* Capitulo mas largo, lleno de sorpresas como "Regalito de navidad para todos" =)
Connor encontró realmente incomodo estar dentro de aquel contenedor, ni siquiera la vez en que se había quedado atorado dentro de una lavadora de la fraternidad en Stanford había sufrido tantas molestias como en ese momento, pero sabía muy bien que no debía de protestar. El único culpable de todo era él mismo, y estar dentro de un contenedor era algo mucho mejor que lo que su hermanito había recibido en aquel. . . ¿Mundo bizarro? ¿Mundo Oscuro? Ni siquiera estaba seguro de cómo debía llamarlo, solo estaba seguro de que no tenía planeado quedarse ahí para siempre. Su vieja amiga, Cordelia Chase le había contado una vez sobre una situación similar que había vivido en su tiempo de estudiante de preparatoria. No había pensado en ella desde hacía tanto tiempo que ahora dolía tanto que costaba siquiera recordar. . . ella, ella había mencionado cuanto odiaba a las tontas personas que pedían deseos sin saber que los demonios vengativos siempre andaban al asecho de cumplirlos. Pero él no consideraba que su enojo con su hermano fuese suficiente para buscar una venganza, mucho menos conocía a un demonio vengativo ¿O sí?, Connor estaba pensando en ello cuando sintió una horrible sacudida. Duro solo un momento, pero fue lo suficiente para provocarle un horrible mareo y en cuanto quito la tapa del contenedor no pudo hacer nada más que vomitar.
Ya con el malestar fuera de su cuerpo, Connor levanto la mirada y se encontró dentro de un cuarto oscuro, cuya única luz parecía provenir de una especie de calderas cuyas llamas no solo iluminaban sino que además calentaban el espacio. Lentamente se salió del contenedor y al poner los pies de vuelta contra el suelo sentido algo pegajoso contra sus zapatos.
— ¿Qué demonios es esto? – se preguntó. Levanto su zapato para poder ver la suela y aun con la poca luz que había. Pudo ver que se trataba de una enorme cucaracha que había pisado y hecho trizas. — ¡Puaj! – exclamo lleno de asco y continuo caminando. Fuese donde fuese que estuviera no debía de ser un lugar agradable, mucho menos seguro para estar mucho tiempo así que era mejor buscar una salida.
Connor camino por lo que resultó ser un enorme pasillo de calderas hasta llegar a unas escaleras. Su primer pensamiento fue que debía de encontrarse en algún nivel subterráneo del cual saldría al subir esas escaleras, así que lo hizo a toda prisa. Abrió una puerta pero rápidamente volvió a cerrarla, pues del otro lado había un grupo de vampiros conversando.
— Genial Connor, simplemente genial. – murmuro para sí mismo, debió haber pensado desde un inicio que escapar no sería tan fácil, jamás lo era. Miro a su alrededor en busca de cualquier otra dirección en que ir, pero no había ninguna otra más que aquella puerta. Apretó los puños y negó la cabeza con frustración, no había más opción que recurrir a la violencia habitual. – Bien, aquí vamos. – dijo para mismo, suspiro y con un fuerte empujón abrió la puerta de salida nuevamente.
Los vampiros estaban hablando sobre la cacería de aquella noche y sobre el nuevo pero creciente rumor de que el pequeño hijo de Viktor no era la delicada flor que muchos pensaban, cuando el joven rubio arremetió contra ellos sin piedad. La primera patada impacto contra el vampiro del centro, alejándolo mientras se encargaba de golpear con ambos puños a la vez a los vampiros de sus costados. Sin embargo, uno de ellos fue rápido y apenas recibir el golpe logro contraatacar, dándole a Connor un golpe tan fuerte en la sien que por un momento pensó que se desmayaría.
Connor se tambaleo un momento pero se repuso, tomo el puño del vampiro que pretendía golpearle nuevamente y le quebró la muñeca de un fuerte tirón antes de tener su cabeza al alcance y romperle el cuello de un rápido movimiento. Fue entonces que pudo enfrentar al otro sin ninguna distracción. Esquivo varios puñetazos del vampiro y le dio un par propios antes de poder romperle el cuello también y salir corriendo en la siguiente dirección. Le habría encantado asesinar a ambas criaturas, pero no tenía ni el tiempo ni mucho menos los medios para hacerlo. Escapar era su única prioridad.
