ese estigma de los Miraculous sería en el único lugar donde no hubiera otro portador y ese sería el otro lado del océano, al parecer lo que ignoraba el padre de Felicia es que en Europa, específicamente en París, nos encontrábamos el curioso caso de dos portadores al mismo tiempo. El mismo día que nosotros volvimos, ella lo hizo pero en otro vuelo; tenía el corazón roto y tuvo que regresar a su internado, donde estaban los chicos que habían apostado por ella, entre ellos Cassel.
Cuando yo me presenté con ella, le parecí familiar, por un momento pensó en que "Marion", o sea yo, podría ser LordBug por la forma en la que hablaba, pero físicamente éramos distintos, sobre todo por el cuerpo. De algún modo estar conmigo lo hacía recordar a LordBug, y aunque quería ser fuerte, necesitaba volver a creer en las personas, algo que mi hermano sabía hacer muy bien.
—Yo no lo sabía, perdón, perdón. — rogué. — Mi verdadera intención era emparejarte con mi hermano, sabía que harían una bella pareja por eso trate de llamar tu atención para que de algún modo no dejaras de pensar en Marion.
—Te escuché ayer pero, cada vez que lo repites no deja de sorprenderme tu cinismo.
La voz de Adrien, se escuchó detrás de mí. Comencé a ponerme más nerviosa, durante momentos si quería que estuviera con Felicia pero principalmente quería que ella estuviera con mi hermano.
—Y-yo lo sien-t
—No te atrevas a disculparte. —Me interrumpió —No quiero escuchar tus palabras vacías, ya tuve suficiente el día de ayer.
¿Qué habrá pensado cuando conoció al verdadero Marion? Los rasgos masculinos en mi hermano eran más marcados que mi versión de "Marion", la altura era más amplia, su rostro era más cuadrado, su mentón más robusto, sus hombros más anchos y caderas más estrechas. No se parecía mucho a mi. No levanté la vista para ver a Adrien a la cara. Su mirada acusadora, llena de ira terminaría por romperme.
—¿No se suponía que no debes mentir? Como Ladybug las mentiras no deben tener cabida en ti.
¿Cómo sabía de Ladybug? ¿Cómo sabía que yo era Ladybug?
—Chicos, ¿Pueden dejarme a solas con ella?
Asustada giré el rostro para ver abrazados a Felicia y a mi hermano, quienes dieron la vuelta para irse. Rogué que no lo hicieran pero Marion sólo movió los labios a lo que entendí "afronta las consecuencias".
Adrien carraspeó, tratando de llamar mi atención. No volteé a verlo, no podía hacerlo, me subí más el gorro de la sudadera para cubrir mis ojos. NO quería que me viera llorar. Lo más seguro era que hubiera escuchado todo lo que dije-
—¿Hoy no hay abrazo o canción? —Se colocó frente a mí, sólo pude mantener la mirada baja. —Me alegró que no lo hicieras porque estoy tan enojado contigo que... haría algo de lo que probablemente me arrepentiría, en un futuro más, no hoy.
Traté de guardar silencio, minimizar mis gimoteos, y limpiarme las lágrimas que salían de mis ojos.
—¿Quién diría que la adorable Buginette, no era más que una mentirosa?
Alcé la mirada para toparme con sus ojos; estaban vacío, ni una sola expresión; pero el apelativo de "Buginette" y el pedirme el abrazo o la canción eran exclusivos de Chat Noir.
—¿Chat?
—¡Bravo! Hasta que te diste cuenta.
Levantó la mano derecha y en su dedo había un anillo plateado que brillaba tal como mis aretes. Era un accesorio que siempre vi que usaba pero no pensé que fuera el "milagro". Una pequeña criatura de color negro con forma felina y brillantes ojos verdes salió de su saco, masticando algo que parecía un trozo de queso.
—Plagg, transformación.
La luz verde resplandeció en el recinto, para cubrirlo, unos segundos bastaron para mostrar al chico con traje felino en color negro, orejas de gato adornaban su cabeza y un cascabel tintineante en su cuello.
