N.A.: quiero decir una cosa antes de que te adentres en un nuevo capítulo, no he seguido mucho la historia de Star Wars, vi la séptima parte principalmente porque un amigo quería verla y me gustó. Y me estoy enganchando con la reciente estrenada en el cine, sobre todo, de ese posible romance entre Rey y Kylo. Lo comento porque no conozco mucho su mundo y puede que no utilice bien alguna palabra específica de la película. Perdón por anticipado.
Me giré con la almohada pegada en los oídos como hacía cada noche, podía susurrar pero no quería escuchar. No quería hablar con él y lo único que podía hacer para conseguirlo era ignorarle. Fui una ingenua una vez, cuando quería ayudarle a que encontrara la luz de nuevo pero con ello solo conseguí que abrazara con más fuerza la oscuridad. Ese momento estaba vivo en mi recuerdo, todavía podía ver con nitidez esos ojos oscuros que brillaban por la ambición de una nueva galaxia que podía ser suya y pidiéndome que me uniera a él. Una sensación de rabia me atravesó el cuerpo por volver a pensar en ello cuando me había prometido apartarlo por completo de mi mente, pensé que su intención fue buena al salvarme porque había notado la tristeza y la soledad en él, una parecida a la mía, junto a la esperanza de que dentro de Ben siguiera conservando una parte de bondad pero solo quería que fuera un instrumento para la nueva causa de Kylo Ren.
No es verdad.
—Déjame en paz –exclamé finalmente sin poder evitarlo. No quería seguir escuchándole.
Y lo noté, su desconexión. Percibí que había dejado de estar a mi lado, accediendo a mis deseos. Debería sentirme aliviada pero ¿por qué no era así?
Sacudí la cabeza contra la almohada, no debería pensar en él. No debía pensar en nada, solo quería dormir pero ese tranquilo sueño al que quería introducirme pronto se volvió agitado. Me desperté sobresaltada, quedándome sentada en la cama con la frente perlada de sudor y con mi corazón latiendo de forma frenética, aparté las sábanas con fuerza mientras dejaba escapar un gruñido lleno de enfado cuando mis pies rozaron el frío suelo.
—No puede dejarme tranquila, no —empecé a hablar por mí misma.
Él. ¡Otra vez, él! Aparecía en mis sueños transformándolos en pesadillas. Empecé a caminar por la pequeña instancia de mi habitación para conseguir calmar un poco mi alterado estado. La imagen de Ben. No, no era Ben. Era Kylo Ren. Tenía que recordar eso. La imagen de Kylo Ren se me aparecía en sueños en forma de un recuerdo reciente. Su engaño todavía me dolía, creí que me había salvado porque Ben había vuelto pero un escalofrío descendió por mi espalda cuando vi su mano estirada hacia mí, pidiéndome que me uniera a él. Para ayudarle. Para usarme como instrumento para sus planes.
Escuchaba su voz, me inundaba en mis sueños ¡¿por qué no me dejaba en paz?! Snoke estaba muerto, ¿por qué seguía teniendo una conexión con él?
La estación donde ahora se encontraba la resistencia, abrió sus luces anunciando el inicio de un nuevo día, algo que siempre me reconfortaba. Me apresuré a vestirme y salir al exterior, cuando estaba rodeada de otras personas mis pensamientos no me perturbaban y me alegré de salir de forma apresurada ya que encontré una cara amiga que echaba de menos.
—Finn.
—Ah, hola Rey —comentó pasando a mi lado de forma rápida, la cual me uní —. ¿Estás bien? —preguntó tras ver mi semblante.
—Sí —contesté con una sonrisa alzándose sobre mis labios. Era agradable que se preocuparan por mí —. Aunque no paro de tener pesadillas…
—Perdona —dijo Finn apresurando sus pasos para ir hacia Poe a la vez que yo detuve bruscamente los míos, intentando borrar el disgusto que se había formado en mi semblante y sintiéndome estúpida por darle tanta importancia a esa clase de momentos.
Estábamos en guerra, había mucho por lo que luchar y yo me quejaba por tonterías. Era una persona fuerte, lo había tenido que ser toda mi vida para poder existir un día más. ¿Por qué ahora tenía que estar tan inundada por toda esa clase de sentimientos?
—Rey.
Me giré al escuchar una voz conocida y que apreciaba.
—¿Puedes venir conmigo? –me dijo Leia con esa sonrisa maternal que solía mostrar solo al verme.
Asentí y seguí sus pasos.
—El sacrificio de Luke ha ayudado a que más rebeldes se alcen de sus escondites y quieran luchar —dijo con una mueca de orgullo alzándose en su bello rostro a pesar de los años.
—Es una gran noticia —comenté emocionada por ello.
—Lo es —y parando sus pasos, se giró hacia a mí para posar una mano sobre mi hombro antes de decir—Y quiero que trabajes junto a mí en cada proceso.
—¿De verdad?
—Sí, gracias a ti tenemos una nueva esperanza por lo que luchar —terminó de decir apretándome el hombro.
Amplié mi sonrisa, llena de orgullo. Tanta era la emoción que sentía en mi interior que solo pude asentir en forma de respuesta. Iba a formar parte de algo grande, en algo que creía. En restaurar el bien y el equilibrio en la Galaxia. Era un honor y una gran responsabilidad.
—Sé que puedes hacerlo, Rey.
Escuché decirle, seguro tras ver el velo de un reciente miedo de no saber si podía estar a la altura de la situación. Sus palabras me animaron y me dieron la suficiente fuerza para responder.