El lugar se volvía más y más oscuro con cada paso que daba, pero Connor se las arregló para seguir corriendo en una misma dirección sin tropezarse o lastimarse. Era como si el lugar por el que corría fuese un enorme pasillo vacío o algo así y probablemente hubiera perdido la fe de encontrar una salida, de no haber sido por los pequeños rayos de luz que se filtraban desde el borde del suelo. Así que Connor se inclinó para echar un mejor vistazo, cuando una luz roja y un sonido horrible comenzaron a zumbar por todo el lugar.
...
Viktor decidió beber una copa de la mejor sangre refinada con su hijo, cuando la alarma de las celdas de prisioneros comenzó a sonar. Era la primera vez que lo hacía en. . . bueno, desde que había sido instalada y eso los tomo por tanta sorpresa que ambos casi escupen el preciado el líquido de sus bocas. Compartieron una mirada atónita, justo antes de que Alec usara su velocidad aumentada para desaparecer en el viento. Si alguien iba a encargarse de aquella irregularidad, ese sería él. Viktor por otro lado, simplemente termino de beber su vino para entonces arrojar la copa de cristal contra el muro y hacerla añicos. Todo su imperio comenzaba a desmoronarse y no podía darse el lujo de permitirlo.
¿Quién demonios era aquel mocoso rubio que su hijo había hecho prisionero? ¿Y porque había llegado en aquella noche precisamente?
...
Apenas la alarma comenzó a sonar, Connor supo que debía darse prisa en escapar. Se tiro al suelo y con las plantas de los pies pateo tan fuerte el muro desquebrajado hasta que este se rompió lo suficiente para que lo atravesara. El nuevo lado era otro pasillo gigantesco, pero este estaba completamente iluminado por resplandecientes antorchas de fuego que marcaban un camino. Connor comenzó a correr nuevamente entre ellas, cuando de la nada un nuevo grupo de vampiros apareció directamente para atacarle. Esquivo un par de puñetazos y repartió unos propios antes de poder bajar una especie de lanza de fierro del muro izquierdo y comenzar a defenderse. Quizás el arma no era de madera, pero él era lo suficientemente fuerte y astuto sobre todo como para usar la punta para rebanarles los cuellos y reducirlos a nada más que cenizas.
4 vampiros cayeron de una sola estocada, y los 2 restantes parecían estar tan asustados que seguramente estaban a punto de salir corriendo. Cosa a la que Connor decidió contribuir con su habitual carisma.
— Lo admito. Casi tuve que esforzarme aquí, chicos. – dijo en tono de burla, y poniéndose la lanza tras el cuello como si fuera un simple palo. – Miren amigos, no hay razón para que hagamos esto. De verdad, estoy dispuesto a perdonarles la vida. Solo den la vuelta y regresen a su. . . – echo un rápido vistazo a su alrededor y dedujo que no había forma de saber en qué lugar estaban todavía. Solamente que era uno demasiado grande. — ¿Castillo? ¿Mansión? O lo que sea, y yo continuare con mi camino. – agrego.
Los dos vampiros compartieron miradas y rugidos, como si estuvieran realmente considerando su oferta y estuvieran a nada de dejar el polvo tras su camino mientras corrían de vuelta a su escondite. Sin embargo, nadie estaba preparado para escuchar el eco de la voz que a continuación se presentaría.
— Ja. No tienes a donde ir, idiota.
Connor miro en todas direcciones en busca del dueño de dicha voz, cuando de la nada este salió de las sombras. Un gran copete sobre su frente, ropa de cuero negro y una sonrisa irónica en su rostro. No había forma de que Connor no lo reconociera como el idiota que lo metió en aquel horrible calabozo la primera vez.
— Oh maldición. ¿Tú de nuevo? ¿En serio? – pregunto lleno de furia. No sabía si era la ropa y la estúpida sonrisita, pero algo en ese vampiro le desagradaba por completo.
El vampiro se burló por un momento.
— Debo admitir que me impresionas. – dijo. – Ningún humano había sido tan estúpido como para pensar que podría escapar de aquí. Estamos en una fortaleza idiota. – agrego.
— Si, de eso ya me di cuenta imbécil. – respondió Connor con una sonrisa fingida. Miles de escenarios donde golpeaba, decapitaba y hacia picadillo a ese vampiro pasaron por su mente en un solo instante, sin embargo, fue lo suficientemente maduro para recordar que la prioridad no era aniquilar a un ejército (cosa que podría hacer sin problemas) si no encontrar una manera de poner las cosas de vuelta en su lugar.
