"¿Qué acaba de pasar?"

"¿Qué acaba de pasar?"

"¡¿Qué diablos acaba de pasar?!"

Sus piernas temblaban como gelatina, su ritmo cardiaco estaba por destrozar su tórax. La sangre fluía como un río en sus venas. El cuchillo estaba limpio en el bolsillo de su cinturón. Y aún no podía terminar de creer lo que había pasado.

Ella debe ser la primera persona en la historia en estar frente a un Furia Nocturna. La primera en tenerlo en sus manos. La primera con la oportunidad para matarlo. Y lo dejó escapar como una idiota.

¿En qué estaba pensando? Dejar ir la única oportunidad que tendría de ser valorada por su gente ¿Acaso había perdido la cabeza?

Y cuanto más pensaba, más quería golpear repetidamente su cabeza con alguna roca cercana.

¿Lo peor? No se arrepentía en absoluto.

Y era una completa incompetente por eso.

Solo quería dejar de pensar. Acostarse en su cama y esconderse bajo las mantas un par de años. A ver si con eso se atrevía a mostrar la cara a la sociedad de nuevo.

Y sus planes de una tarde tranquila se fueron al diablo cuando vio el fornido cuerpo de su padre al abrir la puerta.

-Tenemos que hablar- fue su bienvenida.

Y ella solo quería salir corriendo.

Se acercó hacia él. El fuego de la chimenea era la única luz en la oscura habitación, resaltando la seria complexión de Estoico.

Ambos, frente a frente, se miraron por unos segundos. La muchacha tragó en seco. Esto no era nada bueno.

-Tú ganas- dijo el pelirrojo- Vas entrenar. Empiezas en la mañana.

Sus ojos se abrieron como platos.- ¿Qué?

-¿Tengo que ser más específico? Me rindo. Mañana a primera hora empieza tu entrenamiento.- aclaró.

Ahora sí que ella no podía respirar. ¿Por qué los dioses la odiaban tanto?

Unos brazos la tomaron desprevenida, atrayéndola a una capa dura de cuero y piel. Su padre la tenía agarrada de los hombros, en un intento de abrazo al que ninguno de los dos estaba acostumbrado.

-¿Pero qué te pasa, niña? Esto es lo que querías. Pensé que estarías más feliz.- mas Hicca no pronuncio palabra. No podía. Su boca, junto al resto de su cuerpo, estaba estático por la sorpresa.

Aun así podía escuchar la voz de su padre contándole todo lo que podrían hacer juntos. Dándole consejos anticipados para su primer día y sus primeras experiencias en el trabajo. Se perdió tras oír como le arrancaba los colmillos a un gronckle.

Esto era lo que deseaba. Debería estar emocionada. Supuso que debía sentirse feliz. Pero no era así. No se sentía bien

¿Por qué no era así?

Y de nuevo, los ojos jades de aquel dragón se colaron en su mente.

-Espera papá.- reaccionó, zafándose del agarre- No estoy tan segura de eso.

Y todo se envolvió en un profundo silencio. Hicca fue testigo de cómo los rasgos del vikingo mayor pasaron de estar alegres a un estado de completa seriedad.

-¿Cómo es que no estás segura de eso?- como un cuchillo, la voz cortó el silencio con impecable precisión. Y heló la sangre de la castaña a niveles que ni ella misma era capaz de admitir.

Tragó en seco.

-Lo que digo es que…bueno…ya tenemos muchos vikingos que pelean ¿verdad? ¿Por qué no probamos con algo nuevo? Siempre hay cosas importantes que se pasan por alto. Podría intentar con la pesca, o la panadería e incluso podría quedarme a ayudar a Bocón en la herrería- Trató de explicar.

Sin embargo, el pelirrojo estalló en sonoras carcajadas.

-Casi me lo creo. Tan hilarante como su padre. Toma, lo necesitarás- y le dio un hacha gigantesca de batalla que por poco la deja tirada en el suelo.

Está bien. Eso no salió como esperaba.

Segundo intento.

-Papá, no quiero matar dragones- dijo ella, esperando que la verdad no fuera tan dura para él.

