Noche extra: Esta vez…

El aire cálido de París se había ido con el cambio de estaciones, llegué a finales del verano y ahora estaba por iniciar el invierno. Estábamos a mediados de diciembre, el aire congelado era cada vez más y más notorio y la nieve cubría el lugar… aunque lo último que me importaba era el clima.

Habían pasado tres meses desde que me hice pasar por Marion en el internado Illirya. Aunque mis padres me levantaron el castigo no tenía ganas de salir. Me estaba atormentando en demasía, escuchaba en mi mente las palabras que Adrien me gritó, no sé por qué me dolían tanto. El hecho de conocerlo tan… expuesto; sin esa barrera que ponen los chicos con las chicas, supongo que me había sorprendido. Saber que era el mismo Chat Noir que tantos consejos me dio, mi compañero de batallas, con quien me compenetraba tan bien… era el chico que al parecer se había enamorado de mi versión masculina.

Sentía que sus ojos llenos de reproche me seguían a todas partes.

Mi rutina había sido la misma desde que regresé a François-Dupoint: asistir a clases, mi trabajo de medio tiempo, regresar a casa, hacer mis deberes, salir a patrullar y regresar a dormir.

Las cosas habían cambiado para mí, mi doble vida me había hecho centrarme más y aceptar que cada decisión tomada afectaba mi vida y la vida de los demás. Era una heroína así que no podía tomarme las cosas tan a la ligera, cómo si la vida de adolescente no fuera ya complicada.

Por más que mis amigos me invitaran a fiestas, reuniones o sencillamente salir mi respuesta negativa era la misma. Aunque por las últimas semanas, sus invitaciones eran más, cómo decirlo… Agresivas. Casi querían sacarme de la cama a la fuerza, por lo que les pedía que se retiraran pues no estaba en óptimas condiciones.

La verdad, no quería involucrarme en sus relaciones, Nath y Chloé llevaban cuatro meses de novios, casi el mismo tiempo que Alya y Nino, además Lila acababa de empezar su relación con Alí; no quería ser el mal tercio y eso de salir "como amigos" no funcionaría. Quería darles tiempo y parecía que no notaban mi cortesía.

Creo que hasta mis compañeros se asustaron, por más que trataban de hacerme enojar o incluso los comentarios groseros de Claude eran capaces de sacarme de esa depresión.

Al día siguiente de regresar a París, todos se alarmaron. Asistí a clases como si nada, mis amigos se asustaron por verme, no les había avisado que había vuelto además que tenía el labio partido, la bofetada de Marion había sido más fuerte de lo que pensé y me volvió a lastimar. No me quejé, me lo merecía y mucho.

Mercury me dijo que Marion no había encontrado a su "chica soñada" y cómo fue que perdieron los teléfonos por entrar en algunas zonas peligrosas del Bronx, él no quiso comunicarse conmigo pues sabía que lo convencería de regresar. Cuando la familia de Mercury tuvo que adelantar sus planes, se vieron obligados a volver a París antes de tiempo, sabía que Marion estaba mal pero aun así insistió en ir a Aubergenville, debía presentarse en el internado y ver la decisión que tomarían mis padres.

Le agradecí por cuidar a mi hermano y en el camino cuidarme a mí, estaba al tanto de lo que Claude había planeado y esta vez estaría más alerta de las personas con quien me involucraba. Mercury no quiso aceptar mi agradecimiento, tratando de fingir que no sabía a lo que me refería. Le comenté que no era necesario hacer eso, ya me había equivocado una vez y en esta oportunidad nadie de mis amigos pagaría las consecuencias de mis actos.

Claude, afortunadamente estaba en otro salón. Sencillamente me acerqué y le dije que no quería problemas con él. Su estupidez era algo digno de avergonzarse pero no era asunto mío. Yo no me metería con él si él no se metía conmigo. Estaba tan enojado por como lo pateé en Illirya que quería venganza, pero no era tonto, sabía que me contuve de toda la ira que sentía y estaba enterado de lo que el pasó a Cassel, sabía que "Marion" lo había terminado. Un problema con "nosotros" no era un juego y eso estaba fuera de su zona de confort.

Mis amigos hervían en ansiedad por lo que había pasado conmigo, no satisfice su sentir de inmediato. La profesora Bustier pasaba por mi salón entre clases, y durante su hora se puso aún más pesada conmigo. Tareas y más tareas desfilaban delante de mí. Al parecer los maestros se habían puesto de acuerdo.

En la hora del almuerzo mis amigos ya no aguantaban saber lo que pasó. Les agradecí el tiempo que me habían soportado y me disculpé con ellos. Les conté que sabía parte de los problemas en los que los involucre y como habían terminado pagando por los platos rotos, así que les pedí tiempo. Estaba castigada y la profesora me consideraba una mala influencia para ellos, por lo que los próximos meses era mejor que se alejaran de mí.

La decisión los tomó por sorpresa. Esa misma semana habíamos tenido una conferencia en Skype, haciendo planes para el fin de semana y ahora me alejaba de ellos. Mis padres corroboraron mi historia, se presentaron esa misma tarde y los mandaron a llamar a la oficina del director, prohibiéndoles reunirse conmigo por su propio bien.

Durante las semanas siguientes los recesos los pasaba con Tikki, el hecho de usar el manos libres para que no me tomaran de loca al verme hablar "sola" era mi mejor arma. Cada que mis amigos trataban de acercarse, siempre había un profesor que los detenía. Lo que hizo preocuparlos aún más. Por más que llamaran o trataran de hablar no había respuesta; no tenía acceso a ningún medio de comunicación.

Siempre pensé que defendía a todos a mí alrededor, no podía estar más equivocada. Enterarme que mi hermano fue expulsado por culpa de la apuesta que estaba a mí alrededor o el hecho que mis amigos siempre trataban de protegerme… me hacía pensar que yo no era una guardiana, ellos hacían el trabajo sucio y yo me vanagloriaba por cosas que no hice.

Marion fue "enviado" a casa desde ese jueves hasta el lunes. No entendí cuál había sido el plan, pero creo que el asesor de su clase habló con el director haciendo que la "herida" de mi hermano era más grande de lo que esperaba, que tenía alguna fractura en la mandibula o no supe a ciencia cierta como fue el plan, el punto es que lograron mandarlo un tiempo a casa. Supongo que para ocultar que "Marion" era diferente a Marion.

No me dirigió la palabra en todo ese tiempo. Comíamos en el mismo comedor, pero no me dirigió la palabra. Yo fui la culpable de alejarlo de nuestros padres, yo tenía la culpa de sus problemas, estaba en todo su derecho de ignorarme, caso contrario de nuestros padres que vigilaban cada movimiento hecho por mí.

Esa misma noche que volvió, mis padres estaban alterados más de lo normal. Mi rebelión y ahora el "problema físico" de Marion, los tenía con los nervios de punta. Los papeles se revirtieron mientras mimaban a Marion a mi me cargaban más y más trabajos. Fui a la habitación de Marion.

—Sé que no tengo derecho a molestarte, ya entendí mi error. —Grité desde la puerta, pues él la mantenía cerrada. —Perdón, de verdad perdóname Marion. Mi ignorancia no exime mi culpa pero por favor perdóname. —Mi voz se quebraba a cada palabra. —No me hables si eso te hace feliz, pero por favor no le digas a mis papás que estuviste en Nueva York. Ya les causé muchos problemas, ellos no deben de enterarse, por favor, por favor.

Repetí tantas veces, me dejé caer en el piso. Quería preguntarle tantas cosas, sobre Felicia, sobre él y… sobre Adrien. No me contestó, pero tampoco les dijo a mis papás, así que supuse que teníamos un trato.

A finales de noviembre, cuando mi castigo había terminado y mis padres esperaban por que saliera como animalito en carrera por su vida, buscando a mis amigos y volviendo a mis viejos hábitos; se toparon con pared al verme como los últimos dos meses, así que terminaron por asustarse. No era "normal" la forma en que me comportaba, por lo que me llevaron al médico. No creo que él tuviera un remedio para lo que me pasaba. ¡Cómo había podido actuar de una manera tan tonta! Me levantaron el castigo, me regresaron mis gadget, les dieron permiso a mis amigos para volver a acercarse a mí; pero yo no cambié nada, excepto que regresé a mis clases de diseño.

No contesté la carta enviada por los Agreste. Si lo hacía era aceptar que utilicé a Adrien para llegar a mi cometido. No lo haría así, me ganaría mi lugar como mejor lo sabía hacer: trabajando. Me encerraba en mi habitación, creando algún diseño, aprovechaba los lapsos de camino para comprar alguna tela. Unos meses de taciturnidad no me caerían mal. Tal vez solo estaba alargando ir a disculparme con Adrien como era debido, pero ¿si él no quería verme? ¿Si volvía a censurarme? No creo que lo soportaría.

