Declaimer: Como entrenar a tu dragón no me pertenece.

Una mesa de enormes dimensiones que peculiarmente tenía una fogata bien armada en su centro era el centro de la escena. Las llamas se agitan violentamente sobre los leños y a su alrededor un grupo amplio y variado de vikingos discutía sobre el porqué de aquella reunión tan repentina. El filo de sus armas brillaban por la luz del fuego, al igual que la estatua de bronce sobre sus cabezas: una espada atravesando el corazón a un dragón. Símbolo de su misión y deber. Su vocación.

Una mano se alzó entre la muchedumbre, acallando a cualquiera que estaba por escupir alguna maldición. Estoico con la postura rígida de un roble, estaba planteado en el extremo de la mesa, ni se inmutó ante las miradas que estaban clavadas en él.

-O los liquidamos o ellos nos liquidan. Solo así nos libraremos de ellos.- su voz imponente resonó en la habitación, frenando el corazón de muchos guerreros al suponer a lo que iba.- Si hallamos el nido y lo destruimos, los dragones se irán. Se buscaran otro hogar.

Y de un rápido movimiento, clavó un cuchillo en el mapa. Justo en la zona donde se habían avistado más dragones. Había que verlo con sus ojos para comprobarlo. Tras varios intentos fallidos, no podía valerse solo de una suposición. Si o si, había que averiguarlo.

-Una búsqueda más antes de las heladas.- solicitó finalmente.

Y el miedo se dispersó como una epidemia.

-Quienes van nunca regresan- se oyó una voz, incapaz de distinguirla entre tantas cabezas.

-Somos vikingos, eso es un gaje del oficio. ¿Quién viene conmigo?- más ninguno respondió al entusiasmo del jefe. Sus cabezas permanecieron gachas y un silencio poco habitual se instaló en la estancia. Estoico rodó los ojos y con una sonrisa de suficiencia dijo- Los que se queden cuidarán a mi hija.

Medio segundo después había un río de manos levantadas a su alrededor.

¿Cuidar un arma de destrucción masiva o salir a una muerte segura? No era tan difícil decidir.

Dando por finalizada la cuestión, todos se fueron retirando.

-Bien, voy a empacar mis calzones- dijo Bocón parándose de inmediato.

Y estoico lo detuvo antes de que pudiera dar un solo paso.

-No. Necesito que te quedes y entrenes nuevos reclutas.- la caza de dragones no era un oficio fácil. A menudo debía soportar muchas bajas y perdidas. Debían asegurar el número de guerreros para el futuro. Mientras más, mejor.

- Oh, si claro. Y mientras yo estoy fuera Hicca se encargará de la herrería junto a una armería completa de las más peligrosas armas filosas y trampas mortales. Completamente sola. ¿Qué podría salir mal?- Y el maestro de la ironía hace su aparición mientras meneaba la jarra de cerveza que sustituía su mano.

Estoico gruño por lo bajo, dejándose caer al asiento a su lado completamente frustrado.

-¿Qué voy a hacer con ella?- suspiró.

Y una idea llego a la mente del calvo.

-Que entrene con nosotros- expuso sin más.

Estoico rio, la idea de su pequeña hija entrenando junto aquellas bestias era completamente ridículo- Hablo en serio.

-También yo- tenía razón. Su mirar celeste no mostraba ningún rastro de duda.

-Estará muerta antes de que saques al primer dragón de su jaula.- reprochó.

-Eso no te consta.- le restó importancia.

-Claro que sí, estoy seguro- espetó, con la convicción misma grabada en cada letra. ¿Su hija? ¿Entrenando con dragones? No duraría ni medio día.

-¡Claro que no!- Harto de la discusión sin sentido, Bocón decidió parar. Nadie podía con la terquedad de aquel hombre. Pero ni aun así dio su brazo a torcer.- Escucha ¿No piensas que estas siendo demasiado sobreprotector?

