Declaimer: los personajes no me pertenecen
Está bien. Quizás esta no era una de sus mejores ideas.
Cargada con un escudo y un pez, yendo directamente a la guarida de la bestia. Un hecho demasiado ridículo como para ser creíble.
Pero ahí estaba, de nuevo persiguiendo sus huellas a través de la maleza. El escudo seguía pesando como siempre y el asqueroso aroma a "recién pescado" tampoco ayudaba mucho. Gracias a los dioses solo tuvo que sacar uno de un balde de reservas en vez de atraparlo con sus manos. No toleraba verlos retorcerse como gusanos una vez fuera del agua.
Las ramas crujían bajo sus pies, sus ojos enfocaban el camino tratado de ver si ese era la dirección correcta. No se equivocó ni una vez. Había recorrido demasiado el mismo sendero como para eso. Fácilmente podría llegar con los ojos cerrados.
Sus pasos se apresuraron cuando vio la entrada del túnel. Tan estrecha como la recordaba.
Y ahí estaba.
El hermoso lago custodiado por piedra y follaje. La luz de la tarde se reflejaba sobre el agua meciéndose suavemente por el viento.
Un gemido de dolor se escapó de sus labios.
-Mierda- soltó por lo bajo, viendo como su escudo se trababa en la entrada. Su brazo había dado un tirón increíble. Ni tirando con todas sus fuerzas había logrado sacarlo, dejando de intentarlo solo unos segundos después.
Soltó un suspiro. Quizás era mejor así.
Sin dudarlo, bajó la enorme escalera de piedra (si es que podía llamarse así), procurando acallar al mínimo el ruido de sus pisadas. Y de paso no resbalar por el moho adherido a la superficie rocosa.
Su corazón se agitó al sentir la tierra húmeda y pudo asegurar que hasta el pez en el más allá sintió su rápido latir. Como un tamborileo constante y asfixiante que rozaba las fibras de sus intestinos.
Miró a su alrededor, caminando con cautela.
Y el mismo silencio la llenó, poniéndola alerta. El Furia Nocturna no se fue, no podía. Pero ni agudizando sus sentidos, lo que más podría permitirse, podía encontrar un sonido entre la maleza.
O eso fue lo que pensó antes de darse la vuelta.
Porque esos ojos verdes estaban justo detrás de ella.
Su respiración se cortó mientras veía como se acercaba, poco a poco, sacando a relucir las filosas filas de dientes. Acechándola como si fuera a saltar sobre ella de un momento a otro. Tragó en seco, quizás si era así.
"Tranquila. Todo está bien" se decía a sí misma para darse ánimos, apretando la piel escamosa del pez en su mano.
-Hola amiguito…te…te…traje algo- y se lo extendió tambaleante. Su corazón se paró al ver como se acercaba, abriendo la boca para tomar el regalo. Pero se alejó gruñendo sin siquiera tocarlo.
Hicca suspiró. Lo tenía merecido. La poca confianza que se había ganado la perdió. Pero, aun así, no podía evitar sentirse dolida al ver las pupilas afiladas clavadas en su persona. La misma que le perseguía todas las noches y le robaba el sueño. Con tanta desconfianza, con tanto miedo; como si fuera el ser más vil que hubiera visto.
Quizá sí lo era.
Pero, aunque se lo mereciera, aunque no haya hecho otra cosa que lastimarlo…no quería seguir viendo esa mirada en esos ojos.
Y así…todo dejó de importar.
Su mano dejó de temblar, su dulce rostro adoptó una forma que se había visto pocas veces en ella.
Determinación.
Y sin dudarlo, tomó el cuchillo escondido en su cinturón viendo como el dragón se tensaba y gruñía con fiereza. Lo había reconocido. Era el mismo que había usado en su segundo encuentro. Se tragó el nudo atorado en su garganta y lo arrojó al agua, dejando que se hundiera hasta el fondo y con ello toda oportunidad de defenderse.