—Hola tonta.

—Hola costal de órganos.

Era sábado por la tarde, Marion había regresado del Internado; como todos los fines de semana. Hacía unas semanas había vuelto a hablarme, creo que el coraje se le olvidó o sencillamente me perdonó.

Por lo poco que me había contado, las cosas en Illirya iban mucho mejor; con su influencia, las artes habían dejado de ser "cosas de chicas". No sólo se enroló en el club de teatro sino que entró al club de esgrima donde era más que bueno, digo los años de entrenamiento debían servir de algo. Por lo que entendí ambos clubes lo amaban, haciendo que el fuera un puente entre artes y deportes. Ya lo decía yo, los chicos buscaban un "macho alfa" y nadie mejor que mi hermano para eso. El hecho que estuviera lejos de mis problemas y confiando en que tomara buenas decisiones lo convirtieron en el rey del internado.

Cada vez más los chicos se involucraban en algunos talleres, además que besaban el suelo por el que pasaba; tendrían un buen líder, no es porque fuera mi hermano pero, era buen chico. Deshacerme de Cassel me permitió colocar a un buen jefe para esa manada de idiotas. Marion haría que las cosas bien, confiaban por completo en él.

Tendría una presentación teatral de navidad en una semana y llevaba días presionándome para que lo fuera a ver… le dije que no. Ir al internado, sería ver a Adrien. No, sencillamente no podía hacerlo.

—¿Y Fel? —pregunté hundiéndome más en mis frazadas.

—Hablando con mamá. La está convenciendo que me he convertido en un "hombre de provecho".

Después que me fui de Illirya, las cosas siguieron su curso. Felicia y Marion se siguieron conociendo, compartían hobbies, gustos, ese amor por los deportes extremos ¿Quién creería que una chica tan "delicada" como Felicia aparentaba ser, era capaz de lanzarse por paracaídas o realizar snowboarding? Después de su afección cardiaca quiso probar cosas más extremas. Nunca juzgues un libro por su portada. Al menos algo bueno salió de todo mi desastre: llevaban un mes de novios y Marion la llevo a casa para que mis papás la conocieran.

Que Marion fuera un buscapleitos, también era cosa mía. Todos los chicos en Illirya lo adoraban como un Dios; querían ser sus amigos, o lo tomaban como un superior a quien pedirle consejos y palabra dicha por él era ley. Las chicas besaban el lugar donde pasaba, pero él solo tenía ojos para "su kitty" y ella para él. Derramaban tanta miel que me hacían sentir dichosa por ellos. Felicia era una gran cuñada.

Una semana después que me fui, Felicia me llamó por Skype para ofrecerme disculpas por cómo se habían desarrollado las cosas. Obvio no vi el mensaje hasta meses después, pero lo contesté de inmediato cuando mis padres me permitieron el acceso a internet. Allegra tuvo mucho que ver en que ella me perdonara, al parecer les contó toda la versión que le había dicho y hecho suavizando las cosas.

La culpa era completamente mía y nos la pasamos pidiéndonos perdón. Terminamos riéndonos y nos hicimos amigas. Ella me hablaba casi a diario para platicarme de mi hermano y lo "agradable, dulce y buen mozo que era". Sin duda una chica tan tierna como ella se merecía el mejor ejemplo de caballerosidad como lo era mi hermano. Siguen patrullando Aubergenville; siempre les aconsejo que no cometan alguna imprudencia y que deben cuidarse.

—Por cierto, a Kitty le encantaron los diseños que hiciste para la obra de Navidad. Su favorito fue el vestido dorado. —me dijo Marion dándome el portafolio que le había dado hacía unos días.

—Lo hice pensando exclusivamente en ella. ¡Qué bueno que le agradó!

Me ofrecí a diseñar el vestuario para los miembros del club de teatro. Marion tomaba las medidas y el presupuesto del club pagaba las telas, algo que era más barato debido a mi buena relación con la proveedora, así me encargaba de hacer el diseño y montaje, me servían como distracción y a la vez entrenamiento.

—Mi lord, ¿estás aquí? —se escuchaba la vocecita de Felicia en el pasillo, era como un dulce trinar. Definitivamente ella era mi cuñada favorita, y más le valía a mi hermano que fuera la única.

—¡Por aquí, Kitty! —gritó mi hermano para que Fel entrara a la habitación.

—Marinette, ¿por qué no bajaste a la sala? —me preguntó Felicia una vez que me vio recostada en el diván de mi habitación, se apresuró a mi lado y se sentó junto a mí. —¿Te sientes mal? Te ves pálida.

—No soy tan buena compañía en estos momentos. Lamento si creíste que no quería verte. —La tomé de la mano.

—Ves te dije que tiene mal de amores.

—¡Plagg! —regañó Felicia a su kwami que salió de su bolso devorando un Camembert.

—Reconozco la mirada perdida cuando alguien tiene mal de amores. —dijo la pequeña figura de rasgos gatunos.

—Plagg, nadie pidió tu opinión. Vete a comer tu queso en otro lado ¡Apesta! —gritó Tikki saliendo de la bolsa de la camisa de Marion.

—Si Plagg, mejor cállate. —Gritó mi kwami que estaba comiendo galletas en mi escritorio.

—No es justo, son dos contra uno. —hizo un puchero el pequeño kwami.

—Lamento decirte que estas en un error Plagg, me di cuenta de mi propia debilidad y estoy tratando de pensar en cómo trabajar en ella. —dije tomando entre mis manos al kwami. —El silencio me hace bien… pero si Plagg, vete a comer tu Camembert a otro lugar.

Todos reímos ante mi comentario. Esto de poder compartir tu secreto con alguien más es un aliciente agradable, ya no sólo era mi hermano. La aparición de Felicia me hizo obtener una nueva amiga que no creí querer tanto. También soy amiga de Allegra, sólo que con ella si mantenemos nuestro secreto, no creo que sea bueno para ella saberlo, de por sí protege mucho a Felicia para que ningún idiota la lastime y por cierto mantiene vigilancia sobre Marion.

—¿Tienen planeado salir a algún lado? —pregunté al ver a mi hermano que veía su reloj con cierta ansiedad.

—Tenemos. —intervino Felicia. —Tú vendrás con nosotros.

—No, Fel. No soy una buena compañía, debo reclinar tu invitación.

—Marinette, no puedes estar encerrada tanto tiempo. —me dijo mi hermano en tono serio. —Vamos, sólo un día. Por favor.

Pensé en varias excusas, pero ver los ojos suplicantes de mi hermano y mi cuñada, no me dieron otra alternativa, supongo que una salida al cine o a comer no me molestaría.

—Está bien.

Felicia, se levantó y comenzó a dar saltitos de felicidad, para después ir a abrazar a mi hermano quien correspondió al acto.

—¿A dónde vamos? —pregunté quitándome de encima la manta que me cubría para después tomar los diseños que hacía y colocarlos en mi escritorio.

—A la fiesta invernal de François-Dupoint. —Afirmó Marion.

—¡¿Qué?! ¡No! —grité volteando a verlos… esos dos tenía una mirada de complicidad que me enfermaba.

—Ya habías aceptado Marinette, no puedes retractarte. —comentó Felicia.

—Lo siento, pero es una fiesta formal. Sabes que no uso nada de eso. —me dirigí a Marion, aunque algo me decía que eso ya lo habían previsto.

—Bueno, según me dijo Mercury este año es de antifaces, como una mascarada del carnaval de Venecia. Marinette, Chloé organizó todo, no me digas que no lo sabías. —argumentó Marion.

Recordaba que ella me había comentado algo de eso. Era la presidenta del comité de la fiesta, y como el día de la fiesta cumplía meses con Nath como novio quería recordarlo justo como en el lugar donde comenzaron su relación. La verdad no le puse mucha atención, seguía castigada y aunque quisiera no la iba a poder ayudar por lo que Alya y Lila fueron las que la apoyaron organizando todo. Dígamos que mi lado de amiga tampoco estaba siendo bueno, pero creí que no debía contagiarlas con mi pésimo temperamento por lo que las deje hacer lo que querían.

—S-si lo s-sabía pero no iba a ir y se los dije. —Al menos en eso no mentía, me habían pedido que fuéramos como "amigos" pero al final terminarían estando en parejitas y yo me vería excluida, en alguna esquina del salón más lujoso de París.

