#Rota
Unas risas cómplices provenían de la cocina américa, cuando se levantó esa mañana para desayunar se encontró con la parejita de Heather y Alejandro.
-buenos días –dijo para que la vieran.
Su amiga tenía los brazos alrededor del cuello del hombre, un morenazo latino de buen ver. Hicieron una rápida presentación, el muchacho seguidamente se despidió de su chica en la puerta y se topó con gwen que entraba. Las tres conversaban en el sofá sobre lo de anoche, y una de ellas tenía una noticia que dar.
-nos vamos a las maldivas! –grita Heather -. Mi novio lo paga todo chicas.
-no puedo ir a las maldivas –dice gwen -. Tengo pensado pasar el verano con Duncan y después con mi familia, además no me gusta que me paguen las cosas.
-yo me apunto –se encoge de hombros Courtney -. Ya eh ido en otros veranos, y si a tu novio no le molesta me gustaría pagármelo, tengo la tarjeta de mi padre para ocasiones de emergencia y caprichos personales.
-genial, olvidaba que soy la pobre del grupo –bufa gwen.
-venga gwen, es una invitación –insiste Heather -. Y tú misma lo has dicho eres una pobre y como tal no deberías rechazar este regalo.
-yo puedo pagarle el viaje a ¿Duncan? Para que estés con él.
-¿harías eso por mi Court?
-claro, no me importa gastar, el dinero es para eso ¿no?
-vale, pues…nos vamos a las dichosas maldivas!
-¡Sí! –chillan ella y Heather.
Contenta se va hacer el equipaje y mientras busca las maletas y saca toda su ropa, le viene a la mente el verano pasado cuando fue con sus padres a una de esas islas.…
El hotel es enorme, hay muchos lugares entre los que elegir para tomar algo y eso me gusta. Uno me llama la atención en particular, un local con el nombre de Swinger, mi intuición me dice que ahí dentro nada será aburrido. A primera vista parece un bar normal, pero cuando miras bien sabes que no lo es. El lenguaje corporal de estas personas a mi alrededor es solo uno. Sexo. Sexo. Sexo. Me siento en la barra, el barman me ofrece algo que beber, me dice que luzco muy joven y le digo que tiene razón, me pregunta si sabe dónde estoy metida y le digo que si aunque sea mentira. Me dice que no me preocupe si voy sola, que será fácil encontrar pareja con lo bonita que soy. No sé a qué se refiere, pero le sigo la corriente y le sonrió. Desde el lado opuesto del local, varias parejas me miran, me someten a un examen del que soy totalmente ajena y algunos de ellos asienten como dándome su visto bueno. Al final dos valientes se me acercan, un negro muy grande de cara severa con pinta de cuarentón, el otro tiene melena y barba de un día que tendrá treinta o menos. Me preguntan por mi nombre, ellos son Chris Maclein, y Hatchet a secas. Enseguida entiendo lo que buscan de mí, me dicen que estaremos más cómodos arriba en las habitaciones y al principio pienso que se refieren a su habitación en el hotel, pero no. El local cuenta con ellas. Por las escaleras ya tengo las bragas mojadas cuando el grandullón me manosea el culo.
"espero que tengas aguante para pollas grandes cariño"
Me limito a sonreírle. Me pregunto si será verdad eso que dicen de los negros, pronto lo sabré, el recuerdo de Gideon golpeando a ese negro en el apartamento hace años me estremece y el grandullón piensa que es a causa de él. Una vez dentro no se andan con medias tintas, Chris se arrodilla delante de mí y me baja las bragas para después introducirme su lengua. Hatchet me saca el vestido y desabrocha mi sujetador. Siendo consciente de lo que hago siento la polla negra metida por el ano y al otro en mi sexo en una postura abierta sobre un sofá de cuero blanco. Lo que dicen de los negros es cierto, pero a mí me siguen gustando más las pollas rosadas con forma de champiñón. Esa noche vuelvo a mi habitación sin ropa interior y oliendo a fluido corporal entre otras. A la noche siguiente me invitan a una orgia en otra isla. La gente más abierta, liberal y con un amplio rango de actividades sexuales se reúne en un inmueble particular. Parejas heterosexuales, bisexuales, y homosexuales. Unos observan como otros se relacionan sexualmente, tienen sexo con su pareja mientras les observan, besos, caricias, sexo oral con una tercera o cuarta. Y yo me pierdo en ese paraíso de cuerpos desnudos.
