LOS PERSONAJES EN ESTA HISTORIA NO SON DE MI PROPIEDAD AL IGUAL QUE LAS IMÁGENES AQUÍ UTILIZADAS, SI CONOCES A LOS ARTISTAS FAVOR DE INFORMAR PARA COLOCAR LOS DEBIDOS CRÉDITOS.


El aire daba en su rostro y apaciguaba el ambiente entre ambas amigas, Alya y Marinette llevaban rato sentadas frente a la torre degustando un monumental helado, hablaban sobre lo ocurrido en la semana primera de su regreso a la escuela. Alya estaba convencida de que sería un gran año. Juraba que mejoraría sus notas, que podría ser reconocida en el club de periodismo y sobre todo, que al fin conquistaría el corazón de algún muchacho.

Había estado perdidamente enamorada del mismo chico durante más de diez años, quería arriesgarse. Quería más.

—Se llama Claude.

—¿Qué clase de nombre es ese ?— cuestionó la azabache a su amiga.

—Pues es muy lindo—defendió la morena.

—Tendré que juzgarlo.

—Oh, vamos ... Yo no juzgo a Nino.

—Eso es porque él y yo sólo somos amigos.

—Para ti serán amigos, pero ese chico ya le puso nombre a sus tres hijos— irrumpió una tercera voz.

Ambas chicas giraron la vista encontrándose con una exhausta Chloé , la miraron con reproche mientras ella aún intentaba controlar su pobre respiración.

—¡Quedamos a las tres!— se quejó la morena.

—Lo sé, tuve unos pendientes y no me pude librar de ellos hasta ahora— se excusó sentándose entre ellas.

—Me molesta porque tú fuiste quien puso la hora ... debí suponer que te retrasarías , como lo has hecho últimamente— resongó Marinette.

—Vale, vale... mejor a lo que venimos , he encontrado una tienda de Gabriel's en la ciudad, chicas ¿pueden creerlo?

Las amigas la miraron molestas, pero lo cierto era que no podían evitar estar bien con ella. Caminaron juntas en dirección a la famosa tienda de ropa, no había demasiada gente, pero si era más concurrida que cualquier otra. Tenía un montón de estanterías por todos lados y tantas bonitas prendas que las amigas contenían la respiración de sólo estar ahí. Manoseaban las pocas prendas de exhibición rogando porque al final la encontraran de su talla.

—Sigo sin entender cómo es que le insistes entonces si se ve que no le interesas.— se escuchó cerca de ellas. Las tres se acomodaron tras un perchero intentando ver quién era quien hablaba.

—Él es guapo, Lila y una persona maravillosa... Cuando estoy con él —suspiró— No me importa cuánto me cueste, cuánto tarde... Será mío.

Eran Alix y Lila hablando mientras revisaban las prendas a su alrededor. Las palabras de la pelirrosa hicieron hervir la sangre de Marinette, Adrien no era un juguete con el que ella podía encapricharse.
Decidida y molesta salió de la tienda en dirección a su casa, dejando ahí a sus dos amigas, confundidas ante la situación.


No importa cuánto se esforzara, Adrien no podía conseguir el perdón pleno de Marinette. En casa cenaban a gusto, salían en familia como cualquier otra, pero en el colegio era diferente. Podía sentir la molestia de la azabache cada vez que Alix se acercaba a saludarlo. Sentía su ausencia, como si no se conocieran, como si tratara de evitarlo, como si lo odiara.
Y así hasta que la furia se le pasara y entonces iniciaba nuevamente aquél círculo vicioso.

Tampoco es que él quisiera alejarse de la atleta, ella se había portado muy bien con él y la verdad es que sentía que le debía mucho. Marinette tenía que aprender a controlar sus emociones y darse cuenta que todos cometen errores y el mayor error de ella era ser tan condenadamente testaruda.

—Entonces ella dijo "él será mío"— exageró ella su voz —¿Puedes creerlo? ¡Qué vulgar!

—Mari, ¿No crees que estás exagerando? —Mencionó el moreno que estaba sentado frente a ella en una de las mesas de la cafetería. La muchacha lo miró mal.

—No me vengas con esas cosas, Nino. Esas no son formas de expresarse de un chico y no lo tolero, menos de esa... Esa bruja.

—Oye, ¿por qué no te... Relajas? — sugirió el moreno acercándose peligrosamente a ella. Pudo sentir el roce de sus labios de una manera tan sutil y entonces ella se apartó propinándole una fuerte bofetada.

—¡¿Qué es lo que te ocurre, estúpido atrevido?! —le gritó la chica.

Marinette corrió en dirección al salón de arte, corría lo más rápido que podía, se sentía tan mal. Estaba molesta, tan molesta que no aguantaba las lágrimas que querían salir.
Se encerró en el salón y se dejó caer al piso junto con todas sus lágrimas, le picaba la cara y sentía un nudo gigante en el pecho.
¿Podría alguien preocuparse por la situación? No quería que su hermano sufriera por una tipa del nivel de Alix Sumado a que evidentemente Nino sólo la quería para tirársela, no le importaba escucharla, ser parte de sus asuntos, sólo exhibirla, sólo de modo material.

Sintió la puerta abrirse, pero le importó poco, sólo quería desahogar la rabia que traía dentro.