— Ahora, lo que no logro decidir es si deberías ser mi cena ahora o mi desayuno por la mañana. No creo poder esperar tanto para el amanecer. – continuo el vampiro.
Connor ahora si sonrió de verdad. — ¿Y si mejor ayunas para tu cirugía de nariz? – pregunto lleno de ironía y antes de que el vampiro pudiera reaccionar, giro sobre sus talones y le clavo la punta de la lanza en el rostro. El vampiro rugió como una bestia en su lecho de muerte, mientras que los otros 2 no pudieron más que retroceder, temerosos a sufrir el mismo destino. Connor contemplo su hazaña por un momento, sonrió y entonces comenzó a correr lo más rápido que las piernas le permitieron.
Alec se desplomo al suelo y tardo un doloroso momento en quitarse la lanza de la cara, nadie jamás le había herido de esa manera, ni siquiera su padre durante los días en que había usado la disciplina para enseñarle a controlar su ansia de sangre en sus primeros días como vampiro. Los otros 2 vampiros dudaron pero finalmente se inclinaron para ayudarle a levantar, a lo que él respondió con un brusco movimiento que se los quito de encima.
— Grr. ¡Vayan por él! ¡Mátenlo! – ordeno y los vampiros comenzaron a perseguirle finalmente. Alec se llevó la mano a la cara, recogiendo un poco de su misma sangre entre los dedos. Sabía que la herida se curaría en unos momentos más, pero la humillación era algo que no le perdonaría jamás a ese mocoso rubio. Era la razón por la ahora más que nunca se deleitaría arrancándole los pulmones. Por eso empezó a correr también.
Connor no se detuvo ni un segundo, las antorchas habían quedado atrás hacia unos metros. Dejándole ver finalmente la luz de la luna llena que iluminaba la noche eterna. Dejándole sentir finalmente la brisa fría del exterior de aquel lugar. Ahora estaba más que seguro de que se trataba de un castillo, si, uno enorme hecho de toneladas de impenetrables piedras que no tenía ninguna forma de quitar de su camino. Pensó que podría escalar quizás a la cima de la enorme pared que parecía dividir la estructura del exterior, pero ni siquiera él podría ser tan tonto como para no darse cuenta de que debían ser por lo menos 20 metros de altura los que tenía encima, por lo que no había manera humana en que pudiera lograrlo a tiempo sin ser capturado. El pánico comenzó a apoderarse de él, pues por más que corría solo daba vueltas y vueltas en un lugar del que no había ninguna salida y donde los enemigos podían salir de cualquier parte.
El pensamiento de la derrota finalmente llego a su mente, pero entonces se dio cuenta de que ni siquiera le importaba morir. Lo único que le importaba era pensar en lo que pasaría con su hermanito, y con su padre si no corregía el horrible deseo que lo había puesto en aquella situación. ¿Acaso ellos se quedarían ahí para siempre? ¿Viviendo en un mundo cruel en el que no pertenecían?
De la nada, uno de los vampiros salto sobre de Connor, derribándole y mordiéndole el cuello con una fuerza que el chico jamás hubiera imaginado posible sentir. Connor se arrastró por el piso, buscando tierra, piedras o cualquier cosa con que defenderse pero no había nada y sus puños bien podrían romperse antes de que lograra quitarse a ese monstruo de encima. Aquel era su fin. . . O eso pensó por un momento.
La mordida del vampiro perdió su fuerza de repente, este se apartó y miro a Connor con los ojos en blanco justo antes de convertirse en un montón de polvo que el mismo viento se encargó de esparcir. Connor no entendía lo que había pasado, y solamente lo hizo cuando se percató de la enorme punta de madera que tenía sobre su propio pecho. La punta de una estaca, sostenida por una figura encapuchada que tenía parada frente a él.
— ¿Qué. . .Quién eres? – pregunto titubeante.
La capucha negra cayó al suelo sobre sus pies, revelando entonces a la hermosa joven de cabello largo oscuro que sostenía el afilado artefacto.
— Ven conmigo si quieres vivir. – dijo ella.
Connor estaba impactado, no solo por el uso de una de las frases más icónicas de una de sus películas favoritas de la vida, sino porque ella era una de las mujeres más hermosas que había visto en su vida y era. . . ruda. Una combinación perfectamente ciertamente.
