* Gracias a todos por su paciencia, me he tomado algún tiempo para poder terminar esta historia y mejorar algunos detalles.

Les encantara, se los prometo. =)

CAPITULO 8 (El spanking esta de vuelta)

Apenas la alarma comenzó a sonar, Viktor se dirigió al cuarto de su pequeño hijo y se encargó de mantenerlo dormido con un sueño que sabía le agradaría demasiado para quererlo abandonar. Y es que luego del incomodo momento que habían compartido hacia unas horas, lo último que quería era perturbar a su pequeño con la incompetencia de su hijo mayor. Estaba molesto, más que molesto en realidad pero una eternidad de existencia le había enseñado ya a ser paciente y calculador. Si, habían fallado en atrapar al intruso aquella noche pero la próxima no sería así, la próxima (y estaba seguro de que habría una) el mismo se haría cargo de acabar con la amenaza.

Alguien llamo a la puerta, sacándolo de sus profundos pensamientos.

— Adelante. – murmuro.

Entonces la puerta y se abrió, y un hombre con su rostro de vampiro se asomó al interior. – Señor. . .

— Shsh – le mando a callar Viktor de inmediato, pero sin siquiera voltear a verlo. Pues estaba muy ocupado contemplando a su pequeño.

— Lo siento. – rectifico el vampiro en un tono más bajo. – Encontramos algo.

Viktor asintió, se inclinó a darle un beso en la frente a su hijo y le acaricio el cabello. Luego se levantó con mucho cuidado de la cama y abotono de vuelta su saco gris. Entonces sonrió un poco.

— Muéstrame. – dijo.

Viktor y su subordinado se dirigieron entonces al gran salón del comedor. Pero incluso antes de llegar ahí, habían podido escuchar los gritos y golpes que Alec le propinaba a algún pobre desgraciado que no dejaba de rogarle que parara. Fue justo por eso que Viktor no se sorprendió para nada al entrar y encontrar una completa carnicería en su comedor. Los vampiros habían atado al humano de cabeza desde las vigas del techo, y habían hecho varios y profundos cortes en distintas partes de su cuerpo, provocando que se desangrara.

— ¡Dime lo que sabes! – grito Alec a la par que enterraba un cuchillo más en el costado derecho del hombre, quien no era otro más que Sam Jenkins, el mismo hombre que había apoyado a Connor cuando recién fue encarcelado.

— Por favor, ya-a te dije to-odo. – el hombre comenzaba ya a agonizar. – So-solo dijo que. . . Su nombre era, era Connor. Y que, que no era de aquí, pero no-o dijo de dónde. Solo. . . Solo se eso, por-por favor.

— ¡Mientes! – Alec iba a clavarle de vuelta el puñal, pero su padre le detuvo el brazo y con una sola pero siniestra mirada, le indico que se apartara. Y Alec lo hizo.

Algo de lo que había dicho ese hombre había resaltado mucho en la mente de Viktor. Ese nombre, él estaba seguro de que de algún importante lo había escuchado antes.

— ¿Dijiste Connor? ¿Estás seguro de que era su nombre? – pregunto Viktor.

El hombre levanto la cabeza con las ultimas fuerzas que le quedaban y asintió.

— Connor Ángel. – dijo. Los ojos de Viktor se abrieron como platos por primera vez en mucho tiempo. — Por favor, no-o q-quiero morir. – continuo rogando el hombre pero el vampiro ya no le estaba haciendo caso, estaba demasiado sorprendido como para distraerse del rompecabezas que se armaba en su cabeza. Ahora todo tenía sentido.

— ¿Padre? ¿Está todo bien?– pregunto Alec.

Viktor tardo un segundo en responder. — Si, si por supuesto. Termina con su sufrimiento y limpia todo esto para cuando vuelva ¿sí? – dijo, avanzando apresuradamente hacia la salida.

— ¿A dónde vas? – pregunto Alec, preocupado por no recordar la última vez en que su padre había lucido tan perdido.

— No es de tu incumbencia, has lo que te dije. – respondió Viktor sin detenerse ni un segundo para verlo ni nada. Simplemente continúo caminando hasta llegar a un ala poco conocida de la mansión. Ahí, uso su propio puño para romper un orificio en la pared falsa que ordeno construir, accediendo entonces a un elevador oculto. Sus enemigos e incluso amigos, le temían por ser uno de los hombres más inteligentes de la historia pero ninguno de ellos podría siquiera imaginar cuan listo era en verdad. Y es que cuando su hijo se encargó de usar su poder para dominar la tierra, él no había sido tan iluso para creer que duraría para siempre pues en cada imperio de la historia siempre había existido alguien que encontraba la manera de arruinarlo todo. Justo por eso, no solo se había encargado de eliminar a los oponentes más peligrosos; cazadores, brujas, señores demoniacos, todo aquel cuya voluntad pudiese representar un problema futuro fue asesinado pero hubo algunos a quienes no pudo destruir así que simplemente se encargó de encerrarlos, si, encerrarlos en una prisión impenetrable bajo las entrañas de su propio hogar. Una prisión que pensó nunca visitaría pero que dadas las circunstancias no podía evitar.