Sopla una brisa muy suave, tan suave como la caricia de un amante. Dormir en un bungalow le parece precioso y no le cuesta nada dormir y recuperar energía para la noche. Ya más descansada se mete en un vestido verde ceñido donde sus pechos redondos son las protagonistas. Gwen le suelta un comentario picante y no se le escapa la mirada fija de Duncan en todo momento. Entre él y Alejandro lo elegiría a él por esos ojos mar caribeños que la desnudan. Cuando la otra pareja se les une se encaminan a la fiesta privada de la isla. Ella observa cómo se relaciona ambas parejas, ve sus fallos, sus defectos y sin perder ningún detalle. Heather y Alejandro basan su amor y afecto mediante pullas verbales, peleas acaloradas, sin duda muy apasionados. Duncan y gwen, más que novios parecen compinches, pero hay mucho cariño sincero por ambas partes. En todo el proceso del viaje aprendió eso, se puede conocer en pocas horas a una persona si la observas bien. Al ser la única sin pareja rápidamente se aburre, le llama la atención un grupo de personas a orillas de la playa así que se les acerca. No son los únicos en la playa, pero sí los que más llaman la atención. Son chicos jóvenes que parecen de su edad. Una parejita de rubios muy atractivos, una chica afroamericana al lado de un chico delgado y desgarbado. Y uno que toca la guitarra.
-hola –le sonríe directamente a él -. ¿Puedo? –pregunta en general.
-como si fuera tu casa amiga –le contesta él rubiales muy simpático.
-soy Bridgette, ellos Harol, leshawnna, este Geoff y el guapo de la guitarra Trent.
-encantada, yo soy Courtney –se sienta y les sonríe a todos para caer bien.
Después de hacer buenas migas con esos desconocidos se va a su Bungalow a descansar. Por la mañana gwen viene a buscarla junto con Heather y pasan el día en el balcón del Bungalow con vistas al mar entre merienda y cháchara. Les dice que ayer conoció a unas personas muy simpáticas que la invitaron a surfear y sobretodo del chico de la guitarra.
-me ponen mucho los chicos que tocan la guitarra –dice gwen mientras se aplica protección solar.
-a ti lo que te ponen son los malotes como Duncan –dice Heather con malicia.
-y a ti los que tienen pasta.
-¿disculpa? Yo también tengo dinero.
-deberíamos hacer Parascending –interviene Courtney.
-¿Qué es eso? –pregunta Heather.
-¿es paracaídas con lancha verdad? –dice gwen emocionada.
-sí, está enganchado a la lancha y eso sube y sube y tienes unas vistas espectaculares desde ahí arriba.
-a los chicos les gustara –opina Heather.
-genial ya tenemos plan para hoy.
Cundo sus cuerpos abandonan el bote y ascienden pega un chillido. Su acompañante grita emocionado por segunda vez y ella mira a los demás como despidiéndose. Ya más lejos y más cerca del cielo se embriaga de las bonitas vistas de las maldivas. Cierra los ojos, nunca se había sentido así de bien, libre, lejos de todo lo malo que hay ahí abajo, se quedaría para siempre ahí suspendida y la pone triste saber que no será así. Cuando baje todo volverá a ser igual.
-¿estás bien? –le pregunta el chico de los ojos azul caribeños.
Niega con la cabeza.
-¿asustada?
Asiente con la cabeza.
-cógeme de la mano bonita y no tengas miedo.
