-Solo Inuyasha y Kagome ayudaran al amo Sesshomaru-dijo Rin corriendo- Debo ir con ellos-pensaba mientras se montaba en el cabello y salía en su búsqueda.
-Gracias por permitirnos quedarnos aquí esta noche-dijo Kagome al jefe de la aldea y este se retiro.
-Que día hemos tenido-dijo Kagome cayendo al suelo del pequeño salón.
-Aprendimos mucho sobre lo que está pasando-dijo el Monje Miroku.
-Pero aun no sabemos qué quiere Magatsuhi realmente-dijo Sango con preocupación.
-Algo me dice que lo averiguaremos pronto…-respondió Kagome mientras cerraba sus ojos.
Fuera de la casa se encontraba Inuyasha mirando fijamente la luna.
-tengo que ser mas fuerte-pensaba apretando su puño- aguanta un poco más pequeña Hana.
-¡Inuyasha!-la voz de Kagome lo saco de sus pensamientos y este volteo rápidamente a ver qué pasaba- Rin esta aquí-dijo Kagome sin aliento.
-¿Qué?-pregunto Inuyasha confundido.
-dijo que Sesshomaru está en peligro-respondió Kagome. Inuyasha corrió hasta donde se encontraba el aroma de Rin y esta le explico lo que había pasado.
-¿estás segura que no lo estas imaginando?-pregunto Sango.
-¡Estoy segura! No podemos perder tiempo-dijo Rin desesperada.
-Iremos-dijo Kagome cogiendo su arco, mientras sus amigos la miraban sorprendidos- Tú y Sesshomaru tienen un lazo muy fuerte que los une, así que si dijiste que sentiste algo pues yo te creo-dijo la sacerdotisa.
-Vámonos ya-dijo Inuyasha saliendo de la habitación- puedo sentir levemente el olor de Sesshomaru.-pensaba Inuyasha.
Esa noche en el castillo del maestro, todos se encontraban durmiendo tranquilamente en sus habitaciones. La pequeña Hana dormía profundamente, Yue rara vez dormía pero esa noche se sintió extrañamente cansado. Todo iba bien hasta que en la habitación de Hana algo extraño estaba ocurriendo.
Fuego comenzó a rodear a la pequeña sin quemarla y entonces se impregno en su piel. La puerta de su habitación se abrió y era el maestro y Sora que habían olido el humo del fuego. Quedaron asombrados por lo que sus ojos veían, la pequeña Hana estaba envuelta en llamas. Yue llego también e intento apagar el fuego con sus poderes pero era inútil.
-¡Yue eso no funcionara!-dijo el maestro-
-¡Debemos hacer algo!-grito Yue.
-El fuego no la dañara porque es ella quien lo está creando-dijo el maestro.
-¿ella?-pregunto Sora sorprendida.
-Hana debe estar manifestando sus poderes mientras está dormida-dijo el maestro cubriendo su cara por el poder de las llamas.
-¿puede una niña tener semejante poder?-pregunto Yue retrocediendo, pues las llamas se intensificaron.
-Hana es un caso especial-respondió Sora.
En eso vieron como el cuerpo de Hana comenzaba a cambiar y se convertía en el de una mujer. Su cabello le llegaba hasta sus muslos, sus facciones eran las de una adulta y su cuerpo también. El fuego que la rodeaba fue desapareciendo poco a poco y solo quedo aquella Hana adulta en el suelo.
-¡Hana!-grito Sora haciendo que la pequeña se despertara.
-¿Qué paso? ¿Por qué me siento tan débil?-pregunto Hana tratando de pararse.
Sora y Yue fueron ayudarla pero el maestro solo se quedo observándola desde la puerta. Nunca había visto tal cosa en su larga vida. Tal poder era increíble y a la vez, en su interior, el temor comenzaba a florecer.
-¡¿Qué?!-grito Hana asustada- ¿Qué me paso? ¡Esta no soy yo!
-Calma, seguro el maestro tiene una respuesta-dijo Sora.
-el poder que guardabas en tu interior de repente salió de ti, ¿Qué estabas soñando?-pregunto el maestro.
-Yo…-dijo Hana haciendo una pausa, mientras trataba de recordar que había pasado- Estaba en la aldea con mis padres, pero todo se volvió oscuro y todos desaparecieron. Solo estaba yo en esa oscuridad hasta que vi una luz, era fuego y recuerdo que lo toque.
-¿Qué mas paso?-interrumpió Yue.
-No sentía que me quemara… era como si fuera mi amigo-concluyo Hana.
-Pues de alguna manera tú invocaste ese fuego hasta la realidad-dijo Sora un tanto preocupada.- quizás no te quemo a ti pero la habitación si sufrió unos daños.
-Ese es tu don, Hana- dijo el maestro agachándose para poder ver de cerca los ojos de Hana- El fuego siempre ha sido conocido por ser capaz de purificar todo y…
-Espere-dijo Yue interrumpiéndolo- ella solo tiene 6 años, ¡es una niña!
-Hana no puede enfrentar una batalla a esta edad-dijo Sora ya que pensaba igual que Yue.
-No creo que el destino piense igual que ustedes-dijo el maestro señalando el notable crecimiento que tuvo Hana.
Los tres se pusieron a discutir en lo que la pobre Hana solo se quedo observando en silencio, se sentía extraña, era extraña, no entendía bien lo que estaba pasando y se sentía sola sin sus padres. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, era inevitable ya que ella solo era una niña encerrada en el cuerpo de una adulta.
Cuando sus lagrimas salieron, un circulo de fuego se formo a su alrededor y eso llamo la atención de los 3 presentes que se encontraban discutiendo.
-¡Hana!-dijo Sora para que esta dejara de hacer lo que sea que estuviera haciendo.
-No puedo cruzar-dijo el maestro quien intento atravesar el círculo de fuego.
Yue al ver que Hana se encontraba llorando ahí sola, decidió atravesar el fuego aunque eso le hiciera daño.
-Tranquila-dijo Yue abrazándola- Ya no llores mas… yo estoy contigo-dijo tratando de tranquilizarla.
-Yue…-dijo Hana correspondiendo el abrazo. El fuego desapareció al instante en que Hana se calmo, al instante ella cayo desmayada.
-Fueron demasiadas emociones por una noche-dijo el maestro justificando el desmayo de Hana.
-¿Qué haremos ahora?-pregunto Sora.
-Esto sí que es una sorpresa-dijo Yue mientras sus ojos se posaban en Hana.
