El ambiente de pronto se tornó demasiado pesado. La joven pecosa caminaba entre la lluvia con la cabeza gacha, perdida en sus pensamientos. Sus pies se hundían en el lodo con cada paso, dejando las huellas de la suela de su bota rápidamente borradas por el torrencial. Su cabello alborotado se encontraba ahora pegado a su rostro, una maraña de mechas mojadas que le obstruían la vista.

Tampoco es como si importara demasiado.

Caminaba sin siquiera pensar en la fuerte lluvia que caía sobre ella ni el frío que calaba sus huesos.

Como un barco siguiendo una dirección determinada, sin un timón que la guiará y solo un par de velas para fijar el curso.

Ausente y automático.

Estaba en blanco. Perdida en los acontecimientos del día. Tratando de unirlos para encontrar a una razón de su comportamiento.

El suyo y…el de él.

En sus oídos aun retumbaba el furioso rugido, que tantos habían tomado como un grito de guerra. No obstante, era más similar al alarido agonizante de un enfermo. Y esos ojos, grabados con fuego ardiente en sus retinas, no hacían más que erizarle más la piel.

Aun al estar a un par de kilómetros de distancia.

Sin darse cuenta, emprendió un camino silencioso hacia quien sabe dónde.

Grande fue su sorpresa al descubrir que se encontraba frente a las grandes puertas del Gran Comedor.

"Diablos" pensó resignada. Estuvo a punto de dar media vuelta e irse hacia su casa, esperando que las sabanas la tragaran pero el fuerte gruñido de su estómago le advirtió que no era prudente.

Y sin más abrió la puerta.

-Estoy muerta- susurró al ver como todas las miradas se clavaban en ella. En especial los jóvenes y el vikingo de una ceja sentados en la mesa más cercana.

A cada paso que daba, más eran las miradas juiciosas que se fijaban en la castaña. Salvo por los usuales bebedores que solo se concentraban en tratar de que su jarra no estuviera vacía de aquel licor dorado que tanto amaban. Si es que no se encontraban noqueados sobre las mesas por abusar de ese "regalo divino". Otros, simplemente, se limitaron a ignorarla mientras conversaban de viejas leyendas urbanas, sin darse cuenta de las espinas de salmón suspendidas en sus molares.

Solo otro ejemplo de la conducta poco educada de su comunidad.

Mojaba el piso al caminar. Su trenza casi desecha se derramaba en gotas al igual que un río fuera de su caudal. No se había dado cuenta de que tanto temblaba hasta que la abrazó la calidez de un espacio cerrado.

Tomó un plato con solo una pieza de pollo ante los vivaces ojos celestes de Bocón. Apenada, lo miró también articulando unas sinceras disculpas y él solo le devolvió una mirada de "hablaremos luego" con una severidad pocas veces vista en él. Y no solo él los gemelos y Patán se reían entre ellos, no había que ser muy inteligente para adivinar quién era el objetivo de esas burlas. Pudo notar como Patapez la miró unos segundos, para después desviar la vista hacia su humeante plato.

Su rostro se coloreó de vergüenza al ver la mirada gélida de Ash sobre ella. Sin pena, sin burla, sin nada. Solo una frialdad que sobrepasaba el nivel de un glaciar. Un desprecio contenido que no pudo tolerar.

De pronto la idea de correr hacia su casa bajo la lluvia y el estómago vació no le parecía mala idea.

Buscó una mesa vacía, lo más alejada posible de ese grupo de depredadores y lo más cercana al fuego.

Afortunadamente, encontró una en una esquina del comedor lo suficientemente alejada. Se acercó ahí tambaleándose como quien camina por la tabla. Sus rodillas temblaban demasiado y no dejaba de tiritar provocando el choque constante de sus dientes.

Pero estaba bien. Todo estaba bien. Solo tenía que comer e irse. Tan fácil como eso.

O eso fue lo que pensó.

Un pie se posó delante de ella, haciéndola tropezar.

Calló de cara al suelo, tirando la única pieza de pollo de su plato y golpeándose fuertemente la nariz. Risas estallaron en aquel salón cuan alarido de cuervo. Hicca alzó la mirada, encontrándose con los ojos burlones de Patán. En su rostro lucía una radiante sonrisa triunfadora, dejando entrever orgulloso sus dientes torcidos.

