Después de todo, la noche no termino tan mal para Connor, el destino le había regalado algo que disfrutaba mucho, la adrenalina de una buena pelea. Y es que asesinar a aquel vampiro había representado un poco más de reto de lo usual, debido a que este poseía movimientos de combate más sofisticados que mucho de los vampiros que enfrentaban normalmente. Connor pensó que quizás eso se debía a que en vida, el dueño de aquel cuerpo debió de conocer el arte de la lucha y aun que estaba muy sorprendido, eso no fue suficiente como para que le venciera, y luego de una intensa pelea termino clavándole un palo que encontró por ahí tirado en el corazón.
Con el vampiro muerto, Connor regreso a su auto y se ofreció a llevar a las chicas a sus casas. Había resultado que ambas eran primas, así que solo tuvo que hacer un corto viaje para dejarlas en la misma residencia y así, finalmente volver a su propio hogar. Antes de cruzar la puerta había esperado entrar y encontrar a su padre esperándole (como solía hacer casi siempre que salía de noche) pero no fue así. Las luces estaban completamente apagadas y el silencio reinaba en la casa, así que supuso que su padre debía de seguir molesto por lo que le dijo antes y eso sería algo que él tendría que resolver por la mañana.
Así que para no despertar a nadie, Connor se dirigió sigilosamente a su habitación y se apresuró a desvestirse. Toda su ropa estaba empapada y aun cuando su cuerpo fuese más resistente que el de un humano normal, eso no significaba que no pudiera pescar un resfriado. Lo hacía, y odiaba que pasara. Así que completamente desnudo, fue a su closet para sacar el pijama y mientras lo hacía, se decidió a hacer algo que no había hecho desde que llegara a vivir con su familia. Masturbarse.
Se sentó en el borde de la cama y metió sus piernas en el pantalón del pijama pero no se lo subió, simplemente lo dejo alrededor de sus tobillos y entonces tomo su miembro con su mano derecha, subiéndola y bajándola lentamente mientras usaba la izquierda para masajear sus genitales. Eso provoco una inmediata reacción en su miembro, que poco a poco fue creciendo hasta llegar a la erección. Entonces, se dejó caer hacia atrás en la cama, dejándose llevar por el placer que sentía.
— ¿Conn? – se escuchó preguntar a la vocecita de su hermano.
— ¡Ian! – grito Connor, dando un salto abrupto para levantarse de la cama y subirse los pantalones. Cosa que fue un poco dolorosa, debido a que su miembro se encontraba completamente erecto todavía.
Demian parpadeo un par de veces, había abierto la puerta solo unos segundos antes pero habían sido suficientes para que pudiera ver a su hermano tocándose el miembro y moviéndose de una forma muy extraña. — ¿Qué hacías? – pregunto muy confundido, pues jamás antes había visto algo así.
— ¡Nada! – grito Connor, tratando de ocultar su erección con ambas manos. — ¡¿Es que no sabes tocar la puta puerta?! – exigió saber.
Demian se encogió se hombros.
— Escuche un ruido, pensé. . .
— ¡¿Que un monstruo estaría en mi habitación?! ¡¿Es que eres idiota o qué?!
— ¡Oye! Yo no sabía que te estarías. . .
— ¡Shsh! – le mando callar de inmediato, y si no hubiese tenido las manos ocupadas en su intento de cubrir su erección, seguramente le habría estrangulado. — Calla idiota, vas a despertar a papá. – dijo en apenas un murmuro. Ahora que Ángel estuviese molesto con él ya no parecía ser tan malo, pues de no ser así, seguramente seguiría despierto y seguramente, ya habría estado ahí también.
— ¿Te estabas lastimando? – pregunto Demian en un murmuro también.
— ¿Que? No, claro que no. – Connor estaba un poco sorprendido. Por la edad que Demian tenía, esperaba que ya supiera de esas cosas. Pero una vez más en esa noche, había estado completamente equivocado.
— ¿Entonces porque estas agitado? – continuo preguntando el chico.
Connor no tenía cabeza para explicarle, así que decidió mentir.
— Me ejercitaba.
— ¿Desnudo? – pregunto de inmediato.
Connor puso los ojos en blanco, por supuesto que la curiosidad de su hermano no podría desaparecer nunca, ni siquiera en un momento tan incómodo. — No tengo camiseta pero no estoy desnudo. – respondió, esperando que se callase de una vez.
— Pero lo estabas, vi cuando te subiste los pantalones.
