A pesar de todo, el día transcurrió normal, Demian bajo a entrenar con el costal de box, hizo sus ejercicios básicos (cardio, sentadillas, correr en la caminadora) y un poco de entrenamiento con los Eku contra el poste de madera sirviendo como su oponente. A Ángel le hubiese gustado tomar ese rol como hacia todos los días, pero prefirió darle un poco de espacio a su hijo para que pusiera su propia cabeza en orden. Pues aun cuando le había dicho que no estaba enfadado, Demian se había pasado todo el desayuno evitando siquiera mirarle. Estaba avergonzado y él no tenía ninguna respuesta corta para hacerle entender que no tenía por qué estarlo, al menos no sin tener que darle la charla completa, cosa que no podía seguir pensando (o la cabeza le estallaría) así que decidió ir finalmente a su habitación y dejar que las palabras fluyeran solas.
— ¿Puedo pasar? – pregunto tras llamar a la puerta.
Demian se puso un poco tenso al escuchar su voz, pero luego pensó que si su padre no le había azotado esa mañana por. . . lo que hacía, entonces era poco probable que lo hiciera en ese momento. Así que respondió. — No necesitas preguntarlo, papá. Igual está abierto. – dijo, poniendo su comic aun lado y sentándose correctamente en la cama.
Ángel empujo la puerta entonces, abriéndola por completo.
— Lo sé, pero si es necesario que pregunte. Desde hoy lo será. – dijo.
Demian se sintió un poco mal por eso, pues era un indicativo de que algo estaba cambiando en su relación con su padre y él realmente no quería eso. Le encantaba como estaban cosas en ese momento.
— Papá si esto es por lo de hace rato, yo. . .
— No tienes que disculparte. – interrumpió, avanzando entonces para sentarse junto a él y comenzar la charla. — No estabas haciendo nada malo y no quiero que pienses que sí. El. . . – suspiro, obligándose a dejar los tabús y su propia vergüenza aun lado. — Masturbarse no es nada malo, hijo. Es algo natural que todos los chicos a tu edad experimentan.
— ¿Todos? – pregunto de inmediato, pues conocer esa respuesta le ayudaría a dejarse de sentir tan estúpido o por el contrario, lo haría sentirse aún peor.
Ángel asintió.
— La gran mayoría. Cuando creces tu cuerpo se vuelve diferente, y en algún punto de ello. . . Comienzas a tener estas. . . Curiosidades por conocerlo. Y eso está bien, siempre y cuando seas respetuoso y cuidadoso contigo mismo. Lo que estabas haciendo con la computadora. . .
Demian no le dejo continuar por ese camino. — Solo trataba de entender loa dibujos, lo juro. No estaba viendo nada malo. – dijo.
Ángel asintió. — Te creo hijo, pero tampoco fue correcto. Cuando uno. . . – decidió no repetir la palabra tantas veces para hacer la charla más fácil para ambos. — Bueno, debes prestar atención a lo que haces o podrías lastimarte.
— Si pero ¿Cómo iba a aprender a hacerlo si no veía las instrucciones? – exigió saber de malos modos, de pronto su propia vergüenza había desaparecido, siendo reemplazada por la confusión e indignación. — No es como si Connor me hubiese enseñado. – murmuro sin pensar, pero por supuesto, su padre le escucho.
— ¿Que? – Ángel sonó mas sorprendido de lo que hubiese querido. — ¿Que tiene que ver tu hermano en esto? ¿Acaso el. . .? – se quedó callado, temiendo que Demian hubiese preguntando a Connor al respecto y él ni siquiera se hubiera dado cuenta.
— Nada, solo era un comentario papá. – se apresuró a decir. Pero aun cuando lo había hecho convincentemente, el latido de su corazón decía otra cosa.
— Hijo, eres malo mintiendo por ti y aun peor cuando lo haces por tu hermano. – declaro Ángel, ahora sí que empezaba a molestarse. — Así que lo preguntare una última vez. ¿Qué tiene que ver Connor en esto? – dijo con mucha más firmeza.
