CAPITULO 11
— ¿Siquiera encontraron a la demonio? – preguntaba Spike por enésima vez, aun no se podía creer que Connor hubiese llevado a la misma muerte hasta su casa.
Hope, no dejo de hacer lo que fuera que estaba haciendo para responderle.
— Si, vi a Connor hablando con ella en el club.
— ¿Y porque no la trajeron a ella entonces? – exigió saber.
— Eso debes preguntárselo a Ken.
— ¡Demonios! – Spike arrogo un par de libros de un viejo mueble al suelo. – Ese chico está completamente perdido y si no hacemos algo va a lograr que nos perdamos también y no podemos. . .
— ¿Confiar en mí? – se escuchó preguntar a Connor que iba entrando a la habitación y no estaba para nada sorprendido de que aquellos 2 estuvieran hablando de él. – Miren, lamento haberme enfadado hace rato. – y era verdad. – Pero no lamento en lo más mínimo haberlo traído conmigo, yo. . . – Spike puso los ojos en blando pero Connor lo ignoro y continuo. – Yo sé que ustedes no lo entienden, pero me he pasado el último año de mi vida cuidando de ese chico y cuando lo vi ahí, en problemas. . . me di cuenta de que no importa que él sea el anticristo o como lo llamen en este mundo. Él es así por mi culpa, lo último que podía hacer era cuidarle, en especial cuando Ángelus. . .
— Woh, woh, woh. – interrumpió Spike. — ¿Acabas de decir Ángelus? – pregunto, rogando de verdad que su oído estuviese comenzando a fallar.
— Si, él apareció en el club. – respondió Connor
Spiker palideció más de lo habitual.
— ¿Y no se les ocurrió mencionarlo antes? – exigió saber.
Hope finalmente dejo lo que hacía y presto atención al 100 a la conversación.
— Lo siento, Spike. Debí contártelo. – le dijo. Connor estaba sorprendido de escucharla hablar así, pues cualquiera diría que estaba realmente arrepentida, algo que no era para nada propio de la chica ruda con la que había pasado toda esa aventura.
— Por supuesto que debiste contármelo. – dijo el vampiro e impulso su silla para salir de la habitación. Era obvio que más que enojado, estaba asustado.
— ¿Pero qué le pasa? – pregunto Connor, pues ese no era el Spike que conocía.
Hope suspiro, claramente se sentía culpable.
— Es difícil para él porque fue Ángelus quien lo puso en esa silla. – dijo.
Connor estaba muy sorprendido por eso, y no pudo hacer más que pasarse una mano por el rostro. — Qué. . . ¿Qué paso? – pregunto titubeante.
— No lo sé todo. Spike nunca habla de ello. – respondió Hope. – Solo que Ángelus fue tras nosotros cuando intentábamos huir de Italia. Spike lo enfrento y cuando lo encontramos. . . bueno, ya sabes.
Connor tuvo que apoyarse en un viajo mueble para no caer. Aquello era demasiado para digerir, pues en muchos sentidos cerraba el circulo de la arruinada vida de su padre y hermano. Spike solía ser (indirectamente) uno de los mejores amigos de su padre, la persona que llevaba más tiempo conociéndole en la vida y que Ángelus lo hubiera lastimado no solo era horrible, si no también muy cruel. Y todo era su culpa.
Pese a haber estado enfadada con el joven, Hope pudo notar su pesar y decidió darle el empujón que necesitaba para sobreponerse. – Es por eso que no podemos fallar, Connor. Debemos encontrar el amuleto del demonio y destruirlo. Solo así arreglaremos todo lo que salió mal aquí.
— El amuleto. – Murmuro. Escuchar aquello hizo que Connor recordara. Tantas emociones en las últimas horas le habían hecho olvidarse de lo verdaderamente importante. – ¡El amuleto! ¡Sé dónde está el amuleto! – exclamo con repentina emoción.
— ¿Dónde? – exigió saber la joven.
— Ella. . . ¡La demonio dijo que él lo tenía! – y salió corriendo para regresar a donde el chico, sin dar siquiera la oportunidad a la chica de procesar la información o hacer alguna pregunta pues sentía que era su responsabilidad y solo suya recuperar el artefacto.
Así que volvió al salón de carpintería, donde su hermano seguía luchando ferozmente por romper las amarras de sus brazos. Algo que sería imposible, pues Connor era muy bueno haciendo nudos y además, era cuerda demasiado gruesa como para romperla.
— Deja de jalarte así. Te cortarías la muñeca antes de romper esas ataduras. – dijo.
El chico dijo algo, pero debido a la mordaza fue completamente imposible entenderle siquiera una palabra. Así que Connor se acercó y se la quito de la boca.