Le ofrece la mano y se la agarra, él le da apretones y le regala una sonrisa para distraerla. No se le va de la cabeza el tono dulce de esas palabras, de esa mano cálida y fuerte, ni tampoco la sonrisa que solo era para ella. No deja de hormiguearle el cuerpo, se pregunta si a él también, se pregunta sí antes le había hormigueado el cuerpo alguna vez al estar tocando a otro chico, no sabe la respuesta y eso la deja intranquila. Al caer la noche se van a otra isla, una muy cerca de la suya, entran en una disco de un hotel y ahí por caprichos del destino se encuentra con los cinco chicos que conoció en la playa la primera noche. Ella hace las presentaciones, por alguna razón gwen muestra interés y simpatía por el chico de la guitarra y geoff. Mira si a su novio le molesta y parece que no.
-¿bailas?
Se sobresalta un poco sentir su boca y esa voz tan cerca de su oído. Ella asiente y se aleja de Bridgette con quien conversaba.
-¿gwen?
-ella no baila, no le gusta –se encoge de hombros.
Que suerte para ella piensa. Duncan le resulta misterioso, tiene los ojos de un ángel, otras veces las de un lobo hambriento, como ahora que la mira como objeto de su deseo. Se acerca a su oído para decirle que la coja por la cintura y la suba ahí arriba, en la tarima. Cuando está arriba no le quita ojo y baila una danza que recuerda a antiguas ceremonias de seducción. Los ojos azules de Duncan destacan del resto, no es el único que también la mira. Podría poner a media discoteca cachonda si se lo propusiera, pero solo desea ser objeto de deseo del novio de gwen. Él le hace señas para que venga y cuando lo hace la baja y se escucha el desacuerdo de varios hombres.
-¿es que quieres incendiar el local? El suelo está lleno de babas mira que si te resbalas me reiré –le dice.
Le sonríe y él también. La toma de las caderas, ella se arrima y sus partes bajas se rozan en un movimiento pélvico sincronizado. Piensa que es como si estuvieran haciéndolo de verdad en público pero con ropa. No hace nada malo ¿verdad? pero en el fondo sabe que sí ¿le molestara a su amiga gwen? Quien sabe, ella está pendiente de trent. Entre frote y frote siente como se va calentando, y no solo ella, este chico está que arde porque nota el bulto de sus pantalones. Puede visualizar lo que hay en esos apretados pantalones y antes de visualizarse bajándoselos se aparta.
-tengo calor, quiero una bebida –le dice.
Él asiente y cuando se va a traerle algo aprovecha y se escabulle. Afuera se encuentra a gwen y trent fumando y hablando muy cerca con confianza.
-¿A dónde vas? –pregunta gwen.
-vuelvo ya, Trent ¿me acompañas?
-claro, las fiestas no me van mucho –dice -. Un gusto conocerte gwen.
-lo mismo digo.
Ya en la puerta de su Bungalow, ella aún pensando en ese baile con Duncan, mira a trent que ha estado todo el tiempo hablando ¿de qué? no le prestó atención y para cerrarle la boca lo besa. Puede que no sea de su tipo, el novio de gwen sí, pero el chico no está tan mal y solo quiere aliviar y descargar contra él lo que le hubiese gustado hacer con otro.
-vas muy rápido –dice el chico -. Apenas te conozco, no suelo hacer estas cosas tan a la ligera, yo...
-si me rechazas me enfado –vuelve a besarlo -. Y me enfado de verdad.
Trent no se hace de rogar, todo lo contrario ahora parece decidido aunque algo avergonzado y eso a ella le enternece. Es como si fuera ella el hombre y él la mujer. Al principio juega con él hasta el punto de verlo sufrir por ella, trent es dócil, si no ya se habría cansado y la habría cogido, tirado a la cama, abierto las piernas, y penetrado. Se compadece y termina su sufrimiento empujándolo sobre la cama. Desnudos los dos, su pene levantado como una bandera, lo cabalga toda la noche y en cuanto termina lo despacha sintiéndose la peor persona del mundo. A la mañana su amigas entran como tormentas a su habitación, ella se sonroja cuando la acribillan a preguntas sobre si se tiro o no al chico de la guitarra. Ve brillar los ojos maliciosos de sus dos amigas y no le queda otra que contar la verdad. Se tapa las orejas cuando ambas chillan entusiasmada por saber que su amiga ha triunfado con el guapito de la guitarra. A la tarde se van de compras las tres solas, Heather les comunica que por la noche Alejandro y ella se irán a cenar aparte y que de improvisto los padres de su novio vienen en un avión mañana o pasado. Así que esa noche solo saldrán a cenar los tres tranquilamente pero en último instante gwen se pone mala, le da un dolor de cabeza y se queda en su Bungalow. Courtney intenta no alegrarse pero falla en el intento.