Demian encontró muy interesantes sus zapatos entonces, y mantuvo la mirada ahí mientras terminaba de contar su estupidez. — El no quiso que yo lo viera. . . De verdad, fue todo mi culpa, yo. . . Debí tocar la puerta.
Ángel parpadeo un par de veces, mientras su mente se encargaba de interpretar las fugaces pero significativas palabras de su hijo. — A ver, déjame ver si entendí. . . ¿Me estás diciendo que viste a tu hermano masturbándose? ¿Es eso hijo? – pregunto tan tranquilo que ciertamente daba más miedo que cuando gritaba. Demian bajo mucho la cabeza pero se las arregló para sentir, sintiéndose como todo un traidor por delatar a su hermano. — ¿Y por eso decidiste intentarlo tú también? – continuo preguntando.
— Bueno. . . – Demian quiso mentir pero luego de ver la mirada de su padre, se dio cuenta de que quizás eso empeoraría las cosas, no solo para él, también para Conn. Así que asintió con un débil "Si" saliendo de su boca.
Ángel suspiro y se pasó una mano por el rostro sin saber cómo reaccionar a ello. Que su hijo mayor estuviese masturbándose era completamente diferente a su hijo pequeño lo hiciera, y Demian noto esa confusión por eso trato de resolverla. — Pero no fue su culpa, papá. Él no me dijo ni enseño nada, yo solo lo investigue. – le dijo.
— Si, bueno. . . Como sea. – Ángel decidió poner eso aún lado y volver a lo de antes. — Eso es un tema que tendré que hablar solo con tu hermano. Ahora estamos hablando solo sobre ti, así que aquí me tienes, listo para responder a todas tus preguntas.
— ¿Es enserio?
— Mucho. – aseguro Ángel.
Demian no se podía creer lo que escuchaba. Su papá hablando de sexo y cosas que para él aún eran raras, era algo que no quería que pasara. Jamás. — Pero yo. . . – intento decirle que no quería escucharlo, pero Ángel no le dejo hablar.
— Hijo, ya sé que vas a decirme que no es necesario y que todas las respuestas están en internet pero no es así. Esto es algo que nosotros tenemos que hablar, aun si a ninguno de los dos nos gusta hacerlo. – declaro.
— ¿Es enserio? – pregunto de nuevo, y por la mirada seria que su padre le dirigió supo que sería mejor complacerlo y preguntarle cosas. Era eso, o quizás su trasero pagaría las consecuencias y de verdad que no quería eso. Así que suspiro y busco en su mente a por la pregunta menos vergonzosa que tenía. – Bien, ¿Puedo saber porque mi cuerpo tiene que cambiar? A mí me gusta mucho como esta. . .
Ángel asintió, iba a ser una tarde muy extraña.
Connor llego un poco más tarde lo que esperaba a casa, todo porque se había visto obligado a ayudar a la vieja Señora Mills a subir sus compras a su camioneta. Uno pensaría que una mujer tan amargada y criticona como ella sería lo suficientemente inteligente como para no comprar lo que no podía cargar, sin embargo, no era así y aquella vez había comprado comida como para alimentar a todo un ejército. Connor no le habría ayudado pues jamás había sido amable con él, pero prefirió hacerlo y así evitar que esta esparciera rumores en el pueblo sobre lo mal educado que su padre le tenía. Así que luego de cargar todas esas bolsas, finalmente pudo volver a casa, solo para encontrar que su padre le esperaba sentado en el sofá de la sala.
— Hola, siento la tardanza. No vas a creer lo que. . . – su sonrisa se borró al momento de verle la cara a Ángel, pues tenía esa expresión de molestia en ella. — ¿Qué pasa? – pregunto, dejando sus bolsas de las compras en la barra que separaba la cocina de la sala.
— Por favor ven a sentarte. – pidió Ángel muy serio.
— Uh, está bien. – avanzo lentamente, tratando de pensar en algo que hubiese hecho a su padre enfadar pues llegar unos 15 minutos tarde no era algo tan grande. — ¿Estoy en algún problema o. . .?
— Tú dime. – exclamo Ángel.
Connor se sentó a su lado y trato de pensar, pero no se le ocurrió nada. — Uh, no. No he hecho nada malo últimamente. – declaro.