Demian le escupió entonces a la cara.
— Prefiero morir antes que seguir en este asqueroso lugar. – declaro pero Connor estaba muy ocupado limpiándose la cara para ponerle atención.
— ¡Puaj! ¡¿Pero qué demonios pasa contigo?! ¡Eso fue muy grosero! – le grito.
Demian se burló.
— ¿Si? Pues azótame. – le reto.
— ¿Sabes qué? No es una mala idea. – respondió, haciendo el ademan de sacarse el cinturón como su padre lo haría en una situación así. Por supuesto, no iba a hacerlo, solo quería asustar al chico pero su reacción fue mayor a la que esperaba.
— ¡No! – grito Demian muy asustado. — ¡Por favor no! ¡Hare lo que quieras! ¡Lo hare!
Connor frunció el ceño al no entender porque reaccionaba con tanto miedo, pero supuso que al final eso le beneficiaria. — Necesito saber una cosa y necesito la verdad. – dijo, el chico asintió. — ¿Alguna vez has visto un colgante muy llamativo? creo que es verde como un jade. – explico.
Demian hizo su mejor esfuerzo por ocultar que sabía de lo que ese joven le hablaba, pues un jade en un colgante muy llamativo no era algo que se encontrara todos los días. Mucho menos en su familia, y sabía que si lo entregaba aun a cambio de su libertad, su padre jamás le perdonaría. Así que trato de inventar una excusa.
— Uh, mi padre tiene muchas joyas en casa es difícil. . .
— Necesito que pienses. Esta joya es muy especial. – repitió Connor.
— Pues. . . – su mandíbula tembló, lo único que quería era regresar a su casa antes de que su padre lo notara y se molestara, pero se esforzó por no flaquear. — No, no recuerdo ninguna que valga tanto la pena. – dijo, pero fue en su voz donde Connor encontró algo bastante familiar. Ese pequeño titubeo que su hermano siempre tenía cuando mentía.
— ¿Seguro? – presiono.
— Sí, sí. Lo juro. – respondió el chico, dándole a Connor la confirmación que quería. Quizás estaban en otra realidad, pero el niño seguía usando las mismas expresiones para mentir, las mismas que había usado la vez que había robado 10 dólares de la cartera de su hermano y había fingido no saber nada, o la vez que había sin querer había usado la camisa de su padre para limpiar la mesa de la cocina y fingió no tener conocimiento de porque estaba llena de manchas de comida. Eran las mismas, y Connor estaba determinado a sacarle la verdad.
— Bien. – fingiendo creerle. — ¿Quieres un poco de agua? parece que la necesitas. – dijo, el chico simplemente asintió y el salió de la habitación. Su plan era simple, observarlo unos minutos a ver como se comportaba a solas, cosa que no tardo demasiado pues pronto el niño bajo su cabeza y uso su mandíbula para tirar de algo. Una cadena que sujetaba algo por debajo de su camiseta.
— ¡Te atrape! – grito Connor, volviendo de un brinco a la habitación. — ¿Tú tienes el colgante? ¿Cierto? – dijo muy emocionado.
— No, no sé de qué hablas. – Demian seguía empeñado en proteger lo que para él era "un recuerdo de familia"
— ¿No? – pregunto lleno de ironía y llegando hasta él. — ¿Y entonces esto? – pregunto, tirando de la cadena para sacarla de su camiseta, esperando relevar así el colgante pero lamentablemente no fue así y lo único que revelo fue una simple cadena. — No, no, no. ¿Dónde está? – exigió saber exasperado, pues sus esperanzas de poner el mundo de vuelta en su lugar se acababan de esfumar.
Demian miraba sorprendido la cadena vacía. — No—o lo sé. – titubeo, mientras su mente se encargaba rápidamente de recordar la última vez que sostuvo la piedra. — Yo lo traía colgado en ese bar, yo. . . Por favor, tienes que soltarme para que lo encuentre o mi padre, el me. . . – su voz se cortó y un par lágrimas escurrieron bajo sus mejillas. Pues su mente ahora le mostraba lo que su padre haría si regresaba a casa sin el amuleto.
Connor tenía sus propios malos pensamientos con que lidiar, pero ni siquiera eso le impidió ver el miedo que su hermano sentía por ese hombre. — ¿El qué? – exigió saber.
Demian se mordió los labios, pues no quería contarle a un extraño los métodos de disciplina tan peculiares que enfrentaba en casa.
— Por favor. – murmuro con el corazón en un puño y aun que a Connor le hubiese gustado dejar el tema, su sobreprotección de hermano mayor no se lo permitió.
— Él te ha hecho daño. ¿Cierto? – pregunto, aunque ciertamente no necesitaba una respuesta para saberlo.