—Vamos Marinette. Creo, que podías invitar a alguien, por lo que entraremos con uno de tus boletos y con el de Mercury. —sonrió Felicia.

—Mejor tomen mi boleto y el de mi acompañante y vayan ambos. Yo me quedo.

Tomé de nuevo mi mantita y me recosté dándoles la espalda para cubrirme por completo. Sólo podía escuchar los reclamos de mi hermano y mi cuñada para sacarme de mi diván. ¡No entendían que quería llorar mi inutilidad a solas, no quería ir!

—Ok, no quería hacer esto por lo que ¡te aguantas! —escuché que cerraron la puerta de mi habitación. Sabía que harían alguna tontería por lo que corrí a ponerle seguro para que no entraran.

Pasó una media hora y se escuchaba una estampida en las escaleras de mi casa, azotaron la puerta para entrar, y al final me asusté cuando la manija de la puerta cedió, dejando entrar al trío de locas que tengo por amigas, dando grititos de emoción.

—¡Marinette! ¡Qué bueno que Marion te convenció de ir con nosotras! —gritó Chloé colocando un portatraje sobre mi cama.

—¡Yay! Vamos a tener una tarde de chicas para arreglarnos. —exclamó Alya entrando en mi computadora para poner música.

—¡Vamos a arrasar en este baile! ¡Nos veremos divinas! —Lila llevaba una caja que colocó en mi tocador.

Lo entendí todo, mi hermano y Felicia me lo pidieron cortésmente, como me negué engañaron a las chicas para que me arrastraran a ese estúpido baile… cometería hermanicidio en cuanto saliera de mi diván… pero no tenía ganas de pelear, ya no tenía ganas de nada.

—Chicas, lo siento. Marion las engañó, pero si pueden arreglarse aquí. —trate de fingir cierta tranquilidad, al ver que mi tarde calmada se iba al caño.

—Pero Mari, ya sacúdete de todo eso. ¡Queremos a nuestra amiga de nuevo! —dijo Alya volteando a verme.

—Hace días que quiero a la Mari que siempre tiene una locura por plan para unirnos a todos. —comentó Lila sentándose a mi lado.

—Ya deja de llorar o de verdad me voy a enojar contigo, Marinette. Si sigues teniendo lástima por ti, voy a hacer que de verdad sientas lástima. —amenazó Chloé señalándome con su "dedo acusador". —Esperaba que hicieras mi vestido y tuve que comprar uno. ¿Sabes lo mal que me siento por no usar uno de tus lindos diseños solo porque estas deprimida?

—Chicas. —Solté un largo suspiro —Sé que no he sido la mejor amiga estos días, pero necesito tiempo. El tiempo en Illirya me hizo darme cuenta de la mentira que he vivido los últimos años. Sólo necesito pensar.

—Pues llevas meses así, creo que ya fue suficiente. Así que metete a la ducha o me voy a meter a bañarte. —comentó Chloé recogiéndose la melena rubia y arremangándose su suéter amarillo.

—Es una mascarada veneciana y ni siquiera tengo un vestido. —Me excusé.

—Eso no es cierto. —entró Felicia con un portatrajes en las manos. Mis amigas se le quedaron viendo fijamente. Si, Felicia era muy linda, esa chica que te hace pensar… "¡Maldita! Qué bonita es"

—Chicas, les presento a Felicia Terranouve, presidenta del club de teatro en Illirya, mi amiga y novia de Marion.

Mis amigas voltearon a verme con una interrogante fehaciente en el rostro: ¿Cómo le hizo Marion para que una niña tan linda sea su novia? Si, a mí también me costaba trabajo creerlo, pero lo vi con mis propios ojos.

Les expliqué que entrarían al baile con los boletos de acompañante para Mercury, pues el llevaría a una chica de la misma escuela por lo que su boleto se desperdiciaría, y el mío. Inmediatamente la hicieron entrar a la habitación, y comenzaron a preguntarle sobre ella, sus gustos y lo más importante… ¿cómo caíste con Marion?

Aproveché la entrada de mi cuñada para escabullirme, tomé mi abrigo, debía salir de ahí, no sé, a dar una vuelta el tiempo suficiente para que se fueran, lentamente me acerqué a la puerta…

—Ni creas que te vas a escapar Marinette. —Era Felicia que cerró la puerta de golpe haciéndome soltar un gritito asustada. —Así tenga que secuestrarte, vas a ir a ese baile con nosotros ¿entendido? —solo pude asentir con la cabeza, pues ya me estaba arrastrando del cuello de la blusa hasta la ducha, con un solo movimiento me lanzó a mi cuarto de baño. —A menos que quieras que te bañe, más te vale apresurarte. Tienes veinte minutos y si no sales en ese tiempo, entraré.

Temía por mi hermano. Felicia podía ser adorable si lo quería pero si te salías de su plan por un milímetro, era como si entraras al último círculo del infierno. Me tenían atrapada. Así que acepté mi destino: iría a ese estúpido baile, estaría ahí diez minutos y luego iría por una hamburguesa aunque también había una buena película que quería ir a ver. Si, ese sería el plan: hacer acto de presencia y luego ir al cine. Al menos dejarían de molestarme.

Comencé a ducharme, se escuchaban las risas de mis amigas; Felicia se estaba integrando muy bien a ese trío que tanto quiero. Salí con la bata de baño y el cabello húmedo amarrado en una toalla, las chicas comenzaban a arreglarse y sus vestidos lucían en una percha que antes tenía algunos de mis diseños que ahora estaban sobre mi escritorio, esperaba que Tikki estuviera cómoda en mi cajón.

—Mari, este es tu vestido. —Felicia dejó a medio peinar a Chloé cuando me vio salir del baño y se dirigió a donde estaban los vestidos de las demás.

—Ese es…

Era el diseño que había hecho para la beca de Agreste. Constaba de un vestido rojo de una sola pieza, la parte superior tenía un corte princesa con escote de corazón con los hombros descubiertos, estaba disimulado de gasa negra con aplicaciones en forma de rosas de bordados negros, la espalda se cubrían más aplicaciones. La falda era amplia que constaba de dos caídas: una sobre y otra debajo de la rodilla, para hacer contra peso y que no se alzara, llevaba al final un encaje tupido negro.

—¿Cómo…?

—Marion encontró tu diseño en su habitación, dejaste tu portafolio y bueno con un poco del trabajo, logramos terminarlo. —dijo emocionada Felicia. —Por cierto, esto también es para ti, me costó trabajo encontrar algo similar a tu diseño, pero no hay nada en internet que sea imposible de encontrar para Allegra.

El diseño que hice incluía un par de zapatillas rojas con encaje, tacón muñeca con cintilla en el tobillo. En el talón llevaba un moño negro, eran tal cual me las había imaginado.

—O sea tú si vas a llevar una creación tuya y a mí no me hiciste nada. —comentó fingiendo un puchero Chloé. —Pero bueno, ya que tú no te acuerdas de nosotras, nosotras de ti sip.

Chloé sacó de una pequeña bolsa un par de guantes de encaje negro que llegaban a las muñecas con un pequeño listón rojo.

—Este también es nuestro regalo. —Me dio una máscara veneciana de rostro completo con damascos en la frente, adornada con rosas alrededor; rojas con negro.

—Lila… es hermoso. —me quedé anonadada ante todo lo que me estaban regalando.

—Bueno, no sé si podrás llevar la máscara toda la fiesta pero al menos podrás llevar este. —Alya me dio un antifaz rojo con lunares, se parecía al de mi traje de Ladybug.

—Chicas que… esto es… ¡argh! Las odio, ahora así me siento comprometida a quedarme toda la fiesta. —dije enojada.

—Planeabas irte a los diez minutos para ir al cine ¿verdad? —gritó Felicia a lo que sólo rodé los ojos.

—¡¿Ahora resulta que ella te conoce mejor que nosotras?! —exclamó Alya.

—Me dijo que tenía ganas de ir a ver una película que se estrenaba esta semana, pero tenía demasiada pereza para salir de su habitación, me comentó que si estuviera aquí en París, debíamos salir un rato. —Felicia me había servido como paño de lágrimas mientras me negaba a ver a mis amigas porque no quería arruinarles sus noviazgos con mi hartante depresión, era fácil hablar con Kitty porque ella podía ver a mi hermano 24/7, por lo que no todo era Marion también teníamos cosas de nosotras. —Pero ese no es el punto, debemos arreglarnos para la fiesta.

Si Chloé era una mandona, Felicia era una dictadora, lo cual era perfecto para Marion, en el fondo amaba que le mandaran, pero sin duda mi nueva amiga podía utilizar un látigo para calmar cualquier situación y la obedecías, sin rechistar porque era tan convincente…no sé si era manipuladora o era una buena líder que seguías con los ojos cerrados.