— ¿No? – Ángel estaba muy enfadado ya, había tenido una conversación un poco tensa con Demian y eso no le había dejado de muy buen humor, mucho menos con mucha paciencia. Así que fue directo al grano. — ¿Y entonces crees que estuvo bien dejar que tu hermanito te mirase mientras te masturbabas?
— ¿Qué? – Connor no esperaba escuchar aquello. — ¡Yo no hice tal cosa! – grito.
— Connor, no mientas. – exigió Ángel.
— ¡No lo hago! ¡Lo juro! – dijo, pues para él era verdad, sí que se había estado masturbando pero no había dejado que Demian le mirase.
— Pues él dice que te vio, y esta mañana lo encontré haciéndolo también. Así que explícame, ¿De dónde saco la idea si no te miro? – pregunto, sonando quizás un poco más molesto de lo que hubiese querido.
— Yo no lo deje verme, él seguramente me estuvo espiando. Grr, voy a matarlo. – se levantó del sofá muy enfadado y corrió escaleras arriba. Ángel le grito varias veces para que volviera pero no hizo caso, así que mejor se levantó y fue tras él.
Connor empujo la puerta de la habitación de su hermano y entro hecho una furia. El niño estaba distraído leyendo y escuchando música con los auriculares, así que no pudo prever cuando Connor tiro de sus piernas tan fuerte que lo dejo al borde de la cama.
— ¡Oye! – grito indignado, justo antes de ver a su muy enfadado hermano.
— ¿Pero a ti que demonios te pasa? ¿Cómo que le dijiste a papá sobre anoche? – exigió saber Connor.
Demian se levantó de la cama entonces, evitando mirarle pues estaba más que avergonzado de haberlo hecho. — Conn, yo no quería. Es que él no se callaba y yo. . .
— ¡Tú eres un idiota! – grito muy enfadado y sin querer escuchar más. Lo único que quería hacer era golpearlo y seguramente lo habría hecho de no haber sido por la repentina aparición de su padre en la habitación.
— ¡Connor! ¡Basta! – ordeno Ángel.
— ¡No! – le grito Connor, su enfado era demasiado como para entrar en razón. Luego volvió a mirar a Demian, con nada más que rabia en la mirada. — Se supone que somos hermanos, niño. Un buen hermano no va y le cuenta estas cosas a papá. ¡Eso no se hace! – continuo gritándole.
— Lo sé. – murmuro muy apenado Demian, pero levantado la mirada para verlo finalmente. — Lo siento, no fue mi intención meterte en problemas con papá. – agrego con la voz quebrada por el llanto en el que estaba a punto de romper, no le gustaba que le gritaran y mucho menos su hermano por algo en lo que tenía toda la razón.
— Y no lo has hecho, hijo. – dijo Ángel, tratando de calmar las cosas entre ellos.
— ¿Qué no?, si apenas entre por la puerta me querías matar. – le recordó Connor.
— Connor. – murmuro entre dientes, ¿Acaso su hijo mayor no se daba cuenta de que estaba haciendo sentir mal a su hermanito? ¿Acaso era así de insensible?
— ¿Qué? ¿Por qué no quieres decírselo? – pregunto muy indignado, pues eran momentos como esos en los que se daba cuenta de lo diferente en que Ángel los trataba a los dos, no era justo y no iba a callárselo más. — El ya no es un bebe y no va a romperse solo porque seas un poquito duro con él, papá. – agrego de malos modos.
— Es suficiente, Connor. – dijo Ángel en su tono de advertencia.
— ¿Por qué? ¿Por qué tú lo dices?
— Exactamente, porque lo digo yo. – dijo muy serio, a punto de perder la paciencia y arrastrar por su cuenta a su hijo fuera de ahí. — Deja a tu hermano en paz y volvamos a. . .
— ¡Él no es mi hermano! – grito desesperado porque su padre no le dejara en paz, pero sobre todo, dejándose llevar por el enojo para decir lo que realmente sentía. — Y a veces desearía que no lo hubieras conocido nunca. . .
Connor dirigió la vista a su hermano justo a tiempo para ver la primera lágrima escurrir por su mejilla. Eso le hizo reaccionar a lo que había dicho y lo hizo sentir muy mal, pero no pudo decir nada al respecto, pues Demian salió corriendo de la habitación.
