Tan pronto se encontraron fuera, en los enormes jardines de la mansión. Demian se sintió menos emocionado por haber salido, pues Alec le había ordenado permanecer sentado en el borde del segundo piso desde donde según él "Podría ver todo la diversión" y quizás así era, pero ver y formar parte de la diversión eran cosas completamente diferentes y el solo quería formar parte de la segunda. Bajar ahí y ayudar a los chicos a cazar a 3 de los 6 humanos que habían soltado como carnada, o quizás, cazar a los 6 y matarlos a golpes, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo había hecho y extrañaba demasiado la sensación de la sangre en sus manos. La extrañaba de verdad.
Por regla general a los humanos siempre se les daban 3 minutos de ventajas para correr o esconderse, y así incentivar la diversión de los vampiros, sin embargo, aquel grupo de personas habían resultado ser las más torpes que Alec hubiese elegido en mucho tiempo y su amigo, Frederick había logrado atrapar a 4 por su cuenta en los primeros minutos de la cacería. Su otro amigo, Lucien, había sugerido volver a dejarles ir y prolongar a si la diversión, pero Alec era demasiado inteligente como para saber que un humano estúpido siempre sería estúpido y que no importaba si así les dieran una ventaja de un continente completo, aquellos humanos siempre serian presa fácil. Así que sugirió otra cosa, tomar a los 4 y arrancarles los miembros lentamente hasta que estuvieran lo suficientemente muertos como para beber su sangre, o al menos la que quedara de ella.
Frederick no se hizo esperar, tomo al hombre más joven de aquel grupo (que debía de tener unos 24 años) y con una mordida le arranco una oreja de la cara. Haciéndole dar al pobre chico un grito de dolor tan fuerte que seguramente le escucharon 2 estados más allá. Los 3 vampiros rieron, complacidos con su dolor y entonces Alec miro a su hermanito, esperando que también riera con el espectáculo pero no lo hacía. Así que con su velocidad y agilidad vampírica, dio un gran salto para subir hasta donde estaba y sentarse con él.
— ¿Por qué esa cara insufrible? ¿Acaso no te estas divirtiendo pequeño? – pregunto.
Demian negó con la cabeza. Ni siquiera emocionado por el gran salto que su hermano había dado para llegar a él. — No mucho. – declaro.
— ¿Y eso por qué? – pregunto muy consternado, pues podía ser un verdadero bastardo con las demás personas o demonios, pero cuando se trataba de su hermano, simplemente no podía, pues aun cuando seguía creciendo, el siempre seguiría viendo a Demian como aquel pequeño bebe humano que una noche su padre llevo a casa y le puso en los brazos.
Demian dudo un segundo en decirle la verdad, pues aunque Alec no era tan duro con él como su padre lo era, eso no significaba que no fuese a golpearlo por decir algo que sonara vagamente infantil. Sin embargo, al final decidió que no podía seguir callándose, no si en realidad quería que las cosas cambiaran.
— ¿Por qué yo no puedo beber como ustedes? – pregunto en apenas un murmuro.
Alec abrió mucho los ojos, sorprendido por la pregunta y tuvieron que pasar unos segundos para que encontrara la mejor respuesta que podía ofrecer.
— Bueno, eso es porque no eres un vampiro como nosotros. Eres humano. – dijo.
— Odio ser humano, es aburrido. – declaro con una mueca de disgusto total.
Alec dibujo una sonrisita en su rostro. No podía estar más de acuerdo con él.
— Lo sé, pero pronto serás uno de nosotros. – dijo, teniendo en mente la promesa que su padre llevaba haciendo desde el día del nacimiento de aquel chico. Y esa era, que un día, se convertiría en un igual y entonces jamás tendrían que separarse, pues todos serian inmortales para la eternidad.
— ¿Cuándo es pronto? Yo quiero que sea ahora. — dijo, Alec no estaba acostumbrado a escuchado a oírle hablar así pues su padre siempre le había exigido demasiado sobre su comportamiento, pero supuso que no era extraño, Demian era humano y aun que su padre no lo quisiera, seguía siendo un niño.
— Créeme, no quieres tener 15 por el resto de la eternidad. – dijo lleno de ironía, aunque en parte sí que era verdad. Habían pasado más de 500 años desde que su padre lo convirtiera en vampiro pero aun recordaba perfectamente bien lo que era ser un adolescente, con todos esos. . . sentimientos de inseguridad y la ansiedad y esas cosas estúpidas. Definitivamente cosas que nadie querría sentir por más de 8 años.