No tenía nada. Ni escudo. Ni arma. Las enseñanzas de Bocón se habían perdido en algún lugar de su psique.
De alguna forma, se sintió liberada.
Y cuando lo vio, sus ojos se ampliaron por la sorpresa.
El dragón ya no estaba acechando, su postura se había relajado sentándose en el suelo y moviendo su cola animadamente de un lado a otro. Las pequeñas orejas y lo que pudo reconocer como un par de cuernos se movían y saltaban como orejitas de conejo. Sus pupilas ya no estaban afiladas sino grandes y redondas, sobresaliendo del brillante verdor, mirándola expectante. Pudo distinguir un ligero brillo que delataba su curiosidad. Hicca nunca había visto unos ojos tan grandes.
Era…adorable.
Una ola de ternura la invadió, provocando que las comisuras de sus labios se alzaran en una tierna sonrisa.- En realidad no eres tan malo ¿verdad?- y le extendió de nuevo el pescado, sintiéndose orgullosa de como este se acercaba sin bacilar tanto. Abriendo sus fauces para tomar el alimento.
Los ojos de la castaña se abrieron como platos al ver la rosada boca sin incisivos.- ¿Eres chimuelo? Que extraño podría jurar que tenías…
La imagen de unos dientes saliendo de las encías vacías la desconcertaron con tal fuerza que pudo haber perdido la voz. Viendo como prácticamente devoraba el pobre animal.
-Supongo que retiro lo dicho- dijo ella, con sus manos húmedas y apestosas por llevar esa maldita cosa.
Pegó un salto al ver como este se acercaba, un susto tan intenso que la hizo tropezar con sus propios pies y quedarse acorralada entre la espada y la pared, mas bien entre esos jade y la piedra.
¡¿Acaso siempre iba a terminar así?!
-Yo…perdona…no tengo…más- boqueó sin pensarlo, volviendo a temblar bajo su mirada afilada.
Sip. Toda su seguridad se fue por el caño.
Escuchando las vibraciones de su garganta, graves gruñidos que apenas se oían, cerró los ojos. Esperando no sentir la furiosa entrada de los dientes en su carne.
Pero no hubo necesidad, porque los gruñidos se volvieron un sonido gutural. Como si se estuviera asfixiando con un rinoceronte.
Al abrir los ojos, encontró su ofrenda de paz recién regurgitada en su regazo.
Palideció. Incluso pudo sentir como el alma se le escapaba por la boca.
Y las ganas de vomitar empezaron a trepar por su garganta.
-¿Yo…tengo que…?- y el dragón asintió, como si realmente entendiera lo que decía. Lo cual no lo hacía mejor. Tragó en seco, perdiendo la voz con cada palabra- ¿crudo?
Y breve cabeceo le indicó que sí. Sintió que moría. La cola escamosa (porque eso era lo único que quedaba del pobre pez) estaba sobre ella, intacta, con la carne rosada y el hueso del esqueleto al descubierto.
Y la criatura de alas negras no hacía más que verla expectante.
Soltó un suspiro, los dioses la odiaban.
Lo tomó entre sus manos, y antes de darse un segundo para pensar (o sentir más de lo necesario la saliva maloliente que cubría la piel muerta), lo mordió. Aguantándose todas las náuseas que eso le provocó.
"Asco, asco, asco, asco" se repetía mentalmente, llenando sus mejillas de aquel sabor asqueroso de pez crudo y saliva de dragón. Nada grato para sus papilas gustativas.
Se aguantó las ganas de escupirlo y volteó a ver al dragón, aún con su vista clavada en ella. No mostraba estar conforme, pues aún seguía mirándola con esa expresión de "¿Qué estás esperando?"
Hicca casi suelta un grito de desesperación pero lo aguantó, al igual que aguantó las náuseas al sentir el pescado bajar por su garganta. Escalofríos recorrieron su espina, era demasiado asqueroso. ¿Cómo es que ellos podían devorar trillones y trillones de esa carne cruda?
