CAPITULO 13

(Les recomiendo leer el segundo nuevamente por si no recuerdan los eventos que pasaron al inicio)

El mundo giro en un solo momento, fue incluso peor que la primera vez pues la sensación de caer al vacío no se detuvo hasta que literalmente sintió a su espalda tocar el fondo. Por un momento, Connor llego a pensar que esa era la sensación por la que todos atravesaban al morir y que estaba por descubrir la respuesta a la gran pregunta de si existía o no otro lado al que ir cuando te mueres. Sin embargo, una voz bastante familiar comenzó a hacer eco en su mente.

— ¡Connor! ¡Connor! – se escuchaba gritar a la distancia a su padre con bastante desesperación en la voz. — ¡Despierta Connor! ¡Despierta! – decía, pero el joven no podía comprender porque. ¿Acaso su padre lo estaba llamando para el otro mundo? Y de ser así, ¿era Ángel o Ángelus quien lo hacía?

Sintió un nuevo jaloneo en el centro de su pecho y entonces una bocanada de aire frio cruzo por sus pulmones y se encontró mirando el borroso panorama de la que solía ser la habitación de su hermano. Si, muros azules, con los posters de Batman colgando. Luego, miro el rostro de su padre, quien le sostenía en sus brazos.

— Respira hijo. Respira. – decía el vampiro. Pues para él, solo habían transcurrido un par de angustiosos minutos desde que encontró a su hijo inconsciente en el suelo.

— Que. . . ¿Qué paso? – pregunto muy confundido Connor.

— He ido a por tu hermano pero se ha encerrado en su cuarto, vine a por ti y te encontré tirado en el suelo. No. . . No despertabas pensé que. . . – la voz de Ángel estaba llena de miedo, pero no fue eso lo que hizo comprender a Connor lo que estaba pasando. Si no la sensación de polvo que tenía en la palma izquierda, el polvo que solía ser el amuleto. Entonces se esforzó por sonreír, estaba de vuelta en casa después de todo.

— Esta bien, papá. Estoy bien. – dijo, soltándose del agarre de su padre para levantarse.

— No te ves bien, Conn. Pareces. . . – Ángel sabía que su hijo odiaba la palabra "miedo" y todo lo que tuviera que ver con ello, así que la evito. – Agitado y no sabemos por qué te desmayaste. Quizás debería llamar al doctor y. . .

— Demian. – pronuncio tan fuerte como pudo, pues aun cuando su mente era un completo lio en ese momento, la imagen de su hermano era lo único importante. — ¿Donde esta? ¿Dónde está mi hermano? – exigió saber.

Ángel frunció el ceño.

— ¿Ahora si es tu hermano entonces? – pregunto, sin realmente pensarlo pues aun que estuviera muy preocupado por Connor, eso no quitaba que estuviese molesto por lo que había pasado entre sus hijos.

Connor ni siquiera tomo en cuenta su comentario, simplemente dejo la habitación y se dirigió a la de su hermano. — ¡Demian! – grito tan fuerte que el mismo se exalto. Se recargo en la puerta y llamo con mayor suavidad. — Ian, por favor abre la puerta. – dijo, pero no hubo ninguna respuesta, ni ningún ruido siquiera. En otras circunstancias lo habría dejado, pero en ese momento necesitaba ver al chico con tanta urgencia que no le importaba lo que tuviera que hacer para lograrlo. — Demian ábrela o la voy a romper. – advirtió.

Ángel estaba muy sorprendido de la actitud de su hijo, pero sobre todo, estaba asustado por lo que este fuese a hacerle a su pequeño.

— Connor quizás deberías dejar que yo. . . – trato de razonar con el chico, pero fue como si le hablase al viento pues este apretó el picaporte de la puerta con tanta fuerza que lo rompió y así la puerta de abrió. — ¡Connor! – le reprendió, pero sin ningún éxito.