Por supuesto, Demian no lo veía de esa forma y no tuvo problemas en expresarlo.
— ¿Por qué no?, me gusta como luzco ahora. Seria grandioso si me viera así por siempre.
Alec puso los ojos en blanco, por supuesto que su hermano estaba hablando de su apariencia física y no de sus emociones. Su padre lo había educado para ser así de vanidoso y aun que no apoyaba completamente su noción, tenía que admitir que a una parte de él le gustaría tener por siempre a un hermano pequeño y no a un adulto que no pudiera ordenar y manipular a su antojo.
— ¿Se lo has dicho a padre? – pregunto entonces.
Demian negó con la cabeza. Muy entristecido. — Dijo que yo nací para ser mucho más que un niño, que me convertiría cuando pensara que yo estoy listo. Pero ya lo estoy, Alec. Estoy listo para hacer lo que él quiera. . . No sé qué sea, pero estoy listo. – declaro ávidamente.
Alec le puso una mano en el hombro. — Yo lo sé, no tienes que probarme nada a mí. Ni a padre. . . solo tienes que confiar en él. Él solo quiere lo mejor para ti. – dijo.
— Lo sé, yo. . . – se quedó callado un segundo, pensando en cómo se sentía al respecto. Por supuesto que amaba a su padre, aun con lo duro que podía llegar a ser a veces le amaba y confiaba mucho en él. — Yo soy un idiota. Debería recibir una paliza. – agrego.
— Ciertamente deberías. – dijo, Demian le miro aterrado pues pensaba que eso significaba que él mismo se la daría, cosa que ya había pasado antes pero luego le vio sonreír. — Pero todas las chicas son dramáticas uno o dos días al mes. – agrego con gracia.
— ¡Oye! – grito con falsa indignación pero le dio un puñetazo tan fuerte en el brazo, que Alec reacciono y lo sometió en una llave. Pero lejos de estar molesto y querer golpearlo, comenzó a reírse y a hacerle cosquillas para someterlo.
— Jajaja, ya verás. – decía.
— ¡No! ¡Noo! – gritaba Demian al medio de la risa. Pero aun con todos sus pataleos, Alec fue perfectamente capaz de meter una mano bajo su camiseta y hacerle cosquillas en el costado de su estómago.
— Jajaja, te comeré. Te comeré. – decía Alec, apretando entonces su cabeza contra el cuello de su hermano, fingiendo que quería morderlo.
— Jajaja, no espera, por favor noooo – decía Demian, siguiéndole el juego con su mejor imitación de la inocente victima en aprietos.
Ambos chicos permanecieron jugando en el borde del segundo piso por bastante tiempo, y Alec le habría encantado continuar así pero sabía que su padre se enfadaría si no regresaba al chico a la casa para la hora de dormir.
— ¿Quieres matar a alguien antes de irnos? – pregunto.
Demian, que aún se recuperaba de la garra de cosquillas, le miro con ilusión.
— ¿Puedo? ¿Pero son su comida? – pregunto con su vocecita de inocencia.
Alec sonrió.
— Puedes tomar al mío, no tengo mucha hambre de todas formas. – Dijo, el niño sonrió complacido. – Pero. – levantado un dedo. — Yo sujetare a quien quieras. No quiero que otro tonto humano quiera hacerse el valiente contigo y te golpee y luego padre nos golpee a ambos por haberlo permitido. – dijo, haciendo una mueca de dolor al recordar la soberana paliza que su padre le había dado por haber dejado que un tonto humano le partiera la cara a su hermanito. Demian asintió, también recordando la paliza que el mismo se había llevado por ese pequeño incidente.
Alec abrazo a Demian y salto del tejado, cayendo a un par de metros de donde sus compañeros vampiros continuaban torturando a los humanos.
— Escoge a quien quieras, pequeño. – indico Alec.
Demian estaba tan emocionado que no pudo evitar aplaudir mientras miraba al grupo de personas que tenía enfrente. Los 4 humanos ya estaban muy heridos y yacían al borde de la muerte, pero el más joven, aquel a quien habían arrancado una oreja, parecía estar en las condiciones necesarias para soportar un poco más de sufrimiento.
— Ese. – Dijo, señalando al pobre hombre.
Alec extendió una sonrisa. — Sera un placer, hermanito. – exclamo, avanzando rápidamente para levantar del suelo al tipo y. . . bueno, dejarlo caer bajo los pies del chico. No había necesidad de sostenerlo pues la mitad de su brazo derecho había sido completamente arrancado y el otro colgaba de manera antinatural, pues estaba roto, así que no había peligro de que pudiera lastimar a su hermanito.