Me explicó que ignoraba su parentesco con Adrien, eran algo así como primos en segundo grado. Su bisabuelo había sido Chat Noir cuando mi tía bisabuela fue Ladybug. Su bisabuelo era parte de la familia Agreste, se fue a Nueva York cuando la segunda guerra Mundial comenzó. Sin embargo su hijo mayor se quedó en París, el bisabuelo se llevó a su hija menor a Norteamérica. Siguiendo el linaje, la hija del chico que se quedó en París, la abuela de Adrien, pasó a ser la nueva Kitty Noir. Terminando con la mamá de Felicia, ella había sido otra Kitty Noir, pero su enfermedad del corazón no la hizo tan activa como quería.

El apellido de soltera de su madre era Grandtaine pero fue el nombre que adoptaron al ser refugiados en Nueva York, vivieron un tiempo en la ciudad pero cuando los padres de Felicia se casaron volvieron a Francia, ella tenía el apellido de su padre, por lo que el nombre Agreste jamás pasó por su mente. Sabían de los "milagros" por cosas que el bisabuelo Agreste con su nuevo apellido Grandtaine había dejado algunas notas y gracias a que la mamá de Felicia fue elegida, su salud mejoro un poco, lo suficiente para que ella naciera.

Al no haber tenido familia, el hecho de saber que tenía un primo y unos tíos, la hacían feliz… aunque la única forma de saber que eran familia fue por el hecho de ser elegidos por Plagg.

Regresé al día que estaba viviendo, me perdía en mis pensamientos más de lo que esperaba. Ellas ya estaban a medio arreglar, mientras aún yo estaba… mojada por la ducha. Felicia me secó el cabello con la secadora, y pensó en hacerme un recogido espectacular pero creo que pensó lo mismo que yo. Tal vez era algo cruel hacer a un lado a mis amigas, pero ella conocía mi secreto como heroína y las estupideces que hice para obtener una beca lastimando al chico más dulce que te puedes topar en el mundo.

—¡Listo! ¡Kyaaa! Pareces una princesa. —dijo Felicia dando unos saltitos y aplaudiendo. Cómo no adorar a esta niña.

—Pues más bien se parece a Ladybug. —afirmó Alya haciendo que Felicia y yo nos volteáramos a ver un poco asustadas, ya que las noticias de mis aventuras como heroína ya estaban formando parte del conocimiento público.

—Ese era el punto, por eso le hice las dos coletas. Aunque con los detalles que le agregué se ve aún más linda.

Era cierto, aunque me hizo mis dos coletas, también le puso dos trencitas que cruzaban la parte superior de mi cabeza, y algunos mechones de cabello estaban rizados.

Bene, bene, la nueva es un estuche de bellas cosas, pero yo soy la experta en maquillaje. —comentó Lila abriéndose el paso entre las demás. —Amica que pareces un ángel, corre a vestirte a menos que quieras acompañarnos.

Ayudé a las demás a vestirse. El vestido de Chloé era un flamante vestido blanco con detalles amarillos, e incrustaciones de detalles en la cintura que daban apariencia de diamantes. Era un Agreste, lo podría notar a leguas. El de Lila era naranja con detalles en negro y blanco, curiosamente con su tono de piel lucía perfecta. Su cabello era recogido por horquillas y llevaba un discreto collar plateado. Alya era más práctica con un vestido café, corte imperio, con la cintura alta y zapatillas negras, fue la primera en terminar de arreglarse pues quería grabarnos a todas, aunque dejó a un lado sus lentes y se puso lentes de contacto. Mientras Felicia, llevaba un bello vestido de gasa negra corte princesa y detalles esmeralda tornasol; iba decidida a hacer que mi hermano babeara por ella.

Eran cerca de las siete cuando terminamos de arreglarnos. Mientras ellas reían, tomé mi abrigo y discretamente me acerqué a mi escritorio para llevarme a Tikki a mi balcón. Necesitaba un tiempo a solas con ella. El frío te helaba la respiración, pero era tan relajante, el cielo despejado era extraño por la época del año que pasábamos pero brillaba la luna resplandeciendo aun a pesar que la ciudad brillaba por todos los adornos navideños.

—Necesitabas esto ¿verdad? —Me aseguró Tikki una vez que cerré las puertas de mi habitación.

—Sí, escuchar a estas locas, me calmó un poco. Debo dejar de sentirme mal por mi. —suspiré pesadamente. Habían pasado tantas cosas que me dejaron pensando.

—Marinette, tienes dieciséis años, —Tikki sobrevoló delante de mi. —aun te faltan muchas cosas por vivir. Disfruta más lo que haces, lo que vives, las personas que conoces, deja de preocuparte por todo y lo mejor: no tienes la culpa de nada. Sólo cuida más lo que dices y lo que haces, pues a quien terminas lastimando al final es a ti.

—Sólo por hoy, creo que seré una chica que tratará de complacer a sus amigas. Mañana le pediré a Marion que le lleve un mensaje a Adrien, quiero disculparme como es debido.

Ya había sido suficiente de huir de mis responsabilidades. Sé que el no quería verme y ni siquiera saber de mi sin embargo, le debía una disculpa y una explicación. Lo que pasó entre nosotros no era algo tan fácil de olvidar ya que ambos abrimos nuestros pensamientos más íntimos al otro, sobre todo él. Quería que supiera que no soy el monstruo que cree.

La limosina de Chloé había llegado, Nino, Nath y Alí, salieron para tocar el timbre de mi casa, al parecer el plan era ir como amigos… aunque la única que no tenía pareja era yo. No parecía tan descabellado escaparme a la mitad del baile.

El roce de la tela de la falda se escuchaba como crujía cuando bajamos las escaleras, mi madre estaba emocionada, por ver como Marion llevaba del brazo a Felicia, creo que jamás pensamos que una chica tan linda pudiera domar el carácter tan ácido de mi hermano. Nos pusimos los abrigos y subimos a la limosina de Chloé, todos decían lo bien que se veían, lo elegantes que vestían…

—¿Quién fue el que planeó esta emboscada? —pregunté causando el silencio a tanto desorden.

—Fuimos nosotros, con la ayuda de Marion. —comentó Nath alzando la mano y lanzando una mirada a Nino. —Somos tus amigos Marinette, si las chicas no podían sacarte de ese estupor, nosotros te obligaríamos a hacerlo. Ellas lo hacían por las buenas, nosotros lo haríamos por las malas.

—Suficiente, voy a hacer puré de tomate. —amenacé fingiendo levantarme del asiento.

—No, Marinette… es mi "mesversario", al menos deja que baile conmigo y luego lo golpeas. —rogó Chloé tratando de defender a Nathaniel.

—La verdad es que este vestido esta tan apretado que no tengo ganas ni de pelear. ¿Qué tipo de comida van a dar? —pregunté a Chloé.

—Es un baile, solo habrán algunos bocadillos.

—No sé bailar, así que sólo voy a ver, y para que ustedes se callen. No tengo ganas de arruinar sus citas. —me excusé.

—Esto es una salida de amigos. —gritó Lila mientras tomaba del brazo a Alí.

—Repítelo hasta que te lo creas. —rodé los ojos, y me puse a ver por la ventana.

¿Qué demonios me pasaba? Sentía que cada palabra salida de mi boca era ácido puro, debía controlarme. Creo que la nula interacción humana de los últimos meses hizo que desapareciera el freno que antes me ponía al hablar con las personas que estimaba. Ellos no tenían la culpa. Me lo repetía tanto que parecía un mantra que me entraba por un oído y salía por el otro.

Llegamos al salón. Todos llevaban sus mejores ropas y parecía más una fiesta de graduación que la fiesta invernal de la escuela; aunque siempre tenía un tema, el de este año había sido el único formal. Vestidos de todo tipo de cortes, largos cortos, amplios y adheridos al cuerpo. Los chicos llevaban traje en su mayoría, en todas las tonalidades. Aunque llevaban antifaces eran fáciles de distinguir a menos que llevaran máscara de rostro completo, como era nuestro caso. Así que me oculte entre todos mis amigos y cuando llegué a un lugar más amplio, le di mi abrigo a Felicia y me separé del grupo. La música sonaba a todo lo que daba, algunos ya estaban bailando y otros tantos apenas llegaban y se reunían en una mesa.

