Más tarde esa noche, Alec se encargó de llevar a su hermano menor de vuelta al interior de la mansión. Se sentía aliviado de que nada malo le hubiese pasado, pero sobre todo, estaba muy complacido consigo mismo por la felicidad que le había brindado al niño al dejarle asesinar a aquel humano. Demian era grandioso en ello, cruel, sádico y muy, muy creativo en el arte de la muerte. Sin duda, su padre y él estaban muy orgullosos de él.

— jaja y cuando se le cayó la cabeza fue. . . – ambos chicos dejaron de reír en cuanto cruzaron la puerta del gran salón, y encontraron a su padre sentado en una de las elegantes sillas que formaban juego con la enorme mesa que solían usar como comedor a veces.

— Padre. – declaro Alec, sin poder dejar de sonar sorprendido. — Perdón por el escándalo, solo estábamos. . .

Viktor levanto una mano para callarle. — Está bien. Déjame solo con tu hermano por favor. – ordeno. Alec y Demian compartieron una mirada un tanto preocupada, pues ninguno de los dos sabía a ciencia cierta cuando su padre estaba enfadado, era tan serio y duro todo el tiempo que era imposible saberlo. Así que Alec simplemente asintió y se marchó, temiendo por el bienestar de su pequeño hermano, quien tímidamente miro a su padre hasta que este le indico con dedos que se acercara.

— Ven aquí. – murmuro el hombre.

— Uh, ¿he hecho algo malo padre? – pregunto con cautela, sabia a la perfección que sonar insolente nunca era nada bueno para su pobre trasero.

— No querido. Todo lo contrario. – exclamo y apenas pudo, estiro los brazos para sujetar al desconcertado chico y sentarlo en su regazo. Algo que hacia demasiado tiempo que no hacía. — Has hecho tu parte muy bien, hijo. Y hace un rato uno de esos pestilentes demonios me recordó que nunca te exprese cuan orgulloso me siento de ti. – decía.

Demian abrió mucho los ojos, sin poder creer lo que escuchaba.

— ¿De verdad lo estás? – pregunto, con el temor de que fuese solo un sueño.

Viktor le retiro unos mechones de cabello de la frente y le sonrió. — Por supuesto. Te he visto crecer para convertirte en un extraordinario jovencito que no solo sabe cuál es su lugar en el mundo. Si no que además acepta las responsabilidades que eso trae y eso mi niño, no es algo fácil. Especialmente cuando se es joven y humano.

Demian seguía sin poder creer lo que estaba escuchando, no recordaba que su padre hubiese sido tan dulce con él desde. . . bueno, desde la noche en que había cortado la palma de su mano para que vaciara un poco de su sangre en un tazón, fue la misma noche en que el sol desapareció y los vampiros tomaron el mundo para ellos.

— No sería nada de no ser por ti padre. – murmuro perdido, pero educadamente.

— Oh tonterías. Claro que si lo serias. – exclamo el hombre al borde de la risa. 15 años antes no se habría esperado que aquel pequeño bebe que sostenía en sus brazos en una noche lluviosa de mayo, se convertiría en un joven tan perfecto como el que tenía enfrente.

Demian no sabía que porque su padre decía todo aquello, mucho menos tenía una buena idea de que decir, sin embargo, su mente le grito que ahora era el momento de seguir el consejo de su hermano y hacerle saber sus deseos a su papá.

— ¿Padre? – pregunto aun temeroso. Viktor asintió, mirándole muy atento para que viera que podía hablar con toda libertad. – Uh, yo. – Demian se mordió el labio, buscando las mejores palabras para expresarse. — Crees que. . . ¿Pronto me pueda convertir en un vampiro? – pregunto finalmente.

Viktor abrió mucho los ojos, pero supo muy bien ocultar su sorpresa.

— ¿Por qué querrías tal cosa? – exigió saber.

Demian se encogió de hombros.

— Tú lo eres, mi hermano lo es. ¿Por qué yo no? – dijo

— Sabes perfectamente porque. – reprendió el vampiro. – Tú no eres como nosotros, aun si te convirtieras en un vampiro, nunca. . .

— ¡Pero eso no es justo! – Grito y se levantó bruscamente del regazo de su padre. — ¡Prometiste que me convertirías! ¡Lo prometiste! – continuo gritando.

