El hijo de Caos.

Capitulo II. Atenea.

Atenea, hija de Zeus y la primera reina, Metis. Diosa de la sabidura, civilización, justicia, habilidad, estrategía, de las ciencias y la guerra, Patrona de la ciudad conmemorada a su nombre Athenas , guía de héroes gloriosos que han pedido sus consejos. Favorita y mano de derecha del rey del Olimpo, y ahora protectora del mundo conocido.

Nunca se había imaginado de todas las cosas que había hecho, después de haber salido de la cabeza de su padre, en medio de la Titanomaquia. La lucha en la que había participado a un lado de su padre, tíos y hermanos. Sin embargo y tal vez la más grande de sus aventuras fue en conocer al ser que dio inicio al universo. Aun podía ven en sus memorias el grito de Cronos cuando le cayó el último de los rayos de Zeus, derribándolo y enviándolo al Tartaro junto al resto de los titanes. Las manos de Gea tratando, en vano, salvar al último de sus hijos de caer en las profundidades del sitio era la imagen más desgarradora de todo el conflicto, más no había comparación de todo las vidas que el antiguo rey había destrozado, era un pequeño precio para el nuevo cambio.

La victoria había sido para los dioses y tal vez la hubieran disfrutado luego de todos los sacrificios, no obstante una fuerza hizo presencia. Gea, que lloraba por la pérdida de sus hijos, miro y corrió a dirección de esa energía. Todos los dioses presentes se extrañaron por el comportamiento de la diosa madre, por no les quedo de otra forma que seguirla.

Grande fue su sorpresa al ver a Gea, Nix, Erebos, Eros y Tártaro reunidos en donde estaba esa misteriosa energía. Nunca antes se habían juntado las fuerzas del universo en un punto. Todos ellos habían formado un círculo mirando al interior del este. En una combinación de luz y sombras la silueta de una persona iba formándose. Si no fuera porque unos instantes atrás habían tenido un combate, hubieran estado maravillados por la aparición de ese ser. Todos los dioses se tuvieron que ponerse en guardia, explotando su cosmos, en caso de que ese nuevo ser, quisiera enfrentar el poderío del Olimpo.

-padre.- la voz de Gea y Nix, desconcertó a todos ellos.

La diosa, la madre de todos ellos, llamada a esa criatura padre. Todos ellos dejaron las armas caer al suelo, cuando los primeros se acercaron al recién llegado preguntando cosas que ellos no podía identificar, finalmente la diosa madre buscaba los brazos de ese padre que todos ellos desconocían.

-Gea.

-Padre, yo…

-no digas nada hija, sin embargo no tengo idea ni la razón de mi despertar.

-yo…-Gea se observaba temerosa por sus palabras- tengo la respuesta.

La diosa levanto su cosmos, mientras se fundía con la de sus padre, el padre cerro los ojos hasta que los abrió nuevamente, al mismo tiempo que la diosa apagaba el suyo.

-veo que tu sangre a causado más desastre de lo que imaginaba.

-padre, por favor

-no tengo porque resolver tu error- interrumpe a la tierra- sin embargo hace tiempo que perdone tu error.

-padre, yo lamento mucho mi ambición, el deseo de ser como tú me encamino a hacer lo que hice, se que te he decepcionado, sin embargo por favor Padre..., tienes que vengar a mis hijos…por favor por todo el amor que aun conservo en mi cor…

-Tu- La voz de Zeus hizo que los más antiguos miraran e interrumpieran el dialogo de la diosa madre -¿Quién eres?

El recién llegado miro a Zeus, no había expresión en su rostro, ni los profundos y oscuros ojos mostraban algo que pudiera decirles

-Me llamo Caos, soy quien creo a Nix, Erebo, Eros, Tartaro y Gea, soy a quien le dice padre. Nacido de la nada inicial, soy quien dio y vio el inicio de todo.

- tu eres…-susurro uno de los jóvenes presentes.

-soy la primera creatura existente en el universo

-entonces, eso quiere decir que Tu y yo somos los gobernantes del universo-La voz de Zeus hizo que la mayoría de los presentes, especialmente a los descendientes directos de Caos .

-maldito- dijo Tártaro- como osas hacer comparación de tu patética existencia con la de mi padre.

-detente Tartaro.

Caos intercambio miradas con los presentes, especialmente con aquellos que llegaron detrás de Gea .

-veo que son los nuevos… ¿descendientes de tu estirpe Gea?