— Aja, claro. Chica sexy. – balbuceo, pero a ella no pareció importarle pues simplemente se abrió camino y él detrás. La joven llevo a Connor hasta lo que parecía ser una barda inclinada, cuyo espiral parecía ser la clave para llevar a la cima de la estructura.
— Vamos, deprisa. – indico, mientras ella misma comenzaba a correr y a subir por ahí. Connor no dudo ni un segundo en seguirla, pues en todo el tiempo que llevaba en aquella tierra extraña, era la primera persona que no parecía temer asesinar a un chupasangre.
Entre más subían por la barda, más claros se hacían los sonidos de los vampiros que parecían aproximarse. Debían de ser unos 20 cuando menos y a esa altura, ciertamente solo necesitaban derribarles para aniquilarlos.
— ¡Corre más rápido! – ordeno la desconocida joven.
— ¡Lo hago! ¡Lo hago! – decía Connor, obligando a su cuerpo entero a mantenerse estoico para no tambalearse y caer durante su recorrido. Finalmente llegaron a la cima, desde donde Connor no puso más que contemplar la oscuridad y desolación de lo que antes solía ser un mundo con colores. Su hogar. ¿Pero qué le había pasado?
— Tenemos que saltar. – exclamo la joven, sacando a Connor de sus pensamientos.
— ¿Estás loca? ¡Nos mataríamos! – exclamo en pánico, pero ella ni siquiera pareció escucharlo de nuevo. Simplemente se dio la vuelta y se arrojó de la cima.
— ¡Hazlo! – se escuchó gritar a ella mientras caía, Connor pensó que estaba a punto de verla estrellarse contra el suelo y partirse en un montón de pedazos pero justo antes de llegar al suelo, una estrella se luz se abrió en el suelo, y ella desapareció.
— ¡¿Pero qué carajos?! – se preguntó a sí mismo. Por supuesto, acababa de ver a un portal mágico entrar en acción.
— ¡Ahí esta! ¡Maten al bastardo! – escucho gritar al vampiro odioso, lo que fue probablemente la causa de que tomara su decisión.
— Ok, ok. Ahí voy. Ahí. . . – retrocedió un paso, cerró los ojos pensando en las millones de razones por las que aquello era una pésima idea pero finalmente se lanzó al vacío. — ¡Voooooooy! – su grito se extendió con el eco producido de la caída que, según lo que podía sentir, debía de ser lo más rápido que alguna vez su cuerpo se había movido. El portal se abrió entonces y Connor cayó dentro de él, desapareciendo también.
Los vampiros no tardaron mucho más en llegar hasta donde Connor y la chica solían estar, miraron hacia abajo en busca de sus cadáveres destrozados por la caída pero no encontraron nada. Lo que hizo rabiar a Alec por completo.
— ¡Búsquenlos! – ordeno, las cuentas a ajustar con el chico rubio crecían a cada segundo y no podía esperar más para cobrarlas.
...
Atravesar el portal resulto ser mucho más difícil de lo que Connor había pensado, pues no solo había sentido que la caída fue eterna, si no que apenas su cuerpo se detuvo en tierra firme, se puso a vomitar y a toser. Justo el efecto porque el detestaba tanto usar portales. Aunque, bien podría ser solo un efecto en él pues la chica se veía perfectamente bien.
— Tardaste demasiado en saltar. – reprendió ella, quizás era demasiado hermosa pero por su tono uno se podía dar cuenta de que no era alguien precisamente agradable.
Connor se limpió la boca con la manga de su chaqueta y se levantó, acomodando su cabello discretamente para no lucir como un completo desastre. — ¿Si? bueno, lo siento pero no poseo una maestría en saltos mortales. – dijo lleno de ironía.
La chica frunció el ceño, más molesta de lo habitual.
— Te salve la vida, deberías estar más agradecido. – dijo.
— Lo estoy. – aseguro Connor. — Aun que te daría las gracias si siquiera supiera quien eres. Yo soy Connor y. . .
— No, no me interesa saber tu nombre idiota. – le interrumpió de malos modos. – Lo que quiero saber es quién eres y porque me enviaron a buscarte. – exigió saber.
— ¿Cómo que te enviaron? – Connor estaba realmente perdido y el cruzar los brazos fue el gesto necesario para expresarlo. — ¿Quien? – exigió saber también.