El nombre "Connor" por sí solo no se habría significado gran cosa, pero "Connor Ángel" ese era un nombre que la misma historia no podía ignorar, no cuando su padre era uno de los más viciosos y crueles seres que la maldición de la inmortalidad había creado en el mundo. Y justo era él, Ángelus a quien necesitaría para asegurar la victoria.

Viktor no era estúpido, sabía que Ángelus jamás se doblegaría antes su poder, esa era justo la razón por la que permanecía ahí encerrado (eso y lo que un par de años antes había intentado hacerle a su pequeño hijo). Pero también sabia, que si las historias eran ciertas, entonces tenía el incentivo perfecto en su bolsillo para doblegar al llamado "azote de Europa"

Las celdas estaban oscuras y apestosas, pero ese no fue ningún problema para que el vampiro original se abriera paso entre sus prisioneros y encontrara la celda adecuada. Al principio no pudo verlo, pero luego de un momento se dio cuenta de que su huésped se encontraba arrinconado en la profundidad de su encierro.

— Te dije que algún día serias tú el que vendría a buscarme. –se escuchó decir.

Viktor se acercó para recargarse en los barrotes y sonrió.

— Hola, Ángelus.

La figura se movió entre la oscuridad y un segundo después, el rostro sonriente del vampiro se recargo del otro lado de los barrotes. Estaba todo sucio y unos mechones de cabellos largos y grasientos caían frente a su frente pero ni siquiera eso era suficiente para opacar la belleza natural del hombre.

— Su majestad, ¿a qué debo el placer? – dijo lleno de ironía.

Por supuesto, Viktor se consideraba a sí mismo como el inventor del término, así que decidió seguirle el tono a la conversación. — Noticias como las que traigo no pueden ser tomadas a la ligera. – dijo.

— ¿Si? – Fingiendo falso interés — ¿Como cuáles? ¿Finalmente alguien te ha sacado el palo de tu apretado trasero? ¿O te metieron uno más grande? – y Ángelus estallo en carcajadas.

— Siempre tan elocuente con tus comentarios. – dijo, conteniendo sus fuerzas para no arrancarle la lengua por la forma en que le hablaba. — Me pregunto si tu hijo habrá heredado esa mala cualidad. – dijo, esperando provocar alguna reacción en el vampiro pero no hubo ninguna. Este seguía sonriendo como si no le importara.

— Pues sí lo hizo, no le sirvió de mucho. Hay una razón por la que está muerto ¿no crees?

Viktor se llevó una mano a la cien, exasperado. — Deja de mentir, Ángelus. Ambos sabemos que tu hijo sigue vivo. – dijo.

— ¿Que? – Ángelus se descoloco por un momento pero luego su risa volvió a resonar en cada rincón del lugar. — Jaja si esta es una especie de tortura que tienes planeada, déjame decirte que eres aún más idiota de lo que pensé. Si ese mocoso estuviera vivo, que no es así. No tendría porque importarme, de hecho yo mismo lo volvería a matar. – aseguro.

— Lo sé – ahora fue Viktor quien sonrió. No había estado para nada equivocado en que bajar ahí era el mejor camino a tomar. — Es por eso que he venido a hacerte una oferta.

Ángelus ahora sí que lucía confundido.

— De verdad no estas blofeando ¿Cierto? – pregunto.

— Por supuesto que no. . . — Viktor puso los ojos en blanco. El sujeto podría ser una leyenda en matanza pero no parecía ser la misma historia en cuanto cerebro. — Tendrás tu libertad y tendrás el honor de arrebatarle la vida a ese mocoso. – explico.

Ángelus no era tan tonto como la gente siempre pensaba, y sabía que la definición de la palabra "trato" siempre conllevaba dar algo también. Así que se cruzó de brazos y pregunto. — ¿A cambio de qué?

- Resultados. – respondió de inmediato. – Quiero el cadáver de ese mocoso, y nadie puede saber sobre ello. Es lo único que pido ¿puedes cumplirlo?

Ángelus extendió una perversa sonrisa en su rostro. Pensando en lo divertido que iba a resultar ser todo el asunto.

...