Viktor se puso de pie en un instante y le dio una leve pero firme bofetada. – Cuida tu tono conmigo, jovencito. – advirtió. Demian solamente le sostuvo la mirada, ni siquiera se llevó la mano a la cara, pues la bofetada no había sido tan fuerte y además, sabía que tenía suerte de que solo le hubiera golpeado así por su actitud.

Viktor se pasó una mano por el rostro entonces, no le gustaba tener que golpear así a su hijo pero mucho menos le gustaba que este le gritara tan irrespetuosamente como lo había hecho. – Escucha. – dijo, armándose de paciencia. — Yo sé que no puedes esperar a ser inmortal pero como tu padre, tienes que confiar cuando te digo que aún no eres lo suficientemente maduro para comprender lo que significa vivir para siempre.

— Lo soy. – aseguro en voz baja. – Padre, yo ya soy maduro. Solo que tú no quieres dejar de verme como tú "niñito" – dijo con el tono más tranquilo que pudiera tener.

— Tu siempre serás mi niñito, mi bebe. – dijo Viktor con la misma tranquilidad en su voz, la cual desapareció al siguiente segundo, cuando contemplo a su hijo entornar la mirada. Eso le hizo enfadar. — ¿Acabas de ponerme los ojos en blanco? – pregunto como simple cortesía, pues por supuesto que así era.

— No. — murmuro nervioso, recordando una conversación o más bien, una advertencia que su padre le había dado unas semanas atrás.

— Lo hiciste. – declaro Viktor, Demian trago saliva, por supuesto que su padre lo había visto. — ¿Qué fue lo que te advertí al respecto, jovencito? – pregunto.

— Padre yo no quise. . .

— Responde lo que te pregunte. ¿Qué fue lo que te advertí al respecto?

Demian miro el suelo, compungido. Por supuesto que su padre no iba a dejar pasar aquello, jamás lo había hecho y jamás lo haría. Así que se armó de valor para responder.

— Dijiste que me darías 10 azotes con la vara cada vez que lo hiciera. – dijo sin mirarle aun a la cara.

Viktor asintió. – Entonces ve por ella. – ordeno.

— Pero papá. . . — Demian quiso implorar por el perdón, pero su padre levanto un dedo sobre sus labios y le callo de inmediato.

— Una palabra más y serán 20 azotes. Ve a por la vara y espérame en tu habitación. – Indico, Demian no supo que hacer por un segundo pero al final se resignó a aceptar el estúpido lio en el que el mismo se había metido y obedeció. Se abrió paso hasta la oficina de su padre, el lugar donde se guardaban todos esos tortuosos artefactos (cepillos, palas, etc) con los que Viktor le castigaba o a su hermano cuando se comportaban mal. La vara no era tan difícil de encontrar, desde que tenía uso de memoria se había encontrado colocada dentro de un cesto con otros bastones y cosas alargadas, así que se abrió paso en la oscuridad y sin siquiera buscar logro encontrarla. La maldita era gruesa, dura y estaba muy fría, la última vez que su trasero la había probado había suido un par de años atrás, cuando su padre le había dado 3 azotes por no prestar atención durante las lecciones de alemán. Y si esos habían dolido mucho, no quería ni empezar a imaginar lo que 10 harían.

Con la vara en mano, Demian se dirigió directo a su habitación. Arrojo el artefacto sobre su cama y se desvistió rápidamente, sabía que hacer esperar a su padre en algo como aquello no haría más que empeorar su situación y en ese momento, eso era lo último que necesitaba. Así que se puso su pijama rojo lo más rápido que pudo, y terminaba de abotonar el ultimo botón de la camisa cuando su padre apareció.

— Entrégamela. – ordeno, Demian simplemente asintió y le entrego la cara sin siquiera mirarlo. Pues no quería demostrarle cuan asustado estaba en ese momento. — Bien, conoces la posición. – continuo.

— Sí señor. — murmuro Demian, dejo caer sus pantalones sobre sus tobillos y miserablemente se dobló sobre sí mismo. Presionando sus tobillos con ambas manos para mantener el equilibrio de su cuerpo completo.

Viktor cortó el aire con un fino movimiento de vara, y luego acomodo por su mismo el borde de la camisa del pijama sobre la espalda del chico. Dejando su trasero perfectamente expuesto para ser corregido. — Quiero que los cuentes. – indico. — Eso te ayudara a recordar tus modales la próxima vez que siquiera pienses en hacer algo tan descortés como poner los ojos en blanco.