-esos no son nada mío, son unos parias que se atrevieron a levantarse contra su padre, mi hijo Cronos.

-nosotros somos los que vencimos a los titanes, es el nuevo orden del cosmos.- inquiere Zeus contrarrestando a su abuela – diosa Gea, acepte la realidad de las cosas, hay un nuevo orden y yo soy su líder, les ofrezco la oportunidad de ser parte de algo que nos convendrá a todos, ustedes seguirán viviendo, mientras nosotros gobernamos el cosmos.

- creo que al igual que mi hija, son ignorantes. – interviene Caos, ignorando las palabras de Zeus.

-¿que dices?- dice Zeus inquieto por las negativa.

-el universo así como el cosmos no tiene un orden, estas y a la vez no, es por eso que me llaman Caos, porque mi sola existencia altero el orden ya existente, son una aberración solitaria nacida de la nada, de mi inicio lo que ustedes llaman vida…mi deber es regresarle al universo su orden, y aunque no lo crean su sola existencia representa una amenaza al orden.

Los dioses se tensaron al saber que ese ser que apenas conocían era un enemigo a vencer, todos ellos desenvainando las armas por cualquier ataque, sin embargo ninguno de ellos se esperó sentir el súbito levantamiento del cosmos de los primordiales detrás de Caos.

-¡ya basta!- La potente voz, aun sin mostrar algún sentimiento, era muy clara para ambas partes, especialmente para los primeros-¡no deseo que se de una guerra, que pueda destruir al Universo!

-pero padre…-dice Nix, con suplica.-Estos nuevas criaturas no las conoce, pueden ser mucho más peligrosas de lo que fueron los hijos de Gea, por favor padre entienda nuestro sentir.

-Por Favor señor, al menos déjenos demostrar que nosotros podemos traer ese orden que usted tanto busca- dice una dulce y serena voz.

Caos arquea una ceja, busca con la vista la persona que dijo tales palabras

-por favor voz misteriosa, da un paso a delante.

Del grupo de los dioses salió una joven armada de lanza y escudo, tenía el rostro cubierto por un casco, sin embargo lograba observar unos cuantos cabellos castaños, la diosa levanto el rostro dejando que sus ojos se cruzaran con la de Caos, unos ojos verde contra el rojillo de Caos. La joven al frente de su grupo, se arrodilla ante la primera criatura, sorprendiendo a todos los presentes, pero más a su líder y a la primera deidad.

- Seños Caos, me llamo Atenea. Hija de nuestro líder Zeus, por favor concédenos solo una oportunidad para vivir, nuestra existencia hasta ahora solo se visto involucrada en una lucha constante.. ., apenas estos segundos en la que podemos respirar la podemos considerar como paz, y es por eso que por favor señor, el primero de todos nosotros, concédenos el demostrarle que podemos traer ese equilibrio que usted tanto defiende, no deseamos ser una molestia.

El silencio incomodo por ambas partes se instauro entre la joven deidad y el primero de todos ellos, Caos sin despejar la mirada de la mujer, levanta ligeramente su cosmos, envolviendo a la diosa, esta levanta la cabeza, buscando alguna explicación. Todos los dioses se pusieron a la defensiva por su acaso tenían que luchar.

"no te haré nada, joven criatura" Atenea escucha la voy a Caos en sus pensamientos. "necesito saber si lo que me dices es verdad, una vez deje que mi ingenuidad dictara mis acciones, y mira lo que resulto, su mera existencia es consecuencias de mi falta de imaginación"

La castaña permitió que Caos indagara en sus pensamientos, mientras el primero verificaba las palabras de la diosa, pudo ver las imágenes de la diosa donde la lucha entre esos nombrados dioses contra los que nombraban titanes. La lucha no solo había sido una lucha de poder, sino la sangre de todos ellos solo hacía que sintiera que las entrañas se revolvieran, sus ojos pudieron ver toda la creación que el había dado poder destruirse mutuamente, llevo una de las manos hacia sus ojos para evitar que miraran su expresión de asco, por lo que vio. Nada de eso se comparada de los primeros milenios en la que vivió con sus hijos, toda esa combinación de sangre y dolor era mucho de lo que podía observar. Salió de la mente de la diosa. Caos dio media vuelta dándole algunos pasos hacia sus hijos.

-Dejaré que hagan su voluntad.-Todos los Hijos de caos miraron sorprendidos por la decisión del primer, Gea incluso tomo al primer por los hombros, escucharon los reclamos de la madre en una lengua que nunca habían escuchado.