-Ups. Lo siento, no fue mi intención- dijo él en un tono de falsa pena muy poco creíble; más con esa cara de estúpido que nadie le borraba- Deberías tener más cuidado. No queremos que te lastimes.

Y ya está.

Esa fue la gota que derramó el vaso.

Sus ojos llenos de odio, se clavaron en el chico. Nunca en su vida había mirado a alguien de esa manera. No escucho nada. Ni los llamados de Bocón o las estrepitosas risas de sus compañeros. Ni siquiera la mirada azulada de su rubio compañero. Salió corriendo sin importarle nada más.

Volviendo a estar metida en aquel diluvio.

Y sus apresurados pasos no se detuvieron hasta cerrar de un portazo la puerta de su casa.

Dejándose caer hasta el suelo, al fin pudo sentir que podía respirar.

-Idiotas- fue lo que dijo mientras escondía su cabeza entre sus piernas. No sabía si se refería a los vikingos, a Patán o… a ella misma.

Sin darse cuenta, un líquido salino empezó a rodar por sus mejillas.

Y no…no era por la lluvia.

Con furia, se limpió las lágrimas. ¡Dioses! Seguro se veía patética con la cara roja y mojada, las ropas hechas un desastre y el cabello enmarañado en algo que ni siquiera podría llamarse trenza. Apuesto que hasta los bufones y borrachos del pueblo se veían mejor que ella.

¿Qué diría su padre ahora?

Una risa amarga se escapó de sus labios- Como si él estuviera aquí.

Y eso no era más que la verdad. La casa estaba silenciosa, quizás más de lo usual. Quizás nunca han mantenido una relación padre e hija decente pero eso no quitaba el hecho de que había empezado a extrañarlo. El sonido de la tinta en los pergaminos cuando hacia cuentas, su ceño fruncido por la concentración al afilar su hacha, como la leche del desayuno se le pegaba en el bigote, la forma estruendosa en que sorbía su sopa…eran cosas que se habían grabado en su memoria pese de carecer de cualquier tipo de charla amena.

Y no importaban las razones, cuando él no estaba no podía dejar de sentirse sola.

Y las posibilidades de no volver a verlo nunca empezaron a ser demasiado altas para ella. Estaba asustada. La idea de que no llegue gritando "Estoy aquí" como si hubiera ido de paseo en vez de una misión suicida y que en vez de él aparezca un extraño conocido con una mirada de lastima y un casco quemado en sus manos le aterrorizaba.

Porque ella sabía que terminaría preparando un funeral para el amanecer.

Decidida en no pensar más ese tipo de cosas -o, más bien, no pensar en nada más- fue a su habitación. Su nariz estaba empezando a picarle por los estornudos que querían salir y no estaba lista para quedarse todo el día en cama por un resfriado.

Bueno…si lo estaba. Pero apostaría lo que fuera que Bocón la arrastraría al entrenamiento con fiebre y todo aunque esta rayara los límites de una enfermedad terminal.

Se quitó sus ropas una a una y cambiándolas por una cómoda camisa azul que le llegaba hasta las rodillas, unos suaves pantalones de cordero y unas botas de piel. Viendo como las mangas cubrían completamente sus manos y el dobladillo del pantalón ya llevaba dos vueltas, se lamentó de ser tan pequeña. No es que quisiera ser musculosa y robusta como el resto de mujeres de la aldea solo que no despreciaba la idea de ser lo suficientemente grande para que la ropa le quedara bien.

¿Acaso era mucho pedir?

Ignorando ese hecho, volvió al salón y sentada frente al fuego empezó a cepillar su cabello. Hebra por hebra, fue desatando los nudos que se habían formado en aquel ajetreado día.

Aquel ajetreado día.

Las imágenes volvieron a colarse en su mente, azotándola con la fuerza de violentas olas.

El Furia nocturna herido.

Sus ojos clavados en ella.

Él reflejándose en sus bosques. Ella misma reflejándose en sus iris.

Ambos curiosos.

Ambos asustados.