Y el barbudo pegó una carcajada hacia los cielos, como si aquella pregunta fuera el chiste más ilustre de todos.

-¿Yo? ¿Sobreprotector? ¿Se te metieron tornillos en el cerebro, amigo?- siguió riendo pese a que su compañero no mostraba ni un amago de sonrisa.

-Hasta donde yo sé, encerrarla en una herrería, negándole cualquier contacto con nuestra vocación aunque ya está en edad es sobreprotección.- le cantó sus verdades- te reto a que busques una palabra mejor para definir eso.

-¡Escucha!- se levantó y caminando de lado a lado por la habitación procuró no perder la paciencia-Ya la conoces; desde que aprendió a gatear fue…diferente.- no pudo evitar que un suspiro cansador se escapara de su boca- No escucha. Tiene la atención de un gorrión. La llevo a pescar y se pone a cazar… ¡A cazar trolls!

- ¡Los trolls existen! Se llevan los calcetines pero solo los izquierdos ¿Qué se creen?

Y fue ignorado olímpicamente.

-Cuando era niño…- empezó la historia. Bocón solo pudo soltar un suspiro hastiado mientras intentaba recuperar el diente que se le había caído dentro de la jarra.- mi padre me dijo que le diera un cabezazo a una roca y lo hice. Pensé que estaba loco, pero no lo cuestione. Y ¿sabes que pasó?

-Te dio jaqueca- el hombre de la uniceja golpeaba una y otra vez el diente perdido dentro de su boca, esperando que se quede en su lugar

En serio les urgía un dentista.

-Esa roca se partió en dos. Ese día me enseño de lo que un vikingo es capaz. Puede aplastar montañas, domar bosques ¡Tomar mares!- un pequeño brillo se había instalado en su mirar, la ilusión que le provocaba ser lo que es era fascinante pero ese breve destello se apagó y se dejó caer al lado de su amigo.- Desde pequeño supe lo que era y en lo que me convertiría. Hicca no es como yo.

Y aquella niña tan dulce y energética, pequeña como un cachorro y con gigantescos ojos de cordero era lo más opuesto a su persona. Era como emparentar a un pato con un oso. Pero era su hija ¿Acaso podría hacer otra cosa que protegerla? Pese a todos los tormentos y desastres provocados por ella, era su tesoro.

Su única familia.

-Sip tienes razón, no se parece en nada a ti- dijo Bocón- pero es bastante parecida a cierta pacifista que conociste hacia algunos años ¿no es así?

Y el rostro del vikingo se contorsionó en una sonrisa- Valka.

Su adorada esposa.

-La misma que viste y calza, compañero. Puede que no se parezca demasiado a ti pero el parecido con su madre es impresionante- y palpándose el estómago agregó- Esperemos que no haya heredado también sus dotes culinarias.

-Bocón. Al punto.- ordenó. Aún ahora era difícil hablar de su esposa. La extrañaba. ¡Sabe Thor cuanto la extrañaba! Los recuerdos de aquel día se seguían repitiendo una y otra vez. Y con cada amanecer, el mismo pensamiento se grababa en su mente con la fuerza de mil rayos.

No dejar que se repita la historia.

-No fue tu culpa estoico, deja de martirizarte por eso. Si sigues viendo hacia el pasado no serás capaz de avanzar. Fíjate en el "ahora". Ella seguirá siendo débil hasta que le enseñes como ser alguien fuerte- y nuevamente suspiró, abatido- No puedes protegerla por siempre Estoico, debes prepararla. Ella volverá a salir.

-¿Y qué sugieres entonces? ¿Qué la coloque al frente de una armada para que termine muerta al igual que su madre? – a este punto, la gravedad de su voz era tanta que resultaba doloroso simplemente oírla.

-Dale las armas necesarias, déjame que le enseñe a defenderse.- intentó una vez más- sé que no le tienes mucha fe pero al menos deja que lo intente.

