"¿Que estoy haciendo?"
Oculta entre las sombras de una casa, una joven castaña veía hacia todos lados esperando no encontrar ojos curiosos que la vigilen. La suerte le sonrío esta vez. O, mas bien, el sentido común pues nadie en su sano juicio andaría tan temprano a la madruga con la posibilidad de amenazantes bestias acechando su espalda.
Bueno…aparte de ella.
Pero ¿Por qué?
¿Por qué aún sabiendo eso seguía moviéndose ?
Sin razón alguna, se había despertado a penas el sol salió, tomó su cuaderno y se marchó. Y sí. Si estaba al tanto de que en tan solo unas cuantas horas para su entrenamiento.
Y no le importaba en lo absoluto.
Sabía las consecuencias. Era de esperar la decepción en los ojos de Bocón y ni hablar del discurso de su padre cuando se enterara de eso. Simplemente, sus pies se habían movido por su cuenta directo hacia el bosque.
Al lugar donde había visto al Furia Nocturna.
Donde esos ojos jades la miraron por primera vez.
Quizás ya se habría ido. Tal vez siguió su instinto y se fue. ¿Quién no lo haría teniendo un pueblo de vikingos yendo tras su cabeza? … ¿o tras haber sido capturado?
Aceleró el paso, sintiendo la emoción fluyendo en su cuerpo como un volcán en erupción. No frenó ni bajó su velocidad- pese a su nula resistencia física- hasta adentrarse en el oscuro bosque.
¿A quién quería engañar?
Sabía muy bien la razón por la que corría hacia allí con tal desenfreno. Lo sabía a la perfección. Se lo repetía constantemente mientras evitaba troncos chuecos y ramas.
Quería verlo.
Tan simple como eso.
"Vuelve"
"Aun estás a tiempo"
"No hagas nada estúpido"
Pero ya de nada servían los reproches de su consciencia. No cuando ante sus pies estaban los restos de la red con la que lo había capturado. Al ver el camino de escamas negras brillando sobre la tierra supo que era demasiado tarde.
No iba a retroceder ahora.
Tomó una de las pistas, maravillándose por lo suave que era. Su negro color le recordó vagamente al ala de un cuervo y al pasar una mano por el borde terminó cortándose. Una gota rojiza se deslizó por todo el largo de su dedo, inmediatamente se lo llevó a la boca.
Quién diría que algo tan pequeño cortaba como el filo de una espada.
No era una herida tan profunda. Trabajando en la herrería se había conseguido más cicatrices y quemaduras de las que podía contar.
Siguió el camino de hojas secas y brea, llenando sus oídos con el ruido de las ramas quebradas bajo sus pies. Hasta que llegó al final del camino.
Un montón de rocas.
Un pequeño tic apareció en su ojo izquierdo. ¿Era una broma? ¿Acaso se había saltado el entrenamiento por esto? ¿Un camino sin salida?
Estuvo a punto de dar media vuelta e irse, hasta que vió una pequeña luz filtrarse en ese montón de rocas. Había un pequeño espacio entre ellas, no muy grande ni muy pequeño. Perfecto para que ella pudiera pasar.
Tomó aire y tratando de hacerse más pequeña de lo que era se metió por ese estrecho espacio; sorprendiéndose por su profundidad pues lo que debería ser una rendija diminuta era un amplio túnel de unos cuantos metros de longitud.
Cada vez que avanzaba, la luz se hacía más intensa.
Y al fin pudo ver lo que se ocultaba tras ese muro de rocas.
Un extenso lago redondo, distintos peces nadaban por allí aunque su cantidad dejaba mucho que desear. Árboles que se prendían de la tierra con fuerza, llegando a ser bastante altos y a cubrir ese pequeño páramo de ojos curiosos. El canto de las aves resonaba en ese lugar, llenándolo de una paz que pocos serían capaces de explicar. Las aguas se agitaban levemente con la brisa matinal, provocando ondas en las nubes que se reflejaban en ellas.
Era un lugar precioso.
Un pequeño paraíso privado.
Y Hicca solo miraba decepcionada la última pieza del sendero que había seguido. Una escama casi tan grande como la palma de su mano era la última pista. Y no la había llevado a nada.