Y como resultado, el vikingo solo río con más fuerzas- Por favor, claro que quieres

La chica bufó exasperada y reuniendo todo el valor que tenía, lo miró a los ojos- Yo no puedo matar dragones.

-Pero vas a matar dragones- Esto ya la estaba empezando a hartar.

-Papá, por favor. Sé que es lo que siempre quise pero… ¿No puedes entender que no sirvo para esto? Simplemente no puedo- Estaba muy cansada. No podía seguir con esa farsa. Ya había entendido que no era material para combatir dragones, lo acababa de probar. Lo mejor era apartarse.

Pero él, tan terco como siempre, se negaba a aceptar cualquier argumento.

-Nosotros no nos rendimos. Lo llevas en la sangre - dijo avanzando hacia ello.- Ya es hora, Hicca.

-¿Podrías escucharme por tan solo un segundo?- pero su padre seguía haciendo oídos sordos a sus quejas.

-Esto es importante. Cuando llevas esa hacha, nos llevas a todos contigo.- ahora entendía porque le resultaba tan pesada- Significa que hablas, caminas y piensas como nosotros.- ¿debía sentirse agradecida por eso?- Se acabó todo… esto.

El rostro de la joven se contorsionó en un claro deje de molestia al ver cómo, mediante un simple gesto, abarcaba toda su persona- Acabas de señalarme completa.

Lo mismo que Bocón hizo hace unas cuantas horas.

¿En serio era tan necesario recordárselo?

-¿Oíste?- ni siquiera era una pregunta, era una orden.

-Creo que era conversación va en un solo sentido.

-¡Oíste!- repitió nuevamente. Hicca lo sabía, había perdido esta batalla sin ni siquiera luchar. Sus ojos, voz y facciones lo confirmaban. Él no estaba dispuesto a escuchar ni una palabra más respecto al tema.

Como siempre lo hacía.

Resignada, no le quedó de otra más que agachar la cabeza- Oí.

-Bien- dijo él, agarrando una mochila de viaje a la que Hicca recién había notado. Una pequeña alarma se encendió en su cabeza al saber lo que eso significaba.

Se iría.

Se iría a otra de sus travesías en busca del nido.

Otro viaje con solo un pasaje de ida asegurado.

Porque no era ingenua. Sabía que cuando el barco saliera del puerto, no habría marcha atrás. Y muchos de los tripulantes valerosos que sacrificaban sus vidas, no volvían jamás. Y el único resultado que traía aquel barco era la cantidad de familias a las que tenían que brindarles sus respectivos pésames.

Otro viaje en donde volvían con las manos vacías.

Incómodo ante la mirada acusadora de su hija, no fue capaz de explicarse.- Entrena duro- fue lo único que pudo decir como apoyo- Volveré… tal vez.

Y salió de su casa. Sin un adiós ni un abrazo que consolara a la niña preocupada. Pero, claro, ella estaba acostumbrada. No era la primera vez que la dejaba sin nada que decir.

No era bueno para las despedidas.

-Y yo estaré aquí… tal vez.

Ninguno lo era.

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Las ventanas de su cuarto se abrieron de par en par, dejando entrar la cálida luz del sol hacia los montones de pieles que la chica usaba como mantas. No había palabras para describir la cara de fastidio de la castaña. No había podido pegar ojo en toda la noche, la preocupación y el estrés no la dejaron. Cada vez que hallaba un poco de paz para dormir, le despertaba el hecho de que al día siguiente la esperarían las puertas abiertas de la Escuela de Dragones.

Y, por si fuera poco, no recibió la mañana con los cantos de aves ni olor a pan recién tostado.

-¡Hey! ¡Despierta, niña que llegaras tarde!

La estridente voz de Bocón fue lo único que tuvo en esa mañana.

No había nada mejor.

Hicca soltó un gruñido, hundiéndose más en su almohada. Trató de ignorar el grito de su mentor, quizás con un poco de suerte la cama terminaría por devorarla. Pero el constante golpeteo del hierro contra la madera le advertía que si no salía enseguida él entraría para arrastrarla a la escuela. Era bastante capaz, de eso no había duda.

-Ya oí, ya voy- respondió desganada pero lo suficientemente fuerte para que se le escuchara.