Demian cerró los ojos, conteniendo su enfado, pues odiaba tener que contar su miseria como si fuese algo digno de hacer.

— Sí señor. – murmuro con amargura y pronto sintió el primer ardor del golpe de la madera contra su piel. Sus rodillas temblaron un poco, pero fue lo suficientemente fuerte para no quebrarse y mantener la posición. – Uno – murmuro con firmeza. Viktor asintió, levanto el brazo más alto y descargo otro golpe. – Dos – continuo, y sin tener tiempo de respirar siquiera, recibió el siguiente golpe. – Tres – apretó más sus dientes para poder resistir el próximo golpe, pero no pudo. El siguiente golpe no solo había dolido mucho más que los previos, sino que además le había causado un horrible temblor en todas las piernas y la columna vertebral. – Ahh – exclamo perdido en el dolor. – Cuatro. – las primeras lagrimas finalmente comenzaron a caer por sus mejillas, a Viktor no le gustaba para nada verlo llorar pero su carácter estricto era mucho más fuerte que su debilidad paternal y por eso, el siguiente golpe fue mucho más fuerte. Haciendo que el niño soltara un aullido antes de llevarse ambas manos sobre sus nalgas.

— Ah-ah. Conoces la regla. No se interponen manos durante el castigo. ¿Debería volver a comenzar? – sugirió Viktor con enfado. No le gustaba que su hijo mostrara debilidad a la hora de recibir un correctivo que se tenía más que merecido, eso no era propio de un caballero como le había enseñado a hacer.

— No, por favor no. – rogo Demian, retirando sus manos de su trasero para limpiarse las lágrimas que comenzaban a nublarle ya la vista.

— Ultima advertencia. – murmuro Viktor y en castigo a su debilidad, le dio 2 fuertes azotes seguidos.

— ¡Argg! – grito desesperado y conteniendo el impulso de volver a cubrirse. — ¡Cinco! ¡Seis! – continuo, Viktor podía ver muy bien lo cerca que su hijo estaba de colapsarse, así que decidió tener un poco de compasión y mantener el ritmo y la fuerza normal en los últimos 4 azotes.

Para cuando el castigo termino, Demian temblaba y respiraba muy agitado, mientras trataba de calmarse y evitar que su padre le viera llorar. Por supuesto, Viktor ya lo había notado y no le importo, pues el mismo se inclinó en el suelo y le acomodo los pantalones del pijama por su cuenta. Entonces se incorporó y abrazo al niño, sosteniendo su cabeza contra su pecho con firmeza como gesto de cariño. Demian no estaba acostumbrado a recibir abrazos de su padre, al menos no desde que cumpliera 10 años, así que aquello le tomo mucho por sorpresa y lo único que pudo hacer fue permanecer estoico hasta que su padre termino con el abrazo y le beso la frente.

— A la cama ahora. Mañana será un mejor día. – dijo con una leve sonrisa, y avanzo, llevándose la vara con él. Demian se desplomo entonces sobre su cama, se bajó los pantalones y con su mano derecha se froto el trasero. Sintiendo las marcas de la vara que se habían marcado sobre su piel. Estaba seguro de que sin importar cuan mínimo fueran sus movimientos en las siguientes horas, aquello iba a dolerle horrores y esa idea hizo que se soltara finalmente a llorar. ¿Por qué su padre tenía que ser tan duro con él?

Viktor regreso a su oficina para depositar la vara de vuelta en su legítimo lugar, y ahí se encontró con su otro hijo, que estaba sentado en su gran silla, mirando la oscuridad por el enorme ventanal de la mansión.

— Estabas escuchando. ¿No es así? – inquirió por la mirada perdida del joven.

Alec asintió miserable. — Solo quería asegurarme de que estuviera bien. – murmuro, odiaba cuando su padre era tan duro con su hermano, aun con él también lo era pero él siempre había podido soportarlo y de poder hacerlo, seguramente tomaría cada castigo que pudiera para proteger a su hermano.

— ¿Tanta desconfianza me tienes? – pregunto algo ofendido.

Alec negó rápidamente con la cabeza.

— No, por supuesto que confió en ti padre solo. . .

— Está bien. – Viktor avanzo hacia el ventanal, contemplando por sí mismo la belleza que la oscuridad total había producido en el mundo. — Entiendo lo que sientes por él. – agrego.