—A ver si con esta versión eres capaz de decir la verdad o puedes ser tan cínica como para seguir mintiendo.
No tenía una reacción para eso. Las cosas que le dije a Chat, las cosas que hice con Adrien eran para dos personas distintas pero era uno solo.
La luz volvió a brillar y su transformación se desvaneció. Lucía perfecto, como siempre, en su uniforme escolar.
—No creí que lastimaría a las personas que quiero, no quería hacerlo. Los amo tanto que no quería que me vieran débil, quería ser fuerte para ellos, quería defenderlos, quería...
—Deja de involucrar a las personas en tus errores. —me interrumpió. Su voz no era la misma tonada dulce que recordaba. —Hacerte pasar por tu hermano, no era para evitarle problemas. Inconscientemente sabes que él te protegía, si se alejaba de ti estarías indefensa, eres la reina a quien no le importa sacrificar a los peones, caballos o torres. ¿Cuál era el verdadero motivo al venir aquí?
—Quería huir. —No pude contenerme y lloré. —Claude y otros tipos habían hecho apuestas por mí, al igual que Felicia. Mi hermano estaba lejos, mis padres también. No tenía el valor de estar en París sola, tenía miedo. Perdón por mentirte, no quería llegar tan lejos.
—¿Cómo explicas lo que llegué a sentir? —su voz no cambiaba de tono, era el mismo vacío que me abrumaba.
—Lo siento, lo lamento, perdón. —sollocé.
—Me encantaba esa versión torpe, no me importaba ir en contra de toda la escuela, si llegara a ser necesario, todo por esa persona fuerte y eso me gustaba pero buscabas tu beneficio.
—N-no.
—¡Deja de mentir!
Me lanzó un sobre a los pies, sólo pude soltar un pequeño grito.
—Yo, si llegué a sentir algo por ti. —declaró con palabras efímeras de emociones.
—Ya no quiero verte, si de verdad llegaste a sentir algo... no te vuelvas a cruzar por mi camino.
Salió del auditorio, me dejaron a solas. No sabía cómo cubriría el cambio físico de Marion, pero no podía salir a buscarlo y preguntarle. Marion estaba muy enojado, debía darle espacio, Felicia no iba querer volver a hablar conmigo... si ella era Kitty Noir eso quería decir que era familia de Adrien, pero ya no podría preguntarles. Ellos tres sabían que formábamos parte de los Milagros pero, yo desconocía sus circunstancias. ¿Cómo fue que se enteraron? ¿Cuáles fueron sus reacciones? ¿Qué habría sentido Adrien y Felicia al saber que eran familia? ¿Cómo se habrá sentido mi hermano al saber que su roommate era mi compañero de batallas y familiar de la chica que le gustaba? Me sentía excluida del equipo y quizá todo estaba mejor sin mí.
Salí del mismo modo que entré. Mis lágrimas apenas me dejaron ver para salir del edificio. Entre sollozos, llegué al centro del pueblo y busqué el local de Lea, necesitaba un teléfono para llamar al taxista y regresar a París. Al verme entrar me saludo efusivamente, al parecer estaba totalmente enterada de lo acontecido el lunes por la pelea, en cuanto me vio, corrió a abrazarme me veía muy mal e inmediatamente le conté todo, bueno casi todo, omitiendo la parte de los miraculous.
—Entonces, ¿tu hermano volvió? —me dio una taza de té para relajarme pero no era suficiente seguí llorando sin detenerme.
—¡Ay Lea! No sé que va a pasar. Nunca lo había visto tan decepcionado. No tengo cara para mostrarle a mis amigos, no puedo hablar con Adrien. Él creía que yo era mi hermano y ahora sabe que soy una chica que se hizo pasar por un chico de quien se enamoró y ahora me odia.
—No, no Mari. Todo va a estar bien. Las cosas pueden parecer turbias pero deja que se calmen las aguas, no será hoy ni mañana, sólo dales tiempo. Tú misma necesitas tiempo. —Me dio un abrazo y seguí llorando.