Y como dijo, no le tardó mucho estar lista. Solo era lavarse la cara, ponerse ropa cómoda y listo. Y se consideraba una de las personas más conscientes de lo que conlleva una buena higiene, a diferencia del resto ella si sabía lo que significaba la palabra "higiene". Aunque la parte más molesta era lidiar con su cabello, desaliñado como siempre. Solo fue capaz de controlarlo con una trenza.

De mala gana, tomó el hacha que su padre le había dado ayer.

Y si, seguía siendo pesada.

Al abrir la puerta, vió el rostro descontento de Bocón. Su única ceja se encontraba fruncida, sus ojos apuntados hacia ella como dos espadas recién afiladas y su pierna de palo no dejaba de tocar repetidamente el suelo.

Un "tin tin tin" que se había grabado en sus oídos.

Si. Quizás se había tardado demasiado para un vikingo cuya rutina matinal solo consistía en ponerse un casco y pulir su brazo.

-¿Qué se supone que haces? ¿Sabes cuánto me has hecho esperar? ¡Dioses! ¿Por qué las mujeres siempre tardan tanto? - Hicca se resignó a decir algo. Solo habían sido unos cuantos minutos- ¿Y por qué sigues ahí parada? ¡Muévete!

Y tan delicado como siempre, la arrastró hacia su fin.

La chica entro nuevamente en pánico, veía a todos lados tratando de buscar rutas de escape o alguna salida para esta situación. Hasta rezaba por un dragón apareciera de repente y la llevara como ganado.

Y no. No estaba exagerando.

-Pero mira nada más, estas nerviosa ¿verdad? Recuerdo la primera vez que pisé ese lugar como si fuera ayer. Los gritos de dolor, el olor a carne quemada, las mordeduras envenenadas.- con un suspiro enternecedor, se sumió en su memoria juvenil- Que recuerdos.

-Sí, eso me hace sentir bastante tranquila- ironizó la chica. Siendo sincera, la idea de ser carnada de dragón no le era muy atractiva en esos instantes.

Bocón la miró confundido.

-¿Pero que pasa niña? Pesaba que estarías más…emocionada. Si supieras lo que me costó convencer a tu padre de que te dejara entrenar.- expuso sin darse cuenta del verdadero significado de esas palabras- Ese hombre es tan terco como una mula.

La chica abrió sus ojos como platos.- ¡¿Fuiste tú?!

-¿Quién más si no?- dijo sin más- No te preocupes, me lo agradeces después.

¿Agradecerle? Si ahora mismo estaba planeando tirarlo al mar para que se lo coman los peces.

-Sí, seguro- masculló entre dientes. Quizás simplemente cubrirlo con aceite de pescado sería una mejor opción, sería llevado por los dragones antes de darle tiempo para gritar.

Y tan rápido como vinieron, las ideas se borraron de su mente al ver a un pequeño grupo de personas conocidas.

"Hay dioses"

-¡A la hora que llegas! ¿Tienes idea de cuánto tiempo estuvimos parados aquí? Yo ya habría arrancado la cabeza de un dragón- Y como usualmente lo era, Patán fue el primero en saltar para quejarse. La mirada café del chico cayó sobre ella y, al igual que un perro rabioso, empezó a ladrar- ¡No me digas que nos hiciste esperar para buscar a la rara!

Sip. Hicca ya sabía que eso pasaría.

Y él no era el único. Los gemelos y Ash no dejaban de mirarla, sabiendo que la culpaban por la situación. Si las miradas fueran puñales ya la hubieran liquidado.

-¿Vas a seguir quejándote o quieres entrar?- y el silencio fue su única respuesta. La emoción de los chicos por entrar ahí era enorme. Todos querían entrar al mismo lugar en el que entraron sus padres, y los padres de sus padres y todas las generaciones de sus familias antes que ellos.

Claro, excepto la castaña que únicamente trataba de buscar la mejor manera de salir de ahí sin ser vista.

-¡Bienvenidos al entrenamiento!- y ante la mirada expectante de los alumnos, las puertas se abrieron.

El lugar del que tanto habían oído, se presentaba ante ellos.

El inicio de su vida empezaba ahí.

Sus primeros pasos como vikingos empezaban ahí.

