Con Lilli en mi hombro y recibiendo nuevos aires de energía, abandonamos el cementerio para dirigirnos a mi casa.

De camino, Lilli veía el pueblo y lo observaba a detalle, entusiasmada, es la primera vez en 5 años que no lo veía ya que se quedaba siempre en el cementerio.

Llegamos a mi casa, se la presente a Lilli dándole un pequeño tour por esta que termino demasiado rápido debido al poco tamaño que tenía esta, así que nos pusimos a jugar en el jardín, en espera a que mi mamá llegase aunque, aún era muy temprano.

Descubrí los movimientos de combate de Lilli conocía, eran Somnífero, Energíbola, Desarrollo y Drenadoras.

Pasó 1 hora y ya era medio día hasta que mi mamá llego de trabajar.

-¡Oh!, estás aquí afuera, ¿que haces? -preguntó mi mamá curiosa.

-Pues... -mencione mirando hacia unas flores pequeñas frente a mi de donde salió Lilli.

- ¿Quién es esa Petilil? -preguntó mi mamá sin poner la suficiente atención.

-Tu la conoces mejor que yo. -insinué para que mamá pensará más en ello.

El gesto de seriedad de mi mamá se hizo presente y se quedo así de inmóvil por 5 segundos, al parecer porque los recuerdos de ella sobre mi abuela y Lilli estaban volviendo al ver la inocente sonrisa de Lilli, y ella no pudo evitar derramar una lágrima.

-Lilli, ¿en serio eres tú? -preguntó casi a punto de llorar.

Lilli respondió con una gran sonrisa y se acercó corriendo a abrazarla, lo que hizo que mi mamá llorara en silencio.

-¿Dónde la encontraste? -me preguntó mientras seguía abrazando a Lilli y contenía su llanto.

-Estaba en la lápida de mi abuela, me distraje un momento y cuando voltee estaba ahí- Le respondí.

Mi mamá dejó de abrazar a Lilli para poder acariciarla.

-¿Sabes? Estos 5 años siempre pasaba a través del sendero principal del bosque, para ver si acaso lograba encontrarme con Lilli pero jamás vi un Petilil desde entonces. -comento mientras seguía acariciando a Lilli.

-Vivía en el cementerio, en su pokebola que estaba semi enterrada en la tierra. -le comenté.

-Lilli y tu abuela eran muy unidas, hacían todo juntas. -respondió con nostalgia.

Yo guarde silencio para que me contara más cosas de mi abuela que quizás desconozca.

-Ellas 2 nunca se separaban, hacían todo juntas, hacer la comida, limpiar la casa, regar las plantas, todo. Lilli fue la amiga que tu abuela nunca tuvo, ella solía ser muy solitaria, solo salía de casa para ir de compras... Me alegra saber que Lilli sentía lo mismo por su dueña. -comentó mientras aún derramaba lágrimas.

Yo ya me empezaba a sentir incómodo, como si fuese a punto de derramar una lágrima también.

-Mientras estábamos allá, sentí que mi abuela me dio el visto bueno para cuidar de Lilli, y ya lo decidí. -le comenté enérgico.

-¿El qué? -preguntó.

-¡Me haré entrenador Pokémon! -exclamé.

Lilli se alegro mucho al comentárselo a mamá, lo cual me indico a mi mamá y a mi, que ella estaba de acuerdo con mi decisión.

Un pequeño silencio baño el ambiente pero pronto mi mamá rompería el susodicho silencio.

-¿Estás seguro? -me preguntó con un tono retador, mejorando su animo.

¡Si! -le respondí seguro de mi mismo.

-Ja, ¿sabes? Tenía un discurso qué prepare hace 2 años, siempre supe que llegaría el día en el que te decidieras a convertirte en Entrenador y viajarás por el mundo, aunque nunca imaginé que lo harías junto a Lilli. Bueno, vayamos a mi trabajo, el centro de despacho de abastos, ya no debe de haber mucha gente.

El clima es muy soleado aún, sigue sin haber nubes al rededor, una suave brisa nos acariciaba el cuerpo, Lilli viajaba en mi hombro derecho y mi mamá caminaba frente mío.

Algunas personas saludaban a Mamá, ya que ella es dueña del mercado local y los tenderos la conocen, todos ignoraban la presencia de Lilli, como si fuese normal que un Pokémon extranjero este viajando encima de quien nunca había querido ser entrenador.

Llegamos al centro de despacho de abastos en cuestión de minutos.

El lugar era muy espacioso y las orillas del lugar estaban llenas de cajas, pero ese almacén era demasiado grande de todas maneras, había mucho espacio libre.

Unos trabajadores registraban datos en unas tablas mientras desviaban su atención hacia nosotros ya que se notó que entramos al edificio.

-Bueno, siempre hay gente trabajando aquí, al parecer. -mencionó mientras saludaba a los trabajadores con la mano.

Me llevó a una de las puertas del lado Este del almacén.

Accedimos a un área abierta, a la que solo se podía acceder desde esa puerta.

Era una arena de combate, el terreno de este era de tierra, igual que todo el suelo, tenia dibujado con pintura blanca una Pokebola rodeada de un rectángulo vertical el cual delimitaba el espacio destinado a los combates.

En las orillas del espacio estaban las gradas.

Al fondo del amplio espacio, había un pequeño cuarto del cual salieron algunos guardias, los cuales se mantenían al margen, ellos ya sabían lo que estaba a punto de iniciar.

-¿Quieres que tengamos un combate? -pregunte algo incrédulo.

-Así es, hace mucho que no tengo un combate en forma, no seré especialmente fuerte pero por ser la jefa de acá, nadie quiere un combate contra mi. -dijo con un tono leve de risa.

Yo la miraba solamente, algo serio pero sorprendido, no me esperaba que me retará al momento, pensé que me dejaría mejorar para luego enfrentarla pero, las cosas no fueron así.

-Supongo que lo sabes, pero para dar comienzo, cada quien debe estar en las esquinas de la cancha llamadas cargas ubicada en los extremos este y oeste de la cancha.

Mi madre se dirigió a la más lejana de nosotros estando casi al otro extremo del terreno y yo solo di unos paso para ponerme en posición.

-Mi Pokémon será... ¡Machop! -exclamó mientras de su bolsillo trasero sacaba una pequeña esfera con un botón, al presionar dicho botón, la esfera se agrandó y se dispuso a lanzarla al aire. -¡Adelante Machop! - gritó con emoción mientras por fin lanzo la pokebola.

De la esfera salió un gran brillo color blanco con destellos leves azules y de estos emergió el susodicho Pokémon, Machop, quien se veía lleno de energía y listo para el combate, mientras dio un leve volteo de cabeza hacia su entrenadora con una mirada de confianza.

-¡Lilli, adelante tu puedes! -le dije con emoción a su rostro, así que ella saltó de este y se coloco unos pasos enfrente de mi, lista para el combate.

La batalla esta a punto de comenzar y la emoción de solo nosotros 2 se siente a cada segundo.