—Te he estado buscando, ¿qué pasa? — habló Adrien luego de contemplar la escena de su hermana derrotada ante cualquiera que hubiese sido la adversidad.

—Vete, déjame y ve con Alix— le dijo entre sollozos.

—No, no me iré de aquí hasta asegurarme de que estés bien.

—Vete.

—Eres mucho más importante para mí que cualquier otra persona en... éste edificio — en la vida, le quiso decir.

La chica giró a verlo, seguro ella se veía fatal, corrió a él y se colgó de su cuello permitiendo que el chico se aferrara a su cintura. Podían sentir el palpitar del otro y específicamente él podía sentir las lágrimas de la chica empapando el cuello de la sudadera. Acariciaba su cabello con delicadeza procurando calmarla, quería que estuviera bien.

—¿Qué ha pasado? — rompió el hielo el rubio.

—Nino ha intentado besarme.

—Vaya, que yo recuerde un beso siempre debe ser bien recibido— burló un poco el chico, ella se separó lo mínimo y le miró mal.

—No así... Sabes, realmente lo veo como un amigo, no busco nada de él, sólo que me respete y me escuche, quiero que me trate como yo deseo tratarlo, pero él no me interesa romanticamente, y eso complica las cosas.

—No has pensado que quizá... Le puedas y te puedas dar una oportunidad... Una oportunidad de... Ser feliz con alguien.

—Lo haría, pero con él no hay nada seguro, no provoca esa chispa...

—¿Y quién si provoca la chispa?, ¿Con quién si te darías aquella oportunidad? — preguntó estrechando a la chica más fuerte entre sus brazos, ella se alejó y lo miró detenidamente, limpió sus lágrimas completamente sonrojada.

— Creo que tienes razón, le pediré disculpas por ser tan... Dramática — sonrió, le dio una ligera caricia a su mejilla y se retiró del salón.

Adrien soltó una larga exhalación.


Las cosas se sentían extrañas, cuando llegaron a casa Sabine los había saludado a ambos para seguido verlos marchar a sus habitaciones.

Ahora Marinette permanecía en su cama, contemplando el techo con dibujitos de estrellas y algunos cometas, sonrió un poco, luego frunció el ceño nuevamente.
No entendía qué había hecho mal, pero Adrien había estado muy serio en el camino a casa, ¿debía disculparse quizá por lo mal que se había portado antes?
Después de todo el le había sido de gran ayuda.

El toque de su puerta le interrumpió los pensamientos, dejándole una ansiedad incontrolable ¿y si era él? La emoción le hizo acomodarse en su cama como si un resorte la hubiera impulsado.

—A-adelante...

—Lamento irrumpir, tú madre me dijo que estaba preocupada, así que me atreví a subir para ver como estabas — mencionó Tom apenas asomando la cabeza por la abertura de la puerta.

—C-claro, pasa Tom — invitó la chica con una sonrisa un poco decepcionada. Lo vio entrar y cerrar la puerta tras él, con una charola en sus manos.

—¿Ha pasado algo en la escuela? ¿Adrien te ha hecho sentir mal con algo? — ella negó a su insistencia.

—Al contrario, él me ha sido de apoyo, creo que soy yo la que... Debe disculparse.

—Sabes...— inició Tom ofreciendo una taza pequeña y un croissant de la charola — Adrien es una persona complicada... Cuando niño no le gustaba salir ni relacionarse con más pequeños, se sentaba en el marco de la ventana a dibujar o iba al piano a tocar un poco, no era que los demás niños no lo quieran, al contrari, lo buscaban siempre , pero él simplemente no podía ser sociable como los demás.
Un poco después, empezó a llevar amigos a la casa, amistades que quizá no deberían llamarse así pues duraron relativamente nada.
Él es brusco, testarudo y orgulloso... Pero no intencionalmente, en el fondo tiene un buen corazón, Mari, discúlpame por cualquier momento en el que él te haya hecho sentir mal.— contó el hombre con unas cuantas lágrimas en los ojo.

—No hay nada que disculpar, él no ha hecho más que salvarme ocasión tras ocasión — dio un ligero apretón a su mano y sonrió — es ya muy importante para mí—El hombre sonrió y limpió su cara con el dorso de su mano.

—Vale, princesita, te dejo porque tengo que ir a preparar la cena — se levantó de la cama ante la aprobación de la muchacha para luego dirigirse a la puerta. — muchas gracias, Marinette.

Sin dudarlo un segundo ella también se dirigió fuera de su habitación y con insistencia comenzó a tocar la puerta frente a la suya hasta que un adormecido Adrien salió.

—¿Qué pas...— Fue interrumpido por un apretón fuerte en su torso, la chica lo tenía bien abrazado ocultando su rostro en su pecho y cuando finalmente pudo reaccionar, la abrazó igual y sonrió.

—Lamento ser tan complicada contigo, lamento ser grosera y odiosa... Pero lo que más lamento es no haberte dicho lo feliz que estoy de que seas mi hermano.

—Yo también lo estoy, Marinette.


Una vez más, la prueba latente de que los amo, porque tengo una fiesta en unas horas pero estoy aquí sentada escribiendo para ustedes.

Espero que les haya gustado, en tanto pues comenten, voten y platiquenme sus teorías.

Bye, bye y nos leemos a la próxima.

Si hay errores, algún día los arreglaré * hehe