Ella sabía que las posibilidades de que el dragón permaneciera allí eran escazas y, aun así, la tristeza empaño su semblante. Sus ojos perdieron aquel destello encantador. La idea de no volverlo a ver, le revolvía el estómago y ni siquiera sabía porque.
Preocupada por un dragón.
Un dragón que intentó matarla.
No. Uno que no la mató.
Se estaba volviendo loca.
-Que estúpida- dijo, apretando resignada el pedazo de piel que tenía en su mano sana.
Y antes de que pudiera darse la vuelta, una sombra oscura pasó por encima del túnel con tal fuerza que la hizo caer. Espantándola por completo. Asomándose un poco por el hueco de salida, pudo ver un par de alas negras agitándose rápidamente y patas conocidas rasgando la piedra. Intentando aferrarse a ella con toda la fuerza de sus garras.
No duró mucho y la gravedad venció, la criatura de negras escamas bajó planeando directo hacia un costado del lugar. Soltando alaridos furiosos de vez en cuando.
No había notado a la chica que lo observaba con asombro.
Pero ella sí.
Una sonrisa se plasmó en todo el rostro de la castaña, sus ojos verdes volvieron a tener esa chispa.
Respirando entre jadeos y con el pulso desenfrenado solo fue capaz de pensar en una cosa.
"¡Lo encontré!"
El Furia Nocturna que había estado buscando.
Estuvo a punto de soltar un grito de victoria y, haciendo uso de la última pizca de buen juicio que le quedaba, se tapó la boca. Recordó quien era esa bestia quien trataba de trepar por las paredes.
Un dragón.
Un dragón de sentidos agudos.
Se ocultó entre rocas buscando estar más cerca y, sobretodo, evitar que la noté. Afortunadamente, no lo hizo. La suerte le sonrió por primera vez en mucho tiempo. Él estaba tan centrado en tratar de volar que ni se dio cuenta que ella estaba allí.
No tardó ni un segundo en sacar su cuaderno y su lápiz y se dispuso a hacer tantos trazos como pudiera. Delineo el lomo, las patas, la cabeza y la cola de vista superior. Un pequeño boceto que terminó segundos después de haber borrado los restos de carbón del papel.
Un profundo estrepito la hizo girar hacia el Furia Nocturna.
Era él cayendo de bruces al suelo.
Realmente su incapacidad para volar era notoria. No tenía patas heridas y sus alas estaban en perfecto estado. ¿Por qué no podía irse volando?
Eso pensaba ella.
Hasta que él se dio vuelta.
La chica ahogó un gemido entre sus manos.
En donde debería haber una cola negra y brillante, solo había una media pieza de su timón de escamas y piel. Solo tenía un ala inferior. Solo una. El resto era piel cortada que había cicatrizado.
Sus ojos se cristalizaron al ver que eso era su culpa.
¿De qué otra manera podría habérselo hecho? Si ella misma lo había hecho caer a metros de distancia del suelo con esa estúpida red.
Frustrada, trató de borrar con su manga la cola que no tenía. Sin darse cuenta que su lápiz había caído de su bolsillo.
A penas se percató de ello, intentó alcanzarlo.
Pero… ¡Ups! Demasiado tarde.
Ya había tocado tierra.
Y los ojos que hasta entonces no habían advertido su presencia, la miraban con atención.
"Hay dioses"
Sus piernas no le respondían. Su cuerpo entero estaba estático ante la mirada del dragón. Completamente petrificada, solo se quedó viendo a aquel ser que en cualquier momento podría saltar sobre ella y no darle la oportunidad de correr.
Ese es la cuestión.
No lo hizo.
Se quedó tendido en el suelo, expectante, observándola con intensidad. Alerta de cualquier movimiento pero sin ningún signo de querer atacar. Pero, quizás fue por tan solo un segundo, pero en esos ojos pudo distinguir un ápice de luz que no había visto antes.
La misma luz que brillaba en sus propios ojos.
La curiosidad.
En ese momento, las ganas de correr se esfumaron. Y con ello, todo lo demás.
Vikingos, dragones, entrenamiento, Bocón, su padre...
Todo se esfumó.
Eran ellos dos solamente. Ella y él. Ambos tambaleando en la cumbre del miedo y el interés. Era algo involuntario. Instintivo. Completamente desconocido para cualquiera de ellos y quienes los vieran.
Pero ninguno pudo desviar la mirada.