— Solo intenta educarme, es mi padre. – murmuro perdido Demian, pues esas eran justo las palabras que su padre había dicho a un par de demonios que una vez habían visto como le azotaba en el comedor por un pequeño desacuerdo sobre el almuerzo.
— ¡No! ¡No lo es! – grito Connor, enfadado y exasperado por ver que su hermano de verdad se creía esas tonterías.
— ¿Que— Que dices? – exigió saber al instante.
Connor tuvo que tomar una respiración para buscar calmarse, sabía que había hecho mal en decirle aquello al niño pero no podía pasar un segundo más sin decirle.
— Lo siento pero es la verdad. – y se inclinó para secarle las lágrimas con sus propios pulgares, algo que antes había hecho ya. — Ese miserable no es tu padre, Demian. Solo ha estafo mintiéndote para que le ayudes a controlar el mundo. Tu verdadero padre. . .
— ¡Mientes! – el niño retiro su rostro con enfado y brusquedad. — ¡¿Porque quieres engañarme?! ¡Yo no te he hecho nada! Ni siquiera te conozco. – exclamo, en su mirada no había nada más que enojo y confusión. Las dos cosas que Connor precisamente jamás le quiso provocar.
— Lo hago porque yo. . . Yo soy. . . – Connor quiso gritarle en ese momento que él era su hermano, una de las personas que más le querían en el mundo y que haría que todo estuviera bien de nuevo, pero sin el amuleto, ya no estaba seguro de poder cumplir esa promesa y eso hizo que comenzara a llorar. — ¡Arg! – chillo y salió corriendo del salón.
Connor la emprendió a golpes entonces contra la pared. Se sentía frustrado de no poder ser siquiera honesto con el chico, no porque fuera demasiado complicado explicarle la situación, sino porque aun cuando era un malcriado de lo peor, lo último que quería hacer era verlo sufrir. Y verlo llorar no estaba ayudando a hacer las cosas mejor, mucho menos lo haría él que un vampiro rompiera una de las ventanas del instituto y entrara al pasillo para golpearlo por sorpresa.
Connor se estampó contra el muro debido al impacto del golpe pero reacciono rápido para sacar el cuchillo que llevaba guardado en la parte de atrás de su cinturón y cuando el vampiro trato de golpearlo de nuevo, se movió rápido y le corto la garganta tan profundamente que lo asesino.
— ¡Hope! – grito entonces.
— ¡Connor! – la joven llego corriendo, agitada. – Están aquí. – declaro.
Ambos compartieron unos segundos la mirada antes de mirar al exterior a través de la ventana rota, viendo entonces a la docena de sombras que se encontraban al otro extremo de la calle. Esperando.
— ¿Qué vamos a hacer? – pregunto Hope.
Pero Connor no respondió de inmediato, pues estaba muy concentrado manteniéndole la mirada al líder de aquel ejército. Viktor Blackthorne, justo el miserable ser a quien quería hacer picadillo en ese preciso momento. Y Viktor por supuesto que lo noto.
— Creo que yo debería ir primero. — comento Alec
Ángelus soltó una carcajada. – Si claro. Niñito, yo soy el que entrara ahí primero y hará pedazos a todos esos idiotas. – le dijo.
Alec puso su rostro de vampiro. – Soy más viejo y fuerte que tú. – dijo.
— ¿Quieres probar? – le reto Ángelus, y seguramente se habrían enfrascado en una pelea por su ego, de no haber sido por la interrupción de Viktor.
— ¡Suficiente! – les grito. – Ustedes. – señalando con la cabeza al pequeño ejército de vampiros que llevaban. – Entren ahí, encárguense de la cazadora. – los vampiros asintieron y se dirigieron al lugar. – Ángelus tu encárgate de tu viejo amigo, William el sangriento.
— Sera un placer. – dijo el vampiro y se unió al resto de los vampiros en el camino. Finalmente había llegado la hora de ajustar cuentas con el descendiente más molesto que alguna vez había tenido.
Viktor miro muy serio entonces a su hijo.
— No puedes fallarme esta vez. Si algo le pasa a tu hermano por tu debilidad. . .
— No fallare. – declaro de inmediato. Lo que más le enfadaba del asunto era que su padre pusiera en duda la lealtad que él tenía para con su hermano, pues estaba seguro de que su lazo con él era incluso más fuerte al que tenía con su padre. Así que puso su rostro de vampiro y desapareció con su velocidad aumentada.
Viktor desabotono sus mancuernillas de oro, las puso en su bolsillo y entonces el mismo avanzo. Iba a ser una larga tarde.
* THE WAR IS COMING!
Por favor Review!