La joven puso los ojos en blanco y apretó los puños.
— Por supuesto. Ese bastardo. . . – murmuro para sí misma y continuo con su camino para subir unas escaleras en el fondo. Fue en ese momento que Connor se dio cuenta por primera vez de que estaban en una especie de sótano vacío, con nada más que tierra y aquellas escaleras. Así que decidió seguirla por ahí.
— ¡Eh! No dejes hablando. . . – pero al salir del sótano no pudo más que callar ante la sorpresa de que estaban en un lugar que él conocía bastante bien. Quizás estaba oscuro, lleno de polvo y telarañas pero ni siquiera eso bastaría para que no pudiese reconocer su lugar de trabajo y escuela de su hermano. Ósea el viejo instituto de Shenandoah. — Solo. – agrego para sí mismo y continuo caminando hasta entrar en la misma oficina (o lo que solía ser una) destrozada donde la joven entro. Con mucho trabajo, una luz parpadeante blanca iluminaba la habitación pero eso fue suficiente para ver el interior.
— ¿Quién demonios es este tipo? ¿Y porque arriesgue mi vida por él? – exigió saber la joven a una figura encapuchada que yacía sentada en una vieja silla de ruedas, mirando el rincón de la habitación.
— Shsh por favor. Ahora no. – dijo la áspera pero pronunciada voz británica de la figura. Una voz tan familiar, que incluso el cuerpo de Connor se estremeció por completo antes de que cerebro la reconociera siquiera. ¿Cómo era posible que él precisamente estuviera ahí? De verdad tenía que saberlo.
— ¿Spike? – pregunto titubeante y temeroso de que solo fuera una ilusión.
Entonces Connor pudo percibir a la figura enderezándose un poco, pensó que se levantaría pero no, simplemente comenzó a dar vuelta a su silla de ruedas hasta que sus miradas se encontraron. Había tenido razón, si era Spike pero no "El" Spike que conocía, pues este no tenía el clásico cabello rubio platino, si no castaño. Su rostro se veía triste y no alegre como siempre. Tenía un parche cubriendo su ojo izquierdo, y lo peor es que no tenía ninguna de sus piernas tampoco.
Spike le miro por un segundo, hasta que le reconoció.
— ¿Connor? – pregunto confundido.
— Sí, soy yo. Pero qué. . . – Connor se inclinó junto a él y apenas lo hizo el vampiro le tomo por el cuello con mucha fuerza y con la otra mano le puso una pequeña navaja justo frente a los ojos.
— ¡Mientes! ¡Connor Ángel está muerto! ¡¿Quién eres?! – exigió saber.
Connor no se podía creer que aun su estado, el hombre tuviera los reflejos para someterle tan fácilmente. – Yo. . . Yo soy Connor, lo juro.
— ¡Mientes!
— No, si lo soy. Pero no soy de aquí. – dijo, sin saber realmente como explicar la bizarra situación en la que se encontraba.
— ¿Eso qué diablos significa? – exigió saber Spike.
— Yo. . . pues. . . – Connor busco rápidamente en su mente por las palabras apropiadas, pero cada explicación que imaginaba sonaba incluso más inventada que la anterior. Por suerte, el temperamento de Spike prevaleció y le apretó la muñeca para encontrar las respuestas que necesitaba. Connor no entendió porque hacia aquello, pero apenas le toco, el ojo de Spike se puso por completo blanco. Como sí. . . tuviera una visión.
— ¿Pero qué demonios? – se preguntó a sí mismo.
Un momento después, Spike finalmente le soltó.
— Entonces es eso. – dijo.
— ¿Qué? ¿Qué demonios acaba de pasar? – exigió saber Connor, ahora todo se había vuelto más confuso que antes y lo peor vino en cuanto el puño de Spike impacto fuertemente contra su cara y le derribo.
— ¡Eh! ¡¿Por qué me golpeas?! – exigió saber muy ofendido.
— Si, ¿Por qué? – exigió saber la confundida joven.
— Déjame solo con él. – le ordeno Spike, ella puso los ojos en blanco pero se marchó de la habitación. Entonces Spike le apunto con el dedo a Connor. Estaba muy alterado.
— Tu, maldito bastardo. ¡Has pedido un jodido deseo! – grito.
Connor abrió los ojos como platos.
