El hijo de Caos.

Capitulo 3. Encuentro I.

"…eres el más amado de mis hijos". Esas eran las únicas palabras que recordaba. No sabía quién había sido el autor de tales palabras, pero las sentía tan auténticas, que le causaban una cierta conformidad en una parte de él. Sin embargo, dicha fase no lograba ayudarle en saber quién era, o que hacía ahí.

No había algo que pudiera dar más información, ni mucho menos le dijera al menos como se llamaba. Había despertado en medio de ese sitio. Este frío y oscuro. Sus ojos tratan de adaptarse en vano a las tenues sombras que lo cubrían. Trata de incorporarse apoyándose con las palmas de sus manos, pero no tuvo la fuerza suficiente para levantarse, por lo que espera un momento para obtener las fuerzas necesarias para volver a intentar levantarse..

Mira por todos lados buscando algo que lo pudiera ayudar a saber el sitio en donde se encontraba, pero nada. Le era extraño despertar en medio de la oscuridad, pero tenía la sensación de que se encontraba en el lugar que le correspondía, y que tal vez solo tenía que esperar para conseguir todas las respuestas que necesitaba.

Vuelve a intentar levantarse, ahora con éxito aunque con un poco de torpeza. Se percata que tenía una estatura proporcionada y que la habitación no era tan grande como pensaba en un primer momento. Se toma su tiempo pues sus piernas todavía no se lograban adaptar completamente a su peso, ni a sostenerlos, ni mucho menos a seguir sus órdenes. Se toma el tiempo para que el cuerpo se acostumbre al peso e instrucciones de la mente. Con algo de torpeza da los primeros pasos hacia un punto brillante que le llama mucho su atención, busca apoyo con las paredes. Con algo de lentitud se dirige hacia ese punto resplandeciente, que lo hace dirigirse ahí como si algo lo llamara.

Llega ahí, solo para descubrir que era un trozo de madera encendida, así como las que le siguen. Se encuentra decepcionado, pero de igual forma eso le ayudo para que sus piernas pudieran tener la fuerza suficiente para poder caminar así un camino iluminado por la luz. Se percata de la soledad y silencio en la que se encuentra.

"¿Donde estoy?" Piensa por un momento. Inundado de sus pensamientos se encuentra hasta que una luz mucho más potente se aparece. Por instinto retrocede y cubre la vista. Cuando sus ojos se topan con una figura que nunca antes había visto, aunque claro no podía decir mucho, especialmente porque no tenía memoria y no sabía que era precisamente lo que tenía al frente.

Era algo alto, pero pequeño a la vez, estaba cubierto con algo que brillaba, qué le llegaba de la mitad, mientras la otra mitad, no era brillosa, pero no dejaba que nadie al descubierto. Tenía una cosa pequeña posaba a un lado, mientras sostenía una cosa larga de le llegaba a la misma altura. Sus ojos no pueden despegar de la vista de aquella cosa. Especialmente porque esa misma cosa lo observaba, pero a diferencia de él, que no tenía idea de que era eso, esta lo mirada como…no sabía como describirlo, eso era nuevo para él. Sin embargo esa mirada no le agradaba, lo hacía sentir menos, especialmente porque eran los únicos que estaba ahí.

-¡di tu nombre!, y ¿que haces en mi templo intruso?-Incluso el como lo dijo era diferente a é clase de lugar se encontraba, porque tenía esa cosa apuntandoló

-¿usted …sabe quién soy?- logro decir, ante todo ese misticismo.


Atenea se había apresurado a seguir el rastro del misterioso cosmos. Se percata que se dirige hacia algún punto de su templo. Sin deseos de observar a alguno de sus aliados que habitaban en el interior de su santuario, que lo más seguro es que la distraerán y la harían perder el rastro. Hizo uso de su cosmos para transportarse hasta el sitio en donde se detuvo. Sus ojos captaron rápidamente una figura en medio de la oscuridad, y aunque su cosmos había traído momentáneamente un poco de luz, las sombras solo le permitieron observar la forma de un hombre.

El hombre que son mucho esfuerzo lograba ponerse en pie. La observa. Ella no pierde detalle en mirarlo. Aun con un estado decadente, por no decir decrepito, procuraba mantenerse erguido. Nunca antes lo había visto, pero ese estado no le hace desistir y pensar que se tratase de un enemigo o espia. Lo apunta con su baculo y le exige dar su nombre, sin embargo se sorprendió por la respuesta que le dio. ¿Que clase de hombre era? No lo sabía.

-¿Acaso no sabes quien eres?-El hombre niega con la cabeza.- ¿Acaso sabes quien soy yo?.-Vuelve a recibir la misma respuesta.

Atenea guarda silencio, analizando con más atención a sujeto.

-¿Eres el causante de ese poder que sentí unos momento atrás?

-¿Cual poder?-le cuestiona.-Yo... solo se que desperté aquí, no se quien soy, no tengo nombre, al menos que yo lo recuerde..

-¿y no sabes quien eres?...eso es muy raro.- Esto último era más para ella misma.

-¿raro?, ¿Porque?

-en nada...-Continuo reflexionado, sin prestar atención a las preguntas del hombre o que ella misma había dejado de amenazarlo con su alma.-no, imposible, el Olimpo no tiene enemigo alguno, así que es imposible que seas algún espía o subordinado.

-¿que es un subordinado?

La diosa quedo sin palabras. ¿que clase de criatura era, como para no saber que es un subordinado?, ¿Quien era ese joven hombre?

-Me llamo Atenea, hija del poderoso dios Zeus, y la primera reina Metis. Diosa de la sabiduria, y la guerra, patrona de...-Lentamente deja de dictar su titulo cuando observa que el hombre no tiene idea alguna de lo que hablaba, ni mucho menos de quien era ella. Esto le intrigo, su nombre era conocido en los confines del mundo conocido, sus aliados y sus enemigos. ¿Que clase de hombre era? La mirada que le dada simplemente le demostraba la nula idea de quien era, e incluso podía jurar que le tenía miedo. Tal vez su presentación no era la adecuada para una persona que tal vez no recordaba quien era.

-Por favor, dejame ayudarte. no fue mi intención asustarte, ven te ayudaré.

Extiende la mano al hombre, este duda en tomar la manos. Finalmente la toma.

Continuara...