No quería parecer "El Grinch" por lo que me dirigí a uno de los balcones del segundo piso. El salón donde estábamos era parecido a aquellos salones donde se celebraban las reuniones victorianas o de la regencia. Solté una pequeña risa cuando me vi el vestido y por un momento pensé "sería una chica linda en una reunión como esa, lo más seguro es que algunos chicos pidieran mi mano para bailar una pieza". Lo cual jamás pasaría, ningún chico de la escuela me invitaría a bailar sea por miedo o por terror. Al ver que separaron a mis amigos por dos meses aumentaron los rumores que quizá había casi matado a alguien y estaba a un paso de un reformatorio. Así que nadie se me acercaba, sólo mis amigos.

Subí las escaleras de caracol; finamente grabadas con detalles de leones y damascos. La segunda planta era más como para platicar pues estaba llena de algunos loveseat y era una parte más callada. Les envié un mensaje a mis acompañantes avisando que estaba en la segunda planta, pues necesitaba un poco de aire. No quería arruinar sus citas ¿por qué demonios me llevaron?

Me quité la máscara, pues mi visión era limitada con ella, y me quedé con el antifaz. Desde el barandal se veían como los alumnos del colegio y sus acompañantes, se reunían en la pista de baile para relucir con sus mejores pasos. Saludé a Miss Bustier que monitoreaba el baile, y "que nada pasara los límites permitidos".

—Marinette, te obligaron a venir ¿verdad? —me preguntó la profesora.

—Se me nota mucho. —comenté acomodándome el antifaz que se había atorado con mi cabello.

—No has sido la misma desde que entraste a segundo año; y me alegro. Se nota que estas madurando. —Que ella me lo dijera parecía raro después de seguirme como sabueso por todo Aubergenville.

—¿Por qué lo dice? —Era la primera vez que alguien me decía eso, ni mis amigos y familia veían mi cambio como algo bueno.

—Antes actuabas sin pensar. —Tomó su Tablet y se la colocó bajo el brazo. —Lo que sea que te haya pasado te ha mostrado que debes tener juicio en tus acciones, porque cualquier cosa que hagas acarreara consecuencias, no todo es malo, pero debes medir la intensidad con la que vives para que no avasalles a los demás. ¡Diviértete Marinette!

Mi profesora siguió con su camino, mientras me quede pensando en sus palabras. No era depresión, no era llorar mi estupidez; sólo era que estaba viendo las cosas desde otra perspectiva: pensaba antes de actuar, si yo era Ladybug debía pensar las cosas o las personas pagarían las consecuencias. Supongo que formaba parte de madurar, en cuanto regresara le pediría a mi madre que me diera el libro ancestral, debía leer como fue que mis antecesores cargaron con el trabajo sin enloquecer en el proceso.

Si era alguien que estaba madurando, debía enfrentar mis problemas: No le enviaría una nota a Adrien, iría a la obra de Marion y me toparía con él directamente.

Sin querer se me resbaló la máscara veneciana de la mano, corrí a recogerla. Pero alguien se me adelantó…

—Lo siento. —Dije de inmediato al ver como alguien tomaba la máscara y la levantaba, en cuanto alcé la vista sentí como una corriente eléctrica me recorrió.

¿Por qué lo invoqué? Estaba parado delante de mí, vestido con abrigo negro y un antifaz del mismo color. Al verlo sólo pude emitir un pequeño sonido.

—A-Adrien.

Mi voz parecía un ligero susurro que creo que no escuchó, me mostró una ligera sonrisa. Algo dentro de mi rogaba que la distorsión de identidad que tenía mi antifaz de Ladybug funcionará en este momento, pero no estaba transformada, tal vez dentro de estos tres meses no recordara mi rostro y pensara que soy una chica más en este baile… ¡¿Qué demonios hacía él en el baile de François Dupont?!

Extendió la mano en la que aún tenía mi máscara como invitándome a ir por ella, sólo nos separaban unos tres pasos, por mí que se la quedara, ¿cómo era posible que hacía unos segundos quisiera actuar totalmente madura y de buenas a primeras quería esconderme como un ratoncillo asustado?

Cuando estaba por volver sobre mis pasos, el maldito listón de las zapatillas se atoró en el tacón haciéndome resbalar, no sentí el golpe; pero si sentí como dos brazos tomaban mi torso evitándome caer. Alce la mirada para ver lo ojos de mi "salvador", sus ojos inyectados de decepción ahora eran cálidos, el verde de su mirada parecía tan dulce y resplandeciente.

—Hola… Marinette. ¿Estás bien?

¿Cómo podía sonar mi nombre tan dulce en sus labios? Era como una voz aterciopelada que causaba escalofríos al escucharla. Todo lo que planeaba decirle, desapareció de mi mente como su hubieran formateado lo que me quedaba de memoria.

Me ayudó a ponerme de pie y me entregó la máscara. ¡Estúpida máscara! Lila de seguro me la regaló de mala gana y por eso mi mala suerte se presentaba.

—M-me permitirías un minuto, me gustaría hablar contigo.

Me dijo señalando con la mano el gran ventanal al cual me dirigía, mi mente se nublaba con planes absurdos para salir de eso, aunque el primero era convertirme en Ladybug pero él se transformaría en Chat Noir y me seguiría hasta que habláramos, tal vez si me lanzaba del balcón o ¿si lo lanzaba a él?

Paso a paso que nos acercábamos al enorme ventanal adornado con detalles navideños y las pesadas cortinas, mi corazón latía inclemente. Hizo a un lado la cortina y dejo ver una manija la cual empujó y daba lugar al balcón. Era más bello de cerca a como se veía desde afuera.

Era un espacio amplio, como de tres por cuatro metros, tenía un par de sillones y unas mesas, supongo que era para desayunar con vista a la ciudad, la cual era increíble, al fondo la Torre Eiffel y un poco más alta, la luna reluciente. El aire frío heló por completo mis mejillas dándome perspectiva a lo que debía hacer. Volteé a verlo, directo a los ojos. Si él estaba aquí, quería decir que quería hablar conmigo así que debía hacerlo.

—Adrien, yo de verdad, lamento, lamento mucho lo que hice. No debí haberte engañado, no debí engañar a nadie, así no debí hacer las cosas. Por favor perdóname.

Ok, ya estaba dicho, creo que así debía ofrecer disculpas. No era diferente a lo que le había dicho en Illirya, pero bajó la mirada y después de suspirar, supongo que para acomodar sus ideas, volvió a verme a los ojos. ¿Era normal que sus ojos brillaran tanto? Daban ese aspecto felino, que te hipnotizaba.

—Marinette, yo también debo disculparme.

¿Él? ¿Por qué?

—Para serte sincero, me afectó más de lo que creí ver tu plan. Sobre todo la parte de "utilizar a Adrien para llegar a sus padres". —se rascó la nuca y exhaló un poco desesperado.

—Lo siento, pero al final no…

—Déjame terminar. —me interrumpió levantando la mano en señal que me detuviera. —Si me alejé de mis padres era para que las personas no me utilizaran para llegar a ellos.

—Es que de verdad lo siento. —Volví a intervenir —Estos meses me han servido para darme cuenta de todos mis errores. Creí que mi trabajo era defender y proteger a las personas pero eso era mentira, todos me han protegido, la única débil soy yo.

—Buginette, debes entender que nadie es débil. Hay personas que pueden hacer cosas que otros no. —extrañaba que Chat me llamara así. —Marion no te defendía porque te creía débil, lo hacía porque quería, le gusta cuidar de las personas. Nunca debes pensar que no eres la indicada para ser Ladybug, es un trabajo que no pedimos, pero daremos más de lo que podemos.

—No lo sabes. —le dí la espalda para no verlo o mi voz se quebraría más al recordar lo que le había hecho. —Mis amigos siempre han velado por mí. Yo creí que con golpear a las personas estaba bien, pero eso traía consecuencias, que pagaron para no verme involucrada en problemas. Marion fue expulsado por mi culpa, si hubiera prestado más atención a mi alrededor; no sirve de nada amedrentar a las personas si sólo te "obedecen" cuando los ves pero si te les das la espalda dañan a las personas que quieres. —Algunas lágrimas amenazaban con salir, pero las limpié en cuanto trataron de hacerlo.

—Marinette, protegemos lo que queremos cuidar. — colocó su mano en mi hombro desnudo, tratando de hacerme voltear a verlo. —No es tu culpa, sólo no prestaste la atención debida a tu alrededor, debes estar alerta, no sólo por que seas Ladybug, sino porque eres un ser vivo que interactúa con su ambiente. Por ejemplo yo pensé que eras diferente y que podrías convertirte en una amiga pero me di cuenta que no quería una amistad contigo.

¿Tan mala había sido como para que ni siquiera quisiera algo conmigo?