Connor entro a la habitación esperando encontrar al chico tapado con las sabanas de su cama, pero no, estas estaban perfectas. Se inclinó para mirar debajo de la cama pero no tuvo suerte, así que fue al armario entonces, recorriendo un par de camisas y en espera de encontrarlo ahí dentro. Pero no fue así.

— No esta. – declaro con la mirada fija en la de su padre.

Ángel entro a la habitación entonces y tras una rápida mirada en todos los lugares, se dio cuenta de que Connor estaba diciendo la verdad. Los dos compartieron la mirada por un momento antes de dejar la habitación y salir a buscarlo.

Los dos se dividieron para buscar en diferentes lugares. Ángel llamo a Adrián de camino al parque para que ayudara en la búsqueda, mientras Connor fue a casa de los 2 únicos amigos de Demian. Algo que considero como una pérdida de tiempo, pues conocía a su hermano y sabía que jamás correría a esconderse o a pedir ayuda a ninguno de los chicos. Los apreciaba demasiado como para perderlos por mentirles o peor, poner sus vidas en riesgo contándoles la verdad de lo que era. Así que sin ninguna sorpresa u éxito alguno, Connor se dirigió al parque para reunirse con su padre, sentir el aire fresco y ver a las personas de Woodstock paseando libremente, sin ningún temor, le estaba haciendo sentirse bien de nuevo, sentir como si acabase de despertar de una horrenda pesadilla.

Su padre tampoco había tenido suerte al revisar el parque, así que estaba sentado en una banca hablando con el Sheriff por teléfono cuando Connor llego.

— Espera. – dijo al teléfono, apartándolo de su oreja. — ¿Alguna suerte?

Connor negó con la cabeza. — Isaac dice que no sabe nada y Rob tampoco. Revise por los videojuegos y el centro comercial pero no vi nada.

— ¿Escuchaste? – Ángel regreso su atención a la llamada. — Si, Adrián. Lo sé, pero no me importa lo que 7 personas piensen de mí. Lo que me importa es tenerlo de vuelta. – dijo muy exaltado pero luego decidió calmarse. Después de todo, Adrián no era culpable de nada en el asunto y estaba tratando de ayudar. — Bien, sí. Te lo agradezco mucho. – dijo y colgó finalmente.

Connor se sentó a su lado en la banca.

— ¿Que ha dicho? – pregunto.

Ángel tomo un respiro para asimilar la información antes de responder. — No quería pedir ayuda de los otros oficiales. Le preocupa que piensen que soy un mal padre.

— No lo eres. – aseguro Connor, pero su padre estaba demasiado absorto en sus pensamientos como para ponerle atención.

— ¿Dónde demonios se metió esta vez? – se preguntaba Ángel exasperado. Quizás no era la primera vez que su hijo se escapaba de casa, pero si era la primera en la que podía tener una razón para no volver.

— Papá, tienes que calmarte. Vamos a encontrarlo. – dijo Connor, él mismo estaba sorprendido de su propia tranquilidad pero es que después de haber visto la peor versión de su hermano, ya no existía ninguna otra cosa que pudiera hacerle temer. Demian era un chico listo y tanto él como su padre le habían enseñado lo suficiente como para cuidarse.

— ¿Calmarme? – Ángel estaba flipando. — Estas de broma ¿cierto? Mi hijo anda por ahí solo, en un pueblo donde la mitad de sus habitantes lo quieren asesinar. Así que disculpa si luzco preocupado en lugar de preparar una fiesta. – dijo, sonando mucho más molesto de lo que en realidad quería, cosa de lo que se arrepintió al instante.

— Lo siento. – murmuro Connor.

— No, yo lo siento hijo. – Ángel tomo un respiro. — No debo pagarla contigo.

— Claro que sí. – aseguro. — Ha sido mi culpa, no debí decir lo que dije.

— No es tu culpa Connor. Yo nunca debí presionar tanto en el tema, es mi hijo pero tú tienes derecho a no verle de la misma manera yo. . .