—Gracias y no la decepcionaré.
—Estoy segura de ello.
La siguiente parte del día pasó rápidamente, aprendiendo junto a Leia y agradecida por su confianza depositada en mí, cansada y satisfecha volvía a mi habitación cuando unas risas captaron mi atención, sabía a quién pertenecían antes de girar la cabeza hacia esas voces.
La mayoría de los rebeldes se encontraban allí, Finn también, con el brazo extendido sobre los hombros de Rose, estaban bebiendo un par de refrescos mientras descansaban del día. Necesitaban relajarse, tener un momento de normalidad en sus vidas y yo quería participar. Por ello me acerqué.
—¿Te acuerdas, Connix? —comentó Poe dejando de tener la espalda apoyada en el respaldo de la silla —. ¿En como tuve que salvarte de esos idiotas de esa cantina perdida porque te dejaste al descubierto tu arma?
—Oye —se quejó la chica que tuvo que parar para echar una carcajada —. Lo estás contando al revés, memo.
Todos los de su alrededor empezaron a reír más fuerte y yo quería unirme a las risas.
—Hola chicos.
—Hola Rey —me iban saludando todos y Finn se apresuró a cambiar de postura dejando de abrazar a su novia.
—¿Puedo unirme?
—Claro, siéntate —me ofreció Poe acercando otra silla a su lado.
Asentí agradecida por su gesto y me senté, deseosa de escuchar más historias sobre ellos. Creí que sería un momento divertido, de conexión, pero lo que menos me esperaba era que esas risas terminarían siendo otro panorama desolador de interminable aislamiento.
Sus charlas, sus historias, eran de ellos y aunque estaba sentada a su lado, ninguno movía la cabeza hacia a mí, ninguno me preguntaba nada, ninguno me incitaba a que añadiera algo. Me fijé en Finn, también era alguien nuevo en el grupo pero le preguntaban, le pedían su opinión y hablaban con él, no obstante, nadie lo hacía conmigo. Era como si no existiera entre ellos.
Al cabo de un rato, mi mirada de posó sobre ese refresco todavía sin abrir entre mis manos, empezando a jugar con la anilla para tener algo con lo que sentirme ocupada.
Nadie quiere conocerte de verdad.
Levanté la cabeza de pronto cuando volví a escuchar su voz aunque no estaba segura si era el recuerdo de las últimas noches o un nuevo susurro a la distancia. Mi espalda se erizó, atenta a cualquier nuevo sonido de su voz, temerosa de mostrar una señal y revelar ese secreto que había estado guardando celosamente. No quería que nadie supiera que tenía una extraña conexión con nuestro enemigo.
No soy tu enemigo, Rey.
Dejé escapar un gemido, había notado su aliento junto a mi oreja. Apreté con fuerza la lata de refresco sin darme cuenta.
¿Y qué eres? Pregunté mentalmente. Ya no podía aguantar más el silencio entre los dos, tenía que saber por qué seguía hablándome.
Puedo ser lo que tanto deseas, tu amigo.
¿Amigos? No digas tonterías.
¿Y por qué no? Sé más cosas de ti que cualquiera de ellos, me he preocupado por conocerte, más que cualquiera que tienes ahora delante.
Para usarme. Repliqué negando con la cabeza mostrando mi desaprobación por ese acto. Esas palabras, incluso dichas por mí, me hicieron más daño de lo que pensaba y provocó que mi respiración fuera un poco más deprisa a cada momento que pasaba.
No quiero usarte. Propuse que reinaras conmigo porque te quería a mi lado, no solo como guerrera.
Sacudí la cabeza, me negué a contestar. Solo quería que dejara de atormentarme.
No son mis palabras lo que te hacen daño, Rey. Es hora de que lo reconozcas.
—¡No! —exclamé en voz alta levantándome con lo que mi refresco recién abierto se derramó por el suelo, con ello solo conseguí que todas las miradas se desviaran hacia mí.
—¿Qué ocurre? —preguntó Finn.
—Se me ha escurrido, lo siento.
—Tranquila, no importa —añadió Poe con una sonrisa.
—Voy a buscar algo para limpiar —susurré separándome de ellos para buscar un poco de papel absorbente sin saber que encontraría una sorpresa desagradable cuando volviera. Un completo y desesperante vacío.
Se habían ido. Todos. Sin esperarme ni despedirse. Me habían dejado sola, sin importarles si quiera. ¿Por qué me afectaba tanto? Había superado situaciones mucho más duras en mi pasado y seguía en pie, ¿por qué ahora? ¿Por qué me afectaba tanto?
Porque ha llegado un momento en que ya no puedes más y todo te afecta con más facilidad.
Cerré los ojos con resignación, odiaba que esa conexión fuera tan fuerte que pudiera leerme el pensamiento. Pero, sin poder evitarlo, sentí una pequeña línea caliente descendiendo por una de mis mejillas al saber que tenía razón.
Yo no te dejaría sola, Rey.
Sentía el aire caliente de su aliento en mi nuca y otra lágrima resbaló por mi mejilla, al descubrir una verdad que latía en mi interior. Quería creerle.
Una vez, sentí una conexión muy fuerte con él cuando empezamos a hablar, fue con él con quien quise compartir mis dudas y mi tristeza, fue él quien me hizo sentir una calidez en el interior cuando escuché de sus labios que no estaba sola. Se preocupaba por mí y yo por él.
Quería creerle pero, ¿realmente podía?
