LOS PERSONAJES EN ESTA HISTORIA NO SON DE MI PROPIEDAD AL IGUAL QUE LAS IMÁGENES AQUÍ UTILIZADAS, SI CONOCES A LOS ARTISTAS FAVOR DE INFORMAR PARA COLOCAR LOS DEBIDOS CRÉDITOS.


Al cabello solía cepillarle siempre que seguía húmedo, aquél era un muy mal hábito, pero se supone que nadie es completamente perfecto en la vida... sin duda Marinette no lo era. Así que continuaba, procuraba que el usual peinado en dos coletas no se entrometiera en su mente y arruinara su plan de unos lindos rizos. Cuando terminó de aplicar el bálsamo labial, se dirigió a la habitación de su madre, la miró ahí sentada, siendo hermosa como solo ella sabía y le sonrió enternecida.
Al parecer la relación que su madre y aquél agradable hombre comenzaban iba para largo, eso le alegraba, pero había momentos en los que simplemente no podía esconder su melancolía.

—Sabes— habló la mujer con la vista fija en el espejo de su tocador— Era verano cuando conocí a tu padre, él trabajaba en una cafetería que estaba en el centro y yo ayudaba a tu abuela con la sastrería. Él iba todos los días allí a arreglar sus trajes, años después confesó que lo hacía sólo para ir a verme. Yo tenía dieciséis años.

Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de ambas, Marinette apenas había conocido a su padre, pero sin duda las historias que los demás le contaban siempre le llegaban al corazón. Mirar a su madre en aquél estado sólo le dolía más. La hizo levantarse de su lugar y giró su cuerpo para abrazarla, para sentirla. La puerta se abrió y unos brazos más se unieron al gesto.

Eran una familia quebrada, una familia incompleta, sin embargo, estaban listos para que aquello cambiara.

La cena, tal como lo había planeado Tom, estaba resultando una maravilla. Sabine, sus hijos y Adrien estaban recibiendo el trato especial de la casa mientras él los observaba alegre.

— ¿Qué les ha parecido la cena? —preguntó ansioso.

—En todo ha sido bastante buena señor, le agradezco no sólo haber invitado a mí madre, sino también a mi hermana y a mí — respondió Jeycen. Dirigió entonces la mirada a su hermana quien aún comía de su trozo de pie de manzana y permanencia inerte en su sitio— ¿Pasa algo, Mari?

Marinette asintió en silencio y observó a todos con miedo.

— Mi trozo tiene el... tiene un...

Tom empezó a palidecer.
Marinette acercó la servilleta a su rostro y la detuvo en su boca, pareciera que estaba escupiendo algo, Sabine la miraba preocupada, no recordaba que su hija fuera alérgica o intolerante con algún alimento. La muchacha término de limpiar lo que había escupido y lo sostuvo frente a sus ojos.

UN ANILLO.

— ¡Oh, por Dios! — hablaron los Dugés-Cheng a coro mientras observaban resplandecer aquella preciosa joya.

—Al parecer mi plan no ha salido del todo bien — habló tímido el chef — Pero ya que estamos así... Marinette, Jeycen. Sé que ustedes no me conocen del todo, tal vez ni siquiera confíen en mí y lo entiendo, pero amo a su madre y quiero estar con ella el tiempo que me quede de vida, porque sólo ella ha podido sanar heridas que hasta entonces creía que nadie más podría. Quiero estar con ella, curarla también y enseñarle lo poco que sé, como ella ha hecho conmigo. Muchachos, quiero que me concedan el honor... De casarme con su madre.

El lugar se había quedado en silencio, nadie se había esperado tal situación. Marinette soltó en llanto y se abrazó del corpulento hombre con fuerza.

—Sí, claro que sí... Casi muero con esa cosa, pero sí. — gritó Marinette emocionada.

—Le agradezco todo lo que ha dicho, mi madre es una persona excepcional y no me cabe ni la menor duda que usted también lo es, Tom — habló Jeycen dando así su aprobación.

Adrien miraba la escena con una apariencia completamente neutra, aunque por dentro se moría de ganas por unirse al abrazo que todos habían formado. Se sentía débil y extraño en aquella situación, no sentía que correspondía a ese lugar y con esa gente. Todo aquello iba más allá de lo que podía controlar. Sabine le observó y ofreció una cálida sonrisa, él le devolvió una igual de sincera.