— ¿Cómo puedes sugerir eso, papá? – le interrumpió muy ofendido, escuchar a su padre hablar así le hacía sentir aun peor de lo que ya lo hacía y justo por eso no pudo callar más. — Por supuesto que le veo de la misma manera. Quizás no fue inmediato pero en estos meses le he tomado cariño a ese mocoso. El. . . – Encontró la verdad realmente liberadora. – Él es mi hermano, uno que siempre quise tener y tan solo pensar que pude haber arruinado todo con él, me hace sentir muy mal. Porque ahora. . . – las primeras lágrimas corrieron bajo sus mejillas, con el recuerdo de la última mirada fría que había visto en Demian cuando este le lanzo por la ventana en el otro mundo. — Ahora sé que nuestras vidas estarían vacías sin él.

Connor se soltó a llorar entonces y aun que Ángel atribuía ese llanto a la pelea con Demian, su instinto paternal le decía que había algo más ahí. Pero no insistió en saberlo, simplemente le pasó el brazo por encima de los hombros y lo atrajo a su pecho en un fuerte abrazo. — Shshsh, está bien hijo. Vamos a encontrarlo shshsh. – le decía. Connor ya tenía la cabeza aferrada en su pecho, pues acababa de darse cuenta de lo mucho que en realidad necesitaba de ese abrazo. Ángel le acaricio el cabello, buscando calmarlo. — Y él te perdonara porque el también te quiere mucho. Sin importar que, tu hermano es incapaz de odiar. – continuo y fue justo en esta última oración que la mente de Connor encontró una posible predicamento para su problema.

Paso unos meses antes, precisamente en el tiempo que le enseñaba a Demian a usar la patineta que él mismo le había regalado por su cumpleaños. Fue entonces cuando el niño le llevo a una parroquia abandonada (y casi en ruinas) de la ciudad, obligándole a enseñarle en el atroz pavimento roto del patio trasero.

— ¿Porque siempre insistes en venir aquí? El parque está más cerca de casa y hasta tienen unas rampas para practicar. – recordaba haberle dicho entonces.

Demian solo se había encogido de hombros.

— Me gusta aquí. – dijo.

— ¿Porque? digo, hasta el cementerio luce más vivo. – respondió lleno de ironía.

El niño había hecho una mueca de estárselo pensando.

— ¿Si te lo digo prometes no tenerme lastima? – le pegunto.

— Porque debería de. . .

— ¿Lo prometes? – insistió.

Connor resoplo, a veces su hermano dramatizaba demasiado.

— Bien. Si, lo prometo. – le dijo.

El niño se subió entonces a la patineta y empezó a girar despacio mientras hablaba. Concentrarse en hacer otra cosa le hacía mucho más fácil hablar. — Bueno es que. . . cuando vivía en el orfanato, los otros chicos nunca querían que yo jugara con ellos porque el padre Kieran siempre se molestaba si yo me ensuciaba o peor, los castigaba si siquiera me rasguñaba. Así que yo lloraba todo el tiempo, porque de verdad quería jugar con ellos y no podía. Entonces un día mi hermano. . . Benny, me trajo aquí y dijo que todo eso. . . – señalando los viejos y oxidados juegos infantiles que había más allá de donde estaban. — Era mío, que aquí no importaba lo que el padre Kieran o los otros chicos dijeran. Este era mí, nuestro lugar para jugar. Y así lo fue hasta que murió, así que venir aquí es. . . es especial.

— Oh, ya veo. – murmuro Connor, pues según recordaba esa fue la primera vez que Demian le hablo más a fondo de su fallecido hermano y no había querido arruinar ese conversación tan especial.

— Es estúpido, lo sé. A la próxima mejor vamos al parque.

