"Entre el amor y el poder"

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Capítulo 6: Cariño


—Si crees que volveremos a lo de antes estás muy equivocada — la miró con desprecio.

—Me enteré lo que pasó con tu familia — se acercó más a él.

Esas palabras bastaron para que la molestia de Vegeta se convirtiera en furia.

•Flashbacks•

—¡Por fin llegas! — reclamó el señor Ouji al ver a su hijo — ¡Pero mira en qué estado vienes!

Vegeta no le importaron los reclamos de su progenitor y caminó dispuesto a ir a su habitación, pero fué detenido.

—Oliendo a alcohol — gruñó al examinarlo Ouji, sus intenciones claramente eran de golpear a su hijo, hasta que su esposa lo detuvo.

—¡Ya basta! — gritó — No lo golpees

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que lo felicite? — respondió molesto.

La mujer simplemente bajó la mirada, sabía que su esposo tenía razón.

De un momento a otro Vegeta se soltó del agarre de su padre y caminó hacia las escaleras, para poder llegar a su habitación.

—¿¡Acaso no te das cuenta del daño que te estás haciendo!? — gritó Ouji.

—¡Me importa una mierda, al fin y al cabo es mi vida! — respondió antes de ingresar a su habitación.

—Ya está listo el almuerzo — la señora Ouji ingresó a la habitación de su hijo sin tocar — ¿Qué escondiste ahí? — preguntó preocupada al ver el rostro del muchacho.

—Nada — se interpuso enfrente de su madre — Ya bajo

—No, no me iré hasta que me digas qué hay ahí

—Vete — amenazó con la mirada.

—Vegeta... — trató de calmarlo — Sea lo que sea yo te apoyaré, porque eres mi hijo, juntos saldremos de esto. Pero no te puedo ayudar si tú no cooperas

Gracias a las palabras de su progenitora, el pelinegro se calmó, pero sabía que si era descubierto le quitarían algo muy preciado, su droga.

—¡Te dije que te larges! — gritó.

Luego de haber dejado a Lázuli llorando por las palabras que le dijo; en parte la entendía, él se volvería loco si le quitaran lo que consumía.

Subió a su moto lineal y condujo hacia su mansión.

El lugar en donde vivía era muy alejado de la ciudad, le gustaba, era silencioso y tranquilo, lo malo era para llegar allí. Aunque ese no era un problema para él, ya que tenía su moto.

Ingresó y se lanzó al mueble de la sala.

—¡Por fin vienes! — gritó su progenitor — ¡Sabías que hoy te íbamos a presentar formalmente en la empresa!

—¿Tienen hambre? — trató de cambiar el tema la señora Ouji — Bien... — susurró al ver el rostro de su pareja — Vegeta — llamó.

—¿Hum? — respondió el menor con los ojos aún cerrados.

—Tenemos que hablar — se sentó en el mueble que tenían al frente.

—¿De?

—Debes dejar de beber... — habló recibiendo la penetrante mirada de su hijo — Y...

—Tú ya sabes perfectamente lo que haces engendro — gruñó su progenitor.

El muchacho cerró los ojos de nuevo e hizo como que escuchaba el discurso de sus padres.

¿Cuánto habría pasado? ¿Una hora?

No lo supo, pero sabía que ya no entendía nada de lo que decían.
Solo escuchaba: Blah, Blah, Blah.
Ya se había aburrido.

Se puso de pie abruptamente, silenciando a sus padres.
Los miró y corrió hacia la salida de la mansión, pese a los gritos de Ouji.

Lanzó la cápsula de su moto y se fué.

—¡Vegeta...! — gritó su madre, eso fué lo último que escuchó antes de desaparecer del lugar.

Al llegar a su refugio, se lanzó en la cama para poder por fin descansar en paz.

-Silencio por fin... - pensó y al instante se quedó dormido.

Pasadas unas horas se levantó y prendió la televisión.

Escuchó atento las noticias, donde se informaba como algunos desafortunados perdían a un ser querido o cómo había sido asesinada una persona. Lo de siempre.

—Disculpen la interrupción — habló la conductora del programa — Pero nos acaban de llegar noticias de la mansión Ouji

Al escuchar su apellido se sentó en la cama y prestó más atención.

—Adelante Max — dijo la mujer y de inmediato la escena cambió, apareció un hombre con un micrófono.

—Estamos frente a los restos de la mansión Ouji, — habló — como podemos apreciar, los bomberos acaban de calmar el fuego, pero aún no se sabe nada de los que habitaban el lugar

No supo describir cómo se sentía en esos momentos, solo podía pensar en su madre.

—Por lo que se cree el incendio ha estado por una hora aproximadamente — informó — Como podemos ver, — se enfocaron los árboles que estaban cerca — algunos árboles salieron dañados por la agresividad del fuego

No pudo escuchar más, corrió desesperado a su moto.

¡No podía creer algo así!

¡Todo tenía que ser una estúpida broma de ese noticiero!

Al llegar a su hogar, se pudo dar cuenta de la cruda verdad.

Y lo supo, la vida te podía arrebatar todo en cuestión de segundos, y solo por no saber valorar lo que tenías...

•Fin de los Flashbacks•

—Perdón — susurró la rubia al ver a Vegeta — Sé que no puedes olvidar eso tan traumático, pero...

