Por primera vez en muchos días, los dolorosos recuerdos no inundaron mis sueños y pude pasar una noche tranquila sin ninguna sensación de agobio ni decepción. Regresé a mis antiguos sueños donde me concentraba en un ver la intensidad de un océano, una imagen que utilizaba en mi pasado para escapar de la interminable y dolorosa soledad que me inundaba pero en ese momento era diferente, no era una vía de escape, la simple imagen conseguía transmitirme paz. Una paz que nunca había conseguido sentir.

El calmado oleaje me hacía respirar con tranquilidad, sabía que era un sueño pero no me importaba, me gustaba estar rodeada de esa calmada sensación y no quería que terminara.

En el infinito, las olas iban dejando paso a algo más, a un pequeño trozo de tierra; una isla. Me acerqué, allí siempre se encontraba lo que mi corazón más deseaba, durante muchos años era la visión de mis padres pero eso se había acabado desde el momento que reconocí el hecho de que nunca había sido importante para ellos.

Había la sombra de alguien allí, esperándome. Por un momento, pensé que iba a encontrar a las nuevas personas que me rodeaban o incluso Leia pero esa tranquilidad que me estaba acompañando duró muy poco cuando la sombra finalmente tomó forma y de ella emergió la imagen que provocó que me levantara de un sobresalto.

Me quedé sentada sobre la cama y con la frente, de nuevo, perlada de sudor. Esperé varios momentos a que mi respiración agitada recuperara el ritmo normal mientras mi mirada se perdía en el vacío.

Era él. No solo había inundado mis pesadillas, también mis sueños. Estaba allí, con la mano extendida para que me uniera a su lado.

Miré a mi alrededor, asustada de que se encontrara cerca y entonces me di cuenta de algo, la noche anterior me quedé echa un ovillo en el suelo, ni siquiera tuve la fuerza necesaria para levantarme e ir hacia la cama.

Y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al darme cuenta de la respuesta. Me había llevado él y un intenso terror me invadió al saber lo que significaba. Nuestra conexión se hacía más fuerte cada día que pasaba y si era capaz de levantar mi cuerpo, sería capaz de mucho más. Podría llegar el momento de estar a mi espalda sin darme cuenta y ser capaz de ver todos los planes de la resistencia o capaz de ahogarme mientras dormía…

Se acabó. ¡Ese extraño lazo debía cortarse de una maldita vez! Tenía que poner punto y final a todo esto de una vez y por todas.

En cuanto encontré el momento oportuno, me escabullí y conseguí coger una de las pequeñas naves y activar la navegación silenciosa antes de dirigirme hacia el espacio, así nadie de mis compañeros me seguiría ni tampoco sabrían a dónde me dirigía por si no podía volver. No los pondría en peligro, prefería enfrentarme yo sola al peligro.

Estuve un rato volando hasta que apareció un planeta sin vida llamado Berhert, solo tuve que leer su nombre en la pantalla de mi nave para asegurarme de que no me encontraría sola en ese lugar durante demasiado tiempo.

Lo primero que divisé al introducirme en su atmósfera fue un campo enorme de un bosque vacío, descendí en el primer lugar que encontré oportuno. Apagué el motor y respiré hondo mirando hacia el asiento a mi lado donde había dejado mi espada láser. Ese planeta iba a ser testigo de una nueva batalla entre Kylo Ren y yo. Y uno de los dos iba a morir allí.

Salí de la nave con la espada firmemente cogida, no iba a tardar en venir.

Un ruido en ese cielo lleno de silencio hizo que levantara la mirada hacia arriba, una pequeña y oscura nave descendía. Miré por todas partes, atenta a escuchar o sentir algo más, parecía que esa nave llegaba sola pero no podía fiarme del todo. Podía ser una trampa pero no me preocupaba, no iban a sonsacar nada de mí y aunque consiguieran capturarme o terminara muerta la resistencia seguiría.

Apreté la espada con las dos manos a la vez que me ponía en posición de combate cuando su nave tocó el suelo y Kylo Ren saltó de la nave.

Respiré hondo de nuevo, preparada para luchar pero algo extraño ocurrió, en lugar de sacar su espada y una actitud defensiva, se acercaba sin prisas y ocultando sus manos detrás de sus ropajes oscuros. Me quedé extrañada por ese gesto, parecía que su actitud era así para no resultar amenazador pero no iba a conseguir engañarme para que bajara la guardia.

Activé mi espada, sin embargo, eso no detuvo sus pasos ni hizo que él activara la suya. Se detuvo cuando se encontraba a tres pasos de mí pero no realizó ningún otro movimiento. Solo se quedó quieto, mirándome.

—¡Saca tu espada láser de una vez! —exclamé con los pies inquietos de mi defensiva postura.

—No voy a pelear contigo, Rey.

Su voz tranquila me erizó.

—Ya claro, ¿y para qué has venido?