Demian miro al hombre que temblaba en el suelo, a pesar de la sangre y falta de miembros, no sentía nada más que indiferencia por él y por su raza. Los humanos no eran más que comida y no había ningún punto en verlos como otra cosa. Así que uso la punta de su pie para patearle el pecho y derrumbarlo por completo al suelo. Entonces, dirigió su mano hacia su espalda y saco la pequeña navaja de plata que llevaba siempre oculta en su cinturón. El arma hizo un sonido al salir cortar el aire, y haciendo que el hombre levantara la vista con las pocas fuerzas que le quedaban.
— Por—Por favor. – murmuro con dificultad.
— Shsh – Demian le hizo una señal para que se callara y lentamente se puso de rodillas junto a él. – No te preocupes, tratare de que sea rápido. – añadió. Levanto la navaja en el aire y con todas sus fuerzas se la clavo con todas sus fuerzas en el pecho. – Pero será muy, muy doloroso. – Agrego sonriente. El hombre ni siquiera tenía fuerzas para gritar ya, pero dejo sacar un último gemido, mientras la navaja continúo continuo partiéndole a mitad.
Una vez que el pecho del hombro estuvo completamente abierto, Demian uso la navaja para picar sus órganos internos. Un juego que su hermano Alec le había enseñado y que siempre disfrutaban. Esa noche, no fue la excepción.
...
Los planes de Viktor para la noche era muy sencillos, comer, esperar a que sus hijos regresaran al interior de la mansión, poner a Demian a dormir y entonces atender algún asunto pendiente que tuviera con el círculo o quizás descansar un poco, no que lo necesitara pero. . . tener el control del mundo en sus manos a veces era demasiado. Y lo comprobó justo cuando entro en la itación principal de la mansión y se encontró con que al menos 5 miembros del Círculo lo esperaban, entre ellos; El Archiduque Desmok (de alguna dimensión de demonios lagarto), D'Hoffryn (Rey de Arashmahaar), Khali—Tert (Diosa de alguna tontería) y 2 monstruos más que ni siquiera recordaba, todos sentados en sus lugares respectivos de la enorme mesa de reuniones consejo.
— Viktor – saludo D´Hoffryn, quien por ley ocupaba el asiento central del otro extremo de la mesa.
— Señores. – Saludo Viktor, sintiéndose como un completo hipocrática por llamarles así cuando no eran más que sucios demonios, pero para mantener la paz que su hijo había creado en el mundo, debía continuar tratándolos bien. Así que también tomo su lugar.
— Escuchamos lo que sucedió hoy con una de las bestias. – exclamo el demonio.
— No hay nada de qué preocuparse, tenemos al asesino y será ejecutado en unas horas.
Los monstruos compartieron una mirada, analizando la situación y esta vez fue Khali—Tert quien tomó el mando de la palabra. — Si pero, ¿Qué pasa si hay más como el allá fuera? ¿Y si esto solo fue un mensaje? – pregunto.
— ¿De qué? ¿Guerra? — Viktor no pudo contener su sonrisa fanfarrona al recargar su rostro sobre ambas manos. — Los humanos no son tan estúpidos y aun si lo fueran. . . ¿Eh de recordarles que nosotros tenemos la ventaja de nuestro lado? – pregunto.
— ¿Enserio la tenemos? – se escuchó preguntar a una voz aguda y todos giraron para ver al Archiduque Desmok (un demonio verde gigantesco con escamas y cola) quien se puso se pie para dar a conocer su punto. — Porque hasta ahora tu hijo no ha hecho nada más que oscurecer el sol. Pero todo lo demás ha sido hecho por nosotros. – agrego.
— ¿Así? – Viktor trato de sonar tranquilo, pero su rostro delataba muy bien su enfado.
— Si, nuestras tropas se han encargado de diezmar a la humanidad. Mientras tu hijo solo se ha sentado a esperar a que le limpies la mierda del trasero y la cambies su pañal. – declaro el demonio.
La mandíbula de Viktor tembló, pues se estaba esforzando por mantener el control de sus emociones. — Archiduque Desmok, ¿Tiene algo que quiera compartir con nosotros? – pregunto con una falsa sonrisa de tranquilidad.
— Ciertamente si, Viktor. Ya estoy cansado de. . . – dio un golpe con su enorme palma verde en la mesa y eso termino por romper la tranquilidad de Viktor, quien en un rápido movimiento dejo su asiento y fue directo hacia la criatura. Tomándola por su horrendo cuello escamoso y levantando del suelo.