— Solo quiero protegerlo. – reafirmo Alec, lo último que quería es que su padre pensara que sus intenciones para con el niño eran otras.

Viktor sonrió. — Lo sé. – declaro. — Lo supe desde el primer momento en que lo puse en tus brazos. – aseguro, recordando entonces aquella terrible noche del 09 de Mayo del 2000.

La noche luego de que su amada Sara (La Cazadora) muriera a manos de su terrible hermano Killian, dejándole a él con la encomienda de ver y proteger a su hijo recién nacido. El cual cubrió entre sus brazos mientras se abría paso bajo la lluvia en su camino a casa.

— ¡Padre! – se escuchó gritar a Alec, quien rápidamente había salido de la casa y corrido media calle para ayudarle a entrar a la casa que en ese entonces ocupaban. Ya en el interior, pudo contemplar que su padre estaba lleno de rasguños, tierra y sangre seca. Heridas que no se producen fácilmente en un vampiro. — ¿Qué fue lo que te hicieron? Ese miserable pagara. – exclamo Alec, dispuesto a salir en medio de la tormenta y hacer frente a sus enemigos hasta hacerlos pagar.

— Lo ha hecho. – declaro Viktor al instante. – Mi. . . – aún tenía problemas para hablar de Killian en ese momento. — Mi hermano no volverá a ser un problema nunca más.

Alec tardo un par de segundos en asimilar la noticia, solo había tenido el tormento de haber conocido a su tío Killian por unos 400 años y en ese poco tiempo (poco para un vampiro) este no había hecho más que traer problemas y complicaciones. Justo por eso no podía empezar a imaginarse lo que su padre había tenido que soportar con ese hombre en los más de 2000 años que vivieron juntos.

— Eso es. . . Es grandioso, padre. – dijo, sin realmente tener mejores palabras para expresar lo que sentía ante dicha victoria. Entonces se percató de que padre no estaba encorvado debido a alguna herida, sino porque estaba sosteniendo algo envuelto en un trapo blanco. Algo que se movía. — ¿Que trajiste contigo padre? – pregunto.

Aun con el dolor de sus heridas, Viktor no pudo evitar sonreír ante la inocencia de su hijo vampiro. — No un qué. Sino un quién. – dijo, quitando parcialmente la cobija blanca del pequeño bulto y revelando la carita arrugada de un bebe.

Alec no podía creer lo que veía, y casi se va de espaldas.

— ¿Eso es. . .?

Viktor se apresuró a responder. — Es mi sobrino. Su madre. . . – pero su entusiasmo desapareció de la misma forma en que llego al recordar a Sara, al recordar que el mundo había perdido a su cazadora aquella noche, y sobre todo, que el amor de su vida inmortal jamás regresaría.

Alec pudo deducir todo fácilmente y aun que no sentía ningún sentimiento por ello, tuvo a bien ser solidario con su padre y ponerle una mano en el hombro. — Oh padre, yo lo. . . Lo siento mucho. Sé que tú. . .

Viktor se movió con brusquedad, buscando así no mostrar su debilidad. — Eso ya no importa. Ahora todo lo que importa es este niño. – indico.

— Quieres decir que vamos a. . . ¿Vamos a quedárnoslo? – pregunto Alec, más sorprendido de lo que hubiese querido sonar.

— Por supuesto que lo haremos. Es nuestra familia. – indico Viktor, quien ya estaba colocando al pequeño bebe sobre la mesa del comedor para examinarlo. Sabía que el vigilante de Sara había hecho un buen trabajo protegiendo al niño durante la batalla, pero aun así, no estaba de más ser precavido.

Alec por otro lado, no pudo evitar entrar en pánico.

— Pe—Pero. . . No es como nosotros – dijo, tratando de apelar al mejor juicio de su padre y hacerle ver que 2 vampiros y un bebe en la misma casa no era una buena idea, ni siquiera para una película de comedia.

— En eso tienes razón. No es como nosotros, es mucho mejor. – exclamo muy orgulloso, él bebe ya había despertado y movía sus manos lentamente sobre su cabeza, quizás era el único movimiento que su pequeño cerebro conocía pero era lo más hermoso y perfecto que Viktor hubiese visto jamás. – Este niño es hijo de uno de los primeros vampiros de la historia y de la misma Cazadora. Su poder debe ser. . . Sin igual. – continuo diciendo, desde entonces comenzando a imaginar el reinado el de terror que 15 años después traerían al mundo.

