#Rota
Cuando sale de su habitación por la mañana ve a Alejandro sentado en el sofá. Este le da los buenos días cariñosamente para su gusto así que decide ignorarlo mientras se prepara el desayuno.
-¿Dónde está heather?
-ha salido a correr...
El sujeto va solo en calzoncillos, salta a la vista su erección matutina, tanto él como ella miran el bulto.
-así que tú y mi hermano ¿eh? -dice mientras mete la mano en su paquete.
-aja, pero nada serio, de hecho no es nada –dice ella siguiendo el movimiento de la mano de Alejandro.
-¿nada? ¿Cinco polvos no son nada? -dice sacando su pene.
-me gustaría que dejaras de tocarte, voy a desayunar.
-¿te gustaría más chupármela?
-¿sabe heather que eres un gran cabronazo?
Tan solo le sonríe y ella le devuelve la sonrisa, va frente a él y se arrodilla, este le recoge el cabello mientras ella se traga su verga.
-quiero celebrar una despedida adelantada para mí y...yy-y...Dios, tú serias una invitada muy especial.
-especial ¿eh? -se incorpora y se quita los pantaloncitos del pijama junto con las bragas -. ¿y en esa despedida estaremos solos?
-no, mi hermano...
-¿sí..? -lo penetra.
-también...-gime.
Se ríe.
Alejandro asiente con la cabeza, después dice que les gustaría que ella se vistiera de conejita, le susurra al oído todo lo que harán con ella mientras la penetra. Ella lo imagina...embistiendo mientras le practica sexo oral a su hermano. Cuando está a punto de correrse, ambos escuchan a heather en la puerta hablar tan alto que parece enfadada. Para cuando esta entra, tanto Courtney como Alejandro están a metro de distancia separados fingiendo eh intentando recomponerse de la mejor forma. Pasa medio día, el novio de su amiga ya no está, heather parece prepararse para salir.
-¿sales? -pregunta Courtney sentada en el sofá con su portátil a mano.
-almuerzo con los padres de Alejandro, bueno solo con él ya que a su esposa le surgió algo en el último momento, que raro pero bueno ¿me queda bien esto?
-estás guapa, mucho –encarna una ceja -. ¿y donde será el almuerzo?
-en casa de ellos ¿por qué?
-ya...¿no te parece que tiene un poco cara de viejo verde?
-¿la verdad? Sí, pero también se me hace guapo ¿a ti no?
Responde encogiéndose de hombros. Llega gwen.
-¿Qué tal tú noche? -dice heather picarona.
-fatal, ni me acuerdo –dice está arrojándose al sofá -. Duncan y yo fuimos a un bar después de la fiesta.
-que clase...
-vete a la mierda –le arroja un cojín.
-me voy, chaito perdedoras.
-menuda zorra –dice gwen -. Esta pegará el braguetazo y ni se acordará de nosotras.
-ella es así -sonríe -. ¿cuándo te vas a ver a tu madre?
-mañana.
-¿tan pronto?
-sip, tendré que aguantar al mendrugo de mi hermano pero en fin...quiero pedirte un favor.
-¿Qué?
-como yo no estaré, vigila a Duncan por mí que hay mucha zorra suelta.
-no prometo nada.
-que hambre ¿pedimos algo?
Su amiga se va al día siguiente por la tarde. Heather mantiene una conversación por móvil en su habitación. Ayer cuando llego Courtney intento saber del almuerzo a lo que su amiga contesto con un simple bien. Ese día abre el correo pendiente del señor G.G. un mensaje corto y claro.
Quiero verte
Y una dirección.
Se queda mirando el mensaje, recuerda las otras veces en las que leía esos mensajes suyos y se le disparaba el pulso, pero ahora nada.
Gideon empuja furioso dentro de mí. No sé qué lo ha puesto así. Me tiene presa sobre la mesa y me sujeta el pelo con tanta fuerza que hasta creo que me dejara calva.
-Giiideo...
-!cierra la boca!
Y lo hago hasta que se cansa de joderme. Es por su hija, ella le dijo que un chico me ha pedido salir. Solo soy su amiga para estar más cerca de Gideon, pero ahora sé que debo tener más cuidado con lo que hago delante de ella.
Tocan al timbre cuando cierra su portátil. Una docena de rosas rojas le da casi en las narices.
-¿supongo que de un admirador? –dice el chico detrás de las rosas.
-¿Duncan? -coge las rosas.
-no son mías, tú portero me pidió que las subiera –se encoge de hombros -. ¿de parte de quién?
-de mi padre seguro –miente -. siempre me manda unas de vez en cuando.
-¿te apetece comer un helado con este calor? Gwen me dijo que podía sacarte a pasear por ahí.
-¿y por qué le haces caso? No tienes que venir si no te apetece.
-claro que me apetece, me caes bien ya te lo dije, venga salgamos –le sonríe.
-vale, ¿puedes esperar a que me cambie? Será un momento.
-te espero abajo.
-bien.