— ¿Así? – Connor abrió mucho los ojos, avergonzado y temiendo que su hermanito hubiese visto algo tan privado y delicado que pudiese traumatizarlo o algo. Sin embargo, decidió no mostrarle esa preocupación y actuar naturalmente molesto. — Pues es mi asunto. Deja de molestarme y vuelve a tu cama o le diré a papá que no respetas tu hora de dormir. – advirtió muy serio.
Eso sí que sirvió para que Demian dejara el tema.
— Es viernes. No tengo hora de dormir, idiota. — dijo.
— Si, si la tienes es a las 11:30 y ahora son casi la dos de la mañana.
— Pero. . . – Demian no se podía creer que su hermano estuviese usando esa táctica tan sucia contra él, pero una sola mirada de Connor le hizo ver que no estaba bromeando. — Grr, te odio. – dijo, y salió finalmente de la habitación.
— Y yo a ti. Anda, ten una buena noche. – exclamo, y apenas su hermanito cerró la puerta de su habitación, se desplomo en la cama. Suspirando aliviado de poder (finalmente) liberar su erección.
Dormir luego de haberse masturbado fue todo un placer para Connor, hacia tanto tiempo que no dormía tan bien que por la mañana ni siquiera quería levantarse, solo quería quejarse ahí, bajo la comodidad de las cobijas. Y seguramente lo habría hecho de no haber sido porque su cabeza le grito que tenía algo que hacer. Arreglar las cosas con su padre. Así que se arrastró fuera de la cama, y se puso la camisa del pijama (pues había dormido sin ella) para entonces bajar y encontrar a su padre cocinando el desayuno en la cocina. Después de todo, no se había despertado tan tarde como pensaba.
— Buen día, papá – dijo, no sabiendo si recibiría respuesta o no.
Ángel dejo la sartén donde preparaba ya los pancakes y se giró para verlo. Sonriéndole y demostrándole así que ya no estaba triste por lo que había dicho.
— Hola hijo, ¿Qué tal ha ido la cita anoche? – pregunto.
Connor también sonrió, aliviado de que su padre le estuviese sonriendo y decidió seguir con la conversación para no arruinar el momento. — ¿Sinceramente? – Ángel asintió. — Me la pasaba mejor con los demonios en Quor—Toth que con esa chica. Dios, te juro que han sido las 2 horas más largas y aburridas de mi vida.
Ángel no pudo evitar reírse, era la primera vez en mucho tiempo que veía a Connor ser solo un chico normal y no un joven dedicado a su profesión (tanto como orientador de chicos en el colegio de Demian como cazador de demonios)
— Vamos, no todo pudo ser malo hijo. – dijo, tratando de animarle.
— ¿Qué no? se pasó más de 40 minutos hablando de cómo se volvió vegetariana luego de haber visto un documental de como preparan a la rata asada en Beijing. – e hizo una mueca de asco total de siquiera recordar el tema.
— Bueno, mejor asada que cruda. – murmuro Ángel.
— ¿Que? – pregunto muy sorprendido, pero luego de un momento de reflexión, entendió perfectamente bien lo que su padre decía. El si podía hablar de la rata porque por más de 20 años no comió ninguna otra cosa. — Claro yo. . . soy un idiota. Lo lamento papá. – dijo, sonando muy arrepentido.
Ángel le miro sin entender. — ¿Porque? no es tu culpa que yo tuviera que yo tuviera que alimentarme de ratas. – dijo.
— No pero. . . – Connor suspiro, había llegado el momento. — Lamento tener que recordártelo con estas tonterías y además, lamento mucho lo que dije anoche. Yo. . . no quiero que pienses que aún sigo sin verte cono mi padre, porque no es así. Si, aun pienso en Laurence Reilly como mi padre pero. . . En ti también.
Ángel estaba muy sorprendido de escucharle hablar así, Connor no solía ser tan abierto con sus sentimientos y ahora que lo estaba siendo, él no podía dejarlo pasar. Así que sin más, se acercó y lo abrazo muy fuerte.
— Gracias por decir eso hijo, significa mucho. – dijo.
— Lo sé. – murmuro Connor, tomándose un momento para corresponder el abrazo y luego alejarse. Un poco incómodo, pues no estaba del todo acostumbrado a tener tanto contacto físico con su padre. — ¿Y el enano? – pregunto para cambiar de tema.
Ángel entendió perfectamente su intención y le siguió la conversación. — Sigue dormido, creo que ya es hora de que vaya a despertarlo. ¿Cuidas esto por mí? – señalando los pancakes que aún se cocían en la sartén.
— Si, ve.
...