Connor se pasó todo el rato en la esquina, llorando sin parar. Se sentía como el ser más ruin de la historia de la creación y es que haberse enterado de que su padre no tenía un ama, cambiaba las cosas de una manera que ni siquiera creyó posible. Pues eso significaba que su padre no había tenido la vida normal (o al menos, lo más parecido a eso) que había tenido en su mundo, y sobre todo, que el animal conocido como Ángelus habría de haber herido, matado o mutilado a un montón de personas inocentes. Y saber eso era tan doloroso, que ni siquiera tuvo ni un segundo para pensar en el dolor de su trasero.

Spike entro a la habitación unos 30 minutos después, su enojo seguía ahí pero al menos ahora podía concentrarse en encontrar la solución al problema.

— Vamos Connor, mueve el trasero. Tenemos que movernos. – dijo.

— No – murmuro Connor sin verle siquiera

— ¿Qué? – pregunto perdido. Pero luego recordó lo que Ángel solía decir sobre el chico "que podía aparentar ser el más rudo del mundo, pero en realidad solo era como un cachorrito perdido" bueno, quizás no eran esas las palabras exactas pero era la idea. Así que se acercó para tratar de reconfortarle. — Connor, sé que no es fácil pero. . .

— Merezco quedarme aquí, peor. . . merezco morir. – continuo diciendo el joven.

— ¿Que dices? – ahora sí que Spike estaba sorprendido y lo estuvo un poco más cuando Connor finalmente le miro. Con el rostro rojo y bañado en lágrimas.

— Condene a mi padre y hermano a vivir en un infierno. Yo no merezco algo mejor. – dijo a manera de explicación.

Spike quiso sentir pena por él, pero no pudo sentir más que desesperación.

— Por favor, Connor. No es hora de ponerse a lloriquear. – dijo lleno de ironía. — Si, lo has arruinado todo de la peor manera. Y justo por eso tienes la obligación de arreglarlo ¿me entiendes? – y le dio otra fuerte nalgada para hacerle ver que no estaba jugando.

La nalgada hizo a Connor reaccionar un poco, y finalmente subirse los pantalones mientras se limpiaba las lágrimas con sus propias mangas.

— ¿Cómo se supone que voy a arreglar esto? – pregunto.

— Debes encontrar al demonio que concedió el deseo y hacer que lo revierta. – explico el vampiro. Connor arrugo el gesto, enfadado.

— ¿Crees que no lo sé? Cordelia. . . – ahí estaba de nuevo el nudo de su tristeza. – Ella. . . Ella me conto sobre el deseo que pidió una vez. Sé que su amigo ingles destruyo el colgante del demonio y arreglo todo, pero yo no conozco a este demonio. Ella, él, lo que sea, me engaño para darme su colgante y luego desapareció cuando llegue aquí. – explico.

Spike se llevó ambas manos a la cabeza, pues ciertamente eso no era lo que esperaba escuchar. Se había pasado la media hora buscando con su visión mágica en la ciudad, pero sin conocer al demonio, fue imposible que encontrara algo.

— ¿La reconocerías si la vieras? – se escuchó preguntar a alguien. Ambos giraron la mirada y se encontraron con la chica de antes, la hermosa cazadora, que estaba apoyada en la puerta como si fuera la máxima autoridad.

Connor se sintió ciertamente intimidado por ella, pero se sobre puesto rápidamente para responderle. — No lo sé, quizás. Es que cambia de forma.

— ¿Pero y si no? ¿La reconocerías? – continuo pregunto la mujer.

— Si – respondió sin temor.

La joven compartió una mirada con Spike, como si estuviese diciéndole algo que solo el vampiro podrá comprender.

— Ni siquiera lo pienses Hope, es peligroso. – dijo escandalizado Spike, y Connor no pudo evitar tomar nota de que era la primera vez que escuchaba el nombre de la joven. Era Hope, el habría esperado un "Esmeralda" "Isabelle" o algo con más. . . estilo, pues Hope era demasiado ñoño para alguien tan fuerte.

— No tenemos opción. – dijo ella.

— ¿Opción de qué? ¿De qué están hablando? – Connor no podía más con los secretos.

— Ven conmigo. – indico ella y se apresuró a salir de la oficina y subir las escaleras hacia la segunda planta del edificio abandonado. Spike los siguió, impulsando su propia silla tan rápido como pudo.

— Dije que no Hope, es peligroso – dijo.