Se preguntaba si aún seguía intentando salir de ahí, si sus garras estarían muy dañadas de tanto rasgar la piedra, si su cola estaba mejor. Debía estarlo ¿No? Los dragones sanan más rápido que los humanos. Las heridas que le provocó su ataque ya debían ser un recuerdo pasado.

Una risa sin humor salió de sus labios- Si, claro.

Las cicatrices no desaparecen tan rápido. No siendo de tal gravedad.

Y aun cuando ella era la única culpable ¿Por qué la había dejado vivir?

Confundida, desvió la vista hacia las delgadas llamas brillando sobre la madera. Perdiéndose en las extrañas figuras que danzaban sobre los leños. Hasta que pudo distinguir claramente la delineada figura de esas bestias en las que tanto pensaba.

Y unas nuevas palabras se clavaron en su mente.

Unas que hace mucho llevaban rondando por ahí.

Un dragón siempre ataca para matar.

En serio estaba empezando a dudar de la verdad tras esas palabras.

De repente, un sonido la alertó haciéndole pegar un pequeño saltito en su lugar. Era alguien tocando la puerta.

Se levantó de un salto dispuesta a abrirle al extraño- ¿Quién estaría tan loco para venir aquí con este tiempo?

Abrió la puerta

Ohh.

Un joven rubio y robusto, completamente mojado se hallaba en tras ella. Sus pieles todas mojadas, el cabello húmedo escapándose por el casco. Justo igual que ella hace unos momentos.

-Hola- dijo Patapez, con una sonrisa nerviosa en sus labios.

Y ella solo podía mirarlo confundida.

-¿Qué haces aquí?- soltó sin más, desconfiada del chico plantado frente a ella. ¿Quién diablos se movería de su casa con el cielo cayéndose a pedazos?- No es un buen momento para estar fuera de casa, créeme.

El muchacho se mordió el labio, había empezado a tiritar. Por suerte, el techo de madera y piel que había sobre la casa del jefe fue suficiente para cubrirlo… aunque sea un poco.

-Yo…lo sé…pero… yo… vi que no comiste nada y…bueno- dijo Para luego descruzar los brazos que mantenía sobre su pecho. Grande fue la sorpresa de la castaña al ver un pedazo de pan, queso y un puñado de nueces en sus manos.

Hicca abrió sus ojos como dos grandes platos ante el joven vikingo quien seguía con las manos extendidas hacia ella.

Titubeante, aceptó su ofrenda- Gracias- musitó dudosa.

Patapez asintió, sumiéndolos a los dos en un incómodo silencio.

No era que Patapez no le agradará. No odiaba a ninguno de los reclutas. Patán le irritaba de sobremanera pero sabía lo suficiente para conocer que ese sentimiento de rabia contenida no era odio. No era muy sociable ni simpática, nunca lo fue pese a intentar de todo para que la aceptaran. Hasta las más primitivas sociedades se regían por jerarquías y ella era una simple hormiga rodeada de leones. Sin importar cuantos chistes ingeniosos soltara o a quienes venciera con sus argumentos.

No a menos que llevará una enorme cabeza de dragón colgando sobre sus hombros.

Por eso, este gesto no era para ella nada más que desconcertante. Como si hubiera salido un día y viera que el cielo es verde.

Prácticamente, así se sentía.

-Puedo preguntarte algo- dijo ella, llamando la atención de su compañero- ¿Por qué estás haciendo esto?

Patapez bajó la mirada, incapaz de verla a los ojos- Yo, no lo sé. Quería que estuvieras bien. Sé que Patán puede ser algo…

-¿Imbécil? ¿Idiota? ¿Escoria? ¿Una plaga? - aclaró ella y ahora era el quien la miraba sorprendido. La pequeña esbozó una sonrisa incomoda- ¿me pasé?

Y ante todo pronóstico, el chico estalló en sonoras risas contagiando a la joven castaña.

-Exacto- asintió él. - No creo que yo lo hubiera dicho mejor.

-En todo caso, no te preocupes. Ya estoy acostumbrada.- dijo con una sonrisa apenada, desviando la mirada a sus pies y jugando con sus pulgares tras su espalda. Nunca ser la víctima fue algo para sentir orgullo. Jamás. Y reconocerlo era incluso más embarazoso.

Y el chico solo sonrió con tristeza brillando en sus verdes ojos- No eres la única.