Estoico permaneció impasible pero, ya sea consciente o inconscientemente, se inclinó un poco sobre sí mismo; como si tuviera una enorme carga entre sus hombros. Nada más cercano a la realidad.

Despacio, se paró. Recién el día iniciaba y quedaban muchas cosas por hacer. En el marco de la puerta miró hacia atrás. Hacia su viejo amigo y consejero.

-Déjame pensarlo- fueron sus únicas palabras antes de salir de allí.

Bocón suspiró y de un trago engulló todo el alcohol que la jarra contenía.

Esos dos iban a volverlo loco.

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-¡Por favor, que aquí sea!- susurró la chica pero al abrir los ojos se encontró con lo mismo que en los otros diecisiete lugares.

Absolutamente nada.

-¡Por favor!- difícil describir la expresión furiosa de su rostro, agarrando su libreta de cuero tachó también el lugar visto. Pero en un pequeño desliz de temperamento tachó toda la hoja.

¿Por qué era tan difícil encontrar un maldito dragón si normalmente caían como lluvia?

Soltó un suspiro.

-¡Los dioses me odian! Muchos pierden cuchillos en el lodo pero no…Yo tengo que perder un dragón completo- Y en un gruñido exasperado golpeó la rama frente a ella, desgraciadamente, esta volvió con el doble de fuerza. No pudo evitar soltar una maldición cuando le pegó en el rostro.

Mas su rostro de frunció en una mueca de confusión al ver el árbol roto ¿Qué habrá pasado para que un árbol tan grande se partiera a la mitad?

No tuvo que esperar mucho para saber la respuesta.

Porque al final de la rotura, en un cúmulo de ramas y hojas cejas, se hallaba un cuerpo particular y distinguible. Aun cuando estaba bajo aquel montón, se notaba peculiares escamas negras brillando débilmente a través de la niebla.

Pegó un respingo, y de un salto se escondió detrás de un arbusto. ¿Acaso era lo que ella pensaba que era?

Su mano temblaba al sacar el cuchillo. ¿Y cómo no? Era un manojo de nervios en ese instante. Se acercó lentamente, poniendo en práctica su casi nula agilidad. Hasta que termino de confirmar sus sospechas.

Era el cuerpo yaciente de un dragón nunca antes visto atrapado en un montón de cuerdas.

Sus ojos no podían creer lo que estaban viendo.

Ella no podía creer lo que estaba viendo.

-Lo…lo hice-susurró con el cuchillo aun en su mano.- ¡Hay dioses! ¡Lo hice! Jajajaja.- cualquiera que la oyera pensaría que estaba loca pero acababa de atrapar a un dragón ¡Por todos los cielos! ¿Acaso podían culparla?

Puso un pie en su presa tal como había visto en tantos retratos de sus antepasados- ¡Yo derribé a esta magnífica bestia!

Pero un gruñido de la bestia en cuestión acompañado de un brusco movimiento la hizo chocar con una roca. Su pulso aumentó a ritmos casi incontrolables. El corazón parecía estar por salírsele de su pecho. Incluso su respiración era más ruidosa que sus pasos. Pero, al recorrer la figura de su objetivo, unos ojos verdes brillantes le devolvieron la mirada.

Y creyó que se desmayaría en ese mismo instante.

Tragó en seco antes de volver a acercarse. Empuñando el cuchillo como si su vida dependiera de ello- lo que básicamente así es- avanzaba paso a paso hacia el Furia Nocturna. Sus rodillas temblaban y sus ojos no dejaban de perseguir los jades del animal.

Estaba aterrada y ni siquiera era la que estaba atrapada.

Tomó aire y agarró con más fuerza el cuchillo- Te voy a matar, dragón. Te… te arrancaré el corazón y se lo llevaré a mi padre- decía pero más que una amenaza de su parte parecía una táctica barata de auto convencimiento. Lo peor es que ni ella misma se lo creía.

Solo debía matarlo ¿verdad? ¿Por qué le costaba tanto? La acción era simple, encajar el cuchillo en su corazón con más precisión que fuerza. Hasta un niño podría hacerlo. ¿Por qué a ella le costaba horrores siquiera mover la mano?