Lo primero que hace es ver de quién son las rosas, después las tira y se pone un vestidito blanco veraniego. Se peina el pelo y se maquilla sutilmente. Cuando baja por el ascensor un súbito sentimiento la embarga. Se acerca a algo parecido a la felicidad. No recuerda ni una vez en que un chico la sacara a pasear, puede que sí tal vez, pero jamás aceptar con tantas ganas. Duncan silva y le suelta un piropo coqueto cuando la ve otra vez a lo cual ella responde riéndose. Se emociona al ver que irán en moto y se emociona aún más cuando sube y se agarra a él. Llegan a un puestito cerca de la playa, se sientan a comer helado ahí mientras conversan. Él le cuenta sobre las mil aventuras que tuvo con la moto, el dineral que le costó, las multas por exceso de velocidad, carreras, apuestas ganadas y perdidas. Incluso que una vez intentaron robarle. Ella tan solo lo interrumpe para decirle si quiere caminar un poco por la arena. Él quiere saber de ella así que le pregunta, ella responde con la intención de no dar mucha información porque prefiere oírle hablar a él.
-¿y por qué te da miedo eso?
-porque es raro, los carteles promocionales tamaño real deberían ser prohibidos -dice sentado en la arena.
Él hombre sigue revelándole cosas acerca de él, que tiene una araña llamada Scraffie. Le gusta el metal, el rock, y el punk.
-¿sabes? Con la puesta de sol a tus espaldas pareces una diosa -le dice.
-gracias –se sonroja.
-además puedo ver tu ropa interior -giña un ojo.
-Duncan! -le riñe.
-¿Qué? Es verdad, no miento –se ríe.
Courtney decide sentarse a su lado. Y en un momento dado...
-hoy me siento normal ¿sabes? Los únicos recuerdos buenos que tengo son en la playa.
-estás poniendo esa cara...-dice el en voz baja.
-lo sé, a veces no puedo evitarlo.
-deberías contármelo.
-no, se está haciendo tarde.
-¿tan malo es?
-¿por qué insistes tanto?
-siempre viene bien hablar.
-quiero irme a casa, llévame a casa –se levanta.
Él no la presiona y la lleva a casa. Pasan dos días. Duncan delante de su puerta otra vez. La lleva a un edificio que por fuera luce espantoso, él dice que no vive ahí y que solo viene en ocasiones que él considera necesarias. El ascensor es tan viejo que chirrea. Cuando abre la puerta del lugar lo primero en lo que se fija Courtney es en que no hay muebles, quizás tres sillas y poco más.
-¿Qué es este sitio?
-mi estudio.
-¿pintas?
-grafiti.
Es verdad hay latas por todas partes y lienzos de todas las formas entre otras cosas que parece metal.
-a ver si lo adivino, ¿de adolescente te iba esto?
-aja.
-¿vas a enseñarme?
-no.
-¿no? Entonces...¿qué hacemos aquí?
-pasar el rato –se encoge de hombros.
No piensa rechistar así que se acomoda en el suelo y lo observa moverse. Es increíble pero, está segura de que mirarlo podría convertirse en su pasatiempo favorito. Para cuando termina tiene la ropa tan manchada como si se hubiera revolcado en una bañera llena de pintura.
-¿tienes hambre?
-sí.
Piden a domicilio.
-¿gwen te ha dicho en donde trabajo?
-no.
-soy segurata en un hospital.
-vale.
-esas chicas...-frunce el ceño -. no se nos permite mucho interactuar con ellas, pero una vez una se me acerco –la mira.
-¿y que paso?
-me dijo: la gente debería saber de nosotras, de chicas que escriben en sus cuerpos su dolor.
-¿Por qué...me cuentas esto? -se levanta.
-porque ellas también tienen esa mirada que tu...
-no me autolesiono, no tengo ningún problema...joder.
-¿joder?
-¿y ahora te ríes de mí?
-te ves mona diciendo groserías -se encoge de hombros -. lo siento.
-vale.
Se va hacia el ventanal. ¿Autolesión? Ella nunca, nunca...pero acaso ¿no es lo mismo? Ella se lastima, deja que otros la lastimen ¿no? Es una distracción para no pensar...la autolesión causa dolor y sentimientos que pueden hacer que la persona los utilice para suplir esos episodios de vacío existencial ¿no? Pero, ¿Acaso no solo quiere que sostengan toda la tristeza que ya no puede dejar vivir en ella? Quiere llorar fuerte, se está rompiendo.
-dime que hay esperanza para mí...-se sobresalta cuando unos dedos amables le rozan la mejilla.
-hey...
¿por qué él? ¿Por qué él maldita sea? ¿Por qué? Lo besa. Presiona sus labios sobre los suyos, un roce maravilloso que dura muy poco.
-no, Courtney no.
-lo siento –se tambalea hacia atrás -. soy una tonta.
Huye y él no la sigue como es de esperar. Ella quiere ir a casa ¿casa? Ahí no hay nadie, está rota y no sabe a dónde pertenece y esa es su triste y amarga realidad. Rechazada sin lugar a donde ir. No quiere esas lagrimas que caen. Le timbra el móvil, estúpida lo mira con la esperanza de que sea Duncan.
Despedida de Alejandro.
Un mensaje. Rota por dentro ella esconde sus sentimientos y acepta su destrucción. Hace tiempo que ha perdido su fe. Va en busca de lo que se le da mejor "caer en desgracia". Los hermanos la citan en un hotel. La habitación es casi circular y la cama ocupa el mayor espacio con su llamativo color rojo satén. Arriba en el techo hay un espejo que lo abarca todo. Se ve a ella mientras fornican. Está perdida, totalmente perdida y siempre lo estará. Ella quiere ir a casa pero nadie está en casa.