— Eso fue cruel, Connor. – reprendió Ángel antes de salir corriendo tras su pequeño.
— ¡Demonios! – exclamo Connor, llevándose las manos a la cabeza en señal de desesperación. Ni siquiera el mismo podía creer lo que había dicho, había estado tan cegado por su coraje que no se había detenido a pensar lo que decía. Si, Demian había cometido una estupidez al decirle a su padre sobre la otra noche, pero era solo eso, una estupidez. No era nada tan grave como para echarle en cara algo tan cruel. Así que decidido a no dejar pasar más tiempo, salió de la habitación y apenas hacerlo la piedra del brazalete que Maya le había dado comenzó a brillar intensamente. — ¿Pero qué demonios. . .? – no termino su pregunta, pues la luz del brazalete se expandió por completo, rodeándolo todo, mientras él sentía que caía por un abismo sin fin.
Connor no supo cuánto tiempo duro aquella sensación pero una vez que se detuvo, abrió los ojos y se encontró mirando un techo destrozado, con un enorme agujero negro del cual colgaban pedazos de madera y telarañas. Se enderezo rápidamente, confundido por lo que acababa de mirar y pensando que solo estaba alucinando pero entonces vio el resto del panorama que tenía delante y pensó que no solo estaba alucinando, si no que acababa de perder por completo la razón. Las paredes del pasillo ya no tenían aquel tapiz marfil que su padre les había puesto, ahora estaban completamente destrozadas, con enormes agujeros que dejaban ver el interior sucio y maloliente de los muros. Así que se levantó, confundido por lo que estaba mirando y empezó a correr, buscando a su padre y a su hermano por todas partes hasta llegar a la sala, o al menos, donde se suponía que la sala estaba, pues los tapices, los muebles y hasta las fotografías de arriba de la chimenea habían desaparecido por completo. Siendo reemplazadas por un terrible vacío que le provoco un escalofrió en toda la espalda. Las imágenes vinieron entonces a su mente, primero las lágrimas de su hermanito y luego. . . la piedra de su brazalete brillando. Levanto el brazo bruscamente para verla, comprobando entonces que ya no estaba ahí. El brazalete seguía atado a su muñeca, pero no la piedra.
— No, no, no, no. – murmuro una y otra vez, pues de alguna manera su mente comenzaba a comprender que aquello era real, que algo muy malo y relacionado con esa maldita piedra acababa de pasar. Entonces volvió corriendo al segundo piso, tratando de buscarla, pero termino cayendo de bruces contra el suelo, llenándose la cara y el cabello con el polvo recién levantado del suelo. Levanto la cara rápidamente y empezó a toser, escupiendo el polvo que había entrado a su boca pero ni eso fue suficiente para quitarse aquella sensación de la garganta.
Connor se recargo en una de las paredes destruidas y desesperado, se apretó la cabeza entre ambas manos. Algo muy malo estaba pasando, y fuese lo que fuese no solo había arrasado con su casa, sino que también había hecho desaparecer a su familia. Fuese lo que fuese le había dejado completamente y pensar en ello le asusto tanto que termino derramando un par de lágrimas antes de decirse a sí mismo que debía calmarse para poder solucionar la situación, que llorar no iba a arreglar lo que estuviera mal. Así que armándose de coraje y valor se puso en pie para bajar las escaleras de nuevo y dirigirse a la puerta del frente. La cual, sorpresivamente estaba en buenas condiciones, por lo que pudo tirar de ella libremente y salir a la calle.
A fuera las cosas eran mucho peor que adentro, las dos casas de las familias de enfrente estaban completamente destruidas, con grandes orificios sobre sus muros que permitían a la vista ver que el interior también era un desastre. El gran árbol que se suponía dividía a ambas ahora no era más que un tronco seco y mal cortado que daba pena. Connor se las arregló para bajar el porche maltratado de su casa y entonces contemplo que el resto de la calle se encontraba en las mismas condiciones. Era como si un enorme incendio hubiese arrasado con todo y todos a su paso, dejando nada más que ruina y miseria tras de sí.