—Bueno hijos, he tomado una decisión, pienso que sería bastante bueno que Adrien y Tom... Se muden a la casa, es un sitio muy grande y acogedor, estoy segura que su compañía será muy grata para nosotros y después de todo, ahora somos familia ¿No es así, Adrien?

La vista la fijaron sobre el rubio que había permanecido en silencio, él volvió a sonreír pero solamente a Sabine y asintió.

—Le agradezco mucho, Sabine. Si... mi papá no tiene ningún inconveniente, yo acepto su propuesta.


Habían pasado un par de días desde la noche del compromiso, Marinette y Sabine se habían dedicado a acomodar la habitación al final del pasillo que estaba frente a la de Marinette. La chica permanecía sentada a mitad de ésta, imaginando la clase de cosas que el chico llevaría ahí, y manteniendo una conversación telefónica con Alya.

—Un nuevo hermano tal vez sea bueno, Marinette. Ahora estarás más cuidada y no sé, tal vez hasta seamos cuñadas dobles —rió Alya al teléfono.

—Es muy serio y callado, no es tu tipo, Aly.

—Vale, vale... yo sólo digo que si no me funciona con Jeycen, pues el otro...¿cómo dijiste que se llamaba?

—Adrien.

—Bueno, él es de nuestra edad y no sé... —ambas rieron.

— ¡Marinette! —gritó Sabine desde el piso de abajo.

—Te dejo, Aly, tengo que ayudar a mamá.

—Vale, luego me cuentas. —colgó.

Marinette bajó lentamente las escaleras y en la sala logró divisar a Tom, junto a su hijo.

—Mari, acompaña a Adrien a su habitación.

Unos corpulentos hombres habían subido tres enormes cajas a la habitación a la que Marinette los había mandado, seguido de ellos Adrien habían ido con unas cuantas maletas y cajas considerablemente más chicas. De las cajas grandes, el rubio sacó tablas y uno que otro tubo. Comenzó a armar sus estanterías mientras Marinette doblaba y colgaba su ropa en el armario que la habitación tenía. Luego sus libros en los muebles ya armados. Lo miró, estaba tan concentrado en armar la cama, el sudor corría por su frente y parecía picarle en los ojos. Ella sonrió.

—Veo que eres muy callado, ¿eres así siempre? — dijo Marinette soltando una risilla tierna.

Adrien se detuvo para fijar la vista seria en ella, luego sonrió de lado como queriendo intimidarla y siguió con su actividad.

—Cuando termines te vas y cierras bien la puerta, por favor.

Marinette se sorprendió ante el comentario y se levantó rápidamente roja por la furia ¿Quién se creía ese tipo? Es decir, al final seguía siendo su casa y él un intruso. Camino hacia la puerta con determinación y la azotó con fuerza dejando clara su molestia con el muchacho que ni se inmuto ante el golpe de la madera. Entró a su habitación que estaba justo en frente, se lanzó contra su cama y comenzó a patalear como una niña. Si él quería que las cosas fueran así, las cosas serían así.

Cuando el almuerzo estuvo listo, todos se acomodaron en la mesa, Jeycen no estaba en casa y eso fastidiaba un poco a Marinette, tenía que contarle a alguien del arrebato de diva que había tenido el rubio, no podía decirle a su madre, al final no quería preocuparla sólo por la actitud prepotente de ese tipo que ahora masticaba su comida muy tranquilo como si nada hubiese pasado. No entendía cómo ese pedante mal agradecido, engreído y cabeza dura podía ser hijo de tan amable hombre.

— ¿Tu nueva habitación te parece adecuada, Adrien? — Preguntaba Sabine.

—Es amplia, acogedora y tiene una buena vista al jardín, que es muy bello, por cierto así que gracias.

—Oh, el jardín es de Mari, ella lo diseñó desde muy pequeña, se ha encargado también de su mantenimiento desde entonces, ¿es precioso, verdad que si?

—Lo es — contestó el rubio ahora ojeando a la de ojos azules— De verdad que sí.

La chica bufó.

— ¿En qué año cursas, Marinette? — se inmiscuyó Tom para cortar la evidente tensión.

—Estoy por entrar al Terminale.

—Ya veo, eso es genial, Adrien también, es decir eso se supondría.

— ¿No sería genial que al final ambos se inscribieran igual? Así Mari te puede ayudar a socializar con sus amigos y demás.