— ¿No está cansado oír su propia voz? Porque yo ciertamente lo estoy. – dijo, su rostro se habían transformado por completo en el de demonio y en un ataque de furia sin control, derribo al demonio y termino arrancándole la cabeza con sus propias manos. Liquido verde, que debía ser sangre, salpico por todas partes pero nadie se inmuto. Después de todo, todos los presentes odiaban a ese pobre miserable.
Viktor saco entonces un pañuelo del bolsillo de su saco y se limpió las manchas de sangre verde que tenía en el saco. — Ahora escuchen. – dijo muy tranquilo. — No voy a permitir que nadie vuelva a hablar de mi hijo de la forma en que este. . . – se contuvo de decir lo que realmente pensaba, pues no era una palabra que describiese solamente a aquel lagarto, sino a todos los monstruos. — Pedazo de escoria acaba de hacerlo. El próximo que lo haga, terminara justo de esta manera. – y se agacho para recoger la cabeza desgarrada del lagarto y mostrárselas a todos. — ¡¿Entendieron?! – les grito.
Los demonios no recordaban hacer visto a Viktor así de enojado nunca, e incluso D'Hoffryn con todo lo que había visto, tuvo a bien temer y asentir con la cabeza junto a los demás. Viktor sonrió complacido y volvió a tomar su lugar.
— Bien, ¿Dónde estábamos entonces? – pregunto, volviendo de inmediato a la charla.
...
Connor no tenía idea de cuánto tiempo llevaba sentado en aquella celda o de siquiera cuanto tiempo había pasado desde la última vez que había visto a su padre y hermano. Se sentía como si hubiese pasado una eternidad, pero de ser así, el ya no sería más que un montón de polvo y no se sentiría como la peor basura de la humanidad. El hombre de la barba tenía razón, se merecía morir pero no por haber asesinado a un estúpido demonio, si no por haber destruido la vida perfecta de su hermano, un niño dulce que no había hecho nada más que amarle y admirarle, y quien ahora no solo sufría a manos de un horrible hombre, sino que además impartía el mismo ejemplo con todos los demás. Y eso había pasado con él, realmente no quería imaginarse que había pasado con su padre, pues una cosa era segura. Algo muy malo debió haberle pasado, pues él jamás habría permitido que un apocalipsis como aquel devastara al mundo. Jamás.
Aun cuando lucho contra las ganas de llorar, estas le superaron y termino derramando un par de lágrimas antes de decirse a sí mismo que debía dejar de hacerlo. Ni Ángel, ni mucho menos Holtz le habían educado para sentarse a llorar, no, ambos le habían educado para que fuera fuerte y resolver los problemas. Y eso era justo lo que tenía que hacer. Así que se limpió las lágrimas con la manga de su camiseta y se levantó. No tenía ninguna idea de que haría para corregir aquello, pero al menos supuso que debía salir primero del calabozo y evitar la ejecución que esos vampiros tenían programa. Del resto se encargaría después. Así que rápidamente busco a por el hombre de la barba, encontrándolo dormido a un par de metros, encima de lo que parecía ser un catre.
— Pst, pst. – decía en voz baja, se sentía mal por tener que despertar a un hombre que, bueno, no tenía ganas de vivir, pero él si las tenía y solo él podía ayudarlo, así que continuó llamándole hasta que este se giró para verle. Entonces le sonrió. — Lo siento, no quise despertarte así. Es que no me dijiste tu nombre. – dijo.
El hombre se incorporó entonces en una posición sentada. — No hay cuidado, igual no duermo mucho. Y soy Sam Jenkins por cierto. – dijo.
— Connor. Connor Ángel – respondió sin mucho ánimo, no le gustaba ir por ahí conociendo extraños, pero en ese caso, tenía que admitís que por lo menos le debía esa cortesía al hombre que le había ayudado. — Escucha, debo salir de aquí Sam. – agrego.
— ¿Si? Tú, yo y todos, amigo. – dijo lleno de ironía y se levantó para hacer unos estiramientos. Dormir en un catre no era tan cómodo como uno pensaría. — Pero es imposible. – agrego.
Connor sonrió.
— Nada es imposible. – declaro.