La joven puso los ojos en blanco y se detuvo a mirarlo. – Hoy en día todo lo es. – le dijo y apresuro más el paso. Connor miro a Spike, notando que la joven lo había dejado sin palabras, algo que en su realidad jamás habría pasado. Así que continuo siguiéndola hasta lo que según recordaba, solía ser el salón del taller de teatro de la escuela, solo que el colorido letrero de bienvenida que los niños habían puesto ya no estaba, algo que quizás le afecto el ánimo más de lo que hubiera querido pensar y la joven lo noto, solo que para ella su repentina tristeza debía significar algo más. – Ignora a Spike. Tiene buenas intenciones pero no está dispuesto a tomar el riesgo. – dijo.

Connor arrugo el gesto.

— Quizás es demasiado grande. – murmuro.

La joven dejo escapar una carcajada. — Yo corrí uno de esos al ir a por ti ¿Y acaso me ves llorando? – pregunto, Connor tuvo a bien negar con la cabeza. — Bien, entonces pórtate como un hombre ¿quieres? – y abrió la puerta del salón de teatro.

— Siempre lo hago, tu. . . – Connor se quedó callado, había tantas palabras que le gustaría decirle a esa joven pero todas sonaban como algo que un patán diría y considerando su más reciente lio. No quería parecer uno de esos. Así que entro al salón y contemplo la gran cantidad de ropa (la mayoría polvosa) que se encontraba ahí guardada.

— Hablo enserio. – dijo ella, quien ya buscaba a por algo entre la pila de desechos. — Iremos a uno de los lugares más peligrosos de la ciudad. Yo he ido sin problemas pero si tú no puedes adaptarte es casi seguro que nos maten. Así que ¿De verdad puedes dejar tus delicados modales aquí y ser un hombre de verdad?

Connor asintió, y decidió hacerle caso. Ella lo había pedido.

— Mientras no tenga que lucir como una puta barata como tú. . . – dijo.

— Mejor. – dijo la joven. Lejos de enfadada, orgullosa. — Pero cariño. Ni intentándolo podrías acercarte a este aspecto. – dijo. Connor sonrió para sus adentros pues sabía que ella tenía la razón y como que le agradaba que ella no tuviera ningún problema con su cuerpo. Era tan segura de sí misma que llamaba mucho la atención.

— Ten, póntelo. – exclamo la joven, dándole a Connor lo que parecía ser un chaleco de vaquero y un pantalón de cuero negro.

— No creo que. . . pues. . . – Connor no pudo evitar hacer muecas al darse cuenta de las dimensiones de la ropa que ahora sostenía. — Me quede. – murmuro.

La joven puso de vuelta los ojos en blanco. — Pues has que te quede. – dijo, tomando para ella misma algo de ropa y saliendo de la habitación de malos modos. — Niño idiota. – se le escuchó murmurar, pero a Connor ya ni siquiera le importaba que le insultara.

Era divertido escucharla haciéndolo.

Hope se vistió con un conjunto de cuero blanco platinado que sabía la haría resaltar de ser necesario en el lugar al que se dirigían. Y se encontraba guardando un par de navajas en el interior de sus botas de tacón alto cuando la voz de Connor le distrajo.

— ¿Puedo tener una de esas? – pregunto el joven, ella giro para decirle que no, pero la sorpresa de su aspecto le quito las palabras de la boca. Pues el chico había logrado meterse en los pantalones y aun que se notaba que le quedaban apretados, eso hacía que los músculos de sus piernas lucieran mucho más grandes y ni que decir de su bien delineado tórax, el cual destacaba gracias a que Connor se había retirado la camiseta y puesto únicamente el chaleco abierto. Una gran decisión.

— ¿Esta bien así? – pregunto Connor, realmente se sentía muy incómodo por estar vestido como si fuera el cántate de "Depeche Mode"

Ella se esforzó por no decirle que se veía muy sexy.

— Ya no luces tan patético. – dijo, volviendo mejor su atención a lo que estaba haciendo.

— Gracias, supongo. – respondió. Tomando el mismo un cuchillo de las manos de la joven y guardándoselo en el interior de su propia bota. La joven ni se molestó por lo que hizo, de hecho le agrado que tomara el control de esa forma pero jamás se lo diría.

— Al menos eres rubio y eso te dará puntos – le dijo.

— ¿Con quién? – pregunto Connor, no quería presumir pero si se trataba de seducir a alguna chica pues era el hombre indicado.

— Demonios. Les fascinan los chicos como nosotros. – continuo ella.

— ¿Que? – Connor estaba flipando. — ¿A dónde iremos exactamente? – exigió saber.

La joven solo sonrió, prefería que el chico esperara para ver la respuesta.

...