—Lo siento —murmuré sentía como si todas mis acciones se convirtieran en una pesada carga que estaba sobre mis hombros, quería volver a llorar. ¿Por qué al estar con él me daban esas ganas de sollozar como una niña?

—Yo tampoco fui tan sincero contigo. —siguió hablando. —Creo que te sentiste confundida por como actué después del beso que nos dimos en el ensayo de la obra.

—Lo siento, de verdad fue sin querer. —volví a rogar.

—Buginette, ya te lo había dicho. Sin querer dejas caer tu máscara, sin querer tropiezas… pero un beso lo das porque quieres hacerlo.

Sus palabras hicieron que volteará a verlo, lo que hizo que la sangre hirviera dentro de mí y toda se agolpara en mi cabeza haciendo que las mejillas me ardieran por tan ruborizada que estaba.

—Marion y yo hemos hablado mucho estos meses, aunque no quisiera él es mi roommate, me contó algunas cosas de ti, y creo que te sentías culpable por que creías que me había enamorado de tu versión masculina. —mostró una leve sonrisa irónica. —El problema es que yo sabía que tú eras mujer.

¿Cuándo se había enterado? Pensé que Marion se lo había dicho el día que llegó, pero si comenzó a actuar así desde antes…Sentí como la mandíbula se me caía al piso. Eso no podía ser cierto, me cuidé mucho para que nadie lo notara. Durante las duchas nocturnas, verificaba que él estuviera dormido, después que llegara de patrullar, o bien podía estar fingiendo pues él también llegaba de hacer sus rondas. En mi mente pasé los días que estuve en Illirya y creo que había cuidado bien mis pasos.

—¿C-cómo te en-teras-te?

—Volvemos al día que nos besamos, después de ir a patrullar. ¿Recuerdas que cayó una tormenta que nos dejó hechos sopa? Ese día me di cuenta que tú eras Ladybug.

Me explicó, que quería saber más de mi versión de heroína, por lo que me siguió para ver que llegara bien a casa, pero ese día no fui capaz de dar vueltas para perderlo. La lluvia era tan fuerte que me fui directo al Internado.

Llegó a la azotea de las habitaciones unos segundos después que yo, y vio como usaba la puerta de emergencia para ingresar, lo demás era obvio. Me vio quitarme la transformación y aparecí con el pijama de Marion, para él.

Esa noche, tomé solo mi toalla y un cambio de ropa para dirigirme a las duchas, un poco de agua caliente me haría bien, no revisé a "Adrien" que no era más que sus almohadas acomodadas estratégicamente, pues él estaba detrás de mí.

—Te seguí hasta las regaderas ahí, vi y escuché a tu kwami que te llamaba Marinette. Escuché parte de su plática y bueno después tú… pues ya sabes—desvió la mirada hacia la Torre Eiffel. —Te quitaste el "torso" de chico y lo demás.

La noticia me cayó como balde de agua fría, ¡me había visto desnuda! Si el rostro me ardía, ahora sentía como si la sangre fuera a explotar de mi cabeza como un volcán.

—¡Eres un maldito pervertido! —lancé un puño tratando de llegar a su rostro. Sin embargo, me tomó la mano con fuerza, desviando mi puño hacia abajo, por lo que mi cuerpo terminó girando haciendo que mi espalda quedara en su pecho y me abrazara para que yo dejara de manotear. —¡Suéltame! ¡¿Hasta dónde viste, maldito pervertido?!

—Pues… digamos que es una linda marca de nacimiento la que tienes. Es como una estrella.

Esa marca sólo la conocen mis padres, ni siquiera Marion sabía dónde estaba pues es un lugar bastante… ni siquiera se ve cuando uso traje de baño… ¡Argh!

Seguí moviéndome para zafarme, no por que quisiera golpearlo, sino quería huir totalmente avergonzada.

—Tranquila, mi lady. No tienes nada de qué avergonzarte, — susurró Adrien en mi oído y terminó mordiéndome el lóbulo de la oreja. — Me gustó todo lo que vi.

— Su-su-éltame. ¡Per-vertido! –comente totalmente nerviosa por lo que el rubio me había dicho, aunque si me soltaba las piernas no me funcionarían por lo que acababa de hacerme, sentía esa misma descarga atravesándome una y otra vez. —¡O sea que me comenzaste a tratar así porque ya sabías que era chica!

—Sí, y debía obtener venganza, ¿cuántas veces me viste en la habitación sólo con una toalla en la cintura?

—¡No es lo mismo! — dije moviéndome entre los brazos de Adrien.

— Por supuesto que no, ¿sabes lo complicado que era tener una chica en la habitación? No soy un santo. Había momentos en las que quería hacer esto.

Sentía su respiración en mi cuello, que su aliento fuera cálido sólo hacía que mi piel respondiera ante tal estímulo sobre todo, porque no llevaba más que el vestido… a mala hora dejé mi abrigo adentro. Mi respiración fue haciéndose cada vez más arrítmica al sentir sus labios dándome suaves y delicados besos que iban desde mi oreja hasta la clavícula, sentía como si me olfateara en el proceso y cuando sentí su lengua lamiendo parte de mi hombro así como sus dientes dándome una ligera mordida… todo se quebró dentro de mí. Deje de moverme tratando de huir, sólo podía emitir algunos sonidos más bien parecían respiraciones acalladas.

Dejó de ejercer presión con su brazos por lo que mi apoyo desapareció haciendo que mis piernas fallaran en el proceso, él lo noto y me tomó esta vez de manera delicada por la cintura. No quería voltear a verlo, mentiría si decía que no me gustó que hiciera eso. Lo que sentí fue totalmente indescriptible, mis terminales nerviosas me dolían de tan tensas que estaban.

Me llevó a uno de los sillones y me senté para después soltar un suspiro. Mi cabeza estaba revuelta y ni siquiera sabía que responder. Mis piernas solo temblaban, no sé si era por el frío o porque se sentían como si fueran a derretirse. Colocó una rodilla en el suelo y se colocó a mi altura, viéndome a los ojos, los cuales traté de esquivar, no… simplemente no soportaría su mirada en mí.

—¿Estas bien Marinette? Lo siento si fui muy rudo, perdón si eso te molestó.

¿Molestarme? Eso se había sentido tan malditamente bien, que ni siquiera podía hablar, es más las piernas no me respondían y ¡Él creía que estaba molesta!

Se quitó el abrigo y me lo colocó en los hombros, era cálido, en demasía; olía a él, la loción que usaba todos los días en la habitación y la cual me gustaba mucho, no era un aroma estridente, era bastante delicado pero lo suficientemente fuerte para recordarlo.

No le había puesto mucha atención, a su ropa. Llevaba una camisa gris, y un corbatín de moño en color negro, como todo su traje. Su antifaz, visto de cerca, llevaba dos tonalidades de negro: uno de fondo y el otro que dibujaba los damascos en él. Su cabello rubio, estaba ligeramente despeinado, no tanto como cuando se transformaba en Chat Noir…

—Marinette, ¿puedes verme a los ojos? Por favor. —me tomó de la barbilla colocando su rostro frente al mío pero por instinto dirigía mi mirada a otro lugar, no quería toparme con sus ojos felinos o no sabría cómo actuar. —Por favor Marinette. No debí haberte hecho eso…

—¡No! —exclamé fuertemente, así sin medir la tonalidad de mi voz. —No, yo… sólo es que… yo... me sorprendiste. —Debía hacer algo para relajar las cosas. —¿cómo… estás… llegaste…? ¿Cómo entraste a la fiesta? —Por su mirada, se notaba sorprendido ante el abrupto cambio de tema.

—Pues, eres muy complicada. Traté de verte las últimas semanas pero por más que Nino y Nath trataran de sacarte de tu casa, tú solo te negabas, mi Lady.

Adrien me dijo, que había hablado mucho con Marion y él le explicó que no había hecho las cosas con mala fe. Además le comentó que yo había rechazado la propuesta de sus padres. Felicia también hablaba con él y le repetía constantemente que me sentía abrumada por cómo se habían dado las cosas y quería rogarle por perdón, pero no tenía el valor de enfrentarme a él.

Después de unos días, se dio cuenta que quería conocerme un poco más y ofreciéndome una disculpa por lo que había dicho sería un gran inicio. Marion aparentemente le había hablado mucho… demasiado… exageradamente de mí, por lo que comenzó a hacer un plan y necesitaba apoyo. Por lo que mi hermano lo contactó con Nino y Nath, quiénes al principio no confiaban tanto en él, pero con el visto bueno de mi hermano, aceptaron.