—¡Cállate! — gritó histérico — No sientas lástima por mí, no me vuelvas a buscar — amenazó, conteniendose para no poder golpearla, después de todo ella no tenía la culpa de nada.

Se dió media vuelta y salió de la sala de teatro, de inmediato la campana sonó y distintos alumnos de varios salones salieron.

—¿Dónde estabas? — de repente escuchó a la peliazul a su lado.

Aceleró el paso dejándola perpleja.

—¡Eh! — llamó — ¡No me dejes hablando sola! — gritó y lo vió desaparecer por la salida de la preparatoria.

—¿Sucede algo? — preguntó Milk al verla.

—Sí... — susurró — Vegeta no se encuentra bien

—¿Uhm? — preguntó Gokú — ¿No se encuentra bien? — la miró y luego observó a la morena — ¿Quieres ir a verlo? — preguntó.

—Quiero asegurarme que no cometa una locura — aclaró — Pero no tengo vehículo

—Toma — le ofreció la cápsula de su auto — Mañana me lo devuelves — dijo despreocupado el de cabellos alborotados.

—Pero, ¿Quién te llevará a tu casa? — se preocupó Briefs.

—No te preocupes por eso, yo lo llevo — sonrió la otra chica.

Gokú y Milk se dedicaron una mirada de cómplices, ambos concordaban que Bulma era perfecta para el gruñón de Ouji.

—¡Gracias! — se alegró la peliazul y salió corriendo en busca de Vegeta.

...

Nunca había conducido tan rápido en su vida, aparte de cuando fué a ver su hogar destruído aquel día.

Sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos.

Abrió la puerta de la mansión de Freezer y miró todo a su alrededor.

Estar ahí, en el hogar del estúpido de su tío adoptivo.
Se culpaba de la muerte de sus padres.

¿Ellos habrían sufrido mucho en sus últimos momentos?

¡Todo había sido su culpa!

Soltó un grito y pateó el mueble que tenía a su lado, el cual chocó con la pared por la fuerza sometida.
Luego tomó un jarrón de al lado y lo lanzó.

Caminó un poco más por la casa, había dejado las drogas por sus padres. Pero aún sentía esa ansiedad.

Se miró en un espejo que había cerca y estampó su puño en este.

—¡Te odio, te odio! — gritó totalmente fuera de sí mismo.

Los pequeños vidrios se incrustaron en sus manos provocándole leves heridas.

Subió las escaleras e ingresó al pequeño gimnasio que había.

Necesitaba golpear algo, aún así sus manos le dolieran en demasía.

...

—¿Vegeta? — preguntó Bulma una vez que llegó a la mansión, se había demorado un par de minutos y se sorprendió al ver la puerta abierta — ¿¡Pero qué!? — gritó asustada al ver la sala devastada — ¡Vegeta! — chilló ingresando.

No conocía aquel lugar y por instinto supo que Ouji estaba arriba.
Subió las escaleras y pudo ver que solo había una habitación abierta.

Al llegar a su destino pudo observar a Vegeta golpeando nuevamente un saco de boxeo.

—¡Joder! — gritó la peliazul — ¿Pero qué crees que haces? ¡Tus manos siguen lastimadas!

—¿¡Qué haces aquí!? — exclamó furioso al ser descubierto — ¡Lárgate!

—No me voy hasta que te cure — amenazó.

Bulma se tranquilizó al verlo acercarse a ella, creyó que le iba a obedecer, pero solo logró que la tomaran por los hombros bruscamente.

—¡Me estás lastimando! — gritó molesta al ver su blusa manchada de sangre por las manos de su compañero.

—¡Te advertí que te largaras! — respondió y de inmediato cerró la puerta del gimnasio en la cara de la muchacha.

—¡Abre la puerta!

-¿Por qué intentas insistir en algo que no puedes lograr? - pensó Vegeta al escucharla.

—¡Que abras la maldita puerta! — gritó tratando de abrir.

-Persistente...-

—Oye — se escuchó que bajó su tono de voz — Sabes que si te sucede algo puedes confiar en mí Vegeta — habló apoyándose en la puerta — ¿Sabías que eres especial? — preguntó — Para mí lo eres — hizo una pausa — Eres una de las personas más sinceras que conozco, y quiero ayudarte... No te voy a juzgar

Ouji se quedó en silencio.

-Eres parecida a ella... - pensó en su madre.

—Por favor, te pido que confíes en mí — pidió la muchacha.

De pronto, la puerta en la que estaba apoyada se abrió y cayó en el pecho de Vegeta.

—¿Te largas si me curas, verdad? — preguntó mirándola.

—Sí — asintió alejándose de él.

Así Bulma pudo convencer a Ouji para curarlo, el pelinegro la guío hacia una habitación y ella con toda la paciencia del mundo lo curó y no le gritó.

Una vez que pudo atenderlo, bajó las escaleras y limpió, como pudo todo, lo que estaba roto.

Suspiró cansada y subió para poder ver si su compañero se encontraba mejor, lo encontró durmiendo, a lo que se acercó.

—Más tarde vengo con nuestro almuerzo — susurró cerca de él — Que te mejores

Antes de cerrar la puerta de la habitación para irse, escuchó:

—Gracias

Volteó a verlo sorprendida, y le sonrió tiernamente.

—De nada, Vegeta


Continuará...


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