Demian se pasó toda la noche tratando de entender lo que había visto en la habitación de su hermano. Pese a lo que Connor pensaba, él no era estúpido y se había dado cuenta de que había estado tocándose y haciendo ruidos extraños que solo una vez en toda su vida había escuchado. Fue como 3 años atrás, un día en que su hermano Benny lo había llevado fuera del orfanato para que jugara en el parque detrás de la parroquia de St. Nicholas. Benny se había marchado por algún motivo que él no recordaba, dejándolo solo en el viejo columpio, fue entonces que escucho los. . . ¿Lamentos? ¿Gemidos? No estaba seguro de cómo llamarlos, pero los escucho proviniendo desde un árbol. Así que había ido para investigar y había visto a una pareja tirada en el suelo. El tipo estaba sentado y la mujer, bueno, ella tenía la cara justo encima de su entrepierna y se movía muy extraño. Desde entonces no había pensado en ello, ¿acaso Connor estaba haciendo lo mismo que esa pareja? ¿Pero cómo podría estando solo?
Así que decidido a descifrar la verdad, Demian encendió su laptop y comenzó a buscar. No tenía idea siquiera de cómo, pero se las arregló para poner 3 palabras que describían perfectamente lo que había visto en el buscador: "Tocarse" "Desnudo" y "Gemidos" La barra de búsqueda comenzó a cargar y pronto se encontró navegando por una docena de páginas diferentes que hablaban sobre "La masturbación" leyó rápidamente todas las definiciones que encontró, llegando a la conclusión de que en efecto, su hermano había estado masturbándose aquella noche pero sobre todo, con el deseo de probarlo también. Después de todo, en todas las páginas se decía que daba "placer" Y no había nada malo con sentir placer ¿o sí? Así que continuo buscando, hasta encontrar una página donde explicaban con dibujos lo que debía hacer.
Entonces se bajó los pantalones del pijama, se sentó correctamente sobre la cama, estirando las piernas sobre el colchón y tomo su miembro con la mano derecha y comenzó a moverla de arriba abajo (lentamente, como decía el sitio) pero no fue hasta que uso su otra mano para tocarse más abajo que comenzó a sentir algo. Al principio fue un pequeño cosquilleo pero luego se volvió más intenso, recorriéndole desde la pelvis hasta las piernas. Entonces, abrió mucho lo ojos, pensando que aquella sensación era lo más extraño, pero reconfortante que hubiese sentido nunca. Sin embargo, en ese momento la puerta de la habitación se abrió y su padre llego.
— Campeón, ya es hora de. . . – Ángel se quedó sin palabras al ver lo que hacía.
— ¡Papá! – grito, levantándose de un brinco para subirse los pantalones y cerrando abruptamente la pantalla de la laptop para que su padre no mirara. Cosa que no era necesaria, pues su padre ya había visto suficiente como para imaginar lo que había estado haciendo. — Papá yo. . . yo puedo explicarlo. Yo. . .
Ángel tomo una respiración profunda, por supuesto que no iba a poner el grito en el cielo por lo que acababa de ver. Contrario a muchos padres, él podía ver la normalidad en la situación, Demian era joven, un niño en plena transición a hombre y como tal, había llegado el momento de conocer su cuerpo. Sin embargo, eso no significaba que no estuviera sorprendido, o confundido por lo que acababa de ver.
— ¿Estabas viendo pornografía en tu computadora? – pregunto tranquilamente, tan solo para que el chico viera que no estaba perdido.
— ¡No! Yo solo. . . – Demian se quedó callado un momento, sintiéndose completamente avergonzado por lo que estaba por decir. — Solo quería aprender a hacerlo como viene en los dibujos. – dijo.
— ¿Dibujos? ¿Qué? – Ángel tardo un segundo en entender y cuando lo hizo, le sonrió. Su hijo aún era demasiado inocente para entender aquellas cosas sin ayuda. — Oh hijo, no tienes que avergonzarte por esto. Es normal a tu edad.
Demian levanto el rostro lentamente y le miro.
— ¿Enserio? – exigió saber.
— Si, hijo. Todos los chicos a tu edad. . . – Ángel pensó cuidadosamente lo que iba a decir. Sabía que ese era un tema delicado que debía tratar con toda sinceridad y calma para que su hijo entendiera, sin embargo ese no parecía el momento correcto. No cuando su hijo aún tenía problemas para mirarle a los ojos sin sonrojarse. — Pues cambian. – agrego.
— ¿Como? – pregunto más interesado ya.
Ángel sonrió y le puso una mano en el hombro, reconfortándolo. — Es una plática que tenemos que tener y lo haremos más tarde. Ahora quiero que tomes una ducha y bajes a desayunar. – le dijo.
— ¿De verdad no estas molesto? – pregunto de nuevo, pues por algún motivo había comenzado a sentir que masturbarse no era algo bien visto.