El derramamiento de sangre…empezaba ahí.

-No hay vuelta atrás- Ash- el primero en salir de su ensoñación- dió un paso en frente, con la cabeza alta, el pecho inflado de orgullo y un hacha afilada y pulida en sus manos. Tenía el porte de un guerrero y la actitud de un vikingo.

Y el resto siguió sus pasos, al igual que una manada de lobos siguiendo a su Alfa, maravillados por lo que sus ojos veían. Mientras ella caminaba recelosa, con miedo de sus propios pasos.

Para ellos esa construcción de piedra y hierro eran sus inicios.

Para Hicca… una jaula.

Esa es la gran diferencia.

Ellos se mantenían entusiastas y valientes. Esperando por todo. Buscando seguir los pasos de sus predecesores. Y asumir como vikingos. Para ella, eso parecía estar cada vez más lejano. La distancia entre ellos era tanta que siempre veía sus espaldas. Y estaba empezando a pensar que era mejor quedarse atrás.

-Es hora de empezar.- y Bocón fue quien la despertó de sus pensamientos pesimistas. Gracias al cielo- El recluta que lo haga mejor tendrá el honor de matar a su primer dragón en frente de toda la aldea.

-Hicca ya mató a un Furia Nocturna ¿Eso la descalifica?- y unas risas sonaron tras el comentario de Patán. Pues como no, el imbécil nunca desaprovechaba la oportunidad para hacerla menos.

Quizás sus padres habían acertado en llamarlo de esa manera.

Pero, a pesar de todo, esas simples palabras trajeron de nuevo los acontecimientos de ayer a su cabeza. Los ojos jades de aquel dragón, el rugido bestial, su incapacidad. Su debilidad.

Y de nueva cuenta quería correr lejos de ahí.

O por lo menos esconder su cabeza bajo un hoyo por un tiempo.

Si…eso no estaría tan mal.

Y un brazo cálido la abrazó por los hombros.

-Tranquila. Todo estará bien- su gentil consuelo le sacó una sonrisa- eres pequeña y débil. No serás un blanco obvio. Te verás como loca o enferma e irán por los jóvenes más vikingos- finalizó con unas palmaditas.

¿En serio debía sentirse culpable por querer atentar contra su vida?

Antes que se diera cuenta, el hombre de una ceja la arrastró hacia el resto de los reclutas. Todos armados formando una línea de combate frente a enormes puertas de acero. Gruñidos bestiales salían del interior y marcas de garras se encontraban por todo el metal.

La chica no pudo hacer más que tragar en seco mientras se aferraba más a su hacha.

-Detrás de las puertas hay algunas de las especies de dragones que aprenderán a combatir- empezó Bocón, caminando frente a las puertas sin inmutarse por el brusco movimiento que las bestias hacían sobre ellas- El mortífero Nader

-Rapidez: 8; Armadura: 16- oyó Hicca a su lado. Patapez veía fascinado las puertas y exponiendo su características y distinguidas cualidades. Su inteligencia y su memoria eran increíbles; o eso pensaba la castaña. En un pueblo como aquel, la fuerza y la resistencia en batalla eran virtudes más valoradas.

A medida que Bocón iba avanzando, soltaba un dato curioso. Como un instinto natural.

Pero, realmente, resultaba tal vez algo irritante.

-¡Ya cállate!- Gritó el de una pata, harto de la palabrería del mocoso.

Él, al igual que muchos vikingos- por no decir todos-, gozaba de un perfecto mal genio y cuerdas vocales fuertes y resistentes.

Bastante encantador ¿verdad?

El instructor soltó un suspiro poniendo una mano sobre la palanca de la puerta- Y… el Gronckle.

Todos se tensaron al sospechar lo que el hombre se proponía. Y su sonrisa socarrona no hacía más que confirmar sus suposiciones. El valor se esfumó de sus facciones y un nuevo sentimiento invadió sus cuerpos.

Hicca lo conocía bien.

Era el miedo.

Porque esta era la primera vez que estarían cara a cara con un dragón. No eran sus padres los protagonistas de esa batalla, eran ellos. Y todos compartían el mismo pensamiento.

Estaban en problemas.