Luego del fiasco que había resultado ser la cacería de la noche anterior, Alec había estado evitando reencontrarse con su padre, pues no tenía las palabras ni el valor para mirarle a la cara y explicarle como un simple humano se había escapado de la que se suponía era la "Prisión máxima de la humanidad" Nadie lo había hecho nunca y se suponía que debía de haberse mantenido de esa manera, era su trabajo y había fallado. Así que se había mantenido ocupado interrogando (sin éxito alguno) a los demás prisioneros en busca de pistas que pudieran ayudar a establecer el escondite del misterioso fugitivo, cuando la campana que llamaba al desayuno obligatorio de los vampiros sonó. Él jamás comía con ellos, pero ese día deseaba poder hacerlo y así poder evitar la confrontación que tanto temía, algo que tampoco funcionaria más que para desatar la legendaria cólera de su padre. Así que suspiro, rindiéndose al destino que le tocaría y avanzo hacia el comedor privado de su familia. Su padre ya estaba ahí, sentado a la mesa y masticando algo.

— ¿Puedo pasar? – pregunto con timidez. Su padre continúo masticando lo que tenía dentro de la boca y asintió. Así que Alec entro, con la mirada clavada en la alfombra carmesí perfectamente pulida, y en la busca de algo apropiado que decir.

— Padre, yo. . .

— ¿Vas a decirme que lo sientes? – interrumpió con la voz más seria que tenía, lo cual hizo que Alec levantara instintivamente la mirada. — ¿Enserio crees que eso es suficiente? – continuo Viktor.

— No – Alec se había dado cuenta de que estaba en más problemas de los que había pensado antes. — Te falle, me pediste hacer algo y no pude cumplirlo. No merezco ser parte de tu familia, mucho menos tu misericordia, yo. . . – iba a decir que no era nada, pero no pudo terminar la frase debido a la fuerte bofetada que recibió entonces de su padre. Quien con el uso de su velocidad, se había puesto cara a cara con él.

— ¡Por supuesto que no la mereces! – Viktor le apuntaba la cara con el dedo, una clara señal de que estaba más que molesto. — Pero yo elegí dártela hace mucho tiempo y aun que ahora me arrepienta. . . – eso había dolido más que mil golpes, pero Alec no lo demostró. No quería parecer débil cuando su padre le reprimía. — No puedo simplemente asesinarte. – Alec sintió una mínima parte de alivio. — No cuando eso podría comprometer mi juicio ante esa muchedumbre de asquerosos demonios. – agrego.

Alec asintió con miseria, por supuesto que entendía que las razones de que su padre le perdonara la vida no era su amor por él, sino por el poder que controlaba.

— Juro que encontrare al humano, solo. . .

Viktor soltó una carcajada. — Tú no harás tal cosa. – declaro. — Ya tengo a alguien adecuado para la tarea.

Alec parpadeo varias veces sin poder dar crédito a lo que escuchaba. Su padre no era un hombre que confiara en muchas personas para llevar a cabo una misión tan importante, de hecho, él no confiaba en nadie.

— ¿A quién? – pregunto en un perdido murmuro.

— Eso no es de tu incumbencia. – respondió cortante.

Alec asintió de nuevo.

— Entiendo. – murmuro.

— ¿Lo haces? – el tono de Viktor sí que daba mucho miedo. — Porque hace demasiado que no pruebas tener la inteligencia ni mucho menos la audacia que pensé haberte inculcado. Ahora no te reconozco más, dejaste de ser un campeón para convertirte en un inútil hedonista, pero eso se acabó. – Alec le miro muy atento, listo para escuchar su pena como si fuera una capital. — De hoy en adelante no habrá más mujerzuelas ni cacerías estúpidas para ti. Tu consumo de sangre estará restringido a partir de este momento. – Alec asentía a todo sin mucho problema, hasta que escucho la última parte.— Y serás azotado cada día por los próximos 7.

Por un momento tuvo el impulso de hacer una mueca de dolor, pero logro controlarse a si mismo y mantenerse estoico, aunque en su cabeza ya podía comenzar a sentir el incesante dolor que sus nalgas tendrían en los próximos días. Una paliza de su padre era suficiente para no sentarse cómodamente por 2 semanas, 1 diaria seguramente iba a ser toda una tortura. Pero no había nada que pudiera hacer ya.

— Si padre. Lo que tú digas. – dijo en completo tono de obediencia.

— Bien, entonces sabes a donde ir. Me uniré a ti más tarde. – ordeno el vampiro. Alec lo miro sin entender por un momento, pues pensaba que al menos lo dejaría tener una última comida tranquila, pero una nueva mirada seria le dejo ver que estaba muy equivocado. Así que asintió y retomo su camino.

— Y Alec. . . – llamo Viktor, el chico giro una última vez en espera de encontrar alguna misericordia pero no fue así. — Mejor que estés listo cuando llegue. – advirtió.