Aun así, Alec seguía sin verle la gran cosa.

— Pero es solo un bebe, no puede ser tan poderoso como dices. – exclamo.

Viktor le miro, sonriente por lo tonto que podía llegar a ser a veces. — Hoy solo es un bebe, pero no será así siempre. El crecerá y entonces. . . – miro de vuelta al niño, quien ahora parecía sonreír por algo que miraba en el techo. — Sera el rey. – agrego.

— ¿El rey de qué? ¿De los vampiros? – inquirió Alec.

— Vampiros, demonios, humanos. El será su rey. – aseguro. Levanto al niño en sus brazos y lo ofreció entonces a su hijo. — Sostenlo un momento ¿quieres? debo buscar sus cosas y vestirlo. – explico.

Alec miro con horror al pequeño niño que babeaba y pataleaba sin ningún control. — Pero yo no sé cómo. . . Yo jamás. . . – Ninguna excusa fue valida y Viktor termino poniéndole al niño entre sus brazos en tan solo 2 segundos. Alec tenía los brazos muy rígidos pero con torpes movimientos se las arregló para acunarlo.

— Sujétale la cabeza, con cuidado. – ordeno Viktor, Alec lo hizo lentamente y su padre asintió. — Eso es. – dijo, y finalmente dejo la habitación. En ese momento considero que sería una buena opción tomar un baño y cambiarse de ropa, pero su sensatez fue más grande y le indico que dejar al bebe con un inexperto como Alec sería algo peligroso. Así que solo buscaría sus cosas y en cuanto lo vistiera y durmiera, ya se arreglaría él.

Alec intento no hacer contacto visual con él bebe pues no tenía interés alguno en jugar al padrino o lo que fuese que su padre estuviera pensando. Sin embargo el niño comenzó a tirar de su camiseta, con tanta firmeza que era como si le estuviera pidiendo atención y tras un par de minutos la consiguió. Alec frunció el ceño mientras le miraba, hacia muchísimo tiempo que no veía a un bebe y no recordaba que fueran tan. . . extraños.

— Eres la cosa más horrenda que he visto, tu. . . – hizo una mueca de desaprobación con su rostro, una que él bebe seguramente encontró graciosa pues dibujo una clara sonrisa en sus pequeños labios y extendió las manos, buscando tocarle la cara. Eso hizo que Alec viera algo más en él. – Eres tan pequeño y. . . Frágil – levanto al niño frente a su cara y en cuanto sus miradas se cruzaron, supo que aun sin tener un alma o alguna compasión por los humanos, haría lo que fuese para proteger a ese niño. — Shsh, esta bien. – dijo, volviéndole a acuñar entre sus brazos para mecerlo. – No debes preocuparte Shsh No estarás solo, nunca lo estarás. Shsh – le dijo, sin percatarse de que su padre ya tenía rato de haber vuelto y que ahora les contemplaba con demasiado orgullo.

— Uh, ¿Crees que le quede? – pregunto Viktor para delatar su presencia. Alec giro y vio un pequeño mameluco azul que su padre sostenía.

— Si, supongo que sí. – dijo, llevando al niño en dirección a su padre para que le vistiera. – Y. . . ¿Su majestad tiene nombre? – pregunto. Esperando que su padre no fuese a ponerle uno de esos nombres antiguos que ni siquiera de podían pronunciar.

Viktor asintió.

— Su nombre es Demian. – respondió.

— ¿Demian? – repitió Alec con una mueca de desagrado total en su rostro. — No crees que es un poco feo para. . .

— Su madre lo eligió. – recalco el vampiro para que su hijo no fuese a decir una tontería que le costara cara después.

Por suerte, Alec supo guardarse mejor su opinión. — Oh, bueno. . . Es un nombre muy fuerte. – corrigió. Tomo a niño y lo levanto a la altura de su cara, dejando que este le tocara el rostro con sus pequeñas manos. — ¿Oíste eso primo? Te llamas Demian. – le dijo.

— De hecho. . . – Viktor extendió una sonrisa y tomo al bebe en sus brazos para ponerlo de vuelta sobre la mesa y así poder vestirlo. — Deberías empezar a llamarle hermano. Después de todo, el será mi hijo también. – declaro.