Hicca no paraba de pensar que era esto. Debía correr, tenía que correr, antes de que el dragón dejara de mostrarle clemencia. No estaba armada, salvo por la pequeña cuchilla que estaba en su bolsillo.
Un dragón siempre ataca para matar.
Esas palabras la sacaron de su propia ensoñación y, antes que pudiera notarlo, su mano ya estaba sujetando el mango del cuchillo.
Un gruñido feroz resonó entre las paredes de piedra y una bola de plasma estalló junto a ella. Asustada, la chica salió corriendo tan rápido como pudo. Aun con el sonido de su rugido zumbando en sus oídos y un grito reprimido en su garganta. Su pecho bajaba y subía al ritmo acelerado de su respiración, contrayendo sus pulmones a una velocidad casi inhumana.
No paró de correr hasta que estuvo en un lugar seguro. Ni siquiera se percató de que del cielo comenzaron a caer gotas cada vez más fuertes. La llovizna se convirtió en tormenta en unos cuantos segundos. Empapando por completo a la chica quien, con las manos en sus rodillas, trataba de recuperar el aire que había perdido sin importarle nada más.
Un relámpago se oyó a la distancia.
Para Hicca fue más bien el rugido bestial del Furia Nocturna.
El mismo que, nuevamente, la había dejado vivir.
¿Un dragón cuya puntería puede volar una casa a kilómetros de distancia falló en atinarle a una chica a corta distancia? ¿Cómo pudo fallar un blanco tan fácil?
Porque ni siquiera había intentado atinarle.
Él ni siquiera tenía pensado atacar.
Por lo menos no hasta que ella sacó el cuchillo.
No pudo evitar la culpa que sintió al recordarlo, llenando su boca de un agrio sabor.
"¿Qué acabo de hacer?"
Arrepentida, no pudo hacer otra cosa que dejar que la lluvia la empapara. ¿Por qué había hecho eso? ¿Por qué fue tan idiota?
"Por la misma razón que él"- le reprochó su consciencia- "Estabas asustada"
Esa era la verdad.
La única e irremplazable.
Porque desde el momento en que tuvo arma en mano, la cuchilla solo pudo reflejar una cosa.
Una niña inexperta sosteniendo un arma que no sabía usar.
Y una presa que solo buscaba huir.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAAN
LISTO! TERMINADO.
Se que es algo corto, es el más corto hasta ahora, pero tengo una muy buena razón para eso. Bueno, los capítulos cortos permiten una lectura rápida y dinámica (comprobado científicamente) y ,además, estoy por empezar las clases cofcofprisióncofcof y el tiempo que me exige es bastante grande y quiero actualizar todas las semanas hasta que termine la historia. Así que, podría decirse, que estoy obligada por las circunstancias.
Aunque si logro mi plan de irme a otro país antes de que empiece mi tortura sería otra historia.
En fin, se que este capitulo es algo diferente a lo que pasa en la película y quizás un poco triste. Conste que advertí que pondría mi toque personal en cada escena. Quiero que Hicca aprenda por experiencia lo que siente Chimuelo, quiero explotar más el sentimiento de culpa que Hiccup sintió cuando lo atrapó. Quiero hacerle entender el miedo que siente y que a los ojos del dragón, por lo menos en ese primer encuentro, ella es el cazador y él la presa. Amo los juegos de roles y este es uno de mis favoritos.
Vamos con mi parte favorita~ Los Reviews!
SakuraLi-Taisho: Sorpresa! Hubo continuación! Y va a seguir hasta que de por terminada esta historia. Así que vamos a ver hacia donde nos lleva esto, porque sinceramente no tengo ni idea. Me gusta dejar que la historia hable por si sola. Pero agradecería mucho tu opinión y crítica porque se que me queda mucho por mejorar.
HanaNoSakura13: En serio? Me alegro de que te haya gustado! Y, sinceramente, espero que este capitulo también te haya sorprendido. Y por supuesto que tengo la intención de terminar este fic y obviamente voy a seguir haciendo otros de HTYD. Como no hacerlo? Practicamente estoy enamorada de la historia y los personajes. Y todavía me queda leer los libros -_-. Bueno, espero que para ese momento sigas pendiente de lo que escribo. En serio me alegran todos los reviews que me mandan.
Gracias por leer bellos desconocidos!
Nos vemos la próxima!
