LOS PERSONAJES EN ESTA HISTORIA NO SON DE MI PROPIEDAD AL IGUAL QUE LAS IMÁGENES AQUÍ UTILIZADAS, SI CONOCES A LOS ARTISTAS FAVOR DE INFORMAR PARA COLOCAR LOS DEBIDOS CRÉDITOS
Tom conducía como siempre la camioneta en dirección al instituto François Dupont. Mientras tanto Marinette observaba a Adrien mirando hacia enfrente con un millón de pensamientos dentro de su mente. Marinette había aprendido a aceptar que la actitud de él había cambiado para con ella recientemente, o quizá era que siempre había sido así pero ella no lo había notado. No podía evitar pensar en su sonrisa, en su voz y en sus ojos verdes que la contemplaban a la luz de la luna siempre que tenían oportunidad. La muchacha afrontaba una terrible lucha interna sobre lo que debía sentir y lo que debía ser en realidad, su corazón le pedía que jamás le fallara a su madre, que permitiera que fuera feliz por sobre todas las cosas ya que ella misma había visto su tristeza luego de la pérdida de su padre. Pero extrañamente su corazón también le pedía ceder ante el cariño que su hermanastro le ofrecía. Se hallaba entonces como siempre contando las no las pecas de su rostro, el abaniqueo de sus pestañas y los parpadeos quedaba a cada minuto. Marinette no podía ignorar el palpitar de su corazón cada vez que estaba enfrente del muchacho. Pero aquello para ella estaba mal, jodidamente mal.
—¿Ocurre algo?— Preguntó Adrien al girar a verla. Ella negó.
Se había perdido nuevamente viéndolo y como las veces anteriores, el muchacho la había descubierto infraganti. No le quedó más que sonrojarse como siempre y girar la vista negando con la cabeza esperando que él no notara el nerviosismo que le provocaba.
Una vez llegando a la escuela Marinette salió del automóvil dirigiéndose inmediatamente a su taquilla en donde guardo las cosas que tenía que guardar y sacó sus libretas para la clase próxima. Suspiró exhausta y al suponer que su hermanastro no venía atrás de ella descanso un poco para recuperar la respiración.
—Marinette, te vengo persiguiendo desde la entrada, ¿Qué te pasa? — preguntó Adrien provocándole un brinquillo de susto.
—Es porque... Porque... Tenía que venir por unas cosas, sí, eso...
—Pero si aún faltan 20 minutos, además nos toca juntos la siguiente clase — protestó el muchacho.
—B-bueno sí, pero eso... Pues jo sabes lo que haré.
—Vale— suspiró — Tom me ha dicho que saldrá con Sabine hoy en todo el día, al parecer irán a ver jardines y salones para la recepción de la boda ya que bueno el hotel Bourge...
—No digas ese nombre, lo entiendo perfectamente... Entonces...
—Te puedo esperar en las escalinatas al terminar las clases para que...
—¡Adrien! — oyeron gritar. Marinette puso inmediatamente los ojos en blanco.
—Yo mejor me voy — mencionó entre dientes cerrando de un portazo su casillero.
—Mari, aguar...
—Adrien, que bueno que te encuentro— habló Alix halándole de la camisa— justo quería...
—Ahora no, Alix ¿Te parece que te vea después? — aviso más que preguntó y emprendió marcha en busca de la azabache.
—¡Adrien! — le interrumpieron el camino nuevamente, el muchacho giró hastiado mirando a quien lo detenía —¿ Ahora qué, Nino?
—Uy, qué humor — burló — solo quería que me dieras un consejo...
Adrien bufó.
—¿Sobre qué?
—Sabes, creo que todo va mejor con Marinette... Pero aún falta algo, una chispa... No sé como si debiera hacer algo que salga de mi corazón,un dibujo, una canción...
—Un poema — dijo el rubio en broma.
— ¡Oye eso es genial, un poema, claro! ¿Me ayudaría?
—No me entendiste, Nino, yo no creo que...
—¡Perfecto! Entonces ayúdame... Si tú fueras yo y tuvieras a Marinette enfrente, ¿qué le dirías?
En tanto, Marinette caminaba demasiado rápido como para no toparse ni a su hermano ni a la atleta, siendo finalmente interceptada por Alya en el pasillo, sin notarlo a unos cuantos metros distancia de su hermano quien la veía fijamente.
—No Nino, te confundes porque yo no escribo poesía.
—Vamos, bro... Lo que te salga del corazón...
Adrien quedó virando a Marinette por un rato, cautivado por su belleza natural...
—Tus cabellos son negros azabache y tus ojos azules como el cielo. Yo me pregunto quién eres, detrás de esa máscara tenaz. Te veo todos los días, y me encantaría que me des una señal. Te amaré hasta el fin de mis días — suspiró — Marinette...
— Fin... De... Mis.. Días... Perfecto, muchas gracias, eso mismo habría dicho yo.
— Claro, no me cabe la menor duda...
—En fin, se la daré en un rato, gracias cuñado.
Adrien no podía explicar la furia que sentía siempre que Nino parecía acercarse a Marinette, era como una extraña sensación de territorialidad que dejaba ver al chico como una persona posesiva. Lo traumático del asunto resultaba ser que Marinette no era ni sería suya, al menos no de la forma en la que su corazón comenzaba a verlo.
Una vez iniciada la clase de dibujo, el rubio ignoró completamente a su hermanastra y por supuesto al moreno que intentaba de todas las maneras posibles acercarse a ella. Se había dedicado a iniciar una pintura para lograr distraerse de la maraña de sentimientos que se formaba en su interior.