-sin embargo- dice Caos.- hago la advertencia, pues de las acciones que se han jurado realizar se harán, no detendré de sus acciones, sin embargo a ustedes solo les doy una oportunidad para gobernarse… si no logran el equilibrio que necesita el universo, no dejare que mi debilidad me detenga, y ni tus palabras me harán desistir- Se dirige a la diosa.-entendido.

-si señor, verá que nosotros no lo decepcionaremos.

Caos se retiró del sitio, seguido de sus hijos, Gea siendo la última en irse, miró con odio a la diosa y sus allegados. Juró por la sangre que corría en sus venas que pagarían lo que habían causado.

No paso mucho cuando una nueva estirpe amenazó el nuevo orden, aquellas gigantes figuras humanoides habían invadido el nuevo hogar de los dioses, El Olimpo. Exclamaban la sangre de los dioses por su madre, Gea. Nuevamente la alianza de todos los dioses se tuvo que hacer, una amenaza en la que el nuevo espectador observaba como buscaban una solución, y mientras la sangre y el dolor nuevamente volvía a estar presentes, las divisiones internas comenzaban a ser notorias. Los gritos de ira de uno de los reyes se escucharon con claridad en todos los habitantes del Olimpo. Aquel donde los oscuros hijos de Caos habitaban exclamaba la traición de su sangre, su hermano al meterse a las faldas de su esposa, mientras el otro rey exclamaba con gran furia la misma casi traición de su hermano, pues el rey de reyes estuvo a punto de engañar a la mujer de su hermano, por poco siendo la segunda víctima de la traición de sangre.

Con gran decepción, la diosa solo podía callar las acciones que cometía su padre, cuando envió al segundo señor de la guerra a capturar las cabezas de sus enemigos, regresando meses después con tatuajes en su piel de la hazaña, pero con la mirada perdida por el baño de sangre en la que tuvo que presenciar solo para lograr darle una efímera victoria contra sus enemigos, el señor de la guerra había perdido más que cualquiera de los participantes de la nueva guerra.

Atenea sabía que esto solo podía causar el disgusto de Caos, el señor había sido claro a la única condición para que pudieran vivir, pues si ellos no lograban llegar al equilibrio que el pedía, entonces él intervendría para hacer su voluntad, y eso equivaldría su extinción. Armándose nuevamente con su armadura y en compañía de Nike, tuvo que organizar las fuerzas del Olimpo que habían disminuido drásticamente cuando Hades dio la espalda a sus hermanos y rey, cuando Perséfone, la esposa de este dio a luz a Zagreo y vio la herencia de su padre, mientras Poseidon juro sobre las violentas aguas del Estigia que solo se involucraría cuando su reino se viera en peligro.

Los dos reyes del cosmos le dieron la espalda a su soberano, no obstante la diosa salío en defensa de su padre. Con la ayuda de Apolo gracias a sus estrategias y con la fuerza bruta de Ares. Los tres hijos de Zeus, pudieron lograr darle jaque para que Zeus y los pocos aliados que todavía mantenía pudieran derrotar a los hijos de Gea, aunque todo reconocimiento y gloria fue señalada para ella, logrando sembrar la semilla de celos y envidia en uno de ellos, mientras la voz de Eris le susurraba palabras venenosas contra la favorita de Zeus.

Y a pesar de que la victoria cantaba sus himnos a los vencedores, Atenea estaba consiente de que la lucha solo dejaba en evidencia la inestabilidad que tenía el nuevo reino. Sin deseos de festejar, fue con Gea que lloraba sobre los restos de sus hijos. Finalmente cedió su derrota. Dio por terminado esta lucha más que por orgullo o aceptar su error, no deseaba ver más hijos suyos muertos sobre su amplio pecho que la hizo desistir la liberación de los titanes.

-Diosa Gea- dijo Atenea luego de que la diosa encerrara en sus entrañas a los gigantes, mientras el Olimpo celebrada su nueva victoria- no logro entender su pesar, dado que mi vientre nunca a albergado viva alguna, por lo que me es desconocido saber lo que es enterrar un hijo.

-entonces no lograras entender mi dolor, hija de Zeus.-replica Gea.

- y es por eso que acepto gustosa cualquier castigo que usted desee caer sobre mi persona, no le reprochare nada de lo que pueda pasarme, así que por favor diosa madre, solo le pido que perdone a mis pares por todo el daño que has tenido que sufrir.