-¡Oye! ¿No nos enseñaras primero?- saltó Patán, un ligero temblor en su voz y la duda en sus ojos lo delataban. Él tampoco estaba listo para esto.

La castaña casi se ríe por la ironía.

-Soy un firme creyente de aprender sobre la marcha.- y sucedió lo inevitable. El enorme leño, lo único que evitaba su encuentro con ese dragón, se levantó.

Y todo el cumulo de nervios que llevaban en sí explotó al ver a la fiera de alas pequeñas y rugido feroz.

Todos corrieron en distintas direcciones, tratando de evitar ser atrapados por el Gronckle. Parecían un montón de ovejas huyendo de un lobo. No sabían que hacer. No sabían cómo moverse. No sabían nada. Las pocas experiencias que tenían apagando incendios no les serviría de nada.

Y su querido pastor…parado como si nada a un costado de la masacre. -Aprenderán a sobrevivir. Si se desconcentran…se muren-

-¿En serio?- se quejó la castaña con la respiración entrecortada. Correr por su vida con un hacha del doble de su peso no era muy sencillo que digamos- Dinos algo que no sepamos.

Rodando los ojos, se dispuso a ignorar el sarcasmo de la chica- ¿Qué es lo primero que necesitan?

-¿Un doctor?

-¿Rapidez: 5?

-Un escudo- sentenció Ash con cabeza fría pese a la situación. Era el único que mantenía la compostura. Y, al parecer, el primero en decir algo útil.

Tan rápido como fueron capaces de hacer, acataron las órdenes del ojiazul. Aferrándose a esa idea como depredador a un trozo de carne. Los escudos desaparecieron uno a uno. Pero la joven castaña era incapaz de levantar la pieza de madera y metal. Sus manos no sabían dónde ni cómo ni mucho menos que agarrar.

"Si no estuviéramos corriendo por nuestras vidas de seguro ya tendría a Patán atrás de mi" y no se equivocaba.

Y justo cuando logró sujetar la cuerda del escudo lo más firme que pudo, vió a la criatura marrón de escamas duras como piedras acercarse más y más hacia aquel punto. Y, gracias a los cielos, alcanzó a correr hacia el otro extremo del campo antes de que la bola de fuego sea disparado de aquel hocico rocoso.

-El escudo es la pieza más importante de su equipo.- siguió Bocón- Si deben elegir entre una espada y un escudo, tomen el escudo.

Los gemelos no tuvieron la misma suerte que ella. Enfrascados en su pelea fraternal, el ataque los derribó. Brutilda quedó algo aturdida por el choque, tambaleándose de un lado a otro pero aun de pie. Su hermano se encontraba inconsciente en el suelo con un chichón en la cabeza. Cortesía de la rubia.

Ambos cabezas huecas estaban fuera.

-¡Ruido! Hagan mucho ruido para alterar la puntería del dragón-gritó su maestro.

Una sinfonía alarmante de mazos y cuchillas resonó entre las paredes de piedra, el vuelo del Gronckle se volvió torpe y su vista se empezó a nublar. Los chicos lo arrinconaron, acercándose poco a poco aun chocando sus armas contra los escudos.

Sin embargo, aunque sus pupilas iban de un lado a otro indefinidamente, un dragón era un dragón. Más fuerte y más grande que cualquiera de ellos. Y sus brazos comenzaron a cansarse.

Hicca ya no podía más, el brazo le ardía como si un rayo se hubiera metido entre sus músculos. Esa arma era demasiado para ella. Pero tenía que cargarla ¿verdad? Era, básicamente, una lucha de supervivencia. Ir desarmada no era una opción.

Una maldición se ahogó en sus labios al ver un estallido cerca de ella.

Los Gronckle tenían seis tiros, ya iban dos.

Y otra explosión retorció sus oídos junto al grito histérico del rubio grandote. Patapez estaba fuera. Y Patán no duró mucho más que él.

Cuatro menos. Dos por salir.

Justo para ella y Ash.

-Solo quedamos nosotros ¿verdad?- dijo con un ligero temblor en su voz, ese que siempre estaba cada vez que hablaba con el rubio.

Y una mirada despectiva fue lo que recibió.