Los dos se miraron aterrorizados ¿Socializar? ¿JUNTOS? no, no, no definitivamente NO.

—Claro ma, si le permiten inscribirse... perdón, creo que me retiro, he quedado con Chloé y bueno, en fin. Permiso. —Anunció la chica mientras se levantaba de su lugar.

— ¿Por qué no llevas a Adrien? tengo entendido que aunque Tom trabaja aquí, tú estudiabas fuera, no debes conocer mucho — Apuntó Sabine. Marinette la miró de mala manera.

—No es necesario, Sabine, la verdad es que hay algunas cosas aún que me gustaría revisar y acomodar, además seguro que su hija tiene otras cosas que hacer y no me gustaría estorbarle.

Marinette salió de la casa sin siquiera seguir escuchando a su madre. Seguro Adrien ya se había dado cuenta lo mal que le caía, ni siquiera se iba a esforzar por agradarle, ni le pediría disculpas por nada. Tenía dignidad.

Esperó entonces el bus en una banquilla, junto a ella sintió que alguien se sentó y giró a estudiar a la persona.

— Dios, Chloé, creí que nos veríamos en la torre.

—Sí, pero vine a ver a... una persona, así que aproveché y pensé que podía venir por ti de una, cuando me di cuenta de la hora decidí mejor ir a la torre y disculparme por el retraso, pero ya veo que tú también ibas retrasada —rio la rubia.

Era otra gran amiga para ella, era dos años mayor, pero por problemas familiares y respecto a la alcaldía de su padre se había retrasado un tiempo en la escuela. Iba junto a ella y Alya en el mismo curso y aunque al principio no terminaban de llevarse bien, el amor de las tres por la moda las había unido.

—Lo siento, tuve algunos problemas y bueno...

— ¿problemas con tu hermano?

—No, bueno sí... es complicado. ¿Prefieres que demos una vuelta por aquí en el vecindario? Así te cuento todo.

—Sabes que para ti siempre tengo tiempo, peque.


La noche había caído agraciada, y como una serie navideña las estrellas alumbraban el camino de quien vagara por el sitio. Y la luna, la bella luna que resplandecía para hacer nacer la magia dentro, con el aire pegando el cuerpo a la realidad y las calles sirviendo de ancla atada a los pies.

La chica llegó a su casa luego de pasar casi todo el día fuera junto a Chloé. Se sentía liberada luego de tanta presión y furia contra el nuevo integrante de su familia. Al entrar, un olor peculiar inundó sus fosas, sonrió un poco calmada y se dirigió a la cocina donde lo vislumbró.
Estaba sentado y recargado sobre la barra, acercaba una pequeña taza a sus labios para sorber de ella silenciosamente. Se percató entonces de su presencia y le regaló una sonrisa honesta que nunca antes hubiera pensado que le daría, no a ella.

— ¿Gustas un poco? — ofreció el chico levantando su taza. Ella asintió.

— ¿Pasa algo? — cuestionó preocupada la chica. Él negó ligeramente.

—Mamá preparaba té cuando se sentía nerviosa, o cuando sentía que había hecho algo mal... decía que por lo menos una parte de ella podría estar en paz así. — Ella sonrió ante lo dicho por el chico — Lo siento, Marinette, no quería parecer grosero contigo, todo esto es muy nuevo para mí y bueno... No sé cómo llevarlo.

—Está bien, yo fui muy dura también —suspiró — es hora de dormir ¿no lo crees?

—BUENAS NOCHES... —soltaron a la par, se sonrieron y sonrojaron.

Hace falta la belleza de laluna para unir a las almas destinadas.


Valeee, chicos aquí les traigo una nueva parte.

En lo personal el matrimonio me pareció acelerado, pero son adultos y saben lo que hacen, además llevaban rato saliendo y lo único que hicieron fue anunciarlo a sus debidos hijos, como sea.
¿Qué opinan?

¿Qué les pareció?

¿Tienen alguna teoría sobre algo?

¿Les gustó?

La verdad es que me da gusto que ésta historia recibiera buena respuesta, les agradezco por eso. Espero también que me tengan paciencia, recién regresé a la universidad y las cosas se han puesto pesadas.

Saben también que me pueden contactar en cualquier lado como cjdelarge y con gusto les contestaré.Pueden leer también mis demás historias, eso estaría cool.

Bye, bye y nos leemos a la próxima.