El joven asintió, recordando que la definición de "listo para recibir tu castigo" en esa casa, no era otra más que esperar completamente desnudo e hincado en la esquina del cuarto de castigos (no le llamaban así oficialmente, pero era para ese propósito) que su padre tenía en la mansión.

— Sí señor. – murmuro y finalmente se fue.

Viktor se pasó una mano por el rostro, deshaciéndose de la frustración y decepción que ese chico le hacía sentir para recibir entonces a su orgullo, su pequeño chico. Quien despertó sin ningún conocimiento de lo ocurrido en las últimas horas, se puso su pijama negro y bajo como cada mañana (o al menos, lo que se sentía ser la mañana) al gran comedor, donde igual que siempre, su padre ya le esperaba. Enfundado en un traje azul marino esta vez, bien peinado y oliendo a colonia mientras se bebía la primera de varias tazas de O-Positivo que tanto disfrutaba.

- Buenos días, papá. – dijo, acercándose rápidamente para darle un beso en la mejilla.

- Buen día, pequeño. ¿Has dormido bien? – pregunto, asegurándose de acomodarle dulcemente los mechones de cabello rebelde que siempre se empeñaban en caer bajo su frente.

Demian asintió sonriente. – De maravilla.

- ¿Si? ¿Seguro?

- Muy seguro. ¿Y Alec? ¿Sigue dormido? – pregunto, pues cada mañana su hermano siempre estaba ahí también, tomándose su sangre.

La sonrisa de Viktor desapareció. – Tu hermano está castigado. – dijo, no pudiendo evitar notar la repentina preocupación en la mirada de su pequeño. Él siempre se preocupaba tanto por su hermano, que siendo el pequeño era digno de admirar. – Pero no te preocupes, no le voy a matar. – continuo.

- Ok. - Demian esbozo una sonrisita, sin saber si debería estar o no agradecido por las palabras de su padre. Le amaba pero a veces también le temía, sobre todo cuando se trataba de su hermano vampiro, pues su padre siempre tendía a ser más duro con él.

- Además, hoy tendremos un invitado en la comida. – prosiguió Viktor.

- ¿Si? ¿Quién? – pregunto el niño, demasiado ocupado escogiendo con la mirada entre los varios manjares que la servidumbre había preparado aquella mañana, como para darse cuenta de que su padre no sabía cómo explicarle. – Por favor que sea El Diablo Azrael, la vez pasada que vino no pude. . .

— Buenos días, familia. – interrumpió una voz poco familiar para el niño, sin embargo, apenas voltear, se dio cuenta de que sí que conocía al dueño. Cabello oscuro, gran altura y ese estúpido rostro apuesto, no podía ser nadie más que Ángelus, el mismo vampiro bastardo que años antes había intentado asfixiarle mientras dormía. Debía de ser una broma o una maldita pesadilla. . .

— ¿De qué me he perdido? – pregunto el vampiro mientras se abría su propio lugar en la mesa y masticaba (innecesariamente) un pedazo de carne. Viktor no se podía creer su descaro, pero al menos estaba agradecido de que hubiese tomado un baño y se hubiera puesto mediamente presentable y cortado el cabello. Al menos así ya no tendría que ver ese horrible aspecto de vagabundo andando por toda su mansión.

Demian se cruzó de brazos, enfadado.

— ¿Y este crapuloso fantoche de dónde salió? – exigió saber.

Ángelus fingió un gesto de ofensa. — Oh, él bebe amaneció de mal humor. ¿Es que no le han cambiado su pañal? – se burló.

— Bastardo malnacido. – respondió Demian, con nada más que ganas de clavar el tenedor que sostenía en la cara de ese hombre. Sin embargo, a Viktor no le gusto para nada escucharle hablar así y le reprendió.

— ¡Demian!

— ¿Qué? Solo estoy diciendo la verdad. – dijo en su defensa, y completamente ofendido de que su padre no estuviera de su lado en ello. ¿Es que ya había olvidado aquella noche en que casi le mataba?

— Pues nadie te pidió que lo hicieras, jovencito. – reprendió seriamente. – Así que si no quieres que me levante y te castigue por los modales tan atroces que estas demostrando, guardas silencio y te pones a comer ¿entendido?

— ¿Y los modales a quien le interesan? – pregunto de malos modos, lo cierto es que la imagen del hombre que tenía delante tratando de asfixiarle cuando solo tenía 10 años, era mucho más aterradora que la de su padre enfadado. – No creo que este Maguarían de mierda sepa siquiera lo que significa eso. – agrego con tanta rabia que ni siquiera se detuvo a pensar bien ello, estaba cegado y eso mismo impidió que reaccionara a la velocidad de su padre. Quien en un parpadeo se levantó de su asiento, le tomo por el brazo y le inclino para darle unos rápidos y firmes azotes.

SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK

— ¡Auuuuu! ¡Noooo! ¡Auuu! – grito desconsolado, pues su padre estaba usando mucha más fuerza de la habitual en su castigo.

— Te dije que te comportaras.

SMACK SMACK SMACK SMACK

— ¡Auuuu! ¡Lo hare! ¡Lo juro! ¡Lo hare!

— Bien – murmuro Viktor, dándole la palmada más fuerte en el centro del trasero y soltándole de su agarre. Tampoco tenía las ganas de dar un espectáculo delante de un hedonista bueno para nada como Ángelus. – Discúlpate y vuelve a tu asiento. – ordeno.

Demian apenas se sobaba el adolorido trasero pero no pudo evitar reaccionar.

— ¿Qué? – pregunto exaltado.

Viktor frunció el ceño, ya estaba empezando a cansarse de tener que repetirle todo a ese niño. – Has lo que dije jovencito. Discúlpate ahora mismo o voy a azotarte de la forma correcta aquí mismo. . .

— Jaja, pagaría por ver eso. – murmuro Ángelus.

— Cállate idiota, nadie te pidió. . . – pero Demian no pudo terminar la frase cuando su padre lo tomo por la oreja y comenzó a arrastrarle. – ¡Noo! ¡Lo siento, Papi! ¡Por favor nooo! – rogo el niño, pero ya era demasiado tarde. Viktor estaba furioso, tanto que simplemente se limitó a volver a sentarse en su lugar, bajarle el pantalón del pijama al chico y colocarlo sobre sus rodillas.

— Jajaja, mira que trasero tan bonito. — se burló Ángelus, nada le causaba más placer que ver a ese mocoso malcriado en aquella posición.

Con un rápido pero firme movimiento, Viktor se remango la manga derecha de su camisa y comenzó a azotarle. Demian ni siquiera intento meter las manos, pues sabía que eso simplemente haría a su padre rabiar más.

SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK

— Papá por favor, es humillante. – murmuro Demian al borde de las lágrimas, dolor físico y humillación no eran la mejor combinación.

— Tu comportamiento es humillante. – SMACK SMACK SMACK — No voy a permitir. – SMACK SMACK – Que te comportes así con nadie. – SMACK SMACK SMACK – No sé por qué piensas que puedes olvidar tu educación de esa forma– SMACK SMACK – Pero eso se termina aquí, jovencito. – SMACK SMACK – No más palabrotas. – SMACK SMACK – Ni desobedecer a papá. – SMACK SMACK — ¿Entendido?

— Si snif snif Señor. – Demian lloraba ya a todo pulmón.

SMACK SMACK SMACK – Mejor que lo cumplas hijo. – SMACK SMACK — Porque no quiero hijos malcriados. – SMACK SMACK SMACK —Y si sigues así, no tendré más opción que. . . – SMACK SMACK – Recurrir a la vara — SMACK SMACK SMACK – Y darte un par de azotes cada noche hasta que recuerdes cómo comportarte. – SMACK — ¿Es eso lo que quieres?

Demian abrió mucho los ojos al escuchar, mejor dicho, imaginar que aquella amenaza fuera cumplida. La vara era el objeto que más odiaba en la vida, pues no solo dolía mucho si no que daba una picazón en la piel que era insoportable e imaginar sentir eso cada noche por un largo tiempo no era para nada placentero y eso le hizo llorar aún más.

— No, papi snif snif por favor no. – comenzó a rogar. — Seré bueno snif snif, lo juro. Seré bueno snif snif

Escuchar a su hijo llorar de esa manera le hacía sentir muy mal, pero Viktor siempre se había considerado a sí mismo como un buen padre y ser duro cuando era necesario, entraba en esa descripción. Así que dejo de azotar la parte superior de las nalgas del chico y se concentró en dar las últimas 10 duras palmadas en sus muslos.

SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK SMACK

La paliza termino, pero Demian estaba tan sumido en su llanto y desesperación que ni siquiera pareció notarlo. Viktor quiso levantarlo y mecerlo para que se calmara, justo lo que hacía después de cada castigo, pero en ese momento no podía pues no quería dejarle ver a Ángelus cuál era su verdadera debilidad. Así que simplemente se quedó ahí, estoico hasta que el chico se enderezo por sí solo. Su rostro estaba bañado en lágrimas y sus ojos pedían a gritos un abrazo pero Viktor no se lo dio, solamente le dio un acuchón y le señalo la esquina. – Pantalones arriba, y te quedas ahí hasta que te llame ¿entendido?