Y el rostro apenado de Patapez le dijo todo, su situación no difería mucho de la suya. ¿Alguien que se basa de su intelecto para salir adelante con alguien como Patán? Difícil de creer. Debe ser difícil para él, ver como todos lo miran como un bicho raro cada vez que dice algo interesante. Un vikingo que no solo escupe barbaridades o amenazas sino que piensa antes de hablar y memoriza datos útiles.

Si no fuera por su fuerza ¿qué sería de él?

Hicca quiso decir algo pero las palabras no salían de su boca. Estaba sin habla, no había palabras ingeniosas o algún chiste recurrente que aliviara la presión que había en ella. Encerrarse en su propio mundo, pensar que era la única intimidada por imbéciles de esa calaña…suena algo demasiado egoísta.

Nunca hay solo una víctima. Todos tienen sus problemas con los que deben lidiar. Incluso Patán o su padre.

O el Furia nocturna escondido entre los árboles y la lluvia.

Patapez se río nervioso, invadido por la tensión- Yo creo que debería irme. Se está haciendo muy tarde y la lluvia está empeorando. ¡Ay! ¡Casi lo olvido!- y como si se le hubiera prendido el foco, de uno de los bolsillos de sus largo abrigo de piel de oso sacó un libro y se lo tendió a la chica quien veía curiosa el encuadernado de cuero.

"En algún lado lo he visto" pensó mientras depositaba la comida a un costado de la mesa junto a la puerta y tomaba el libro que él le ofrecía.

-Es el libro de dragones, contiene todos los datos que los vikingos pudieron reunir de los dragones a través de los años. Bueno, en realidad fue creado por Bork el Bravo. Pobre hombre, aun me cuesta creer que haya habido alguien con tan mala suerte.- dijo él dándole a entender de lo que en verdad tenía en sus manos.

Delicadamente, pasó los dedos por el dibujo de dragón delineando con ellos la figura en espiral. Como si eso no fuera suficientemente descriptivo- Si, creo que Bocón me lo mencionó un par de veces.

La sonrisa del chico se agrandó y de sus ojos empezó a destilar un extraño brillo mismo que el de un niño al regalarle un juguete que quería- Ya me lo imaginaba, él es uno de sus descendientes. ¡Es increíble! ¡Tiene todas las especies conocidas hasta ahora! Hay un dragón que puede camuflarse, otro puede lanzarte agua hirviente a los ojos. Y hay otro que no tiene piel ni carne…. ¡Es solo huesos!

Hicca sonrió, soltando una ligera risa tiempo después.

Realmente debió leerlo más de una vez para acordarse eso.

Ese chico era realmente interesante.

-Está bien. Lo leeré.- afirmó ella, abrazando el grueso libro contra su pecho, sintiendo el grosor de las páginas por todo el conocimiento acumulado. Aunque seguramente serían pocos los que lo leyeron alguna vez.

-Bien…Creo que debería irme- dijo y se encaminó de nuevo al potente torrencial que no había cesado ni un segundo desde que llegó.

Y antes de que pudiera pensarlo, unas palabras brotaron de la chica- ¡Espera!- el chico se dio la vuelta, encontrándose con la dulce sonrisa de la castaña- Muchas gracias, Patapez. Fue muy dulce lo que hiciste.

Y musitando un ligero "no hay de que" se perdió de nuevo entre las gotas de lluvia. Corriendo para llegar a salvo a su casa y dormir en las suaves y mullidas mantas de su cama. Y recordando con una sonrisa lo que hizo el día de hoy y recitando los capítulos de su libro favorito en un perfecto orden.

Realmente… era muy amable.

Aun con una sonrisa latente en sus labios, tomó de nuevo la comida y la llevó a la mesa. Se estaba muriendo de hambre y el olor a queso no ayudaba mucho a que su estómago dejara de rugir. Después de todo, no había probado bocado en todo en lo que llevaba de día.

¿Podrían culparla de haberse terminado todo después de unos minutos?

Había que agradecer que no había heredado el apetito voraz de su padre. Se contentaba solamente con un cuarto de ración que una persona normal de su aldea consumía.

Completamente satisfecha, se echó en la silla. Sintiendo las hebras de su, ahora seco, cabello provocando cosquillas en sus mejillas.