— No, no. Está bien. El lugar está bien es que. . . A veces olvido que no todos son como yo. Digo, yo no podría volver aquí si hubiera pasado por lo que tú. – y era verdad, ese era un hecho que Connor siempre admiraría de su hermano, que a pesar de su corta edad, era mucho más valiente de lo que él jamás podría ser.

Demian le sonrió entonces.

— Bueno, debes concentrarte en lo bueno y no en lo malo ¿cierto? Además. . . – hizo una pausa para considerar sus siguientes palabras. — Me gusta que estés aquí también.

— Y a mí. . .

Connor recordaba no haber sabido como sentirse ante aquello, pero ahora se daba cuenta de que ese fue el momento en que su hermandad se volvió real. El momento en que ese niño le había abierto su corazón para formar parte de su vida. Así que se despegó del abrazo y miro a su padre.

— Creo que tengo una idea de donde puede estar. – le dijo.

Ambos regresaron al auto y como Connor no recordaba el nombre de esa parroquia, decidió guiar a su padre por las calles hasta que llegaron. Entonces no pudo evitar el notar la expresión desencajada de su padre.

— Claro, debí imaginarlo. – murmuro el vampiro.

— ¿Ya habías venido también? – le pregunto.

— Si, y le prohibí a tu hermano que volviera. — dijo Ángel, apresurándose a salir del vehículo, dejando a Connor con un montón de dudas no resueltas en la cabeza.

— Papa espera. – dijo el chico, pero fue como hablar para el mismo viento. Así que se bajó del vehículo y comenzó a seguir a su padre mientras se abrían camino por el terreno.

— ¡¿Demian?! ¡¿Demian?! – gritaba Ángel, Connor ahora era quien estaba preocupado por lo que su padre fuese hacer en cuanto encontrara a su hermano. Fuese lo que fuese la razón por la que le había prohibido al chico volver a ese lugar, debía de ser grande.

Connor vio algo levantarse del suelo, al principio pensó que se trataba de su hermano atendiendo a su llamado, pero no. Era otro chico como de su edad, pálido y con la ropa toda sucia. Este se acercó a su padre y le mostro algo que Connor no pudo identificar pero si que pudo escuchar muy bien sus palabras.

— ¿Quieres algo de magia, viejo? Tengo anfetaminas y cocaína, te la puedo dar. . . – y antes de que el tipo pudiera terminar con su oferta, Ángel lo tomo por el cuello de su camiseta y tiro de ella.

— Estoy buscando a un niño, alto y cabello negro. ¿Le has vendido algo así? ¡¿Lo has hecho?! – exigió saber muy exaltado, tanto que Connor tuvo que intervenir.

— Papá vamos, suéltalo. – le dijo, y aun que Ángel no quería hacer más que partirlo a la mitad por vender esa clase de porquerías a la gente, tuvo a bien hacer caso a su hijo y apartarse.

El tipo estaba tan drogado que ni siquiera pareció asustarse de ellos, así que Connor continuo con el interrogatorio.

— ¿Has visto a un chico con buena ropa por aquí hoy? – pregunto, sus días en las calles le habían enseñado que la gente se fijaba más en la ropa que usabas antes de tu físico.

El traficante asintió y señalo hacia la dirección de los juegos.

— Lo vi sentado por ahí hace un rato. – dijo.

Los chicos no esperaron entonces para dirigirse hacia la dirección indicada. Connor recordaba perfectamente bien el carrusel, pues su hermano le había contado sobre las horas de diversión que había pasado ahí cuando niño, así que para él no fue ninguna sorpresa encontrar al chico dormido entre los viejos y polvosos caballos de plástico.

Su padre, por otro lado, sí que estaba muy sorprendido y no tuvo reparo en inclinarse y sacudir a su hermano fuertemente para despertarlo.

— ¿Papá? – pregunto un adormilado Demian, pero no hubo ninguna respuesta. Pues Ángel lo levanto del suelo de un tirón y comenzó a subirle las mangas de la camisa que llevaba puesta. — ¿Qué haces? – demando el confuso chico, pero Ángel ni siquiera lo escucho. Solo siguió subiéndole las mangas.