— ¡Si! – exclamo más emocionado de lo que sería correcto. Pero es que el hecho de que alguien más supiera lo que estaba pasando le hacía sentir mejor. – Digo, sí. – corrigió de inmediato su tono y se levantó. – Ha sido una tremenda estupidez de mi parte, lo sé yo. . .
— ¿Una tremenda estupidez? – le interrumpió de inmediato, de tenerlo cerca en el suelo le habría propinado otro golpe seguramente. — ¡Has destruido el mundo entero idiota! Yo llamaría a eso más que una tremenda estupidez.
Bueno, ahora ya no era tan reconfortante que alguien más le restregara la culpa que él mismo sabía que tenía en dicha situación. – Lo sé, lo sé, pero no ha sido mi intención yo no pensé que. . .
— Eres un idiota, por supuesto que no pensaste. Nunca piensas en las consecuencias de tus acciones justo por eso te volaste a ti mismo en mil pedazos. – reprimió Spike.
— ¿Qué? ¿De qué demonios hablas? – exigió saber Connor.
Finalmente Spike extendió su conocida sonrisa. – Justo lo que dije, mocoso. Te pusiste una bomba en el pecho y te volaste en pedazos junto a unas 10 personas más.
— ¿Qué? – Connor ahora sí que estaba más que perdido. – No, eso paso hace mucho tiempo y mi padre me detuvo. – explico. Quizás los recuerdos que Wolfram & Hart le había creado se hubiesen mezclado con los reales, pero aun así, estaba seguro de que recordaría haberse volado a sí mismo en un montón de pedazos.
— Quizás eso fue antes. Pero aquí tu padre no pudo detenerte y tú moriste. Tu maldito deseo debió cambiarlo también.
— Eso no tiene sentido. En ese entonces mi padre ni siquiera conocía a mí. . . – un nudo se formó en su garganta de repente y no pudo hablar más. Sin embargo, eso a Spike no le importaba y continúo presionándole a hablar.
— ¿A tu qué? ¿De quién estás hablando? – exigió saber el vampiro.
Connor dudo un segundo en contarle, pero lo cierto es que nadie podría culparle más de lo que él mismo se culpaba por lo que estaba pasando. Así que hablo. – A mi hermano, mi padre ni siquiera lo conocía cuando eso pasó.
Ahora fue Spike quien abrió mucho su ojo.
— ¿Tu hermano? ¿Ángel tuvo otro hijo? – pregunto perdido.
Connor asintió cabizbajo. – Es. . . Complicado. – murmuro.
— Complicado mis narices. – exclamo furioso. — Tu, pequeño egoísta. Deseaste que tu hermano nunca existiera ¿cierto?
— ¡Por supuesto que no! – exclamo ofendido. Pero luego de una mirada más al estado en que Spike se encontraba, se dio cuenta de que quizás había deseado algo peor. — Yo solo desee que mi papá no le conociera. – admitió. – Ósea, solo tienen 2 años de conocerse ¿Cómo demonios iba a saber que tanto cambiara en tan poco tiempo? – se pregunto
Spike se llevó una mano a la cien. Por lo visto, Connor ni siquiera comenzaba a imaginar la cantidad de cosas que sus acciones habían cambiado. Especialmente en él.
— Porque era su destino conocerse, grandísimo idiota. – comenzó. — Y cuando deseaste que eso no pasara, cambiaste un montón de cosas. Cosas del pasado que llevarían a tu padre a conocerlo, como tú no muerte, la libertad de los humanos, Ángel. . . – Spike callo entonces. – Bloody Hell, enorme lio el que has armado aquí.
— ¿Destino? – se preguntó Connor en voz baja. No sabía porque estaba sorprendido, después de todo, su padre siempre dijo que las cosas relacionadas a Demian eran demasiado especiales (por no decir complicadas) como para tomarlas a la ligera. Y el hecho de que su existencia fuese importante para su vida incluso antes de conocerle, no era para nada descabellado. Después de todo, el destino volvía a jugársela a su familia.
— Si, destino. Uno que por lo visto tú mismo has cumplido destructor.
Connor abrió mucho los ojos al escuchar aquella palabra, habían pasado tantos años ya desde que alguien no le decía así que ahora era como un lejano recuerdo de una dolorosa vida pasada. Uno que se esforzaría por mantener enterrado.
— Aun así no lo entiendo, yo. . . Yo solo cambie que no se conocieran, pero mi hermano nunca fue un mal chico, él. . . Es dulce, jamás habría hecho nada como esto – aseguro.