Y su vista, inevitablemente, se unió con la de aquel libro que nunca había tocado en su vida.

La imagen del dragón danzaba en la tapa, invitándola a sumergirse en sus gruesas páginas.

La curiosidad la guío y antes de que pudiera darse cuenta ya se encontraba encendiendo velas con el enorme libro en el centro de la mesa.

Sin dudarlo, lo abrió. Sorprendiéndose de su buen estado. Las páginas eran amarillentas y rígidas pero aun así podía pasar de una en una sin que ni una sola se rompiera. Patapez debía adorar ese libro para que siguiera manteniendo tan buen aspecto pese a ser tan antiguo.

No se extrañó para nada al ver que el libro carecía de introducción o índice. La manera de promocionar el conocimiento de los vikingos era demasiado directa y poco didáctica.

La primera página era solo una imagen de un dragón, sus filosos dientes mostrándose en su boca anormalmente abierta, igual que un enorme hoyo, y una cola llena de espinas era lo que constituía el resto del cuerpo. Dos pares de alas se veían en su parte superior, cerca de los ojos. En la parte de arriba, grande y con tinta negra se leía "Trueno tambor" junto a miles de anotaciones en los márgenes y todo lo que no fuera cubierto por dibujos detallados de gente siendo asesinada brutalmente por ese dragón.

Y en la parte inferior se podía leer: En extremo peligroso. Tirar a matar.

Como si la grotesca caricatura del vikingo sin cabeza no hubiera sido suficientemente demostrativo.

Hoja a hoja. Dragón por dragón. Distintas proporciones, distintos ataques, distintos hábitats y distintos regímenes alimenticios. Tantas especies que jamás había visto. Tan diferentes entre sí.

Pero siempre había una frase que se repetía.

Sin excepción.

Extremadamente peligroso.

Tirar a matar.

Hasta que llegó a la última página del libro.

Y justo ahí, en letra grande y clara, junto a una imagen en blanco, podía leerse las palabras que Hicca había querido evitar.

Furia nocturna

Rapidez: desconocida

Tamaño: desconocido

La cría maligna del relámpago y la muerte misma.

Tu única salida…esconderte e implorar que no te encuentre

Nunca enfrentar a este dragón

Y en aquella imagen vacía, tiró su cuaderno. Y el esbozo que había hecho en la mañana ocupaba la página.

Pero era un dibujo inútil.

No importaba si lo detallara o lo pintara.

Nunca encajaría con esa descripción.

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Lo terminé! Aleluya! Mil perdones gente, lamento haberme tardado tanto. mi hermana acaba de cumplir 15 y bueno...los preparativos y el estrés me sacaron de mis casillas- y me terminan dejando casi calva, por cierto-.

Que opinan de este capitulo? Primero y principal: traten de no shippear a Patapez y a Hicca, no es la intención del fic. Este es un Hiccstrid GB y será eso eternamente. Amo a Patapez, aunque me irrita un poco su forma de ser, y no me parece del tipo de idiota que lastimaría a alguien solo porque es diferente, así que quise darle un poco más de protagonismo. Pero quiero aclarar que su relación con Hicca va a ser solo fraternal.

FRATERNAL

Solo eso.

Reviews:

SakuraLi-Taisho: Me encanta que te guste! Y créeme, ni yo conozco lo que va a pasar. Solo invento a medida que escribo y trato de adaptar la historia a Hicca. Se me complica a veces pero te puedo asegurar algo...va a ser algo familiar y a la vez algo que no vas a esperarte. Asi que no me abandones pese a mi tardanza.

HananoSakura13: Voy a tener en cuenta eso de los libros, aunque debo leerlos para juzgarlos por mi cuenta. Siempre creí que se puede sacar cosas buenas de algo terrible. Quizás no se compare con las peliculas pero tengo confianza en que algo interesante debe haber ahí. Y también coincido en la relación Hiccup-Chimuelo. No creo en la relación ama-mascota, creo en el compañerismo y la fraternidad que ambos desarrollan en todas sus peliculas y quiero tratar de plasmarlo en este fic. Gracias por tu opinión, en serio la valoro.

Atentamente JinxMz.

Gracias por leer!

Y no me maten en sus mentes, por favor.