Connor se abrazó a si mismo entonces, obligándose caminar en esa pesadilla, tan solo para poder buscar a alguien que pudiera darle respuestas sobre lo que había pasado con su hogar, o mejor aún, para encontrar a alguien de su familia que pudiera abrazar. Pues en ese momento, no había nada que deseara más que un abrazo.
Basura y polvo volaban de un extremo de la calle a otro, pero Connor no se detuvo, estaba decidido a encontrar la forma de volver a su hogar, pues aun cuando aquello luciera parcialmente como el, no lo era. No realmente y si no podía volver. . . Dios, se sentía tan culpable por lo último que había dicho a su hermano, tan triste por la última mirada de decepción que su padre le dedico. No, no iba a permitir que la historia se repitiera otra vez y que las circunstancias le alejasen de ellos otra vez.
— ¡No! ¡Alejate! ¡No! – se escuchó gritar a una voz masculina, haciendo que Connor finalmente saliera de sus pensamientos y empezara a correr en busca de su dueño. Sin embargo, pronto se encontró con que las calles ya no eran como las recordaba, pues habían perdido su forma lineal y tomado la de una especie de circuito cerrado, algo así como un laberinto. Aun así, siguió corriendo hasta llegar al punto más cercano del grito. Se hizo para atrás y con un gran salto brinco la pared de concreto para llegar al otro lado, donde termino cayendo sobre un montón de carne podrida, vísceras y sangre.
— ¡Puaj! ¡¿Qué demonios?! – exclamo completamente repugnado, pues no recordaba haber olfateado nada tan asqueroso como aquello, ni siquiera en Quor—toth. Aumento la fuerza en sus pasos para no resbalarse con la sangre y se abrió paso hasta dar con el dueño de los gritos. Se trataba de un hombre mayor, con el cabello blanco pero aun con la suficiente fuerza para golpear con un viejo madero a los horribles tentáculos negros que intentaban apresarlo. Connor intento ver a la criatura dueña de dichos tentáculos, sin embargo, estaba tan bien oculta entre las sombras de las noche, que era imposible ver siquiera un centímetro de ella. Cosa que no era tan importante, no, lo importante era ayudar a aquel pobre anciano y por eso, Connor le arrebato el madero de las manos y comenzó a golpear con mucha más fuerza los tentáculos, obligándoles a retroceder antes de que arrojara el madero como si fuese una flecha, directo hacia la oscuridad. Un horrible rugido se escuchó y entonces los tentáculos cayeron al suelo. Fuese quien fuese el dueño de estos, ya no estaba vivo para dar más problemas.
— ¿Pero qué has hecho? ¿Qué demonios has hecho? – preguntaba muy alterado el anciano. Connor le miro con incredulidad ¿acaso no era obvio? Acababa de salvarle la vida y un gracias no hubiese estado mal. Sin embargo, no pudo expresarle su descontento pues una horrible carga eléctrica le sacudió todo el cuerpo.
— ¡Argg! — grito Connor, justo antes de desplomarse y perder la conciencia.
* Hola a todos, muchísimas gracias por seguir aquí, al pendiente de esta historia. Actualmente me he sentido un poco mas inspirado para continuar con esta y una nueva historia (que les adelante, sera un crossover retorcido con una novela de Stephen King y Demian) asi que espero que les guste el rumbo que voy a tomar a partir de aquí con el "Mundo oscuro" que voy a intentar introducir. Lamento mucho si la charla de sexo no fue tan profunda, realmente me costo escribir esa parte porque no soy bueno con esas pues. . . no soy un padre todavía XD asi que hice mi mejor esfuerzo en ello. Ustedes pueden imaginar las preguntas/respuestas que los chicos compartieron entonces jeje tengo que decirles que interpretar a Connor es un verdadero placer. Me identifico mucho con esta versión, quizás porque ambos tenemos la misma edad (22, para los que pensaban que tenia 30 años de experiencia o algo así, pues no jaja) y vemos la vida de una manera muy similar. Tratare de actualizar mas pronto ya, y si, habrá spanking no se preocupen por eso jaja
Espero que les este gustando esto. =)
Por favor Review!