-deberías regresar y cuidarla –dice.
-nah, además insistió en que no te dejara sola –le dice Duncan.
-¿de verdad? mientes!
-que no! si vuelvo me echa a patadas te lo juro –le sonríe.
-jajaja
Se sientan en una de las mesas de un chiringuito muy colorido. Enseguida piden la cena, charlan entre bocado y bocado, entre pregunta y respuestas. Ahora ya se conocen un poco superficialmente.
-menos mal que nos conocimos ahora, si me hubieras conocido en mi época de instituto no creo te habría caído bien y mucho menos estarías cenando conmigo –le dice él.
-¿por qué?
-era un violento –le sonríe.
-yo una empollona, bueno aún sigo siéndolo la verdad.
-si no fuera porque gwen también me lo dijo no te habría creído.
-¿y eso? –dice curiosa.
-por como bailamos ayer, las empollonas no bailan así de bien –dice -. Por cierto ¿Por qué te fuiste sin decir nada? me dejaste con la bebida en la mano.
-ah, bueno…
-si no quieres decirlo no importa.
-bien.
-¿no vas a decírmelo?
-dijiste que no te importa.
-ya pero eso lo dije por decir, ahora estoy más intrigado Court.
En cuanto oye su nombre le gusta, le gustaría decirle que se lo repitiera pero no lo hace y justo en ese momento lamenta sentirse tan a gusto con ese chico. Ojala estuviera libre. Ojala no estuviera rota.
-¿Qué ocurre?
-¿disculpa?
-se te han puesto los ojos tristes –la mira directa -. Como la otra vez.
-¿la otra vez?
-cuando te cogí de la mano porque estabas asustada.
-oh, solo pensaba nada más.
-en algo triste por lo que veo.
-estoy cansada –dice más espabilada -. Yo ya estoy llena, me vuelvo para dormir.
-yo también ¿Qué hora es? en fin invito yo.
-no, pagamos a medias.
-no, yo pago y por favor no hagas que te ruegue en esto también que me enfado y mira que de momento me caes bien.
-lo dices como si fuera un milagro.
-y deberías estar contenta.
-eres un chulo, ya sé porque le gustas a gwen.
-está claro por qué le gusto –sonríe descaradamente.
-tienes razón –se levantan -. No me habrías caído bien en el instituto –añade después.
-jajajaja.
-no era un chiste.
-lo sé, pero ¿sabes? A lo mejor al principio habríamos chocado pero después nos hubiéramos llevado la mar de bien.
Con esa última sonrisa Duncan derriba todas sus defensas y eso significa que no podrá evitar seducirle, aunque en realidad no quiere evitar nada, ahora ya no. Al día siguiente en la noche cuando salen de perranda, esta vez todos juntos, la parejita de rubios se encuentra con ellos. Geoff consigue que gwen se suelta la melena, todos la miran sorprendidos por como ese rubio hace que disfrute de verdad de la fiesta y junto a bridgette parecen no querer marcharse nunca. Piensa aprovecharse de esa ventaja, mira a Duncan, se acerca y hablan de marcharse.
-yo que tu no la molestaba, gwen está desmadrándose de lo lindo.
Mira como se lo piensa y después el chico se acerca a su novia y le habla a la oreja. Acto seguido vuelve junto a ella.
-me voy –dice -. ¿Tú?
-también –se le acelera el pulso -. ¿Gwen?
-se queda con ellos –apunta con la barbilla a la pareja de rubios.