Alec tardo un segundo en procesar la idea.

— ¿Estás seguro de que quieres hacer eso? – pregunto, su estilo de vida (mudándose de una ciudad a otra para que nadie se diera cuenta de que jamás envejecían) seguía sin parecer del todo adecuada para la pequeña criatura.

— Totalmente. – respondió sin titubear. — Su padre no merece siquiera que esta criatura sepa sobre él. Y si yo puedo evitarlo al ser un padre para él, nada me dará mayor placer. – Dijo y se puso de inmediato a vestir al pequeño niño.

Alec asintió, y se inclinó para juguetear con las manitas del bebe. — ¿Escuchaste eso pequeño? Ahora tienes un hermano mayor. – le dijo. En ese momento, pensaba que todo se trataba de un acto de venganza más, que su padre le arrebataría a su hijo a su propio hermano en castigo por todos sus pecados. Sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de lo equivocado que había estado entonces. Su padre había tomado a ese niño bajo su tutela porque le amaba, incluso, esa noche después de castigarle le amaba. Siempre lo haría.

— Desde esa noche no has hecho más que protegerlo y lo has hecho muy bien Alec. Sabes lo orgulloso que me siento por ti. – declaro Viktor.

— Gracias padre. – murmuro con la cabeza abajo, pues no estaba acostumbrado a recibir buenas palabras de su padre. Mucho menos a que estele tomara la cabeza como estaba haciéndolo ahora, recargando su frente con la suya en un gesto de fraternidad. El cual solo duro unos breves pero significativos instantes.

— Y es justo por eso que no habría nadie mejor para esta tarea que tú. – continuo Viktor

— ¿Que tarea? – exigió saber de inmediato.

Viktor se recargo en el marco de la ventana, buscando no desesperarse más. — El humano que trajiste. – comenzó. — Parece que hay algo bastante inusual en él, pero no he podido descifrar el que.

— ¿Quieres que lo torture para que nos lo diga? estaré encantado de hacerlo. – admitió Alec, él también se había dado cuenta de que había algo extraño con ese sujeto desde que lo encontraron en las calles y ciertamente, se estaba muriendo (de nuevo) por romperle cada hueso hasta hacerlo suplicar por su propia muerte.

— No quiero que lo tortures. Quiero que lo mates. – demando Viktor. – Pues por mucho que me gustaría saber todo, no puedo tomar ningún riesgo. En especial ahora que los miserables monstruos se han puesto nerviosos.

— ¿Porque? ¿Por un simple humano? Eso es ridículo. – dijo Alec.

— Lo sé, pero recuerda que ellos no son como nosotros. Son débiles, y aun cuando me gustaría acabar con todos ellos. . . – hizo una pausa, removiendo la gloriosa imagen de muerte que tenía en su mente. — Aun los necesito de nuestro lado. – agrego.

Alec no sabía que pensar, su padre no había sido muy claro con él sobre sus planes para Demian, durante 15 años solo había dicho que un día el niño cumpliría su parte de alguna profecía que nunca le conto y que entonces, todo tendría sentido. Pero mientras ese día llegaba, supuso que sería mejor apoyarlo.

— Por supuesto, yo. . . me encargare del bastardo ahora mismo si así lo quieres.— dijo.

Viktor puso su firme mano sobre su hombro. — Ese es mi hijo. – exclamo orgulloso. – Pero déjalo sufrir un rato más, será parte de su castigo. Ahora ven, toma una copa con tu padre. — y avanzo hacia la vitrina cerrada con llave donde guardaba botellas de las mejores bebidas del mundo, y de la historia claro está.

Alec sonrió, al menos aquella noche su padre parecía estar de buen humor con él.

* Como dijeron en un libro y luego en un película muy famosa "Que empiecen los juegos!"

Espero que les gustara el flashback, siempre trato de que mis personajes sean lo mas humanos posible y no podia quedarme atras, cuando tienes a 2 sujetos tan guapos como son Viktor (lo imagino como Daniel Gillies) y Alec (lo imagino como Nathaniel Buzolic) no puedes perderte la oportunidad de darte estos pequeños lujos. Espero que les este gustando esto, siempre imagine a Viktor como un padre muy estricto y sin ningun problema de disciplinar a sus chicos. Mas adelante habrá mas, mucho mas =)

Por favor Review!