No obstante, con la cara descompuesta de tanto aguantarse el mal sabor de boca, le sonrió, haciéndole ver las espinas entre sus dientes pero ni un solo pedazo de la cruda carne.
Y levantó sus cejas sorprendida al ver como este intentaba imitarla. Una sonrisa tambaleante y chimuela, como la de un viejito.
Aun así le parecía tierno.
Se paró lentamente, su mano picaba por las ansias de acariciarlo. ¿Sería suave? ¿Rasposo? La curiosidad la embargaba. Quería tocar esas escamas brillantes y hermosas.
¿Acaso…podría?
Pero abusó de su suerte. Porque nada es tan fácil.
De inmediato, el dragón pasó de tener un aspecto dócil al fiero depredador. Sus colmillos salieron de su boca y sus pupilas afiladas nuevamente se fijaron en ella. Un gruñido amenazador brotó de su garganta.
A Hicca no le quedó otra más que bajar la mano y ver como se alejaba de ella.
-¿En qué estás pensando?- se reprochó, golpeándose la cabeza con la palma. Tratando de que su idiotez se le escapara por las orejas ¿En serio pensaba que iba a ser tan sencillo? ¿Darle un pez y esperar a estar en buenos términos?
¡Le cortó la cola por amor a Odín! Debía agradecer el estar viva para ver otro amanecer.
-Pero no me echó.
Un hecho que no podía negar.
Una revelación que le devolvió un poco de seguridad.
Nunca lo hizo. No la espantó ni le disparó hasta que se fuera. Estaba ahí, a varios metros de distancia, descansando en un círculo hecho de su propio plasma. Tratando de poner distancia entre los dos, sin llegar a alejarla por completo. Mostrándose desinteresado, retorciéndose sobre sí mismo para descansar como una serpiente, con la guardia alta pero nunca llegar al punto de mostrarse violento.
Más de diez minutos llevaba allí.
Y ni un solo pelo le había tocado.
Bufó por lo bajo- Cómo si lo hubiera hecho alguna vez
Más segura, avanzó; tratando de ver el rostro escondido detrás de las alas oscuras. Mas ni siquiera pudo llegar a acortar demasiado la distancia que los separaba, una mirada de advertencia se alzó por entre esa negra cortina.
La castaña se quedó estática.
Quizás no debería abusar tanto de su buena fortuna.
Resignada, se sentó en la roca donde hace unos momentos había estado acorralada. Dejando que el aire puro inundara sus pulmones. No se oía nada más que su propia respiración y el dulce susurro de las hojas. Una calma que no tenía hace demasiado tiempo, tan extraño como placentero. Mirando el cielo, viendo las nubes pasar. ¿Hace cuánto no se tomaba un tiempo para hacer eso?
Y en el sol que se veía por sobre los árboles, pudo ver el rostro de su padre.
La calma se evaporó tan pronto como llegó.
Un nudo se instaló en su garganta. ¿Cómo estaría él? ¿El viaje habrá tenido complicaciones? ¿Estaría bien? Quiso reírse por la estúpida pregunta, no existió ni existirá nunca un viaje tripulado por vikingos que no haya resultado en problemas.
Problemas que se debían principalmente por el afán de buscarlos. Corriendo directo hacia el ojo de la tormenta, un peligro inminente. Ciegos, sordos, mudos. Nada más que los feroces gritos y el batir de las armas.
Un escalofrío la inundo al recordar la cantidad de búsquedas que habían sido encabezadas por su padre. No había nadie que saliera ileso. Se iban con cien y volvían con cincuenta. Heridos o muertos, eso era a lo que se remitía.
Y siempre volver sin ningún resultado.
Era un honor morir solo por la causa, aún sin volver con el botín.
Pero… ¿valía la pena?