De camino a los Bungalow, se detiene a examinar más a fondo a Duncan. Barbilla cuadrada, muy varonil, amplio de hombros y espalda, muy atlético, un rostro atractivo sin llegar hacer infantil o afeminado, y por supuesto esos ojos que parecen querer meterse dentro de ella. Se contiene para no besarlo cuando se despiden y en su mente piensa en si se atreverá a rechazarla. No espera más, se lanza al mar y nada hacia el otro bungalow. Ahí lo ve, esta de espalda y desnudándose sin saber que lo espían. Entran cuando los calzoncillos caen al suelo, le habría gustado ser más sigilosa pero la puerta corredera hace ruido y entonces él se da la vuelta. Ella en toda su desnudes y mojada ve como se queda boquiabierto, ve el modo de cubrirse sus partes nobles con esas manazas y piensa que si necesita ambas es porque está bien dotado, muy dotado. Se cerca cual gata y antes de que alguien diga algo y se rompa toda esa tensión sexual que está creando y en aumento, lo besa superficialmente. Se aparta, ve la confusión y la indecisión en esos bonitos ojos pero también lujuria acompañado de deseo. Nota como se tensa cuando lo toca mientras baja y se arrodilla frente a él. Le aparta las manos sin que él oponga ninguna resistencia, lo agarra como puede, lo mira como si fuera una ofrenda. Es grande lo mire por donde lo mire, grueso, largo, venoso, le pesa la mano sosteniéndolo y tiene forma de champiñón. Su favorito. Se lo mete en la boca, chupa el capullo mientras lo trabaja con las manos, luego se lo mete hasta sentirlo en la garganta, se esmera en complacerle y ve como él se abandona a ella. La coge de la cabeza y empuja hacia su boca. Ya es suyo. Se lo está follando con la boca. Como no quiere que se corra aún, lo suelta con sonoro Pop de sus labios. Se va hacia la cama, se abre de piernas para que la vea bien, se toca un poco y con un gesto de dedo le dice que se acerque y la tome. Sabe que Duncan ha perdido la batalla, está en modo depredador y ella es su presa. Él es consciente de todo lo que le hará y a la vez no. Por un instante se pregunta si así es con gwen. Pronto lo sabrá. La coge del tobillo derecho y la arrastra hacia él, hacia el borde de la cama, acto seguido se inclina para comérsela. Su lengua explora y saquea su sexo. Lame, muerde, pellizca, hunde la lengua juguetona y saborea a gusto. Nada mal, nada mal piensa al borde de un orgasmo cuando de pronto la gira, se sobresalta cuando nota la punta del enorme capullo sobre su sexo que perezosamente imita lo que antes hacia la lengua de él. Entonces se empala dentro de ella como un bruto.
-¡espera! –chilla dolorida.
Pero él decide hacer como si no la escuchara y arremete sin piedad. No se imaginaba que le dolería tanto, que le costaría acogerlo dentro de ella, que él fuera tan osco, tan deliciosamente cruel. Aguanta como una campeona, puede con él, se abandona a ese vaivén cruel que empieza a gustarle terriblemente. Es él piensa aterrada, puede que sea él, su imposible es él. Deja sus pensamientos a un lado cuando tiran de su pelo obligándola a incorporarse con él ahí atrás mortificándola dolorosamente bien. Su espalda se pega a su pecho, una mano sobre su cintura, la otra sobre su pelo, la tiene presa como un feroz león incapaz y receloso de soltar su presa. Intenta doblarse pero él no la deja, necesita agarrarse a algo, clavarse a algo porque está a punto de correrse. Pero él se adelanta, la coge del cuello, aprieta su cintura y se vacía dentro de ella soltando un gemido.
-no…-lloriquea ella por no llegar al orgasmo.
-chis…yo me encargo –le dice fingiendo ternura.
La mano de la cintura la abandona para después sentirla en su sexo, es rápido y hábil, la masturba metiendo y sacando dos dedos dentro de ella. En sus últimas le susurra en el oído que se deje ir y ella lo hace con un tremendo sollozo. Al fin la suelta, se recuesta sobre la cama sudada, él aún dentro de ella, empieza a besarle la espalda, ella mueve las caderas sintiendo aun ese miembro que la llena por completo. Sonríe cuando él suelta un gemido, sigue moviéndose insinuante de que aún quiere más.
