LOS PERSONAJES EN ESTA HISTORIA NO SON DE MI PROPIEDAD AL IGUAL QUE LAS IMÁGENES AQUÍ UTILIZADAS, SI CONOCES A LOS ARTISTAS FAVOR DE INFORMAR PARA COLOCAR LOS DEBIDOS CRÉDITOS.

Era lunes por la tarde, la casa Dupain/Dugés-Cheng se encontraba casi solitaria, a excepción de la cocina, en donde un par de hermanastros reían entretenidos. Marinette picaba la lechuga mientras Adrien terminaba de sazonar el espagueti, algo que había aprendido y heredado de Tom; El buen gusto por la cocina.

— Entonces se dio cuenta de que era sal, café con sal... El mejor chef de París nos estaba dando café salado —contaba Adrien mientras escuchaba la risa cantarina de Marinette— Fue todo un caos, mamá se lo recordó todos los días hasta el cansancio— terminó frunciendo un poco el ceño.

—Adrien... — habló la azabache — sobre tu madre, no hablas mucho de eso, acaso ella...

—¿Hay alguien en casa?— se escuchó en la puerta de entrada.

—Estamos en la cocina—gritó Adrien sin siquiera mirar a la chica.

Tom entró a la habitación sintiendo el vapor cargado con la esencia del alimento en cocción. Sonrió de ver a ambos jovenes juntos por primera vez en paz, o más o menos.

—¿Los interrumpí?—cuestionó el corpulento hombre. Marinette negó ligeramente y Adrien permaneció en silencio.

—Adrien me contaba de la vez en que preparaste café y se lo serviste salado—rió un poco la azabache.

—Oh, la vez... Adrien enfermó del estómago por tres días y su madre no se cansó de recordármelo— rememoró el chef .

Marinette sonrió al mayor y regresó a su antigua acción de picar la lechuga, Adrien le quedó mirando mientras la mueca de desagrado que traía se desvanecía, luego giró a ver a Tom quien le sonrió amable haciéndole sonrojar.

—Bueno, está de más, me doy cuenta de que pueden llevarse mejor después de todo, espero más tarde no intenten apuñalarse con los cuchillos de tu madre — bromeó.

Ambos chicos rieron de manera estrepitosa contagiando al mayor.
El celular de Marinette comenzó a sonar cortando la alegría de los tres integrantes, vislumbró la pantalla y su semblante cambió a uno de fastidio.

—¿Qué pasa, Nino? — contestó, Adrien puso mala cara — Pues sí, estaba haciendo la cena con mi hermano... No, Adrien, yo le digo ajá... Mmmh — comenzó a dar respuesta cortas mientras salía de la cocina y Adrien no le quitaba la mirada de encima.

—Adrien, recuerda que si intentas sazonar de más las cebollas se quemarán — soltó Tom entretenido con la situación.

—Perdón — se encogió volviendo a su tarea de preparar la comida.

—Sabes, con todo lo de la boda, el nuevo local y más, no he tenido tiempo de platicar contigo.

—Sabes bien que eso no me molesta.

—Eres mi hijo favorito, siempre me gusta oír lo que tienes por decir...

—Pero si soy tu único hijo — se quejó el chico.

— Eso no es verdad, ahora Marinette y Jeycen son como mis hijos.

Adrien lo miró detenidamente. No quería arruinar la nueva vida del chef con un sinfín de emociones revueltas que no pasaban de eso, simples emociones revueltas. Tom Dupain estaba apunto de formar una familia nueva y el rubio no consideraba como opción arruinar sus planes.

Sin embargo, jamás le había ocultado algo a Tom y lo cierto es que ante la ausencia de un buen amigo, la figura paterna de Tom era lo mejor que podía pedir.

—Hay una chica... — inició el joven.

—¿La atleta? — preguntó, Adrien negó.

— Con ésta chica todo va más allá de lo que alguna vez he sentido, y sabes bien que he sentido cosas por muchas personas que ni siquiera valen la pena recordar, pero con ella es diferente. Es como si se me fueran las ganas de llorar y el poder respirar cada vez que la veo, y cada vez que escucho su voz pienso que no hay soneto ni pieza más delicada y exquisita que ella. Quiero gritar, vomitar y salir corriendo al mismo tiempo que quiero quedarme en silencio y sólo mirarla... Estoy perdidamente enamorado de ella.

—¿Qué te detiene?

—¿Además de la incertidumbre de que ella no sienta lo mismo? — contestó con una pregunta irónica — Quiero que seas feliz, no quiero arruinar todo y luego ganar tu desprecio e infelicidad.

— Jamás podría odiarte y menos a ti a quien le debo todo lo que soy, eres lo más importante para mí y lo sabes, Adrien. Nada me haría más feliz que viéndote a ti lograr tus sueños y encontrando con quien compartirlos, piensa que pase lo que pase siempre te voy a querer, hijo.

— Gracias, papá — Adrien sonrió a su mayor abrazándolo sorpresivamente mientras éste se sobresaltaba por la actitud. Sonrió en su apretón y acto seguido se separaron para mirar la apariencia un poco afligida del otro.