Connor tardo un momento en entender lo que pasaba. Su padre le estaba levantado la camisa a su hermano para cerciorarse de que no tuviera ninguna cicatriz de jeringa, de esas que les quedan a los drogadictos cuando se meten la basura a su cuerpo. Y eso le hizo vagamente sonreír, pues recordaba el día en que su padre le había hecho lo mismo a él.

Demian finalmente tiro de sus propios brazos para soltarse.

— ¡Déjame! – grito a su padre.

Ángel sentía tantas emociones en ese momento, miedo porque a su hijo le pudo a ver pasado tantas cosas, alivio porque no le paso nada e ira por que se atreviera a regresar ahí cuando lo tenía prohibido. Sin embargo, todo eso quedo atrás en un instante y lo único que pudo hacer fue abrazarlo tan fuerte como para asegurarse de que jamás se volvería a ir.

— No tienes idea de lo mucho que me asustaste, jovencito. ¿En que estabas pensando al salir así de casa? – exigió saber firme pero sin soltarle del abrazo.

Demian acomodo la cabeza en el pecho de su padre, también necesitaba tenerlo cerca.

— No es mi casa. – murmuro el niño. Eso fue todo un golpe bajo para su padre, pero sobre todo para su hermano, que se mantenía atrás, en silencio. – Yo no soy parte de tu familia, Ángel. – continuo.

Ángel no recordaba la última vez que el chico le había llamado por su nombre en lugar de llamarlo "Papá" pero en ese momento, escucharlo había dolido más que 100 puñaladas en el corazón. Miro a Connor y se dio cuenta de que también estaba afectado y que aun cuando buscaba las palabras para remediar la solución, no las tenía o simplemente no las podía decir. Ese era un trabajo de papá. SU trabajo.

— Escúchame muy bien, jovencito. – dijo, apartándolo de su pecho para que le mirase a la cara mientras le hablaba. – TÚ no solo eres parte de mi familia, eres TODA mi familia. Tú y Connor lo son, y siempre lo serán. – declaro con tanta convicción que parecía estar a punto de quebrarse también. – Así que no me importa cuán molesto o confundido puedas estar, no quiero volver a oírte decir algo tan feo nunca más ¿está claro?

Demian tardo un segundo en asimilar las palabras, lo cierto es que el mismo se había odiado por decir aquello pero escuchar a su padre decir aquello fue tan importante que su tristeza se disipo casi por completo.

— Sí, señor. – respondió mas entusiasmado.

— Bien. – Ángel lo abrazo de vuelta y le beso la cabeza antes de comenzar a caminar, sujetándole del brazo para que no fuera a escapar de vuelta. – Ahora vámonos a casa, podremos hablar con más calma allá. – dijo, Demian hizo una pequeña mueca pues aun con todo el amor que su padre le estaba demostrando en ese momento, le conocía y sabía que también estaba muy pero muy enojado.

Connor sentía que su mente seguía dando vueltas entre la horrenda realidad en la que estuvo y en la que ahora estaba. Si, su hermano podía estar sentado a menos de 40 centímetros suyos en el asiento trasero del auto, pero se sentía como si hubiera por lo menos 100 km entre ellos. Kilómetros que no estaba del todo seguro poder volver a recorrer, y justo por ello ninguna de las frases que tenía en mente parecía apropiada para comenzar. Un "Lo siento" no parecía ser suficiente y un "Perdón" parecía ser mucho luego de lo que había causado con su estúpido deseo. Así que permitió en silencio, al igual que todos y al llegar a casa no pudo más que arrastrar su miseria tras su familia.

— ¿Tienes hambre? – pregunto Ángel a su hijo más joven apenas cruzaron el umbral. – Puedo preparar pasta si quieres. – agrego.