-Soy un vikingo- dijo sorprendiéndose ante la duda con la que lo decía. Miró a aquellos ojos nuevamente y lo que vio fue solo una pequeña niña asustada del cuchillo- ¡Soy un vikingo!

Podría gritar hasta que le estallaran los tímpanos y aun así no podía asimilar por completo la idea. El cuchillo seguía estático en sus manos, muy lejos de la carne que debía cortar. ¿Qué pasaba con ella? Esto era lo que siempre quiso, la oportunidad esta justo delante servida en una bandeja de plata. ¿Cuántas veces podría tener un Furia nocturna atado a sus pies? Las remotas posibilidades ni siquiera alcanzaban a contarse con una mano.

¿Por qué? ¿Por qué diablos no podía hacerlo?

El animal estaba quieto, sin embargo pudo notar un breve aumento en el ritmo de su respiración. Su mirada estaba clavada en ella, expectante, ya sabiendo el destino que le esperaba con solo ver el filo de la hoja.

Y lo supo. Él estaba asustado.

Incapaz de verlo a los ojos, cerró los suyos dispuesta a cumplir su deber. Pero no hizo falta. El dragón cerró los suyos, relajando su cuerpo. Dejando su vida a manos de la pequeña pecosa.

Se había rendido.

Era el momento justo, la víctima estaba rendida, desprotegida y amarrada. Era fácil. Era tan fácil. Podría haberlo hecho y podría volver a su hogar y recibir gloria y fama por una vez en su vida. La mirada de orgullo de su padre y los brazos abiertos de su tribu la esperaban. Tendría todo lo que había soñado solo con una certera apuñalada.

Y ya está. Lo había decidido.

De un brusco movimiento, acercó peligrosamente el cuchillo al dragón.

Y empezó a cortar las cuerdas.

Una a una, todas fueron cediendo ante el filo de la cuchilla. Cayéndose a pedazos sobre el pasto mojado.

Y en unos cuantos segundos, fue derribada por el dragón que había salvado.

Lo tenía frente a ella, a escasos centímetros de su rostro. Su cara de espanto se veía reflejada en sus orbes. Los dientes filosos de la bestia se mostraban amenazantes y peligrosos, dispuestos a devorar trozo a trozo la pálida piel de la joven. Sus grandes garras clavadas en la tierra, junto a los costados de su cuerpo. Negándole cualquier posibilidad de escape.

Igual que él antes.

Y ella tan solo se puso a temblar, implorando por una muerte rápida a todos los dioses que llegaba a recordar.

Y cuando creyó ver su vida pasar frente a sus ojos, el dragón clamó un rugido a los cuatro vientos, agitando sus desordenados cabellos con aquel viento feroz y se marchó volando lo más rápido que pudo.

Hicca, tendida en la tierra con la cabeza dándole mil vueltas y el corazón desbocado, solo pudo ser capaz de decir una frase quebrada que ni siquiera ella misma era capaz de escuchar por el constante zumbido en sus orejas.

"¿Qué…hice?"

Ya esta, damas y caballeros. El maravilloso primer encuentro. Este me llevó un poco más de tiempo pero estoy contenta de haberlo terminado. Se que todavía me queda mucho para que este trabajo en proceso sea digno de mirar pero voy a hacer lo que pueda para que se adapte a mis expectativas y a las suyas.

Gracias por leer!

HanaNoSakura13: te traje nuevo capitulo. Espero que lo disfrutes.

SakuraLi-Taisho: La verdad no puedo prometerte si todo va a hacer igual o si va a tener cambios. Parte de mis objetivos con esta historia es agregar momentos e ideas que no se ven ni en las películas ni en la serie. Aunque aun no se que ni donde ponerlas. Pero aun así espero que este fic te esté gustando y te agradezco por leer y darme tu opinión.

Hasta la próxima!