-Te equivocas, solo tú- y tan hábil como de costumbre, se esfumó a paso veloz. Esquivando la bola de fuego que iba directo hacia la chica.

La misma que había mandado lejos su hacha y escudo.

Mas no tuvo tiempo para sentir alivio por la falta de peso. Porque al ver al frente, supo que ella era el objetivo en el punto de mira del dragón. Ni lento ni perezoso este se lanzó a alcanzarla, batiendo tan rápido sus alas que tan solo pudo divisar un borrón.

Su respiración se aceleró y un sentimiento familiar se apoderó de su cuerpo.

La adrenalina.

Corrió tras el escudo, teniendo a la bestia un poco más cerca a cada paso. Hasta que no hubo donde correr. Ni tampoco escudo que la proteja.

Ella estaba sola, acorralada entre la pared y el dragón.

El parentesco de la situación con lo sucedido el día de ayer le parecía sorprendente. En menos de dos días, ya había sido víctima de tres dragones.

Vaya suerte.

Cuando vió el naranja inundar el interior de su boca, creyó que estaba perdida.

Cerró los ojos, esperando su fin.

El último disparo se oyó.

Y ella seguía ahí.

Abrió los ojos; solo para ver a su mentor clavando su garfio en los dientes del dragón. Alejándolo lo más posible de ella.

-¡Vuelve a la cama salchicha con patas!- sin delicadeza arrojó al Gronckle a su jaula, y cerró la puerta tras de sí. Ni una gota de sudor por arrastrar tan increíble peso. A diferencia del resto de los chicos que por poco no se les salía el corazón del pecho.

En pocos segundos había frenado lo que ninguno de los reclutas pudo.

Y Hicca se arrepintió profundamente de haber querido lanzarlo al mar.

-Tendrás otra oportunidad, no te preocupes- dijo ayudándola a levantarse. La castaña aún se sentía mareada, y junto al repentino zumbido sonando en sus oídos no hacían una combinación muy favorable.

Sus piernas aun temblaban y con solo ver al resto supo que su condición no era mucho mejor.

Esa era su primera experiencia con un dragón.

Y el resultado no resultó acorde a sus expectativas. No había sido como esperaron.

Porque por primera vez se dieron cuenta de que con solo un error podía acabar todo.

Una realidad que ninguna persona quiere aceptar y la sufre lo quiera o no.

Esa es la derrota.

-Recuerden un dragón siempre…siempre…ataca para matar- sentenció saliendo del lugar. No había nada más que decir.

La clase había terminado.

Y el estadio se fue vaciando hasta solo quedar una persona.

La joven se ojos verdes que no dejaba de ver el destrozó de la pared, sin dejar de pensar que hubiera hecho esa explosión en ella.

Un dragón siempre ataca para matar.

Esas palabras se repetían y repetían en su cabeza.

Con la llegada de un rugido feroz y una mirada jade que la había perseguido toda la noche, empezó a temblar.

Y no, no era por miedo.

"¿Por qué tu no?"

Era por la curiosidad que en ella estaba surgiendo.

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LO TERMINE! GRACIAS A DIOS.

Pero primero y principal: No me maten! Les juro que no voy a abandonar la historia y lamento mucho la demora. No quiero que piensen que no me lo tomo en serio porque no es así. Les juro que no fue mi intención. Tengan piedad.

Es que en mi país estamos de vacaciones y...bueno... a mi familia se le ocurrió ir a visitar a mis abuelos en medio del campo.

Sin Internet.

Sin Wifi.

Sin Compu. Mi hermosa compu.

En serio disculpen. Y espero que este capitulo- el más largo que hice hasta ahora- los compense de alguna manera.

Hananosakura13: Perdón! Te juro que no fue mi intención hacerte esperar. Sinceramente, agradezco que hayas seguido tanto la historia como para quejarte porque no actualizo. Eso me pone muy feliz. Gracias. Y tus comentarios en serio me ponen de buen humor. Sinceramente, incluso yo noto cierta mejoría entre el primer capitulo y este y quiero saber si lo puedo hacer mejor. Así que, por favor, espero que sigas siguiendo este fic.

Estoy abierta a preguntas, criticas, peticiones y reviews.

Gracias por leer!