Spike le hizo una señal para que esperara y volvió a cerrar el ojo, concentrándose en buscar mejores respuestas que ofrecer al muchacho. Las cuales encontró con tan solo ver un pequeño recuerdo de una cena familiar.
— Él no es tu hermano. – dijo entonces, Connor le miro casi ofendido así que corrigió de inmediato. — Al menos aquí no.
— ¿Cómo puedes saberlo? – pregunto Connor, renuente a creer lo que escuchaba.
Spike sonrió, pero no feliz.
— De la misma manera en que pude sentir tu llegada. – explico, pero Connor seguía pareciendo muy confundido. – Quizás perdí un ojo físico, pero la brujita pelirroja se las arregló para darme un pequeño regalo. – dijo, levantándose el parche para que Connor pudiera ver la pequeña luz amarilla que brillaba dentro del cuenco en su cara.
— Magia, ¿Willow te dio magia? – inquirió.
Spike asintió.
— Solo un poco, pero la suficiente para poder verlo todo. Justo por eso sé que tu cruel deseo hizo que el pequeño Angelito fuese criado en el camino de la oscuridad y eso término dándoles el poder a los demonios para hacer su voluntad.
— A Viktor Blackthorne mejor dicho. – agrego Connor, no quería que pareciera que en verdad no sabía nada de nada.
— Viktor es su padre. – agrego Spike
— No, mi padre es su padre. Ese sujeto es. . . solo su malvado tío. – explico.
Spike puso el ojo en blanco. – Tío, mascota, lo que quieras. ¿Cómo pudiste pedir ese deseo? – exigió saber.
— No estaba pensando, yo. . . Soy un idiota. Lo sé, pero repetírmelo no hará que esto mejore. – dijo, pues lo único que quería era que alguien le dijera que hacer para volver las cosas a la normalidad y salir a hacerlo en ese momento.
Spike sonrió, ese era justo el Connor que conocía. Mimado y siempre queriendo tener la última palabra en todo. Pero él ya no era el mismo de antes y no estaba dispuesto a ponérsela fácil, especialmente con Ángel. . . fuera del juego.
— Tienes razón No lo hará, pero se dé algo que sí. Bájate los pantalones.
— ¿Qué? – Connor estaba flipando. – Oye, oye, te agradezco la oferta pero yo no hago ese tipo de. . . cosas. – agrego muy nervioso.
— Oh cariño, ¿de verdad piensas que voy a jugar con tus bolas? – Spike se soltó a reír, de una manera que era casi aterradora. – No querido Angelito, te equivocaste de región anatómica. – dijo lleno de ironía y sacándose lo que parecía ser un cinturón de cuero de la cintura. Connor no necesito mucho tiempo para asimilar lo que eso significaba.
— Oh, no, no, no. Ni creas que voy a dejar que me golpees con eso. – dijo Connor
Spike se encogió de hombros.
— Como quieras. – dijo. – Puedo hacerlo yo, o puedo llamar a mi bonita chica para que venga y lo haga por mí. – advirtió.
— Pff, si claro. Como si ella fuera más fuerte que yo. – dijo en casi burla.
— Oh lo es. Es una cazadora. – respondió Spike. Connor abrió muchos los ojos, odiaba admitirlo pero la última vez que hizo frente a una de esas (Faith) no termino demasiado bien parado. – Así que tú decides mi amigo, yo o la cazadora. – agrego.
— Pe—Pero eso no me hará sentir mejor, sino todo lo contrario. – dijo en su defensa.
— Claro, mi error. Me hará sentir mejor a mí. Así que cállate y pantalones abajo. – ordeno con toda gracia.
— No puedes hacer esto, Spike. – continuo diciendo Connor.
— Ja, no te equivoques Connor. No porque este mas incompleto que un puto rompecabezas, no significa que no pueda contigo. – dijo, pero lejos de tomárselo como una amenaza, Connor se cruzó de brazos. Desafiante. – Bien, le diré a la cazadora que te sostenga mientras te castigo y tú lloras. ¡Caza. . .!
— ¡No! – le interrumpió rápidamente. Lo cierto es que podría muy bien acabar con Spike en estado y salir huyendo, pero le necesitaba y algo le decía que este solo le brindaría si ayuda si le dejaba darle el castigo que en su retorcida mente, debería creer necesario para él. Así que se rindió. – Bien, tú ganas. – dijo derrotado y procedió a dejar caer sus pantalones bajo sus rodillas.