— No tengo porque estarlo. Esto es. . . Es natural hijo. Lo entenderás cuando te explique mejor. – aseguro.
— Ok
— Bien. – y comenzó a avanzar hacia la puerta, no sin antes tener un último pensamiento importante sobre la situación. — Ah y. . . Esto quedara entre nosotros, no hay razón para hablarlo frente a tu hermano ¿sí? – dijo, pues no sería la primera vez que su hijo sacaba a colación un tema tan solo para conocer la opinión de su hijo, y aun que eso nunca le molestaría, en ese momento prefería ser él quien le explicara a Demian todo al respecto.
— Ok – murmuro y su padre finalmente se fue.
Demian se dejó caer un segundo más en la cama, preguntándose qué pensaría su padre si se enteraba de que Connor también había estado haciendo lo mismo. ¿Se molestaría con él? ¿Con ambos?, no estaba seguro y tampoco quería averiguarlo, así que se levantó y fue directamente a la ducha para tomar un baño rápido y vestirse adecuadamente.
...
— ¿Se lo han comido las chinches? – pregunto Connor al ver a su padre regresar a la cocina. Sin embargo, Ángel estaba tan confundido (no por lo que acababa de ver, sino porque aún no sabía cómo manejar el tema) que tardo unos segundos en reaccionar y dirigirle la mirada.
— ¿Que? – pregunto de nuevo.
Connor puso los ojos en blanco. — Que si se lo han. . . – iba a repetir la pregunta pero al ver a su padre se dio cuenta de no le había escuchado por su típica distracción, si no por algo que debía ser grave. — ¿Paso algo con el mocoso? te ves un poco. . . preocupado.
De nuevo, Ángel tardo un momento para responder. Le habría encantado poder hablar con Connor al respecto pero no podía olvidar que él también era su hijo, y que no era su trabajo pedirle consejo a su hijo, si no darlo. Así que se obligó a reaccionar.
— No, nada malo. Solo que. . . Me olvide de hacer la compra de algo que quería usar en la cena de esta noche. Es todo. – mintió.
— Ah pues. . . iba a salir esta tarde a la tienda para comprar unas cosas, si quieres traigo eso que olvidaste. – ofreció Connor.
— Sí, claro. Eso sería genial hijo. – y le ofreció una sonrisa, una que a pesar de sus esfuerzos, Connor encontró diferente a lo usual.
— ¿Seguro que estas bien? – presiono.
— Sí, sí. Perfecto. – respondió y rápidamente dirigió su atención de vuelta a la sartén para sacar los últimos dos pancakes y que Connor dejara el tema. Cosa que si hizo, aun cuando no estaba seguro de que debería.
Demian bajo un poco después, vestido con unos jeans cafés y una camiseta gris con el logotipo de Batman en el centro. Su cabello aún estaba empapado por la ducha, pero eso no le detuvo para sentarse a la mesa y comenzar a devorar todo lo que encontrara a su paso. Ángel no le dijo nada, pues lo único que ocupaba su mente en ese momento era toda la información sobre educación sexual que conocía. Aun cuando nunca fuera a admitirlo, era un poco emocionante que finalmente fuese a tener la oportunidad de enseñarle a uno de sus hijos al respecto.
Luego de un rato de solo comer el desayuno, Connor decidió terminar con el silencio y que mejor manera que hacerlo con el chico cuya boca no volvía a cerrarse luego de que alguien se la abriera. Así que se dirigió directamente a su hermano.
— ¿No vas a decírmelo? – le pregunto.
Demian casi se atraganta con el pedazo de Pancake que masticaba. — ¿El qué? – pregunto aterrado, pensando que su hermano se estaba refiriendo al pequeño incidente que había sostenido con su padre en su habitación.
Connor puso los ojos en blanco, no le agradaba tener que admitir sus errores.
— El "Te lo dije" Ya sabes, que Maya es más aburrida que el canal del congreso. Tú me lo advertiste y yo no te escuche. – dijo.
Demian tardo un segundo en calmarse y actuar como si nada. Cosa que no fue difícil, pues una vez que recordó la noche anterior, el enojo con su hermano regreso.
— Ah pues. . . Te lo dije, tonto. Debiste llevarme contigo. – dijo.
— Dios no, eso habría sido aún peor. El aburrimiento y el habla personificados en el mismo restaurant habrían acabado con el mundo. – dijo lleno de ironía y sin poder contener la sonrisa de satisfacción que le provocaba ser tan elocuente.
— ¿Si? pues tu falta de encanto seguro que ayudaba. – respondió con la misma ironía.