Demian negó con tristeza.

— La verdad es que no. – murmuro.

— ¿Y tú Connor?

— Estoy bien, papá. – murmuro con el mismo tono de su hermano.

Ángel suspiro, no le hacía gracia que ninguno de sus hijos quisiera cenar, pero debía admitir que ni el mismo tenía ganas de preparar nada. — Bien, prepárate para la cama entonces. Subiré en un momento. – ordeno.

Demian asintió y comenzó a arrastrar los pies por las escaleras. Sabía perfectamente para que subiría su padre, él era un hombre de palabra y había advertido en más de una ocasión lo que le haría si se atrevía a volver a la parroquia de St. Nicholas.

— ¿Papá? – pregunto a media escalera. Ángel le miro con atención. – Lo siento, no quería asustarte como lo hice. – comento, sabía que no haría mucha diferencia a su castigo pero en verdad había querido decirlo desde que se reencontraron.

Ángel esbozo una pequeña sonrisita.

— Lo sé, pequeño. Estoy bien ahora. – respondió, pero su tono no era del todo convincente y Connor lo sabía, pero tuvo a bien guardarse su opinión hasta que su hermano desapareció de las escaleras.

— ¿Lo vas a castigar? – pregunto flojito.

Ángel asintió con pesar.

— Tu hermano sabía muy bien que no debía regresar ahí. Fui muy claro con las consecuencias cuando se lo prohibí, así que si volvió ahí es porque estaba dispuesto a afrontar dichas consecuencias. – dijo, pues eran justo esas palabras las que se repetía a sí mismo para ser fuerte y llevarlo a cabo. Claro que no quería castigarle, no luego del miedo que le hizo pasar, pero luego de haber visto a aquel traficante ofreciendo sus porquerías a cualquiera. . . Dios, ese recuerdo sí que le hacía enfadar.

— O. . . estaba asustado cuando decidió ir ahí. Papá no puedes culparlo por. . .

— No lo hago. – interrumpió de inmediato. — Solo intento enseñarle a ser responsable de sus elecciones. Justo como trate de enseñártelo a ti cuando llegaste de la otra dimensión ¿recuerdas?

— Lo sé – respondió con una mueca de dolor, pues recordaba perfectamente todas y cada una de las azotainas que su padre le había dado cuando recién regreso al mundo y tuvo que aprender a vivir en él. – Sé que solo quieres ser un buen padre, pero él no es responsable de esto. – continuo. Ángel arrugo el gesto ante aquella declaración, haciéndole ver que no estaba en el camino correcto. — Bueno, en parte sí. – corrigió. — Pero yo fui quien comenzó esto, es mi culpa que se metiera en problemas en primer lugar y sí. . . – en ese momento todo tuvo sentido en su cabeza. — Si alguien merece ser castigado, ese soy yo.

Ángel no se podía creer lo que estaba escuchando, definitivamente sus hijos eran los chicos más complicados que hubiese conocido nunca.

— Oh por favor. No me la pongas más difícil Connor. – exclamo exaltado, pero luego se esforzó por mantener la compostura. – Es muy noble de tu parte que tomes responsabilidad en esto pero no voy a castigarte en su lugar, tú ya eres un adulto y sabes. . .

— Eso no importa. – interrumpió con un pesar que Ángel no podía comprender. — Vas a querer hacerlo cuando te diga lo que paso.

— ¿Que? – Ángel estaba más confundido que nunca. — ¿Connor ahora de que estas hablando? no ha pasado nada mas aquí.

— Si, lo ha hecho y si no te lo digo ahora no creo que pueda hacerlo nunca.

Ángel le miro profundamente, tratando de hacer su trabajo como padre y averiguar lo que entristecía tanto a su hijo sin que este se lo dijera, sin embargo, decidió ir por la otra ruta y escucharlo.

— Entonces dime.

* ¿El final en el proximo capitulo?

No se lo pierdan =)

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