— Esto sí. ¿Ves esa raya en el suelo por allá? – Connor siguió con la mirada la dirección a la que apuntaba el hombre, viendo que más allá de los 15 catres con gente que tenían delante, se encontraba una gruesa raya roja pintaba en el suelo. — Esa es la distancia que tenemos permitida para acercarnos a la reja. Un paso allá y. . . Solo quedarían tus cenizas. – explico Sam, haciendo una mueca de disgusto al recordar el día en que lo había descubierto. Cuando un sujeto que solía ser bancario o algo así, había cruzado la línea en busca de su libertad y había terminado carbonizado por llamas que salieron de la nada.
— ¿La reja esta electrificada? – inquirió Connor.
— Peor. Está encantada, todo este lugar lo está.
Connor asintió, lejos de asustado, emocionado. No por nada solían llamarle "El Destructor" en Quor-toth.
— Pues no me importa si me convierten en sapo. Debe intentarlo. – dijo.
Sam le miro muy atento, hacia tanto que no escuchaba a nadie hablar así. — ¿Sabes? si no supiera que no queda nada ahí fuera porque luchar, diría que intentas regresar con alguien. – dijo.
— Lo hago. – aseguro Connor. Dándose cuenta de que no solo el destino de su familia dependía de que escapara, también lo hacia el de todas esas personas y eso despertó una curiosidad muy grande en él. — Respóndeme una cosa. Cuando. . . – se quedó callado un momento, pensando en la mejor manera de expresarse sin ser rudo. – Cuando esto empezó, ¿Porque no se defendieron?
— ¿Crees que no lo hicimos? – pregunto ofendido. — De verdad, estás perdido chico.
Connor se cruzó también de brazos, ofendido.
— Yo podría decir lo mismo de ustedes. Mírense, solo se sientan a esperar a que se los lleven para ser comida de monstruos. Son patéticos. – dijo.
El hombre entorno la mirada, molesto por la actitud que aquel simple mocoso le mostraba pero luego asintió. — Nadie dijo que no lo fuéramos. ¿Pero que otra opción nos queda? ¿Eh? – pregunto más desesperado que molesto. — Ellos nos quitaron todo. Al menos aquí nos dan de comer. — Agrego.
— ¿Que? – pregunto Connor de inmediato. Eso le había dado una idea.
Sam se encogió de hombros.
— Si. A los demonios no les gustan las personas desnutridas. — explico
— No, no me refiero a eso. Yo. . . ¿Cómo hacen para traerles la comida?
— Sígueme. Te mostrare.
Connor siguió entonces a Sam a través del calabozo, descubriendo que este era más grande de lo que había pensando y que debía de haber por lo menos 50 personas más ahí encerradas, ninguna que conociera lamentablemente. Sam abrió una pequeña puerta en el rincón y entraron a un pequeño cuarto lleno de contenedores de plástico de color negro.
— Estos contenedores tienen lo justo para cada uno de nosotros. Cada mañana desaparecen, y aparecen llenos otra vez. Creemos que alguna bruja lo hace. – explico Sam
Los ojos de Connor se abrieron mucho al escuchar aquello.
— ¡Eso es! ¡Eso es! – exclamo emocionado y rápidamente se puso a abrir los contenedores, buscando alguno que fuese lo suficientemente ancho.
— ¿Qué haces? – exigió saber Sam, que estuviera encerrados no significara que permitieran el desorden dentro de la celda.
— ¿No es obvio? – pregunto lleno de ironía. — Entrare en uno de estos y esperare que se lo lleven y estaré fuera también. – explico Connor.
— ¿Estás loco? – pregunto al borde del colapso, pero Connor ni le respondió, pues ya estaba metiéndose en uno de los contenedores. — Chico aun si lo lograras, estas dentro de la casa de Viktor Blackthorn. Es una fortaleza, jamás podrías salir. – dijo, esperando poder apelar a su buen juicio pero no lo logro.
— Lo hare. No es la primera fortaleza de la que escapo. – aseguro Connor, sosteniendo la tapa del contenedor sobre su cabeza para ponerla en cuanto entrara en este.
Sam negó con la cabeza, jamás antes había visto tanta impertinencia y determinación en alguien, al menos no desde que les encerraran y aun cuando estaba realmente conmovido por sus intentos de vivir, supuso que era mejor no interponerse.
— Grr, será tu funeral. – murmuro y cerró la puerta de nuevo. Dejando que Connor terminara de encerrarse a sí mismo en el contenedor.
El plan iba a funcionar, tenía que hacerlo.
* Hola de nuevo, lamento la tardanza con este capitulo. No se si alguien este leyendo esto, pero espero que si y que lo estén disfrutando mucho como yo al escribirlo.
Por favor Review!