Demian simplemente asintió, se acomodó la ropa y avanzo lo más rápido que pudo hasta la esquina. No quería seguir dándole un espectáculo al bastardo de Ángelus, quien ciertamente no dejo de reír en todo el rato.

Viktor no tardó mucho en fingir recomponerse y volver a su lugar.

— Lamento mucho el comportamiento de mi hijo. – dijo.

— Oh, está bien. El malcriado se lo merecía, incluso podría decirte que eres demasiado blando. Si fuera mi hijo ahora me estaría suplicando porque le matara. – dijo Ángelus.

— Claro, aprecio el consejo. – Viktor mentía, lo cierto es que encontraba completamente ofensivo que un monstruo como Ángelus se atreviera a darle consejos pero no podía decirlo, no cuando había cosas más importantes en juego. – Pero si te invite a comer no fue para que presenciaras este espectáculo, si no para que discutiéramos tu plan.

— ¿Mi plan? – Ángelus pareció perdido y Viktor aún más con esa respuesta.

— Si, tu plan para matar a tu hijo. – le recordó.

Ángelus extendió una sonrisa, tomo la taza de sangre que algún sirviente había puesto en su lugar y bebió un gran sorbo. – No tengo un plan – admitió. – Eso es para tontos.

— ¿Para tontos? – Viktor estaba flipando, ahora ya no parecía tan buena idea haber acudido a ese demonio. — ¿Entonces como piensas encontrar al chico? – exigió saber.

Ángelus volvió a sonreír. – Es mi hijo – declaro – Conozco perfectamente su olor. Solo necesito rastrearlo y voila, estará muerto.

Viktor no se podía creer el nivel de estupidez de ese vampiro.

— No, no, no. Necesito más que eso, necesito saber. . .

Ángelus puso los ojos en blanco y deposito la taza de vuelta contra la mesa. – Tranquilo, anciano. El chico estará muerto antes de que siquiera sepa quién lo mato.

Ángelus se levantó de la mesa y avanzo antes de que el tipo siguiera con lo que él consideraba "estúpida palabrería" pero no salió sin antes tener una última palabra con el chico del rincón. – Ouch – dijo, fingiendo una mueca de dolor. – Si yo fuera tú, pondría algo de hielo en esas nalgas que seguro deben arder más que el infierno.

Demian ni siquiera lo miro, pues supuso que quizás hacer eso le traería más problemas, además, ese bastardo se las pagaría. Con lo que acababa de escuchar ya tenía la suficiente información para no solo encargarse de impresionar a su padre (matando al chico ese del que todos parecían hablar) si no, de asesinar a ese gran cerdo de Ángelus. Si, esa sería una gran y dulce venganza.

Con Ángelus fuera de su vista, Viktor se permitió desplomarse. Solo esperaba que liberar a ese sujeto no fuera a traerle más problemas que gustos pues de lo contrario el sería el único que podría ponerle fin a su existencia, algo que quizás no sería tan malo si se le pensaba bien. Tomo un fuerte respiro y decidió terminar con el martirio de su pequeño.

— Ya puedes venir aquí, hijo. – ordeno.

— Si padre. – murmuro el chico y avanzo lentamente hasta su lugar en la mesa, hizo una mueca al sentarse pero no dijo nada más. Simplemente se puso a comer, después de todo, tenía que aparentar normalidad. . .

* Gracias a todos los que han continuado pendientes de esta historia, se que he tardado algún tiempo en actualizarla pero me ha tomado algún tiempo ajustarlo todo de la forma correcta. Tengo tanto amor y respeto por estos personajes que he creado que a veces no puedo simplemente escribir sin darle varias vueltas a lo que hago con ellos, así que espero que sigan aquí y que disfruten este capitulo y los que están por venir porque los he hecho con todo mi corazón para mi ustedes. Alejandra, gracias por tus mensajes en mis vídeos de YT, por supuesto que los vi, eres la mejor fan que he tenido. Cambien gracias a Romina, Gisela, y Limbert por sus generosos comentarios. Son geniales =)

Cassandra espero que estés leyendo esto, me ha dado tanto gusto volver a ver un comentario tuyo. Muchísimas gracias por tu apoyo, tus palabras me indican que todo mi esfuerzo por estos trabajos ha dado frutos. De verdad, gracias.

Espero que disfruten tanto como yo mi interpretación de Ángelus, créanme es genial poder ser el malo de vez en cuando.

Muchas gracias por leer y no olviden buscar mi canal de vídeos en You tube llamado "CONTROLD_TV" donde cuelgo vídeos sobre estas historias

Por favor Review!