—¡He llegado! — escucharon los varones a la puerta mientras veían entrar a Sabine y Marinette cargadas con bolsas de supermercado— Me alegra que estés aquí también, Tom — habló Sabine mientras intentaba recuperar el aliento.

— Ya sabes, vengo de vez en cuando — bromeó.

— Lo que pasa es que Jeycen me ha llamado para pedirme que los reuniera hoy para la cena, al parecer tiene algo que contarnos y pues quiere que estemos todos presentes.

—¿Qué clase de cosa quiere contarnos? — preguntó entusiasmada la de ojos azules.

—No lo sé, pero para haberme llamado debe ser muy importante, ¿No creen? — todos asintieron.

Cayendo la tarde-noche, la familia se reunió a la mesa para degustar los alimentos preparados por Adrien y Marinette.

Ambos muchachos estaban sentados uno junto al otro picoteando sus estómagos con los dedos en forma de burla intentando generar cosquillas al contrario. Marinette reía apenas se acercaba lo cual le daba mucho gracia al rubio quien se carcajeaba por el reaccionar de la muchacha.

—¿No crees que tu hermano ya se tardó mucho? — comentó Adrien intentando ponerse serio.

— La verdad es que sí, él suele llegar a tiempo siempre... ¿No te ha llamado, mamá? — casi gritó la chica, Sabine negó.

—Dijo que...

— Lamento la tardanza — irrumpió la voz del castaño — nos hemos retrasado haciendo algunas cosas, no pensé que tardaríamos tanto.

—¿Nos? — preguntó Tom.

Por la puerta vieron entrar a una hermosa chica enfundada en un bello vestido rojo. Su caminar era lento y sensual mientras su sonrisa carmín le daba el aire mayor que necesitaba. Se acercó más colgándose del brazo del Dugés.

—Familia, los he reunido aquí para hacer formal mi relación con Chloé Bourgeois, ella es mi novia.

Chloé sonrió al igual que Tom y Sabine, pero Jeycen quizá no volvería a sonreír en toda la noche.

Todos vieron a Marinette caminar en dirección a las escaleras sin emitir gesto o sonido alguno. Todos quedaron un poco preocupado por la extraña actitud, sin embargo, nadie movía un solo músculo.

—Mari, aguarda — habló Chloé deteniendo el caminar de la chica— No te lo dije porque... Yo... Eres mi amiga y pensé que te alegrarías cuando lo supieras.

—¿Amigas? — preguntó Marinette con una sonrisa muy extraña en su rostro.

—Marinette, por favor... — insistió Jeycen.

—No, Jeycen, las amigas no se ocultan cosas así, las amigas no salen con los chicos que le gustan a sus otras amigas. Chloé... Tú y yo no somos amigas — finalizó y subió corriendo las escaleras ante las protestas de su hermano y madre.

Se soltó a llorar con amargura, quizá estaba exagerando, pero básicamente le habían visto la cara. Eso sin mencionar que Chloé era consciente del enamoramiento de Alya por su hermano. No había dicho nada. ¿QUÉ CLASE DE AMIGAS SON ESAS?

Escuchó un toque en su puerta y ante su negativa a abrir, el individuo pasó por la rendija de abajo una cajita de "lenguas de gato". Marinette se mordió el labio inferior y limpiando un poco sus lágrimas abrió apenas asomando el rostro ubicando a quien ya sabía, era Adrien.

—¿Qué hubieras hecho si era Jeycen?

— Ni él es tan tonto como para venir sabiendo que estoy así de molesta —le sonrió.

—¿Puedo pasar, Mari? — ella asintió — ¿Te sientes bien? — ahora negó frenética.

—¿Cómo puedo sentirme bien? Me ha ocultado algo así y viene aquí como si nada a sabiendas de que lo que hace está mal. Alya adora a mí hermano, ¿Te imaginas lo que sentirá cuando se entere? Es qué era más fácil decir todo ésto desde el principio, ¿Con qué cara voy a ver a Alya y decirle: Mi hermano sale con nuestra amiga, la que era consciente de lo loca que te traía?

— Uno no decide por completo de quién enamorarse, simplemente pasa y no puedes detenerlo, pero hay problemas cómo éstos los que te detienen y te enseñan a amar en la lejanía, sin poseer. Aprendes a amar en secreto.

— Eso es tonto, el amor no debe ocultarse.

— Hay muchas clases de amor, desde el puro, el que enorgullece presentar, hasta el amor prohibido, ese que debes ocultar.

Ella lo miró con detenimiento mientras sus ojos brillaban. Su corazón latía tan fuerte que pensaba que se le saldría por la boca en un inesperado vómito. Volvió a limpiarse la cara como una niña pequeña recién regañada y curiosa intentó inmiscuirse :

— ¿Alguna vez has amado en secreto, Adrien? — él se limitó a sonreír guardando un sepulcral silencio.

—Tienes unos ojos hermosos, Marinette...