Su mirada se dirigió al lago. Viendo su silueta reflejada en el agua. Los largos cabellos castaños meciéndose en una trenza desprolija. Y en el fondo, el cuchillo que ella misma había arrojado.
Un dragón siempre ataca para matar.
Y la voz irónica de Bocón fue cambiada por la dura y gruesa voz de Estoico. De saber lo que había hecho ni siquiera la miraría a la cara. Le resultaba difícil saber cómo reaccionaría. Pensándolo mejor, no quería saberlo.
Decidida a apartar esos pensamientos de su mente, tomó su cuaderno de dentro del bolsillo interno de su chaleco y el lápiz recién afilado. Lo abrió en una página en blanco y empezó a trazar los contornos del rostro del dragón. Delineando sus rasgos, pasando suavemente la mina por el material lizo. Los apéndices a los costados de su cabeza y las singulares orejas que se movían ligeramente, las escamas negras y brillantes, con el hocico cerrado y enormes ojos que parecían mirarla solo a ella. Atravesando el papel pero sin llegar a capturar por completo ese delicado resplandor que se veía en ellos.
El mejor dibujo que había hecho.
Pintando el negro de sus pupilas, pegó un respingo al sentir una exhalación rozar la piel de su cuello.
Se dio vuelta, era el Furia Nocturna examinando con ojo curioso su retrato. Identificándose en él al instante.
¿En qué momento se movió?
-¿Te gusta?- dijo, mostrándoselo mejor y procurando que las hebras castañas no obstaculizaran su visión.
Mas, antes de que pudiera darse cuenta, él se había ido de su lado. De seguro la expresión de su rostro no tuvo nombre al velo arrancar un árbol, algo demasiado fino con las ramas provistas de hojas y raíces colgando como cabellos.
Empezando a rastrillar el suelo con las ramas bajo la extraña mirada de la chica,
-¿Acaso estas…?- no pudo terminar la frase, los ojos verdes del dragón se fijaron en ella volviendo a centrar su vista en el suelo tan solo unos segundos después. Hicca quiso reír, realmente parecía estar bailando más que dibujando. Arañando el suelo con la madera, dando vueltas y vueltas a su alrededor y viéndola tratando de imitar su rostro la tierra.
Pero cuando vio que había terminado (tirando el tronco hueco a quien sabe dónde), solo pudo distinguir garabatos indescifrables.
Y sonrió.
Sonrió como no lo había hecho en mucho tiempo.
Hipnotizada por el delicado halo angelical que revestía la negra cabeza. Sentado como un perrito, moviendo su cola alegremente y con unos ojos preguntándole lo mismo que ella. No hacían falta palabras. Una mirada bastaba. Quizás eso era lo más curioso.
Caminó hacia él casi desgarrándose el labio con los dientes al ver como este nuevamente gruñía.
Su error, pisó una línea. Mismo capricho de un niño que no le gustaba que aplastaran su castillo de arena. Rodó los ojos, y prestó más atención. Cuidando sus pasos, bailando ella también. Recorriendo el mismo sendero hecho por él. Sin tocar su obra de arte.
Y llegó al final del camino.
Un viento cálido acarició sus cabellos.
Pero no, no era el viento. Y esa no era la sombra de una nube que merodeaba por ahí, a punto de condensar.
Miró hacia arriba. Encontrándose con los ojos jades que no habían dejado de mirarla ni por un instante. Viendo como su delgada figura se reflejaba en sus cuencas.
Respirando al compás de su ritmo cardíaco, se dio vuelta. Centímetros era lo que los separaban. Se maravilló con su altura. Algo pequeño para ser un dragón y aún le llevaba como dos o tres cabezas.
Puff, quizás eso era ser demasiado optimista.
Tragó en seco, extendiendo su mano, intentando tocarlo. Asustada al ver que este gruñía con solo verla cerca.
La tristeza la embargó. Aún no confiaba en ella.
Rendida, agachó la cabeza. El definitivamente no se atrevería a dejarse tocar. No por ella. No después de lo que hizo.