Tenía que enfrentar el primer problema y ese serían mis padres. Le pedí su teléfono para llamar al taxista quien afortunadamente había pasado a desayunar a una cafetería cercana. Me vio tan mal que incluso me ofreció llevarme al hospital tras subir el taxi, regresé a París.
Me acabé la caja de pañuelos desechables del chofer, por más palabras de alivio que él me dijera las lágrimas no dejaban de fluir. Doce años evitando derramar lágrimas para hacerme la fuerte y sólo demostré mi debilidad. Todos me ayudaron, yo no era nadie. No me merecía a mis amigos, no me merecía a mi familia... yo no valía nada.
Le pagué al taxista y me disculpé por todo el drama que tuvo que pasar conmigo como pasajera. Me dejó frente a mi casa, siendo casi la una de la tarde.
—¿Estas lista Marinette? —Me preguntó Tikki, quien se ahorró todos sus comentarios. Ella era lo más cercano a una conciencia para mí y la ignoré. Sin embargo, debía cambiar, todo debía ser para bien.
—Te mentiría si te digo que si, ya me equivoqué mucho, será mejor comenzar desde cero.
Metí la llave de la puerta y pasé por el jardín, quizá en esos momentos, mis padres estaban en la panadería o durmiendo por el Jet Lag, me escabulliría y pensaría como trataría la información que no lastimara a Marion y lo hiciera pasar por peores cosas de las que ya le había hecho.
—Marinette Dupain-Cheng, ¡explícate donde estuviste los últimos días! —La voz de mi madre llamando mi atención apenas entré a la casa. En la sala se encontraba Miss Bustier, ella se había comunicado con mis padres para avisarles que no había ido a clases desde que inició el curso.
—¿Ustedes conocen a Lea Bonheur? —Comentó mi asesora —dijo que era prima de usted, Monsieur Dupain, que ustedes habían mandado a Marinette a Aubergenville con ella para que estuviera cerca de Marion.
—Yo no tengo ninguna prima con ese nombre. ¡Marinette! ¡Explícate! —No había visto a mi padre enojado en toda mi vida. Siempre había una primera vez para todo.
Por mi mente comenzó una serie de mentiras que iban desde buscar a algún criminal que trató de hacerle daño a Marion y fui a investigar, decir que extrañaba a mi hermano y lo seguí… no. No iba a meterlo en problemas. Yo, en verdad tenía un serio problema, las mentiras salían de mi boca sin pensar, sin embargo, esta vez me dio tiempo de cerrar la boca antes de lastimar a quienes tanto quiero.
—Me fui a Aubergenville para entrenar. Conocí a Lea y le pedí un favor. Manipulé a mis amigos para que me cubrieran, este labio me lo rompieron por involucrarme en una pelea. Les mentí a ustedes haciéndome pasar que estaba en París, mientras faltaba a clases, revisaba sus correos y redes para que los profesores no se contactaran con ustedes y me delataran. No he estado en casa desde el lunes de la semana pasada. —Esta vez, no utilizaría a nadie. No había hecho eso por Marion, lo hice por mi y yo pagaría las consecuencias.
—¿Ahora resulta que Marion es el hijo ejemplar? —mi madre estaba furiosa, eso era algo difícil de lograr con una mujer tan dulce como ella. —Me decepcionas, Marinette.
—No eres la única a quien he decepcionado. —el tono lastimero de mi voz era patético hasta para mi en un susurro callado.
—Estas castigada Marinette. Sin teléfono, sin televisión, sin internet, sin Tablet, sin amigos, sin cursos de diseño. —Mi padre se sentía defraudado de su princesita, no era digna de tenerlos como padres. —De la casa a la escuela, de la escuela al trabajo y del trabajo a casa, por los próximos dos meses. No verás a nadie, ayudaras en los quehaceres de la casa y ya pensaremos después en otro castigo más apropiado. Miss Bustier, tiene algo que decir.
