Ya Marceline, Destino, Finn y Jake estaban en la casa de éstos últimos. El bulldog observaba con gran interés a la que tanto la dulce princesa como Marceline llamaron Destino. De cierta forma, Jake pensaba que tenía sentido que se llamase así, ya que parecía que su cabello brillaba, y en todo su cuerpo había pecas esparcidas, similares a las estrellas del cielo.
—Bueno, todo comenzó hace mucho tiempo, bebé, en una de tus vidas pasadas —comenzó Destino, hablando esta vez con seriedad.
—¿Una de mis vidas pasadas? —indagó Finn interesado, dejando de lado que la mujer aún lo llamaba "bebé", porque tal vez en su historia explicaría el porqué de esto.
—Sí. —Destino sonrió leve, para después ver a un lugar indefinido—. Todo comenzó cuando eras un cometa, y las cosas se pusieron realmente interesantes.
Destino estaba flotando a una distancia considerable de la tierra, admirándola. Destrucción la había citado a ella y a Esperanza para hablar de algo de suma importancia, aunque ella ya tenía una idea de lo que pasaba. Ya había pasado un tiempo considerable desde que en la tierra no pasaba algo lo suficientemente catastrófico para que ésta tenga que volver a nacer, lo cual en un principio podría sonar bien, pero el planeta era un cambio constante, y era necesario perecer para volver a nacer.
Cuando volteó la mirada se encontró que tanto Destrucción como Esperanza estaban detrás de ella. El cabello desordenado de Destrucción reflejaban lo turbulento que podía llegar a ser, en cambio los ojos de Esperanza se veían soñadores, casi como si no estuviese presente. Sonrió mientras los miraba, hacía tanto los conoció; sus hermanos. Ya no pasaban tanto tiempo juntos como antes, porque a medida que crecían sus personalidad se forjaron y las ocupaciones que realizaban eran muy contradictorias entre sí.
—Los reuní a ambos para ver el cometa que va a pasar por aquí —informó Destrucción, y su voz retumbó, aún cuando estaban en el espacio y se suponía que era imposible.
—¿Sólo por eso?, es muy raro que estés tan interesado en un acontecimiento que no es precisamente único —objetó Destino desconfiando.
—Tienes razón, pero tal vez algo pueda interesarte del cometa. Además, éste va a impactar en la tierra, forjando una nueva era para ésta. —A pesar de sus ojos soñadores, la voz de Esperanza era firme y rasposa, y veía a Destino con dulzura.
—Está bien —accedió la única chica, para después sonreír. Había estado muchos tiempo juntos como para comenzar a desconfiar ahora.
Pasó un largo tiempo, tal vez demasiado —aunque para los tres presentes fue un parpadeo— para que comenzara a verse el cometa que impactaría con la tierra. Este no era del típico color rojo, sino de un azul brillante, y en el centro casi parecía blanco. Destrucción y Esperanza vieron con precaución como Destino observaba al astro acercarse más al planeta, mientras sus ojos brillaban.
En el momento en que el cometa se estrelló con la tierra, una explosión se hizo presente. Ésta hizo una pequeña onda, pero, sin embargo, esto dejó un gran agujero en el planeta. Era triste de ver, porque en el lugar donde antes había tanta vida, ahora sólo quedaba vacío. Sin embargo, Destino no se fijo en eso, ni siquiera que aún quedaba plantas y más cosas maravillosas en el resto del planeta —que con el transcurso del tiempo no volvería a verse del mismo modo, aunque en ese momento no lo sabía—, sino en el cometa que había desaparecido.
—Humano. —Fue lo que escucharon tanto Destrucción como Esperanza murmurar a Destino, antes de irse.
Ya habían estado mucho tiempo ahí.
...
Había pasado muchísimos años desde que aquel cometa había impactado con la tierra, transformándola completamente. Ese astro había reencarnado dos veces, la primera, en un ente rosado que no supo identificar, y la segunda en una humana, pero aún así no era lo que esperaba, porque había fallecido. Eso no fue lo que vio el día que por primera vez sus ojos se fijaron en ese cometa. Sin embargo, siguió esperando, tal vez sólo era cuestión de tiempo.
Estaba deambulando sola en los alrededores de la tierra, tan cerca de ésta que casi podía tocar con sus pies el césped. Lo que antes conoció en aquel lugar no estaba, ahora habían entes de azúcar con vida propia, una vampiresa que pasaba sus días tocando música y explorando, criaturas realmente espantosas y civiles que hacía muchos años que dejaron de ser humanos, pero justo cuando iba a volver con sus hermanos, el llanto de un humano le llamó la atención.
Lo observó, entre interesada y nerviosa. Esperanza le había comentado ya hacía un año atrás haberse conseguido con una bebé cuando supervisaba las demás dimensiones, la cual no era completamente humana, pero que conservaba todas las características que la hacían parecer tal, pero que tuvo de buscar a alguien que lo cuidara, ya que todo lo que tenía que hacer lo mantenía ocupado.
Destino cargó al bebé en sus brazos y le sonrió, para así comenzar a cantarle. Pasaron unos cuantos minutos cuando el bebé dejó de llorar, y con sus mejillas mojadas la miró con sus grandes ojos azules, y una vez más, Destino sonrió. Miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Aprovechando que el bebé se había quedado dormido caminó a los alrededores para así atraer la atención de una pareja de bulldogs a los cuales ya había visto antes.
En el momento que llegaron al lado del bebé decidió marcharse, pero con una sensación de vacío en el pecho.
...
El tiempo pasó realmente rápido, y a pesar de que Destino llevaba ya varios años sin ver a sus hermanos, seguía con orgullo los avances de Finn, Finn el humano. En sus primeros pasos, cuando dijo sus primeras palabras, el momento en que aceptó que ya no vería a sus padres adoptivos nunca más. Estuvo siempre cerca, pero nunca lo volvió a tener cerca como ese día que lo ayudó para que no se quedara solo.
Lo extrañaba, y eso que no había estado con él el tiempo como para tener en ese momento una conexión tan grande. Pero era tan mágico como las cosas que la rodeaban. Desde el momento en que lo vio como astro supo que sería alguien especial, pero no se atrevía a acercarse. En un principio porque sabía que tanto Jousha como Margaret le tenían miedo tanto a ella como a sus hermanos, y segundo, porque no sabía si realmente Finn la iba a aceptar.
Había pasado tanto tiempo velándolo, queriéndolo como un hijo, ayudándolo cuando estaba solo y ni sus padres ni hermanos estaban cerca para poder ayudarlo, pero siendo tan pequeño que no lo recordaba.
Y guardaba en su corazón —si es que tenía uno, porque nunca palpitó, y aun así sentía que era así cada vez que Finn le dedicó una sonrisa— el momento en que más crecido, Finn comenzó a aceptar sus vidas pasadas, en especial Shoko, porque, después de todo, a ella también la ayudó en todo lo posible.