Todas las veces que las chicas habían tratado de sacarme de mi casa los fines de semana, era por que Adrien le había pedido a mis amigos que lo hicieran y ellos las enviaban. Como en todas las oportunidades, me negué; los planes fracasaban cruelmente. Pues él quería que nos viéramos en terreno neutral, si iba a verme a mi casa pensaba que me haría sentirme obligada y no quería eso.

Durante sus charlas aparentemente terminó llevándose de maravilla con mis amigos, mi hermano y mi cuñada…

—O sea que me emboscaste, ganándote a todos a mi alrededor para que no pudiera decirte que no. —dije soltando una ligera risa, al menos lo que dije parecía cierto.

—No me dejaste de otra, mi lady. Fue mucho tiempo tratando de verte para poder hablar y no lo logré.

Continúo diciéndome que Marion le platicó sobre la fiesta, por lo que habló con Nath para hacer el plan. Primero Marion y Felicia tratarían de convencerme a las buenas, si lo lograban, nos veríamos en la fiesta. Pero como opuse resistencia, Marion les dijo a mis amigos que pusieran en marcha el plan B, por lo que Nino y Nath llamaron a las chicas, ellas estaban totalmente ajenas a todo lo que estaba pasando. Conociéndolas no hubieran tardado en decirme y yo simplemente me hubiera escapado antes de siquiera salir de mi casa con rumbo al salón.

—Marinette, ¿recuerdas que me dijiste alguna vez si te enamoras de dos personas quédate con la segunda…?

—Porque si amaras a la primera no te hubieras enamorado de la segunda. —lo interrumpí, ese consejo se lo había dado a Chat.

—No es algo nuevo decirte que me gustaba Felicia, la seguí con la mirada al menos el último año, pero de repente apareciste tú, y mi mirada dejó de seguirla para seguirte a ti. Con ella ni siquiera podía hablar y hacerlo contigo parecía tan natural. Hice más cosas contigo en menos de una semana de lo que algún día pensé hacer con ella en un año. Aun si tu hermano no hubiera aparecido y ella y yo no fuéramos familia, creo que yo seguiría viéndola, pero hasta ahí. Jamás hubiera hecho las cosas que he realizado con tal de hablar contigo por unos segundos. Marinette —entrelazó mis manos con las suyas. —déjame conocerte, conóceme. Nunca había querido estar tanto con alguien, a menos que no te interese tenerme cerca, entonces lo entenderé y me alejaré.

Acaso esto era… ¿un propuesta? Al menos eso me parecía. Ahí estaba yo sentada con el corazón a punto de salirse de mi pecho y que latía con tanta fuerza que ni la música podría acallar el ruido que hacía. Delante de mí, tenía la chico que me había demostrado que no todos son iguales, alguien con quien me compenetraba tan bien durante las peleas, cómo héroes, como amigos… ¿podríamos llegar a algo más?

Sólo asentí con la cabeza, cualquier palabra salida de mi boca, no sería suficiente para describir lo que mi interior quería expresar. Pude ver como esbozó una tímida sonrisa en su rostro, lo miré a los ojos… me perdí en ellos. Ese verde era tan enigmático e hipnótico que me deje llevar, me relajaba verlo y me gustaba que me viera. Sus delgados y largos dedos hábilmente acomodaron detrás de mí oreja un mechón de cabello que caía en mi rostro; para que después colocará su mano en mi mejilla. El roce era cálido y mi piel lo agradecía.

—Yo… no sé si tú… pero… ¿podría besarte? —Adrien estaba totalmente ruborizado.

—No creo que debas pedirlo, cuando sabes que no me negaré si lo haces.

¡Maldición! Esa frase ¡¿salió de mi boca?! ¡¿Cómo fui capaz de decir algo como eso?! ¿Acaso él podría llegar a ser más lindo? Primero admite que me vio desnuda, luego me besa el cuello y al final me pide permiso para besarme… ¡Era un tonto!

Acercó mi rostro al suyo, sentía su respiración cerca de mi boca. Cerré los ojos por inercia, cuando comencé a sentir un roce cálido en mis labios. Era lento y quería que fuera perpetuo. Sus labios eran suaves. Era diferente a la vez en el auditorio, no era arrebatado, al contrario era dulce y tímido, pero muy agradable. Levanté las manos y las enredé en su cuello para acercarlo a mí. Maldije llevar los guantes, quería sentirlo, aunque eso no me impidió juguetear con su cabello rubio entre mis dedos.

Perdí la noción del tiempo, se levantó e hice lo mismo, seguíamos unidos por el beso. Deslizó su mano libre en mi cintura y me atrajo más hacia él, yo también me aferré a él, enredado más mis dedos en su cabello. Olvidé todo. Hasta que sentía la falta de aire, debía alejarme para respirar.

—A-Adri…—retiré mis manos de su cabeza y las coloqué en sus hombros para empujarlo un poco

—Aún no es… suficiente. –dijo un jadeante ojiverde que me volvió a besar aun cuando no recuperaba el aire.

Esta vez, si me tomó por sorpresa y solo pude emitir un ligero gemido al sentir como deslizaba su lengua dentro de mi boca. Lo que me tomó con la guardia baja era mi propia respuesta. Ese chico me había robado mi primer beso, la sesión de besoterapia de aquélla noche, seguir rompiendo mis barreras y yo no oponía resistencia, a decir verdad me gustó que lo hiciera y mucho. Sentía su corazón latir contra mi cuerpo y era obvio que él hacía lo mismo con el mío.

—A ver niños, ya o voy a tener que echarles un balde de agua fría para que se calmen. —Escuché una voz conocida. Adrien y yo terminamos por separarnos al haber sido descubiertos, era la misma voz que molestaba a Felicia en nuestras video-llamadas, esa voz era de su "hermano".

—Plagg ¡se supone que debes ser discreto! ¡¿por qué demonios nos interrumpes?! —gritó Adrien, al parecer su kwami estaba oculto en el abrigo que me dio.

—Si él no lo hacía, lo haría yo. —dijo Tikki que estaba sentada en el respaldo del sillón. —Chicos, está bien que se gusten pero, límites. Por favor.

Ambos estábamos sonrojados, no sólo por lo que acabábamos de hacer sino por las palabras de nuestros kwamis. Necesitábamos tiempo para asimilar las cosas que pasaron.

—Te gustaría entrar, ¿quisieras bailar conmigo?

¿De verdad? Era el chico más lindo y dulce que había conocido en toda mi vida. Mi corazón seguía latiendo con tanta fuerza que apenas si era capaz de respirar.

—Sí, si me gustaría.

Me tomó de la mano y la entrelazó en su brazo. Fuimos seguidos por nuestros kwamis que entraron en la bolsas del saco de Adrien y la mía en el adorno que llevaba en el vestido, ¿cómo llegué a esto? Ni siquiera recordaba cuál era mi plan. Bajamos las escaleras, donde la fiesta ya estaba en todo su apogeo, vi mi reloj y había pasado casi una hora desde que llegué. No tenía ni la más remota idea de cómo debía actuar. De verdad ¿cómo llegué a esto? Adrien me llevó cerca del centro de la pista, y le di el abrigo que llevaba a mi hermano quien estaba con Felicia conversando.

Mi acompañante fue a donde estaba el DJ y cruzó palabras con él; regresó conmigo cuando la canción "A thousand years" comenzó a sonar. Aún era temprano para las canciones lentas pero mis compañeros se acoplaron a la tonada.

—Adrien, sé que te dije que si me gustaría bailar contigo, pero la verdad es que no se bailar. —le susurré al oído.

—Ladybug no debería preocuparse por eso, soy tu compañero y mi placer es ayudarte en todo lo que pueda. —me dijo extendiendo su mano para tomar la mía. —Tú me apoyas y yo haré lo mismo. —esa última frase hizo que me sonrojara aún más y eso también lo notó.

—Amo esa canción, aparece en…

—Uno de tus libros favoritos. —me interrumpió mientras tomaba mi otra mano y la ponía en su hombro para después colocar la mano que tenía libre en mi cintura y guiarme en el baile. —"Detrás del antifaz" de H.A. Lang ¿no es así?

Ese libro, era parecido a lo que a mí me pasaba. Eran sobre unos artefactos que convertían a las personas en héroes. La pareja que representaba al Ying y al Yang habían terminado en pésimas condiciones jurando odiarse; ocho años después los hermanos de la pareja cargaron con la responsabilidad sin saber la historia de sus antecesores. El amor era un tema recurrente, en todas sus formas: unilateral, recíproco, cruzado…

—Casi lloro cuando, Bridgette…

—Lo sé. —interrumpió Adrien. —Primero sufres con Bridgette y luego con Félix para después volver a sufrir con Bridgette por quien sufre Félix… y tú sufres con él. Esa autora hizo que me sintiera en una montaña rusa de emociones.