La conversación entre la madre tierra y ella fue larga, que incluso Helios las descubrió mientras traía la luz a las tierras misticas sobre el carro de fuego, Gea desahogo su enojo, así como el deseo, que la mayoría de las madres suele tener para procurar el bienestar de sus hijos, es en ese punto cuando las charlas entre ambas diosas se hicieron constantes, hasta que llegó el punto donde Atenea se la paso viviendo sobre la tierra más que en el Olimpo, descubriendo nuevas ideas y pensamientos sobre su perspectiva con el mundo, era mucho más de lo que había visto, pues no solo había sangre, dolor y gritos, también había paz, amistad, amor entre sus habitantes. Era un ambiente que nunca antes había tenido la oportunidad de experimentas y eso… le agradaba.

Pidió permiso a Zeus y Gea pasar una temporada para explorar las tierras que se encontraban sin explorar sobre Gea, ambos aceptaron gustosos, aunque este primero le hizo jurar a la diosa evitar las tentaciones de su belleza podía causar a los hombres. La diosa aunque indignada acepto las palabras de su padre, más que por obligación que gusto propio, porque significaba la poca confianza que le tenía el rey de los dioses a su persona, pero dejando el mal sabor, se despidió de sus aliados hacia lo que sería la primera vez que exploraba la tierra sin tener que preocuparse al aseso, a la agresión, a la violencia del campo de batalla. Sentir los cálidos rayos del sol, el aroma de la fresca hierba y el viento revolver sus cabellos la hicieron sentirse extraña y a la vez feliz. Construyó una residencia donde pasaría el tiempo descansando, y pudiera llegar con ella en cada uno de sus viajes por todo el Egeo. Con forme pasaba el tiempo y su convivencia se había habitual entre las pequeñas criaturas llamadas hombres, en su pecho se formaban un sentimiento por aquellos.

Cuando paso el tiempo estipula por su rey, no había otra idea más que estar en la tierra, para vivir ahí. Fue todo un escándalo, en la que los tres reyes tuvieron una larga discusión con respeto a la idea de la diosa, y si bien Hades y Poseidon veían una gran oportunidad para la diosa que buscaba explorar el mundo, también estaban en contra, pues significaba la anexión de los otros reinos, y aunque en el pasado ella había sido una gran aliada, los tiempos cambian y la desconfianza era lo de hoy para los tres reyes. Poseidon finalmente acepto, siempre y cuando no interviniera en sus acciones contra aquellos humanos que fueran en su contra, mientras tanto Hades acepto siempre que la diosa recordara su lugar en el cosmos, y respetara los designios del destino.

Es ahí cuando Atenea volvió a la tierra a un lugar que se había transformado en su hogar, un santuario donde podía explorar los sentimientos que los humanos desarrollaban en lo que era muy efímera su vida, haciéndose de aliados entre reyes y guerreros. Nunca se espero que ellos le juraran lealtad y respeto, nunca se espero que ellos dejaran su vida para volverse sus más leales guardias y que dejaran sus familias, para volverse sus guerreros. Así que ese templo que había sido construido lentamente se iba adaptado a las nuevas necesidades. De aquellos hombre que había jurado lealtad, 11 eran los que resaltaban, que incluyo las estrellas esas figuras celestes los galardonaron con el brillo de las doce constelaciones solares, quedando únicamente una entre ellas que todavía no estaba seguro de dar su bendición y protección.

Es así que ahora, con un lugar donde podía regir, con once guardianes bajo las constelaciones doradas que la cuidaban y protegían estando ausente aquella que representaba la unidad y fraternidad que hace muchas eras atrás Pollux y Castór habían representado. Siendo esto sus últimos pensamientos, dejo de que sus pensamientos divagaran en las profundidades de su mente. La castaña dejo ese día la protección de su guardia mientras recorría los angostos pasajes de las áridas montañas. Los rayos de sol cubrían su hogar, mientras los habitantes del santuario hacían sus actividades como si nada.

Sintió un cosmos aproximarse a la tierra y aunque no era la primera vez que sentía un cosmos atravesar sobre la tierra, era la intensidad del poder que la desconcertó, cargada con su lanza y escudo, se apresura a llegar el punto donde cayo esa energía. Solo esperaba que no fuera una nueva amenaza. Se percata que esa misteriosa fuerza se dirije a su santuario, específicamente, a sus habitaciones, se apresura en llegar, no quería que nadie más se preocupara, especialmente cuando ella podía defenderse por si misma.

Continuara...