Estaba ensimismado en terminar aquel cuadro de tan bella mujer a la que había llamado "Dama luna" que ni siquiera notó quién estaba a su alrededor.
— ¿Es una modelo? — escuchó a sus espaldas sobresaltándose. El negó.
— Es sólo una chica...
— Vaya pues es muy buena pintura, pero... ¿En quién la basas? ¿Tiene nombre? ¿La conozco?
—Basta, Marinette eso no te incumbe...
—Lo siento, Adrien.
El chico cubrió su caballete saliendo del aula poco antes de que la campana sonara dejando a una confundida Marinette.
Sin embargo su mala actitud le había afectado a él mismo, así que decidió cumplir con su trato y esperarla al terminar las clases. Se quedó parado en las escaleras observando a cada uno de los alumnos salir, desesperado por que llegara el momento en que viera a la chica dirigirse hacia él. Cuando logró vislumbrarla entre la multitud, su corazón saltó en su pecho haciéndole tragar duro como cualquier adolescente enamorado. Sin embargo una daga de culpa lo atravesó también, recordándole el hecho de que aquello que sentía simplemente no podía ser.
Marinette se acercó a él con una sonrisa mientras éste le ofrece a su brazo para llevar su pequeña bolsa. Comenzaron a caminar con dirección a la estación de autobuses, guardando un sepulcral silencio sin sentir ningún tipo de incomodidad.
Ya en el autobús y con poco para llegar a su destino, la chica decidió romper el hielo de manera poco convencional.
—Hoy Nino me ha dado una carta — soltó, el rubio la miró de soslayo.
— Eso es bueno, supongo...
— No lo es, es un mal perdedor... Es mi amigo, lo quiero y sé que no haría algo malo nunca, pero comienza a cansarme que no entienda que no lo quiero... Sin embargo la carta de hoy...
— La carta de hoy... — se inmiscuyó él.
—Era un poema, Adrien, uno muy lindo y ahora estoy confundida...
—Vale, pues entonces suerte con eso... — el rubio se levantó de su asiento empuñando la mano listo para bajar ya en la parada que les tocaba.
A tropezones Marinette apenas lo alcanzó y bajó a su lado regresando al silencio que ahora se había convertido en uno rasposo y pesado.
Dentro del hogar notaron evidente la ausencia de los mayores, se repartieron nuevamente los labores de la cena y emprendieron marcha en su preparación.
Adrien no podía dejar de mirarla, estaba irremediablemente enamorado de ella, pero su situación sólo empeoraba los hechos. Era plenamente consciente de que no debía hacerlo. Por el bien de Tom, Sabine y por supuesto él suyo propio.
Pero el muchacho era necio, y su corazón aún más. Sonreía ante cada gesto de la chica, cada mínima actitud que le robaba el aliento...
—Me siento triste por Nino — soltó ella de pronto.
— No entiendo por qué, si has sido bastante clara con él — replicó el rubio intentando concentrarse en algo más que no fuera la chica.
—Eso lo sé, por eso me siento peor... Le he dicho que no lo quiero porque sabes, yo no lo veo de ese modo... No entiendo por qué insiste, yo no soy la gran cosa.
—¿Cómo dices?
—Eso, que no soy bonita ni popular y... Pfff
—Marinette... — le susurró el rubio acercándose a ella — Tú eres más de lo que cualquiera podría apreciar...
Adrien estampó sus labios con los de ella ahogando un suspiro femenino en tan delicado beso. Sus manos fueron directamente a su estrecha cintura, acariciándola con el deseo urgido de no permitir que la arrebataran de su lado. El primer impuso de Marinette fue rodearle el cuello con los brazos, sintiéndose flaquear por los dulces roces de sus varoniles y suaves labios. Un inefable sentimiento de cariño... Y luego la culpa.
La de ojos azules empujó con temor el cuerpo del chico quien completamente desorientado apenas pudo mirarla.
—No Adrien, por favor, no...
—Marinette — habló él con la intensión de acercarse nuevamente— Creo que... Me gustas...
—¡No! — le gritó ella negando frenéticamente con la cabeza — ésto está mal, está muy mal...
Sin poder mirarlo a los ojos, Marinette salió corriendo hacia su habitación, cerrando la puerta con fuerza con deseos de evitar la entrada del muchacho. Él sin duda alguna fue tras ella no logrando detenerla, quedando afuera y soltando ligeros golpes contra la madera.
— Abre por favor, Marinette... — giró el pomo notando que estaba abierto. Entró y en búsqueda de la chica, pudo verla sentada en el piso bastante contrariada— Ven aquí— habló mientras estiraba sus brazos en un abrazo.
Ella se lanzó contra el chico ocultando su rostro en su pecho como tantas veces había hecho y como justamente le agradaba.
—Yo... No puedo... Ésto no está bien, Adrien...
— No, no lo está...
La muchacha se separó ligeramente de él para mirar con temor sus verdes ojos y finalmente besar sus labios con vehemencia.
La carga de conciencia comenzó a salir de sí en forma de quemantes lágrimas.
Ajio, ajio... Tampoco voy a decir nada aquí, sólo espero que les guste y que me comenten aquí qué esperan que pase con estos dos.
Nos quedan sólo unos cuantos capítulos y el cumpleaños de uno de nuestros protagonistas, verdades y... Uff
Bye, bye y nos leemos a la próxima...