Pero, antes de que pudiera retirar su mano, sintió algo. Una sensación cálida y confortable. Rasposa y suave a la vez, que abarcaba toda su palma o más.
Levantó la mirada.
Y lo vio.
Su hocico apoyado en su mano, con los ojos cerrados consciente de que aún con todas las posibilidades de atacarlo, no lo haría. Hicca estaba maravillada, sintiendo el tacto de las escamas, tan frías y rasposas como lo eran de suaves y cálidas. El pulso de su muñeca rozando su exhalación.
Había bajado la guardia.
Estaba ahí con ella.
Pudo haber durado tan solo unos minutos pero fue más que suficiente. Porque ella lo sabía, aunque pasaran mil años nunca olvidaría esa sensación.
El sentimiento de calidez que la embargó desde que sus miradas se cruzaron por primera vez.
Y cuando se retiró, yendo hacia el lado contrario en el que ella estaba. Se llevó una mano al pecho, escuchando su ritmo cardiaco bombeando su sangre rápidamente.
El momento duró poco.
Pero fueron segundos encerrados en una eternidad.
-Gracias- susurró, casi sin ser escuchada. Pero ella sabía que la oyó. Estaba completamente segura.
Tan segura de que haber arrojado ese cuchillo, era la mejor decisión de su vida.
Porque aunque ella no lo supiera en ese entonces, ese era el inicio de una larga historia. Algo grande. Completamente nuevo. Lo más maravilloso que sus ojos habrán visto. Esa calidez se encargaría de recordárselo por el resto de su vida.
-Con que chimuelo…- musitó ella, apretando su mano contra su corazón. Sonriendo, mirando al furia nocturna como si fuera la primera vez. Y su boca soltó un suspiro que se lo llevó el viento:- Toothless
La mejor aventura jamás escrita.
Estoy viva damas y caballeros, lista y presente para seguir con esta historia. No voy a darles excusas, no tengo derecho. Así que solo optaré por pedir perdón. Lamento haberles hecho esperar pero volví y con un nuevo capitulo que, según mi opinión, pudo haber salido mejor. Ustedes ya saben que quiero explotar el sentimiento de culpa de nuestra protagonista y siento que no logré canalizarlo por completo en este capítulo. En el siguiente ya tengo algunas cosas interesantes planeadas.
Intrigados? Y que tal si les digo que como gesto de disculpa voy a hacer un especial de la perspectiva de Estoico en su viaje? Porque todos estamos extrañando al barbudo.
Algún interesado?
Como siempre, gritos, criticas, amenazas de muerte y balazos imaginarios son bien recibidos. Al igual que las felicitaciones inmerecidas.
Agradezco a los que siguen acá pese a todos, a los fantasmitas y los fieles comentarios que nunca me decepcionan.
Y hablando de esos comentarios:
SakuraLi-Taisho: Guau! Creo que ahora si te debo dar razones para quejarte. Me disculpo con toda la sinceridad que soy capaz de dar (estoy hablando de ese puntito blanco que debe estar por algún lado). Y si, tenés razón. Son bastante molestos. Ya varias veces pensé en comprar un bozal y una linda correita pero probablemente me demandarían por abuso infantil así que... está descartado. Es trabajo, no puedo negarme. Y si, todos somos víctimas de esas miradas de cachorrito. No existe quien se salve. Solo queda decir huye mientras puedas. Espero que te haya gustado el capitulo, aunque probablemente no sea uno de los mejores y gracias por seguir acá.
Hana No Lotus Black: como siempre es un placer tenerte acá. No hay de que y espero que te haya gustado este pobre intento de capitulo. Y sigo encantada de juzgar tu escritura que, en mi opinión, no es para nada mala. Quiero seguir leyendo tu fic así que seguí escribiendo por favor.
Gracias a todos los que llegaron hasta acá. Sigamos juntos en esto.