Spike sonrió complacido.
— Bien, ahora ven aquí é inclínate. – ordeno, Connor asintió y avanzo hasta él, doblando su cuerpo a la mitad entonces, haciendo que sus dedos tocaran incluso la punta de sus zapatos, justo como solía hacer en la clase de gimnasia de la secundaria.
— Créeme que tengo unas enormes ganas de golpearte con esto. – Spike agito la correa. – Hasta que te arranque la piel de tus lindas nalgas. Pero tenemos muchas cosas que hacer para corregir tu desastre, así que solo te daré 20 de los mejores y vas a contarlos ¿está claro?
— Si
— ¿Si qué? – pregunto Spike de nuevo.
Connor se sentía más que avergonzado, pero se tragó el orgullo.
— Sí, señor. – murmuro.
— Bien. Buen chico.
Y sin que Connor pudiera preverlo siquiera, el primer azote cayó sobre sus nalgas. Fuerte y brutal, incluso más que los que su padre alguna vez le dio.
— ¡Eh! ¡No tan fuerte! – se quejó.
— Oh lo siento. – Spike le dio otro azote mucho más fuerte. – No te escuche contar.
— Grr – De nuevo Connor tuvo que tragarse su orgullo. – Uno, señor.
SMACK SMACK SMACK
Tres golpes del cinturón cayeron de manera continua sobre su trasero, haciéndole gritar y casi caerse de narices.
— ¡Auuuu! – grito Connor
— No te escucho contar, ¿debería empezar de nuevo?
SMACK SMACK SMACK
— Ci-Se-Si-Siete, señor— logro decir Connor.
Los azotes continuaron por otro par de minutos, y con cada uno que tocaba su piel, Connor se daba más y más cuenta de que su padre nunca había sido duro a la hora de castigarle. Si, normalmente eran de la misma índole durante su adolescencia pero Ángel jamás había puesto tanta fuerza en un golpe, ni mucho menos lo había disfrutado como Spike parecía hacerlo todo el tiempo que duro el castigo.
Para cuando termino, las rodillas de Connor temblaban tanto (por la humillación, el dolor y un sinfín de nuevos sentimientos) que el mismo Spike tuvo que ponerle una mano alrededor de la cintura para llevarlo al rincón.
— Te vas a quedar aquí mientras yo busco a la maldita bruja que te engaño, y mejor que pienses en lo que hiciste ¿entendido? – pregunto.
Connor simplemente asintió y Spike comenzó a retirarse, sin embargo, el pobre muchacho no pudo resistir más y tuvo que hacer la pregunta que atormentaba su mente.
— Que. . . ¿Qué paso con mi papá? ¿Él está. . .?
— El sigue con vida. – interrumpió Spike de inmediato.
— ¿Y dónde está? ¿Porque no ha hecho nada para arreglar esto? – prosiguió.
Spike se lo pensó por un momento, a él mismo le costaba mucho trabajo asimilarlo todavía y no podía imaginarse lo que ese pobre chico sentiría cuando le contara otra las grandes hazañas que su deseo había logrado cambiar. Pero no había opción, él necesitaba saberlo de una vez.
— Porque no tiene alma.
* Este es el punto sin retorno de esta historia, era justo a todos estos giros y tramas a donde quería llegar cuando comencé a escribirla y espero que les este gustando mucho, porque de verdad he puesto todo mi corazón en esta historia mas que en otras. Se que es un poco confuso tratar de imaginar el mundo dominado por los vampiros así que se los pondré un poco fácil. Mi idea de ese mundo apocalíptico es uno donde no existen mas casas, ni edificios, solo enormes fortalezas (castillos medievales) donde viven los vampiros de alta sociedad, mientras los demás demonios viven bajo tierra o en las calles, cazando a los pocos humanos que no hayan sido apresados en los enormes calabozos subterráneos de los castillos antes mencionados. Iré expandiendo mas la idea en los próximos episodios, pero si, es un infierno viviente para los humanos prácticamente.
Quiero aprovechar esta oportunidad para desearles una muy feliz navidad a todos ustedes, espero que se la pasen muy bien con sus seres amados y les envió abrazos y mis mejores deseos =)
Muchas gracias por leer
Por favor Review!