Mi profesora no se esperaba que yo hubiera mentido de ese modo. En teoría el buscapleitos era Marion, yo sólo era la niña que cometía travesuras. No podían estar más alejados de la realidad, Marion había estado en mal camino por mi culpa.
Como cualquier profesora, me mandó toneladas de tareas extras; quería que me presentara a clases al día siguiente, estaría en constante comunicación con mis padres para monitorearme, además que les recomendó un terapeuta para chicos problemáticos.
Tanto papá como mamá pensaron que cuando Marion estuviera lejos, se centraría y llegaría a ser un poco más tranquilo como yo. Pero el verdadero problema era yo. Ni siquiera notaron que traía el uniforme de Illirya, estaban tan molestos que ese detalle se les escapó. Me ordenaron subir a mi habitación y hasta que ellos me dijeran, saldría de ahí.
Les obedecí, sin reclamar. Me hacían un favor, no tenía ganas de seguir hablando.
—Marinette, hubieras dicho que lo hiciste por Marion, te van vigilar más y
—No Tikki, —la interrumpí —está bien. Mis problemas son míos, mis consecuencias son mías, mis castigos son míos. No puedo seguir escudándome en otros.
Me quité el uniforme y me puse otra vez mi ropa, cuando de la bolsa cayó un sobre.
—Fue el que Adrien te lanzó. —Comentó mi kwami. —Lo levanté para ti.
Desanimada lo tomé y lo lancé en mi escritorio. No faltaba mucho para que Miss Bustier se fuera y mis padres subieran como un torbellino lanzándome otro monumental regaño.
De una de las ventanas corrió una brisa que estaba por llevarse el sobre, estiré la mano y lo atrapé. El destino me estaba rogando que lo abriera, tenía miedo de saber que tenía dentro.
—Abrélo Mari, no creo que sea peor de lo que acaba de pasar. —Tikki me dio unas palmaditas en la cabeza tratando que mi pésimo día mejorara.
—Tienes razón, ¿qué mas puedo perder? No me merezco a mi familia, amigos y hasta el chico que me gusta y mi compañero de batallas no… no soy digna de él.
Tomé las tijeras de mi escritorio e hice una pequeña abertura en el sobre. Abrí con cuidado la hoja, era un correo impreso.
Re: Propuesta para becario
From: gagreste
To: aagreste
Adrien, revise las fotos del portafolio que me enviaste. Quien los diseño tiene talento, se nota que su influencia viene de los diseñadores americanos, tiene algunos detalles por corregir pero para ser un amateur son más que aceptables.
Dile a MDC que me contacte, dale el teléfono directo de mi oficina o el de tu madre. A ella también le gustaron. Así ya tenemos al becario de Agreste. Me alegro que tengas un nuevo amigo o amiga.
Nos vemos el jueves, por la emoción que mostró tu madre al enseñarle las fotos, algo me quiere decir que es una chica, si tiene la aprobación de tu madre, supongo que debe ser única, tanto como hacer que vinieras a casa este fin de semana.
Hijo, si es alguien a quien crees digna de otorgarle tu confianza, te apoyaremos en tu decisión. Queremos conocerla.
Era un correo de Gabriel Agreste donde alababa mi trabajo y me daban la beca, además de felicitar a Adrien por conocerme. Lloré tanto como mis ojos lo permitieron, grité tanto como mi garganta me dejo: lo que tanto quería como diseñadora me hizo perder la amistad de Felicia, entrometerme con mi hermano y hacer que el chico más lindo que pudo conocer se decepcionará de ella. Incluso la pareja Agreste celebraba que su hijo tuviera alguien, pero yo era una mentira.
—Soy un asco, soy una mentirosa. Soy lo peor del mundo.
Por más que Tikki tratara de confortarme, no había palabras o palmaditas en la cabeza que borraran lo que había hecho.
Me equivoqué tanto, sólo quería que el día terminara, pero ese dolor, esa pena no se irían junto al ocaso. El amanecer día tras día me regresaría a esa pena, la pena de las consecuencias por mis errores..