—¡Si! Grité cuando Félix llamó a su poder prohibido…

—¡Ja! Yo grité: "¡No, Bridgette, tu no!" cuando estaba con Nightmare. Casi creí que la garganta se me partía por el grito, fue tan fuerte que tu hermano me lanzó una almohada para que me callara.

—¿Cómo sabes que me gusta ese libro? —pregunté totalmente absorta en la conversación.

—Marion me ha dicho muchas cosas sobre ti. Creo que te conoce más de lo que crees.

—Lo que sea que te haya dicho: es mentira; no fue mi culpa, fue de él—dije a la defensiva. —Voy a romperle esa sonrisa cínica a mi hermano, a punta de golpes.

Sólo me dejaba guiar por lo que decía, la canción de fondo me hacía tararear en mi mente la tonada. Los pasos de baile de Adrien eran delicados y fáciles de seguir. Cuando terminó la canción pude ver que éramos los únicos en la pista, pues las demás parejas nos habían "dado espacio". Lo cual me dio más vergüenza y sólo bajé la mirada.

—Orgullosa de lo que haces. —me dijo Adrien tomando mi barbilla para levantar mi rostro. —Demuestra la misma seguridad que tienes como Ladybug, no son dos personas distintas. Sólo hay una.

—Mira quien lo dice, tan taciturno y confiado como Chat y tímido como Adrien.

—Estoy trabajando en eso. —comentó tratando de dar fin a la conversación.

—Vaya pero si es el idiota con una chica muy linda. ¡Hola muñeca! Creo que no nos conocemos.

¿De verdad? Claude no me reconocía con un antifaz, creo que sus niveles de alcohol estaban a tope.

—Nos conocemos lo suficiente como para saber que eres un idiota, Claude. —contesté sin ánimo.

—¿Marinette? ¡Que sexy! Si te hubieras dejado que me pusiera cariñoso contigo, hubiera pasado mis manos por esas piernas, ¡mira todo lo que ocultabas bajo la ropa!

Su mirada lasciva me daba asco.

—Claude, todos sabemos que eres un alcohólico perdedor, ¿te quieres alejar de mi acompañante por las buenas? O ¿lo harás por la fuerza?

—Inténtalo, rubiecito.

—Yo no haré nada, pero hay dos personas que quieren verte sufrir y mucho. —comentó Adrien para después silbar una extraña tonada.

—Hola Claude ¿me recuerdas? —dijo Felicia.

—¿Sabes estúpido? Saber que trataste mal a mi hermana y a mi novia, sólo me hace querer ¡romperte la cara!

Marion tomó del cuello a Claude y lo arrastró hasta una salida de emergencia.

—Mi lord, no te quedes con toda la diversión. Yo también quiero participar.

—Por supuesto Kitty, nada me hace más feliz que verte feliz.

¿Extraña pareja? Efectivamente ¿Estaban locos? Por supuesto ¿Los conozco? Desearía que no. Harían sufrir a Claude y lo humillarían de una forma divertida, ojala tomaran fotos.

Le comenté a Adrien que quería presentarles a mis amigos, aunque ya conociera al tomate artista y al DJ, con quienes debía hablar seriamente, después de la fiesta.

No necesite buscarlos mucho pues, estaban entre las parejas que observaban como bailábamos, o bueno más bien como él bailaba y yo lo seguía.

Le presenté a mis amigas; quiénes estaban encantadas de conocerlo aunque no sabían que era el chico con quien compartía habitación en Illirya, pero Marion y Felicia las convencieron que era un compañero de su escuela que querían presentarme pues creían que nos llevaríamos bien. Chloé lo reconoció por algunas reuniones en las que llegaron a coincidir más no lo conocía bien.

Nath, Nino y Adrien se saludaron como camaradas; debía saber hasta dónde se conocían. Pero no estaba de más que se llevaran bien.

Felicia y Marion regresaron tras unos cuarenta minutos, más felices de lo que se habían ido diciendo que Claude había pagado parte de todo el daño que había hecho. En verdad deseaba que hubieran tomado fotos para burlarme de él, seguía trabajando en mi cuasi odio para con él y en el perdón… aun no lo lograba.

Una hora y media después, estábamos bailando y conversando cuando escuchamos un estruendo, seguido del sonar de unas patrullas; lo que quería decir que nuestras identidades de héroes debían salir a relucir.

—Yo olvidé… mi máscara en el balcón del segundo piso. —afirmé para poder escapar de mis compañeros.

—Te acompaño por ella. —comentó Adrien al entender el plan.

—¡Wow! ¡¿Hay un balcón?! ¿M-me llevarías, mi lord? —admitió Felicia quien captó nuestras miradas.

—Por supuesto Kitty, todo sea para complacerte.

Marion también comprendió y subimos corriendo las escaleras. Lo cual era en verdad muy difícil por culpa de esos zapatos. Sin duda los zapatos con tacón eran un invento para evitar que escaparas.

—¿Ya le dijiste la sorpresa? —le dijo Marion a Adrien.

—¿Cuál sorpresa? —pregunté intrigada.

—La sorpresa que se suponía que él debía darle a ella y en la cual no tenías que intervenir, mi lord. —regañó Felicia a mi hermano.

—Ya, díganme la sorpresa. —rogué volteando a ver a los tres. Odiaba que me guardaran secretos.

Adrien terminó por darse por vencido. Me explicó que su padre, me había visto patrullar por la ciudad, por lo que le comentó lo importante que era que él como Chat Noir hiciera una dupla conmigo, era una forma de protegernos mutuamente. Además que le preocupaba que con su roommate se revelara su secreto, por lo que le había pedido que regresara a vivir con ellos.

—Es lo justo, Aubergenville ya tiene a su Lordbug y Kitty Noir. Felicia y Marion se las arreglaron para estar juntos y hacer equipo. ¿No crees que París debería tener a su pareja guardiana?

—¿Eso quiere decir, que vivirás en París? —pregunté emocionada.

—Sí, dejaré Illirya y vendré a una escuela aquí. ¿Cómo crees que nos conoceríamos si no convivimos más? —comentó Adrien guiñándome un ojo. —En año nuevo ingresaré a tu salón en François-Dupoint, espero que me recibas bien, Buginette.

—¿De verdad? —no pude evitar emocionarme. ¿Cuántas barreras romperíamos en tan solo una noche?... Lo mejor sería no saber.

—Tranquilos tórtolos. Adrien más te vale no propasarte con ella. —amenazó Marion.

—Déjalos mi Lord. Con un poco de suerte serán tan unidos como nosotros. —Felicia tomó la mano de mi hermano.

Una vez que abrimos la puerta y llegamos al balcón. Estábamos listos para la acción.

—¡Tikki! —gritamos Marion y yo al unísono.

—¡Plagg! —gritaron Felicia y Adrien.

—¡Transformación!

Nuestros trajes aparecieron después de las luces que nos cubrieron. Estábamos listos para enfrentar cualquier adversidad.

Si bien ninguno de nosotros pidió formar parte de esa larga tradición, lo éramos y dábamos todo de nosotros, por la paz y la tranquilidad.

Fue complicado para mi entender todos los prejuicios con que crecemos y creemos que son "normales". Un color no nos identifica, un hobbie no es exclusivo para un género. Una vez que eliminas todas esas barreras, haces la vida más fácil para los demás y evidentemente para ti.

Por temor a la crítica dejas de hacer lo que te gusta. Nunca complacerás a todas las personas, eso debes de entenderlo pero lo que si puedes hacer es tomarte el tiempo para pensar las cosas antes de actuar o al menos toma la madurez necesaria para aceptar las consecuencias, buenas o malas, que provengan de tus decisiones.

En mi caso me di cuenta, porque pensaba que protegía a todas las personas y sin mí nadie podría hacer nada. No podía estar en un error más grande. Proteger y ser protegido, amar y ser amado, llorar y que alguien llore por ti. Son cosas que ocurren mientras vivas. Sentir no te hace débil, al contrario; te hace fuerte pues te conoces, y sabes hasta dónde eres capaz de llegar. Eres único, sí, pero también formas parte de un todo.

Mi historia continua, algo me dice que con los consejos dados por mi compañero de batallas y su reciente acercamiento me hará aprender muchas cosas… No lo sé tal vez tenga una oportunidad o ¿tú que crees?

Nunca es tarde para resarcir daños y aprender en el proceso al lado de quienes amas y te aman.