— ¿Pero de que hablas? – pregunto con falsa indignación. — Yo soy muy encantador. – e hizo músculos con sus brazos, como para probar su punto.
— Aja si, de animales tal vez. – se burló Demian.
— Jaja pues eso tú lo sabrías.
— ¡Oye! – grito indignado, pero luego de ver a su hermano reírse, el mismo se rio. Y eso hizo que Ángel finalmente saliera de sus pensamientos y sonriera. Pues eran justo momentos como ese los que le recordaban que no importaban todos los problemas que pasaran, mientras estuvieran los 3 juntos, todo estaría bien.
Más tarde ese día, Connor cumplió con su palabra y fue al centro comercial para comprar algunas cosas personales que le hacían falta (ropa interior, crema de afeitar, cosas que no podría encargarle comprar a su padre) y para comprar el encargo de su padre, que no había resultado ser más que una simple salsa de nombre extraño (que Ángel ni siquiera necesitaba, solo había usado como excusa para quitarse a Connor de encima) que no tardo demasiado en encontrar en el pasillo de los condimentos. Luego se dirigió al pasillo de los cereales, pensando en llevar los azucarados que su hermanito adoraba y mientras contemplaba las marcas, tratando de recordar cuales eran sus favoritos, alguien llego por detrás y le apretó los hombros.
— ¡Connor! – exclamo con entusiasmo la chica, haciendo que Connor saltara un poco asustado (y casi listo para golpear) antes de que descubriera quien era.
— Maya, que sorpresa. – dijo con falso animado, pues realmente había esperado que pasaran al menos 8 días antes de volver a saber de ella.
— Lo mismo digo, ¿Qué haces aquí?
Las palabras "Es obvio que estoy de compras, idiota" pasaron por la mente de Connor, pero no las dijo pues no había olvidado que estaba frente a una chica y aun cuando fuese el aburrimiento personificado, debía de ser respetuoso con ella.
— De compras, ya sabes. . . Comida y pues cosas. – dijo.
Ella rio como si fuese lo más gracioso del mundo.
— Maravilloso, yo vine para comprar unas cosas también, ya sabes lo difícil que es encontrar buen alimento. . .
Connor torció una sonrisa, lo cierto es que odiaba la forma tan extraña de hablar que tenía aquella chica, ¿Buen Alimento? ¿Quién dice eso?
— Si, bueno. . . Lamento tener que dejarte pero. . . – Tomo la primera caja de cereales azucarados que encontró. –Mi hermanito está enfermo, y tengo que llevarle estos. – y agito la caja de un cereal que estaba seguro jamás antes había visto en el estante de su casa.
— Si, entiendo. La familia es importante. – dijo ella
Connor asintió, era la primera cosa normal que le escuchaba decir.
— Lo es.
Tras un segundo, de seriedad ella sonrió. — Bueno, hermano mayor. Déjame darte algo como premio por tu actitud.
— Oh, no, no es necesario yo. . . – no pudo decir nada, pues antes de que pudiera detenerla, ella le tomo la mano y enredado un brazalete con una piedrita verde en su muñeca. — ¿Enserio me lo das? – pregunto perdido, pues aquella piedrita brillaba demasiado como para ser de fantasía, así que debía ser una joya.
— Quédatelo, te protegerá. – y le guiño el ojo.
— Yo, uh. . . Gracias. – Connor le regalo una autentica sonrisa y se alejó. Pensando que quizás había más en ella de lo que había pensando la noche anterior.
— Por nada. – murmuro la joven, dejando salir su verdadero rostro descarnado por un momento. Como había predicho, el muchacho no se había dado cuenta de quién era, no usando aquella apariencia tan hermosa.
* Gracias a todos los que han estado pendientes de esta historia, ha sido mucho tiempo desde que no actualizo pero no había encontrado mucha inspiración en estos días. No voy a mentirles, no la estoy pasando bien todavía pero lo intento y estoy comenzando a regresar a mis rutinas, escribir es una de ellas y espero poder hacerlo con el mismo amor y dedicación que he tenido desde hace años, solo tengan me paciencia =) So. . . este capitulo es un poco gracioso, lo se (he pensado en escribir comedia) pero quise tocar un tema un poco mas habitual/real de la vida y eso es la madurez (al menos física) para aclararles un poquito, Demian no es un nene pequeñito que no sabe de nada de la vida, tiene 15 años pero no sabe sobre cosas sexuales porque vivió casi 14 años en un orfanato de la iglesia, donde nunca le hablaron de la sexualidad.
Espero que les este gustando. Se aceptan sugerencias =)
Por favor Review!
